Ambos hermanos Mann-Formsby asistieron a la reunión de patinaje de los Moreland, aunque es difícil afirmar que su encuentro fuera afable. En efecto, ha llegado a oídos de esta autora que el conde y su hermano casi llegaron a las manos.
Esto, querido lector, habría sido algo digno de ver. ¡Boxeo sobre patines! ¿Qué será lo siguiente? ¿Lucha bajo el agua? ¿Tenis a caballo?
Revista de Sociedad de Lady Whistledown,
4 de febrero de 1814
Cuando Susannah posó su mano en la de Clive fue como si hubiera retrocedido en el tiempo. Había pasado medio año desde ella había estado de pie así de cerca del hombre que había destrozado su corazón – o por lo menos su orgullo – y a pesar de lo mucho que deseó no sentir nada…
Lo hizo.
Su corazón se saltó un latido, su estómago se tensó y se le entrecortó el aliento, y oh, cómo se odió por todo ello.
Él no debería significar nada. Nada. Menos que nada si de ella dependiera.
"Clive," dijo, tratando de mantener la voz calmada incluso mientras tiraba de su mano para soltarse.
"Susannah," dijo él, cariñosamente, sonriéndole de esa forma suya, oh-que-seguro-de-mi-mismo-estoy. "¿Cómo estás? "
"Bien," contestó ella, irritada, después de todo, ¿cómo creía que iba a estar?.
Clive se giró para ofrecer una mano a su hermano, pero David ya se había puesto en pie.
"David," dijo Clive, cordialmente. "No esperaba verte aquí con Susannah. "
"Yo no esperaba verte aquí en absoluto," contestó David.
Clive se encogió de hombros. No llevaba sombrero, y un mechón de su pelo rubio le caía sobre la frente. "Hemos decidido asistir esta misma mañana. "
"¿Dónde está Harriet? " preguntó David.
"Con su madre cerca del fuego. No le gusta el frío. "
Permanecieron allí de pie durante un momento, un torpe trío sin nada que decir. Era extraño, pensó Susannah, dejando vagar sus ojos despacio de un hermano Mann-Formsby al otro. Durante todo el tiempo que había pasado con Clive, nunca lo había visto quedarse sin palabras o sin una sonrisa fácil. Él era un camaleón, deslizándose y adaptándose a cualquier situación con extrema facilidad. Pero ahora, él simplemente contemplaba a su hermano con una expresión que no llegaba a ser de hostilidad.
Pero tampoco era amistosa.
David no parecía muy contento, tampoco. Él tendía a permanecer más erguida y rígidamente que Clive, su postura era siempre correcta y formal. Verdaderamente, era raro que cualquier hombre se moviera con la sencilla y fluida gracia que Clive personificaba. Pero ahora David parecía, incluso, casi demasiado tieso, su mandíbula demasiado apretada. Cuando ellos se habían reído con tanta fuerza, solo unos momentos antes en el montón de nieve, ella había visto al hombre y no al conde.
Pero ahora…
El conde, definitivamente, había regresado.
"¿Quieres dar una vuelta sobre el hielo? " preguntó Clive, de repente.
Susannah se sobresaltó sorprendida cuando de dio cuenta de que Clive se dirigía a ella. No es que pensara que él hubiera querido dar una vuelta sobre el hielo con su hermano, pero de todos modos, tampoco parecía apropiado que lo hiciera con ella. Sobre todo con Harriet tan cerca.
Susannah frunció el ceño. Especialmente con la madre de Harriet tan cerca de Harriet. Esta era una de esas cosas que ponían a una esposa en una posición potencialmente embarazosa; era incluso peor hacérselo a la suegra de alguien.
"No estoy segura de que sea una buena idea," trató de escabullirse ella.
"Deberíamos aclarar el ambiente," dijo él, con tono decidido. "Mostrarles a todos que no sentimos ningún resentimiento. "
¿Ningún resentimiento? La mandíbula de Susannah se puso rígida. ¿De qué demonios creía que estaba hablando? Ella sentía resentimiento. Mucho. Después del pasado verano, sus sentimientos hacia Clive se habían tornado malditamente resentidos.
"Por los viejos tiempos," la engatusó Clive, con su sonrisa infantil iluminando su cara.
¿Su cara? Para ser honesto, iluminaba todo el muelle. Las sonrisas de Clive siempre tenían ese efecto.
Pero esta vez, Susannah no sintió el habitual estremecimiento de entusiasmo. En cambio se sintió un poco irritada.
"Estoy con Lord Renminster," dijo ella, rígidamente. "No sería cortés abandonarlo. "
Clive soltó un pequeño aullido de risa. "¿David? No te preocupes por él. " Se dio la vuelta hacia su hermano. "No te importa, ¿no, viejo?"
David tenía aspecto de que le importaba muchísimo, pero, por supuesto, simplemente dijo, "En absoluto. "
Lo que dejó a Susannah más irritada con él de lo que lo estaba con Clive. Sí, sí le importaba, ¿por qué no hacía algo sobre ello? ¿Pensaba él que ella quería patinar con Clive? "Bien", dijo. "Vamos allá, entonces. Si vamos a patinar, bien podemos hacerlo antes de que se nos congelen los dedos de los pies. "
Su tono solo podía ser calificado de cortante, y ambos hermanos Mann-Formsby la miraron sorprendidos y curiosos.
"Estaré en la mesa del chocolate," dijo David, dedicándole una cortés inclinación mientras Clive enlazaba su brazo con el de ella.
"¿Y si ya no está caliente, entonces estarás en la del brandy? " bromeó Clive.
David contestó a su hermano con una rígida sonrisa y se alejó patinando.
" Susannah," dijo Clive, dedicándole una cálida mirada. "Contenta de que se haya marchado, ¿eh? Ha sido un alivio. "
"¿Lo ha sido? "
Él se rió entre dientes. "Sabes que lo ha sido. "
"¿Cómo te trata el matrimonio? " preguntó ella, intencionadamente.
Él se estremeció. "No pierdes el tiempo, ¿verdad? "
"Ni tu tampoco, por lo visto," refunfuñó ella, aliviada, cuando comenzaron a patinar. Cuanto antes empezaran a dar su vuelta alrededor de la pista, antes terminarían.
"¿Entonces, todavía estas enojada? " preguntó él. "Esperaba que hubieras logrado dejar atrás el pasado. "
"Logré dejarte a ti atrás," dijo ella. "Mi cólera es algo totalmente distinto. "
"Susannah," dijo él, aunque en realidad, su voz sonaba más bien como un gemido. Suspiró, y ella lo miró. Sus ojos estaban llenos de preocupación, y su cara había asumido un aire herido.
Y tal vez, realmente, se sentía herido. Tal vez, verdaderamente, no había querido hacerle daño y honestamente pensaba que ella era capaz de ignorar todo el desagradable episodio como si nada hubiera pasado.
Pero ella no podía. Simplemente no era tan buena persona. Susannah creía que algunas personas eran verdaderamente buenas y agradables en su interior y otras solamente trataron de serlo. Y ella debía pertenecer a este último grupo, porque simplemente no podía reunir bastante caridad cristiana para perdonar a Clive. Aún no, al menos.
"No han sido unos meses agradables," dijo ella, con voz rígida y cortante.
La mano de él se apretó alrededor de su brazo. "Lo siento," dijo. "¿Pero no ves que no tenía ninguna otra opción? "
Ella lo miró con incredulidad. "Clive, tu tienes más opciones y oportunidades que cualquier otra persona que conozco. "
"Esto no es verdad," insistió él, mirándola atentamente. "Tuve que casarme con Harriet. No tenía ninguna otra opción. Yo…"
"No " le advirtió Susannah, con voz grave. "No sigas por ese camino. No es justo para mí y ciertamente no es justo para Harriet. "
"Tienes razón," dijo él, algo avergonzado. "Pero…- "
"¡Y me importa un comino por qué te casaste con Harriet. No me importa si llegaste hasta el altar con la pistola de su padre apretada contra tu espalda! "
"¡Susannah! "
"No importa como o por qué te casaste con ella," siguió Susana, apasionadamente, " podrías habérmelo dicho antes de anunciarlo en el baile de los Mottram delante de los cuatrocientos invitados. "
"Lo siento," dijo él. "Fue imperdonable por mi parte. "
"Ya lo se," refunfuñó ella, sintiéndose un poco mejor ahora que había tenido la posibilidad de desahogarse directamente con Clive, en vez de como habitualmente lo hacia a solas. Pero en todo caso, ya era suficiente, y advirtió que no quería permanecer más tiempo en su compañía. "Creo que deberías llevarme con David," dijo.
Sus cejas se elevaron. "Ahora es David, verdad? "
"Clive," dijo ella con voz irritada.
"No puedo creer que llames a mi hermano por su nombre de pila. "
"Él me dio permiso para hacerlo así, y de todas formas no creo que esto sea algo que te incumba."
"Desde luego que me incumbe. Fuimos pareja durante meses. "
"Y tú te casaste con otra persona," le recordó ella. ¡Dios mío!, ¿estaba Clive celoso?
"Es solo que… David" escupió él con voz desagradable. "De entre toda la gente, Susannah. "
"¿Qué pasa con David? " preguntó ella. "Él es tu hermano, Clive. "
"Exactamente. Lo conozco mejor que nadie. " Su mano apretó su cintura cuando ellos dieron la vuelta sobre el embarcadero. "El no es el hombre adecuado para ti. "
"Creo que no estás en posición de aconsejarme. "
"Susannah… "
"Sucede que me agrada tu hermano, Clive. Él es divertido, y simpático, y… – "
Clive tropezó, lo cual era algo muy raro para un hombre con su gracia de movimientos. "¿Has dicho divertido? "
"No sé, supongo que lo hice.Yo…- "
"¿David? ¿Divertido? "
Susannah recordó los momentos en el montón de nieve, el sonido de la risa de David y la magia de su sonrisa. "Sí", dijo ella, con tranquilidad. "Él me hace reír. "
"No sé qué está pasando," refunfuñó Clive, "pero mi hermano no tiene ningún sentido del humor. "
"Eso no es verdad. "
"Susannah, yo lo he conocido durante veintiséis años. Creo que eso cuenta más que tu relación de ¿cuánto? ¿una semana? "
Susannah sintió que su mandíbula se apretaba en una línea enojada. No le gustaba que nadie fuera condescendiente con ella, especialmente Clive. "Me gustaría regresar a la orilla,"dijo mordiendo las palabras. "Ahora".
"Susannah- "
"Si no deseas acompañarme, volveré sola," lo advirtió ella.
"Solamente una vuelta más, Susannah," la engatusó él. "Por los viejos tiempos. "
Ella lo miró, lo cual fue un terrible error. La estaba mirando fijamente con aquella expresión que volvía siempre sus rodillas de mantequilla. No sabía como unos ojos azules podían parecer tan cálidos, pero los de él prácticamente se derretían. La miraba como si ella fuera la única mujer en el mundo, o el último bocado de comida para un famélico, o…
Estaba hecha de un material más resistente ahora, y sabía que no era la única mujer en el mundo para él, pero parecía realmente sincero, y pese a su inmadura forma de ser, Clive no era, en el fondo, mala persona. Sintió que su resolución se debilitaba, y suspiró. "Bueno", dijo con voz resignada. "Una vuelta más. Pero eso es todo. Vine con David, y no es justo dejarlo solo. "
Y cuando se pusieron en marcha para otra vuelta alrededor de la pista habilitada por Lord y Lady Moreland para sus invitados, Susannah se dio cuenta de que ella realmente quería regresar con David. Clive podría ser hermoso, y podría ser encantador, pero no hacía que su corazón palpitara con una sola mirada.
David sí.
Y nada podía haberla sorprendido más.
Los criados de los Moreland habían encendido un fuego bajo la tina del chocolate, así que la bebida estaba malditamente caliente, aunque no lo suficientemente dulce. David se había bebido tres tazas de la amarga poción antes de darse cuenta de que el calor que comenzaba finalmente a sentir en sus dedos de las manos y de los pies no tenía nada que ver con el fuego de su izquierda y todo con la cólera que se había estado cociéndose a fuego lento en su interior desde el momento en que Clive había aparecido junto al montón de nieve y los había mirado desdeñosamente a él y a Susannah.
¡Infierno y condenación!, eso no era exacto. Clive había mirado a Susannah. No podía haberse preocupado menos por David – su hermano, por el amor de Dios – y la había mirado fijamente, de un modo en que, se suponía, ningún hombre miraba a una mujer que no fuera su esposa.
Los dedos de David se apretaron alrededor de su taza. Oh, muy bien, exageraba. Clive no había mirado a Susannah de forma lujuriosa (David debería saber distinguirlo, ya que él sí había estado mirándola exactamente de ese modo), pero su expresión había sido definitivamente posesiva, y sus ojos se habían encendido de celos.
¿Celos? Si Clive hubiera querido tener derecho a sentir celos por Susannah, él debería haber hecho lo malditamente correcto y casarse con ella, y no con Harriet.
Apretando la mandíbula hasta casi encajarla, David miró como su hermano conducía a Susannah alrededor de la pista de hielo. ¿La quería Clive aún? David no estaba preocupado; bueno, no demasiado. Susannah nunca se deshonraría siendo demasiado familiar con un hombre casado.
Pero, ¿ y si ella todavía lo añorara? Demonios, ¿y si ella todavía lo amaba? Dijo que ya no lo hacía, pero ¿conocía ella realmente su propio corazón? Los hombres y las mujeres tendían a engañarse a si mismos cuando estaban enamorados.
¿Y si él se casara con ella – y tenía toda la intención de hacerlo- y ella todavía amaba a Clive? ¿Como podría soportarlo, sabiendo que su esposa prefería a su hermano?
Era una perspectiva espantosa.
David dejó su taza sobre una mesa cercana, ignorando las asustadas miradas de sus compatriotas cuando esta aterrizó con un ruidoso golpe, salpicando chocolate sobre el borde.
"Su guante, milord" indicó alguien.
David bajo la mirada desapasionadamente hacia su guante de cuero, que se estaba volviendo marrón oscuro donde el chocolate había caído. Seguramente lo había arruinado, pero a David no podía importarle menos.
"¿Milord? " preguntó de nuevo la misma voz anónima.
David debió volverse hacia el con una expresión cercana a un gruñido, porque el joven caballero se apresuró a marcharse.
Y alguien que se alejara del fuego durante un día tan helado como este debía desear estar en cualquier otra parte con mucha fuerza.
Unos momentos más tarde, Clive y Susannah reaparecieron, patinando aún perfectamente sincronizados. Clive la contemplaba con aquella expresión extraordinariamente cálida que había perfeccionado a la edad de cuatro años (Clive jamás había sido castigado por nada; una mirada arrepentida de aquellos enormes ojos azules conseguía salvarlo de cualquier reprimenda), y Susannah lo miraba fijamente con una expresión de…
Bien, para ser sincero, David no estaba muy seguro de cual era la clase de expresión que estaba en su cara, pero no era la que él habría querido ver, odio puro.
O furia, esa también habría sido aceptable. O tal vez completa indiferencia. Sí, una completa carencia de interés habría sido la mejor.
Pero en cambio ella lo miraba con algo próximo al afecto cansado, y David
no sabía como interpretar esto.
"Aquí está," dijo Clive, una vez que llegaron hasta él. "De vuelta a tu lado. Sana y salva como prometí. "
David pensó que Clive utilizaba un tono un tanto demasiado agresivo, pero no tenía ningún deseo de prolongar el encuentro, así que todo que dijo fue, "Gracias. "
"Ha sido un paseo encantador, ¿no Susannah? " dijo Clive.
"¿Qué? Oh, si, por supuesto," contestó ella. "Ha estado bien ponerse al día. "
"¿No tienes que regresar junto a Harriet? " preguntó David intencionadamente.
Clive solo sonrió abiertamente, casi desafiante. "Harriet estará bien sin mi durante unos minutos. Además, ya te dije que estaba con su madre. "
"Sin embargo" dijo David, siendo francamente irritante ahora, "Susannah está conmigo. "
"¿Qué tiene eso que ver con Harriet? " lo desafió Clive.
La barbilla de David se alzó unos milímetros. "Nada, salvo que tú estás casado. "
Clive plantó las manos sobre sus caderas. "A diferencia de ti, que no estás casado con nadie."
Los ojos de Susannah iban de acá para allá, de hermano a hermano.
"¿Qué demonios se supone que significa eso? " exigió David.
"Nada, salvo que deberías poner tus propios asuntos en orden antes de meterte en los míos."
"¡Tuyos! " casi explotó David. "¿Desde cuándo ha pasado Susannah a ser asunto tuyo? "
Susannah se quedó boquiabierta.
"¿Cuándo lo ha sido tuyo? " replicó Clive.
"No creo que eso te concierna. "
"Bien, pues me concierne más a mi que…- "
"¡Señores! " los interrumpió finalmente Susannah, incapaz de creer la escena que se desarrollaba delante de sus ojos. David y Clive reñían como un par de chiquillos de seis años incapaces de compartir su juguete favorito.
Y ella parecía ser el juguete en cuestión, una metáfora que encontró más bien insultante.
Pero ellos no la oyeron, o si lo hicieron, no les importó, porque siguieron discutiendo hasta que ella se colocó físicamente entre ambos y dijo, "¡David! ¡Clive! Es suficiente. "
"Apártese, Susannah," dijo David, casi gruñendo. "Esto no es por usted. "
"¿No lo es? " ella preguntó.
"No," dijo David con tono duro, "no lo es. Es por Clive. Siempre es por Clive. "
"Un momento," dijo Clive furioso, empujando a David en el pecho.
Susannah jadeó. ¡Iban a liarse a golpes! Miró alrededor, pero gracia a Dios, nadie
parecía haberse percatado de la inminente pelea, ni siquiera Harriet, que estaba sentada a poca distancia, charlando con su madre.
"Te casaste con otra," prácticamente siseó David. "Perdiste cualquier derecho sobre Susannah cuando… – "
"Me marcho," anunció ella.
" -…te casaste con Harriet. Y deberías haber considerado… – "
"¡He dicho que me marcho! "repitió ella, preguntándose por qué se preocupaba de si la habían oído o no. David había dejado bastante claro que esto no era por ella.
Y no lo era. Cada vez estaba más claro. Ella era simplemente un tonto premio a conseguir. Clive la quería porque pensaba que David la tenía. David la quería por la misma razón. Ninguno de los dos se preocupaba realmente por ella; lo único que les importaba era ganarse el uno al otro en alguna tonta competición de toda la vida.
¿Quién era el mejor? ¿Quién era el más fuerte? ¿Quién tenía más juguetes?
Era estúpido, y Susannah estaba harta de ello.
Y herida. Profundamente herida en lo más hondo de su corazón. Durante un mágico momento, ella y David se habían reído y habían bromeado, y ella se había permitido soñar con que algo especial estaba creciendo entre ellos. Él no se había comportado como ningún otro hombre que conociera. Realmente la escuchó, lo cual era una experiencia nueva. Y cuando él se rió, el sonido había sido cálido, rico y sincero. Susannah tenía la teoría de que uno podía saber mucho sobre una persona por su risa, pero tal vez esto era tan solo otro sueño perdido.
"Me marcho," dijo ella por tercera vez, sin estar muy segura de porqué se molestaba. Quizás era alguna clase de enfermiza fascinación con la situación que tenía entre manos, una morbosa curiosidad por ver lo que ellos harían cuando realmente comenzara a alejarse.
"No, no se va," dijo David, agarrando su muñeca en el instante en que ella se movió.
Susannah parpadeó sorprendida. La había estado escuchando.
"La escoltaré," dijo él rígidamente.
"Obviamente está bastante ocupado aquí," dijo ella, con una sarcástica mirada hacia Clive. "Estoy segura de que puedo encontrar a algún conocido que me lleve a casa. "
"Vino conmigo. Se marchará conmigo. "
"No es… – "
"Es necesario," dijo él, y Susannah, de repente, entendió por qué era tan temido entre los miembros de la Temporada.
Su tono podría haber congelado el Támesis.
Miró el hielo – sobre el río, y casi se rió.
"En cuanto a ti, hablaremos más tarde," dijo bruscamente David a Clive.
"¡Pffft.! " Susannah se tapó la boca con la mano.
David y Clive se volvieron a mirarla con expresión irritada. Susannah luchó contra otro acceso de sumamente inoportuna risa tonta. Nunca había pensado que ellos se parecieran tanto el uno al otro hasta ahora. Cuando ambos la miraron exactamente de la misma forma, sumamente enojados.
"¿De qué te ríes? " exigió Clive.
Ella apretó los dientes para impedirse sonreír. "De nada".
"Obviamente es de algo," dijo David.
"No es por usted," contestó ella, temblando con risa apenas contenida. Era divertido devolverle sus propias palabras.
"Se está riendo," la acusó él.
"No me río. "
"Lo hace," dijo Clive a David, dejando de discutir el uno con el otro en ese instante.
Por supuesto que ya no discutían entre ellos; ahora se habían aliado contra ella.
Susannah miró a David, después miró a Clive. Volvió a mirar a David, que fruncía el ceño tan ferozmente que ella debería estar temblando encima de sus patines, pero en cambio simplemente se echó a reír.
"¿Qué? " exigieron David y Clive al unísono.
Susannah solamente sacudió la cabeza, tratando de decir, "no es nada," mientras reía, pero no lo logró y solo consiguió parecer una lunática trastornada.
"La llevo a casa," dijo David a Clive.
"Será lo mejor," contestó Clive. "Evidentemente no puede permanecer aquí. " Entre la sociedad civilizada, implicaba la frase.
David la tomó por el codo. "¿Está lista para marcharse? " le preguntó, a pesar de que ella había anunciado su intención de hacer exactamente eso nada menos que tres veces.
Ella asintió, y se despidió de Clive antes de permitir que David se la llevara.
"¿Qué ha sido todo eso? " le preguntó él, una vez que estaban acomodados en su carruaje.
Ella sacudió la cabeza inútilmente. "Se parecía tanto a Clive. "
"¿A Clive? "repitió él, con voz teñida de incredulidad. "No me parezco en nada a Clive. "
"Bien, tal vez no en los rasgos," dijo ella, tirando distraídamente de los flecos de la manta que tenía extendida sobre el regazo. "Pero sus expresiones eran idénticas, y usted actuaba exactamente igual que él. "
La expresión de David se volvió pétrea. "Nunca actúo como Clive,"dijo, mordiendo las palabras.
Ella se encogió de hombros por toda respuesta.
"¡Susannah! "
Lo miró con las cejas arqueadas.
"No actúo como Clive," repitió él.
"No, normalmente no. "
"Hoy tampoco" afirmó él.
"Sí, hoy sí, me temo. Lo hizo. "
"Yo- " Pero no terminó la frase. En cambio, apretó los labios y mantuvo la boca cerrada, abriéndola sólo para decir, "Estará en casa pronto. "
Lo que no era cierto. Había unos buenos cuarenta minutos hasta Portman Square. Susannah sintió el paso de cada uno de esos minutos con insoportable detalle, puesto que ninguno de ellos volvió a decir una palabra hasta que llegaron a su casa.
El silencio, se percató ella, podía ser increíblemente ensordecedor.