Epílogo

Era de noche. Joey había recargado el teléfono, e incluso después de hablar con sus padres el indicador de batería marcaba el noventa por ciento. Aprovechando que todo estaba tranquilo, abrió la carpeta de archivos visuales, encendió el proyector del móvil y lo apuntó hacia el techo.

Allí apareció la primera página del primer libro de los recuerdos de Randall, escrita en aquellos caracteres incomprensibles que habían desafiado a todos los descifradores.

Pero ahora, para Joey estaban tan claros como las letras del alfabeto latino.


Me llaman Atlas.

Soy inmortal.

No sé por qué.

Pero sé que un día lo averiguaré.

Tengo todo el tiempo del mundo.

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