CAPÍTULO 16

Una herida en el hombro. La bala se lo había atravesado limpiamente, o al menos eso era lo que Chase creía haber oído decir a uno de los médicos de urgencias. Pero quería confirmarlo; se dirigió hacia un tipo que parecía recién licenciado y le dio una palmadita en el hombro.

– Perdona. Necesito ver a Sloane Carlisle.

– Está con el médico -respondió el otro sin mirarlo.

Un médico que sin embargo no era Eric, pensó Chase, porque éste todavía no había llegado al hospital.

– ¿Cómo está? La última vez que la vi estaba inconsciente y había perdido mucha sangre. -Se estremeció al recordarlo.

– ¿Eres un familiar? -le preguntó el tipo sin apenas apartar la mirada de las gráficas de evolución. -Sólo puedo revelar información sobre los pacientes a los familiares.

– Sí, sí, soy un familiar -masculló Chase mintiendo con suma facilidad.

En realidad, lo único que lo urna a Sloane era un repentino deseo de hacerla suya y no dejarla marchar nunca.

– ¿Eres su… hermano? -conjeturó el joven médico mientras finalmente alzaba la vista.

Chase negó con la cabeza como un tonto, y a punto estuvo de decir que era su marido. Pero no habría podido. En el hospital lo conocían muchas personas, y era público y notorio lo mucho que él siempre se había jactado de no estar casado, sobre todo tras convertirse en el último Chandler soltero.

El médico miró a Chase con conmiseración.

– Vale, colega, quieres ver a tu novia. Lo pillo. Pero no podrás hasta que esté consciente y se permita la entrada a las visitas. -Le dio una palmadita en el hombro. -Lo siento.

– Gracias. -Chase se volvió, cabreado con el joven, pero sobre todo cabreado consigo mismo.

Como periodista, muchas veces había fingido ser quien no era para poder ver las situaciones de primera mano, pero eso no podía hacerlo en un pueblo donde todos se conocían. Sin embargo, Sloane se hallaba postrada en una cama de hospital y Chase no sabía cómo estaba, por lo que no hacía más que darle vueltas a algún método para colarse. Menudo periodista de pacotilla, ni siquiera era capaz de acercarse a la persona que más le importaba en el mundo.

El corazón le palpitaba con fuerza y la adrenalina le corría por las venas, no pensaba con claridad y lógica, lo cual reafirmaba sus sentimientos. Como si hubiera dudado de ellos. No, no, ya no dudaba de ellos. Sabía lo que sentía y lo que quería… que Sloane formara parte de su vida para siempre. Sin embargo, de momento, le bastaría con verla abrir aquellos hermosos ojos verdes.

Consultó la hora y se dio cuenta de que sólo habían pasado diez minutos desde que había seguido a la ambulancia hasta el hospital, sintiéndose más impotente y asustado que nunca. Incluso más que cuando su padre había muerto cuando él tenía dieciocho años y, de repente, se había convertido en el cabeza de familia sin tener la más mínima preparación para ello.

Chase gimió. Diez minutos no bastaban para que los médicos curasen a Sloane, ni tampoco para que Rick arrastrara al sospechoso a la comisaría para asegurarse de que lo procesaran como era debido. Su hermano había atrapado al fugitivo, pistola en mano, en la finca del vecino, antes de que llegase a la camioneta que había aparcado en la esquina. Chase confiaba en que Rick se ocupase de aquel asunto.

Mientras tanto, se sentó cerca de las puertas de urgencias por las que se habían llevado a Sloane. Con los dientes apretados, se obligó a esperar, a que llegase Eric en lugar de irrumpir en la sala de urgencias, exigir respuestas y que le permitiesen ver a Sloane. Tendría que esperar la llegada de Eric para que éste lo ayudase a saltarse las restricciones y medidas de seguridad del hospital.

De repente, las puertas se abrieron de par en par y salió una doctora. Chase la reconoció; era la que se había ocupado de Sloane en cuanto los conductores de la ambulancia la metieron en el hospital en una camilla.

Se levantó de un salto.

– ¿Cómo está?

La doctora lo miró con expresión recelosa pero comprensiva.

– Estable -repuso, como si no estuviera segura de que debiera facilitarle esa información. -Está aturdida, pero quiere ver a su padre. -Chase se sintió aliviado. Sloane estaba despierta y podía hablar. Gracias a Dios. -¿Sabes si está aquí? -le preguntó.

Chase trató de responder, pero el nudo de la garganta no se lo ponía fácil.

– No lo he visto. -Después de sentarse junto a Sloane en la ambulancia y de ver cómo la entraban en el hospital, Samson había desaparecido.

Maldita sea.

Chase miró alrededor de nuevo, pero aquel hombre excéntrico no estaba allí.

– ¿Puedo verla? -preguntó Chase, incapaz de disimular su tono esperanzado.

La doctora negó con la cabeza de forma rutinaria.

– En cuanto le asignen una habitación, ya te avisaremos si ella quiere verte. -La doctora hundió las manos en los bolsillos blancos de la bata. -Mientras tanto, te prometo que está bien atendida. -La doctora le puso la mano en el hombro. «Deben de dedicar el mismo gesto a todo el mundo», pensó Chase, frustrado. -Si el padre de la señorita Carlisle llega, dile que su hija quiere verlo.

Antes de que Chase pudiera replicar, un hombre imponente, con traje y corbata -ni más ni menos que el senador Michael Carlisle, -se acercó a la doctora a grandes zancadas.

– ¿Ha dicho que Sloane quiere ver a su padre?

La mujer asintió.

– ¿Y usted es…?

– El senador Michael Carlisle -respondió con el aire autoritario que tan rápidamente le había ayudado a ascender en política. -Quiero ver a mi hija ahora mismo.

Madeline permanecía junto a su esposo, llorando. No miró a su alrededor y no vio a Chase a su lado. Lo cual era comprensible, teniendo en cuenta lo muy alterada que estaba. Por otra parte, puesto que Chase había recibido instrucciones de ella de vigilar y velar por la seguridad de Sloane, él sería la última persona a la que Madeline querría ver en esos momentos.

A pesar de todo, Chase quería hablar con el senador, no sólo de Sloane, sino de sus directores de campaña y de todo el asunto, incluido quién sería el mejor periodista para cubrir la noticia. El único capaz de proteger tanto a Sloane como los intereses del senador. Sin embargo, Chase sabía que no debía abordarlos antes de que viesen a su hija.

Frustrado e impotente, se limitó a ver cómo el senador conducía a Madeline Carlisle, con la mano en su espalda, a través de las puertas de urgencias para ver a su hija. Había llegado la familia que la había criado y que la quería. Se asegurarían de que recibiese los mejores cuidados posibles, algo que Chase había sido incapaz de hacer.

Le propinó una patada al suelo de linóleo. Cada vez se sentía más frustrado, pero también más resuelto. Sloane estaba viva y ahora él tendría una segunda oportunidad. Se moría de ganas de decírselo y de empezar su nuevo futuro.


Mientras no moviera el cuerpo, Sloane no sentía mucho dolor.

Los fármacos que le habían administrado comenzaban a hacer efecto, pensó mientras apoyaba la cabeza en la almohada. Todavía no se había sobrepuesto a la conmoción de lo ocurrido y, en cuanto el dolor hubo remitido un poco, quiso ver a Samson. Le habían dado una buena noticia, pero desconocía su paradero. No le habían disparado ni herido, pero en cuanto le hubieron asegurado que Sloane se recuperaría, se había marchado sin dejar rastro.

«Vaya novedad», pensó Sloane. No recibiría muestras de cariño paterno. Aunque durante unos instantes, en la cabaña, le había parecido que estaba a punto de penetrar en su duro caparazón. Algo que no podría intentar de nuevo salvo que le dieran el alta. '

Llamaron a la puerta y se sobresaltó, y el movimiento repentino e impulsivo hizo que le doliera el hombro. Sé llevó la mano buena a la zona de la herida y apoyó la palma sobre los gruesos vendajes.

Antes de que pudiera responder, la puerta se abrió y entraron

Madeline y Michael. Sloane ya los había visto en la zona de urgencias, pero ahora era la primera vez que estaban a solas, sin médicos ni enfermeras. Sonrió y les hizo una seña con la mano sana. -Pasad.

Madeline se sentó en la cama y Michael se acomodó en una silla.

– No sabes cuánto me alegro de que estés bien. Tus hermanas también. Te mandan todo su cariño y me han suplicado que las dejara venir, pero quería que estuvieran a salvo hasta asegurarme de que tú también lo estabas. -Madeline le sujetó la mano con fuerza. Se le habían humedecido los ojos. -Cariño, cuando te dije que vinieras a Yorkshire Falls no tenía ni idea de que podía ser peligroso.

– Porque no te lo dije, no quería que te preocuparas innecesariamente. -Sloane suspiró.

Recordaba con claridad el día en que oyó a los hombres de su padre hablar sobre quién era su verdadero padre; teniendo en cuenta todo lo sucedido, le parecía que eso había sido hacía mucho tiempo. Sobre todo por el esfuerzo emocional que había realizado con Samson y Chase. En ese sentido, se sentía mucho mayor de lo que era.

Madeline la reprendió:

– Lo que quieres decir es que no querías que te prohibiese conocer a tu verdadero padre. Pero eres adulta y no podría habértelo impedido.

^NQJ pero tal vez me habrías enviado con un guardaespaldas, y eso no habría sido una buena idea en un pueblo con tantos fisgones. -Sloane se rió, pero se recompuso de inmediato al recordar que, de hecho, Madeline sí le había enviado un guardaespaldas. Un hombre llamado Chase Chandler y, aunque éste se había esforzado por proteger su cuerpo, le había destrozado el corazón.

Aunque no le fue fácil, Sloane intentó sobreponerse. No podía permitir que Madeline y Michael supieran que el dolor emocional superaba con creces el que le había causado la bala, y que el mayor de los hermanos Chandler era el culpable.

Al parecer, un agente de policía había ido al aeropuerto por orden de Rick Chandler para recibir a sus padres y ponerlos al corriente de la situación. Sloane sabía que Michael todavía no se habría recuperado de la impresión, aunque procurase no mostrar su desasosiego.

Les dedicó una sonrisa forzada y prosiguió con la parte de la conversación relativa a la familia.

– Además, a Samson no le habría sentado bien que un guardaespaldas me siguiera a todas partes.

Michael frunció el cejo al oír aquel nombre.

– Ya hablaremos de Samson -intervino con la voz autoritaria de siempre. -Pero antes necesito saber que estás bien. Los médicos me han dicho que la bala te atravesó el hombro limpiamente, y más que nada te están tratando la conmoción. Pero tú ¿cómo te encuentras? -Se inclinó hacia ella y le rozó la frente con los labios, como solía hacer cuando era niña.

El gesto le resultó reconfortante y familiar, tal como debía ser la caricia de un padre, pensó Sloane, agradecida de que aquel hombre le hubiera ofrecido una vida tan maravillosa, sobre todo comparada con la de Samson.

– ¿Cómo estás de aquí? -le preguntó Michael dándose un golpecito en el pecho a la altura del corazón.

Sloane sonrió por su comprensión innata. Le bastaba oír su voz potente y afectuosa para saber que su vida volvía a ser la de siempre. Nunca debería haber dudado de eso ni de él. Si hubiera acudido a Michael tras averiguar la verdad sobre Samson, se habrían ahorrado mucho dolor.

– Estoy bien, de verdad.

– No se está bien cuando a uno le disparan. -Michael se levantó y comenzó a caminar de un lado a otro por aquel espacio reducido. -No se está bien cuando te traicionan los hombres en quienes más confías -dijo alzando la voz.

Madeline, que percibió que Michael estaba alterado y enfadado, se puso en pie, fue a su encuentro y colocó la mano entre las suyas.

– Le han disparado, pero se recuperará -le dijo en un tono tranquilizador, el mismo que había consolado a Sloane cuando había estado enferma o se había hecho daño o peleado con una amiga. -Los demás problemas son cosa tuya, Michael, no de Sloane. Se recuperará. Y tú también. Todo irá bien. Sólo necesitamos tiempo.

Sloane cambió de postura en la cama, pero el hombro se rebeló de inmediato.

– ¿Qué haréis con Robert y Frank? -preguntó con un gesto de dolor.

– Colgarlos por el maldito…

– ¡Michael! -lo reprendió Madeline.

Michael se rió por lo bajo a pesar de la seriedad del asunto.

Sin hacerle caso, su madrastra se volvió hacia Sloane.

– Rick Chandler arrestó a Robert pistola en mano. A Frank lo interrogarán en Nueva York. Decir que están despedidos es quedarse cortos.

Sloane tragó saliva sabiendo lo mal que lo estaría pasando Michael.

– ¿Has hablado con ellos? Michael negó con la cabeza.

– Todavía no, pero la policía me ha revelado los detalles del primer interrogatorio. Al principio, Robert, como el cobarde que es, respondió con evasivas, pero cuando le comunicaron que te había disparado a ti, y no a Samson, se quedó bastante conmocionado.

– ¿Quieres decir que tiene remordimientos? -le preguntó Sloane. -Me cuesta creerlo después de que tratara de matar a mi padre -masculló, refiriéndose a Samson. Entonces cayó en la cuenta de quiénes la estaban escuchando, se sonrojó y los ojos se le humedecieron mientras veía la expresión dolida de Michael. -Oh, papá. Lo siento. No quería…

Michael agitó la mano para restarle importancia.

– Tendremos que plantearnos muchas cosas. La terminología es el menor de nuestros problemas, cariño. -Pero se volvió y se secó los ojos con la manga de la camisa.

Sloane se mordió la cara interior de la mejilla. No sabía qué decir.

Michael, tras recobrar la compostura, volvió a sentarse junto a la cama.

– Preguntabas si Robert tenía remordimientos, y supongo que eso depende de cómo lo definas. -Parecía resuelto a entablar una conversación normal. -En cualquier caso, ha confesado que disparó la bala que te hirió, aunque no eras el blanco deseado.

– Entonces la amenaza ha llegado a su fin. -Sloane exhaló, aliviada.

Michael asintió:

– Estás a salvo, lo mismo que Samson. Supongo que los habéis conocido, ¿no? -Esbozó una sonrisa y Sloane supo que comprendía la necesidad de conocer al hombre que la había engendrado. También sabía que ella le quería, a pesar de todos sus defectos.

– Nos hemos conocido. -Sloane se deslizó la mano por los vendajes.

– ¿Y qué te ha parecido? Sé que él es diferente.

Sloane trató de explicarlo, pero ¿cómo describir a un hombre que llamaba Perro a su mascota y hablaba solo?

– Samson es… excéntrico. Pero a su manera parece que le importo.

– Quería conocerte y se arriesgó mucho al ir a verme en plena campaña. Yo sabía que las amenazas que soltó delante de Robert eran inofensivas. Sólo quería verte. -Michael separó las manos. -¿Cómo iba a negarle eso? Nunca se me ocurrió que Robert o Frank tratarían de hacerle daño. Desde el principio pensaba hacerlo todo público y asumir las consecuencias, pero no llegué a tener esa oportunidad.

Postrada en la cama, Sloane se limitó a asentir.

– Pero Samson es inofensivo, o no habría dejado que vinieras aquí -la tranquilizó Michael.

Sloane se irguió, o lo intentó, y sufrió las consecuencias de inmediato. El dolor la dejó sin aliento, y se le saltaron las lágrimas.

– Oh, maldita sea. -Michael la rodeó con el brazo y la sostuvo hasta que el dolor remitió.

– Estoy bien -susurró Sloane finalmente.

Michael la soltó, pero permaneció a su lado. Le dio un golpecito en la nariz.

– Sabes que no puedo perder de vista a mis pequeñas.

Sloane sonrió sin dejar de llorar.

Madeline le apretó la mano buena como disculpándose. -Compréndelo. ¿Cómo no iba a decirle dónde estabas? Me habría matado. Además, entre nosotros no hay secretos. Sloane abrió los ojos como platos.

– Oh, ya lo pillo. Sólo tenéis secretos con vuestras hijas. A eso se le llama doble rasero. -Sloane se arrepintió de esas palabras sarcásticas nada más pronunciarlas. Avergonzada, apoyó la cabeza en las almohadas y observó el techo agrietado. Tal vez el rencor no hubiera desaparecido por completo, pensó, pero eso no le daba derecho a ser cruel. -Lo siento. -No lo sientas -le dijo Madeline.

– Nosotros somos quienes lo sentimos. -Michael se arrodilló frente a ella, y Sloane supo que se trataba de un gesto de disculpa y de una súplica a partes iguales. -No tendría que haberte ocultado algo así. Los niños adoptados tienen derecho a saber que son adoptados, y tú merecías saberlo y decidir a quién querías en tu vida.

Sloane lo miró.

– Entiendo por qué no me lo dijiste. Cuando era niña, tomaste las decisiones correctas, pero ahora soy una persona adulta. Todo eso es agua pasada, de lo que se trata es de seguir adelante.

– Te quiero tanto como si fueras hija mía -confesó Michael mientras se levantaba.

Sloane sonrió' y rompió a llorar de nuevo.

– Nunca lo he dudado, nunca. Por eso podemos seguir adelante -lo tranquilizó. -Pero tenemos que hablar sobre…

Antes de que pudiera terminar, se abrió la puerta y entró una joven desconocida con un traje de/calle y un portapapeles en la mano..

– Siento interrumpir, pero es importante.

– No pasa nada; entra, Kate.-Michael se volvió hacia Sloane. -Es mi nueva ayudante, Kate Welles.

Sloane sonrió, y la otra mujer asintió con la cabeza para disculparse antes de dirigirse al senador Carlisle, su jefe.

– La prensa comienza a inquietarse. Lo único que saben de momento es que estás aquí porque han ingresado a tu hija en el hospital. No saben por qué. No saben nada del disparo -dijo bajando la voz hasta acabar en un susurro.

– No pasa nada, Kate. Todos los presentes saben qué ha ocurrido -dijo Madeline riendo. Miró a Sloane. -Es nueva -le susurró.

Sloane sonrió, pero le bastó mirar a Kate para recordar que tenían un problema entre manos. La prensa había averiguado que pasaba algo y no se darían por vencidos hasta saberlo todo. En un pueblo pequeño como Yorkshire Falls, todos los habitantes se prestarían a contar hasta el último detalle relativo a Sloane, Chase y sus proezas.

Por desgracia, el momento era delicado. La verdad bastaba para desbaratar la campaña política. Se le hizo un nudo en el estómago al pensar que podría destruir todo aquello por lo que su padre había luchado.

– No es culpa tuya -dijo Michael como si adivinara lo que pensaba. -Es mía por haberte ocultado algo que sabía que podía estallarme entre las manos.

– Culparnos no nos llevará a ninguna parte, así que pongámonos manos a la obra y busquemos una estrategia. -Madeline se sentó en el borde de la cama y le indicó a Kate que se acercara.

La joven se sentó en una silla, mientras Michael se apoyaba en la pared, pensativo.

Kate destapó el bolígrafo, lista para trabajar.

– La policía ha silenciado la historia pero, sinceramente, no sé durante cuánto tiempo lograremos ocultar la verdad.

El senador asintió:

– Bueno, optaré por lo de siempre. Hacer pública la verdad y asumir las consecuencias. Ya he hablado con Kenneth Michael. -Se refería al actual presidente, a cuya vicepresidencia se presentaba. -Sabe lo que se avecina. Me he ofrecido a retirarme antes de que todo salga a la luz, pero él ha insistido en apoyarme.

– Papá…

Michael negó con la cabeza.

– Nada de discusiones. Ha llegado el momento de que asuma la responsabilidad de lo que te hice a ti y a Samson. Si los electores no valoran la honestidad y las disculpas, pues nada, se habrá acabado. -Extendió las manos frente a él. -Soy quien soy.

– Estoy orgullosa de ser tu hija -le dijo Sloane. -Y eso no cambiará nunca.

– Entonces, ¿estamos de acuerdo? -preguntó Michael a los presentes. -¿Convocamos una rueda de prensa?

– No -intervino Madeline. -No podemos.

– ¿Por qué no? -preguntó Sloane. -Papá tiene razón. Es lo lógico.

Madeline cambió de postura, cruzó las piernas y luego las descruzó.

– Estoy de acuerdo en revelar la verdad, pero tendrá que ser de otro modo. Le prometí la exclusiva a cierto periodista.

Madeline no quiso enfrentarse a la mirada inquisitiva de Sloane, lo cual proporcionó a ésta toda la información que necesitaba.

– ¿Ah, sí? -Michael arqueó una ceja. -,¿Y quién se merece la primicia de su vida? Es decir, si no te importa compartir la respuesta conmigo, tu marido, la persona con la que no tienes secretos.

Sloane observó a su padre y luego a su madrastra. Al igual que Michael, esperó a que Madeline respondiera, aunque, a diferencia de Michael, ella ya sabía la respuesta.

Madeline se sonrojó pero no titubeó ni tampoco parecía muy preocupada por la reacción de su marido.

– Le prometí la exclusiva a…

– Chase Chandler -interrumpió Sloane. -Le prometiste la exclusiva a Chandler a cambio de que velara por mi seguridad, ¿no? -le preguntó, aunque no necesitaba que se lo confirmase. Le bastaba el instinto.

Aunque Chase había admitido ante ella que Madeline le había pedido que la vigilara, nunca había mencionado ninguna compensación. Sloane debería haberse imaginado que el periodista iba a llevarse algo a cambio. Le dolía el hombro, le dolía el corazón y ahora también le dolía la cabeza.

– Me pareció prudente. -Madeline se miró la falda y esperó a que el jurado pronunciase su veredicto.

A Sloane le daba igual. Lo hecho, hecho estaba. Además, nada habría cambiado el resultado de su relación con Chase.

Michael dejó escapar un largo suspiro.

– Teniendo en cuenta que protegías a tu hija, aplaudo la decisión. Parece que le debemos una historia a ese hombre.

Sloane cerró los ojos. Sabía que eso acabaría ocurriendo. De un modo u otro, Chase escribiría la historia de Sloane, explicaría quiénes eran sus padres y tendría la primicia de su vida. En cuanto lo hubiera hecho, en cuanto hubiera demostrado que era el periodista que había deseado ser, tendría vía libre para vivir la vida que había soñado. Artículos importantes y nada de familia ni responsabilidades.

Lo que siempre había querido. Sloane deseó no haberlo perdido en ese proceso, aunque ella fuera el vehículo de su éxito.

– Concierta una cita con Chase Chandler -le dijo Michael a Kate, ajeno al dolor y desasosiego de Sloane.

A juzgar por la expresión de su madrastra, Madeline sabía perfectamente lo que Sloane estaba pensando. O, más bien, sintiendo. Pero daba igual, porque ni siquiera el abrazo de una madre la curaría.

Llamaron de nuevo a la puerta y entró Eric. Con la bata blanca, el estetoscopio colgando y la expresión preocupada, parecía un médico serio y no el despreocupado pretendiente de Raina.

– ¿Todo bien? -preguntó.

Sloane asintió y luego comenzó las presentaciones. Cuando hubieron acabado, Eric miró a Sloane.

– Hay alguien que quiere verte. Ahora que ya has estado con tu familia, me temo que si te niegas a recibirlo acabará causando importantes destrozos en el hospital.

– Chase. -Sloane no tuvo que preguntárselo, ya lo sabía.

– Sí -repuso Eric con una sonrisa amable y paternal.

– No sé si está preparada -dijo Madeline, colocándose entre el médico y Sloane. Madeline sabía qué era lo que Sloane sentía por Chase y estaba respondiendo en su lugar. Se comportaba como una madre protectora y Sloane se percató de que su madrastra y ella tenían que ponerse al día.

– ¿Sloane? -le preguntó Eric por encima del hombro de su madrastra, esperando con paciencia a que se decidiese.

– Mi familia tiene asuntos de los que ocuparse -dijo con mordacidad, mirando a Madeline. -Tienes que ayudar a papá. -Todos sabían a qué se refería.

– Planead la mejor estrategia y dejad que Eric vaya a buscar a Chase. -Respiró hondo. -Sabré arreglármelas sola -dijo, con más seguridad de la que sentía, sobre todo teniendo en cuenta que los medicamentos la habían dejado agotada, y el dolor debilitada.

Después de que Madeline protestara un poco, Sloane la tranquilizase y Michael condujese a su séquito fuera de la habitación, Sloane se quedó sola. Sola para serenarse, encontrar las palabras más adecuadas y la fuerza necesaria para despedirse de Chase.

Загрузка...