Hasta su escritura me hace rechinar los dientes por lo dura e implacable que es. ¿Qué haré? Debo de tener un aspecto perplejo porque Gilbert me pregunta qué es lo que no marcha bien. Le explico de quién es la carta y lo que quiere Violette. Él se encoge de hombros.
– Señora Rose, respóndale. Dígale que está en casa de unos amigos. Que se tomará algún tiempo antes de ir a verla. Gane tiempo.
– ¿Y cómo conseguiré que le llegue la carta? -pregunto.
De nuevo hace un gesto de despreocupación con los hombros.
– La llevaré a correos.
Me dirige una sonrisa paternal, luciendo sus dientes horribles.
Así que he ido a buscar una hoja de papel, luego me he sentado y he escrito a mi hija la siguiente carta.