Queridísima Violette:
Siento muchísimo haberos causado tanta preocupación a tu marido y a ti. Estoy pasando una temporada en casa de mi amiga la baronesa de Vresse, en la calle Taranne. Creo que te he hablado de ella. Es una dama encantadora de la alta sociedad, a la que conocí a través de la florista del bajo, la señorita Walcker. Sí, es muy joven, podría ser mi nieta, pero me ha cogido mucho cariño. Nos gusta hacernos compañía mutuamente.
Se ha ofrecido, muy generosamente, a alojarme antes de que vaya con vosotros. Tiene una extraordinaria casa en la calle Taranne. De manera que no me afecta en absoluto la destrucción de nuestro barrio, ni siquiera la veo.
Vamos de compras al Bon Marché y me lleva a Casa Worth, el gran modisto que le hace la ropa. Disfruto de unos días encantadores: voy al teatro, a la ópera y al baile. Son cosas, te lo aseguro, que aún puede hacer una anciana de casi sesenta años.
Te informaré sobre la fecha de mi llegada, pero, de momento, no cuentes conmigo, porque pienso quedarme el mayor tiempo posible en casa de la baronesa de Vresse.
Transmite mis saludos más afectuosos a tu marido y a tus hijos, y a mi querida Germaine. Dile que Mariette ha encontrado un buen trabajo en casa de una familia acomodada, cerca del parque Monceau.
Tu madre, que te quiere