1. Compasión, Energía y Deseo

buda vivió cuarenta años después de iluminarse. Cuando se le acabaron todos los deseos y desapareció el ego, vivió otros cuarenta años. Muchas veces le preguntaron: «¿Por qué sigues en el cuerpo?». Cuando la tarea ha acabado deberías desaparecer. Y es lógico, ¿para qué iba a quedarse Buda en el cuerpo durante más tiempo? Cuando ya no hay deseos, ¿cómo es posible continuar en el cuerpo?

Hay algo muy profundo que comprender. Cuando el deseo desaparece, permanece la energía que estaba moviéndose en el deseo; esta no puede desaparecer. El deseo solo es una forma de energía, por eso un deseo se puede convertir en otro deseo. El enfado se puede convertir en sexo, y el sexo puede convertirse en enfado. El sexo puede convertirse en avaricia, por eso, siempre que te encuentres a una persona muy avariciosa será menos sexual. Si la persona es totalmente avariciosa, entonces no será sexual en absoluto sino célibe, porque toda su energía se ha transformado en avaricia. Y si te encuentras una persona muy sexual, te darás cuenta de que no es avariciosa porque ya no le queda nada para la avaricia. Una persona que reprime su sexualidad estará enfadada; el enfado siempre estará a punto de saltar a la superficie. Podrás ver en sus ojos y en su cara que siempre está enfadado: toda la energía sexual se convierte en rabia.

Por eso vuestros llamados monjes y sadhus siempre están enfadados. Reflejan su enfado en la forma de caminar y en la forma de mirar. Su silencio solo está a flor de piel, en cuanto les tocas se enfadan. El sexo se convierte en rabia. Estas son las formas; y la vida es la energía.

¿Qué ocurre cuando desaparecen todos los deseos? La energía no puede desaparecer porque es indestructible. Pregúntale a un físico, ellos también dicen que la energía no se puede destruir. Cuando Gautama Buda se iluminó tenía determinada energía. Esa energía se había ido trasformando en sexo, rabia, avaricia y millones de formas más. Después, todas esas formas desaparecieron y ¿qué fue de esa energía? La energía no puede dejar de existir, cuando no hay deseos pasa a no tener forma, pero sigue existiendo. ¿Entonces cuál es su propósito? Esa energía se convierte en compasión.

No puedes ser compasivo porque no tienes energía. Toda tu energía se divide y se distribuye de diferentes formas, a veces como sexo, a veces como rabia, y a veces como avaricia. La compasión no es una forma. Tu energía solo se convierte en compasión cuando todos tus deseos desaparecen.

La compasión no se puede cultivar. La compasión sucede cuando no tienes deseos; entonces, toda tu energía se convierte en compasión. Y es un camino muy distinto. El deseo tiene una motivación, una meta; la compasión no tiene motivos, no tiene metas. Es simplemente energía rebosante.

LA COMPASIÓN ES EL AMOR MADURO

En lo que respecta a los místicos de la Antigüedad, el énfasis que puso Gautama Buda en la compasión fue un fenómeno nuevo. Gautama Buda creó una línea de división histórica con el pasado. Antes de él, bastaba con la meditación; nadie ponía énfasis en la compasión además de en la meditación. El motivo es que la meditación trae consigo la iluminación, tu florecimiento y la expresión absoluta de tu ser, ¿qué más necesitas? En lo que al individuo se refiere, la iluminación es suficiente. La grandeza de Buda consiste en introducir la compasión incluso antes de empezar a meditar. Deberías ser más cariñoso, más bueno y más compasivo.

Detrás de esto hay una ciencia oculta. Si tienes un corazón lleno de compasión, existe una posibilidad de que tras meditar puedas ayudar a los demás a alcanzar la misma belleza, la misma altura y la misma celebración que has alcanzado tú antes de iluminarte. Gautama Buda hace que la iluminación se pueda contagiar.

Pero si la persona siente que ha vuelto a casa, ¿para qué molestarse por los demás? Por primera vez, Buda hace que la iluminación no sea egoísta; lo convierte en una responsabilidad social. En perspectiva esto supone un gran cambio. Pero la compasión se debería aprender antes de llegar a la iluminación. Si esto no ha sucedido antes, después de la iluminación ya no queda nada más que aprender. Cuando alcanzas tal éxtasis, incluso la compasión parece estar impidiendo tu felicidad; es una especie de interferencia en tu éxtasis. Por ese motivo ha habido cientos de iluminados, pero muy pocos maestros.

Estar iluminado no significa necesariamente que vayas a convertirte en un maestro. Convertirse en un maestro quiere decir que tienes una extraordinaria compasión y que sientes vergüenza de ir solo a esos bellos espacios que la iluminación proporciona. Quieres ayudar a los que están ciegos, a los que están en la oscuridad buscando su camino a tientas. Ayudarles se convierte en una alegría y no en una interferencia. De hecho, cuando ves a tanta gente florecer a tu alrededor, tu éxtasis se enriquece; no eres un árbol solitario que ha florecido en un bosque en el que no florece ningún otro árbol. Cuando todo el bosque florece contigo, la felicidad se multiplica; has empleado tu iluminación para revolucionar el mundo.

Gautama Buda no solo estaba iluminado, sino que fue un revolucionario iluminado. Su preocupación por el mundo y por la gente era inmensa. Enseñaba a sus discípulos a no retener el silencio, la serenidad y la profunda felicidad que bulle en tu interior cuando meditas, y a dársela al resto del mundo. No te preocupes, porque cuanto más das, más posibilidades tendrás de recibir. El gesto de dar tiene una enorme importancia una vez sabes que dar no te va a restar nada, sino todo lo contrario, porque va a multiplicar tus experiencias. Pero alguien que nunca ha tenido compasión no conoce el secreto de dar, no conoce el secreto de compartir.

Ocurrió una vez que uno de los discípulos de Buda, un seglar -no era sannyasin pero era muy devoto de Gautama Buda- dijo: «Yo lo haré… pero solamente con una excepción. Voy a dar mi felicidad, mi meditación y todos mis tesoros internos a todo el mundo, excepto a mi vecino, porque es un hombre realmente perverso».

Los vecinos son siempre los enemigos. Gautama Buda le dijo: «Entonces olvídate del mundo y dáselo a tu vecino nada más».

El hombre no entendía nada: «¿Qué estás diciendo?».

Buda respondió: «Solamente si eres capaz de dárselo a tu vecino serás libre de esta actitud antagonista hacia el ser humano».

Compasión quiere decir básicamente aceptar los fallos y las debilidades de los demás, sin esperar que se comporten como si fuesen dioses. Sería una expectativa cruel, porque no podrán comportarse como dioses, y no solo perderán tu estima sino que perderán también el respeto hacia sí mismos. Les has herido gravemente dañando su dignidad.

Uno de los principios de la compasión es dignificar a todo el mundo, hacer que todo el mundo se dé cuenta de que lo que te ha sucedido a ti puede sucederle a ellos; nadie es un caso perdido, todo el mundo es digno de ello, la iluminación no es algo que debas merecer sino tu naturaleza misma.

Pero estas palabras deberían provenir de un iluminado, solo así pueden crear confianza. Estas palabras no pueden crear confianza si provienen de discípulos no iluminados. La palabra, hablada por un iluminado, empieza a respirar, comienza a tener un latido propio. Cobra vida y va directamente a tu corazón, no es una gimnasia intelectual. Pero con el discípulo es otra cuestión.

Él mismo no está seguro de lo que está diciendo o está escribiendo. Él mismo tiene tanta incertidumbre como tú.

Gautama Buda es uno de los hitos en la evolución de la conciencia; su contribución es enorme, inconmensurable. La idea de la compasión es lo esencial en su contribución. Pero debes recordar que ser compasivo no te eleva más, si no, lo estarás echando todo a perder. Se convertirá en una pretensión del ego. Recuerda que el ser compasivo no puede humillar a la otra persona, de lo contrario, no estarás siendo compasivo; detrás de las palabras estarás disfrutando de su humillación.

Hay que comprender la compasión, porque es el amor maduro. El amor corriente es muy infantil; un divertido juego para adolescentes. Cuanto antes salgas de él, mejor, porque tu amor es una fuerza biológica ciega y no tiene nada que ver con tu crecimiento espiritual; por eso todas las historias de amor cambian de un modo extraño, se vuelven muy amargas. Algo que te resultaba tan atractivo, emocionante y provocador, algo por lo que podías haber muerto… ahora también podrías morir, pero no por eso, ¡sino para librarte de ello!

El amor es una fuerza ciega. Los únicos amantes que tienen éxito son los que nunca consiguieron a sus amados. Todas las grandes historias de amor… Laila y Majnu, Shiri y Farhad, Soni y Mahival, son las tres grandes historias de amor orientales comparables a Romeo y Julieta. Pero todos estos grandes amantes podrían formar un grupo. La sociedad, los parientes y todo lo demás se convirtieron en un impedimento. Y creo que seguramente fue mejor así. En cuanto los amantes se casan ya no queda historia de amor.

Majnu tuvo suerte de no conseguir a Laila. ¿Qué sucede cuando dos fuerzas ciegas se juntan? Como ambas son ciegas e inconscientes, el resultado no puede tener demasiada armonía. El resultado solo puede ser un campo de batalla de la dominación, la humillación, y todo tipo de conflictos.

Pero cuando la pasión está alerta y despierta, toda la energía del amor alcanza un gran refinamiento y se convierte en compasión. El amor siempre va dirigido a otra persona y su deseo más profundo es poseer a esa persona. Lo mismo ocurre en el lado contrario, y esto se convierte en un infierno para las dos personas.

La compasión no va dirigida a nadie. No es una relación sino simplemente tu propio ser. Disfrutas siendo compasivo con los árboles, los pájaros, los animales, los seres humanos, y con todo el mundo, incondicional-mente, sin pedir nada a cambio. La compasión es libertad de la ciega biología.

Antes de iluminarte deberías estar atento a no reprimir tu energía de amor. Eso es lo que han estado haciendo las viejas religiones: enseñarte a condenar las expresiones biológicas de tu amor. De manera que reprimes tu energía de amor, ¡y esa es la energía que se puede transformar en compasión!

Con el rechazo no hay ninguna posibilidad de transformación. Por eso vuestros santos no tienen compasión; en sus ojos no verás compasión. Son huesos absolutamente secos, no tienen sustancia alguna. Vivir con un santo durante veinticuatro horas es suficiente para experimentar el infierno. Seguramente, la gente se da cuenta de este hecho y, por eso, después de tocarle los pies salen corriendo inmediatamente.

Uno de los grandes filósofos de nuestra época, Bertrand Rus-sell, declaró enfáticamente: «Si hay un cielo y un infierno, yo quiero ir al infierno». ¿Por qué? Simplemente para no estar con los santos, porque el cielo debe de estar lleno de esos santos muertos, aburridos y polvorientos. Y Bertrand Russell piensa: «No toleraría su compañía ni siquiera un minuto. ¿¡Imaginarme pasar toda una eternidad rodeado para siempre de cadáveres que no conocen el amor, que no conocen la amistad y que nunca van de vacaciones…!?».

Un santo es santo los siete días de la semana. No le está permitido divertirse como un ser humano ni siquiera un día, aunque solo sea el domingo. No, permanece rígido y su rigidez sigue aumentando a medida que pasa el tiempo. Comprendo la elección de Bertrand Russell de ir al infierno porque entiendo lo que quiere decir. Está diciendo que en el infierno te encuentras a las personas más divertidas del mundo: los poetas, los pintores, los espíritus rebeldes, los científicos, la gente creativa, los bailarines, los actores, los cantantes o los músicos. ¡El infierno debe de ser realmente un cielo porque el cielo no es más que un infierno!

Las cosas han ido muy mal por una razón fundamental, y es que se ha reprimido la energía de amor. La contribución de Gautama Buda es: «No reprimas tu energía de amor. Retínala y usa la meditación para refinarla». Así, paralelamente, y a medida que crece la meditación, esta va refinando tu energía de amor y la convierte en compasión. Entonces, antes de que tu meditación alcance su punto culminante y explote en una hermosa experiencia de iluminación, la compasión estará muy cerca. Para la persona iluminada será posible dejar que su energía fluya -y ahora tiene toda la energía del mundo- a través de las raíces de la compasión hacia cualquier persona que esté lista para recibirla. Solamente este tipo de personas se convierten en maestros.

Iluminarse es sencillo pero convertirse en un maestro es un fenómeno muy complejo, porque es preciso que haya meditación y compasión. La meditación es fácil, la compasión también es fácil; pero las dos juntas, creciendo simultáneamente, es un asunto más complejo.

Las personas que se iluminan y no comparten su experiencia porque no sienten compasión, no contribuyen a la evolución de la conciencia sobre la tierra. No elevan el nivel de la comunidad. Solamente los maestros han sido capaces de elevar la conciencia. No importa lo pequeña que sea tu conciencia, el mérito es de los pocos maestros que, incluso después de la iluminación, han conseguido seguir siendo compasivos.

No te va a resultar fácil comprenderlo… la iluminación es tan absorbente que uno tiende a olvidarse del resto del mundo. Uno está tan absolutamente satisfecho que no le queda espacio para pensar en los millones de personas que están buscando la misma experiencia a tientas, a sabiendas o no, correcta o incorrectamente. Pero es imposible olvidarse de esas personas cuando la compasión sigue estando presente. De hecho, en ese momento tienes algo que dar, algo que compartir. Compartir es una gran alegría. Por medio de la compasión has llegado a saber, poco a poco, que cuanto más compartes más tienes. Si también puedes compartir tu iluminación, esta tendrá mayor riqueza, mayor viveza, mayor celebración y muchas otras dimensiones.

La iluminación puede ser unidimensional, como le ha ocurrido a mucha gente. Eso les satisface y desaparecen en la fuente universal. Pero la iluminación puede ser multidimensional, puede producir muchas flores en el mundo. Y estás en deuda con el mundo porque eres hijo de esta tierra.

Recuerdo una frase de Zaratustra: «No traiciones nunca a la tierra. Incluso en tu mayor gloria, no te olvides de la tierra, porque es tu madre. Y no te olvides de la gente. Pueden haberte entorpecido el camino, pueden haber sido tus enemigos, pueden haber intentado destruirte de todas las maneras; quizá ya te hayan crucificado, apedreado o envenenado, pero no te olvides de ellos. Cualquier cosa que te hayan hecho, lo han hecho de forma inconsciente. Si no les perdonas, ¿quién les va a perdonar? Y tu perdón te enriquecerá inmensamente».

Ten cuidado de no estar a favor de nada que vaya contra la compasión. La envidia, la competencia o el esfuerzo por dominar… todas esas cosas van contra la compasión. Y te darás cuenta inmediatamente porque tu compasión empezará a tambalearse. En cuanto sientas que tu compasión titubea, debes de estar haciendo algo que va contra ella. Puedes envenenar tu compasión con cosas estúpidas que solamente te provocan ansiedad, angustia, lucha y el desgaste absoluto de una vida enormemente valiosa.


Te voy a contar una bella historia:

Juan llegó a casa una hora antes que de costumbre y se encontró a su mujer desnuda en la cama. Cuando le preguntó por qué, ella le explicó. «Estoy protestando porque no tengo ropa bonita para ponerme.»

Juan abrió el armario. «Eso es ridículo -dijo-, mira aquí dentro. Tienes un vestido amarillo, un vestido rojo, un vestido estampado, un traje de chaqueta y pantalón, un… ¡Hola, Paco! -y siguió diciendo-, un vestido verde…»

¡Eso es compasión! Compasión hacia su mujer y compasión hacia Paco. No hay celos ni pelea, simplemente: «¡Hola, Paco! ¿Qué tal?», y sigue con lo suyo. Ni siquiera le pregunta: «¿Qué estás haciendo en mi armario?».

La compasión es muy comprensiva. Es la comprensión más refinada que puede tener el ser humano.

A un hombre compasivo no deberían importunarle los pequeños detalles de la vida que suceden continuamente. Solo así, de forma indirecta, estás ayudando a que tus energías compasivas se acumulen, se cristalicen, se fortalezcan y sigan aumentando con tu meditación. Así cuando llegue el momento dichoso, cuando estés lleno de luz, al menos tendrás un compañero, la compasión. A partir de ahí tendrás un nuevo estilo de vida… porque ahora es tanto lo que tienes que puedes bendecir al mundo entero.

Aunque Gautama Buda siempre insistió en no hacerla, finalmente tuvo que hacer una división o una clasificación de sus discípulos. A una categoría le da el nombre de arhatas: son los iluminados, pero sin compasión. Han empleado toda su energía en la meditación pero no han escuchado lo que Buda había dicho acerca de la compasión. A los otros ios llama bodhisattvas: son los que han escuchado su mensaje sobre la compasión. Están iluminados con compasión, de forma que no tienen prisa por llegar a la otra orilla; quieren quedarse en esta orilla pasando todo tipo de dificultades para ayudar a la gente. Su barco ya ha llegado, quizá el capitán esté diciendo: «No pierdas el tiempo, ha llegado la llamada de la otra orilla que has estado buscando toda tu vida». Pero convencen al capitán para que espere un poco y poder así compartir su alegría, su sabiduría, su luz y su amor con todas las personas que están buscando lo mismo. En su interior, esto se convertirá en un sentimiento de confianza: «Sí, efectivamente hay otra orilla, y cuando estés listo vendrá el barco para llevarte hasta allí. Hay una orilla de inmortales, una orilla donde no existe la desdicha, y donde la vida es simplemente una canción y una danza del momento. Pero, antes de dejar el mundo déjame darle a estas personas algo para que al menos lo puedan saborear».

Los maestros han intentado aferrarse a algo de todas las formas posibles para no ser arrastrados hasta la otra orilla. Según Buda, lo mejor es la compasión, porque la compasión, si se analiza en profundidad, también es un deseo. La idea de ayudar a los demás también es un deseo, siempre que tengas ese deseo no podrás ser transportado a la otra orilla. Es un hilo muy fino que te mantiene unido al mundo. Todo se rompe, todas las cadenas… excepto un fino hilo de amor. Pero Buda hacía énfasis en aferrarse en todo lo posible a ese fino hilo, ayudar a toda la gente que sea posible. Es la única forma de elevar la conciencia del mundo que te ha dado la vida, que te ha dado la oportunidad de iluminarte.

Ahora es el momento de devolverle algo, aunque no puedas devolver todo lo que la vida te ha dado; de dar algo en agradecimiento, aunque solo sean dos flores.

LA MEDITACIÓN ESLA FLOR YLA COMPASIÓN ES SU FRAGANCIA

La meditación es la flor y la compasión es su fragancia.

Ocurre exactamente así. La flor florece y la fragancia se esparce por el viento en todas las direcciones para ser transportada hasta los confines del mundo. Pero lo más importante es el florecimiento de la flor.

El hombre también tiene un potencial de florecimiento. Hasta que el ser interno del hombre florezca, no será posible la fragancia de la compasión. La compasión no se puede practicar, no es una disciplina ni puedes dirigirla. Está más allá de ti. Si meditas, un día, súbitamente te darás cuenta de un nuevo fenómeno, algo absolutamente extraño que sale de tu ser, es la compasión que fluye hacia toda la existencia. Va hasta los mismos confines de la existencia sin encaminarla, sin dirigirla.

Sin la meditación, la energía sigue siendo pasión; con la meditación, la misma energía se convierte en compasión. La pasión y la compasión no son dos energías, sino una y la misma. Cuando esa energía pasa a través de la meditación se transforma, se transfigura y adquiere una cualidad diferente. La pasión se dirige hacia abajo, la compasión se dirige hacia arriba; la pasión se mueve a través del deseo, la compasión se mueve a través de la ausencia de deseos; la pasión es un entretenimiento para que olvides la desdicha en la que vives, la compasión es una celebración y una danza de realización, de satisfacción… estás tan satisfecho que puedes compartir. Ahora ya no queda nada; has alcanzado el destino que llevabas dentro de ti como un potencial o un brote sin florecer desde hace milenios. Ahora ha florecido y está bailando. Lo has conseguido, estás satisfecho y ya no tienes que conseguir nada más, no tienes que ir a ninguna parte, no tienes que hacer nada.

¿Y qué sucederá ahora con la energía? Empezarás a compartir. La misma energía que se movía por las capas oscuras de la pasión ahora se dirige hacia arriba con rayos luminosos; no está contaminada por ningún deseo ni por ningún condicionamiento. No está corrompida por ninguna motivación, por eso la llamo fragancia. La flor es limitada, pero la fragancia no. La flor tiene limitaciones, porque en alguna parte está enraizada en las ataduras, pero la fragancia no tiene ataduras. Simplemente se mueve, va por el viento; no tiene amarres en la tierra.

La meditación es una flor, tiene raíces y existe dentro de ti. La compasión, cuando sucede, no está arraigada sino que se va moviendo. Buda desapareció pero su compasión no. La ñor tarde o temprano morirá -es parte de la tierra y el polvo vuelve a ser polvo- pero la fragancia que ha liberado se quedará para siempre jamás. Buda ha desaparecido y Jesús ha desaparecido, pero su fragancia no. Su compasión sigue estando, y cualquiera que esté receptivo a su compasión sentirá su impacto inmediatamente, le afectará y le iniciará en un nuevo viaje, una nueva peregrinación.

La compasión no se limita a la flor; aunque proviene de la flor, no es la flor. Llega a través de la flor, pero la flor solamente es un canal; en realidad, viene del más allá. Sin la flor no puede existir -la flor es un estadio necesario-, pero no pertenece a la flor. En cuanto la flor florece, libera su fragancia.

Hay que comprender profundamente esta insistencia, este énfasis, porque puedes empezar a practicar la compasión pero, si no lo comprendes, no se tratará de la auténtica fragancia. Una compasión practicada es sencillamente la misma pasión con otro nombre. Es el mismo deseo contaminado, la motivación corrompida y puede ser muy peligrosa para los demás, porque en nombre de la compasión puedes destruir, en nombre de la compasión puedes crear ataduras. No se trata de compasión y si la practicas estarás siendo artificial y convencional; en el fondo, un hipócrita.

Lo primero que debes recordar es que la compasión no se puede practicar. En esto han fallado los seguidores de todos los grandes maestros religiosos. Buda alcanzó la compasión a través de la meditación, y ahora los budistas continúan practicando la compasión. Jesús alcanzó la compasión a través de la meditación y ahora los católicos, los misioneros católicos, continúan practicando el amor, la compasión, el servicio a la humanidad, pero su compasión ha demostrado ser muy

destructiva para el mundo. Su compasión solo ha originado guerras y ha destruido a millones de personas que han acabado en profundas prisiones.

La compasión te libera y te da libertad, pero solo puede llegar a través de la meditación, no hay otra forma. Buda dijo que la compasión es un resultado, una consecuencia. No puedes lograr la consecuencia directamente, sino que debes hacer algo; tienes que provocar la causa para que le siga el efecto. Si realmente quieres entender qué es la compasión debes entender qué es la meditación. Olvídate de la compasión, porque llega espontáneamente.

Intenta comprender qué es la meditación. La compasión puede convertirse en el criterio que define si la meditación ha sido correcta o no. Si la meditación ha sido correcta, tenderá a haber compasión; eso es lo natural, ya que la sigue como si fuera su sombra. Si la meditación no ha sido correcta entonces no habrá compasión. La compasión puede por tanto actuar como un criterio para saber si la meditación ha sido realmente correcta o no. Y puede ser que la meditación esté mal. Las personas tienen la idea equivocada de que todas las meditaciones son correctas, pero no es así. Las meditaciones pueden estar mal. Por ejemplo, una meditación que te conduce a una concentración profunda no es correcta, y no acabará en compasión. En vez de ir abriéndote, te irás cerrando cada vez más. Si vas reduciendo tu conciencia, concentrándote en algo y excluyendo al resto de la existencia, si te centras solamente en una cosa, cada vez habrá más tensión dentro de ti. De ahí la palabra «atención». Significa «entensión». Concentración, el mismo sonido de la palabra ya crea una sensación de tensión.

La concentración tiene su utilidad pero no es meditación. Necesitas concentración para el trabajo científico, para la investigación o en un laboratorio científico. Tienes que concentrarte en un problema y excluir todo lo demás, hasta el punto de que casi te olvidas del resto del mundo. Tu mundo es el problema en el que estás concentrándote. Por eso los científicos son tan despistados. Las personas que se concentran demasiado suelen volverse despistadas, porque no saben mantenerse abiertas al mundo.

Estaba leyendo una anécdota:

– He comprado una rana -dijo el profesor de zoología rebosante de alegría a su clase-, recién sacada de la charca, para que podamos estudiar su apariencia externa y luego diseccionarla.

Desenvolvió cuidadosamente el paquete que llevaba y dentro había un sándwich. El buen profesor lo miró asombrado.

– ¡Qué extraño! -dijo-, recuerdo perfectamente haberme tomado el almuerzo.

Esto les sucede constantemente a los científicos. Se centran en algo, y su mente se estrecha. Por supuesto, una mente estrecha tiene su utilidad: se vuelve más penetrante, es como una afilada aguja que da justo en la diana, pero se pierde la gran vida que la rodea.

Un buda no es un hombre de concentración, sino un hombre de conocimiento. No ha intentado estrechar su conciencia, al contrario, ha intentado eliminar todas las barreras para estar totalmente abierto a la existencia. Observa… la existencia es simul-tánea. Estoy hablando aquí y a la vez está sonando el ruido del tráfico, el tren, los pájaros, el viento que sopla en los árboles, y en este momento converge toda la existencia. Tú me escuchas, yo te hablo, y a la vez están sucediendo millones de cosas; la existencia es inmensamente rica.

La concentración te centra en una cosa pero pagas un precio muy alto: se descarta el noventa y nueve por ciento restante de la vida. Cuando estás resolviendo un problema de matemáticas no puedes escuchar a los pájaros porque se convertirían en una distracción. Los niños que juegan alrededor y los perros que ladran en la calle son una distracción. Gracias a la concentración la gente ha intentado escapar de la vida; ir al Himalaya, a una cueva, permanecer aislado para así poder concentrarse en Dios. Pero Dios no es un objeto. Dios es la existencia al completo, es este momento; Dios es la totalidad. Por eso, la ciencia jamás será capaz de conocer la divinidad. El método científico en sí es la concentración, y a causa de ese método la ciencia nunca podrá conocer lo divino.

Sin embargo, sí puede conocer el detalle más mínimo. En un principio, se creía que la molécula era la partícula más pequeña, pero después la dividieron. Entonces se descubrió que había una parte aún más pequeña, el átomo. Después, los métodos de concentración también lo dividieron. Ahora hay electrones, protones, neutrones y, antes o después, estos también se dividirán. La ciencia va de lo pequeño a lo más pequeño, y lo más grande, lo vasto, se olvida completamente. El todo se olvida completamente a causa de la parte. La ciencia nunca conocerá la divinidad, a causa de la concentración. Cuando la gente viene y me pide: «Osho, enséñanos a concentrarnos, queremos conocer lo divino», me sorprendo. No han comprendido lo más esencial de la búsqueda.

La ciencia se enfoca en algo; su búsqueda es objetiva. La religiosidad es simultaneidad, el objeto de la búsqueda es el todo, la totalidad. Para conocer la totalidad debes tener una conciencia que esté abierta por todos los lados y no esté limitada, que no mire desde una ventana, si no, el marco de la ventana se convertirá en el marco de la existencia. La meditación es estar sencillamente bajo el sol al cielo raso. La meditación no tiene marcos, no es una ventana ni una puerta. La meditación no es concentración ni atención, la meditación es conciencia.

Entonces, ¿qué podemos hacer? Repetir un mantra o hacer meditación trascendental no nos va a servir. En Estados Unidos, la meditación trascendental ha cobrado tanta importancia por su enfoque objetivo y su mente científica. Es la única meditación sobre la que se puede hacer una investigación científica. Se trata de concentración y no de meditación, por eso es comprensible para la mente científica. En las universidades, en los laboratorios y en los trabajos de investigación psicológica se ha investigado mucho sobre la meditación trascendental, porque no es meditación. Se trata de concentración, es un método de concentración y se encuentra en la misma categoría de la concentración científica porque entre ambas hay nexos de unión. Pero no tiene nada que ver con la meditación. La meditación es tan amplia, tan inmensamente infinita, que no es posible la investigación científica. Solo la compasión podrá demostrar si una persona lo ha conseguido o no. Las ondas alfa no serán de gran ayuda porque siguen estando en la mente, y la meditación no es de la mente sino del más allá.

Permíteme que te diga algunas cosas fundamentales. Primero, que la meditación no es concentración sino relajación; simplemente te relajas en ti mismo. Cuanto más te relajas, más abierto te sientes, y más vulnerable. Estás menos rígido, más flexible y, de repente, la existencia empieza a penetrarte. Ya no eres como una piedra sino que tienes ranuras. Relajación significa dejarte llevar a un estado en el que no haces nada, porque si haces algo, seguirá habiendo tensión. Es un estado de no acción. Simplemente te relajas y disfrutas de la sensación de relajación. Relájate, cierra los ojos y escucha todo lo que ocurre a tu alrededor. No sientas que algo te está distrayendo; en el momento que sientes que algo te distrae, estás negando lo divino. Ahora ha llegado hasta ti como si fuese un pájaro. ¡No lo rechaces! En el momento siguiente puede hacerlo en forma de un perro que ladra, un niño que llora y grita o un loco que se ríe. No lo niegues, no lo rechaces.

Acéptalo, porque cada vez que rechazas algo te estás tensando. Todas las negaciones provocan tensión. Acepta. Si quieres relajarte, el camino es la aceptación. Acepta todo lo que esté sucediendo a tu alrededor; deja que sea un todo orgánico. Aunque no lo sepas, todo está interrela-cionado. Esos pájaros, esos árboles, ese cielo, este sol, esta tierra, tú, yo… todo está relacionado. Es una unidad orgánica. Si desaparece el sol, desaparecerán los árboles y los pájaros; si desaparecen los pájaros y los árboles, desaparecerás tú; no seguirás existiendo. Esto es la ecología. Todo está íntimamente relacionado con lo demás. De manera que no niegues nada, porque en el momento que niegas, estás negando algo tuyo. Si niegas a esos pájaros que cantan, estás negando algo de ti.

Cuando niegas, cuando rechazas, cuando estás distraído o enfadado, estás rechazando algo tuyo. Escucha de nuevo a los pájaros sin ninguna sensación de distracción ni de enfado, y súbitamente verás que el pájaro que hay en tu interior responde. Entonces, esos pájaros no son extraños o intrusos, sino que toda la existencia se vuelve una familia. Lo es; la persona que ha llegado a comprender que toda la existencia es una familia es la que yo llamo religiosa. Quizá no vaya a la iglesia, ni rinda culto en ningún templo o rece en una mezquita o santuario, pero eso no importa, es irrelevante. Si lo haces está bien y si no lo haces mejor. Pero quien ha entendido la unidad orgánica de la existencia está constantemente en el templo frente a lo sagrado y lo divino.

Si estás repitiendo algún estúpido mantra, creerás que los pájaros son tontos. Si estás repitiendo algún disparate dentro de ti o pensando en alguna trivialidad -puedes llamarlo filosofía o religión- entonces los pájaros serán una distracción. Sus sonidos son divinos. No dicen nada, simplemente burbujean de deleite. Su canción no tiene ningún sentido; es solo energía desbordante. Quieren compartirla con la existencia, con los árboles, con las flores y contigo. No tienen nada que decir, solo están ahí siendo ellos mismos.

Cuando te relajas, aceptas; la aceptación de la existencia es la única manera de relajarse. Si te molestan las pequeñas cosas, entonces es que te molesta tu actitud. Siéntate en silencio, escucha todo lo que está ocurriendo a tu alrededor y relájate. Acepta, relájate y de pronto sentirás una inmensa energía que nace dentro de ti. Primero, sentirás esa energía como si tu respiración se volviera más profunda. Normalmente tu respiración es muy superficial y, a veces, cuando intentas respirar profundamente o empiezas a hacer ejercicios de yoga con tu respiración, estás haciendo un esfuerzo. Este esfuerzo no es necesario. Sencillamente acepta la vida, relájate y de repente sentirás que tu respiración se vuelve más profunda. Relájate más y la respiración será aún más profunda. Se vuelve lenta, rítmica, casi la puedes disfrutar y proporciona cierto deleite. Después te darás cuenta de que la respiración es el puente entre tú y la totalidad.

Observa sin más y no hagas nada. Y cuando digo, observa, no intentes observar, de lo contrario estarás tenso y empezarás a concentrarte en la respiración. Relájate y nada más, sigue relajado, suelto, y observa… porque ¿qué más puedes hacer? Estás ahí, no hay nada que hacer, nada que aceptar, nada que negar o rechazar, no hay lucha ni pelea, no hay conflicto, la respiración se va haciendo profunda, ¿qué puedes hacer? Simplemente observar. Recuerda, observa sin más. No hagas un esfuerzo para observar. Esto es lo que Buda ha llamado vipassana: la observación de la respiración, atención a la respiración o satipatthana: recordar, estar alerta de la energía vital que se mueve con la respiración. No intentes respirar profundamente, no intentes inhalar o exhalar, no hagas nada. Relájate simplemente dejando que la respiración fluya naturalmente -entrando y saliendo por su cuenta-, y tendrás muchas cosas al alcance de la mano.

La primera es que la respiración se puede entender de dos formas diferentes, porque es un puente. Una parte está unida a ti y la otra está unida a la existencia. Por eso se puede entender de dos maneras. Puedes tomarlo por un acto voluntario. Si quieres inhalar profundamente, inhalas profundamente; si quieres exhalar profundamente, puedes exhalar profundamente. Puedes intervenir en ella. Una parte está unida a ti, pero si no haces nada, la respiración continúa de todas formas. No es necesario que hagas nada; continúa. También es involuntaria.

La otra parte está unida a la existencia misma. Puedes pensar en ella como si la estuvieses tomando, respirando, o puedes pensar justo lo contrario, como si te estuviese respirando. Y hay que entender esta otra forma porque te llevará a una profunda relajación. No es que estés respirando, sino que la existencia te está respirando. Es un cambio de la gestalt y sucede espontáneamente. Si te sigues relajando, aceptándolo todo, aceptándote, poco a poco, te darás cuenta de que tú no estás tomando esas respiraciones sino que están yendo y viniendo por su cuenta. Con tanta gracia, con tanta dignidad, con tanto ritmo, con un ritmo tan armonioso. ¿Quién lo está haciendo? La existencia está respirándo-te. Entra dentro de ti y sale de ti. A cada momento te rejuvenece y vuelve a llenarte de vida.

De pronto ves la respiración como un acontecer… y así es como debería crecer la meditación. Puedes hacerlo en cualquier parte, incluso en medio de la calle, porque ese ruido también es divino. Y si te sientas en silencio, podrás ver que incluso en el ruido de la calle hay cierta armonía. Ya no es una distracción. Si estás en silencio puedes ver muchas cosas, enormes olas de energía moviéndose por todas partes. Cuando lo aceptes, lo sentirás vayas donde vayas.

El pájaro no es importante pero sentirás algo enormemente sublime, sentirás algo sagrado, luminoso, misterioso. A tu alrededor se están produciendo milagros constantemente, pero tú te los pierdes.

Cuando la meditación se asienta en ti y sigues el ritmo de la existencia, la compasión es una consecuencia. De repente sientes que estás enamorado de la totalidad y que el otro ya no es el otro; tú también estás vivo en el otro. El árbol ya no es simplemente «ese árbol»; de alguna manera está relacionado contigo. Todo está interrelacionado. Tocas una hoja de hierba y has tocado todas las estrellas, porque todo está relacionado. No puede ser de otra manera. La existencia es orgánica. Es una. Es una unidad.

Como no estamos atentos no nos damos cuenta de lo que nos hacemos. Ocurre una cosa y entonces empieza a suceder algo que nunca habrías pensado que estuviera relacionado.

Precisamente la otra noche estaba leyendo algo sobre el olfato. Este sentido, la capacidad de oler, prácticamente ha desaparecido para la humanidad pero en los animales está muy desarrollado. Un caballo puede oler a muchos kilómetros de distancia y un perro puede oler más que un hombre. Solo por el olor, un perro sabe si está viniendo su amo y después de muchos años el perro seguirá reconociendo el olor de su amo. Sin embargo, el hombre se ha olvidado por completo.

¿Qué le ha pasado al sentido del olfato de los seres humanos? ¿Qué calamidad ha ocurrido? No parece haber ningún motivo para que se haya reprimido el sentido del olfato. Conscientemente, ninguna cultura lo ha reprimido. Pero sí ha sido reprimido. Se ha reprimido a causa del sexo. La humanidad vive con una sexualidad profundamente reprimida y el olfato está conectado con el sexo. Antes de hacer el amor, el perro olfatea a su pareja y no hace el amor hasta que no huela una profunda armonía entre los dos cuerpos. Cuando el olor encaja, sabe que los cuerpos están en armonía, pueden llevarse bien y convertirse en una canción: la unidad es posible incluso un solo instante.

Al reprimirse el sexo en todas las partes del mundo, se ha reprimido también el sentido del olfato. La palabra misma es un poco peyorativa. Si te dígo: «¿oyes?» o «¿ves?», no te ofendes, pero si te digo «¿hueles?» tampoco deberías ofenderte puesto que estás usando el mismo lenguaje. El olfato es una facultad, igual que la vista o el oído. Cuando pregunto «¿hueles?» te ofendes porque has olvidado que es una facultad y no un reproche.

Hay una anécdota muy famosa de un pensador inglés, el doctor Johnson. Estaba sentado en una diligencia y entró una señora que le dijo: «Señor, ¡usted huele!».

Como se trataba de un hombre de letras, un lingüista, le respondió: «No, señora. Usted huele. ¡Yo apesto!».

El olfato es una facultad. «Usted huele. Yo apesto.» Lingüísticamente tiene razón. Según la gramática debería ser así. Pero la palabra se ha vuelto peyorativa. ¿Qué ha ocurrido con el olfato? En cuanto reprimes la sexualidad, reprimes también el sentido del olfato. Este sentido está completamente lisiado, y cuando dañas un sentido dañas también una parte de la mente. Si tienes cinco sentidos, la mente tendrá las cinco partes correspondientes. Una quinta parte de la mente está dañada y no lo sabemos. Eso significa que está dañada una quinta parte de la vida. Esto tiene enormes consecuencias. Si tocas una pequeña cosa en algún lugar, provocas una reverberación en todas partes.

El olfato se ha reprimido por la represión sexual, y tu respiración se ha vuelto superficial a causa de la represión sexual, porque cuando respiras profundamente tu respiración masajea el centro sexual en tu interior. Muchos me dicen: «Cuando respiro hondo, me siento más sexual». Cuando haces el amor con alguien tu respiración se vuelve más profunda, pero si mantienes una respiración superficial no serás capaz de alcanzar el orgasmo. Con la represión de la sexualidad y de la respiración, las personas se han vuelto incapaces de meditar. ¡Fíjate qué disparate! Reprimiendo la sexualidad, hemos reprimido la respiración; y la respiración es el único puente que hay entre tú y el todo.

Gurdjieff tenía razón cuando decía que casi todas las religiones se comportan de tal modo que parece que están en contra de Dios. Hablan de Dios pero parece que están en contra de la divinidad. Su forma de comportarse va contra la divinidad. Ahora que se ha reprimido la respiración, se ha roto el puente. Solo puedes respirar superficialmente, no puedes profundizar, y si no puedes profundizar en tu interior no puedes profundizar en la existencia.

Buda convierte la respiración en el fundamento. Una respiración profunda, relajada; ser consciente de ella te proporciona un enorme silencio y relajación, poco a poco, te fundes, te disuelves y desapareces. Ya no eres una isla separada sino que empiezas a vibrar con el todo. Dejas de ser una nota suelta y pasas a formar parte de toda esta sinfonía. Surge la compasión.

La compasión solo surge cuando puedes ver que todo el mundo está relacionado contigo. La compasión solo surge cuando tú formas parte del mundo y el mundo forma parte de ti. Nadie está separado. Cuando desaparece la ilusión de la separación, surge la compasión. La compasión no es una técnica.

En la experiencia humana, la relación entre una madre y su hijo es lo más parecido a la compasión. La gente lo llama amor, pero no debería llamarse amor. Es más compasión que amor, porque no hay pasión. El amor de una madre por su hijo es lo más parecido a la compasión. ¿Por qué? Porque la madre ha sentido al niño cuando estaba dentro de ella, y aunque el niño haya nacido y siga creciendo, la madre sigue estando sutilmente acompasada con su hijo. Si el niño está enfermo la madre se dará cuenta aunque esté a muchos kilómetros de distancia. Quizá no sepa qué ha ocurrido, pero empezará a sentirse deprimida: quizá no sepa que su hijo está sufriendo, pero ella empezará a sufrir. Intentará racionalizar por qué está sufriendo -su estómago no está bien, le duele!a cabeza o cualquier otra cosa- pero actualmente, la psicología profunda dice que la madre y el hijo permanecen unidos con ondas de energía sutil porque siguen vibrando en la misma longitud de onda.

Entre madre e hijo hay más telepatía que entre cualquier otro par de personas. Sucede lo mismo con los gemelos; entre ellos hay mucha telepatía. En la Unión Soviética se han hecho muchos experimentos sobre la telepatía, por supuesto no por motivos religiosos sino porque estaban intentando descubrir si la telepatía se podía usar como una técnica de guerra. Descubrieron que los gemelos tenían mucha telepatía. Si un gemelo se resfría, el otro gemelo, a miles de kilómetros de distancia, también se resfría. Vibran con!a misma longitud de onda, les afectan las mismas cosas. Es porque ambos han vivido en el mismo vientre formando. parte del otro, han estado juntos en el vientre de la madre.

El sentimiento de una madre hacia su hijo es más parecido a la compasión porque siente que su hijo es suyo.

Estaba leyendo una anécdota:

Durante una inspección preliminar al campamento de los boy scouts, el director encontró un paraguas escondido en el saco de dormir de un pequeño scout, que obviamente no formaba parte de la lista de equipaje. El director llamó al chico para que!e diera una explicación. El jovenzuelo lo hizo preguntándole: «Señor, ¿usted no ha tenido una madre?».

Madre quiere decir compasión, madre quiere decir sentir por los demás lo que uno siente por sí mismo. Cuando una persona medita profundamente y se ilumina, se convierte en una madre. Buda es más parecido a una madre que a un padre. La asociación de los cristianos con la palabra «padre» no es muy relevante ni hermosa. Llamar «padre» a lo divino suena un poco machista. Si hay un Dios, solo puede ser una madre y no un padre. «Padre» es algo muy institucional. El padre es una institución. En la naturaleza, el padre no existe como tal. Si le preguntas a un lingüista te dirá que la palabra «tío» es más antigua que la palabra «padre». Los tíos existieron antes porque nadie sabía quién era el padre. La institución del padre entró en la vida del hombre cuando se estableció la propiedad privada, cuando el matrimonio se convirtió en una forma de propiedad privada. Es muy frágil y puede desaparecer cualquier día. La sociedad va cambiando y esta institución puede desaparecer como han desaparecido muchas otras. Pero la madre permanecerá porque es natural.

En Oriente hay muchas personas y tradiciones que han llamado madre a Dios. Su enfoque es más relevante. Observa a Buda, su rostro recuerda más al rostro de una mujer que al de un hombre. De hecho, por eso no se representa con barba o bigote. Nunca verás un bigote o una barba en los rostros de Mahavira, Buda, Krisna o Ram. No es que carezcan de las hormonas correspondientes -seguro que tuvieron barba- pero no se les representa con barba porque eso les daría una apariencia mucho más masculina.

En Oriente los hechos no nos preocupan demasiado; nos preocupa mucho más la relevancia, el significado. Indudablemente, todas las estatuas de Buda que has visto son falsas, pero eso en Oriente no nos preocupa. Es significativo porque Buda se ha vuelto más femenino, más mujer. Es un cambio del hemisferio izquierdo del cerebro al hemisferio derecho del mismo, de lo masculino a lo femenino, el cambio de la agresividad a la pasividad, de lo positivo a lo negativo, del esfuerzo a la ausencia de esfuerzo. Buda es más femenino, más maternal. Si realmente te conviertes en un meditador, poco a poco podrás ver muchos cambios en tu ser y empezarás a sentirte más como una mujer que como un hombre, más agraciado, más receptivo, no violento y cariñoso. Y la compasión surgirá continuamente de tu ser; simplemente será una fragancia natural.

Normalmente, lo que llamas compasión sigue ocultando tu pasión. Aunque a veces sientas pena hacia la gente, observa, disecciónala, profundiza más en tu sentimiento y en algún lugar encontrarás que existe algún motivo. En el fondo, siempre hay algún motivo incluso en los actos que creemos muy compasivos.

He oído contar esta historia:

Luis regresó a casa y se quedó desconcertado al encontrarse a su. mujer en los brazos de otro hombre. Salió del cuarto chillando:

– Voy a por mi pistola.

Su mujer corrió tras él a pesar de estar desnuda, le sujetó y gritó:

– Necio, ¿por qué te alteras tanto? Mi amante es quien ha pagado los muebles nuevos y mi ropa nueva. El dinero extra que te dije que había ganado con la costura, todos los pequeños lujos que he podido comprar, ¡todo eso se lo debemos a él!

Pero Luis se soltó de su mujer y siguió subiendo.

– ¡Deja la pistola, Luis! -gritó su mujer.

– ¿Qué pistola? -replicó Luis-. Voy a por una manta. Ese pobre se va a resfriar como siga ahí tumbado desnudo.

Aunque sientas compasión -o creas que la sientes, o finjas que la sientes- tendrás que profundizar y analizarla y siempre encontrarás algún motivo. No es pura compasión. Y si no es pura, no es compasión. La pureza es un ingrediente básico en la compasión, si no, se tratará de otra cosa, será algún tipo de formalismo. Hemos aprendido a ser formales: cómo comportarte con tu mujer, con tu marido, con tus hijos, con tus amigos, con tu familia. Lo hemos aprendido todo. La compasión no es algo que se pueda aprender. Cuando hayas desaprendido todos los formalismos, la etiqueta y las buenas costumbres, nacerá en ti la compasión. La compasión es salvaje; no huele a etiqueta ni a formalismo. Comparadas con ella, todas esas cosas están muertas. Está muy viva y es una llama de amor.

En el duodécimo agujero de una competición de golf muy reñida, los campos daban a la autopista, y mientras los señores Martín y Blanco se aproximaban al campo, vieron cómo avanzaba por la carretera la procesión de un funeral.

En esto, Martín se detuvo, se quitó el sombrero, lo puso sobre su corazón e inclinó la cabeza hasta que la procesión hubo desaparecido tras la curva.

Blanco estaba asombrado y cuando Martín volvió a ponerse el sombrero le dijo:

– Eso ha sido muy respetuoso y delicado por tu parte, Martín.

– Bueno -dijo Martín-, no podía hacer menos. Al fin y al cabo, he estado casado con esa mujer durante veinte años.

La vida se ha vuelto artificial y formal, porque tienes que hacer determinadas cosas. Por supuesto, realizas tus tareas con desgana por eso es normal que te pierdas gran parte de la vida, porque la vida solo es posible cuando estás vivo, intensamente vivo. Si tu llama ha sido cubierta con formalismos, tareas y reglas que tienes que satisfacer con desgana, solo puedes ir arrastrándote. Podrás arrastrarte cómodamente, tu vida puede ser una vida llena de comodidades, pero no estará realmente viva.

Una vida realmente viva es, en algún sentido, caótica. Digo en algún sentido porque ese caos tiene su propia disciplina. No tiene reglas porque no las necesita. Intrínsecamente posee la regla más básica y no necesita reglas externas.

Ahora un cuento zen:

Un día de invierno, un samurai llegó al templo de Eisai y suplicó:

– Soy pobre y estoy enfermo -dijo-, y mi familia se está muriendo de hambre. Por favor, maestro, ayúdanos.

La vida de Eisai era muy austera ya que dependía de la limosna de las viudas, y no tenía nada para darle. Estaba a punto de despedir al samurai cuando recordó que en la sala había una imagen de Yakushi-Buda. Subiéndose a la imagen, le arrancó la corona y se la dio al samurai.

– Véndela -dijo Eisai-. Te servirá para salir del apuro.

Perplejo, el desesperado samurai la cogió y se marchó.

– ¡Maestro! -exclamó uno de los discípulos de Eisai-. ¡Eso es un sacrilegio! ¿Cómo has podido hacer algo así?

– ¿Sacrilegio? ¡Bah! Por así decirlo, solamente le he dado una utilidad a la mente de Buda que está llena de amor y misericordia. Él mismo se habría cortado una extremidad si hubiese oído a ese pobre samurái.

Es una historia muy sencilla pero muy significativa. En primer lugar, incluso cuando no tengas nada para dar, vuelve a mirar. Siempre podrás encontrar algo. Incluso cuando no tienes nada para dar, siempre puedes encontrar algo. Es una cuestión de actitud. Si no puedes dar nada, al menos puedes sonreír; si no puedes dar nada, al menos puedes sentarte con la persona y cogerle la mano. No es cuestión de dar algo sino cuestión de dar.

Eisai era un monje pobre como todos los monjes budistas. Su vida era austera y no tenía nada para dar. Normalmente, sería un sacrilegio quitarle la corona a la estatua de Buda para dársela a alguien. No se le pasaría por la cabeza a ninguna persona de las que llamamos religiosas. Solo sería capaz de hacerlo alguien que es realmente religioso; por eso la compasión no tiene reglas y está más allá de las reglas. La compasión es salvaje y no atiende a formalismos.

De repente, Eisai recordó la imagen de Buda que había en la sala. En Japón y China, a Buda le ponen una corona dorada en la cabeza para representar el aura que hay alrededor de su cabeza. De repente, Eisai se acordó… debía adorar a esa misma estatua todos los días.

Acercándose hasta la estatua le arrancó la corona y se la dio al samurái.

– Véndela -dijo Eisai-. Te servirá para salir del apuro.

Perplejo, el desesperado samurái la cogió y se marchó.

Hasta el samurái estaba perplejo. No se lo esperaba. Incluso él debió de pensar que era un sacrilegio. ¿Qué clase de hombre es este? ¿¡Un seguidor de Buda que destruye la estatua!? Es sacrilegio simplemente tocar la estatua y él le ha arrancado la corona.

Esta es la diferencia entre una persona realmente religiosa y una persona supuestamente religiosa. Los que llamamos religiosos siempre observan las normas, siempre piensan en lo que es apropiado o no. Pero una persona realmente religiosa lo vive. Para ella no hay nada que sea apropiado o que no lo sea. La compasión es tan infinitamente apropiada que cualquier cosa que se haga por compasión, será automáticamente apropiada.

– ¡Maestro! -exclamó uno de los discípulos de Eisai-. ¡Eso es un sacrilegio! ¿Cómo has podido hacer algo así?

Hasta el discípulo sabe que no está bien y que ha hecho algo inapropiado.

– ¿Sacrilegio? ¡Bah! Por así decirlo, solamente le he dado una utilidad a!a mente de Buda que está llena de amor y misericordia. Él mismo se habría cortado una extremidad si hubiese oído a ese pobre samurái.

Entender es diferente a obedecer. Cuando obedeces estás casi ciego; además hay reglas que debes respetar. Cuando entiendes también obedeces pero ya no estás ciego. Cada momento decide, tu conciencia responde en cada momento y todo lo que hagas está bien.

Una de las historias más bellas es la de un monje zen que en una noche de invierno pidió que le permitiesen quedarse en un templo. Estaba tiritando porque hacía frío y fuera estaba nevando. Por supuesto, el sacerdote del templo se apiadó de él y le dijo:

– Puedes quedarte, pero solamente una noche, porque este templo no es un hotel. Por la mañana tendrás que marcharte.

En mitad de la noche, de pronto, el sacerdote oyó un ruido. Fue corriendo y no podía creer lo que estaba viendo. El monje estaba sentado junto a un fuego que había encendido dentro del templo. Y faltaba una estatua de Buda. En Japón las estatuas de Buda son de madera.

El sacerdote le preguntó:

– ¿Dónde está la estatua?

El maestro señaló hacia el fuego y dijo:

– Tenía mucho frío y estaba tiritando.

– ¿Estás loco? -exclamó el sacerdote-. ¿No te das cuenta de lo que has hecho? Era una estatua de Buda. ¡Has quemado a Buda!

El maestro miró el fuego, que estaba desapareciendo, y lo removió con un palo.

– ¿Qué estás haciendo? -preguntó el sacerdote.

– Estoy tratando de encontrar los huesos de Buda -respondió.

– Estás loco de remate -dijo el sacerdote-, es un Buda de madera. No tiene huesos.

Entonces el maestro dijo:

– La noche es larga y cada vez hace más frío. ¿Por qué no traemos también esos otros dos budas?

Por supuesto, le echaron del templo inmediatamente. ¡Ese hombre era un peligro! Cuando le estaban echando, dijo:

– ¿Qué hacéis, estáis expulsando a un buda vivo por respeto a un buda de madera? El buda vivo estaba sufriendo tanto que tuve que ser compasivo. Si Buda estuviese vivo habría hecho lo mismo. Él mismo me habría dado esas tres estatuas. ¡Estoy seguro! Sé que él habría hecho lo mismo.

Pero ¿quién lo escuchaba? Le echaron a la nieve y cerraron las puertas. Por la mañana, cuando salió el sacerdote, se encontró al maestro adorando un mojón sobre el que había colocado unas flores. El sacerdote volvió y le dijo:

– ¿Y ahora qué haces, adorar un mojón?

El maestro dijo:

– Cuando llega la hora de rezar, creo mis budas en cualquier parte, porque están en todas partes. Este mojón vale tanto como los budas de madera que tienes ahí dentro.

Es una cuestión de actitud. Cuando miras con ojos adoradores, entonces todo se vuelve divino.

Y recuerda, la historia de Eisai es fácil de entender porque la compasión se muestra hacia otra persona. Esta historia es más difícil y complicada de entender porque la compasión es hacia uno mismo. Una verdadera persona de conocimiento no es dura con los demás y tampoco consigo misma, porque la energía es una y la misma. Una verdadera persona de conocimiento no es masoquista. No es sádica ni ma-soquista. Una verdadera persona de co-

nocimiento comprende que sencillamente no hay separación; todo es sagrado, incluido él mismo, y vive con esta comprensión.

Vivir una vida que se sustenta en la comprensión es compasión. No intentes practicarla; solo relájate profundamente en la meditación. Durante la meditación, permanece en un estado de relajación y de repente podrás oler la fragancia que surge de tu ser más profundo. Entonces florece la flor y se expande la compasión. La meditación es la flor y la compasión es su fragancia.

UN DESEO ES UN DESEO ES UN DESEO -RESPUESTAS A PREGUNTAS

Por favor, ¿podrías hablarnos del deseo de ayudar a los demás, y de las diferencias o similitudes con otras formas de deseo?

El deseo es el deseo, y no hay ninguna diferencia. Tanto si quieres ayudar a los demás como si quieres hacerles daño, la naturaleza del deseo sigue siendo la misma.

Un buda no desea ayudar a los demás, lo hace, pero en ello no hay ningún deseo; es algo que sucede espontáneamente. Es la fragancia de una flor que acaba de florecer. La flor no está deseando soltar su fragancia a los vientos para los demás, no le atañe que su aroma los alcance. Si alcanza a los demás solo es por accidente, y si no lo hace también es por accidente. La flor desprende su fragancia espontáneamente. Sale el sol pero no tiene el deseo de despertar a nadie, el deseo de abrir las flores o el deseo de animar a los pájaros para que canten. Todo eso sucede espontáneamente.

Un buda no ayuda porque esté deseando ayudar, sino porque su naturaleza es la compasión. Todos los meditadores se vuelven compasivos pero no son «siervos de los demás». Los siervos de los demás son maliciosos; el mundo ha padecido demasiado a estos siervos porque su servicio es deseo disfrazado de compasión, y el deseo jamás podrá ser compasivo.

El deseo es siempre una explotación. Puedes explotar en nombre de la compasión o puedes explotar con otros bonitos nombres. Puedes hablar de servicio a la humanidad y de hermandad o religión, Dios y verdad. Todas esas bonitas palabras solo provocarán cada vez más guerras, más derramamiento de sangre, y cada vez más personas serán crucificadas y quemadas vivas. Eso es lo que ha estado sucediendo hasta ahora. Y seguirá siendo así si no aportas comprensión al mundo.

Por eso, lo primero que hay que recordar es que desear es lo mismo, tanto si deseas ayudar como si deseas hacer daño. No se trata del objeto del deseo, sino de la naturaleza del deseo en sí. La naturaleza del deseo te conduce al futuro, trae aquí el mañana. Y con el mañana vienen todas las tensiones y toda la ansiedad de si podrás conseguirlo o no, si podrás triunfar o no. El miedo al fracaso y la ambición de triunfar están ahí, lo mismo si deseas dinero o victoria como si deseas ser compasivo hacia la gente o llevarles la salvación; se trata del mismo juego. Solo cambian los nombres. Es fundamental que comprendas esto.

Un hombre le preguntó a Buda: «Me gustaría ayudar a los demás. Enséñame». Buda le miró y se puso muy triste. El hombre, confundido, le dijo: «¿Por qué te has entristecido? ¿He dicho algo que esté mal?».

Buda dijo: «¿Cómo puedes ayudar a los demás? ¡Ni siquiera te has ayudado a ti mismo! En nombre de la ayuda solo les vas a hacer daño».

Primero debes llevar la luz a tu ser. Permite que la llama prenda en tu conciencia… y entonces no harás esa pregunta. Después, • naturalmente, tu propia presencia y todo lo que hagas serán de gran ayuda.

El deseo es el deseo. No hay un deseo material o un deseo espiritual. Ayudar a los demás es un deseo ególatra para ser más santo que ellos. Te vuelves más sabio que los demás; tú eres quien sabe y ellos no. Quieres ayudar a los demás porque tú has entendido y ellos son unos ignorantes que están dando tumbos en la oscuridad, y quieres ser una luz para ellos. Quieres convertirte en su maestro reduciéndolos así a discípulos. Si existe este deseo, no les va a servir a ellos y tampoco te va a ayudar a ti sino que duplicará el daño. Será como una espada de doble filo que cortará a los demás pero también a ti. Es destructivo y no puede ser creativo.

Hay también otro tipo de ayuda que no surge del deseo ni de ninguna proyección del ego. Esa ayuda, ese tipo de compasión solo sucede en la última cima de la meditación y nunca antes. Cuando la primavera llega a tu conciencia, cuando en tu interior solo hay flores, los demás empiezan a recibir la fragancia. No es necesario que lo desees; en realidad, no lo puedes evitar. Aunque intentes impedirlo no podrás hacer nada. Es inevitable que alcance a los demás. Se convertirá en la luz de su vida y será el heraldo de los nuevos comienzos. Y no porque tú lo desees, sino porque tú te has transformado.

Hay una meditación budista que se denomina Maitri Bhavana. Comienza diciéndose a uno mismo: «Que tenga salud, que sea feliz, que esté libre de enemigos, que esté libre de hacerme daño a mí mismo». Tras ser penetrado por el sentimiento que generan estos pensamientos, la siguiente fase de la meditación consiste en extenderlo a los demás; para empezar, visualizando a las personas que amas y transmitiéndoles estos buenos sentimientos; después lo mismo con las personas a las que amas menos hasta que incluso puedas sentir compasión por aquellos a los que odias. Solía sentir que esta meditación me abría a los demás.


Pero dejé de hacerla porque podía ver el peligro de que se convirtiese en una especie de autohipnosis. Esta meditación todavía me atrae pero estoy confundido sobre si debería volver a hacerla, aunque quizá con una actitud diferente, o si debería dejarla. ¿Por favor, puedes hablarme de esta meditación? Estaría muy agradecido.

Maitri Bhavana es una de las meditaciones más penetrantes. No debes tener miedo a entrar en un tipo de autohipnosis porque no lo es. En realidad, es un tipo de deshipnosis. Parece una hipnosis porque se trata del proceso inverso. Es como si vinieras a verme desde tu casa, caminando un largo trecho, y para regresar a tu casa volvieses a hacer el mismo camino a la inversa. La única diferencia es que ahora estás de espaldas a mi casa. El camino es el mismo, tú eres el mismo, pero cuando venías tu cara miraba hacia mi casa y ahora estás de espaldas a mi casa.

El ser humano ya está hipnotizado. No es una cuestión de estar hipnotizado o no, puesto que ya lo estás. Todo el proceso de la sociedad es una especie de hipnosis. A alguien le dicen que es católico y se lo repiten tantas veces que su mente está condicionada y se cree católico. A otro le dicen que es hindú y a otro que es musulmán; todo esto es una hipnosis. Tú ya estás hipnotizado. Si crees que eres infeliz es una hipnosis. Si crees que tienes demasiados problemas es una hipnosis. Todo lo que eres es un tipo de hipnosis. La sociedad te ha inculcado esas ideas y ahora estás lleno de ideas y condicionamientos.

Maitri Bhavana es una deshipnosis, es un intento de volver a tu mente natural, un intento de devolverte tu rostro original, un intento de devolverte al punto en el que estabas cuando naciste y la sociedad aún no te había corrompido. Un niño, al nacer, está en Maitri Bhavana. Maitri Bhavana significa un gran sentimiento de amistad, amor y compasión. Al nacer, el niño no conoce el odio; solo conoce el amor. El amor es intrínseco pero el odio lo aprenderá más tarde. El amor es intrínseco pero la rabia la aprenderá más tarde. Los celos, la posesividad y la envidia son cosas que aprenderá más tarde. Eso es lo que la sociedad le enseña al niño: a ser celoso, a estar lleno de odio, a estar lleno de rabia y de violencia. Eso le enseña la sociedad.

Al nacer, el niño es simplemente amor. Esto es así porque no conoce otra cosa. En el vientre de su madre no se ha cruzado con ningún enemigo. Ha vivido en un amor profundo durante nueve meses, ha estado rodeado de amor, nutrido por el amor. No conoce a nadie que sea su enemigo, solo conoce a su madre y el amor de su madre. Cuando nace, su única experiencia es de amor, ¿cómo vas a suponer que sabe algo sobre el odio? Ese amor lo lleva consigo, es su rostro original. Después se complicará todo y tendrá otras experiencias. Empezará a desconfiar de la gente. Un niño recién nacido nace con confianza.

He oído contar esta historia:

Un hombre y un niño entraron juntos en una barbería. E! hombre, después de recibir el tratamiento completo: afeitado, champú, manicura, corte de pelo, etc., sentó al niño en la silla.

– Me voy a comprar una corbata -le dijo el hombre al barbero-. Vuelvo en unos minutos.

Cuando el corte de pelo del niño estaba listo, el hombre aún no había vuelto y el barbero dijo:

– Parece que tu padre se ha olvidado completamente de ti.

– Ese no era mi padre -dijo el niño-, apareció, me cogió de la mano y me dijo: «¡Ven, nos van a cortar el pelo gratis!».

Los niños son confiados pero con el tiempo tendrán experiencias en las que serán engañados, se meterán en líos, tendrán en-frentamientos y sentirán miedo. Poco a poco, aprenderán los trucos de la vida. Eso, más o menos, le ha ocurrido a todo el mundo.

El Maitri Bhavana vuelve a crear la misma situación: es una deshipnotización. Es un intento de deshacerse del odio, la rabia, la envidia, y volver al mundo tal como llegaste al principio. Si sigues haciendo esta meditación, primero empezarás a quererte a ti mismo, porque estás más cerca de ti que nadie. Después propagarás tu amor, tu amistad, tu compasión, tu sentimiento, tus buenos deseos, tus bendiciones y tu gracia; propagarás todo esto a la gente que quieres, a tus amigos y tus amantes. Después, a medida que pase el tiempo, lo extenderás a la gente que no quieres tanto, luego a las personas que te son indiferentes -a las que no quieres ni odias-, y más tarde a las personas que odias. Te estás deshipnotizando poco a poco. Lentamente vas volviendo a crear un vientre de amor en torno a ti mismo.

Cuando un buda se sienta, se sienta en la existencia como si la' existencia entera se hubiese vuelto a convertir en el vientre de su madre. No hay enemistad. Ha alcanzado su naturaleza original. Ha llegado a conocer lo esencial de sí mismo. Ahora puedes matarle incluso, pero no podrás destruir su compasión. Aunque se esté muriendo, seguirá lleno de compasión hacia ti. Puedes matarle pero no puedes destruir su confianza. Ahora sabe que la confianza es algo tan esencial que si la pierdes, lo has perdido todo. Si no pierdes la confianza y has perdido todo lo demás, entonces no habrás perdido nada. A un buda puedes quitárselo todo, pero no puedes quitarle la confianza.

Maitri Bhavana es maravilloso; no es necesario que lo dejes, porque es muy beneficioso. Es una desestructuración.

El ego se origina con el odio, la enemistad y la lucha. Para renunciar al ego tendrás que crear más sentimientos amorosos. Cuando amas, el ego desaparece. El ego deja de existir cuando amas inmensamente, incondicionalmente, y cuando lo amas todo. El ego es la cosa más estúpida que le ha sucedido al hombre o a la mujer, pero una vez ocurre es muy difícil darse cuenta, porque té nubla los ojos.

He oído contar esta historia:

El mulá Nasrudin y sus dos amigos estaban hablando sobre sus parecidos. El primer amigo dijo: «Mi cara se parece a la de Winston Churchill. A menudo me confunden con él».

El segundo dijo: «En mi caso, la gente cree que soy Richard Nixon y me piden autógrafos».

El mulá dijo: «Eso no es nada. A mí me han confundido con el mismísimo Dios».

El primero y el segundo exclaman a la vez: «¿Qué?».

«Bueno -dijo el mulá Nasrudin-, cuando me condenaron y me mandaron a la cárcel por cuarta vez, el carcelero al verme dijo: "¡Dios, ya estás aquí de nuevo!".»

Cuando aparece el ego, empieza a coger cosas de todas partes para seguir sintiéndose importante, tengan sentido o no. En el amor dices: «Tú también eres importante, no solo yo». Cuando amas a alguien, ¿qué estás diciendo? Puedes decirlo en voz alta o no, pero ¿qué hay en el fondo de tu corazón? Con palabras o en silencio estás diciendo: «Tú también eres importante, y tanto como yo». Si el amor crece, dirás: «Tú eres aún más importante que yo. Si en alguna ocasión solo pudiese sobrevivir uno de los dos, moriría por ti; me gustaría que tú sobrevivieses». El otro se ha vuelto más importante, estás dispuesto a sacrificar tu vida por la persona a la que amas. Y si esto se sigue propagando, como en Maitri Bhavana, entonces llegará un punto en el que empezarás a disolverte. Habrá muchos momentos en los que no estarás ahí, absolutamente en silencio, sin ningún ego en absoluto, sin centro, solo puramente espacio. Buda dice: «Cuando se alcanza este estado permanentemente y te has integrado en ese espacio puro, entonces estás iluminado».

Cuando has perdido el ego completamente, cuando tienes tan poco ego que ni siquiera puedes decir «Yo soy» ni puedes decir «Yo soy un ser», estás iluminado. La palabra que usa Buda para describir este estado es anatta; sin ser, no ser, sin identidad. Ni siquiera puedes pronunciar «Yo», la misma palabra se vuelve profana. Cuando estás profundamente enamorado, el «yo» desapare- -ce. Estás desestructurado.

Un niño al nacer llega sin ningún «yo». Es simplemente una hoja en blanco, no hay nada escrito. La sociedad empieza a escribir y a reducir su conciencia. La sociedad va creando, a la larga, un papel para él. «Este es tu papel; este eres tú», y él se tendrá que ceñir a ese papel. Pero ese papel nunca le va a permitir ser feliz, porque la felicidad solo es posible cuando eres infinito. No puedes ser feliz cuando estás limitado. La felicidad no es una característica de la limitación; la felicidad es una característica del espacio infinito. Solo puedes ser feliz cuando abarcas tanto espacio que el todo puede entrar dentro de ti.

Maitri Bhavana puede ser de gran ayuda.

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