Federico Moccia
Tres Metros Sobre El Cielo

‘Cathia tiene el culo mas bello de Europa’. El graffiti rojo brilla en toda su desfachatez en una columna del puente de la calle Francia.

Vecino, un águila real, esculpida hace tanto tiempo que seguramente habrá visto el culpable, pero nunca hablara. Un poco mas abajo, como una pequeña águila protegida por sus rapaces garras de mármol, esta sentado el.

Cabellos cortos, casi nunca peinados, bajo detrás del cuello como un marino, una chaqueta Levi’s oscura.

El cuello hacia arriba, una Marlboro en boca, los lentes Ray-Ban en sus ojos. Tiene un aire de duro, aunque si no lo estuviera deseando. Una sonrisa bellísima, pero son pocos los que han tenido la fortuna de apreciarla.

Algunos carros en el fondo se paran amenazantes en el semáforo. Están allí, en línea como si fuera un desfile, si no fuera por su diversidad. Un 500, un New Beetle, un Micra, un auto americano no identificado, un viejo Punto.

En una Mercedes 200, un flaco dedo con las uñas comidas le da un leve empujón a un CD. De las cornetas Pioneer laterales cobra vida de repente la voz de un grupo de rock.

El automóvil vuelve andar siguiendo el flujo. Ella quiere saber ‘where is the love’ ¿pero existe de verdad? De una cosa esta segura, lo trataría de descubrir si no fuera por su hermana que de la parte trasera insiste en repetir: ‘Pon a Eros, anda, quiero escuchar Eros’.

La Mercedes pasa justo cuando ese cigarrillo, casi terminado, cae a tierra, empujada por una última probada decidida y ayudada por un poco de viento. El baja de los escalones de mármol, se arregla un poco sus pantalones y sale en su moto Honda blu VF 750 custom. Como encantado se encuentra entre los carros. Su Adidas derecho cambia, ajusta y deja andar al motor potente que empuja como una onda en medio del tráfico.

El sol esta saliendo, es una bella mañana. Ella esta yendo a la escuela, el no se ha ido a dormir todavía de la noche anterior. Un día como cualquier otro. Pero en el semáforo se encuentran uno al lado del otro, y entonces no será un día como cualquier otro.

El semáforo en rojo.

El la ve. La ventanilla esta abajo, una cola de cabellos rubios ceniza descubre por pedazos su cuello suave. Un perfil ligero pero decidido, sus ojos azules, dulces y serenos, escuchan soñadores y entrecerrados la canción. Tanta calma lo golpea.

‘Hey!’

Ella se voltea hacia el, sorprendida. El sonríe, parado cerca de ella, en su moto, sus hombros anchos, sus manos ya rápidamente bronceadas para la mitad de abril.

‘¿Quieres venir a pasear conmigo?’

‘No, estoy yendo a la escuela.’

‘Bueno no vayas, haz como que vas y yo te voy a buscar ahí enfrente.’

‘Lo siento.’ ella hace una sonrisa falsa y forzada ‘Me he equivocado de respuesta, no me provoca ir a pasear contigo.’

‘Ve que conmigo te divertirás.’

‘Lo dudo.’

‘Resolveras todos tus problemas.

‘No tengo problemas.

‘Esta vez soy yo el que lo duda.’

El semáforo en Verde.

La Mercedes 200 avanza rápido dejando terminar la risa segura de el. El padre se gira hacia ella ‘Pero quien era ese? Un amigo tuyo?’.

‘No papa, solo un cretino’

Cualquier segundo después la Honda regresa de nuevo. El se agarra a la ventanilla y con la derecha da un giro al acelerador, lo suficiente como para no hacer tanto esfuerzo, aunque con su fuerte brazo no habría tenido muchos problemas en esforzarse.

El único que parece tener algún problema es el padre.

‘Pero que hace este inconsciente? Porque se acerca tanto?’

‘Tranquilizate papa, yo me ocupo’

Se voltea decidida hacia el.

‘Escucha, no tienes nada mejor que hacer?’

‘No.’

‘Bueno, consíguelo.’

‘Ya conseguí algo que me gustaría.’

‘Y que será?’

‘Pasear contigo. Anda, te llevo por la Olimpica, corremos fuerte con la moto, después te ofrezco el desayuno y te regreso a la hora de la salida de la escuela. Te lo juro.’

‘Creo que tus juramentos valen bien poco.’

‘Cierto’ sonríe, ‘mira, ya que conoces tanto de mi, di la verdad, ya te gusto no?’

Ella se rie y mueve la cabeza.

‘Bueno, ahora basta’ abre un libro que saca de su mochila Nike, ‘Debo pensar a mi verdadero y único problema.’

‘Cual?’

‘La interrogación de Latín.’

‘Creia que era el sexo.’

Ella se voltea molesta. Esta vez no sonríe más, ni siquiera por pretender.

‘Levanta la mano de la ventanilla.’

‘Y donde quiere que la meta?’

Ella oprime el botón. ‘No puedo decírtelo, esta mi padre’.

La ventanilla eléctrica comienza a subir. El espera hasta el último instante, después quita la mano.

‘Nos vemos.’

No da tiempo para escuchar su seco ‘No’. Se inclina ligeramente hacia la derecha. Agarra la curva, escala y consigue potencia desapareciendo veloz entre los carros. La Mercedes continúa su viaje, ahora mas tranquilo, hacia la escuela.

‘Sabes quien era ese?’ La cabeza de la hermana se pone repentinamente entre los dos asientos. ‘Lo llaman ‘10 con honores’’

‘Para mi es solo un idiota.’

Después abre el libro de latín y comienza a repasar el ablativo absoluto. En un pedazo para de leer y mira afuera. Es verdaderamente eso su único problema? Cierto, no aquel que dice ese tipo. Y, sin embargo, no lo volvería a ver nunca más. Regresa a leer decidida. El carro va hacia la izquierda, hacia su escuela, La Falconieri.

‘Si, yo no tengo problemas y no lo volveré a ver mas.’

No sabia, en realidad, de cuanto se estaba equivocando. Acerca de cada una de las cosas.


La luna es alta y pálida entre las últimas ramas de un árbol. Los sonidos extrañamente lejanos. De una ventana llegan algunas notas de una música lenta y agradable. Un poco mas abajo, las líneas blancas del campo de tenis brillan derechas bajo la palidez lunar y el fondo de una piscina vacía espera tristemente el verano. En la primera planta del complejo, una muchacha rubia no muy alta, con los ojos azules y la piel suave, se mira indecisa en el espejo.

‘Te sirve la camiseta negra, elástica de la Onyx?’

‘No lo se.’

‘Y el pantalón azul?’ grita mas fuerte Babi de su habitación.

‘No lo se.’

‘Y la licra, te la quieres poner?’

Daniela esta ahora parada en la puerta, mira a Babi con las gavetas de la ropa abiertas y las cosas regadas por todos lados.

‘Entonces me pondré esto…’

Daniela avanza entre algunos zapatos deportivos Superga regados en el suelo, todos talla treinta y siete.

‘No! Eso no te lo pones porque lo estoy guardando.’

‘Igual me lo agarro.’

Babi se lanza encima para recuperar lo que tiene la hermana en las manos agarradas a la cadera: ‘Lo siento, pero no me lo he puesto nunca. Te lo podrias poner primero y después me lo agrandas todo.’

Daniela mira irónicamente a la hermana.

‘Que? Estas bromeando? Mira que tu te pusiste mi falda azul elástica el otro día y ahora para ver mis bellas curvas debes ser un adivino.’

‘Que entro yo en todo eso? Esa la agrando Chicco Brandelli’

‘Que?! Chicco ha probado a tocar y tu no me has dicho nada?’

‘Hay poco de contar.’

‘No creo, juzgando por mi falda.’

‘Es solo apariencia. Que dices de esta chaqueta azul y debajo la camisa rosa durazno?’

‘No cambies la conversación. Dime que paso.’

‘Ay, tu sabes como van estas cosas.’

‘No.’

Babi mira a la hermana pequeña. Es cierto, no lo sabe. Aun no podría saberlo. Es muy redonda y no hay nada suficientemente bello en ella para convencer a alguno a agrandarle una falda.

‘Nada. Recuerda que la otra tarde le dije a mama que iría a estudiar donde Pallina?’

‘Si, entonces?’

‘Entonces, he ido al cine con Chicco Brandelli’

‘Aja?’

‘La película no era nada fascinante, y viendo mejor, el tampoco lo era.’

‘Si, pero llegando al punto. Como fue que se agrando la falda?’

‘Bueno, la película llevaba diez minutos y el se agitaba continuamente en la silla. Y yo pensé: es cierto que este cine es incomodo, pero según mi opinión Chicco quiere intentar algo. Y de hecho, poco después, se echa un poco para atrás y pasa su brazo detrás de mi espaldar. Escucha, que dices si me pongo el vestido, ese verde con los botones adelante?’

‘Continua!’

‘En fin, del espaldar bajo, lentamente, a la espalda.’

‘Y tu?’

‘Yo… nada. Fingía casi de no acordarme de el. Miraba la película, como concentrada. Después me ha llevado hacia el y me ha besado.’

‘Te beso Chicco Brandelli? Guau!’

‘Porque te emocionas tanto?’

‘Es un chico bello’

‘Si, pero muy creído… siempre esta arreglándose, mirándose en el espejo. Bueno, en el segundo tiempo había reconquistado de inmediato su posición. Me compro un Helado Cornetto Algida. El film se había mejorado un poco, quizás también gracias a la parte de arriba del Cornetto, esa con las nueces. Era fabulosa. Así me distraje y cuando me doy cuenta tiene las manos un poco muy abajo para mis gusto. He tratado de alejarme y el nada que dejaba, se agarro fuerte a tu falda azul. Y así es que se agrando’

‘Que puerco!’

‘Si, imagina que no quería saber nada de parar. Y después sabes que hizo?’

‘No, que hizo?’

‘Se desabotono el pantalón, me agarro la mano y me la llevaba hacia abajo. Si, sabes, hacia su coso…’

‘No! De verdad es un puerco! Y entonces?’

‘Entonces yo para calmarlo he debido sacrificar mi Cornetto. Lo agarre y se lo lance en sus pantalones abiertos, hubieras visto el salto que dio!’

‘Bravo Hermana! Ahora tiene mas que el corazón helado…’

Comienzan a reír. Después Daniela, aprovechándose de la alegría que había en el ambiente, se aleja con el vestido verde de la hermana.

Un poco más allá, en el estudio, en un suave mueble con diseño de cachemir, Claudio se prepara una pipa. Lo divierte ese proceso con el tabaco, pero en realidad es solo un compromiso. En la casa no le permiten fumar más sus Marlboro. La esposa, enérgica jugadora de tenis, y sus hijas, muy saludables, lo regañan con cada cigarrillo prendido, así que paso a fumar pipa. ‘Te da mas clase, te hace parecer mas reflexivo!’ le había dicho Raffaella. Y de hecho, el había reflexionado bien. Mejor tener ese pedazo de madera entre los labios y un paquete de Marlboro escondido en el bolsillo de la chaqueta que discutir con ella.

Le da una probada a la pipa mientras hace una panorámica de los canales televisivos. Sabe ya donde pararse. Algunas chicas bajan de una escalera trasera cantando una estupida canción y mostrando sus firmes senos.

‘Claudio, estas listo?’

Cambia rápido de canal. ‘Si tesoro.’

Raffaella lo mira. Claudio se mantiene sentado en el mueble perdiendo un poco su seguridad.

‘Toma, cambia la corbata, toma esta vinotinto.’

Raffaella deja la habitación sin posibilidad de discusión. Claudio se desata el nudo de su corbata preferida. Después oprime en el control el botón numero cinco. Pero en vez de las bellas chicas se debe contentar de una pobre ama de casa que, enmarcada dentro de un alfabeto, trata de volverse rica. Claudio se mete en el cuello la corbata vinotinto y dedica toda su atención al nuevo nudo.

En el pequeño baño que separa los cuartos de las dos hermanas, Daniela esta exagerando con el delineador de ojos.

Babi aparece cerca de ella.

‘Que te parece?’

Tiene puesto un vestido de flores, rosado y ligero. La aprieta delicadamente en el pecho, dejando el resto libre de caer, como mejor le parece, en sus caderas.

‘Entonces, como estoy?’

‘Bien.’

‘Pero no buenisimo?’

‘Muy bien.’

‘Si, pero porque no dices buenisimo?’

Daniela continúa a tratar de hacer derecha la línea que debería alargarle un poco los ojos.

‘Bueno, a mi no me gusta el color’

‘Si, pero aparte del color…’

‘No me gustan mucho las hombreras tan gruesas.’

‘Si, pero aparte de las hombreras…’

‘Bueno, tu lo sabes, a mi no me gustan las flores’

‘No, pero no les prestes atención’

‘Entonces si, estas buenisimo’

Babi, para nada satisfecha y sin saber siquiera ella que cosa quería oír, agarra el frasco de perfume de Caronne comprado en un Duty-Free de regreso de las islas Maldivas.

Saliendo se tropieza con Daniela.

‘Hey! Ten cuidado.’

‘Ten cuidado tu! Mira como te estas maquillando!’

‘Lo hago por Andrea.’

‘Andrea quien?’

‘Palombi. Lo conocí fuera de la Falconieri. Estaba hablando con Mara y Francesca, las del cuarto año. Cuando se fueron le dije que yo también estaba en la clase de ellas. Maquillada así, cuantos años me darías?’

‘Bueno, pareces mas grande. Al menos quince años.’

‘Pero yo tengo quince años!’

‘Suaviza un poco aquí…’ Babi se mete el índice en la boca, bañándolo, y después lo lleva al parpado de la hermana masajeándolo.

‘Eso, listo.’

‘Y ahora?’

Babi mira a la hermana alzando la ceja.

‘Pareces a punto de cumplir dieciséis.’

‘Aun es muy poco!’

‘Chicas están listas?’

Raffaella, en la puerta de la casa, introduce la alarma. Claudio y Daniela pasan veloces enfrente a ella, por último, llega Babi.

Entran todos en el ascensor. La velada esta por iniciar. Claudio se arregla mejor el nudo de la corbata. Raffaella se pasa veloz varias veces la mano derecha debajo de sus cabellos. Babi se arregla la chaqueta oscura que tiene la espalda amplia. Daniela se mira simplemente en el espejo, encontrando la mirada de la mama.

‘No estarás muy maquillada tu?’

Daniela trata de responder.

‘Dejalo así, estamos retrasados como siempre’. Y esta vez Raffaella se encuentra en el espejo la mirada de Claudio.

‘Pero yo las estaba esperando a ustedes, yo estaba listo a las ocho!’

Pasan en silencio a través de los últimos pisos. En el ascensor entra el olor del estofado de la mujer del portero. Ese sabor de Sicilia se mezcla por un momento con aquella extraña compañía francesa de Caronne, Drakkar y Opium. Claudio sonríe. ‘Es la señora Terranova. Hace unos platos fabulosos.’

‘Le pone mucha cebolla’ es el juicio seguro de Raffaella, que de un tiempo para acá ha optado por la cocina francesa, con la preocupación de todos y la desesperación de la señora de servicio.

La Mercedes se para enfrente al portón.

Raffaella, con un ruido de joyería dorada, señal de recurrencias y navidades mas o menos felices, casi siempre costosas, sale adelante y las hijas detrás.

‘Se puede saber porque no acercan mas la moto Vespa al muro?’

‘Aun mas pegada al muro? Papa estas ciego’

‘Daniela, no te permito que le hables así a tu padre’

‘Escucha mama, mañana podemos ir en Vespa a la escuela?’

‘No, Babi, hace todavía mucho frió’

‘Pero tenemos el parabrisas’

‘Daniela…’

‘Pero mama, todas nuestras amigas…’

‘Las debo ver aun a todas estas amigas con la Vespa.’

‘Si es por eso, a Daniela le darán el Peugeot nuevo que en comparación, visto que te preocupa tanto, corre mas,’

Fiore, el portero, alza la barra. La Mercedes espera, como todas las noches, el lento subir de ese largo hierro con rayas rojas.

Claudio le da un saludo. Raffaella se preocupa solo de cerrar la discusión.

‘Si la próxima semana hace mas calor, veremos.’

La Mercedes sale con un poco mas de esperanza en los asientos traseros y un rayón en su espejo lateral derecho.

El portero regresa a ver su pequeña televisión.

‘Entonces, no me has dicho como estoy vestida así.’

Daniela mira a la hermana. Tiene las hombreras muy largas y para sus gustos esta muy seria.

‘Buenisimo.’ Ha entendido perfectamente como actuar con ella.

‘No es cierto, tengo las hombreras muy largas y soy demasiado perfeccionista como dices tu. Eres una mentirosa, y sabes que te digo? Por esto serás castigada. Andrea ni siquiera te mirara. Quizás si lo hará, pero con todo ese delineador no te reconocerá y se ira con Giulia.’

Daniela trata de responder, sobretodo con respecto a Giulia, su peor amiga. Pero Raffaella se entromete para terminar la discusión.

‘Muchachas, dejen de discutir, sino las regreso a la casa.’

‘Doy la vuelta?’ Claudio sonríe a la esposa, haciendo como si moviera el volante. Pero le basta una mirada para entender que no es el momento.


El es ágil y veloz, oscuro como la noche. Luces y reflejos van y vienen en los pequeños espejos de su moto. Llega a la plaza, vuelve a correr apenas ve que por la derecha no viene ninguno, después se va hacia Vigna Stelluti a toda velocidad.

‘Tengo unas ganas de verlo, son dos días que no se nada de el.’

Una bella muchacha de cabello marrón, ojos verdes y un buen posterior prisionero de unos pantalones Miss Sixty, sonríe a la amiga, una rubia alta como ella pero un poco más redonda.

‘Madda, sabes como es todo, aun si han estado juntos nunca quiere decir que ahora tienen una historia’

Sentadas en sus motos, fuman cigarrillos muy fuertes, tratando de dar una imagen fuerte y algunos años de más.

‘Que importa, sus amigos me dijeron que el normalmente nunca llama a nadie.’

‘Porque, a ti te llamo?’

‘Si!’

‘Bueno, quizás se equivoco de numero.’

‘Dos veces?’

Sonríe, feliz de haber puesto en su lugar a la amiga que, sin embargo, no pierde el ánimo.

‘De sus amigos no te puedes confiar. Has visto que hacen?’

Cercano a ellas, con sus motos potentes como sus musculos, Pollo, Lucone, Hook, El Siciliano, Bunny, Schello e muchos otros aun. Nombres improbables de historias difíciles. No tienen un trabajo fijo. Algunos siquiera mucho dinero en los bolsillos, pero se divierten y son amigos. Esto basta. Aman pelear, y eso nunca falta. Parados allí, en Plaza Jacini, sentados en sus Harley, sus viejas 350 Four con piezas originales, o con los clásicos cuatro en uno, del ruido mas potente. Soñadas, suspiradas y al final, obtenidas, gracias a continuas plegarias, de sus padres. O quizás con el sacrificio de la billetera desafortunada de un joven descuidado que la dejo en la gaveta de cualquier escarabajo o en el bolsillo interno de un Henri Lloyd, en fin, demasiado fáciles de robar durante el receso.

Como estatuas sonrientes, exhiben las peleas fáciles, las manos con cualquier rotura, recuerdo de una riña. John Milius los hubiera adorado.

Las muchachas, mas silenciosas, sonríen, casi todas escapadas de casa, inventando un dormir tranquilo donde una amiga, que en en vez de eso, esta sentada ahí cerca con ella, hija de la misma mentira.

Gloria, una chica con la licra azul oscuro y la camiseta del mismo color con pequeños corazones celeste, muestra una esplendida sonrisa.

‘Ayer me divertí un mundo con Dario. Hemos festejado seis meses que estamos juntos.’

Seis meses, piensa Maddalena, a mi me bastaría uno solo…

Madda suspira, después prosigue a soñar con las palabras de la amiga.

‘Fuimos a comer una pizza de Baffetto.’

‘En serio, yo también fui ayer’

‘A que hora?’

‘Behh… habrán sido las once.’

Odia a esa amiga que interrumpe el cuento. Siempre hay alguien o alguna cosa que disturba tus sueños.

‘Ah, no, ya nos habíamos ido.’

‘Entonces, quieren escuchar el resto?’

Un único ‘si’ sale de esas bocas de extraños sabores de brillo de frutas o rosados robados a vendedores distraídos o a baños maternos mas ricos que pequeñas perfumerías.

‘A un cierto punto llega el camarero y me lleva un ramo de rosas rojas enorme. Dario sonríe, mientras todas las muchachas de la pizzería me miran agitadas y un poco envidiosas’

Casi se arrepiente de esa frase, notando a su alrededor aquellas similares miradas.

‘Nunca por Dario… Por las rosas!’

Una repentina risa las une a todas de nuevo.

‘Después me beso en los labios, me agarro la mano y me dio esto.’

Le muestra a las amigas un sutil anillo con una pequeña piedra celeste, de reflejos alegres, casi como los de sus ojos enamorados. Versos de sorpresa y un ‘Bellisimo!’ reciben ese simple anillo.

‘Después fuimos a mi casa y hemos estado juntos. Mis padres no estaban, estuvo fabuloso. Ha puesto el CD de Cremonini que me encanta. Después nos fuimos a la terraza con una cobija y miramos las estrellas.’

‘Habian muchas?’ Maddalena es, sin duda, la más romántica del grupo.

‘Muchisimas!’

Un poco mas allá, una versión diferente.

‘Hey, anoche no supimos nada de ti…’

Hook. Una benda en el ojo, fija. Sus cabellos alborotados, ligeramente claros en la punta le dan un aire de ángel, si no fuera por su fama infernal.

‘Entonces, se puede saber que hiciste anoche?’

‘Nada. Fui a comer en Baffetto con Gloria, y después, como no estaban los suyos, fuimos a su casa e hicimos cosas. Como siempre, nada especial…Han visto que han arreglando el Panda?’

Dario trata de cambiar el tema. Pero Hook no para.

‘Cada tres, cuatro años arreglan todos los locales… entonces, porque no nos llamaste?’

‘Hemos salido sin pensarlo, así de repente.’

‘Que extraño, tu casi nunca haces algo así de repente.’

El tono no promete nada de bueno. Los otros se dan cuenta. Pollo y Lucone dejan de jugar fútbol con una lata aplastada. Se acercan sonrientes. Schello le da una tirada mas larga al cigarrillo, y hace su guiño de burla usual.

‘Saben muchachos, ayer Gloria y Dario cumplían seis meses y el ha querido celebrarlo solo.’

‘No es cierto.’

‘Como no? Si te han visto come la pizza. Pero es cierto que quieres enseriarte?’

‘Si, dicen que te gusta hacer de florista.’

‘Guau!’ Todos divertidos comienzan a darle golpes por la espalda, mientras que Hook lo agarra con el brazo alrededor del cuello y con el puño cerrado le presiona fuerte la cabeza.

‘Que tierno…’

‘Ay! Sueltame…’

Todos se le lanzan encima, riendo como locos, casi sofocándolo con sus fuertes musculos. Después Bunny, mostrando sus dos anchos dientes de enfrente que le han regalado ese apodo, grita de repente: ‘Busquemos a Gloria’

Los Converse All Star celestes, con la pequeña estrella roja en el centro del círculo de goma por el tobillo, bajan de la Vespa y tocan rápidamente tierra. Gloria da solo dos pasos pero se vuelve rápidamente la presa del Siciliano. Los cabellos rubios de ella hacen un extraño contraste con los ojos oscuros del Siciliano, con su ceja cosida malamente, con esa nariz lesionada y suave, golpeada en el hueso por un bello derechazo, cualquier mes atrás, en la cantina Fiermonti.

‘Sueltame, anda, déjame.’

Rápidamente Schello, Pollo y Bunny se ponen alrededor y fingen ayudarlo a lanzar en el aire a esos cincuenta y cinco kilos bien distribuidos, siempre pendientes de poner las manos en los puestos adecuados.

‘Paren, ya basta.’

Las otras muchachas se avecinan al grupo.

‘Dejenla quieta.’

‘Se han ido solos a hacer cosas, en vez de festejar con nosotros? Bueno, entonces celebramos ahora, a nuestro modo.’

Lanzan a Gloria de nuevo en el aire, riendo y bromeando.

Dario, aun si es poco más pequeño que los otros y regala rosas, se hace su camino a empujones. Agarra a Gloria por la mano justo cuando va bajando, y se la monta en su espalda.

‘Ahora basta, paren.’

‘Y sino, que?’

El Siciliano sonríe y se pone de frente a el, alargando las piernas. Sus jeans ligeramente más claros en sus gruesos muslos se tensan. Gloria, apoyada en la espalda de Dario, se agarra más fuerte. Hasta aquel momento había aguantado las lagrimas, ahora también la respiración.

‘Sino, que harás?’

Dario mira al Siciliano a los ojos.

‘Que coño quieres? Siempre tienes que ser la molestia.’

De los labios del Siciliano desaparece la sonrisa.

‘Que dijiste?’

La rabia hace mover sus pectorales. Dario cierra los puños. Un dedo escondido entre el resto se ajusta con un sonido sordo. Gloria entrecierra los ojos, Schello se mantiene con el cigarrillo tembloroso en su boca abierta. Silencio. Repentinamente un rugido rompe el aire. La moto de Step llega haciendo ruido. Dobla en la curva y avanza veloz, frenando poco después en medio del grupo.

‘Bueno, que se hace de bueno?’

Gloria finalmente suspira. El Siciliano mira a Dario.

Una sonrisa ligera deja la discusión para otro momento.

‘Nada, Step, se habla mucho y no sucede nada.’

‘Tienen ganas de estirarse un poco?’

El seguro de la moto cae como un cuchillo y se planta en el suelo. Step baja de la moto y se arregla la chaqueta.

‘Se aceptan concursantes.’

Pasa cerca de Schello y, abrazándolo, le quita de la mano la Heineken que acaba de abrir.

‘Hola, Sche.’

‘Hola’

Schello sonríe, feliz de ser su amigo, un poco menos de no tener más la cerveza.

Cuando la cara de Step baja después de un largo trago, sus ojos encuentran a Maddalena.

‘Hola.’

Los suaves labios de ella, ligeramente rosados y pálidos, se mueven apenas, pronunciando ese saludo en voz baja. Sus pequeños dientes blancos, todos pares, se iluminan mientras sus ojos verdes, bellísimos, tratan de transmitir todo su amor, inútilmente. Es mucho. Step se le acerca, mirándola a los ojos. Maddalena lo mira, incapaz de bajar la mirada, de moverse, de hacer cualquier cosa, de parar ese pequeño corazón, que como loco, hace un solo como si fuera Clapton.

‘Aguantame esto.’

Se quita el reloj Daytona con la correa de acero y lo deja en sus manos. Maddalena mira como se aleja, después aprieta el reloj y se lo lleva cerca al oído. Siente el ligero sonido, el mismo que había escuchado cualquier día antes debajo de su almohada, mientras el dormía y ella se mantenía, pasando minutos en silencio, a mirarlo. En ese entonces, sin embargo, el tiempo parecía haberse parado.

Step se sube en el techo encima de Lazzareschi pasando por el portón del cine Odeon.

‘Entonces, quien viene? Acaso quieren invitaciones escritas?’

El Siciliano, Lucone y Pollo no se hacen rogar. Uno después del otro, como simios que en vez de pelo tienen chaquetas Avirex, escalan con facilidad el portón. Llegan todos al techo, por ultimo Schello, ya doblado en dos para recuperar el aliento.

‘Ay, ya yo estoy destruido, hago de arbitro.’ Y le da un trago a la Heineken que milagrosamente ha logrado no derramar en la fatigosa subida, para los demás un juego de muchachos, para el una empresa a la Messner.,

El grupo se alinea en la penumbra de la noche.

‘Listos?’ Schello grita alzando la mano veloz. Un poco de cerveza le cae debajo a Valentina, una hermosa chica de cabellos marrones en una cola alta, que se envolvió hace poco con Gianlu, un tipo bajo hijo de un rico de corbata.

‘Coño!’ le sale de la boca, creando un gracioso contraste con su cara elegante. ‘Ten cuidado, no?’

El resto se ríe, secándose las gotas de cerveza que les han caído también.

Casi todos juntos, una decena de cuerpos musculosos y entrenados se preparan en el techo. Las manos adelante y paralelas, las caras tensas, los pechos anchos.

‘Ya! Uno!’ grita Schello, y todos los brazos se doblan, sin fatiga. Silenciosos y aun frescos, llegan al frío mármol y sin mucho tiempo regresan arriba. ‘Dos!’ abajo de nuevo, mas veloces y decididos. ‘Tres!’

Aun, como al comenzar, mas fuertes que cuando comenzaron. ‘Cuatro!’ Sus caras, gestos casi irreales, sus narices, con pequeñas arrugas, bajan contemporáneamente. Bajan veloces, con facilidad, llegan casi hasta la tierra y de nuevo suben. ‘Cinco!’ grita Schello dando un ultimo trago a la lata y lanzándola en el aire. ‘Seis!’ Con exactitud la golpea. ‘Siete!’ La lata vuela en alto. Después, como lenta paloma, cae de lleno en la Vespa de Valentina.

‘Coño, eres de verdad un ridículo, yo me largo.’ Las amigas comienzan a reírse.

Gianluca, su novio, para de hacer flexiones y baja del tejado.

‘No, anda Vale, no seas así.’

La agarra con los brazos y trata de pararla, logrando con un beso suave interrumpir sus palabras.

‘Esta bien, pero dile algo a ese tipo.’

‘Ocho!’ Schello baila en el techo moviendo alegre las manos. ‘Muchachos, ya uno, con la excusa de que la novia se arrecho, ha parado. Pero la competencia continua’

‘Nueve!’ Todos ríen y, ligeramente mas calentados, bajan. Gianluca mira a Valentina.

‘Que se le puede decir a uno así?’ Agarra la cara entre sus manos. ‘Tesorito, perdónalo, no sabe lo que hace.’ Mostrando un discreto conocimiento religioso pero una pésima práctica, debido que apoyado en la vespa de Valentina comienza a besarla apasionadamente, en frente de las otras chicas.

La voz gruesa del Siciliano con aquel acento particular de su región que, aparte de la piel oliva, le ha dado el sobrenombre, hace eco en la plaza.

‘Hey Sche! Aumenta un poco, me estoy durmiendo.’

‘Diez!’

Step baja fácilmente. Su corta camiseta azul le cubre los brazos. Los musculos son anchos. En las venas su corazón suena potente, pero aun lento y tranquilo. No como entonces. Ese día su corazón joven había comenzado a batir veloz, como enloquecido.


Dos años atrás. Zona Fleming.

Una tarde cualquiera, si no fuera por su Vespa nueva ultimo modelo, rodando, todavía sin pintarla. Step la esta probando, pasa enfrente del Café Fleming cuando siente que lo llaman:

‘Stefano, Hola!’

Annalisa, una linda rubia que conoció en el Piper, le viene de frente. Stefano se para.

‘Que haces por estas partes?’

‘Nada, fui a estudiar a casa de un amigo y ahora regreso a casa.’

En un segundo. Alguno a sus espaldas le quita la gorra.

‘Te doy diez segundos para que te vayas de aquí.’

Un tal Poppy, un tipo grueso y mas grande que el, esta de frente. Tiene su gorra en las manos. Esta de moda esa gorra. En Villa Flaminia la tienen todos. A colores, hecha a mano, de las agujas de alguna chica. Aquel se lo había regalado su madre, tomando el puesto de esa chica que todavía no tiene.

‘No escuchaste? Vete.’

Annalisa mira alrededor y, entendiendo, se aleja. Stefano baja de la Vespa. El grupo de amigos se le avecina. Se pasan la gorra riendo, hasta que termina en manos de Poppy.

‘Devuelvemelo!’

‘Lo escucharon? Es un duro. Devuelvelo!’ lo imita haciendo reír a todos. ‘Sino que harás, eh? Me darás una cachetada? Anda, dámela pues.’

Poppy se avecina con las manos abajo, llevando la cabeza hacia atrás. Con la mano libre le indica su mentón.

‘Dale, golpeame aquí.’

Stefano lo mira. Por la rabia no puede ver nada más. Trata de golpearlo, pero apenas mueve el brazo lo bloquean desde atrás. Poppy pasa por los aires la gorra a uno cercano y le da un puño en el ojo derecho lastimándole la ceja. Después ese bastardo que lo había bloqueado desde atrás lo empuja adelante, hacia las rejas del Café Fleming que, viendo lo sucedido, cerro antes de lo previsto. Stefano se lastima el pecho en contra de la acera, dándose un gran golpe. Le llega rápido una descarga de puños en la espalda, hasta que alguno lo gira. Se encuentra atontado en contra de la acera. Trata de cubrirse, pero no lo logra. Poppy le pone las manos detrás del cuello y aguantándolo a los tubos de hierro de la reja lo mantiene firme. Comienza a darle golpes. Stefano trata de pararse como puede, pero esas manos lo bloquean, no logra quitárselos de encima. Siente la sangre bajar por su nariz y una voz femenina que grita:

‘Basta, Basta, paren, así lo masacran!’

Debe ser Annalisa, piensa. Stefano trata de patear, pero las piernas no logran moverse. Siente solo el sonido de los golpes. Ya no le hacen tanto mal. Después llegan los adultos, algunos pasantes, la propietaria del bar. ‘Vayanse ya, larguense’ Alejan a esos muchachos tirandolos por las camisetas, por las chaquetas, quitándoselos de encima. Stefano se echa lentamente, apoya la espalda en la acera, termina sentado en un escalón. Su Vespa esta allí enfrente, en el suelo como el. Quizás la parte lateral se rayo. Pecado! Estaba siempre pendiente cuando salía del portón de no rayarla.

‘Estas mal, muchacho?’ Una bella señora se acerca a su cara. Stefano hace señal de no con la cabeza. La gorra de si madre esta ahí en la tierra. Annalisa se largo con los otros. Mama, sin embargo, tu gorra todavía la tengo.

‘Toma, Bebe.’ Alguno llega con un vaso de agua. ‘Tomalo lentamente. Que desgraciados, gentuza de la calle, pero yo se quienes fueron, siempre son los mismos. Esos ociosos que se sientan todos los días aquí al bar’

Stefano bebe el último trago, agradece sonriendo un señor que esta cerca y agarra el vaso vacio. Desconocidos. Trata de alzarse, pero las piernas por un momento parecen ceder. Alguno se da cuenta y se lanza rápido a socorrerlo.

‘Muchacho, estas seguro de sentirte bien?’

‘Estoy bien, gracias. De verdad.’

Stefano se limpia los pantalones. El polvo se va de las piernas. Se limpia la nariz con el suéter ahora arrugado y respira profundamente. Se pone la gorra de nuevo y enciende la Vespa. Un humo blanco y denso sale con gran ruido del tubo de escape. Esta golpeada. La parte lateral derecha vibra más de lo normal. Esta rayada. Después mete primera y mientras los últimos señores se alejan suelta lentamente la fricción. Sin voltearse sale por la bajada.

Recuerdos.

Un poco mas tarde en casa. Stefano abre lento la puerta y trata de llegar a su cuarto sin hacerse sentir, pasando por la sala. Pero el piso es traidor: chilla.

‘Eres tu, Stefano?’

La sombra de su mama aparece en la puerta del estudio.

‘Si mama, voy a la cama.’

La madre avanza un poco. ‘Estas seguro de sentirte bien?’

‘Si mama, estoy muy bien.’

Stefano trata de llegar al corredor pero la mama es mas veloz que el. El interruptor de la sala se mueve, iluminándola. Stefano se para, como inmortalizado en una fotografía.

‘Dios mío! Giorgio, rápido, ven acá!’ El padre se apura, mientras la mano de la madre se acerca temerosa al ojo de Stefano.

‘Que te ha pasado?’

‘Nada, me caí de la Vespa.’ Stefano se aleja ‘Ay!, Mama me duele’

El padre mira las otras heridas en los brazos, la ropa arrugada, el cabello sucio.

‘Di la verdad, te han golpeado?’

Su padre siempre ha sido un tipo atento a los detalles. Stefano cuenta más o menos como han sido las cosas y naturalmente la madre, sin entender que a los dieciséis años pueden ya estar ciertas reglas: ‘Pero porque no le has dado la gorra? Te hubiera hecho otra…’

Mientras el padre abandona los detalles para ir a algo aun más serio: ‘Stefano, di la verdad, la política no tiene nada que ver, verdad?’

Fue llamado el medico de la familia, el cual le ha dado la clásica aspirina y lo mando a dormir. Antes de quedarse dormido, Stefano decide que ninguno le pondrá más las manos encima. Nunca más sin salir bien lastimado.

En el escritorio de la secretaria esta una mujer con los cabellos rojos, la nariz un poco larga y los ojos sobresalientes. No es una belleza.

‘Hola, te vas a inscribir?’

‘Si.’

‘Bueno, si te puedes poner cómodo.’ Dice girando los ojos mientras toma una tarjeta debajo en las gavetas. No es para nada simpática.

‘Nombre?’

‘Stefano Mancini.’

‘Edad?’

‘Diecisiete, el 21 de Julio.’

‘Direccion?’

‘Francesco Benziacci, numero 39’ después añade “3.2.9.27.14’ prediciendo así la pregunta que seguía. La mujer alza la cara.

‘El teléfono, no? Solo para la tarjeta…’

‘No seria para ir a jugar videopoker.’

Los ojos sobresalientes lo ven por un segundo, después terminan por llenar la tarjeta.

‘Son ciento cuarenta y cinco euros, cien para la inscripción y cuarenta y cinco cada mes’

Stefano pone el dinero en el escritorio.

La mujer los mete en una bolsa con cierre que pone en la primera gaveta, después de haber apoyado un sello en una almohadilla mojada de tinta le da un golpe preciso en la tarjeta. Budokan.

‘Se paga al inicio de cada mes. El vestidor esta en el piso de abajo. Cerramos en las noches a las nueve.’

Stefano se guarda la billetera en el bolsillo, con la nueva tarjeta en el compartimiento latera y ciento cuarenta y cinco euros menos.

‘Toca, toca acá. Es hierro. Pero que digo, acero!’ Lucone, un tipo bajo y de cara simpática muestra unos bíceps gruesos pero poco definidos.

‘De que hablas todavía? Mira que si te doy un golpecito puedes desaparecer.’

Pollo se da en la espalda, haciendo ruido. ‘Esto si es verdadero” sudor, fatiga, carne, esa que tienes tu es toda agua.’

‘Pero si eres un niño, eres minúsculo.’

‘Sin embargo, acabo de alzar ciento veinte! Cuanto coño haces tu?’

‘Rapido. Pero que, estas bromeando? Alzo dos como si nada, ve como lo hago eh?’

Lucone se pone debajo de la balanza. Alarga los brazos, alza el asta y la lleva arriba, firme. Baja lentamente y mirando la balanza a pocos centímetros del mentón, le da un empujón, esforzando los pectorales. ‘Uno!’ Después siempre controlándolo, baja con la balanza, apoya en el pecho y la sube de nuevo. ‘Dos! Y si quieres lo puedo hacer con mas peso.’

Pollo no se hace repetir dos veces: ‘En serio? Entonces prueba con esta.’

Antes de que Lucone pueda poner la balanza en los sujetadores, mete una pequeña pieza lateral de dos kilos y medio, la balanza comienza a doblar hacia la derecha. ‘Hey! Que coño haces? Eres tonto…?’

Lucone trata de mantenerlo, pero lentamente la balanza comienza a caer. Los musculos lo abandonan. La balanza le cae en el pecho, pesada.

‘Coño, quitamelo de encima, me esta ahogando.’

Pollo ríe como un loco: ‘Lo que quieras, puedo hacerlo hasta con dos piezas. Entonces? Te puse una nada mas y ya estas así? Estas de verdad destruido, eh?, vamos súbela, anda, súbela…’ le grita casi en la cara. ‘Subela pues!’ y mas risas.

‘Me lo puedes quitar de encima, dale!’ Lucone se ha vuelto completamente morado, un poco por la rabia, otro poco porque de verdad se esta sofocando.

Dos muchachos, mas pequeños, que estaban en una maquina cercana, se miran indecisos de que hacer. Viendo que Lucone comienza a toser y que haciendo esfuerzos bestiales no logra quitarse esa balanza de encima, deciden ayudarlo.

Pollo esta echado en la tierra, boca abajo. Ríe como un loco, golpeando las manos en la madera del suelo. En un momento se gira de nuevo hacia Lucone con las lagrimas en los ojos, pero lo ve ahí, de pie enfrente a el. Los dos muchachos lo liberaron.

‘Oh! Como coño lo lograste?’

Pollo se da rápido a la fuga, aun riendo y tropezando sobre una balanza. Lucone, tosiendo, lo persigue.

‘Parate, te golpeare, te masacrare. Te daré un puño en la cabeza y te haré ser mas enano de lo que eres.’

Si persiguen furiosamente por todo el gimnasio. Girando alrededor de las maquinas, parándose detrás de columnas, volviendo a correr repentinamente. Pollo, en el intento de parar al amigo, le lanza encima algunas pesas. Esas piezas de goma caen al suelo pesadas, esquivadas por Lucone, que no se para por nada. Pollo va a las escaleras que dan hacia el vestidor femenino. Corriendo choca con una chica y termina contra la puerta, abriéndola. Todo el resto, desnudas, que se están cambiando para la lección de aeróbica, inician a gritar como locas. Lucone se para en los últimos escalones, extasiado de aquel panorama de suaves colinas, humanas y rosadas. Rápidamente Pollo mira hacia atrás

‘Coño, no lo creo, esto es el paraíso…’

‘Vayanse al infierno!’

Una chica ligeramente mas cubierta que las otras va hacia la puerta cerrándola en su cara. Los dos amigos se mantienen un momento en silencio.

‘Viste la del fondo a la derecha, los senos que tenia?’

‘La primera a la derecha… el culo de ella lo pasas por alto?’

Pollo agarrar al amigo bajo su brazo, moviendo la cabeza. ‘Cosas increíbles, eh?, Claro que no lo paso por alto, no soy homosexual como tu.’

Así, después de esa breve pausa erótica, regresan a perseguirse.

Stefano abre la hoja de su tarjeta, se la dio Francesco, el instructor del gimnasio.

‘Comienza con cuatro series de apertura, en aquel banco. Agarra los pesos de cinco kilos, te debes alargar y abrir un poco, muchacho. Primero ten una base gruesa, después podrás construir encima.’ Stefano no se lo hace repetir.

Se extiende en la banca arqueada y comienza. Los hombros le duelen, ese peso parece enorme. Hace de los ejercicios laterales, baja a tocar la tierra y de nuevo arriba. Después detrás de la cabeza. De nuevo. Cuatro series de diez, cada día, cada semana. Después de las primeras semanas, ya esta mejor, los hombros no le duelen tanto, los brazos han ligeramente crecido. Comienza a crecerle el pecho, hasta las piernas se han reforzado. Cambia alimentación. En la mañana una merengada con proteínas en polvo, un huevo, leche, hígado de merluza. En el almuerzo poca pasta, un bistec en sangre, levadura de cerveza y granos. Las noches en el gimnasio. Siempre. Alternando los ejercicios, trabajando un día la parte de arriba y otro día la de abajo. Los musculos parecen enloquecer. Reposan, como buenos cristianos, solo el domingo. El lunes se comienza de nuevo. Cualquier kilo de mas, semana a semana, paso a paso, por esto lo apodaron Step. Se volvió amigo de Pollo, Lucone y todo el resto del gimnasio.

Un día, pasados dos meses, llega el Siciliano.

‘Quien quiere hacer flexiones conmigo?’

El Siciliano es uno de los primeros socios del Budokan. Es grueso y potente, nadie quiere competir con el.

‘Coño, nunca los invite a tener una pelea, solo he dicho para hacer flexiones.’

Pollo y Lucone continúan a entrenarse en silencio.

Con el Siciliano siempre terminas en pelea. Si pierdes te molesta hasta el infinito, si ganas, bueno, no se sabe que podría suceder. Nunca ha sucedido que alguien le haya ganado al Siciliano.

‘Entonces, no hay nadie en este gimnasio de mierda que quiera hacer alguna flexión conmigo?’

El Siciliano mira alrededor.

‘Estoy yo.’

Se voltea. Step esta frente a el, el Siciliano lo mira de la cabeza a los pies.

‘Ok. Vayamos para allá.’

Entran en un pequeño cuarto. El Siciliano se quita la guardacamisa enseñando pectorales enormes y brazos bien proporcionados.

‘Entonces, estas listo?’

‘Cuando quieras.’

El Siciliano se echa al suelo. Step de frente a el. Comienzan a hacer flexiones. Step resiste lo mas que puede. Al final, destruido, cae a tierra. El Siciliano hace otras cinco veloces, después se alza y le da una palmada a Step.

‘Bravo, Muchacho, no estas mal. Las ultimas las hiciste todas con esta.’ Y le da amigablemente un consejo. Step sonríe, no logro ganarle. Todos regresan a sus ejercicios. Step se masajea los músculos dolorosos de los brazos. Algo es seguro: El Siciliano es mucho mas fuerte que el, todavía es muy temprano.


Aquel día. Solo ocho meses después.

Poppy y sus amigos están enfrente del Café Fleming, ríen y bromean bebiendo cerveza. Alguno come la pizza roja, todavía humeante, lamiendo los ángulos laterales para parar el tomate que gotea. Algún otro fuma un cigarrillo. Algunas muchachas escuchan divertidas el cuento de un tipo que hace muchos gestos, hablando acerca de su tema principal: fue despedido, pero finalmente tuvo una satisfacción. Rompió todas las botellas del local, la primera en forma particular.

‘Saben que he hecho? Me había molestado tanto que le lance la botella en la cabeza.’

También Annalisa esta ahí. La noche de la riña no había llamado a Stefano, no había sabido nada de ella. Pero no importa. Step no es un tipo que sufre por soledad. Hasta entonces no había tenido mas noticias de ninguno de ellos. Entonces, un poco preocupado, ese día, los fue a buscar.

‘Poppy, amigo, como estas?’

Poppy mira a ese tipo desconocido que viene de frente. Tiene algo familiar, esos ojos, el color de los cabellos, la forma de la cara, pero no lo recuerda. Esta bien ejercitado, tiene brazos gruesos y un buen torso. Step, viendo su mirada intrigante, le sonríe, tratando de ponerlo cómodo.

‘De mucho tiempo que no nos vemos, eh? Como te va?’

Step pasa el brazo detrás de la espalda de Poppy, amigablemente.

El Siciliano, Pollo y Lucone, felices de acompañarlo, se meten en medio del grupo. Annalisa todavía sonríe, cuando se encuentra la mirada de Step. Es la única que lo reconoce. La sonrisa lentamente se va de sus labios. Step deja de mirarla y se dedica totalmente a su amigo Poppy que continua a mirarlo perplejo.

‘Disculpa, pero en este momento no me acuerdo.’

‘Como puede ser!’ Step le sonríe teniéndolo siempre abrazado, como dos viejos amigos que no se ven desde hace mucho tiempo. ‘Me haces sentirme mal. Espera. Quizás te acuerdes de esto.’ Saca del pantalón de los jeans la gorra. Poppy mira esa vieja tela, después la cara sonriente del tipo que lo tiene abrazado. Sus ojos, esos cabellos. Claro. Era ese pequeño que amenazo hace mucho tiempo.

‘Coño…’ Poppy trata de quitarse el brazo de Step, pero la mano de el lo agarra fuerte por los cabellos, inmovilizándolo.

‘Memoria corta, eh? Adiós Poppy.’ Y se lo lleva hacia el y le da un golpe bestial que le aporrea la nariz. Poppy se dobla llevandose las manos a la cara. Step le da una patada en la cara, con toda su fuerza. Poppy salta hacia atrás y se golpea contra la acera con un ruido de hierro.

Rápidamente Step esta encima de el, antes que se levante lo inmoviliza con una mano en la garganta. Con la derecha le da una serie de puños, golpeándolo desde lo alto hasta lo bajo, por la frente, por las cejas, lastimándole el labio.

Da un paso atrás y le da una patada derecha en plena barriga quitándole el aliento.

Alguno de los amigos de Poppy trata de intervenir pero el Siciliano lo bloquea rápido. ‘Bueno, calma, quédate en tu puesto eh?’

Poppy esta en el suelo, Step lo llena de patadas en el cuello, en la barriga. Poppy trata de cerrarse, cubriéndose la cara, pero Step es imposible, golpea en donde consiga un espacio, después comienza a pisarlo arriba. Alza la pierna y le da una patada con el talón. Seco, con fuerza, en el oído, que se rompe rápido, en los musculos de las piernas, en sus caderas, casi saltándole encima, con todo tu peso. Poppy, chillando con cada golpe, moviéndose a gatas, pronuncia un piadoso: ‘Basta, basta, te lo ruego!’, casi tosiendo por la sangre que le salía de la nariz directamente hacia la garganta y escupiendo un poco de saliva que le sale del labio roto y sangrante.

Step se para. Recupera el aliento saltando en sus piernas, mirando a su enemigo en la tierra, inmóvil, destruido. Después se gira y se lanza encima de un rubio que esta a sus espaldas. Es aquel que ocho meses antes lo había bloqueado de atrás. Lo golpea con el puño en plena boca, dándole con todo el peso de su cuerpo. Al tipo le saltan tres dientes. Dos terminan en el suelo. Step lo agarra por la espalda. Inmovilizándolo, comienza a llenarle la cara de puños. Después lo agarra por los cabellos y le bate la cabeza contra el suelo, con violencia. De repente dos brazos fuertes lo bloquean. Es Pollo. Por debajo de las costillas lo tira hacia arriba: ‘Anda Step, basta, vamos, lo estas masacrando.’

Hasta el Siciliano y Lucone se le acercan. El Siciliano ya había tenido problemas con alguno de los otros.

‘Si, vamonos es mejor. Quizás cualquier estupido ha llamado la poli.’

Step regresa a respirar normalmente, da un medio giro hacia los amigos de Poppy que lo miran en silencio. ‘Pedazos de mierda!’ y le escupe a uno que esta cerca con un vaso de Coca-Cola en mano, golpeándolo en plena cara. Pasa frente a Annalisa y le sonríe. Ella trata de devolver la sonrisa, un poco asustada, sin entender bien que hacer. Mueve apenas el labio superior y le sale una extraña mueca. Step y los otros se montan en sus motos y se alejan. Lucone maneja como un loco, con el Siciliano detrás, gritan ambos, yendo arriba y abajo, dueños de la calle. Después se acercan Pollo, con Step atrás.

‘Coño, esa rubia te la podías haber agarrado… estaba muy bien’

‘Si eres exagerado, Lucone. Siempre tienes que hacer todo al mismo tiempo. Con calma, no? Tienes que saber esperar. Hay un tiempo para todo.’

Esa noche Step va a la casa de Annalisa y sigue el consejo de Lucone. Muchas veces. Ella se lamentaba no haberlo llamado antes, jura que le desagrada, que quería haberlo hecho, pero ha tenido tantas cosas que hacer. En los días siguientes Annalisa lo llama a seguido. Step esta tan ocupado que no consigue el tiempo siquiera para responder el teléfono.


Una chica que vive cerca enciende una radio portátil que suena la clásica canción ‘Bambino’. ‘Cientonueve!’

Schello, un poco ebrio, salta sobre el techo bailando en sus zapatos Clark de piel, sudados y sin lazos, trata de hacer un descanso. Va mal. ‘Yahooo!’ mueve las manos con fuerza. ‘Cientodiez!’

‘Atencion, damos el premio a los mas sudados. En el numero uno conseguimos al Siciliano. Vistosas manchas debajo de las axilas, parece una fuente. Ciento once!’

Step, Hook y el Siciliano hacen un esfuerzo increíble. Llegan los tres abajo, emocionados, rojos y cansados.

‘En nuestro Hit Sudados el numero dos lo tiene Hook. Como pueden ver, la esplendida camiseta Ralph Lauren ha cambiado de color. Ahora es un verde descolorido, o mejor, verde podrido.’

Schello, agitando los puños cerca del pecho, sigue con la cabeza el pedazo que el DJ de la radio ha anunciado como suceso del año: Tardes Negras. Da un giro y continua:

‘Cientodoce!’ y naturalmente el ultimo es Step… casi perfecto, ligeramente despeinado pero es tan corto que ni se nota’ Schello se inclina para verlo mejor, después se alza moviendo las manos en el aire.

‘Increible, he visto una gota de sudor, pero les aseguro, era una sola! Ciento trece!’

Step sube, siente los ojos borrosos. Algunas gotas de sudor bajan por la frente esparciéndose en las pestañas como un colirio fastidioso. Cierra los ojos, siente los hombros adoloridos, los brazos tensos, las venas pulsantes, sigue empujando y lentamente sube de nuevo. ‘Siiii!’ Step mira al lado. El Siciliano también lo esta logrando. Estira completamente los brazos. Falta solo Hook.

Step y el Siciliano miran a su amigo-enemigo subir cansado y chillando, centímetro a centímetro, segundo a segundo, mientras los gritos de abajo aumentan:

‘Hook, Hook, Hook…!’

Hook, como paralizado, se detiene de repente, después temblando mueve la cabeza: ‘No, no lo lograre.’ Se mantiene por un momento inmóvil, y ese es su ultimo pensamiento. Cae de golpe, dando apenas tiempo de voltear la cabeza. Se golpea con todo el peso el pecho en el mármol.

‘Cientocatorce!’

Step y el Siciliano bajan, veloces, esperando solo el fin de la flexión, después regresan a subir rápidos, como si hubieran conseguido una nueva fuerza, nueva energía. Son ellos solos corriendo hacia la meta. O primer lugar o nada.

‘Cientoquince!’ Vuelven a bajar.

El ritmo aumenta. Como si hubiera entendido, Schello se pone serio.

‘Cientodieciseis!’ uno después del otro pronuncia solo los números. Veloz. Esperando que lleguen arriba para darles el sucesivo.

‘Cientodiecisiete!’ De nuevo abajo.

‘Cientodieciocho!’ Step aumenta aun, soplando.

‘Cientodiecinueve!’ Baja y de nuevo sube, rápidamente. El Siciliano lo sigue, esforzándose, gimiendo, cada vez mas rojo.

‘Cientoveinte, ciento veintiuno. Increíble, muchachos!’ Ninguno habla mas. Debajo solo reina el silencio de los grandes momentos.

‘Cientoveintidos.’ Solo la música de fondo. ‘Cientoveintitres…’

Entonces el Siciliano se para a la mitad, comienza a gritar, como si alguna cosa dentro de el lo detuviera.

Step, en lo alto de su flexión, lo mira. El siciliano es como inmóvil. Tiembla gritando, pero sus brazos no lo quieren escuchar, no lo escuchan más. Entonces da un ultimo grito, como una bestia herida que le hubieran arrancado un pedazo de carne. Su supremacía. E inexorablemente, lento comienza a caer. Ha perdido. Desde abajo se alza un grito. Alguno abre una cerveza: ‘Siii, aquí esta, el nuevo ganador es Step!’

Schello se le avecina festejando, pero Step mueve la cabeza.

Como una orden por aquel gesto, la plaza regresa a estar en silencio. Desde abajo, en la radio, casi una señal del destino: un pedazo de Springsteen, I’m going down. Step sonríe dentro de el, se lleva la mano derecha a la espalda y después baja, sobre una sola mano, gritando.

Toca el mármol, lo mira con los ojos entrecerrados y de nuevo para arriba, temblando y empujando solo con su derecha, con toda su fuerza, con toda su rabia. Un grito de liberación sale de su garganta:

‘Siii!!’ Donde no había llegado la fuerza, llego su voluntad. Se mantiene inmóvil así, de nuevo arriba, con la frente hacia el cielo, como una estatua gritona, contra de la oscuridad de la noche, la belleza de las estrellas.

‘Yahooo!’ Schello grita como un loco. En la plaza todos explotan siguiendo ese grito, encienden las motos y las Vespas sonando las bocinas, gritando. Pollo comienza a patear la caseta postal.

Lucone tira una botella de cerveza enfrente de una vitrina. Las ventanas de los edificios alrededor se abren. Una alarma lejana comienza a sonar. Viejos en camisas de noche salen a sus balcones gritando preocupados: ‘Que sucede?’ Alguno grita que hagan silencio. Una señora amenaza con llamar a la policía. Como por un hechizo, todas las motos se mueven. Pollo, Lucone y los otros se ponen a correr, saltando en sus asientos, mientras los tubos de escape dan humo blanco. Cualquier lata continua a hacer sonido rodando, las muchachas todas van a casa. Maddalena esta aun mas enamorada.

Hook se acerca a Step. ‘Buen duelo, no?’

‘Nada malo.’

Las otras motos también se acercan, ocupando toda la calle, sin importarle de cualquier maquina que suena pasándoles a lado velozmente. Schello se para encima de su vieja Vespa. ‘Se que hay una fiesta por Cassia. En el 1130. Es una residencia.’

‘Pero nos dejaran entrar?’

Schello les asegura: ‘Conozco a una que esta allá.’

‘Quien es?’

‘Francesca.’

‘Pero, ustedes tuvieron algo?’

‘Si.’

‘Entonces no nos dejaran pasar.’

Riendo, se montan casi todos al mismo tiempo. Frenando y acelerando giran a la izquierda. Algunos andan en una rueda, todos sin prestarle atención al semáforo. Después llegan la avenida Cassia a toda velocidad.


Un apartamento caliente, ventanas con largos vidrios desde donde se ve la avenida Olímpica. Buenos cuadros en las paredes, de un tal Fantuzzi. Cuatro cornetas en los ángulos de la sala difunden un CD bien mezclado. La música se apodera de los muchachos que, hablando, se tropiezan casi todo el tiempo.

‘Dani, hey! Casi no te reconocía’

‘No me eches broma tu también, eh?’

‘Hablaba de la ropa, estas muy bien, en serio…’

Daniela se mira la falda, Giulia ya la ha visto antes, se da cuenta del sarcasmo.

‘Giuliii!!’

‘Que te molesta? Te pareces la Bonopane, la gafa que vive en el 3B que en las mañanas llega toda desarreglada…’

‘Como logras ser así de simpática todo el tiempo, eh?’

‘Es por esto que somos amigas.’

‘Nunca dije que era tu amiga!’

Giulia se pone de frente.

‘Un beso, hacemos las paces?’

‘Daniela sonríe. Se dirige hacia a ella cuando ve a sus espalda a Palombi.

‘Andrea!’

Deja el cachete de Giulia y sigue derecho, esperando, antes o después, concentrar su boca en el.

‘Como estas?’

Andrea se mantiene por un momento confuso.

‘Bien y tu?’

‘Buenisimo.’

Se saludan con un beso apurado. Después el pasa a saludar a sus amigos. Giulia la alcanza y le sonríe.

‘No te preocupes, esta haciendo de celebridad.’

Se quedan mirándolo un rato. Andrea habla con algunos chicos, después se voltea hacia ella, la mira de nuevo y al final sonríe. Finalmente ha entendido.

‘Caramba! Si que has exagerado… no te había reconocido.’

Babi atraviesa la sala. Algunas chicas bailan entre ellas. En un lado, un aparente DJ, tratando de imitar a DJ Francesco, intenta un rap que tiene poco éxito. Una chica baila desenfrenada, lanzando los brazos en alto.

Babi mueve la cabeza sonriendo.

‘Pallina!’

La cara ligeramente redonda, enmarcado de largos cabellos castaños y un extraño copete lateral, se voltea.

‘Babi, Guauuu!’ Corre hacia ella y la abraza besándola, casi ahogándola. ‘Como estas?’

‘Buenisimo. Mi había dicho que no venias!’

‘Si, lo se, pero fuimos a una fiesta por la Olgiata, pero no sabes que fastidio era! Estaba con Dema, pero nos escapamos rápido de allí. Y estamos acá, porque, no estas feliz?’

‘Bromeas, muy feliz. Preparaste la lección de latín? Mira que mañana te interroga, solo faltas tu para terminar el ciclo.’

‘Si, lo se, he estudiado toda la tarde, después he debido salir con mi mama, fui al centro. Mira, compre esto, te gusta?’ Y dando una extraña pirueta, mas de bailarina que de modelo de traje, hace girar a un divertido sobretodo de corte azul’

‘Mucho…’

‘Dema me ha dicho que estoy muy bien…’

‘En serio? Tu sabes mi teoría, no?’

‘Todavía? Pero si somos amigas de una vida!’

‘Deja quieta mi teoría.’

‘Hola Babi.’ Un chico de aspecto simpático, con los rulos marrones y la piel clara se acerca.

‘Hola Dema, como estas?’

‘Buenisimo. Has visto que linda la ropa de Pallina?’

‘Si. A juzgar por mi teoría, le queda muy bien.’ Babi le sonríe. ‘Voy a saludar a Roberta, que todavía no la he felicitado.’ Se aleja. Dema se queda mirándola.

‘Que quería decir con eso de la teoría?’

‘Oh, nada, sabes como es ella… es la mujer de las miles teorías y ninguna practica, o casi.’

Pallina se ríe, después mira mejor a Dema. Sus miradas se encuentran por un segundo. Esperemos que esta vez no tenga razón.

‘Anda, ven a bailar…’ Pallina baja tomada de la mano y llega al grupo.

‘Hola Roby, feliz cumpleaños!’

‘Oh, Babi, Hola!’ Se intercambian dos besos sinceros.

‘Te ha gustado el regalo?’

‘Bellisimo, en serio. Justo lo que necesitaba.’

‘Lo sabíamos… fue una idea mía. Después de todo, siempre saltabas la primera hora y tampoco es que vivieras muy lejos.’

A sus espaldas llega Chicco Brandelli.

‘Que le has regalado?’

Babi se gira sonriente, pero al verlo cambia la expresión.

‘Hola Chicco.’

‘Me regalaron un despertador bellísimo’

‘Ah, que lindo, en serio.’

‘Sabes, el también me hizo un regalo bellísimo.’

‘Ah si? Que cosa?’

‘Un cojin todo bordado. Ya lo puse en mi cama.’

‘Ten cuidado, seguramente te pedirá de probarlo.’ E dándole una sonrisa forzada a Brandelli se aleja hacia la terraza. Roberta la mira.

‘A mi el cojin me gusto muchísimo. De verdad…’

En realidad le gustaría también probarlo con el.

Chicco le sonríe. ‘Lo creo, discúlpame.’

‘Pero… dentro de poco sirven la pasta…’ le grita detrás Roberta tratando de pararlo de algún modo.

En la terraza, de poltronas suaves, con cojines claros de flores, un techo de madera con luces tenues bien escondidas detrás de ramas de alguna planta. Un jazmín se enrolla alrededor de las otras plantas. Babi pasea en el suelo de cerámica. El fresco viento de la noche le agita los cabellos, le acaricia la piel quitándole un poco de su perfume y dejando solo algún leve escalofrío.

‘Que cosa debo hacer para que me perdones?’

Babi sonriendo para si misma se cierra la chaqueta, cubriéndose.

‘Que cosa no debiste haber hecho para no molestarme.’

Chicco se le acerca.

‘Es una noche tan bella… es tonto arruinarla peleando.’

‘A mi me gusta muchísimo pelear.’

‘Me he dado cuenta.’

‘Pero también me gusta hacer las paces… la verdad me gusta sobretodo eso. Sin embargo, contigo no se, pero no logro perdonarte.’

‘Es porque estas confundida. Un poco quieres estar conmigo, un poco no. Clásico! Una cosa típica de todas las mujeres.’

‘Eso, ese ‘todas’ es lo que te lo arruina.’

‘Me rindo… te gusto el film de la otra noche?’

‘Si solo me lo hubieses dejado ver!’

‘He dicho que me rindo. Bueno, entonces te mandare la película en cinta a tu casa. Así la ves tranquila, sola, sin nadie que te disturbe. Por cierto, sabes que me han dicho?’

‘Que?’

‘Que lo disfrutas mas cuando sabe a mantecado.’

Babi riendo trata de golpearlo.

‘Puerco!’

Chicco le para el brazo en el aire.

‘Para! Era un chiste. Paz?’

Sus caras se acercan. Babi mira sus ojos: son muy bellos, casi como su sonrisa.

‘Paz.’ Se rinde.

Chicco se le avecina y le da un leve beso en los labios. Esta volverse mas profundo cuando Babi se separa y regresa a ver afuera.

‘Que noche mas esplendida, mira la luna!’

Chicco suspirando alza los ojos al cielo.

Algunas nubes ligeramente navegan el azul oscuro del cielo. Acarician la luna, cubriéndose de luz, aclarándose por partes.

‘Es bella, verdad?’

Chicco responde simplemente ‘Si’, sin apreciar verdaderamente toda la belleza de esa noche. Babi mira a lo lejos. Las casas, los techos, los prados a los bordes de la ciudad, las filas de altos pinos, una larga carretera, las luces de un automóvil, sonidos lejanos. Si solo pudiera ver mejor, si daría cuenta de esos muchachos que corren, riendo y sonando las cornetas. Quizás reconocería a aquel tipo de la moto. Es el mismo que había encontrado una mañana mientras iba a la escuela. Y que se estaba avecinando.

Chicco la abraza y le toca los cabellos.

‘Estas bellísima esta noche.’

‘Esta noche?’

‘Siempre.’

‘Así esta mejor.’

Babi se deja besar.


Mucho mas lejos en la misma ciudad.

En una perfecta camisa blanca, con pocos cabellos en la cabeza y gotas de sudor, un mesonero gordito pasa entre todos los invitados con una bandeja de plata. Cada tanto una mano sale de un grupo de personas y se adueña de un cóctel ligero con pedazos de fruta flotando adentro. Otra, mas veloz, coloca un vaso vacio. En el borde, marcas de labial. Se puede ver perfectamente donde la mujer ha bebido y que tipo de labios tiene. El mesonero piensa que seria divertido reconocer que mujer habrá sido tan solo por los vasos. Eróticas huellas digitales. Con este pensamiento vuelve a entrar en la cocina, donde olvida rápidamente esa fantasía a la Sherlock Colmes. La cocinera lo regaña recordándole de llevar la bandeja con los pasapalos fritos.

‘Querida, estas muy bien.’

En la sala una mujer de cabellos muy colorados se gira hacia la amiga y le sonríe, siguiendo el juego.

‘Pero has hecho alguna cosa?’

‘Si, me he encontrado un amante.’

‘Ah si? Y que hace?’

‘El cirujano plástico.’

Ríen las dos. Después agarrando una alcachofa frita, se mueven mas hacia un lado y le confiesa el secreto.

‘Me he inscrito en el gimnasio de Barbara Bouchet.’

‘Ah si? Como es?’

‘Fabulosa! Deberías venir.’

‘Lo haré seguramente.’

Y queriendo preguntarle cuanto cuesta el mes, piensa que lo descubrirá por su cuenta, en el verdadero sentido de la palabra. Después se apodera de una mozzarella frita y la manda a la barriga serena, total después se lograría deshacer de ella.

Claudio saca el paquete de Marlboro y se prende un cigarrillo. Deja salir el humo, saboreándolo hasta el fin.

‘Hey, tienes una corbata bellísima.’

‘Gracias.’

‘Te queda verdaderamente bien, en serio.’ Claudio muestra orgulloso su corbata vinotinto y después, por instinto, baja el cigarrillo escondiéndolo y busca a Raffaella. Mira alrededor, se encuentra con algunas caras recién llegadas, los saluda sonriendo, y después, al no encontrarla le da otra fumada mas tranquilo.

‘Muy bella, verdad? Es un regalo de Raffaella.’

Una mesita baja de marfil, con aceitunas y pistachos reunidos en pequeños envases de plata. Una mano acompañada de uñas bien cuidadas deja caer las partes inservibles de un pistacho.

‘Estoy preocupada por mi hija.’

‘Porque?’

Raffaella logra mostrarse bastante interesada, aquel intento de conservar la confianza de Marina.

‘Frecuenta un bueno para nada, uno que no hace nada, uno que esta siempre en la calle.’

‘Y de cuando se están viendo?’

‘Ayer han celebrado seis meses. Lo supe por mi hijo. Sabes que cosa ha hecho el, eh, sabes que cosa ha hecho?’

Raffaella deja caer un pistacho muy cerrado. Ahora esta sinceramente interesada.

‘No, dime.’

‘La ha llevado a la pizzería. Pero te das cuenta? En una pizzería en la calle Vittorio’

‘Bueno, pero estos muchachos no trabajan, quizás los padres…’

‘Si, pero quien sabe de quien nace… le ha llevado doce rosas feas, pequeñas, de esas que apenas llegas a la casa y se caen los pétalos. Seguramente la habrá comprado en el semáforo. Esta mañana en la cocina le he preguntado: ‘Gloria, que es este horror?’. ‘Mama, no te atrevas a botarlas!’ Imaginate! Pero cuando regreso de la escuela no eran mas. Yo le dije que había sido Ziua, la señora de servicio filipina, entonces se ha puesto a gritar y se marcho lanzando la puerta.’

‘Acerca de estas historias no debes absolutamente obstaculizarla, sino es peor, que después Gloria se obstina. Déjala ser, veras que terminara por su cuenta. Y ha regresado?’

‘No, ha llamado diciendo que iba a dormir donde la Piristi, aquella linda muchacha rubia, un poco rellenita, la hija de Giovanna. El es el administrador de la Serfim, ella se ha arreglado toda. Justamente, se lo puede permitir.’

‘En serio? Pero si no se nota…’

‘Usan esta nueva técnica, te estiran desde atrás de las orejas. Es perfectamente invisible. Entonces, puede salir con Babi? Me daría tanto gusto.’

‘Pero claro, estas bromeando?, le diré que la llame.’

Finalmente Raffaella se concede un pistacho. Esta mas abierto que los otros. Deja su cáscara por la boca de ella, y para el no es un intercambio conveniente.

‘Filippo? Raffaella ha dicho que convencerá a Babi de llevar a Gloria con su grupo.’

‘Ah, Buenísimo, te lo agradezco.’

Filippo, un hombre joven, con la cara reposada, parece estar mas interesado también a los pistachos que a las vivencias de su hija. Se dobla hacia delante, apoderándose de aquel que Raffaella había ya elegido como su futura victima. Ella lo guarda sospechosa detrás de las orejas, buscando también en el alguna señal de aquella inesperada juventud.

‘Hola Claudio.’

‘Estas Bellísima.’

Una sonrisa perfecta dice ‘Gracias’, y mirándolo se aleja con un vestido que costaría al menos ciento cincuenta euros. Lo habrá hecho a propósito? En su pensamiento lentamente ese vestido largo se desaparece e imagina que ropa intima llevara debajo, pero después le viene una duda: habrá alguna cosa que dejar a la imaginación? Justo en ese momento llega Raffaella. Claudio da una ultima probada al cigarrillo y la apaga veloz en el cenicero.

‘Dentro de un poco comenzamos a jugar. Te aconsejo, no hagas como siempre. Cuando no llega la carta, después de un poco que no logres Gin, retirate.’

‘Y si tiene mas bajo que yo?’

‘Retirate cuando tengas bajas.’

Claudio sonríe compuesto. ‘Si querida, como quieras.’ El cigarrillo paso invisible.

‘Por cierto, te había dicho que no fumaras.’

Equivocado.

‘Pero una sola, no me hace mal…’

‘Una o diez… es el olor lo que me fastidia.’

Raffaella se va hacia la mesa verde. También el resto toman asiento. No hay nada que hacer, no se le escapa nada. Sentándose Raffaella mira bastante a la mujer del vestido de cincuenta y cinco euros. Por un momento Claudio tiene miedo que lea también el pensamiento.


Roberta, eufórica por sus dieciocho años, por la fiesta que sale a la perfección, corre al intercomunicador.

‘Respondo yo.’ Pasando a un tipo que estaba por allí con un plato lleno de pizzas pequeñas.

‘Hola. Esta Francesca verdad?’

‘Francesca quien?’

‘Giacomini, una rubia.’

‘Ah si, que le debo decir?’

‘Nada, si me abres. Soy su hermano, le debo dejar las llaves.’

Roberta oprime una vez el botón del intercomunicador, después para estar segura de haberlo abierto, lo presiona de nuevo. Va a la cocina, toma dos grandes Coca-Colas del refrigerador y se dirige hacia la sala. Encuentra una chica rubia que esta hablando con un chico con los cabellos llenos de gelatina y echados hacia atrás.

‘Francesca, esta subiendo tu hermano…’

‘Ah…’ es la única cosa que Francesca logra decir. ‘Gracias.’

Y después de haberlo dicho se mantiene con la boca abierta. El muchacho a su lado pierde un poco su estaticidad y se concede un ligero estupor.

‘France’, pasa algo malo?’

‘No, no pasa nada malo, aparte del hecho que yo soy hija única.’

‘Eso, aquí es.’ El Siciliano y Hook leen de primeros la tarjeta en el timbre del cuarto piso. ‘Son los Micchi, no?’

Schello suena el timbre.

La puerta se abre casi de inmediato.

Roberta se mantiene en la puerta, mira el grupo de chicos musculosos y despeinados. Están vestidos un poco casual, piensa tan amablemente.

‘Puedo hacer alguna cosa?’

Schello se le para enfrente: ‘Buscamos a Francesca, soy su hermano.’

Como por magia, Francesca aparece en la puerta, acompañada por el chico con quien hablaba.

‘Ah, aquí esta, tu hermano.’

Roberta se aleja. Francesca mira preocupada el grupo.

‘Y quien seria mi hermano?’

‘Yo!’ Lucone alza la mano.

Pollo también la alza ‘Yo también, somos gemelos, como en el film de Schwarzenegger. El es el gafo.’ Todos se ríen.

‘Nosotros también somos hermanos’ Uno después del otro alzan la mano. ‘Si, nos queremos mucho.’

El acompañante de Francesca no esta entendiendo todo. Opta por una expresión que combina muy bien con su cabello.

Francesca se dirige hacia Schello firme.

‘Pero como te ha venido a la mente de venir con toda esta gente, eh?’

Pollo sonríe, arreglándose la chaqueta: el resultado es siempre pésimo.

‘Esta fiesta me parece un velorio, al menos la avivamos un poco, anda Francesca no te molestes.’

‘Y quien se esta molestando? Basta con que se vayan.’

‘Ah Sche’, ya me canse de esperar, Permiso?’ El Siciliano, sin esperar que Francesca se quite de la puerta, entra.

El acompañante pegostoso de repente entiende todo: coleados. Y con un resplandor de inteligencia se aleja alcanzando a los verdaderos invitados en la sala. Francesca trata de pararlos.

‘No Schello, anda, no puedes entrar’

‘Disculpa, permiso, disculpa’

Imposible, uno detrás del otro todos pasan: Hook, Lucone, Pollo, Bunny, Step y los otros.

‘Anda France’, no seas así, veras que no pasara nada.’

Schello la toma bajo su brazo.

‘Y si pasa algo, como va a ser culpa? Es de tu hermano por haberse traído toda esta gente…’ Después, como si se preocupara que alguno entrara sin invitación, cierra la puerta.

El Siciliano y Hook se lanzan literalmente en el buffet, devorando panes con salami, suaves, con la mantequilla regada en la parte superior, esa redonda, pero no la prueban, lo tragan directamente sin masticarla. Se ha vuelta casi una competencia. Y mas pizzas, sándwiches mezclados de pastas dulces y pequeños chocolates.

Al final el Siciliano se ahoga. Hook le da golpes cada vez mas fuertes en la espalda, la ultima tan fuerte que el Siciliano comienza a toser, escupiendo pedazos de comida en lo que quedaba del Buffet. La mayor parte de los invitados que estaban cerca se meten inmediatamente a dieta. Schello comienza a reír como loco, Francesca a preocuparse seriamente.

Bunny gira por el salón. Parece un cuidadoso coleccionista: agarra los objetos pequeños, se los lleva cercano a los ojos, revisa los números estampados y si son de plata se los mete en el bolsillo.

Rápidamente lo fumadores son obligados a botar las cenizas en las plantas.

Pollo, como buen profesional, busca rápido el cuarto de la madre. Lo encuentra. Ha sido sabiamente cerrado con llave. Pero la llave la han dejado puesta en la cerradura. Ingenuos. Pollo abre la puerta. Las carteras de las muchachas están todas en la cama, ordenadamente. Comienza a abrirlas, una después de la otra, sin mucho esfuerzo.

Las billeteras esta casi todas llenas, es propiamente una bella fiesta: gente de clase, nada mas que decir. En el corredor Hook fastidia a una amiga de Pallina con miradas y comentarios fastidiosos. Un muchacho, un poco menos gelatinado que los otros, trata de darle un vago concepto de educación. Se lanza en una discusión verbal. Remediada al aire con un puño que fue mucho mas pesado que los comentarios que le tocaron a su chica. Hook no soporta los sermones. Su padre es abogado, ama las palabras al menos tanto como su hijo odia la idea de estudiar derecho.

Pallina, quizás por la emoción, se acuerda de tener ella también problemas en la mente, disculpándose con el resto:

‘Se me ha corrido el rimel, voy al baño a arreglarme el maquillaje.’ Cosa que serviría mucho al tipo, que se aleja en silencio, con su chica en la mano y los cinco dedos de Hook estampados en la cara.

Pollo lanza la ultima cartera en la cama.

‘Caramba! Que robo… tienes una cartera así, vas a una fiesta así, y te llevas solo diez euros? Pero de verdad que eres pobre!’

Esta por marcharse cuando nota que en la silla vecina, apoyada en un cojin y escondida por una chaqueta esta una cartera. La agarra. Es una bella cartera elegante y pesada, de cuero y dos líneas atadas que la cierran. Debe estar bien rica, si la propietaria se preocupa tanto por esconderla. Pollo comienza a abrir el nudo de las dos piezas atadas, maldiciendo su vicio de comerse siempre las uñas. Uno puede sufrir de falta de afecto, esta bien, quizás de falta de dinero. Pero nunca de ambas cosas a la vez. Finalmente desata el nudo. Justo en ese momento se abre la puerta. Pollo esconde la cartera detrás de la espalda. Una chica de cabello oscuro, sonriente, entra tranquila. Cuando lo ve, se para.

‘Cierra la puerta.’

Pallina obedece. Pollo saca la cartera de atrás y comienza a buscar dentro. Pallina asume una expresión disturbada. Pollo ve que lo esta mirando.

‘Entonces, se puede saber que quieres?.’

‘Mi cartera.’

‘Que esperas? Agarrala no?’

Pollo indica la cama llena de carteras ya vaciadas.

‘No puedo.’

‘Porque?’

‘Porque un idiota la tiene en las manos.’

‘Ah.’ Pollo sonríe. Mira mejor a la muchacha. Es muy linda con los cabellos negro, un copete hacia atrás y la mueca de la boca ligeramente molesta. Naturalmente tiene una falda elegante. Pollo busca la billetera, la agarra.

‘Toma…’ le lanza la cartera. ‘Basta que la pidas…’

Pallina agarra la bolsa en el aire. Y comienza también a buscar algo adentro.

‘Sabes que no se busca en las carteras de las señoritas, no te lo ha dicho tu madre?’

‘Nunca he hablado con mi madre. Hey, sin embargo, tu deberías tener una charla con la tuya.’

‘Porque?’

‘Bueno, no puede ser que te manda solo con cincuenta euros.’

‘Es mi semana.’

Pollo se los mete en el bolsillo.

‘Era.’

‘Quiere decir que estaré a dieta.’

‘Entonces te hice un favor.’

‘Cretino!’

Pallina consigue lo que buscaba, y después deja la cartera.

‘Cuando hayas terminado mete la billetera de nuevo. Gracias.’

‘Escucha, ahora que comienzas a estar a dieta, quizás mañana te invito a comer una pizza.’

‘No gracias, cuando yo pago quiero tener al menos la libertad de elegir con quien voy.’ Se va hacia la puerta.

‘Hey, espera un momento.’

Pollo la alcanza.

‘Que has agarrado?’

Pallina se lleva la mano hacia la espalda. ‘Nada que te deba interesar.’

Pollo le agarra los brazos.

‘Eso lo diré yo. Enséñame.’

‘No, déjame ir. Ya agarraste el dinero, no? Que quieres ahora?’

‘Eso que tienes en tus manos.’

Pollo trata de agarrarla. Pallina apoya su pecho en contra de el, alejando lo mas posible su pequeña mano cerrada.

‘Dejame, ve que sino me pongo a gritar.’

‘Y yo te agarro a nalgadas.’

Pollo finalmente alcanza su pulso y lo lleva hacia el. Le agarra el brazo con el pequeño puño cerrado, decidido, enfrente.

‘Mira, si me lo abres te juro que no te hablare nunca mas…’

‘Entenderas, nunca habíamos hablado sino hasta hoy, no moriré…’

Pollo agarra la pequeña suave mano de la chica y comienza a empujarle con las palmas los dedos hacia atrás. Pallina trata de resistir. Inútilmente. Con las lagrimas en los ojos, llevandose el peso hacia atrás para darle mas fuerza a sus dedos. ‘Te lo pido, sueltame.’ Pollo continúa sin darle ventaja. Al final, uno después del otro, los dedos se doblan, vencidos, revelando su secreto.

En la mano de Pallina estaba la explicación de aquellos puntos rojos en la cara y del seno crecido. El motivo de ese nerviosismo que, una vez al mes, agarra antes o después a cada joven muchacha y que cuando no llega las pone aun más nerviosas o las hace ser mama. Pallina se queda allí, frente a el, en silencio, mortificada. Ha sido humillada. Pollo, sentándose en la cama, comienza una risa ensordecedora.

‘Entonces mañana no, que no te invito a cenar. Sino entonces después que haremos? Nos contamos chistes?!’

‘Ah no, eso no, no conozco tan estupidos como para hacerte reír! Y el resto de seguro que no los entenderías.’

‘Hey, fuerte la niña!’ Pollo queda herido.

‘De todas formas estoy segura que ya te divertí bastante.’

‘Porque?’

Pallina se masajea los dedos. Pollo se da cuenta. ‘Me has hecho mal, no era eso lo que querías?’

‘Si apenas se pusieron rojos, no seas exagerada, dentro de un rato se te pasa.’

‘No hablaba de mi mano.’ Lo dice antes de ponerse a llorar.

Pollo se queda allí, sin saber muy bien que hacer. Todo eso que le viene en mente es de poner de nuevo su billetera y sus cosas en la cartera. Claro, no de restituirle los cincuenta euros.

El DJ, un tipo musical, con el cabello ligeramente más largo que el resto para resaltar su aspecto artístico, se agita controlando todo a tiempo. Sus manos se mueven adelante y atrás de los dos discos, mientras un audífono le da la posibilidad de escuchar antes lo que va a sonar y así evitar una vergüenza por una entrada equivocada.

Step gira por la fiesta, se mira alrededor, escucha distraído estupidos discursos de chicas de dieciocho años: vestidos costosos vistos en vitrinas, motos no compradas por sus padres, noviazgos imposibles, cuernos asegurados, aspiraciones frustradas.

De la ventana en el fondo del salón, esa que da a la terraza, entra un poco de viento. Las cortinas vuelan ligeramente mientras que se quedan atadas con la ventana. Se ven manos que las empujan tratando de abrir la ventana. Un buen chico elegante ha logrado empujarla mejor, consiguiendo el lugar y fuerza justa. Poco después, a sus espaldas aparece una chica. Ríe divertida de esa pequeña dificultad. La luz de la luna, que viene detrás, ilumina ligeramente su vestido volviéndolo por un momento transparente.

Step se queda mirándola. La chica mueve los cabellos, sonríe al tipo. Muestra sus dientes blancos y bellísimos. Aun de lejos se puede sentir la intensidad de su mirada. Sus ojos azules, profundos y pulidos. Step se acuerda de ella, de su encuentro, ya se han visto. O quizás es mejor llamarlo un encontronazo. Los dos se dicen algo. La chica asienta con la cabeza y sigue al muchacho hacia la mesa de las bebidas. De repente, Step también tiene ganas de beber.

Chicco Brandelli lleva a Babi a través de los invitados. Le toca apenas la espalda con la palma de la mano, probando a cada paso un poco de su perfume ligero. Babi saluda algunos amigos que han llegado mientras ella estaba en la terraza. Llegan a la mesa con las cosas de beber. Repentinamente un tipo se pone frente a Babi. Es Step.

‘Bueno, he visto que me has hecho caso, estas buscando como resuelves tu problema’ dice indicando con la cabeza a Brandelli ‘Entiendo que es solo un primer intento. Pero podría ser. Claro, si no has podido encontrar algo mejor…’

Babi lo mira, desconcertada. Lo conoce, pero no le parece simpático. O si? Que ha sucedido con ese tipo?

Step le refresca la memoria.

‘Te he acompañado a la escuela una mañana, hace unos días atrás.’

‘Imposible, yo voy a escuela siempre con mi papa.’

‘Tienes razón, digamos que te he escoltado. Estaba pegado a tu carro.’

Babi recordando lo mira molesta.

‘Veo que finalmente te acuerdas.’

‘Cierto, eras ese tipo que decía un poco de idioteces. Nunca cambias, eh?’

‘Porque debería, soy perfecto.’ Step alarga los brazos mostrando su físico.

Babi piensa que al menos desde ese punto de vista tiene razón.

Es el resto lo que no cuadra. Comenzando desde su apariencia hasta su modo de comportarse.

‘Ves, no dices que no.’

‘Tampoco te respondo.’

‘Babi, te esta fastidiando?’ Brandelli tiene la mala idea de entrometerse. Step ni siquiera lo mira.

‘No, Chicco, Gracias.’

‘Entonces, si no te estoy fastidiando, te estoy agradando…’

‘Me eres completamente indiferente, aunque diría que me fastidias ligeramente, para ser precisa.’

Chicco trata de cerrar esa discusión dirigiéndose a Babi.

‘Quieres algo de beber?’

Step responde por ella.

‘Si, gracias, sírveme una Coca-Cola, esta bien?’

Chicco no le presta atención. ‘Babi quieres algo?’

Step por primera vez lo mira. ‘Si, una Coca, ya te lo dije, apurate.’

Chicco se queda mirándolo con un vaso en la mano.

‘Apurate, no escuchas, gusano?’

‘Dejalo así.’ Babi interviene quitándole el vaso de la mano de Chicco. ‘Lo hago yo.’

‘Ves, cuando eres gentil te ves mucho mas linda.’

Babi agarra la botella.

‘Toma, y cuidado a que no la derrames.’ Después lanza el vaso lleno de Coca-Cola en la cara a Step bañándolo completo.

‘Te dije que tuvieras cuidado, eres todo un niño eh?, no sabes siquiera beber.’

Chicco comienza a reírse. Step le da un empujón tan fuerte que lo hace volar hacia un mesón bajo, lanzando todo lo que tenia arriba. Después agarra por los bordes el mantel que tiene encima las cosas de beber. Tira fuerte, tratando de hacer como algunos ilusionistas, pero el numero no le sale. Una decena de botellas se derraman volando por los muebles vecinos y encima de los invitados. Algunos vasos se rompen. Step se seca la cara.

Babi lo guarda asqueada.

‘Eres de verdad una bestia.’

‘Tienes razón, tengo ganas de una bella ducha, estoy todo pegostoso. Es culpa tuya, así que la harás conmigo.’

Step se dobla veloz agarrandola por las piernas y cargándola sobre su espalda. Babi se trata de liberar furiosamente.

‘Dejame tranquila, bajame! Ayúdenme!’

Ninguno de los invitados interviene. Brandelli se alza y trata de pararlo. Step le da una patada en la barriga que lo hace terminar contra de un grupo de invitados. Schello ríe como un loco, baila con Lucone dándole golpes en la cabeza a esos que pasan. Alguno reacciona. Cercano al Dj se echa a reír. Roberta, preocupada, se para en la puerta, mirando estupefacta su salón devastado.

‘Disculpa, donde esta el baño?’

Roberta, sin siquiera preocuparse de aquel tipo con una chica en sus espaldas, se lo indica.

‘Por allá.’

Step le agradece y sigue la indicación. Llegan el Siciliano y Hook, cargados de huevos y tomates. Comienzan a lanzar a cuadros, paredes e invitados, sin hacer alguna distinción, lanzando con violencia, para lastimar. Brandelli va donde Roberta.

‘Donde esta el teléfono?’

‘Por allá.’ Roberta indica una dirección opuesta al baño. Le parece de ser un policía que trata de dirigir el trafico, o mejor el caos terrible que han comenzado en su salón. Sin embargo, no tiene la autoridad de darles una multa a todos y apresarlos. Alguno, mas tranquilo o mas villano que los otros, se avecina besándola.

‘Adios Roberta, muchas felicidades. Me lamento, pero nosotros nos vamos, eh?’

‘Por allá.’ Ahora molesta, indica la puerta de la casa de la cual, si no fuera suya, quisiera huir.

‘Paralo, te dije que me bajaras. Haré que me la pagues…’

‘Y quien me castigara? Esa especie de estampilla elegante que se la da de mesonero?’

Step entra en el baño y abre la puerta corrediza de la ducha. Babi se agarra con las manos, tratando de pararlo.

‘No! Ayuda! Ayúdenme!’

Step gira de nuevo, le agarra las manos liberándolas fácilmente.

Babi decide cambiar táctica. Trata de hacerse la tierna.

‘Anda, esta bien, esta bien discúlpame. Ahora bajame, por favor.’

‘Que quieres decir por favor? Me tiraste la Coca-Cola en la cara y ahora me dices por favor?’

‘Esta bien, me he equivocado al lanzártela.’

‘Yo se que te equivocaste.’

Step entra en la ducha, baja terminando directo debajo del chorro. ‘Pero ahora el daño esta hecho. A este punto me debo bañar, sino después dices que soy pegostoso también.’

‘Pero no, que importa.’ Un chorro de agua la golpea en plena cara, ahogándole casi las palabras en la boca. ‘Cretino!’ Babi se agita buscando de huirle al agua, pero Step la tiene firme haciéndola girar para bañarla toda. ‘Dejame, idiota, bajame!’

‘Esta muy caliente?’ Step, sin esperar respuesta, gira la manilla de temperatura que esta justo enfrente de su cara. Lo lleva todo hacia el azul. El agua se vuelve rápidamente fría. Babi grita.

‘Eso es lo que necesitas, una bella ducha helada para calmarte un poco. Sabes que esta muy bien darse duchas heladas y después hirvientes?’ Y regresa el termostato hacia el rojo. El agua comienza a humear. Babi grita aun mas fuerte.

‘Ay! Quema! Cierrala, cierrala!’

‘Mira que de verdad es bueno, abre los poros, facilita la circulación, llega mas sangre al cerebro, así se razona mejor y puedes entender que hay que comportarse bien con la gente… ser buenos y quizás servir una Coca-Cola, no tirarsela en la cara.’

Schello entra en ese momento.

‘Rápido Step, vamonos. Uno ha llamado la policía.’

‘Como lo sabes?’

‘Lo he escuchado. Lucone me ha lanzado un huevo en la frente, fui a lavarme y lo encontré en el teléfono. Lo escuche con mis propios oídos.’

Step cierra la ducha y pone a Babi en el suelo. Schello, mientras tanto, abre algunas gavetas alrededor del espejo. Consigue algunos anillos y cadenas, cosas de poco valor, pero se las mete en los bolsillos igualmente. Babi, con los cabellos en la cara, completamente bañados, esta apoyada en el muro de la ducha buscando recuperar el aliento. Step se quita la camiseta. Agarra una toalla y comienza a lavarse. Abdominales perfectos. Su piel, lisa y estirada, se mueve tensa entre los escalones de sus musculos.

Step la mira sonriendo.

‘Te conviene secarte, sino puedes agarrar un resfriado.’

Babi se quita con la mano los largos cabellos bañados que le cubren la cara. Descubre sus ojos. Están molestos y decididos. Step finge tener miedo.

‘Uy, hagamos como si no dije eso.’ Continua a friccionar sus cabellos. Babi se mantiene sentada en el suelo. Su traje bañado se ha vuelto transparente. Debajo del tejido de flores lila se ven bordados de un sostén claro, quizás combinado con sus panties. Step se da cuenta.

‘Entonces, quieres o no una toalla?’

‘Vete a lavarte el culo.’

‘Que palabras! Pero como, una chica tan buena como tu dice estas cosas? Recuerdame la próxima vez que tomemos una ducha juntos te debo lavar la boca con jabón. Esta claro? Recuerdamelo, eh?’

Escurre la camisa y poniéndosela en los hombros sale del baño.

Babi lo mira al alejarse. En su espalda todavía mojada, algunas pequeñas gotas de agua se deslizan entre los nervios y musculos sobresalientes y bien delineados. Babi agarra un champú que consigue en el suelo y se lo lanza. Sintiendo el ruido, Step baja la cabeza por instinto.

‘Ah, ya entiendo porque estas tan molesta, se me olvido lavarte con champú. Esta bien, pronto regreso.’

‘Vete! Ni lo intentes…’

Babi cierra veloz la puerta transparente de la ducha. Step mira sus pequeñas manos aferradas al vidrio.

‘Toma!’ le lanza el champú por arriba, a través del vidrio abierto en lo alto de la ducha.

‘Yo se que te gusta hacerlo por ti misma… como muchas otras cosas… del resto!’ y después con una risa fuerte sale del baño.

Con la palabra policía, en el salón hay una huida general. La pelea termina rápido. Lucone, el Siciliano y Hook, del pasado mas tormentoso, son los primeros a alcanzar la puerta. Algunos invitados se mantienen en la tierra sangrando. Roberta, en un lado, llora. Otros muchachos ven los energúmenos salir con sus plumas, los Henri Lloyd, cualquier Fay y chaquetas costosas. Bunny, con un extraño sonido a platería, se aleja mas pesado de lo normal. Corren por las escaleras, veloces, haciendo temblar el pasamanos donde se agarran para ayudarse en las curvas. Rompen vasijas costosas con sus elegantes aterrizajes. Vacían los buzones de las cartas con sus patadas precisas, derecha a derecha, gritando y, después de haber robado cualquier silla de moto, desaparecen en la noche.


‘Big’ Raffaella pone decidida las cartas sobre el mantel verde, mirando satisfecha a su adversaria. Una mujer con los lentes grandes, al menos como su lentitud.

‘Bajalas ya, mi querida…’

Casi se le caen de las manos. Raffaella se apodera velozmente.

‘Esta la pones aquí, esta es así y esta ultima acá. Esta la pagas toda.’

Hace una cuenta mental veloz, después escribe el resultado parcial en una hoja. Se alza y se pone detrás de la espalda de Claudio apoderándose también se su hielo, y después de cualquier descarto lo convence de intentarlo. También su compañero hace Gin. Raffaella marca feliz los puntos. Si no fuera por el Ander que Claudio se dejo hacer, le hubieran ganado también en la segunda mano. Toma las cartas y comienza a mezclarlas velozmente. La mujer de los lentes grandes ve sus cartas. Hasta en esto no fracasa. Es lentísima. Raffaella no soportaría perder, no tanto por el puntaje, porque esta bastante adelantada, sino porque repartir las cartas le tocaría a esa mujer. En las mesas cercanas, una cadena perdedora que lleva mucho tiempo convence a alguien de cambiarse, culpando así a todas esas cosas negativas de la mala suerte. Algún otro usa el cenicero, apenas vaciado por la dueña de la casa. Un abogado se sirve un whisky, exactamente justo hasta el final de los diseños del vidrio. La medida justa para ganar, manteniendose más o menos sobrios. Algunas parejas aparentemente mas enamoradas que otras se intercambian un saludo afectuoso antes de volver a prestar atención a las cartas en mano. En realidad es mas una especie de ritual mágico en vez que un desinteresado ‘te quiero’. Cualquier pareja se va, justificándose con tener que madrugar temprano o que los hijos no han llegado todavía. En realidad, o el ha estado mal últimamente o ella se ha fastidiado esa noche. Entre estos también se encuentran Marina y Filippo. Saludan a todos, agradeciendo a la dueña de la casa, mintiendo acerca de la esplendida velada. Marina besa a Raffaella después, con una sonrisa mas larga de lo normal, recuerda la promesa secreta con respecto a las hijas.

Del portón 1130 de la calle Cassia sale un grupo de invitados. Comentando lo sucedido. Un muchacho parece tener mas cosas que contar que el resto. Seguramente tiene razón, a juzgar por su labio hinchado. Después de diversas, estupidas e inútiles preguntas, la policía se marcho de la casa de Roberta. La única que sabia algo era una tal Francesca, que viendo la fiesta destruirse se marcho rápidamente, llevándose con ella su cartera vacía y los nombres de los culpables.

En el caos general, Palombi y Daniela, junto con el resto de los invitados, huyeron. Babi, completamente mojada, había perdido a su hermana. Compensándolo, Roberta le consiguió un pantalón que le quedan muy bien y un suéter de su hermano mayor que le queda casi dos veces su talla.

‘Deberias ir así mas seguido a las fiestas, te ves fascinante.’

‘Chicco, todavía tienes ganas de bromear?’ Los dos salen del portón. ‘Perdi a mi hermana y he arruinado el vestido Valentino.’

Muestra un elegante empaque plástico con un nombre diferente de aquel del vestido mojado pero igualmente famoso.

‘Y como si no fuera suficiente, si mi mama ve que regreso a casa con los cabellos mojados, habrá problemas.’ Las mangas del suéter le cubren sus pequeñas manos. Babi se las remanga, tirandolas hasta el codo. Después de apenas un paso, bajan de nuevo desagradablemente.

‘Ese es, es el.’ Detrás de las cajas de limpieza Schello indica decidido a chico Brandelli. Step lo mira.

‘Estas seguro?’

‘Segurisimo. Lo he escuchado con mis orejas.’

Step reconoce a la chica que esta con ese infame, aun si su disfraz es perfecto. No se olvida tan fácilmente a una mujer que insiste tanto para bañarse contigo.

‘Vamos a avisar a los demás.’

Babi y Chicco van hacia una calle pequeña.

‘Ahora, tu porque no interviniste cuando ese idiota me metió bajo la ducha?’

‘Que iba a saber yo, en ese momento fui a llamar a la policía.’

‘Ah, fuiste tu?’

‘Si, la situación se estaba saliendo de control, todos golpeándose… has visto a Andrea Mannelli, el labio como se lo pusieron?’

‘Si, pobrecito.’

‘Pobrecito? Ese se casaría con ese labio, imaginate. Quien sabe que contara después. El solo contra todos, el héroe de la velada. Lo conozco como mis bolsillos. Aquí estamos, esta es.’

Se paran de frente a un auto. Las flechas brillan mientras los seguros se sueltan al mismo tiempo. Es un tipo de alarma común, a diferencia de la BMW: ultimo modelo, nueva. Chicco le abre la puerta. Babi mira el interior perfecto, en madera oscura, los asientos de piel.

‘Te gusta?’

‘Mucho.’

‘La traje para ti. Sabia que te habría acompañado a casa esta noche.’

‘En serio?’

‘Cierto! En realidad todo fue estudiado. Aquel grupo de cretinos los llame yo. Imaginate, todo ese alboroto fue hecho solo para que pudiera estar yo a solas contigo.’

‘Bueno, entonces la historia de la ducha te la podías haber ahorrado, al menos hasta cuando la ropa estuviera a la altura de la situación, no?’

Chicco ríe y cierra la puerta de Babi, después da la vuelta, se monta en el carro y sale.

‘En general, me he divertido esta noche. Si no hubiera sido por ellos, esa fiesta hubiera sido el usual velorio.’

‘No creo que Roberta piense lo mismo.’ Babi pone educadamente a sus pies el empaque plastificado. ‘Le han destruido la casa!’

‘Entenderas, que habrá, cualquier daño menor. Deberá repulir los muebles y mandar a la tintorería las cortinas.’

Un sonido fuerte y sordo, duro, de hierro, rompe la atmósfera de elegancia y armonía en el interior del carro.

‘Que paso?’ Brandelli mira en el espejo lateral. De repente aparece la cara de Lucone. Se da cuenta de las risas. Detrás de el, Hook alza los pies y le da otro violento golpe al automóvil.

‘Son esos locos! Rápido acelera.’ Chicco acelera y comienza a correr. Las motos ligeramente agarran rápido velocidad y se mantienen al lado. Babi preocupada voltea a mirar detrás. Todos están allí, Bunny, Pollo, el Siciliano, Hook, con sus motos potentes, y en el medio esta Step. La chaqueta de cuero se infla abriéndose y mostrando su pecho desnudo. Step le sonríe. Babi vuelve a mirar al frente.

‘Chicco, corre lo vas rápido que puedas, tengo miedo!’

Chicco no responde y continua a manejar continuamente empujando el acelerados, bajando por el final de la calle Cassia, en el frió de la noche. Pero la motos siguen ahí, a espaldas del carro, no se separan. Bunny acelera, Pollo extiende la pierna y con una patada golpea el faro posterior. El Siciliano da una patada a la puerta trasera izquierda, rayándola toda. Las motos se doblan a toda velocidad, alejándose y acercándose al carro, golpeándolo con fuerza. Sonidos sordos y no piadosos le llegan a los oídos de Chicco.

‘Coño, me la están destruyendo!’

‘Chicco no te atrevas a pararte, que después te destruyen a ti!’

‘No, pero les puedo decir alguna cosa.’ Oprime el botón de la ventanilla eléctrica, abriéndolo a la mitad. ‘Escuchen muchachos’ grita mientras trata de mantener la calma y sobretodo manejar bien.

‘Este carro es de mi padre y si…’ Un escupitajo lo golpea en plena cara.

‘Yahooo!, lo logre, cien puntos!’ Pollo salta detrás de Bunny, alzando los brazos al cielo en señal de victoria.

Chicco, desesperado, se lava con un paño de tela mas costoso y verdadero que los guantes de Pollo. Babi mira asqueada aquella escupida obstinada, que se apega con dificultad a su cara, después oprime el botón cerrando la ventanilla antes de que la mira de Pollo busque disparar algo mas.

‘Trata de llegar al centro, quizás encontremos la policía.’

Chicco lanza atrás el paño y continua a manejar. Comienzan a llegar los ruidos de carrocería golpeada y faros rotos. Cada uno de estos, piensa, son centenares de euros en daños y largos regaños de mi padre. Entonces, tomado por una rabia repentina, Chicco comienza a reír, como un loco, casi preso de una crisis histérica.

‘Quieren la guerra? Bien, la tendrán! Los golpeo a todos, los aplasto como ratas!’

Le da un golpe al volante, el auto va a la derecha, después da un giro a la izquierda. Babi se agarra de la manecilla de la puerta, aterrorizada. Step y los demás, viendo el carro que moviéndose, se alejan frenando y acelerando contemporáneamente.

Chicco mira en el espejo retrovisor. El grupo esta allí, detrás de el, siempre acechando.

‘Tienen miedo, eh? Bien, tomen esto!’ Presiona de repente el freno. Se siente el ABS. La maquina se para casi, aquellos con las motos a los lados la esquivan siguiendo derecho. Schello, que esta en el medio, trata de frenar, pero su Vespa con las ruedas lisas se mete en frente y termina contra el vidrio trasero. Schello cae a tierra. Chicco comienza a correr de nuevo a toda velocidad. Las motos, que se colocaron enfrente del auto se alejan por miedo a ser embestidos. Los otros se paran a socorrer al amigo.

‘Que hijo de perra!’ Schello se alza, tiene todos los pantalones rotos a la altura de la rodilla derecha. ‘Miren acá.’

‘Entenderas que con el salto que has dado te ha ido bien. Al menos solo tienes la rodilla raspada.’

‘Que carajo me importa la rodilla, aquel idiota me arruino los Levi’s, me los compre anteayer.’

Todos ríen, divertidos y despreocupados, por el amigo, que no ha pedido la vida y mucho menos las ganas de bromear.

‘Yahooo, lo he jodido, les he ganado a esos bastardos!’

Chicco golpea las manos felizmente sobre el volante. Mira de nuevo el espejo retrovisor. Solo un carro lejano. Se vuelve a asegurar. No hay nadie. ‘Idiotas, Idiotas!’ Salta en la silla. ‘Les di lo suyo!’

Después se recuerda de Babi a su lado. ‘Como estas?’ Regresa a enseriarse mirándola preocupado.

‘Mejor, gracias.’ Babi se agarra de la manilla de la puerta arreglándose normal. ‘Pero ahora quiero irme a mi casa.’

‘Te llevo rápido.’

Se para un momento en el Stop, después continua por el Puente Milvio. Chicco la mira de nuevo: los cabellos mojados le bajan por la espalda, sus ojos azules miran al frente todavía un poco asustados.

‘Lo siento por lo que paso. Te asustaste mucho?’

‘Bastante.’

‘Quieres tomar algo?’

‘No, gracias.’

‘Bueno, igual debo pararme un momento.’

‘Como quieras.’

Chicco se para. Coloca el carro cerca de una fuente pequeña enfrente de una iglesia, se echa un poco de agua en la cara, quitándose los últimos posibles rastros de la saliva de Pollo. Después deja que el viento fresco de la noche le acaricie la cara mojada, relajándose. Cuando reabre los ojos, afronta la realidad. Su carro, o mejor dicho, el carro de su papa.

‘Hijos de…’ Susurra hacia su mismo, y fingiendo indiferencia le da un giro al carro, observa los daños, quita pedazos de faros rotos. Las puertas están todas llenas de golpes, el parachoques rayado. En algunos puntos se daño mucho la pintura. Hace una especie de cuenta mental. Por los mil euros. Si hubiera ido al programa ese donde se adivina el precio justo, no lo habrían seleccionado a el aun si estuviera en el publico. Le lanza una sonrisa a Babi, un poco forzada.

‘Bueno, hay que arreglarla un poco, tiene unas cuantas cositas.’

No da tiempo a terminar la frase. Una moto azul marino oscura, con las luces apagadas lo ha seguido hasta allí, se para rugiendo a un paso de el. Chicco no logra siquiera girarse y viene empujado con violencia hacia el capo del carro. En la cuenta se añaden al menos otros quinientos euros. Step se le lanza encima con todo el peso de su cuerpo, dándole puñetadas en la cara, violentas, tratando de golpear la boca, lográndolo.

Los labios comienzan rápido a sangrar.

‘Ayuda! Ayuda!’

‘Así la próxima vez aprendes a tener la boca cerrada, gusano, infame, pedazo de…’ Y mas puños, uno después del otro, golpeándole la cabeza contra el capo, haciendo siempre mas daño. Ahora, aparte del mecánico, el padre deberá pagar también un dentista.

Babi baja del carro y, llevada por la rabia, comienza a golpear a Step con puños y patadas, dándole en la cabeza con el empaque plastificado del vestido.

‘Dejalo! Villano! Para!’

Step se voltea y la aleja con un empujón violento. Babi va hacia atrás, tropieza con la acerca y pierde el equilibro terminando en tierra. Step se queda mirándola un momento. Chicco aprovecha y trata de entrar en el carro. Pero Step es mas veloz.

Se lanza encima de la puerta bloqueándole el pecho. Chicco grita del dolor. Step lo agarra a golpes. Babi se alza del suelo adolorida. Comienza a gritar ella también buscando ayuda. Justo en ese momento pasa un carro. Son los Accado.

‘Filippo, mira! Que sucede? Pero esa es Babi, la hija de Raffaella!’

Filippo frena y baja del carro, dejando la puerta abierta. Babi corre hacia el gritando:

‘Separenlos, rápido, se están masacrando!’

Filippo se lanza hacia Step agarrandolo por detrás. ‘Quiero, déjalo tranquilo!’ Lo abraza, alejándolo de la puerta. Chicco finalmente libre de esa morsa, se masajea el pecho doloroso y entonces, aterrorizado, se monta en el carro y huye a toda velocidad.

Step, buscando liberarse de los brazos del señor Accado, se dobla hacia delante y lanza con fuerza la cabeza hacia detrás. Lo golpea en plena cara. Los lentes del señor Accado vuelan rompiéndose, justo como su cavidad nasal que comienza a sangrar. Filippo asustado, con las manos en la nariz, perdiendo sangre, sin saber donde ir. Ahora, repentinamente miope de nuevo, casi llora por el dolor. Marina corre en ayuda de su marido.

‘Delincuente, desgraciado! No te acerques, no te atrevas a tocarlo!’

Y quien quiere tocarlo! Quien se esperaba que fuera un viejo ese loco que le salto a las espaldas. Step mira en silencio esa mujer gritona.

‘Entendiste vándalo? Esto no termina aquí!’ Marina ayuda al marido a entrar al carro, después se sienta de conductora y se aleja con cualquier dificultad. La señora Accado maneja casi nunca, solo en casos excepcionales. Y ese lo es. No sucede todo el tiempo que el marido se pone a pelear en la calle.

Babi se coloca enfrente de Step.

‘Eres una bestia, un animal, me das asco! No tienes respeto por nada ni nadie.’

El la mira sonriendo. Babi mueve la cabeza.

‘No pongas esa cara de estupido.’

‘Se puede saber que quieres de mi?’

‘Nada, que puedo querer, que se le puede pedir a una bestia? Has golpeado a un señor, uno mas grande que tu.’

‘Primero, el me puso las manos encima, segundo, que coño sabia yo que era un señor? Tercero, peor para el que se mete en cosas que no le incumben.’

‘Ah si? Entonces uno que se mete en cosas que no le incumben tu lo golpeas en la cara, lo caes a puños! Cállate! Usaba lentes, ve…’ Agarra lo que queda de los lentes.

‘Se los rompiste, estas feliz? Sabes que es una ofensa golpear a alguien con lentes?’

‘Todavía? Ese cuento lo he oído desde que nací. Pero quien dijo esta cosa de los lentes?’ Step va hacia la moto, se monta. ‘Seguramente lo invento uno que usaba lentes villano, uno que tiene miedo de caerse a golpes, que por esto, usa lentes y cuenta estupideces.’ Step prende la moto.

‘Bueno, me despido.’ Babi mira alrededor. No pasa ninguno. La plaza esta desierta.

‘Como que te despides?’

‘Bueno como quieras, no me despido.’

Babi suspira molesta.

‘Y yo, como regreso a casa?’

‘Y que coño se yo? Puedes hacer que te acompañe el amigo tuyo, no?’

‘Imposible, lo has asustado, hiciste que huyera.’

‘Ah, ahora es culpa mía.’

‘Y de quien mas? Anda, déjame subir.’ Babi va hacia la moto, alza las piernas de lado para montarse atrás. Step gira el manubrio. La moto se mueve ligeramente. Babi lo mira. Step se gira para observar su mirada. Babi trata de nuevo a montarse pero Step es mas veloz que ella y vuelve a adelantar la moto. ‘Anda, parate un momento. Pero que, eres cretino?’

‘Eh no, querida. Soy una bestia, un animal, te doy asco y ahora quieres montarte conmigo? Detrás de uno que no tiene respeto por nadie ni por nada? No, muy fácil! Se quiere coherencia en este mundo, coherencia.’

Step la mira seriamente, como si le hubieran dado una cachetada.

‘De una así, nunca puedes aceptar un pasaje.’

Babi entrecierra los ojos, esta vez por el odio que siente.

Después se encamina segura por la calle Farnesina.

‘Tengo razón o no?’

Babi no responde. Step ríe para si mismo, después acelera y la alcanza. Le camina a las espaldas, sentado en su moto. ‘Disculpa, yo lo hago por ti. Después te lamentas de haber aceptado. Es mejor que te quedes con tus ideas. Yo soy una bestia y tu caminas hacia tu casa, estas de acuerdo?’

Babi no responde, atraviesa la calle, mirando derecho al frente. Se monta en la acera. Step hace lo mismo. Se alza en puntillas para no golpear la moto. ‘Cierto…’ continua a acompañarla con la moto.

‘Pero, sin embargo, si me pides disculpas, te arrepientes de lo que dijiste, y dices que te equivocaste… entonces no habría problema… yo te podría acompañar, porque en ese caso habría coherencia.’

Babi atraviesa de nuevo la calle. Step la sigue. Acelera un poco acercándosele, con una mano le agarra el suéter.

‘Entonces? Es fácil, mira, repite conmigo: lo siento…’

Babi le da un codazo, se libera de el y comienza a correr.

‘Hey, que modales!’ Step acelera y la alcanza poco después.

‘Entonces quieres caminar hasta tu casa? A propósito, donde vives? Lejos? Ah, entendí, quieres adelgazar. Si, de hecho tienes razón, no fue tarea fácil alzarte debajo de la ducha.’ Se le adelanta sonriéndole.

‘Y después, si quieres hacer otras cosas es mejor que pierdas cualquier kilito, no quisiera cansarme todos los días haciendo cosas así, eh? Porque yo ya se como eres. El clásico tipo de mujer que le gusta estar arriba, verdad? Entonces tienes que adelgazar a juro, sino con todo ese peso me aplastas.’

Babi no puede mas. Agarra una botella que consigue en una esquina y se la lanza tratando de golpearlo. Step frena de golpe y baja de lado. La botella le pasa casi encima, pero la moto se apaga y cae de lado. Step alza el manubrio con fuerza, logrando pararla antes de que toque tierra. Babi comienza a correr. Step pierde un poco de tiempo encendiendo la moto.

De una calle lateral sale, justo en ese momento, un tipo con una Golf viejo modelo. Mira a Babi correr sola y se le acerca.

‘Hey, rubia bella, necesitas la cola?’

‘Hey, horrible estupido, quieres un coñazo en la boca?’

El tipo mira a Step que repentinamente se para entre los dos. Entiende que mejor se aleja. Se marcha moviendo la cabeza como indignado.

Alza el brazo derecho, tratando de poner una actitud no muy definida, fingiendo ser superior para no admitir que se acobardo. Step mira como se aleja, después supera a Babi y se pone enfrente.

‘Dale, montate, basta con este juego.’

Ella trata de seguir derecho. Step la acorrala con la moto hacia el muro. Babi trata de pasarle por detrás. Step la agarra por el suéter.

‘Te dije que te subieras!’

La empuja molesto hacia el. Babi aleja la cara asustada. El mira esas ojos profundos que lo miran atemorizados. Lentamente la deja ir, después le sonríe.

‘Dale, te llevo a tu casa, sino esta noche terminara con que pelee con medio mundo.’

En silencio, sin decir nada de donde vive, se monta detrás de el. La moto sale veloz, con rabia, adelantando al frente. Babi lo abraza por instinto. Sus manos terminan, sin quererlo, debajo de la chaqueta. Su piel es fresca, su cuerpo calido en el frió de la noche. Babi siente deslizarse debajo de sus dedos músculos bien delineados. Se alternan perfectamente a cada pequeños movimiento. El viento le corre por los cachetes, los cabellos mojados ondean en el aire. La moto se dobla, ella lo abraza mas fuerte y cierra los ojos. El corazón el comienza a batir fuerte. Se pregunta si es miedo. Siente el ruido de algunos carros. Están ahora en una calle mas grande, hace menos frió, voltea la cara y apoya su cara en su espalda, siempre sin mirar, dejándose llevar por ese subir y bajar, de ese sonido potente que siente debajo de ella. Después nada mas. Silencio.

‘Yo estaría así también toda la noche, bueno, quizás avanzaría, profundizaría, que se yo, conseguiría otras posiciones!’

Babi abre los ojos y reconoce los negocios cerrados alrededor de ella, los mismo que ve todos los días desde hace seis años, desde que se mudaron a vivir allí. Baja de la moto. Step respira profundo.

‘Menos mal, me estabas triturando!’

‘Disculpa, tenia miedo, nunca había ido atrás en una moto!’

‘Siempre hay una primera vez para todo.’

Justo en ese momento una Mercedes frena cerca de ellos. Raffaella sale del carro. No cree lo que ve.

‘Babi, te he dicho miles de veces que no quiero que vayas detrás en una moto. Y porque tienes los cabello mojados?’

‘Bueno… verdaderamente…’

‘Señora, permítame que le explique. Yo no quería traerla, es verdad? Dile a tu mama que no quería. Pero ella ha insistido tanto… lo que pasa es que caballero, uno con una bellísima BMW, pero toda dañada, huyo.’

‘Como que huyo?’

‘Si, la dejo en la calle! Imagine que tipo.’

‘Absurdo.’

‘De hecho! Pero yo lo he regañado por esto, si señora, no se preocupe.’ Step mira a Babi. ‘Verdad Babi?’

Después, dejando que solo ella escuchara: ‘Sabes una cosa… Babi. Me gusta tu nombre.’

‘Mama, déjalo así, hablamos después.’

Claudio baja la ventanilla del carro.

‘Hola Babi.’

‘Hola papa.’

Step lo saluda también a el.

‘Buenas noches!’ Esta divertido por esta extraña reunión familiar. Raffaella, sin embargo, no se esta divirtiendo para nada.

‘Como te mojaste? Donde esta mi vestido Valentino?’

Babi alza el brazo mostrando el empaque.

‘Aquí adentro.’

‘Y tu hermana? Se puede saber donde la dejaste?’

Justo en ese momento llega Daniela. Baja del carro con Palombi que la acompaño.

‘Hola ma…’

No da tiempo de terminar la frase. Raffaella le da una cachetada, en plena cara.

‘Así aprendes a no regresar con tu hermana.’

‘Mama, pero no sabes que paso. Llegaron unos alborotados y…’

‘Quedate callada.’

Daniela se masajea en silencio el cachete. Palombi, siguiendo también la orden de Raffaella, se monta en el carro y se va.

Step enciende la moto. Se acerca a Babi.

‘Ahora entiendo porque tienes este carácter. No es culpa tuya, es hereditario.’

Después mete primera y con un ‘Adios’ simpático se aleja en la noche.

Babi y Daniela se meten en el auto. La Mercedes entra en la residencia y pasa adelante del portero. Fiore se divirtió mucho mas a ver esos cinco minutos que todo el programa de televisión que pasaban a esa hora. Mas tarde, mientras se desvestían, Daniela se disculpa con la hermana por haberle arrugado la falda que le presto.

‘Fue Palombi, me beso!’ Pero su orgullo se detiene por el nacer de una sonora cachetada. Cuando se hacen confesiones a la hermana, hay que ver que los padres estén durmiendo. Raffaella, nerviosa, trata de dormir. Esa noche muchos dormirán mal, algunos pasaran la noche en el hospital, otros están viviendo una pesadilla. Entre estos, Chicco Brandelli. Piensa en todas las soluciones posibles, dejar el carro en la calle, llevarlo a escondidas al mecánico por la mañana, o botarlo lejos y denunciar el robo. A la final llega a la ultima solución posible. No hay solución. Deberá afrontar a su padre, igual que Roberta esa misma noche con los suyos. Babi esta en la cama, alterada por la velada. Piensa que la culpa de todo lo tiene ese estupido, ese idiota, ese animal, esa bestia, ese violento, ese maleducado, ese alborotado, ese ridículo. Después, pensándolo mejor, se acuerda que no se sabe siquiera como se llama.

Dos rayos de sol atraviesan el cuarto. Entran largos por los bordes de la cama, por las puntas, en sus cabellos dorados, sobre sus brazos descubiertos. Con el toque de calor de un nuevo día Babi abre los ojos. El despertador no ha sonado todavía. Se pone encima la almohada, cubriéndose hasta el mentón. Se queda con los ojos aun cerrados, con las manos en la barriga, sin mover las piernas, inmóvil. Repentinamente, el despertador suena. Fastidioso e insistente. Babi se mueve en la cama, alarga los brazos, buscando el despertador a tantas en la mesita. Tropieza con Siddharta di Reese, un libro de la Yourcenar dejado a la mitad y con Baile de familia. Consigue el despertador, la apaga. Después prende la radio. Esta ya sintonizada en 103.10, y como todas las mañanas Branko están dando los horóscopos.

‘Geminis. Hoy también tendrás una situación estacionaria. La luna pasa por su signo. Sus influencias lo volverán particularmente nervioso.’

Papa no se relaja normalmente, imaginate con las influencias de la luna!

‘Cancer. Por los nacidos en este signo…’ Deja correr sin prestarle atención a las palabras. Quien es cáncer? Pallina? No, nació en mayo. Mayo debe ser Tauro o Piscis. No, piscis es marzo.

Lentamente cierra los ojos y se duerme un poco. Se deja lleva así, en esa especie de equilibrio entre dormir y estar despierta ligera y agradablemente, aun calida y atontada, regresando hace poco de quien sabe que mundo. Pero entonces, sin entender bien porque, se levanta de repente. Quizás un sonido lejano, un perfume diferente, una sensación de responsabilidad. Abre los ojos y va veloz hacia el despertador. Aun las siete y veinte. Menos mal. Han pasado apenas pocos segundos, pero quien sabe porque le han parecido eternos.

‘Virgo. Para aquellos nacidos en esta fecha…’

Babi voltea hacia la radio particularmente interesada. Es su signo. Seis de septiembre, ‘…el pase de Venus traerá momentos particularmente felices en la vida de los enamorados.’ Enamorados! Imaginate, primero debo encontrar uno justo. No uno que escapa y me deja en la calle. Baja de la cama. Después siente ruidos en el cuarto de al lado, corre hacia el baño pero Daniela es mas veloz que ella y le cierra la puerta en la cara.

‘Anda Dani, déjame entrar, son ya las siete y media…’

‘Si, así te agarras todo el lavamanos como siempre. No esta vez.’

‘Anda no seas cretina, te doy espacio.’ Daniela abre la puerta. Babi entra.

‘Ya se que no te bastaron los golpes de anoche.’ Daniela le responde con una mueca, después se alternan lavándose por pedazos, un poco para cada una, sin vergüenza y sobretodo sin hablarse. En la mañana Babi, hasta que no ha tomado su café es intratable, igual que su madre. Daniela trata igual.

‘Que te parece aquel que te acompaño anoche? Te gusta?’

Babi hace un sonido extraño. No puede responder, se esta lavando los dientes. Mira a la hermana a través del espejo con los ojos sobresalientes, después se enjuaga veloz la boca. ‘Me gusta? Pero que, estas bromeando? Estas loca? Como me puede gustar uno así? Una bestia. Sabes que hizo anoche? Con sus amigos ha destruido el carro de Brandelli, después se cayo a golpes con Chicco, después se paro el señor Accado que pasaba por ahí, tratando de dividirlos, y ese tipo, ese animal, lo golpeo también a el. Como puede gustarme uno que usa la cabeza para golpear a los demás en vez de pensar?’

‘Será, pero a todas nosotras nos gusta!’

‘A ustedes? Quienes son ustedes?’

‘A mi, Giuli, Giovanna, Stefania…’

‘Si, cuatro pequeñas estupidas que siguen el culto de esos así… el mito de los bravucones, los idiotas, mas bien. Tienen que entender que no hay nada de bueno en pasear destruyendo todo, hace siempre desorden, golpear a la gente…’

‘Tienen un montón de chicas lindas, las cambian como y cuando quieren el y sus amigos.’

‘Me imagino que tipo de chicas!’

‘No, también hay unas distinguidas. Piensa que la misma Gloria, la hija de los Accado, esta con Dario, uno de los amigos de Step.’

‘Step?’

‘Si, Stefano Manzini, aquel que te acompaño. Giulia y yo lo llamamos 10 con honores, pero todos le dicen Step.’

‘Step? Paso? Podrían todos lanzarse uno después del otro en el rió para lo que me importa. Dale, apurate, no quiero escuchar a papa gritando como siempre porque vamos tarde.’

Babi regresa al cuarto y se comienza a vestir veloz.

El uniforme esta ahí, en la silla. La preparo la noche anterior aun si habían llegado tarde. Ahora se convirtió en un habito. Se pone la camisa celeste, después se mete la falda.

Step. Que nombre mas idiota. De hecho, le va perfecto. Babi va a la cocina.

‘Hola mama.’

Babi besa a Raffaella en el cachete. Como cada mañana la golpea el sabor de leche de su crema Revlon.

‘Hola Babi.’

Raffaella esta ahí bebiendo su café negro sin azúcar. Los ojos desmaquillados y aun somnolientos no están habituados a la luz. La cocina, de hecho, esta toda en la penumbra. Babi se sienta frente a ella. Llega Daniela que se sienta cerca. Babi se sirve café, después leche, y un poco de azúcar de dieta.

También Daniela se sirve el café y después la leche, pero usa el azúcar normal. Cada uno con sus hábitos únicos, el mismo puesto, la misma taza.

‘Mama podrías comprar aquellos bizcochos de arroz y leche de Danone con sabor a chocolate. Buenísimos!’

Daniela mira a Babi buscando una aprobación que no consigue.

‘A mi me debes traer los bizcochos integrales, que se están acabando.’

‘Si no lo escriben no compro nada.’

Daniela se para y agrega a la lista del mercado que esta en un mesón cercano los bizcochos de cada una.

‘Daniela, te advierto que esta vez si dejas que se pierdan los pagaras tu.’

‘Pero mama porque me lo dices a mi?’

‘Porque los últimos yogurt de fruta que te gustaban tanto los tuve que botar.’

‘Buenos días a todas! Como están mis esplendidas mujeres?’ Claudio besa a sus dos hijas. Se sienta también en su puesto usual en la esquina de la mesa cerca de Raffaella.

‘Malisimo, no entiendo porque en las mañanas se deben hacer siempre conversaciones largas e inútiles. Hagamos una regla. De mañana no se habla.’

Raffaella se sirve un poco mas de café, y se levanta.

‘Bueno, yo regreso a la cama. Las veo a las dos a la salida de la escuela. Por cierto, dile a Giovanna que hoy no quiero esperar. Dice mama que si no llega rápido, ella se va.’ Le da un beso en el cachete a Claudio y con un ‘Adios tesoro!’ se marcha.

Claudio agarra la cafetera. La abre y mira adentro.

‘Pero es posible que nunca me dejen un poco de café?’

Claudio deja la cafetera en su puesto.

‘Todas las mañanas es lo mismo. No es posible!’

Babi agarra la cafetera. ‘Papa, te preparo uno?’

‘No hay mas tiempo, quiere decir que lo tomare afuera, como siempre. Pero porque no hacemos una cafetera mas grande?’

Daniela pone las tazas en el lavaplatos. ‘Porque no la tenemos.’

‘Entonces comprémosla.’ Daniela le pone enfrente la lista del mercado.

‘Que pasa?’

‘Toma, escríbelo. Mama no quiere tener que acordarse de nada. Cualquier cosa que queramos, se anota.’

Claudio agarra la hoja de las manos de Daniela. Lo lee, después escribe, debajo de ‘biscochos dietéticos’ con paréntesis ‘Babi’, ‘cafetera mas grande’ con paréntesis ‘Claudio que no logra nunca tomar un café.’

‘Listo!’ Cierra el lapicero y la lanza en la mesa. Después se alza tropezando con un taburete que cada mañana se encuentra con su pierna. ‘Estupidos estos taburetes!’ Sale de la puerta de la casa dejándola abierta. Babi y Daniela se miran.

‘Espero que maneje bien. Esta mañana me parece particularmente nervioso.’

‘Son las influencias de la luna. Hoy paso por su signo. Apurate en venir abajo.’

‘Si, apurate, apurate. Siempre termino yo acomodando las cosas.’

‘Y anoche la mesa quien la preparo?! Entonces?!…’

Babi agarra el morral con los libros y sale. Pero Branko le viene a la mente. Después, mientras baja las escaleras, trata de recordar su horóscopo. Que decía la luna? Ah si. Atención a posibles encuentros.


En el patio de la escuela, debajo de las hojas de una gran rama, sobre un largo muro de mármol blanco algunas chicas copian frenéticas las tareas.

‘Pero que dice aquí? Igual…?’

‘X menos uno! Pero no eres capaz siquiera a copiarte?’

‘Pero mira como escribes!’

‘También? No haces nunca nada en casa y te lamentas de cómo escribo? Pero ve que terca eres!’

‘Oh, llego la Catinelli.’

Pallina cierra el cuaderno de matemática y corre a encontrarse con Catinelli junto a otras chicas, todas posibles candidatas de la interrogación de latín.

‘Vamos Ale, apurate que en un rato suena, danos la versión de latín.’ Las chicas esperan enfrente de Catinelli.

‘No, para nada.’

‘Como que para nada?’

‘Que, no escuchan? No quiero que me copien la versión. Esta bien? No entiendo porque no pueden traducirlas en casa por su cuenta, como todos.’

Pallina se le acerca.

‘Anda Ale, no seas así. Disculpa, hoy la Giacci me interroga seguro y también a Festa.’

Una chica del grupo con el uniforme mas desordenado que el resto, igual que sus tareas, asiente.

‘Danos la versión anda! Ella nos reprobara!’

‘Pallina no insistas.’

‘Que pasa Pallina? Que insistes?’

‘Ah hola Babi. Que Ale no nos quiere dar la versión. Tu la hiciste?’

Por un momento la Catinelli no es el centro de atención.

‘No, solo la mitad. Pero se que no esta muy buena. Es que ya me interrogaron. Lo revise, hoy te debería tocar a te y a Silvia Festa, después vuelve a comenzar el ciclo. Pero normalmente interroga a quien tiene insuficiencia.’

La Catinelli trata de alejarse. Pallina la hala por la chaqueta.

‘Escuchaste? Anda, no nos puedes dejar así, nos arruinas a todas!’

‘No entiendo porque no puedes hacer como la Giannetti. Ella después que la hace me llama y la revisamos juntas… así se prepara y el día después le va bien. A su manera, de que les sirve?’

‘Que te importa? De hecho el latín no sirve para nada. Bueno, vas a dar o no la versión?’

‘Ya te lo dije, no. Haz que la Giannetti te la de.’

Pallina sopla. ‘Si, esa siempre llega de ultimo… en cinco minutos suena. Anda, al menos hoy… ultima vez, te lo prometo.’

‘Lo dices cada vez. No, esta vez no. No te la doy!’

La Catinelli se aleja.

‘Pero que estupida. Es un monstruo. Por eso es así de ácida. No tiene a ninguno que la distraiga. Esta claro. Al menos nosotras nos divertidos y agradamos bastante.’ Silvia Festa se acerca a Pallina.

‘Si, pero creo que a mi mama no le agradara bastante el tres que me dará la Giacci por no haber hecho la versión.’

‘Toma, usen la mía.’ Babi saca del morral su cuaderno de latín y lo abre en la ultima pagina.

‘Al menos pueden decir que intentaron. La habrán hecho por la mitad pero es mejor que nada. Digan que se pararon en esperavisse. Es un verbo que no se de donde rayos viene. De hecho, lo he buscado por un cuarto de hora pero no logre encontrarlo. Después me moleste y merendé. Un yogurt ligero, sin azúcar, terrible. Casi tan ácido como la Catinelli.’ Todas ríen.

Pallina agarra el cuaderno y lo apoya en el muro. Lo pone en medio de todas. ‘Es cierto, el estudio hace engordar. Siempre he dicho, si hubiera hecho la tarea de lingüística tendría cuatro kilos mas.’ Pallina comienza a copiar seguida de Silvia y las demás muchachas, todas posibles victimas de la terrible Giacci.

De las grandes ventanas de la clase se ven prados poco lejanos. Algunos niños, vestidos iguales, juegan corriendo entre la hierba. Una maestra ayuda a alzar a uno que se ensucio de verde su delantal blanco. El sol pega en los pupitres. Babi mira distraída la clase. La Benucci ha resistido menos de lo normal. Esta allí, con las manos debajo del pupitre, tratando de traficar con su pizza roja. Pica un pedazo y con los dedos cubiertos de tomare se la lleva veloz a la boca. Después comienza a masticar, fingiendo indiferencia, con la boca cerrada, escuchando la lección como si nada sucediera. Babi presta por un momento atención a la explicación de la Giacci. Una joven mujer del ochocientos que no sabia para nada montar caballo ha decidido de probar de todas formas. Y se ha caído. Babi no escucho tan atentamente para saber si se hizo mal o no. La única cosa segura es que alguno, verdaderamente corto de ideas, ha tratado de hacer una especie de novela romántica.

‘Bien. Esta Oda, a Luigia Pallavicini caída del caballo, la traen para el lunes.’ La otra cosa segura es que la tendría que estudiar. La campana suena. La Giacci cierra el registro.

‘Voy a la sala de profesores a buscar el registro de latín. Las dejo solas. No hagan alboroto.’

Las muchachas salen todas de sus pupitres. Tres de ellas antes que la profesora se marche logrando conseguir el permiso de ir al baño. En realidad solo una va por razones fisiológicas. Las otras dos entran en un único baño y se dividen felices el mismo vicio. Una agradable Merit en la cara de todos aquellos que la indican como el cigarrillo que hace mas daño. Regresa la Giacci. Todas las muchachas regresan a sus puestos. Escuchando atentas la explicación acerca de la métrica latina. Alguna marca los acentos y copia la frase escrita en la pizarra. Alguna otra, segura de ser interrogada, repasa la versión. La Benucci no logra resistir. Pica de nuevo la pizza. Dos chicas mas atrás mastican Vigorsol. Tratan de alejar el olor de la nicotina. Otra en el fondo de la clase sigue tranquila la lección. Su dolor de barriga se marcho.

‘Ahora para el próximo miércoles traen desde la pagina 242 a la 247: traducción y lectura en métrica con conocimientos perfectos de las reglas del acento.’

Babi abre el diario y marca debajo del miércoles las tareas por hacer. Después, casi sin quererlo lo hojea, yendo para atrás. Paginas coloreadas y llenas de escrituras pasan por sus ojos. Fiestas, cumpleaños, frases simpáticas de Pallina, notas de las tareas en clase. Opiniones acerca de películas vistas en el cine, amores posibles, imposibles, pasados.

‘Marco T.Q.M.’ Se detiene. Mira esa escritura en rojo, ahí en el fondo de la pagina. Un pequeño corazón cerca. Noviembre. Si, era noviembre. Y ella estaba locamente enamorada.


Noviembre. Un año antes.

‘Mama llego algo para mi?’

‘Si, hay una carta allá en la cocina. Te la puse en la mesa.’

Babi corre rápido a la cocina, consigue la carta. Reconoce la letra y la abre feliz. Son cuatro meses que están juntos. Su historia mas larga. En realidad, prácticamente, su única historia. Lee la carta.

Querida Babi,

En este día tan importante (el descubrimiento de América? Mas grande! El primer hombre en la luna? Mucho mas grande! La inauguración del Gilda? Casi casi!)… Hey, pequeña. Estoy bromeando! Hoy son cuatro meses que estamos juntos y he decidido que para ti debe ser un día especial, feliz, bellísimo, romántico. Estas lista? Agarra la Vespa en el garaje y sal. Porque ha iniciado tu ‘busqueda del tesoro’. ‘Tesoro’ en el sentido del amor. Justo lo que siento por ti. Marco.

P.D. El primer mensaje es: ‘hay una villa adonde vas, pero de noche nunca jamás, I on the left y el árbol tree, I en ingles, eso si. Si tu comienzas a buscar, alguna cosa vas a encontrar, estas lista? Ya!’

Babi cierra la carta y piensa. La villa es Villa Glori, donde siempre voy a correr. En ingles? Pero por quien me toma? Es fácil, es el tercer árbol apenas entrando a la izquierda.

‘Mama, voy a salir.’

‘Donde vas?’

‘Debo llevar algo donde Pallina.’

Babi se mete la chaqueta.

‘A que hora regresas?’

‘A la cena. Estudiare donde ella.’

Raffaella aparece en la puerta.

‘Te aconsejo, no llegues tarde!’

‘Cualquier cosa te llamo.’

Babi sale veloz, después se para en la puerta y gira hacia atrás. Besa rápidamente a su mama en el cachete y se marcha. Llegando al patio abre lentamente, sin hacer ruido, la abertura del garaje. Saca afuera la Vespa, después, sin prenderla, va por la bajada. Justo cuando da la curva, mira arriba. Raffaella esta asomada al balcón, sus miradas se encuentran.

‘Mama, en autobús tardo mucho.’

‘Llevate al menos una bufanda.’

‘Subire el cuello de la chaqueta, no tengo frió, de verdad. Chao.’

Babi mete segunda. La Vespa da una pequeña frenada, después se enciende de golpe y sale adelante con el motor encendido.

Babi baja la cabeza pasando por un pelo debajo de la barra que Fiore ha alzado a tiempo. Recorre toda la calle Francia y llega a la Villa Glori. Aguanta la moto y entra corriendo en la villa. Algunas mujeres llevan sus niños de paseo. Cualquier atlético chico trota. Babi se avecina al tercer árbol a la izquierda. Abajo, cerca de las raíces, hay un pequeño montón de hojas reunidas. Lo quita. Debajo se escondió un empaque de plástico. Lo agarra. Cómplice y feliz regresa a su vespa. La abre. Dentro hay una bellísima bufanda de cachemir azul y un papel:

De seguro no tenias una, nunca te he visto alguna, tus amígdalas siempre están rojas, y no hay momento que no tosas. Bien cubierta ahora vas, al centro de la RAI. Allí en las piedras hay un caballo, te esta esperando, cero fallos.

Babi se monta en la Vespa y sonríe divertida de ese romántico juego. Se mete la bufanda en el cuello. Esta caliente y suave. Un buen regalo. Es útil, debido al frió que hace. Mama tiene razón. Marco es de verdad un tesoro. Claro que fue un poco imprudente. Y si la hubiera encontrado alguien mas? Menos mal que llego a tiempo.

Enciende la Vespa y va a toda velocidad hacia Plaza Mazzini. Se para enfrente del pequeño patio delimitado por una alta puerta eléctrica. Babi baja de la Vespa y entra. El guardia la mira curioso. Después dedica toda su atención a un señor con una maletilla deseoso de información. Babi se aprovecha. Se avecina al caballo. Sobre su panza con un lazo blanco esta una flecha que indica hacia abajo. Piensa que Marco esta loco. Mira mejor. Hay otro paquete. Lo agarra. El guardia no se da cuenta de nada. Esta vez consigue un par de lentes. Esos bellísimos Ray-Ban, ultimo modelo, esos pequeños rectangulares. Naturalmente hay otro papel. La próxima pista es una dirección. Via Cola de Rienzo 48. La Vespa sale a toda velocidad. Un poco por el cambio que le hizo Daniela, igual que muchos otros, para hacerla correr mas fuerte y un poco también por la creciente curiosidad.

Babi llega a la nueva dirección. Es un negocio. Lo mira sorprendida. Es un negocio de ropa intima. Sus simples modelos de algodón blanco siempre se los había comprado su madre. Babi entra indecisa. Se mira alrededor. Una joven vendedora esta detrás de un escaparate metiendo los trajes de corte gris que acaban de llegar. Babi lee el final de su papel. Si tu nombre dirás, nuevas cosas usaras.

La vendedora la ve y se le acerca.

‘Puedo ayudarla?’

‘Creo que si, soy Babi Gervasi.’

‘Ah, claro.’ La vendedora le da una sonrisa simpática. ‘La estábamos esperando.’ Va detrás de la caja. ‘Estos son para ti. Elija el que mas le gusta.’ Saca tres combinaciones de ropa intima en el mostrador. Todos son de corte. El primero es entero, negro con diseños transparentes y sutiles hombros. El segundo es de dos piezas, rosa pálido, con diseños transparentes ligeramente mas claros. El ultimo es color ciruela, con las hombreras suaves y las panties ligeramente cortas. Babi las mira. Repara en todos sin tener el coraje de alzar la cabeza. Esta apenada. La vendedora, notándolo, trata de ayudarla.

‘Creo que este es el mejor para usted.’ Agarra el pedazo de arriba de la combinación rosa pálido mostrándolo. ‘Tiene una piel tan clara, le quedara bien.’

Babi alza tímidamente los ojos. ‘Si, yo también lo creo. Entonces agarro este, gracias.’ Babi se aleja del mostrador esperando que la vendedora gentil lo meta en un paquete, mira alrededor el negocio. Un frió maniquí viste un traje muy sexy. Babi se lo imagina puesto. Le parece natural, después de esa dramática elección.

‘Señorita?’ Babi se voltea hacia la chica. ‘Bueno, el muchacho que vino, que creo que es su novio…’

‘Si, de alguna manera.’

‘Me ha dicho que, después de haber elegido, debía ponérselo.’

‘Pero… verdaderamente…’

‘Si no me ha prohibido absolutamente darle el próximo papel. Ha dicho así…’

‘Si, entiendo. Gracias.’

Babi agarra la ropa y va hacia el vestidor. La vendedora a través de la tienda le da una bolsa del negocio. ‘Tenga, aquí adentro puede meter el viejo.’ Babi se cambia. Después se mira en el espejo. La joven tenia razón. Aquellas dos piezas le quedan buenísimo. Un pensamiento le atraviesa la mente. Que dirá mi madre cuando vea estas cosas entre la ropa de lavar? Debo decir que fue Pallina que me dio el regalo, así, para echarme broma. Quizás junto con Cristina o alguna otra. Babi se viste y sale del vestidor. La vendedora se confía. Sin mirar adentro de la bolsa, le da el nuevo papel. La joven soñadora, mira como se marcha. Es bastante linda para que alguno haga aquel juego con ella también. Sin embargo, esa tarde con su novio se dará cuenta que no el no es así de fantasioso. Seguramente deberá apurarse. Ciertas locuras son verdaderamente divertidas solo a cierta edad.

Babi se pone un poco a pensar cual es la nueva pista. Al final va a los Dos Pinos. En el jardín cerca de su escuela hay un banco donde siempre se besa con Marco. Allí abajo hay una bolsa con un billete de la lotería Agnado y un nuevo mensaje. La búsqueda continua. Va a una pequeña joyería en el centro y le obligan a cantar una canción enfrente a algunos clientes. Una vendedora le da bellísimos zarcillos turquesas y otro papel. En Benetton la espera una chaqueta con una falda vinotinto. El próximo mensaje la lleva a un negocio en Via Veneto donde, resolviendo un rompecabezas, recibe un par de bellísimos zapatos de piel combinados con el vestido. De ahí la búsqueda la lleva a Viña Stelluti. La vieja floristería antes de la plaza a la derecha le da una bella orquídea y otro mensaje. En Euclide ahí vecino le fue pagado su postre preferido. Mientras Babi come una de esos pasteles con crema y pedazos de fruta encima, la cajera le da el ultimo papel: tu postre predilecto, ya te lo gastaste, hay algo que faltaste… o quizás ya te parece estresante? Si no puedes vivir sin ‘I’ ve donde empezaste.

Babi come el ultimo pedazo del pastel, aquel del medio, con el pedazo de la uva. Se limpia la boca, después se marcha. Enciende la Vespa y baja por la Viña Stelluti. Si su madre la viera en ese momento, no la reconocería. Tiene un bellísimo traje vinotinto, elegantes zapatos de piel, los Ray-Ban pequeños, esplendidos zarcillos turquesa, una orquídea entre los cabellos y en el bolsillo una riqueza potencial, el billete de la lotería. Raffaella, si la viera, estaría feliz. Ahora Babi tiene también una calida bufanda de cachemir alrededor del cuello.

Babi gira en plaza Euclide y se para enfrente de la reja de Villa Glori. Justo donde inicio la búsqueda del tesoro. Reconoce el GT azul oscuro. Comienza a correr. Marco esta allí, apoyado al árbol. Babi corre a su encuentro y lo abraza. Marco saca de detrás de la espalda una rosa que tenia escondida hasta ese momento.

‘Ten tesoro. Feliz mesiversario.’

Babi mira feliz la rosa. Después lanza de nuevo sus brazos a su cuello y lo besa con pasión. Esta de verdad enamorada. Como no podría estarlo después de todo esto? Marco la alega ligeramente, siempre agarrandola por la espalda.

‘Dejame ver… estas bellísima así. Eres muy elegante. Pero quien te eligió todas estas bellas cosas?’

Marco le arregla la bufanda azul alrededor el cuello. Babi lo mira sonriendo con sus grandes ojos azules.

‘Tu, tesoro.’

Marco la abraza. Van hacia la salida.

‘Puedes dejar la Vespa aquí?’

‘Porque, a donde vamos?’

‘A agarrar un aperitivo y después a comer algo.’

‘Debo avisarle a mi madre.’

Babi se monta en el GT. Marco gentilmente se ocupa de meter el candado a la rueda anterior de la Vespa. Después se monta en el carro y se aleja veloz en el trafico de la noche. Babi telefona a su mama. Están jugando a las cartas en casa de los Bonelli. Raffaella es tan concentrada con las cartas que escucha distraída el cuento de Babi. Se va a comer una pizza. Esta Marco pero naturalmente hay un grupo de amigas. La Vespa la deja donde Pallina, la iría a buscar el día después, Marco le ha regalado una bufanda. Justo la ultima noticia es la que alegra a Raffaella. Babi tiene permiso de ir.

Comen en el Matriciano, una pizzería-restaurante en la vía Gracchi in Prati, muy famosa porque van actores y personajes notables.

Hablan de la búsqueda del tesoro. Babi le dice cuanto se divirtió. Cuanto le gusto todo, cuanto serian envidiosas sus amigas. Marco habla poco, pero no logra esconder lo orgulloso que esta de la idea.

Se burla del hecho que fue a Villa Glori, preocupado que ella no hubiera entendido algún mensaje y nunca hubiera llegado. Babi se hace la ofendida. Marco le sonríe. Babi se toca los cabellos. El la acaricia la mano. Entra un notorio actor con una bella chica aun no famosa. Se volverá rápido, al menos en alguna novela o reality, juzgando por su comportamiento. Un mesonero saluda al actor y le consigue rápido un puesto. Babi lo mira. Se gira varias veces a mirarlo y le dice a Marco. El le sirve de beber fingiendo suficiencia y desinterés a esa noticia. La mayor parte de las personas del loca se comportan como Marco. Algunos no resistiendo se voltean a mirar al actor. Algún otro lo saluda, orgulloso de poder demostrar que es su amigo. El actor regresa los saludos, después le confía a la bella chica que no sabe quien será esa gente. Ella ríe mas o menos honestamente. Quizás se convertirá de verdad una discreta actriz. Muchos continúan a comer fingiendo como si lo vieran todos los días. En realidad no se entiende muy bien porque el Matriciano es tan famoso. La gente va para encontrarse a personajes famosos, pero cuando estos llegan todos fingen de no verlos.

Mas tarde dan un breve paseo en el centro. Entran en Giolitti y piden un helado. Babi casi pelea con el camarero para tener doble sirop. Marco paga un adicional tratando de contentarla. Después, discutiendo todavía del helado, del camarero, de Giolitti y del doble sirop casi no se dan cuenta de terminar en casa de Marco. Abren la puerta lento para no despertar a los padres. Caminan en las puntas de los pies hasta su cuarto. Cierran la puerta y con un poco de tranquilidad prenden la radio. La tienen baja. Un tierno beso la lleva a la cama. En Tele Radio Stereo una calida voz femenina anuncia otro disco romántico. Un poco de luna entra por la ventana. En esa mágica penumbra, Babi se deja acariciar. Lentamente Marco se apodera del vestido que le ha regalado. Ella se queda en ropa intima. El la besa entre el cuello y la espalda, acariciándole los cabellos, le toca el seno, el pequeño abdomen liso. Después se la lleva encima y la mira.

Babi esta allí, encima de el. Tímida y ligeramente asustada, lo mira. Marco le sonríe. Sus dientes blancos aparecen en la penumbra.

‘Estaba segura que elegirías este. Estas bellísima.’

Babi abre los labios. Marco se inclina hacia ella besándola. Ella, casi inmóvil, delicada y suave, responde su beso. Esa noche en Tele Radio Stereo pasaron las mas bellas canciones compuestas en el mundo. O al menos así les parece a ellos. Marco es dulce y tierno e insiste a largas para tener algo mas. Pero no sirve de nada. Tiene solo el placer y la fortuna de ver como ella esta sin la parte de arriba, nada mas. Mas tarde la lleva a casa. La acompaña hasta su puerta y la besa tiernamente escondiendo esa extraña rabia. Después regresa manejando veloz en la noche. Se recuerda esa canción de Battisti que hablaba de una chica igual a una torta de vainilla decorada. Una chica feliz de no ser comida.

‘Practicamente igual a ella, y yo solo he probado solo una cucharadita.’ Después piensa en toda la búsqueda del tesoro, en cuanto ha gastado. El tiempo que tardo por hacer esas frases que rimaran. Los lugares que eligió y todo el resto. Entonces gira y decide de ir al Gilda. Otro pensamiento le quita hasta el ultimo escrúpulo. Aparte de todo el resto, Babi logro tener su helado con doble sirop.


Los recuerdos…

De repente hay un extraño silencio. La clase esta como inmóvil, en el aire. Babi mira las chicas alrededor de ella, sus amigas. Simpáticas, antipáticas, flacas, gordas, bellas, feas, tiernas. Pallina. Alguna hojea veloz el libro, otra releen preocupadas la lección. Una, particularmente nerviosa, se masajea los ojos y la frente. Alguna otra baja la cabeza tratando de esconderse. Es el momento de las interrogaciones. La Giacci pasa su índice castigador por el registro. Es toda una escena. Ya sabe donde pararse. ‘Giannetti!’ Una chica se alza dejando en el pupitre sus esperanzas y un poco de su color. ‘Festa.’ También Silvia agarra su cuaderno. Logro copiar la versión por un pelo. Avanza entre dos filas de pupitres, y después va a la cátedra y deja el cuaderno. Se para también cercano a la puerta, de lado a la Giannetti. Las dos se miran desconsoladas, tratando de hacer fuerza en aquella dramática suerte común. La Giacci alza la cabeza del registro y mira alrededor. Algunas chicas sostienen su mirada para mostrar que están seguras y tranquilas. Una farsante preparada sopla vistosamente, casi ofreciéndose. Todos los corazones saltan un poco acelerando.

‘Lombardi.’

Pallina se alza. Mira a Babi. Parece darle el último adiós. Después se dirige hacia la cátedra, ya condenada a la insuficiencia. Pallina agarra puesto entre la Giannetti y Silvia Festa, que le sonríe. Después le susurra ‘Tratemos de ayudarnos’ que hace caer a Pallina en la incomodidad total. La primera a ser interrogada es la Giannetti. Traduce un pedazo de la versión, equivocándose en algún acento. Trata desesperadamente algunas palabras que en italiano rinden bastante. No consigue nunca de que verbo viene un difícil pasado pretérito. Adivina por suerte el participio futuro, pero no le llega nunca el gerundio. Silvia Festa duda en la primera parte de la traducción, la más fácil. No adivina un verbo, no se acerca siquiera. Admite prácticamente de haber copiar la versión. Cuenta después una extraña historia de su madre que no esta bien, como ella del resto, en ese momento. No se sabe como, declina perfectamente un nombre de la tercera. Pallina se queda muda. Le ha tocado la tercera parte de la versión. La mas difícil. La lee veloz sin equivocar un acento. Pero allí se detiene. Trata una traducción de la primera frase. Pero un adjetivo en el lugar equivocado le esta dando una interpretación muy fantasiosa. Babi mira preocupada a la amiga. Pallina no sabe que hacer. Desde su puesto Babi abre el libro. Lee el pedazo de la versión. Revisa la frase traducida correctamente en el cuaderno de la compañera cómplice. Después con un ligero susurro llama la atención de Pallina. La Giacci con aires de suficiencia fastidiada mira afuera de la ventana, esperando respuestas que no llegan.

Babi se extiende en el pupitre y escondida por la de adelante, sugiere a su amiga del alma la perfecta traducción del pedazo. Pallina le manda un beso con la mano, después repite a voz alta, en el orden exacto, todo aquello que Babi apenas le ha sugerido. La Giacci, escuchando las palabras justas en el orden correcto, se voltea hacia la clase. Es todo muy perfecto para que sea solo suerte. En la clase todo se vuelve normal. Todas las muchachas regresan a su puesto, inmóviles. Babi, sentada correctamente, mira a la Giacci con ojos ingenuos e inocentes. Pallina casi tentando a la suerte sonríe. ‘Me disculpa profesora, pero estaba confundida y me bloquee, pero le pasa hasta a los mejores, no?’ Después de la traducción normal comienzan las preguntas acerca de los verbos, y acerca de eso se siente mas segura. Lo peor había pasado. La Giacci sonríe. ‘Muy bien Lombarda. Escuche, traduzca ahora una otro pedazo, hasta la palabra habendam.’ Pallina recae en la inseguridad total. Lo peor esta por venir. Afortunadamente la Giacci regresa a mirar afuera. Babi lee la traducción de la nueva frase, después espera algún segundo. Esta todo tranquilo. Se extiende en el bando para soplarle de nuevo a la amiga. Pallina mira una ultima vez a la profesora. Después mira hacia Babi lista para repetir el juego. Pero justo en ese momento la profesora se gira lentamente. Mira enfrente al escritorio y agarra a Babi in fraganti. Con la mano alrededor de la boca. Babi, casi advirtiendo la sensación de ser descubierta, se voltea de golpe. La ve. Sus miradas se cruzan a través de las espaldas de algunas compañeras inmóviles. La Giacci sonríe satisfecha.

‘Ah, muy bien. Tenemos una chica verdaderamente preparada en esta clase. Gervasi, viendo que sabe todo, venga aquí a traducir el resto de la versión.’

Pallina sintiéndose culpable interrumpe a la Giacci.

‘Profesora, lo siento, es mi culpa, yo fui la que pidió las explicaciones.’

‘Muy bien Lombardi, lo aprecio. Es muy noble de su parte. Nadie le discute que no sabia absolutamente nada. Pero ahora quiero escuchar a Gervasi. Venga, venga por favor.’

Babi se alza pero se mantiene en su puesto.

‘Profesora, no estoy preparada.’

‘Esta bien, vengase igual, venga.’

‘No veo porque debería ir allá a decirle la misma cosa. No estoy preparada. Me disculpa, no pude estudiar. Pongame un nota que no preparada.’

‘Buenisimo entonces le pondré dos, esta feliz?’

‘Casi como la Catinelli cuando raspa en las versiones!’ En la clase todos ríen. La Giacci bate la mano en el registro.

‘Silencio. Gervasi traiga el diario: quiero ver si será feliz también de la nota que deberá hacer firmar. Y sobretodo me hará saber que tan feliz será su madre.’ Babi lleva el diario a la profesora que escribe algo veloz y con rabia. Después cierra el diario y se lo devuelve.

‘Mañana lo quiero ver firmado.’ Babi piensa que hay cosas peores en la vida, pero quizás es mejor no darle mucha publicidad a ese pensamiento. Regresa en silencio a su puesto. Silvia Festa logra un cinco. Es demasiado para su pobre interrogación. Pero quizás fueron premiadas las excusas. También en esas debe tratar de mejorar. Con todos esos inventos tarde o temprano su mama morirá.

Pallina regresa al pupitre con un bello cuatro, que de noble no tiene nada. La Giannetti logra tener por un pelo la suficiencia. La Giacci escribiendo su nota le dedica también un proverbio latino. La Giannetti hace una mueca extraña disculpándose por no saber bien que decir. En realidad, no ha entendido nada. Mas tarde, su compañera de pupitre, la Catinelli, le traduce eso también. Es la historia macabra de uno con un solo ojo que es feliz de vivir en un lugar llego de ciegos. Babi abre el diario. Va al final, en las últimas páginas. Cerca al elenco alfabético de sus compañeras ha puesto las hojas donde marca todas las que han sido interrogadas. Pone las ultimas rayas en la hoja de latino a Giannetti, Lombardi y Festa. Con la de Silvia termina el segundo giro de interrogaciones. Después Babi mete una raya cerca de su nombre. La primera interrogada del nuevo ciclo. Nada mal comenzar con un dos. Por suerte las otras notas son altas. El promedio de matemática le da todavía un seis. Cierra el diario. Una compañera de la fila lateral le lanza un papelito a su pupitre. Babi lo esconde rápido. La Giacci esta eligiendo la nueva versión para la próxima semana. Babi lee el papel.

Increíble! Fuertísimo! Estoy orgullosa de tener una amiga así. Eres la mejor. P.

Babi sonríe, entiende rápido por que esta la P. Gira hacia Pallina y la mira. Es muy simpática. Mete el papel en el diario. De repente se recuerda de la nota. Va rápido a leerla.

A la gentil señora Gervasi. Su hija ha venido a la lección de latín completamente no preparada. Como si no bastara, al ser interrogada, ha respondido de forma impertinente. Deseo hacerle saber de su comportamiento. Cordialmente, profesora A. Giacci.

Babi cierra el diario. Mira a la profesora. Es de verdad una idiota. Después piensa en su madre. Una nota, probablemente la castigara. Le dará un sermón largísimo. Y quien sabe que otra cosa. De una cosa esta segura. Su mama no le dirá ‘Fuerte Babi, eres la mejor.’


Un perro lobo corre veloz en la playa con un bastón en la boca. Dobla las piernas y rápido la regresa, casi deslizando en la arena, alzándose entre las olas de la orilla. Alcanza a Step. Se deja quitar el bastón de la boca babeando un poco. Después se acuesta, con la cabeza doblada entre las piernas delanteras, unidas, cercanas al suelo. Step hace como si fuera a tirar el bastón a la derecha. El perro se pone atento, pero después se da cuenta que seria inútil. Step lo engaña de nuevo.

Al final lanza el bastón lejos, en el agua. El perro sale. Se lanza al mar sin dudas. Con la cabeza alzada avanza entre cualquier pequeña onda y leves corrientes. El pedazo de madera flota un poco mas allá. Step se sienta a mirar. Es un bello día. No hay nadie todavía. De repente, un fuerte sonido. Una gran luz. El perro desaparece. El agua también, el mar, las montañas lejanas, las colinas a la derecha, la arena.

‘Que rayos sucede?’

Step gira en la cama cubriéndose la cara con la almohada.

‘Que coño es esta invasión?’ Pollo después de subir las persianas abre la ventana.

‘Mama mía, que olor! Mejor que abramos un poco. Ten, te trajo sándwiches.’ Pollo lanza la bolsa verde que dice Euclide en la cama. Step se alza y se estira un poco.

‘Quien te abrió, Maria?’

‘Si, esta haciendo el café.’

‘Pero que hora es?’

‘Las diez.’

Step finalmente se para de la cama.

‘Pero no me podías dejar dormir un poco mas?’

Step va al baño. Agarra la tapa del inodoro que lanza contra la cerámica haciendo un rumor seco. En el cuarto, Pollo abre el periódico ‘Corriere dello Sport’ y alza un poco la voz.

‘Me debes acompañar a retirar la moto donde Sergio. Me ha llamado diciendo que esta lista. Ah, has visto que la Lazio ha confirmado a Stani, el defensor del Manchester. Muy bueno ese Jaap.’

Pollo comienza a leer un articulo, después, sintiendo que Step no termina:

‘Pero que, te bebiste un río?’

Step presiona la manija para bajarla.

Regresa en el cuarto, agarrando el paquete de Euclide.

‘Te lo justifico solo porque llegaste con estos.’

Después va a la cocina seguido por Pollo. La cafetera humeando fue puesta en una tabla de madera. Cerca esta una jarra con la leche calentada y un cartón normal azul con leche fría entera.

Maria, la señora de la limpieza, es una pequeña mujer de casi cincuenta años. Sale de la cuartito cerca donde apenas ha terminado de planchar.

‘Maria ves a este?’ Step indica a Pollo. ‘Cualquiera que haga o diga, en esta casa el no debe entrar antes de las once.’ Maria lo mira un poco preocupada.

‘Le he dicho que usted quería dormir. Pero sabe que me respondió? Que si no abría derribaba la puerta.’ Step mira a Pollo.

‘Le has dicho así a Maria?’

‘Bueno de verdad…’ Pollo sonríe. Step finge estar molesto.

‘Le has dicho eso? Me asustas a Maria…?’ Step agarra en el aire el cuello de Pollo llevándoselo debajo del brazo e inmovilizándole la cabeza. ‘Le has dicho así, eh? Haces de nazi aquí en mi casa y te buscas problemas.’ Agarra la llama de la leche hirviente y se la acerca a la cara.

Pollo siente el calor y grita exagerando. ‘Ay Step, quema… anda coño, me duele.’ Step lo aprieta un poco mas.

‘Ah, dices puras groserías, ahora estas loco. Dile disculpas a Maria rápido. Adelante, pidele perdón.’ Maria mira preocupada la escena. Step avecina aun mas la llama a la cara de Pollo.

‘Ay, me quemaste. Discúlpame Maria, disculpa.’ Maria se siente culpable de todo lo que esta sucediendo.

‘Step déjalo. Me equivoque. No dijo que tiraba la puerta. Soy yo la que entendió mal. Eso, dijo que pasaba mas tarde. Si, ahora recuerdo, ha dicho justo así.’ Step suelta a Pollo. Los dos amigos se miran. Después comienzan a reír. Maria los ve sin entender muy bien. A un cierto punto Step para.

‘Esta bien Maria. Gracias. Este tipo necesitaba una lección. Puedes ir para allá. Veras que de hoy en adelante se comportara mejor.’

Maria mira arrepentida a Pollo. Con un guiño trata de hacerle entender que no quería que llegara a tanto. Después agarra las cosas apenas planchadas y las lleva hacia los cuartos. Step divertido la mira alejarse. Después se voltea donde Pollo. ‘Pero que, eres tonto? Me aterrorizas a la camarera?’

‘Pero ella no me quería abrir.’

‘Bueno, tu pides por favor no? Que haces, le dices que vas a tumbar la puerta? La próxima vez te quemo en serio esa cara que tienes.’

‘Entonces déjame las llaves, no?’

‘Si, para cuando no este me pules la casa.’

‘Que, estas bromeando? De verdad piensas que podría hacer una cosa así?’

‘No, la verdad no. Lo dudo pero es mejor no darte la posibilidad.’

‘Que infame eres, regrésame rápido mis sándwiches.’

Step sonríe y desaparece uno inmediatamente devorándolo. Pollo abre el periódico y se hace el ofendido. Step se sirve el café. Después le echa café caliente y un poco del frió. Después mira a Pollo. ‘Quieres un poco de café?’

‘Si, gracias.’ Responde con seriedad. No esta todavía dispuesto a ceder del todo. Step le echa un poco en una taza.

‘Anda, me baño y te acompaño a buscar la moto.’ Pollo bebe un poco del café.

‘Hay solo un pequeño problema. Me faltan doscientos euros.’

‘Pero como, con todas las cosas que agarraste anoche?’

‘Tenia un saco de deudas. Debí pagar la comida, la tintorería y después debía restituirle dinero a Furio, el del Toto.’

‘Como carajo juegas siempre en el Toto Nero si no tienes nunca un euro.’

‘Es por eso, tengo a la suerte. Aunque guarde ciento cincuenta euros para la moto, Sergio llamo y dijo que tuvo que cambiar el otro pistón, cojines y el resto. Después cambio de aceite completo y otras cosas que no recuerdo. Moraleja: cuatrocientos euros. La moto me sirve. Esta noche es la carrera, debería subirla al menos a cien. Tu que haces, vienes?’

‘No lo se. Mientras tanto busquemos doscientos euros.’

‘Ya. Sino no se va a ninguna parte.’

‘Tu no vas a ninguna parte.’ Step le sonríe, después va al cuarto de Paolo, su hermano. Comienza a hurgar en las chaquetas. Abre las gavetas del armario. Después pasa a las mesitas de noche. Pollo esta en la puerta y lo ve. Mira alrededor. Step se da cuenta.

‘Que rayos haces ahí parado. Te la das de palo en mi casa? Dale, dame una mano.’

Pollo no se lo hace repetir dos veces. Va hacia la otra parte de la cama. Abre la gaveta de la otra mesita de noche.

‘Tipo prudente tu hermano, no?’ Pollo mira a Step. Tiene en la mano una caja de condones y una sonrisa estupida en la cara.

‘Muy prudente! Tan prudente que no deja mas ni medio euro olvidado.’

‘Bueno, tendría razones. Después de todas las veces que lo limpiamos…’ Pollo se mete tres preservativos en el bolsillo antes de regresar la caja a su lugar. Es optimista. Step trata de conseguir algún escondite posible.

‘Nada que hacer, no hay nada por ningún lado. Yo no tengo ni un euro para prestarte.’ Por la puerta pasa Maria con algunas camisetas y suéteres de Step en la mano derecha y camisas de Paolo perfectamente planchadas en la izquierda.

Pollo le indica con la cabeza. ‘Y a ella? Podemos pedirle?’

‘Pero como! Le debo todavía el dinero de los periódicos de la semana pasada.’

‘Entonces como hacemos?’

‘Estoy pensando. El Siciliano y los demás son mas pobres que nosotros, así que ni hablar. Mi mama esta de viaje.’

‘A donde?’

‘A las islas canarias creo, o a Seychelles. Igual si estuviera aquí no seria el caso.’ Pollo asiente. Sabe perfectamente como es la relación de Step con su mama.

‘Y tu padre? No te los puede prestar?’ Step agarra una camisa apenas planchada y la lanza en la cama donde ya ha preparado los boxers y los jeans.

‘Si, voy hoy a comer con el. Me ha llamado ayer diciendo que debe hablar conmigo. Ya se que me va a decir. Me preguntara que intención tengo acerca de la universidad y el resto. Y yo que hago? En vez de responderle le digo: papa dame doscientos euros que debo retirar la moto de Pollo, eh? Diría que no. Maria!’ La mujer aparece en la puerta. ‘Disculpa, donde esta la chaqueta azul oscuro?’

‘Cual, Stefano?’

‘Es como aquella verde militar, solo que azul marino, la compre el otro día. Es como la de los policias.’

‘Ah, ya se cual es, la metí en el armario de su hermano. Pensé que era suyo.’ Step sonríe. Paolo con una chaqueta del genero. Seria todo un show. El y su ropa. Step va al corredor. Abre el armario. Ahí esta su chaqueta. Fácil de encontrar. Es el único entre tantas chaquetas a cuadros y trajes grises.

Step se aprovecha y comienza a revisar la ropa del hermano, nada que hacer. Después regresa al cuarto. Pollo esta en su cama. Tiene la billetera abierta. Revisa sus finanzas esperando un milagro que no le llego. Lo cierra disgustado. ‘Entonces?’

‘Se feliz. He conseguido la solución.’

‘Y esa seria?’

‘El dinero me lo dará mi hermano.’

‘Y porque debería dártelos?’

‘Porque lo chantajeare’

Pollo esta mas tranquilo. ‘Ah, claro!’ Lógicamente para el, chantajear a un hermano es la cosa mas natural del mundo. Al final se arrepiente ser hijo único.


Paolo, el hermano de Step, esta en su oficina. Vestido elegantemente, sentado en un escritorio, revisando algunas cuentas del señor Forte, uno de los clientes mas importantes de la agencia de finanzas. Paolo ha estudiado en la Bocconi. Graduado con honores, regreso de Milán y consiguió rápido un optimo puesto como agente financiero. No para nada es un Bocconiano. En realidad, el padre con todos sus contactos, lo recomendó. Pero mantener el puesto y tener el aprecio de todo el piso lo logro por su cuenta. Es también cierto que en esa agencia nunca han repudiado a alguien.

Una joven secretaria con una camisa de seda color crema, quizás un poco muy transparente para ese mundo de tasas y fiscales, donde la transparencia no es algo visto diariamente, entra en la oficina de Paolo.

‘Doctor?’

‘Si, dígame.’ Paolo deja de revisar las cartas para dedicarse enteramente al sostén de la secretaria y rápido después a eso que tiene que decirle.

‘Esta su hermano con un amigo. Lo dejo entrar?’

Paolo no da tiempo a inventar una excusa. Step y Pollo entran en su oficina.

‘Claro que me deja entrar. Coño, soy su hermano! Sangre de su sangre, señorita. Nosotros nos dividimos todo. Ha entendido? Todo.’ Step toca el brazo de la secretaria insinuando así a la eventual pero remota posibilidad que a Paolo esa joven y bella muchacha aparte de papeles y lista de llamadas le este pasando otra cosa. ‘Entonces aquí yo puedo entrar siempre, verdad Pa?’

Paolo asienta.

‘Cierto.’ La secretaria mira a Step, estando habituada a tratar con señores mas ancianos y con corbata, lo trata con respeto.

‘Disculpe, no lo sabia.’

‘Bien, ahora lo sabes.’ Step le sonríe. La secretaria se mira el brazo agarrado por Step.

‘Puedo irme ahora?’

Paolo, que gracias a los nuevos lentes no se había dado cuenta de nada, le da el permiso. ‘Claro, gracias, puede irse señorita.’

Quedando solos, Pollo y Step se sientan en dos poltronas giratorias de piel enfrente al escritorio de Paolo. Step se agarra duro. Después da un empujón con el pie.

‘Elijes bien tus secretarias.’ Step da un giro completo y vuelve de frente con el hermano. ‘Di la verdad, te la agarraste no? O lo hiciste o has estado tentado a hacerlo y ella no. En este caso, deberías despedirla, que importa.’

Paolo lo mira molesto. ‘Step, es posible que te deba repetir siempre lo mismo? Cuando vienes acá podrías decir menos groserías, hacer menos alboroto? Aquí yo trabajo. Todos me conocen.’

‘Porque, que hice? He hecho algo Pollo? Dile tu que yo no he hecho nada.’

Pollo mira a Pollo tratando de hacer la cara mas convincente que pudiera. ‘Es cierto, no ha hecho nada.’

Paolo suspira.

‘Es inútil hablar con ustedes dos, es fatiga gastada. Como anoche. Te he pedido miles de veces que cuando regreses tarde vayas lento, y tu nada. Siempre haces un gran alboroto.’

‘No Pa’, disculpa. Ayer regrese y tenia hambre. Que hacia, no comía? Me prepare un bistec nada mas.’

Paolo le da una sonrisa irónica a su hermano.

‘No es que no quiera que no comas. El problema es como lo haces, como haces todo… siempre haciendo ruido, batiendo las puertas, el refrigerador, despreocupado del hecho que soy yo el que duerme, que me debo parar temprano! Y a ti que te importa? Te paras cuando te parece… saliendo del tema, se que hoy vas a comer con papa.’

Step se sienta mejor.

‘Si, porque? Han hablado de mi?’

‘No, me lo dijo hoy. Me llamo antes. Imaginate de que hablaríamos de ti, yo no se nada de ti ahora.’ Paolo mira mejor a su hermano. ‘Solo se que te vistes siempre mal, con esas chaquetas oscuras, los jeans, los zapatos deportivos. Pareces el propio gangster.’

‘Pero yo soy un gangster.’

‘Step, deja tus idioteces. Ahora porque viniste acá? En serio… hay algún problema?’

Step mira a Pollo, después al hermano.

‘Ningun problema, pero me debes dar trescientos euros.’

‘Trescientos euros? Pero que, estas loco? Y que, yo el dinero lo consigo así rápido?’

‘Esta bien, entonces doscientos.’

‘Ni hablar, no te doy nada.’

‘Ah si?’ Step se inclina hacia su escritorio. Paolo asustado se echa para atrás. Step le sonríe. ‘Hey hermano, calma, nunca te haría nada, lo sabes.’ Después descuelga el intercomunicador conectado con la secretaria. ‘Señorita, puede venir un momento?’

La secretaria no le hace caso a la diferencia de voces.

‘Voy rápido.’

Step se sienta cómodo en el sofá, después sonríe a Paolo.

‘Entonces querido hermanito, si no me das rápido los doscientos euros, cuando llegue tu secretaria yo le quitare la ropa interior.’

‘Que…?’ Paolo no tiene tiempo de decir algo mas. La puerta se abre. La secretaria entra.

‘Si, doctor?’

Paolo trata de salvarse. ‘Nada señorita, puede irse.’ Step se alza.

‘No, señorita, disculpe, espere un momento.’ Step va cerca de la secretaria. La chica se queda mirando a todos los tres en silencio sin entender bien que hacer. Esa situación es un poco diferente a esas labores que debe siempre realizar. La secretaria mira interrogativa a Step.

‘Que sucede?’ Step la mira sonriente.

‘Quisiera saber cuanto cuestan la ropa intima que lleva puesta…’

La secretaria lo mira apenada. ‘Pero la verdad…’

Paolo se levanta.

‘Step ahora basta! Señorita se puede ir…’ Step la aguanta con un brazo.

‘Espere solo un segundo, disculpe. Paolo? Dale a Pollo eso que debes y después la señorita se podrá ir!’ Paolo agarra la billetera del bolsillo interno de la chaqueta, saca algunos billetes de cincuenta euros y se los pone con rabia en la mano a Pollo. El los cuenta, le hace una señal a Step que todo esta bien. Step deja ir la secretaria sonriéndole… ‘Gracias señorita, es lo máximo de la eficiencia. Sin usted no hubiéramos sabido que hacer.’

La secretaria se aleja molesta. No es completamente estupida, y sobretodo no la divierte para nada ir diciendo cuando cuesta su lencería intima. Paolo se levanta de la silla y le da la vuelta al escritorio.

‘Bueno, ya tienen el dinero. Ahora fuera de aquí que me molestaron.’ Hace por empujarlos pero después lo piensa. Es mejor golpearlos verbalmente. ‘Step, continua así, terminaras en problemas como siempre.’

Step mira al hermano. ‘Bromeas? Que problemas? Yo no estoy nunca en problemas. Yo y los problemas somos dos cosas que nunca nos hemos encontrado. El dinero se lo debo prestar a un amigo mío, uno que tiene un pequeño problema, todo aquí.’ Pollo le sonríe con gratitud al amigo. ‘Y después Paolo, que imagen tendrá Pollo? Son solo doscientos euros. Pareciera que te hubiera pedido no se que. Estas haciéndolo una historia infinita.’

Paolo se sienta en el bordo del escritorio.

‘No se como, pero contigo termino siempre yo en la ruina…’

‘No digas así, quizás es por estar en esta oficina, a tratar todo ese dinero, te viene una especie de enfermedad y no logras dar, prestar cosas.’

‘Entonces se trata de un préstamo?’

‘Cierto, yo siempre te he restituido todo, no?’ Paolo hace una cara poco convencida. Las cosas nunca son así. Step hace como si no se acordara. ‘Entonces que te preocupa? Te restituiré siempre todo. Aparte, deberías salir un poco, divertirte. Estas tan pálido… porque no vienes a dar un giro en moto conmigo?’

Paolo en un exceso de simpatía se quita los lentes.

‘Que? Estas bromeando? Nunca. Eso es la muerte. A propósito de la muerte… visto que ha estado bien cerca. Anoche fui al Tartarughino y sabes a quien me encontré?’

Step escucha distraído. En el Tartarughino nunca podría ir alguno que le interese. Sin embargo, decide de hacer feliz al hermano. En el fondo le ha dado doscientos euros.

‘No, quien estaba?’

‘Giovanni Ambrosini.’

Step tiene una especie de sobresalto. Un golpe en el corazón. Rápido la rabia se apodera de el, pero la esconde perfectamente.

‘Ah si?’

Paolo continua con su cuento.

‘Estaba con una bella mujer, una mas grande que el. Cuando me vio se preocupo. Parecía aterrorizado. Según yo, tenia miedo que estuvieras tu. Después, cuando vio que no estabas, se tranquilizo. Me ha sonreído y todo. Si así puedes definir a cierta mueca. La mandíbula nunca regreso a su lugar. Y eso lo sabes mejor que yo. Pero se puede saber porque lo has masacrado de ese modo, nunca me lo has dicho…’

Es cierto, piensa Step. El no lo sabe. Nunca lo ha sabido. Step agarra a Pollo bajo el brazo y va a la salida. En la puerta se da la vuelta. Mira al hermano. Esta sentado en su escritorio. Con esos lentes redondos, los cabellos con un corte costoso perfectamente peinados, vestido de manera impecable con la camisa planchada justo como el mismo le enseño a Maria. No, nunca lo ha sabido. Step le sonríe.

‘Quieres saber porque le hice eso a Ambrosini?’

Paolo asiente.

‘Si, quisiera.’

‘Porque siempre me decía que me vistiera mejor.’

Salen justo como entraron. Arrogantes y divertidos. Con ese caminar seguro, un poco de duros. Pasan al lado de la secretaria. Step le dice algo. Ella se queda mirándolo. Después se meten en el ascensor. Llegan a planta baja. Step saluda el portero.

‘Hola Martinelli. Ofrécenos dos cigarrillos, anda.’

Martinelli tira fuera del bolsillo de la chaqueta un paquete suave de cigarrillos baratos. Hace un control con la mano alzando algunos cigarros. Pollo y Step saquean el paquete. Agarran mas de lo debido. Después, sin esperar que el portero las encienta, se alejan. Martinelli mira a Step. Es muy diferente que el hermano. El doctor siempre dice gracias por cualquier cosa.

En ese momento el intercomunicador vecino suena. Martinelli mira el la pantalla. Es de la oficina del hermano de Step. Martinelli descuelga el auricular.

‘Alo doctor Manzini, que desea?’

‘Puede subir un momento donde estoy, por favor?’

‘Claro, llego pronto.’

‘Gracias.’

Martinelli agarra el ascensor y sube al cuarto piso. Paolo esta allí esperándolo en la puerta de la oficina.

‘Entre Martinelli.’ Paolo lo hace acomodarse, después cierra la puerta. El portero se mantiene allí enfrente a el, de pie, ligeramente en desacato. Paolo se sienta. ‘Martinelli, pongase cómodo.’ Martinelli ocupa puesto en el sofá enfrente de Paolo, sentándose con respeto, casi en la punta, preocupado de ocupar mucho espacio. Paolo cruza las manos. Le sonríe. Martinelli se lo devuelve, pero sigue extrañado. Quiere saber el porque del encuentro. Ha hecho algo mal? Se ha equivocado? Paolo suspira. Parece decidido a revelarle el misterio. ‘Escuche Martinelli, usted me debe hacer un favor.’ Martinelli sonríe mas relajado, se tranquiliza y ocupa mas puesto en la silla.

‘Me dice doctor, hago todo lo que desee si se puede.’

Paolo se apoya en el espaldar.

‘No deje entrar mas a mi hermano.’

Martinelli abre los ojos grande.

‘Que doctor? De verdad no lo dejo pasar? Y que le digo? Si ese se molesta se necesitaría a Tyson en la puerta.’ Paolo mira mejor aquel señor tranquilo, con sus grises vestidos combinados con el color de los cabellos y de toda su existencia. Imagina Martinelli paralizando a Step en el portón: ‘Me disculpa, he tenido las ordenes. Usted no puede entrar’. La discusión. Step que se altera. Martinelli que alza la voz. Step que se rebela. Martinelli que lo empuja. Step que lo agarra por la chaqueta, lo bate contra el muro y después seguramente el resto, como un guión…

‘Tienes razón, Martinelli. Fue una mala idea. Déjalo así, me ocupare yo. Hablare en casa’ Martinelli se alza.

‘Cualquier otra cosa doctor, la hago seguro. Pero esta…’

‘No, no, tiene razón. Me que equivocado yo a pedírselo. Gracias, de todas formas.’ Martinelli sale de la oficina, agarra el ascensor y regresa a planta baja. Se las vio feas. Y quien para a ese energúmeno? Saca el paquete afuera. Decide de festejar con un cigarrillo el peligro del que se salvo. Menos mal que el doctor es un tipo comprensivo. No como su hermano. Step le ha robado medio paquete y siquiera ha dicho gracias. Ni una vez.

Y después dicen que ser portero es un trabajo tranquilo. Martinelli suspira, después se enciende una MS.

En el cuarto piso Paolo mira afuera de la ventana. Siente un extraña sensación de satisfacción. Le salvo la vida a Martinelli. Regresa a sentarse. Bueno, sin exagerar. Le ha ahorrado un saco de problemas. Entra la secretaria con algunos fascículos.

‘Tenga, estos son los que me pidió…’

‘Gracias Señorita.’

La secretaria lo mira un momento.

‘Es un tipo extraño su hermano. No se asemejan mucho ustedes dos.’

Paolo se quita los lentes, en el tentativo en vano de ser mas fascinante.

‘Es un cumplido?’

La secretaria miente.

‘En cierto sentido si. Espero que usted no vaya preguntándole a las muchachas cuanto cuestan sus cosas intimas…’

Paolo sonríe avergonzado.

‘Oh no, claro que no.’

Sin los lentes ve poco, pero aun así, sus ojos terminan inevitablemente en la camiseta transparente. La secretaria se da cuenta pero no hace nada.

‘Ah, su hermano me dijo que le dijera que usted es muy bueno conmigo, que no debió haber pagado y dejarlo hacer lo que dijo.’ La secretaria se vuelve extrañamente insistente. ‘Si puedo preguntar… que cosa doctor?’

Paolo mira la secretaria. Su bello cuerpo. Esa falda perfecta e impecable que cubre sus piernas fuertes. Quizás si hermano tenía la razón. Imagina a la secretaria medio desnuda con Step que le quita las panties. Se excita.

‘Nada señorita, era solo un chiste.’

La secretaria se va ligeramente decepcionada. Paolo hace tiempo de colocarse los lentes y poner los ojos en el posterior que se aleja mas o menos profesionalmente.

Diablos! Debí dejar que lo hiciera. Si Step no le hubiera restituido ese dinero, seria estado el peor negocio de los ultimos años. No, no el peor. Aquel lo ha hecho el señor Forte. Ha confiado sus graves problemas fiscales a un agente de finanzas que tiene aun por resolver los problemas familiares. No se puede pasar una mañana discutiendo con el hermano y al final pagarle para que no le quite la ropa interior a la secretaria.

Con un sentimiento de culpa, Paolo regresa a la cuenta del señor Forte.


En una pequeña calle estrecha, dentro de un simple garaje, esta Sergio, el mecánico. Viste una braga azul marino con un rectángulo blanco, verde y rojo de la Castrol en la espalda. No se entiende si fue patrocinado por las carreras que hizo años antes o por todo el aceite que le cambia a las motos. El hecho es que cada vez que le lleven una moto, por cualquier problema que tenga, el, después de haberla probado, siempre termina de la misma manera: ‘Hay que hacerle cualquier trabajito y después un buen cambio completo del aceite.’ Mariolino, su asistente, es un chico de aires despistados. Para el, Sergio es un genio, un ídolo. Un dios de las motos. Cuando trabajan, Mariolino siempre pone el CD de Battisti. ‘Yo, tu, nosotros, todos’. Cuando en esa canción llega el pedazo que dice ‘aquel gran genio de mi amigo, el siempre sabe que hacer, el sabría como ajustar todo’ a Mariolino le sale una grande sonrisa. ‘Caramba, si esa canción habla justo de ti.’ Sergio continua a trabajar, después se lleva una mano a los cabellos, volviéndolos mas grasosos.

‘Cierto, nunca podría hablar de ti. Tu con una herramienta en mano haces solo daños mas que milagros.’

Un viejo Free azul oscuro empujado por un joven tímido con lentes se para en el garaje. Se acercan los dos. El Free tiene la rueda posterior espichada. El joven se quita los lentes y se lava la cara sudada. Sergio agarra la moto. Decidido y seguro quita el cobertor. Parece un cirujano si no fuera porque no usa guantes y tiene las manos sucias de aceite. Igual, un buen cirujano nunca elegiría a un ayudante como Mariolino. El muchacho esta enfrente. Mira preocupado ese lento mecánico tocando su Free. Como el familiar de un paciente, preocupado no de cuanto sea grave la enfermedad, sino mas materialmente, de cuanto podría costarle toda la operación.

‘Hay que cambiar unas piezas, no es un chiste.’

La moto de Step frena enfrente del garaje. Un ultimo rugir da a entender que es VF 750 no tiene necesidad de ser reparada. Sergio se lava las manos con un trapo.

‘Hola Step, que pasa? Algún problema?’ Step sonríe. Mueve la mano afectuosamente sobre el asiento de su Honda.

‘Esta moto no conoce esa palabra. Vinimos a retirar la moto de Pollo.’ Pollo se acerco a su moto. El viejo Kawa 550. La trágica ‘casa de muertos.’

‘Todo esta bien. Debí cambiar los pistones y todo lo que detenía al motor. Pero algunas piezas las agarre usadas.’ Sergio habla de otros trabajos costosos. ‘Y entonces le hicimos un cambio completo de aceite.’ Pollo lo mira. Con el no se juega. Sergio ni lo intenta. ‘Pero eso no te lo meto en la cuenta. Es un regalo.’

Un año antes, Sergio tuvo una violenta discusión y ahora había aprendido a tratar con ellos dos.

Es primavera. Step le lleva su Honda apenas comprada para realizar un control. ‘También mira la cubierta lateral que vibra…’

Cualquier día después, Step regresa donde Sergio para retirar la moto. Paga el precio sin hacer discusiones, incluido el cambio de aceite completo. Pero cuando prueba la moto, la cubierta vibra todavía. Step regresa con Pollo y se lo hace saber. Sergio le asegura que la ajusto. ‘Si quieres te la reviso de nuevo, solo que debes buscar otra cita y naturalmente, pagar el trabajo.’ Como si eso no bastara, Sergio comete un grave error. Se acerca a Step, le da una palmada en la espalda, y se aleja de una mala forma.

‘Y quien sabe como tu uses esa moto. Por eso es que debes tener la cubierta dañada de nuevo.’

Step no aguanta mas. Su moto, junto con Pollo, es la única cosa que conserva de verdad. Y aparte, odia esos que te hablan tocándote.

‘Te equivocas. Es muy fácil dañar las piezas laterales de una moto. Mira eh…’

Step va al fondo a una fila de motos enfrente del garaje. Le da una patada violenta a la primera. Una Honda 1000, roja y pesada se cae sobre esa que tiene al lado. Una 500 Custom conservada perfectamente. También esta cae, sobre una Suzuki 750 y poco mas abajo aun, sobre un SH 50 blanco y ligero. Motos costosas y modernas, motocicletas nuevas y modelos pasados se baten uno sobre el otro con un sonido metálico terrible, terminando en el suelo, empujados por esa onda de destrucción, como un pequeño gran domino, jugado a alto precio.

Sergio trata de detenerlo. Es todo inútil. Hasta el último Peugeot cae a tierra lateralmente, arruinándose el lado. Sergio se queda estupefacto. Step le sonríe. ‘Viste que fácil es?’ Después, antes de que Sergio pudiera decir algo, Step continua: ‘Si no me ajustas rápido la moto, te prendo en fuego tu garaje.’ Después de menos de una hora, la cubierta esta bien. No vibro nunca mas. Step, naturalmente, no pago nada.

El joven espera silencioso en una esquina, mirando preocupado su Free a motor abierto. Sergio entra para tomar el Kawa de Pollo.

‘Esta bien muchacho. Déjame la moto. Veamos que puedo hacerle.’ Esta ultima expresión preocupa aun mas al chico. Piensa justamente que su Free esta en una fase terminal.

‘Cuando puedo buscarla?’

‘Mañana mismo.’ El joven de lentes se alegra con esta noticia. Sonríe y se aleja estúpidamente feliz. Sergio le da las llaves a pollo. El Kawasaki regresa a rugir. El humo sale potente del tubo de escape. Los giros son veloces. Pollo acelera dos o tres veces, después sonríe feliz. Step lo mira. Es de verdad un niño. Pollo sonríe un poco menos cuando Sergio le da la cuenta. Pero se la esperaba. Lo ha arreglado, y cambiar pistones y todo el resto no es un chiste. Pollo le paga. Sergio se mete el dinero en el bolsillo. Naturalmente, no emite factura.

‘Te aconsejo Pollo, espera un tiempo. Ve lento.’ Pollo deja el acelerador.

‘Es cierto, no lo había pensado. Todo este alboroto no sirve para nada.’

Pollo mira a Step.

‘Pero tu si puedes…’

Step, entendiendo a donde quiere llegar, detiene rápido al amigo.

‘Frena. Mi moto no se toca. Te presto todo lo que quieras pero la moto no. Una vez por todas, simplemente quédate mirando.’

‘Si, y que hago?’

‘Haces de fanático para mi. Yo corro esta noche.’

Sergio lo mira con un sentimiento de envidia.

‘En serio van a la Serra?’

‘Vienes no? Si quieres vamos juntos.’

‘No puedo. A propósito, todavía esta Siga allí?’

‘Como no, esta siempre allí.’

‘Bueno, mandale saludos. Tengo que hacer cosas de motos.’

‘Bueno, como quieras. Si cambias de idea sabes donde encontrarnos.’

Pollo y Step se despiden, después meten primera. Pollo acelera un poco para calentar bien el motor. Después escuchando el sonido profundo y seguro se dobla y acelera alzándola. Step lo sigue, alza la rueda de adelante y acelerando se aleja con el amigo en la calle principal. Sergio entra en el garaje. Mira las viejas fotos que pego en el muro. Su moto, las carreras. Era imbatible. Ahora son otros tiempos, pasaron tantos años, es tarde. Recuerda algo que un amigo una vez dijo: ‘Crecer quiere decir nunca mas llegar a doscientos kilómetros por hora.’ Es cierto. Ha crecido. Ahora tiene responsabilidades. Una familia y también un hijo. Sergio se acerca a la vieja radio en el mesón, negro de aceite. Mete el CD de nuevo. Solo tiene esa. Son años que escucha la misma canción.

Probablemente mi papa y mi mama, quien sabe, no me querían, quizás otro hijo, piensa Sergio.

Después mira a Mariolino. Esta ahí, doblado en la moto abierta en medio del garaje. No es solo cosa de genética, piensa Sergio. Mariolino se voltea hacia el.

‘Hey pero que tiene este Free?’

‘Marioli, no ves que ese muchacho es un gafo? La metió donde no debía y bloqueo la rueda. Este Free no tiene nada, sube la cubierta y hazle un buen cambio de aceite. Después ve por que parte esta el obstáculo.’

Mariolino se dobla sobre el Free. Tarda cualquier minuto antes de subir la cubierta. Sergio mueve la cabeza. Es cierto, cuando tienes un hijo no vas mas a doscientos por hora. Cuando tu hijo es Mariolino, no vas mas a ninguna parte. Sergio agarra la chaqueta y se la pone encima de la braga. Decide de arriesgarse y salir igual. ‘Regreso en un rato.’

Mariolino lo mira preocupado.

‘Donde vas papa?’

‘A comprar lo mejor de Battisti. Salio hoy. Es hora de cambiar de música.’


En la Plaza Euclide, enfrente a la salida de la escuela Falconiere, diversos carros se paran en doble fila. Detrás de ellos, otros automóviles, llenos de familiares o encargados de los hijos que van a esa escuela, se aferran a la bocina: el usual terrible concierto postmoderno.

Algunos chicos con sus Peugeot y los SH 50 se paran enfrente de la escalera. También llega Raffaella en ese momento. Consigue un pequeño espacio vacío al otro lado de la calle, de frente a la gasolinera que queda antes de la iglesia, y se estaciona con su carro Peugeot 205 cuatro puertas. Palombi la reconoce. Memorias de la noche anterior, decide que es mejor alejarse.

Alcanza el grupo de chicas a los pies de las escaleras. Conversación del día: la fiesta de Roberta y los desastrosos. Cualquier chico cuenta su propia versión de los hechos. Debe ser cierta juzgando por las señales de golpes que ha recibido. Si fuera porque otro fue el que se los hubiera dado, el resto podría bien ser inventado. Brandelli se une al grupo.

‘Hola Chicco, como te va?’

‘Bien.’ Miente rápidamente. Su amigo, sin embargo, le cree. Ahora Chicco se ha convertido un experto en mentiras. Ha probado todos tipos de mentiras esa mañana cuando su padre vio como quedo la BMW. Que pecado que su padre no sea tan ingenuo como el amigo. No ha creído para nada la historia del robo. Cuando Chicco decidió contarle la verdad, su padre se molesto bastante. De hecho, pensándolo bien toda la historia es absurda. Esos tipos son absurdos, piensa Chicco. Destruirme el carro de esa forma. Aun si mi papa no cree, haré que lo haga. Conseguiré esos ladrones, descubriré sus nombres y los denunciare. Eso haré! Bien! Tarde o temprano los encontrare, estoy seguro.

Chicco se detiene. Sus deseos desaparecen inmediatamente. El no sigue pareciendo feliz. Step y Pollo aparecen a toda velocidad con las motos doblando cerca. Superan en velocidad a un carro. Después se paran a cualquier metro de Brandelli. Chicco, antes de que Step lo reconozco, se voltea en si mismo. Se monta en la Vespa, el único medio que ahora tiene a disposición y se aleja veloz. Step se enciende una de los cigarrillos que le quitaron a Martinelli y se voltea hacia Pollo.

‘Pero estas seguro que es aquí?’

‘Como no. Lo leí en su agenda. Hablamos anoche que saldríamos a almorzar hoy.’

‘Que agallas las tuyas. No tienes ni un euro. Y todavía haces de galán?’

‘Pero que quieres? Te lleve el desayuno. Ahora cállate!’

‘Si, dos míseros sándwiches.’

‘Ah, míseros? Cada día dos sándwiches, al final del mes hacen una cifra. Pero no te preocupes, me ha invitado ella, no pago.’

‘Que loco! Has conseguido una rica que invita. Como es?’

‘Linda. Me parece bastante simpática. Un poco extraña quizás.’

‘Algo de extraño debe tener para decidir de ir a almorzar contigo e invitar. O es extraña, o es muy tonta!’ Step comienza a reírse.

La campana de la ultima hora suena. De lo alto de la escalera salen algunas chicas. Son todas mas o menos uniformadas. Rubias, morenas, castañas. Bajan saltando, como en una carrera, solas o en grupo. Charlando. Alguna alegre por el interrogatorio que le fue bien. Alguna otra molesta por la fea nota que saco en la tarea. Algunas esperanzadas miran abajo al chico apenas conquistado o a aquel que le ha terminado esperando una reconciliación. Otras, menos lindas, miran si esta ese bello, ese que le gusta a todas, los galanes. Aquel que seguramente se volverá novio con una de otra clase. Algunas chicas que fueron a la escuela en moto se encienden un cigarrillo. Daniela baja rápido los ultimos escalones y corre a encontrarse con Palombi. Raffaella mira a su hija y suena la bocina. Le hace seña de ir rápido al carro. Daniela asienta con la cabeza. Se acerca a Palombi y le da un beso rápido en el cachete. ‘Chao, esta mi mama, debo irme. Nos hablamos hoy en la tarde? Me debes llamar a mi casa porque el celular no agarra allá…’

‘Esta bien. Como va el cachete?’

‘Mejor, mucho mejor! Me voy porque no quiero tener una recaída.’

Salen las otras clases. Al final es el chance del ultimo año. Babi y Pallina aparecieron en la escalera. Pollo le da un golpe a Step. ‘Ahí esta, es ella.’ Step mira arriba. Ve algunas chicas mas grandes que bajan por las escaleras. Entre estas, reconoce a Babi. Se voltea hacia Pollo.

‘Cual es?’

‘Aquella con los cabellos negros recogidos, la pequeñita.’ Step vuelve a mirar arriba. Debe ser la chica al lado de Babi.

No sabe porque, pero le gusta saber que no es Babi la tipa extraña que lleva a Pollo a almorzar, e invitándolo.

‘Es linda, yo conozco a la que esta al lado.’

‘En serio? Y como?’

‘Nos bañamos anoche.’

‘Pero que coño dices…’

‘Te lo juro. Pregúntaselo.’

‘Te parece que es momento? Que hago, voy allá y le digo: disculpa, tu ayer te bañaste con Step? Deja de decir cosas!’

‘Entonces se lo pregunto yo.’

Pallina esta viendo con Babi los muchos modos posibles de presentarle la nota a Raffaella, cuando ve a Pollo.

‘Oh, no!’

Babi se gira hacia ella. ‘Que pasa?’

‘Esta el que ayer me quito el dinero de la semana.’

‘Cual es?’

‘Ese de ahí abajo.’ Pallina indica a Pollo. Babi mira en esa dirección. Pollo esta en pies y cerca de el, sentado en su moto, esta Step.

‘Oh, No!’

Pallina mira preocupada a la amiga. ‘Que pasa? El te robo a ti también?’

‘No, el amigo suyo, el que esta al lado, me metió en la ducha ayer.’

Pallina asiente, como si fuera normal que los tipos roben sus carteras y las metan bajo la ducha.

‘Ah, entiendo, pero no me lo habías dicho!’

‘Esperaba olvidarlo. Vamos.’

Bajan decididas las ultimas escaleras. Pollo va hacia Pallina. Babi los deja rápido y se dirige hacia Step.

‘Que haces acá? Se puede saber que viniste a hacer acá?’

‘Hey, calma! Primero que todo esto es un lugar publico, y solo he venido a acompañar a Pollo que va a almorzar con ella.’

‘Se da el caso que ‘ella’ es mi mejor amiga. Y que Pollo es un ladrón, debido a que le robo su dinero.’

Step imita sus palabras: ‘Se da el caso que Pollo es mi mejor amigo y no es un ladrón. Fue ella quien lo invito a almorzar, y ella paga. Hey, pero porque siempre eres así ácida? Que pasa, estas molesta porque no te llevo a almorzar? Yo te llevo si quieres. Solo basta que pagues tu…!’

‘Escucha…’

‘Entonces hacemos así: mañana tu traes el dinero, piensas en un buen lugar y yo quizás te vengo a buscar… esta bien?’

‘Si, nunca iría contigo.’

‘Bueno, ayer te regresaste conmigo y me apretabas también.’

‘Cretino.’

‘Dale, montate que te acompaño.’

‘Estupido.’

‘Es posible que solo sepas decir palabrotas? Una buena chica como tu con el uniforme de la Falconieri, toda educada y se comporta así! No esta bien, no!’

‘Pendejo.’

Pollo se acerca a tiempo para escuchar el ultimo cumplido.

‘Veo que están haciendo amistad. Entonces, vienen a almorzar con nosotros?’

Babi mira sorprendida a la amiga.

‘Pallina, no puedo creer! Vas a almorzar con ese ladrón?’

‘Bueno, al menos los recupero, paga el!’

Step mira a Pollo: ‘Que infame…! Me dijiste que pagaba ella.’

Pollo sonríe al amigo. ‘Bueno, es cierto. Tu sabes que yo nunca miento. Ayer le quite el dinero y pago con eso. Por eso, en cierto sentido, paga ella. Que hacen entonces, vienen o no?’

Step con aire arrogante mira a Babi: ‘Lo lamento pero debo ir a comer con mi papa. No te sientas mal. Entonces, vamos mañana?’

Babi trata de controlarse. ‘Nunca!’

Pallina se monta detrás de Pollo. Babi la mira molesta, se siente traicionada. Pallina trata de calmarla: ‘Nos vemos mas tarde, voy a tu casa!’

Babi hace para irse. Step la para.

‘Ah, espera. No quiero parecer mentiroso. Dile, por favor. Es cierto que ayer nos duchamos juntos?’

Babi se libera.

‘Anda a joder a alguien mas!’

Step le sonríe a Pollo.

‘Es su manera de decir que si!’

Pollo mueve la cabeza y sale con Pallina. Step se queda mirando a Babi mientras cruza la calle. Camina decidida. Un carro frena para no adelantarse mucho. El conductor suena la bocina. Babi, sin voltearse, se mete en el carro.

‘Hola mama!’

Babi besa a Raffaella.

‘Te fue bien en la escuela?’

‘Buenisimo.’ Miente. Tener dos en latín y una nota en el diario no es muy buenísimo que se diga.

‘Pallina no viene?’

‘No, regresa por su cuenta.’ Babi piensa en Pallina que va a comer con ese tipo, Pollo. Absurdo. Raffaella suena la bocina impaciente.

‘Pero que hace Giovanna? Daniela te dije que le dijeras.’

‘Ahí esta, ya llega.’

Giovanna, una chica rubia con un aire aburrido, atraviesa lentamente la calle y se monta en el carro.

‘Me disculpa señora.’ Raffaella no dice nada. Mete primero y adelanta. La violencia de ese arranque es bastante elocuente. Daniela mira por la ventana. Su amiga Giulia esta enfrente de la escuela y habla con Palombi. Daniela se molesta.

‘No es posible! Cada vez que me gusta alguien, Giulia esta ahí, se pone a hablar y se hace la tonta. Mira que loca. Siempre lo hace a propósito. Primero ella odiaba a Palombi, ahora ve como le habla.’

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