Capítulo 22

No puedo evitar sonreír pensando en la ironía de unas cuantas palabras: bailes, teatros, Worth, ¡vamos, anda! No me cabe la menor duda de que mi hija, una esposa provinciana típica y aburrida, sentirá un poco de envidia al enterarse de que llevo una vida social tan extraordinaria como ficticia.

Carraspeo y leo la carta a Gilbert. Este lanza un gruñido.

– ¿Por qué no le dice la verdad? -pregunta bruscamente.

– ¿Sobre qué? -digo.

– Respecto a los motivos que la llevan a quedarse aquí.

Hago una breve pausa antes de responderle.

– Porque mi hija no lo entendería.

Загрузка...