El germen de esta novela se remonta a diciembre de 2003, cuando Rita Markley, directora del Albergue Temporal de Burlington, en Vermont, compartió conmigo el contenido de una caja llena de fotografías antiguas, imágenes en blanco y negro tomadas por un indigente que había fallecido en el piso de acogida que la asociación le había proporcionado. El hombre se llamaba Bob «Sopas» Campbell.
Las fotografías eran extraordinarias, tanto por el evidente talento del hombre como por su contenido. Reconocí a los artistas (músicos, humoristas, actores) y las caras famosas que aparecían en muchas de ellas. La mayoría de las imágenes tendrían por lo menos cuarenta años de antigüedad. A todos nos sorprendió descubrir que Campbell había pasado de fotografiar celebridades en los años cincuenta y sesenta a terminar en un refugio para indigentes del norte de Vermont. No sabíamos de ningún familiar a quien pudiéramos preguntar.
Lo más seguro, como suele ser habitual, es que Campbell hubiera acabado en la calle debido a alguna de las múltiples razones por las que casi todos los indigentes terminan en ella: enfermedad mental, abuso de drogas, mala suerte…
Tenemos tendencia a estigmatizar a los sin techo y a acusarles de ser ellos mismos los culpables de su situación, ignorando el hecho de que la mayoría llevaba vidas tan serias como las nuestras antes de que todo se les viniera abajo. Las fotografías de este libro son un testimonio de esa realidad: fueron tomadas por Campbell antes de terminar como indigente en Vermont.
Le estoy muy agradecido a la dirección del Albergue Temporal de Burlington por permitirme usar las imágenes en este relato. Por supuesto, Bobbie Crocker, el fotógrafo sin techo de esta novela, es un personaje ficticio. Sin embargo, las fotografías que el lector verá en este libro son reales.