II. CIELO A LA DERIVA

El universo es una máquina de hacer dioses.

Henry Louis Bergson


La huida de las nebulosas

¿Puedes atar los lazos de las Pléyades

o soltar las ataduras de Orion?

¿Harás salir la Corona a su tiempo

y guiarás a la Osa con sus cachorros?

¿Conoces las leyes de los cielos?

¿Puedes establecer su influencia en la Tierra?

Libro de Job (La teofanía)


I

Concédeme una lágrima

para poder pensar el mundo,

una gota de luna estremecida

que me abandone a su ternura,

que amenace mi piel

cuando la roce con su escarcha.

Soñaré con el mar

dondequiera que viaje,

con cada una de las aves

que aguardan a la muerte sin preguntas.

Soy la gata, viva y muerta.

Soy un centauro y mi rostro

espera inquieto

a la última luz

que se empapa en tus sombras.

Llegada ya la hora del silencio,

nos sostendrá la noche desolada,

la que cuenta secretos

por un mundo que de todo se olvida.

Concédeme un rincón

entre las cumbres de tu cuerpo

desde el que contemplar el curso de la vida,

la calle bajo mi ventana,

el despuntar del día,

su luz interrogante que me trata

como a un pobre ciego.

II

¿Se extingue el horizonte,

sus gotas de sal cubiertas de invierno?

¿Qué vendrá tras la lluvia?,

¿días enteros que jamás

recuerden sus mañanas?

Deja ya de ordenarle a la rosa

que se recline frente al hacha.

Observa los bordados

que la noche ha tejido en mi lecho.

Miro a lo lejos y mis ojos

son el redil oscuro

que un confín acoge esperando

verlos hundirse para siempre en la tierra.

Mis ojos desnudos

que el viento se llevaba

allende el amanecer con su canción

más delicada, al relente del cielo.

Silenciosa aliada de la Luna,

confieso que aguardo tu regreso

como un niño que espera

a sus recuerdos para

encerrarlos en un barril de oro,

y jugar con ellos al morir.

Yo también fui un guerrero.

Con mi locura y mi sonrisa

partí por la mitad

esta vida desdichada.

¿Qué dios vendió mis manos

a una tumba vacía en la batalla?

¿Qué honor de dios agreste

proclamó impunemente

que el mundo es mi final,

mi pequeña sentencia?

III

No, no sabría dónde herirte.

Me debato entre sueños

y cavo mi camino

a impulsos

que engendra en mis manes

el sucio mediodía.

Dos veces me abrasé

en un lugar donde la luz

posó sus dedos,

igual que un viejo que se viste

con instantes de vida, con cuidado.

Y vislumbré la bóveda celeste,

sus fauces en agraz

sobre estas soledades

que tú llamas «el resto de los días».

No, no sabría dónde herirte,

¿acaso soy la vida?

IV

Azul fue mi país,

y se adentró en la noche,

soñando, ebrio de vino,

con madrugadas de esplendor

que se perdieron por tu boca.

En la arena de la vida

te encontré girando como un astro que

al espacio se entrega

porque piensa que todo es alegría.

– Y los aires temblaban

bajo el gozo del cielo y

te amé demorándome en

cada humilde caricia-.

Fui en busca de las altas

montañas que expían sus verdores

colina abajo,

mientras los ríos las circundan.

Habrá un tiempo después para nosotros,

cuando vuelvan las aves migradoras

y ensombrezcan los ángeles

la noble resistencia

de los arcos de piedra por las plazas.

Vendrá un tiempo,

en mitad del atardecer,

en que no me equivoque,

como gema que confía

en sus cuestiones personales,

que regala su hermosura

y le avisa a la noche que se haga

antes de que ella estalle

con gusto en su destino.

¿Dónde, dónde nos detendremos

el uno frente al otro,

como una realidad entre

dos distancias iguales?

Tal que en la oscuridad

el mar bogara hacia la tierra

envenenado por la luz desdeñosa

que la mañana enciende y

luego apaga sin piedad.

Azul fue mi país,

y se adentró en la noche.

V

He nacido para las cosas invisibles.

No me conocen las mañanas de estío.

He nacido carne

que se alivia en tinieblas y palabras,

que existe en el regazo de los siglos

porque la orla la muerte.

No temo a la desgracia,

a la existencia,

a mis sueños tan solos.

El tiempo viajará

como una tórtola distraída

que vuela en cada hueco

de este instante,

y yo te iré perdiendo suavemente,

igual que el Sol

le dicta sus colores a la aurora.

VI

Fui tan pequeña que solía

mi corazón subir hasta tus labios.

De mí, venía la noche y

yo ponía los cielos con mis manos

– su crimen, su prodigio,

su frío, su belleza-

para tus pies desnudos

que la tierra no mira.

En vano mis riquezas,

mis miserias en vano.

Loca de soledad la luz del día.

Y, entonces, en tu cuerpo,

en tu cuerpo, sin tregua, sin cuidado.

Tengo las pruebas:

vivir no es asunto de dioses.

Esbozo de un árbol de estrellas

– Señor, yo existo -le dijo un hombre al universo.

– Sin embargo -replicó éste-,

tal hecho no me crea ninguna obligación.

Stephen Crane

Amé la juventud del mundo,

el color de los días de tormenta,

su fuego aniquilado

y sus amaneceres sucesivos,

los movimientos de los astros,

los collados que tiemblan de fertilidad,

las cumbres de los montes,

el resplandor y la inocencia.

¿Podré llevar conmigo

– no quiero otro equipaje-

la carne palpitante de mi cuerpo

donde el mundo existió

y en el que nada quede un día?,

¿las aves que incansables huyen

por el cielo, la lluvia,

la luz azul de la mañana?

Mirando mía foto del cráter Copérnico

(Norte del ecuador lunar)

Cuando el corazón carece de absoluto, ama.

De cara al misterio

de las piedras y al mar alborotado,

ama y puede albergar

al mundo en su ternura,

alentar la piedad

desde lo lejos,

y ceñir dulcemente

el silencio invernal

que viene de la Luna.

Tengo los labios entreabiertos

a sus copos de nieve,

ellos me alumbran

el camino.

Y el alba, con su fuerza,

me acaricia la boca.

Conversación sobre el mundo

Ellos se abrazan y se besan

para que ni un detalle

escape a su control.

Digamos que estos ritos

le sorprenden. Mirando

el mar tampoco nunca

llegará a saber nada.

Como hilos de oro sobre las mareas

hierve la realidad en torno suyo.

Hay que estar preparados,

dice. Cuando del rostro

ha desaparecido la última partícula

de esperanza, sonríe,

y observa el Sol de frente

y sin pestañear.

Historia general de la naturaleza

Su vida no es inútil,

empieza

debajo de los corredores.

Nunca había hecho nada parecido

a vivir, y no sabe.

La muchacha no vuelve

la vista atrás.

Esto es el futuro,

piensa ella.

La tarde pierde la paciencia y,

mientras dura el viaje,

la tristeza aprovecha la oportunidad.

Desea retirarse

viva, atrapar esa pureza,

soltar su carcajada,

y volver a ganar

altura con los brazos.

La vida es su

coraza. Apenas más humana

que un palacio de mármol,

la muchacha

siega el maíz del tiempo

con un impulso de cristal.

El argumento del designio

– Hay secretos enraizados

en cada ángulo de mi boca-.

Una bruma

de oro ha recubierto

la tierra yerma, ensimismada.

Sé que la oscuridad

también comete errores

que

aguardan a su tiempo

tras la puesta del Sol.

Soy la extranjera. Poco a poco

me acostumbro al color,

a los niños que sueñan

con sus ojos enormes

clavados en el rumbo

de esa estrella irreal

que nunca explica cómo

buscar sustento para el corazón.

La ausencia de prueba no es prueba de ausencia

Nacen los vientos desde el cielo

y me señalan el camino.

¿En qué lugar

de estas aguas profundas

encontrará reposo

mi mirada?

Cuando haya muerto,

¿podré yo amar?, ¿y a quién?

Cielo a la deriva

Voy caminando por el valle

de las mil lunas,

donde el crepúsculo

ha metido

al cielo de cabeza en los arroyos.

Con ellos va,

¡hay tanto cielo a la deriva

que se va!

Camino junto a los brotes, me apresuro

en burdeles que frecuentan los ángeles.

Soy una nube baja:

no rozaré jamás

las cumbres.

Ah, si vieras

cómo tiemblo,

sola junto a las azaleas del patio,

haciendo sortijas con la luz de los astros.

Materia oculta

Hollar un trozo

del dulce paraíso

donde nada ha cambiado,

tampoco la belleza

de los bosques demándalo,

ni siquiera las nieves

de los muchos inviernos

ya pasados.

La red del sistema

Estambres de antiguo fuego estelar,

cúmulos, supernovas,

gloriosos resplandores del pasado:

aunque muera por mí

la vida, aunque me atrapen

sus perfumes, mi gozo

nunca será más dulce,

pues todo cuanto puede

ser definido bien

es esta luz tan pura,

hendida allí donde comienza

la niebla de mi desengaño.

La perfección siempre es estéril

Por las rosas perdidas

que tejen en las ramas

su encanto solitario

sin saber qué es la vida.

Por la luz que se olvida

y es acaso un afán

de descifrar caminos

del tiempo que transcurre

en extraño silencio,

a solas con él mismo.

Como una flor, despierto

cada vez que la tarde

reposa sus colores

sobre el mundo.

¿Cómo será la eternidad que ahora

gana tiempo?

¿Cómo serán los años que no quedan?

La vida se entreabre,

sólo a mí me presagia

con las rosas perdidas

que tejen en las ramas

su encanto solitario

sin saber qué es la vida.

Epsilon Andromedae

(Distancia: 44 años-luz. Dos soles)

Salí a mirar el cielo.

Mi hijita dormía.

– Duerme, mi niña,

que no te destape

el viento, ni la lluvia,

ni el aullido

de los lobos del bosque.

Duerme, mi vida, duerme-.

Le esparcía la tarde

sus estremecimientos

a la luz solitaria.

Se deshacían las nubes

sin piedad y sin miedo.

Ah,

pobre enebro que tiene

el corazón desnudo

y no sabe cuál

ha de ser su parte

del cielo. Ah, ¿qué será de mí?,

¿adonde irán mis sueños?,

¿y quién recogerá

lo que quede de ellos

cuando la nieve borre

mi rastro,

o el aire que desprenden

las alas de los pájaros,

cuando nadie, mi niña,

vigile ya el vaivén

de tu cuna, ni cuente

los ruidos de tu cuerpo?

Diciembre es de marfil nevado

De nuevo el mismo cielo,

pero en otro diciembre,

cielo desnudo y algo oscurecido,

tan solo, a simple vista.

Una lumbre ha nacido

de la Espada de Orion.

Leve espuma de un periplo sin retorno,

indicio de frialdad y firmamento.

Fue en un campo de Escocia.

Solía, a medianoche,

tumbarme boca arriba

sobre la hierba e ir

midiendo los ángulos de las estrellas

con cuentas que ensartaba

en hilo de coser.

El Cinturón de Andrómeda

bajo el arco del cielo

fue una cinta

con la que hice dos lazos:

astronomía y música.

Principio antrópico

Tiempo abajo. Por entre eternidades

cuyo horizonte humea como fuego

Georg Heym

Guardo dentro de mí

el resplandor del cosmos,

su azul de madrugada y su horizonte,

y acaso pueda detener la noche,

hacer una amapola con sus brumas.

O abrir un agujero

en el centro del cielo

para guardar el frío

que nace de la tierra.

Acaso pueda

lograr que el firmamento

descanse en la yema de mi dedo anular.

Definición de amanecer

Todas las tardes de Junio se mueren

anocheciendo en el azur.

Unas horas después

llega la pobre madrugada,

confusa entre los rayos

de Luna que la corriente arrastra.

Alba que bordea los ríos

y escancia las nubes,

que arrecia el verdor de los paisajes,

acrisoladas gotas de sol, no, de ceniza:

la radiación perfecta de mi cuerpo

que tiembla al despertar.

Somnium

(El sueño de Kepler)

Naves celestes adaptadas a los vientos del cielo,

navegando por el firmamento llenas

de exploradores que no temerán…

Johannes Kepler

Volaré siempre hacia el Sur,

mientras el viento

asciende como un himno hacia las nubes.

No haré caso a los pájaros,

hay lugar en sus ojos

para la perdición.

Sus espectros encienden las estrellas.

Espigas de coral

en el umbral remoto de la Tierra,

alfileres sucios

que la nieve abandona

a la penumbra de los tilos.

Lo que sobra de la inmensidad del espacio.

Alas y dientes.

Nubes y tormentas

El cuadro sin contornos

del paisaje nocturno

irrumpe en la perfecta

mansedumbre del mundo.

Luego llega el silencio

y me tapa los ojos,

como si transcurriera,

durando para siempre,

el desierto por ellos.

En los aleros del crepúsculo

he dejado tendidos

valor y lealtad,

pues lo he perdido todo,

como si alguna vez

hubiese sido mío.

Razón de vida

La razón de mi vida

podría resumirse en

los nombres

de unos tipos de Quarks:

arriba,

abajo,

extraño,

encantado,

belleza y

verdad.

Condición límite

La vida nunca da

consejos y, aunque no

tengo prueba ninguna

de que sea mentira,

ella siempre se calla.

Su rigor insensato

contrario a la pureza

contiene bruscamente

al amor y trabaja

a sus órdenes.

Me

asombra que la vida

sea tan misteriosa

aún sabiendo que todo está perdido.

Campo lejano del Tucán

Mis sueños vagan

por prados tejidos de sigilo,

desnudos noche y día,

sin poder encontrar

el camino de vuelta

al hogar.

Pero mi cuerpo nunca

olvida que ha crecido

bajo estas nubes rotas,

entre bosques que usurpan los senderos

a la Tierra sembrada de rocío.

Perseo en el cielo boreal

Soy valiente, y soy triste,

apenas un zarcillo de sol,

admiro el fondo del mar

y la paz de la noche,

me aferró a las copas de los árboles

que arrasa el viento,

viajo hasta la orilla

de la cúpula celeste.

Me lancé como un tigre

por los cielos vacíos,

me perdí en las distancias:

el tiempo no me importa

pues entiendo

el sueño eterno de su acopio de luz.

Nebulosa de la Laguna,

(Al sur de la nube de Sagitario)

Así, la belleza del mundo,

en él pintan las dunas

una infinitud de ausencias,

y un resplandor violeta

mantiene prisionero al horizonte.

Bastaría una grieta en mi mirada

para poder partir la Luna en dos,

pero

sale entera la Luna entre los huesos

contados del cielo de Septiembre.

Agujero negro Sag A

La oscuridad se agolpa

como un mundo perdido

en aquello que existe.

Los años, largos y profundos,

se han marchado

a dormir sus temores

sobre el lecho de escombros

de alguna primavera. Y

la inmensidad es materia corriente,

como yo.

Antares, en el corazón de Escorpión

Hace años, nada me importaba,

ni las pálidas ruinas

de la luz o

sus estryaciones rojas,

la íntima pureza

de un Sol amurallado por su propio temblor

que no ha encontrado cielo

en que aliviarse.

Hoy, la aurora acaricia mi frente, me

trata como a un adversario,

tiene el poder y el deseo de

un señor feudal.

Lentamente me apaga

el corazón con sus dedos.

El problema del horizonte

¿Qué me impide ser libre?

– Ser libre encierra

una cierta forma de traición-.

En la apacible mañana,

sangrienta de misterios,

he intentado vivir,

caminar sobre el cielo.

Van pasando las horas,

la brisa mueve suavemente las cortinas.

Soy una ardiente defensora del vacío.

La línea del horizonte

se ha enredado en silencio a mi lado,

es un lazo que me ato a la cintura.

Un azul derrotado mendiga su esplendor

por las vastas galerías del firmamento en brasas.

El día y la noche escancian

la inquietud del otoño

para ponerla con cuidado,

como gotas de lluvia que no es agua,

sobre el cristal de mis ventanas.

Es cierto, no soy libre y

yo no sé muchas cosas,

pero sé una gran cosa:

que las cosas

son lo que son

porque fueron

lo que fueron.

Autobiografía titulada «Nacida en cautividad»

Viví en la encrucijada

del siglo XX al XXI,

y los años

como perros felices transcurrieron.

Amé la soledad que nunca tuve,

y esa enorme tristeza

que medita en las flores

y desgarra las brumas

con fulgor de tormenta

cuando llega el ocaso.

Decían: «Ha llegado

el tiempo de morir,

el fin se acerca», y era raro

poder llenar las llagas de la vida.

Oh, aquellos años encendidos

de pensamientos salvajes,

una plata convulsa

que llegaba hasta el mar

en compañía de bestias

y de secretos cantos de sirenas.

Oh, las aves silvestres y las tardes de Marzo

todavía no nacidas.

Un afán de inocencia

se hizo costumbre en mí,

mientras la noche

bordaba a punta de navaja

mi corazón roído

en un cielo de tierra.

Flecha del amor blanco

(poesía)

Si el orden satisface a la razón,

el desorden hace las delicias de la imaginación.

Paul Claudel


I

Junto a mi voz está el vacío,

una escarcha

que espera su milagro de frialdad.

El alba brotando en la pared,

un dragón de cristal tras las cortinas,

el cesto con manzanas que saben a agonía,

y tu cuerpo que a veces es hermoso

si no recuerda nada.

– Te cambio lo vivido

por todo lo soñado-.

No te muevas. Lo inmóvil

es estático porque

no tiene realidad.

¿Qué prefieres?

¿El fragor de las lágrimas,

la cárcel que es el corazón, o fingir

que no puedes estar a mi lado?

Siempre hay tiempo para el amor y el vino,

para la infinitud que habla

un lenguaje de pájaros.

Hay que vivir allí donde

crece el azahar, al lado

de un mar que siempre se confunda

con el cielo.

– Tu cuerpo de alabastro hace una sombra

que no es suya, con las fauces abiertas-.

Parece que vivir fuese algo muy simple.

Hay rincones en ti

que se rompen después de las caricias,

y hoy el cielo está hirviendo

de colores azules

para que el aire claro del otoño

deje sitio a la lluvia.

¿Tienes pétalos de color escarlata,

te conmueves?

¿Te aproximas a la luz

con cada paso, como una mariposa

aturdida que se quema entre llamas

mientras piensa lo bello

que es el fuego frente a la oscuridad?

II

El horizonte es una línea de carne tibia

que nunca podré acariciar.

¿Sigues amándome, eres asunto mío?

Te has sumido en la paz de tu sueño,

¿has dejado las llaves puestas

para que yo pueda entrar?

– Sin emoción, no ocurriría nada

por lo que tú puedas preguntarme-.

He visto el humo que flotaba

bajo una multitud

de cometas azules.

El Cinturón de Orion

era un camino extraño hacia la intemperie.

Broté como una frágil luz

que el tiempo cinceló sobre los astros,

– Soy un lobo de invierno

que le gime a la Luna-.

Dos nubes de polvo iluminado

murmuran de vida. El aire anuncia

que pronto amanecerá, que el Sol hará pedazos

las irisaciones de la niebla en el jardín,

la apariencia de vida de todo lo que sueñas,

la luz de las estrellas que se exhibe

como un terror lejano.

¿Sigues buscando el camino hacia un cosmos

que se derrita gota a gota en tu silencio?

¿Sigues amándome mientras duermes?

La noche está tranquila, pero

¿a dónde se irá el cielo si aún

no ha aprendido a volar?

Cuidado con las flores

Todo ocurrió bajo el viento que pasa

esparciendo las risas de los niños

por el zarzal azul del cielo atardecido.

– Algo queda en mis ojos todavía

que es digno de los dioses-.

– Nunca tuve cuidado

de aquello que soñé-.

Yo, que fui una llama pura

en medio de esta larga soledad.

El ardor, la música y el ansia

están grabados

como luz ilusoria en el paisaje.

– Nunca llevé a mis sueños de la mano-.

El corazón de amanecer

de todo lo que he amado

florecerá como un espino,

volverá a soñar

que no ha nacido aún.

Yo fui la noche.

A solas con mi estrella

susurré que era dulce

beber el vino de noviembre

y mecerse a la sombra de los sauces,

tal vez morir tranquilamente

bajo un redondo firmamento

sin entender siquiera

que hay caminos también para las flores.

Finales de partida

(Bucle de Cygnus)

Partiré junto a ti.

Mis daños son las flores

de un pequeño cerezo

que crece con el alba.

Le lanzaré flechas, si declina,

a la tarde.

Pagaré los tributos de los ríos

con mil piedras preciosas

arrojadas al agua.

No volveré a mi tierra,

a la estancia de jade

de la noche.

Vendrá la lluvia de puntillas.

Iniciarán su vuelo

las aves que devora

esa ardiente melancolía

que estremece a los vivos.

Interpretaré

los sueños de los tigres

que gozan en la hierba.

Atizaré la hoguera de los astros

con mis dedos

de sándalo.

Mientras talo el dolor

del árbol de mi cuerpo,

rama a rama,

yo partiré contigo.

Sin armas, sin escudo,

sin otro ejército

que mi afligido corazón,

ribazo del estanque

de una tristeza sin regreso.

Carácter animal

Has llegado a mi casa

ordenando las quejas

de la noche.

– Besos como pequeños corazones

se cayeron al suelo

sin cuidado-.

«¿Cuánto pesan los astros?»,

preguntaste,

«¿y las horas del día?

¿Saben quién somos los milenios?

¿Hay praderas de espacio

que se tienden tranquilas

detrás del mirador?»

Oh, ven, ven de nuevo,

escucha los murmullos

de amanecer, haz vino

con las sombras de la estancia.

Que la luz sea una estela de seda para

que tú la toques,

que nunca diga basta.

Desde que tú llegaste

la primavera ha derrochado

toda su gloria floreciendo

por dentro de mi boca,

– nunca mira hacia atrás,

y es libre,

tiene abiertas las manos-.

La estrella Nu de la Cabeza del Dragón

Componen infinitos

las grandiosas llanuras

de un espacio que crece

claro desde el invierno.

He nacido del Sol.

Semilla de piedad,

me gastaré beso a beso.

Soy

un confite de amor

perdido

en las moradas de piedra desdeñosa

y vacío

que labran la galaxia.

Inquilina de un sueño

adolescente, me abandono

como ciertos paseantes solitarios

que conocen la altura

con que los tiraniza el cielo.

Y la Luna, una lezna es-

– telar de fuego negro

manchando de universo mi tejado.

Las maravillas de los mundos

Estos son mis suspiros,

los que emprenden el vuelo

hacia aposentos

donde mueren los pájaros. Son

lágrimas de primavera, y

vuelan como gorriones moribundos que

descosen las nubes a su paso. El

cielo me ha concedido

la luz triste de la Luna, la noche

que cae cual lluvia sucia en

los cañaverales. Queda un

poco de vino, lo bebo entre

jazmines. Ya el cosmos

entona su canción azul

de los atardeceres, pero

el viento, que anda suelto,

arrebata mis lágrimas, las

prende de los árboles.

Beta de la Hidra

Muero mirando un sol,

muero mirando al suelo,

como los girasoles.

Oh, noche que has tallado

arroyos de luz

en la frialdad de las estrellas.

Los mirlos son residuos

del invierno,

que arde como un juguete

en tu silencio.

Oh, noche,

mientras me hundo en tus brazos,

desanuda el dolor

que como hilos de aliento

me ha cosido la boca.

– La vigilia transcurre dulcemente,

juega con la ternura cristalina

del aljófar celeste:

se detiene

en las riberas de oro

donde la luz se apaga-.

Mecánica celeste

Qué dulce el presagio de los años.

Buscando el eterno misterio de la vida,

mis pasos nublan la calma del otoño.

Soy una tierra abandonada

que destila

su corazón de sal cautiva

en la pútrea frescura de los días.

Broto entre las viñas,

mientras la Luna roja pace

por el jardín helado.

Vamos hacia el brezal celeste

de otro tiempo.

– Ya las tardes son tristes como heridas-.

Peregrinan las aves,

se van hacia la noche.

Hacia la noche, sin cesar,

la que nunca termina.

Se han desprendido

azores de río y cereales negros

del tejado de luz

que es la mañana. Un rastrojo de

cielo puro vibra a mi alrededor

y dice:

«oh, vagabundo,

cierra los ojos y escucha la

dulce sinfonía de las esferas».

Los recursos que derivan de la observación

Despierto igual que un ángel

que le canta al ocaso

con labios enmohecidos

por su silvestre soledad.

Regalo de esos ángeles

que pasean a caballo

por las constelaciones,

vago entre el invierno y

devoro mil dulzuras

que dejan de existir si sopla el viento,

que irrumpen lentamente en medio de la vida

y extravían, al tocarla,

la luz negra del mundo.

– Esquirlas de cielo tibio

hacen burla en la risa

de nuestra Luna quieta-.

– A través de los aires,

la barca cristalina de una estrella

desnuda las ramas de plata

del anochecer-.

Lo infinitamente pequeño

En un portal

hecho de luz de luna,

cobijé a mi amor.

¡Mi pobre choza!

La destrozó el frío

una mañana malva.

¿Quién pintará

de nieve

mi nido roto?

¿Quién barrerá

las hojas secas

que ni se quiso

llevar el viento?

¿Quién recogerá

mi pena

como gotas de vino

que se derraman?

En un claro de luna

volví a levantar

una casa nueva.

– Junto al río

miro el agua

que corre

en ascuas-.

Materia es energía,
energía es eterno goce [2]

En mis sueños

amar era lo mismo

que sembrar en el desierto,

con un sable desenvainado,

el durazno de mi corazón.

– Me iré al despuntar el alba

en mi barca dorada

que boga hacia el olvido-…

Ya no es primavera

y contemplo

la Luna errante del verano,

cuya canción de miel y de distancias

rocía el aire de lirios de plata

mientras se oxida

la guillotina verde

de la tarde en flor.

Hora crepuscular

que va de boca en boca

cavando su tristeza mineral

por todas las esquinas.

Hora callada:

despídete de todo afán

pues nada se extingue

mejor

que el gozo de la luz

de las estrellas.

Génesis del vacío

Recuerdo la frontera

que burlaban las aves,

el libro de mi vida

y su altiva silueta

que acarició la nieve

con espinas de cielo.

Apenas sin propósito,

amé a tientas un mundo

soñándolo detrás de las cortinas.

Fui la reina absoluta

de los días lluviosos

que enterré bajo cumbres

de un dolor que dormía.

Y hoy, ¿quién estará conmigo

perfumando con rosas

el peso de mi pena?

¿Dónde iré tan sola en la hermosa mañana?

¿A quién le importa

que a la "noche serena

le crezcan sucias hierbas de luz?

La abundancia de elementos

(Nebulosa de la Lira, estrella agonizante)

Polvo de oro y diamantes ha llovido

del corazón de alguna vieja estrella,

y he librado batalla contra la quimera

de un universo sólido, pequeño,

desprovisto de sorpresas y de amor.

Bajo este manto de nieve celeste,

lloro como una niña que no sabe crecer.

Murmura el agua entre los juncos:

«Es ley común que la belleza

se apague en nuestras manos

como si fuera tierra yerma

que pende de un trozo de cielo

por el hilo de angustia de la aurora,

pues

sólo la muerte comprende a la materia».

Casi todo suceso es único?

– Que tus ojos me circunden

como el aire.

Que se extingan las sombras

al paso de mi soledad.

Que las puertas del Sol

colmen mis noches

podridas con luz de amaneceres.

Que los astros perdidos

duerman en el silencio

de sus sueños celestes.

Que los que mueren tiemblen

como ramas sombrías

que el viento errante arropa

con sus manos salvajes-.

Flota la niebla, y la tormenta

se yergue en las paredes

del vacío.

La tarde se ha enfriado.

Junto a la luz dispersa

que cae de los tejados,

la ciudad se detiene.

La barrera de Coulomb

Organizo los huesos

de mi corazón, crezco

en un mundo de letargos,

de estrellas que fluyen

a la dulzura de una nada

radiante de colores.

Despertaré, quizás, un día

y arrojaré jadeos de fuego,

en porciones pequeñas

como estas palabras.

He sido cuerpo,

rara aleación de mente y de tristeza,

y cuando el Sol estival haya quebrado

en dos el cielo, enterrando en mi pelo

capullos de luz devoradora

donde la eternidad ya ha transcurrido,

él y yo

seremos cuerpos que jamás se toquen

en la cárcel breve

del deseo.

Las ciencias de la vida

Ni siquiera los dioses

pueden olvidarlo todo.

Una tierra desguarnecida

ha brotado del mar,

pues el otoño nunca hace

nada sin preguntárselo a los cielos.

Amo el océano y, en la alborada,

temo por sus islas. Respiro

orgullosa el aguijón de luz

de los cometas.

Seré alegre, me digo,

y dulce igual que el ruego

de un héroe cautivo.

– Yo no sé qué medidas

contiene la existencia-.

Como cirros de ocaso

se esfuman los minutos:

en tiempos de penuria

en mitad de la noche

crece el día.

Altair

Un frío desierto

se ha recogido entre las hojas

de los helechos silenciosos.

A su lado,

canta mi aflicción dulcemente.

Enhebro la mitad del día ^

en el verde oscuro

de los aires

que el poniente traiciona.

– Hay mieses que crecen delicadas

en el fondo marino de las nubes-.

¿Dónde me llevó el cierzo?

¿Dónde iré a dormir,

qué azul rocío

me mecerá en sus brazos?

¿Acaso habré abierto

mi alcoba a la penumbra?

– El alma es una lira ennegrecida

que sangra inconsolable por dentro de las cosas-.

Historia de la materia

Mi corazón tiene la fuerza

con que se bate el mundo

por los barrancos florecidos

de una mañana de verano.

– ¿Vendrás de nuevo

con el olor a lecho

de un animal hermoso?-

Recibo de rodillas al deseo.

¿Cuánto valdrá,

si nunca está dormido?

Le pido de una vez

que me lleve en sus brazos,

como un cuenco de rosas

que a nadie le de miedo.

Filosofía natural

Acaricio

las ruinas tibias de la tarde.

Astillas de sol oscuro,

temblor, susurros, voluntad.

Urdiré los secretos

que han de dar nombre

a todas las estrellas.

Son mis dedos

Golondrinas

que el azul ensortija

entre el cielo y los campos.

Equinoccio de otoño

(Cúmulo Omega Centauri)

Hay una miel nocturna que

ata al aire y lo engaña,

recompone

tramas de luz muy dulces.

El pensamiento es la misión

donde agota la vida

sus fuerzas.

Y el mar es el espejo

en que la Luna

descubre sorprendida

sus colores de tiza

solitaria.

Señal de simetría

(Beta Centauri, estrella gigante azul)

Y cada copo de luz

es una queja suave

de los astros que pasan.

Río abajo se deja

caer el cielo sobre

el agua. Igual que tierra,

la luz forma meandros

en la tarde sin flores.

Una fuerza celeste

acecha los placeres

terrenales que el amor

exhala. Nubes en el

abismo de mi pecho

con tiempo se preparan.

Evolución de la forma

En el bosque, una golondrina

ha prendido su vuelo

de las hebras de piedra

de la Luna,

mientras arde la noche

y se deshace el Sol

hacia lo lejos. Ha encontrado

un lecho de amor en medio

del tumulto de vida sofocante

que brota de la tierra.

El pajarillo

llora sus lágrimas

de cristal inhumano

en la tibieza embelesada

del estanque,

en el agua.

Quién sabe, ¿se entregará

ese halo de sol, al cabo,

como un gusano

que le cuelgue del pico?

Pequeño cataloga de cielo profundo

No sueñes con otros mundos.

John Milton

De mí prefiero la parte

que me asoma de los ojos, ese

dulce trabajo mío de otear más allá

entre

la púrpura ligera de las bardas

que deshilan mi cuerpo, lazo a lazo,

de carcomas de luz.

Tanto mirar y he visto apenas

un espacio ancho

que le roba a la muerte

las riendas de los sueños

que se inventan el tiempo día a día

porque

cada minuto es un añico

de vida que el otoño

implora ante la primavera.

La hipótesis del zoo

Un recuerdo del mar

pone su humedad gris en las montañas,

esplendor de una vela

que dibuja en las cimas

el color de las nubes

sobre la piedra florecida.

¿Y si se ausenta el cielo

y deja solos a los astros?

¿Y si soy sólo un pececillo

que sueña que un día fue

una muchacha

triste?

Romance para una estrella

(de rock)

Diste a la mar monosílaba

azul turquí para el agua,

le diste verde al paisaje

y barniz a mis miradas.

A las estrellas lejanas,

alcoholetas de ginebra,

damas de puerto malayo,

les diste rock pa' las penas

de amor por profundidades

submarinas, marineras.

¡Las estrellitas enfermas

de altura, frío y cavernas

estelares!…, agujeros

como tus ojos en vela

que metiste en un sombrero

engolfándote en sus telas.

Cenit

Nada existe excepto átomos y espacio vacío.

Todo lo demás son opiniones.

Demócrito de Abdera


I

No es difícil construir un cielo,

siempre que se elijan los versos adecuados.

En el redil de los recuerdos

las bestias de la noche están atentas

al ritmo de mi llanto.

Los muros que sostienen

el cielo que soñamos

hoy son huesos plantados

al apuntar el día.

Ningún mal puede sobrevivir

a un invierno perpetuo.

La Tierra

vive cara a cara

de un cielo cubierto por sí mismo.

Lanza sus abrojos,

como pequeños amores

que pronto se consumen de deseo.

II

Encerrada entre espinas,

¿qué será de la rosa a medianoche?

Los mochuelos murmuran de desdicha,

ellos saben que a veces

estallan los secretos de la rosa

– su salvaje agonía y su blancura-

en el jardín de invierno

donde habita mi voz.

No se pierde la rosa en el parterre,

la tierra la amenaza

con sus piedras enormes,

le dice que la aurora es un desgarro

por el que el tiempo crece.

Yo me aparto del mundo y

así la miro abrirse entre tallos:

una tierna locura que dibuja

figuras en la luz.

III

Tan hermosa como la muerte

de un poeta que, al fin, se ha vuelto loco,

la tormenta de nieve

cae sobre nosotros:

un silencio del cielo

que nos conduce a casa.

Enramada en el blanco de la tierra,

yo me dormiré bajo los árboles

que rutilan de frío.

El valle se oscurece,

un anciano suspira,

con el paso cansado, hacia la aldea.

La tumba del amor

yace entre tempestades

bajo la tarde sin caminos,

y una alondra solloza,

está cautiva en medio del furor

del firmamento.

Hasta que llegue la mañana,

sentiré que todo es posible,

incluso la alegría

que el rocío arrastra por

las huertas, con cadenas de hielo.

IV

No saben detenerse los amantes,

hablarle al rostro mudo del futuro:

¿Qué hacemos aquí, oh tiempo que te marchas

igual que un dios

que olvida sus placeres terrenales?

Tiempo contado en gotas de ámbar.

El verano nos tenderá

sus alfombras de olvido.

íntima y tormentosa,

la noche sabrá todo de nosotros,

contará las estrellas una a una,

y en voz baja llorará tanta luz pura

a los pies de mi cama.

El brillo de los cielos

retará la mirada de la Tierra,

y alguna vez seré libre:

sin pasión, sin camino,

sin azules praderas que me esperen,

sin la arrogante leyenda del mar

irrumpiendo en mi casa.

Inconsolablemente libre,

viajaré por lugares

que apenas necesiten

del aire o el pensamiento

para saberse ciertos

como ojos de perro.

El océano, tranquilo,

acogerá la niebla

de un mundo impetuoso

que no nos pertenece.

Llegaré cuando el viento

aniquile al invierno con "su acero,

cuando el atardecer,

armado de cuchillos,

prometa acariciarme lentamente

mientras aúlla que

no pueden detenerse los amantes,

corazones que tiemblan

más deprisa que el agua.

V

Quizás muera mañana:

mi carne fugitiva

en la luz de tus labios.

Desnuda como el mundo,

haré mis pactos con la claridad y

tal vez todos mis sentidos de

amor se mueran,

sembrados por los campos eternos.

de un tiempo consumado.

Y, entonces, una luna de gorriones

jugará la partida,

y el cielo no sabrá

soñar de nuevo con sus pájaros.

VI

Y si todo muriese,

¿qué haré para saber que no amé en vano?

Arrancaré tu corazón, y luego

volveré a colocarlo

en tu pecho, de manera

que sus latidos se acompasen

a los míos, con dulzor.

Yo haré que la tarde persiga a la noche,

no me importa de dónde

haya venido toda la oscuridad,

ella conoce mi mal, mis palabras,

mi cuarto, mi memoria,

brasas que al sol resisten,

lenguas de jade que a las sombras

persiguen,

de promesa en promesa.

Jazmín aniquilado en sus amores,

mi gozo es tu materia,

y si todo muriese

crece libre en mitad

del azul de los cielos,

vete lejos, que yo

te miraré partir

en secreto silencio,

pues si todo muriese

habrá de ser más bello

en el último día.

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