10. UN ENFOQUE HUMILDE

Todos queremos tener amigos. Todos necesitamos tener amigos. Es un dato clínico el que usted vive más tiempo si tiene amigos. El Dr. James Lynch hizo un estudio extenso que prueba que en realidad la soledad debilita el sistema de inmunidad de la persona.

Hace años, Dale Carnegie escribió el segundo libro más vendido del siglo pasado, titulado Cómo ganar amigos e influenciar en los demás. ¿Por qué vendió tantas copias? Porque todos queremos ser del agrado de otros. Todos queremos tener amigos. Un versículo en Proverbios declara: «El hombre que tiene amigos debe ser amistoso» (18:24, RVR 1995). En otras palabras, si quiere agradar a otros, el ser agradable le ayudará. Y una de las cualidades más agradables es lo que la Biblia llama «humildad».

En la década de los ochentas mucha gente fue al cine y disfrutó de personajes fuertes como Dirty Harry y Rambo, pero en realidad, nadie quiere vivir con ese tipo de personas. Queremos que las personas que nos rodean sea comprensivas, bondadosas y humildes. ¿Qué es la humildad? Basado en la palabra griega original que usa el Nuevo Testamento, la palabra humildad significa de forma literal «fuerza bajo control». La palabra se usó para describir un caballo salvaje que fue domesticado. El caballo domesticado todavía tiene tanta fuerza y energía como cuando era salvaje, pero ahora se puede controlar y ser útil para su amo. Ser manso no significa ser débil, ser un enclenque. Es interesante que en la Biblia solo dos personas fueron llamadas mansas (Jesús y Moisés) y ninguno de los dos eran hombres débiles. Ambos fueron hombres muy fuertes y masculinos.

Gálatas 5:23 dice que el octavo fruto del Espíritu es la humildad. Y Filipenses 4:5 nos dice: «Que su amabilidad sea evidente a todos.» Ahora bien, ¿qué significa ser amable? Quiere decir controlar sus reacciones ante la gente. Significa escoger cómo responder a la gente en lugar de reaccionar a ellas.

En este capítulo examinaremos seis tipos de personas con las que usted puede practicar la humildad y desarrollar amabilidad. Son personas con las que se relaciona todo el tiempo.


Sea comprensivo, no exigente

Cuando alguien le sirve, sea comprensivo, no exigente. Filipenses 2:4-5 dice: «Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás.»

Ahora déjeme preguntarle, ¿cómo trata a las personas que le proveen algún servicio? ¿Cómo trata al camarero, oficinista, secretario, empleado, cajero y otras personas que le sirven? ¿Es grosero y exigente? ¿O es indiferente e impersonal como si fueran parte de una maquinaria? ¿Entiende que es posible que ellos también tuvieron un día difícil, o solo piensa en usted? La primera forma en la que puede desarrollar amabilidad es empeñarse en entender a las personas que le sirven.

Aprendí el secreto de obtener un servicio extraordinario en un restaurante. Aquí va: trate con respeto a los que le sirven. Es asombroso cuánto más ayudan los camareros cuando usted considera sus sentimientos y simpatiza con la presión que tienen. Mirar más allá de sus necesidades y agenda requiere un poco de esfuerzo, pero los resultados bien valen dicho esfuerzo.

Una vez leí en un popular libro de autoayuda en el que el autor decía que cuando se devuelve mercancía defectuosa, usted debe ignorar al empleado y quejarse directamente con el gerente. Aunque este método puede ser efectivo, el autor no mostró ningún respeto hacia los empleados al proclamar a viva voz: «Todos los empleados son tontos.» Esto es ser exigente en lugar de ser comprensivo.

El primer lugar en el que puede ser amable es en su hogar. La Biblia dice que la belleza con la cual deben adornarse las esposas: «Consiste en un espíritu suave y apacible» (1 Pedro 3:4). Esto tiene más valor que cualquier ropa que usted pueda usar o cualquier perfume que se pueda echar. La amabilidad es un atributo atractivo en una mujer.

La Biblia dice a los esposos: «Ustedes esposos, sean comprensivos en su vida conyugal, tratando cada uno a su esposa con respeto» (1 Pedro 3:7). Sea comprensivo, no exigente con las personas que le sirven y con las personas con quienes vive.


Llénese de gracia y no juzgue

Cuando alguien lo desilusione, llénese de gracia y no lo juzgue. Gálatas 6:1 dice: «Hermanos, si alguien es sorprendido en pecado, ustedes que son espirituales deben restaurarlo con una actitud humilde. Pero cuídese cada uno, porque también puede ser tentado.» La tentación a la que Pablo se refiere en este pasaje muy bien puede ser la tentación a juzgar, a ser «muy santurrón». Y esa es una reacción errónea para ser tomada por un cristiano ante un hermano en Cristo que está luchando con el pecado. Romanos 14:1 dice: «Reciban al que es débil en la fe, pero no para entrar en discusiones.» Nos exponemos a los ataques de Satanás en nuestras esferas débiles desde el momento en que comenzamos a juzgar a otros.

Permítame preguntarle: ¿cuál es su reacción ante la gente que echa a perder su vida? ¿Piensa en su interior: Te lo dije, o lo veía venir, o es bueno que te pase, o cómo puedes ser tan bobo? ¿Le da un sentido interior de superioridad? La reacción de Jesús ante la mujer que cometió adulterio estuvo llena de sensibilidad. La defendió frente a los demás y entonces, después que la multitud se fue, conversó con ella en privado acerca de su pecado. Él se llenó de gracia y no la juzgó.

¿Por qué debemos empeñarnos en no juzgar? Porque así nos trató Cristo. Romanos 15:7 dice: «Por tanto, acéptense mutuamente, así como Cristo los aceptó a ustedes para gloria de Dios.» Usted ya sabe, Dios soporta mucho por causa nuestra. Y si Dios soporta nuestras inconsistencias y debilidades, nosotros podemos aprender a soportar las faltas de los demás. Cada vez que se sienta tentado a juzgar a otra persona, deténgase y recuerde cuántas veces Dios lo ha perdonado. Mientras más reconozca la gracia de Dios en usted, con más gracia actuará con los demás.

Será más humilde cuando sea comprensible -y no exigente- con los que le sirven. Y cuando las personas lo desilusionen, será más humilde cuando aprenda a actuar con gracia en lugar de juicio. Dios es amable con usted. Y él quiere que usted sea humilde con los demás.


Sea tierno sin rendirse

Cuando alguien esté en desacuerdo con usted, sea tierno sin rendirse. Es un hecho en la vida que es imposible agradar a todos. Siempre encontrará personas a quienes les gusta discutir y pelear. Alguna gente va a contradecir todo lo que usted diga. ¿Cómo se debe responder a esta gente?

Una de las pruebas de la madurez espiritual es cómo trata a las personas que están en desacuerdo con usted. Algunas personas tienen la necesidad de devastar a cualquiera que no esté de acuerdo con ellas. Si los reta o les ofrece una comparación, queja o crítica, reaccionan con un ataque personal a todo vapor. Entonces, ¿qué hace usted? Tiene tres alternativas: se puede retirar temeroso, puede reaccionar con ira, o puede responder de forma amable. La mayoría de las personas deciden entre retirarse o reaccionar. Muy pocos saben reaccionar con amabilidad.

Si usted cede o se retira con temor de la persona que argumenta, está diciendo: «Está bien, como tú quieras.» La «paz a cualquier precio» trae muchas consecuencias ocultas a cualquier relación.

Por otra parte, si reacciona con ira, entonces toma la ofensiva y pelea cada vez que alguien se le opone. A menudo, la ira es una señal delatadora de que usted se siente inseguro y amenazado por la falta de aprobación de alguien. Y la ira es el aviso que le dice que está a punto de perder algo, con frecuencia, su autoestima. Cuando la gente se enoja, la reacción más normal es ponerse sarcástica y atacar la estima de la otra persona.

La tercera alternativa, reaccionar con amabilidad, es la que Dios quiere que usted tome. Esta clase de reacción requiere un buen balance entre mantener su derecho a opinar y respetar de igual manera el derecho del otro a emitir su opinión. Esto requiere ser amable sin ceder a sus convicciones.

Proverbios 15:1 dice: «La respuesta amable calma el enojo, pero la agresividad echa leña al fuego.» Estoy seguro que ya experimentó que esto es cierto. Yo lo hice. Cuando alguien le hace una pregunta, si responde con arrogancia, el que pregunta posiblemente lo retará. Pero si usted responde tranquilamente, el que pregunta estará más dispuesto a recibir su respuesta. Cuando usted le grita a una persona, esta reaccionará muy a la defensiva.

Santiago 3:16-17 dice: «Porque donde hay envidias y rivalidades, también hay confusión y toda clase de acciones malvadas. En cambio, la sabiduría que desciende del cielo es ante todo pura, y además pacífica, bondadosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial y sincera.» Santiago destaca la causa de los pleitos y las discusiones: el egoísmo. Esto es, el querer que las cosas se hagan a nuestra manera y el exigir que los demás estén de acuerdo con nosotros. Pero él sigue diciendo que si usted es una persona sabia, entonces es pacífica, bondadosa, dócil y llena de compasión. Conozco muchas personas que son muy inteligentes, y al mismo tiempo, detestables. Todo lo saben. No son amistosas. No son pacíficas. No son humildes. Siempre andan buscando impresionar a otros con sus conocimientos. Si usted es una persona verdaderamente sabia, entonces, es humilde.

Una vez leí un libro titulado Patton’s Principies: For Managers Who Mean It [Los principios de Patton: Para administradores sinceros]. Estaba lleno de breves declaraciones del General George Patton. Uno de los principios expresados es este: Nunca pelee en una batalla si no va a ganar nada con la victoria. ¿Alguna vez peleó esa clase de batallas en su matrimonio? ¿Discutió por causa de una fecha insignificante?

– Fue en 1982.

– No, fue en 1983.

– No, no. Fue en 1982.

– No, fue…

¿A quién le importa? Nunca pelee una batalla en la cual no ganará nada. La relación con su cónyuge vale más que el punto que está tratando de probar. De todas formas, la mayoría de las veces a ninguno le importa en realidad cuándo sucedió. Quizás usted y su pareja están en una comida, y su esposa comienza a contar una historia. Entonces, usted dice: «Querida, no fue así. Recuerda, fue tía María, no tía Susana.» ¿Usted piensa que las personas que escuchan están interesadas en saber cuál de las tías fue? No. Para nada. No permita que su ego se involucre. Sea sabio. Sea amable.

La humildad es la habilidad de estar amablemente en desacuerdo. Usted puede caminar mano a mano con alguien sin verlo todo de la misma manera. De todas formas, si dos personas están de acuerdo en todo, una de las dos no se necesita. La humildad es la habilidad de estar amablemente en desacuerdo.

Al escribirle a Timoteo, Pablo dijo: «Y un siervo del Señor no debe andar peleando; más bien, debe ser amable con todos, capaz de enseñar y no propenso a irritarse. Así, humildemente, debe corregir a los adversarios, con la esperanza de que Dios les conceda el arrepentimiento para conocer la verdad» (2 Timoteo 2:24-25). Pablo está diciendo que la humildad es una cualidad del líder espiritual. ¿Sabe lo que me dice? Me dice que si soy un líder, no debo dejarme arrastrar por los argumentos. Ni usted ni yo debemos involucrarnos en desacuerdos insignificantes ni en conflictos inútiles. En específico, este versículo dice que los pastores deben ser amables ante cualquier oposición a su liderazgo e instruirlos con humildad.

Hasta aquí hemos discutido tres aspectos de la humildad: sea comprensivo, no exigente; llénese de gracia y no juzgue; y sea tierno, sin rendirse. Usted no tiene que dejar sus convicciones, pero necesita ser tierno en la forma que las exprese. Veamos el cuarto aspecto.


Sea educable, no inalcanzable

Cuando alguien lo corrige, sea educable, no inalcanzable. Santiago 1:19 dice: «Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar y para enojarse.» Si hace las primeras dos cosas, la tercera caerá naturalmente en su lugar. Si está listo para escuchar y es lento para responder, será lento para enojarse. Proverbios 13:18 dice: «El que desprecia a la disciplina sufre pobreza y deshonra.» Si quiere ser una persona humilde, use sus oídos más que la boca, y esté dispuesto a aceptar corrección.

Ahora déjeme hacerle una pregunta a usted, esposo. Cuando su esposa se le acerca para hacerle una sugerencia, ¿usted se pone a la defensiva? ¿Toma cada comentario como una amenaza personal a su hombría? La palabra griega traducida «humilde» a veces se traduce «manso». No me gusta la palabra mansedumbre porque, en inglés, desafortunadamente rima con debilidad. Las personas tienen la tendencia a igualar la mansedumbre con la debilidad.

Sin embargo, Jesús dijo: «Bienaventurados los mansos, porque recibirán la tierra por heredad» (Mateo 5:5, RVR1995). ¿En qué piensa cuando digo la palabra manso? Probablemente en una alfombra. Tal vez se imagine el cuadro de un gatito encogido de miedo en una esquina. Sin embargo, Jesús se llamó «manso» (véase Mateo 11:29, RVR), y en verdad no tenía miedo de nadie. Los mansos, los humildes, heredarán la tierra pues son gente al estilo de Dios; son como Jesucristo.

La gente más sabia que conozco son las personas más dispuestas a aprender de otros. Siempre están aprendiendo. Admiro a esa gente. Admiro a la persona que tiene la actitud de «enséñame». Yo descubrí que puedo aprender de cualquiera. Usted también. Puede aprender de cualquiera si solo sabe hacer la pregunta correcta. Es importante que nunca deje de hacer preguntas pues en el momento que deje de aprender en la vida, ¡ya terminó! Sea educable, no inalcanzable.

Déjeme preguntarle, ¿de quién estaría dispuesto a aprender? ¿Puede aprender de su esposo? ¿O representa una amenaza para usted? ¿Puede aprender de su esposa? ¿O representa una amenaza para usted? ¿Puede aprender de sus hijos? ¡He aprendido tanto de mis hijos!

Déjeme decirle cómo terminar su vida en soledad: Nunca admita ningún error. Nunca aprenda de nadie. Nunca deje que alguien le enseñe algo. Le garantizo que terminará siendo una persona muy sola. Nadie tiene todas las respuestas. Yo no las tengo. Usted tampoco. Nadie las tiene. Así que todos debemos seguir aprendiendo. Es como el hombre que servía de testigo en un juzgado y el alguacil dice: ¿Jura ante Dios decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad?» El hombre contestó: «Señor, si supiera toda la verdad y nada más que la verdad, ¡yo sería Dios!» Eso es cierto. Ninguno de nosotros tiene todas las respuestas. La humildad involucra desear aprender de otros.

La humildad también implica estar dispuesto a admitir que uno está equivocado. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que le admitió a su pareja: «Cariño, me equivoqué. Fue mi culpa»? Algunas personas no han dicho esto en muchos años.

Santiago 1:21 dice que esta es la actitud que debemos tener cuando venimos a la Palabra de Dios: «Para que puedan recibir con humildad la palabra sembrada en ustedes.» Nótese la palabra humildad. En griego, la palabra humilde y la palabra amable son las mismas. Manso es también la misma palabra. Significa ser educable, no inalcanzable. Cuando nos acercamos a la palabra de Dios, debemos hacerlo con una actitud mansa o humilde, diciendo: «Dios, estoy dispuesto a aprender.»


Sea un actor, no un reactor

Cuando alguien lo hiera, sea un actor, no un reactor. Cuando digo «actuar» no quiero decir ser hipócrita ni fingir, sino ser el que inicie la acción. Sea un actor, no un reactor. El apóstol Pedro recuerda cómo Jesús actuó en su juicio ante Pilato. «Cuando proferían insultos contra él, no replicaba con insultos; cuando padecía, no amenazaba, sino que se entregaba a aquel que juzga con justicia» (1 Pedro 2:23). Mientras que Pilato lo cuestionaba, Jesús pudo haber ordenado a todos los ángeles del cielo que bajaran y lo rescataran en un instante. El juicio ni siquiera era legal. Pero Jesús soportó el juicio en silencio. Permítame preguntarle, en esa situación, ¿quién estaba realmente en control, Pilato o Jesús? Las dinámicas sicológicas de esta confrontación son fascinantes. Pilato se sentía amenazado por el simple hecho de que Jesús no hablaba ni se defendía. Esto puso a Pilato nervioso. En lugar de reaccionar a Pilato, Jesús asumió el control de la situación al escoger permanecer en silencio. Él sabía en realidad quién era, el Hijo de Dios, y por eso no necesitaba reaccionar ante los insultos de Pilato.

Cuando alguien lo hiera, sea un actor, no un reactor. La fuerza se encuentra en la humildad. Y la humildad es una habilidad que controla el dolor sin desquitarse. Es la habilidad de absorber el golpe sin devolverlo. Jesús lo llamó «poner la otra mejilla». Usted dice: «Hacer eso no es fácil.» No, no lo es; es casi imposible. «No es natural reaccionar de esa forma», dice usted. Tiene razón. Es sobrenatural; es el fruto del Espíritu. Usted necesita el poder de Dios para vivir de esta manera.

Cuando en el trabajo alguien lo traiciona, ¿qué hace usted? ¿Saca su artillería y reacciona? Tal vez diga: «¡Me hiciste enojar!» Cuando dice esto, está admitiendo que otro está controlando sus emociones. Está reconociendo que le dio a esa persona el poder para determinar sus sentimientos y reacciones. Recuerde esto: nadie puede tomar ese control de usted. Usted lo entrega en el momento que comienza a reaccionar. Si alguien le es infiel, ¿reacciona siendo infiel? Aprenda a ser un actor, no un reactor.

La palabra de Dios nos dice: «No paguen a nadie mal por mal… no te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien» (Romanos 12:17-21). Ese es el poder de acción en lugar de reacción. Vengarse es reaccionar. Perdonar es actuar. Es decir: «Escojo la forma de responder.»

Syndey Harris, un columnista sindicalizado, cuenta que acompañó a un amigo a un quiosco de periódicos y observó a su amigo saludar al vendedor con mucha cortesía. Sin embargo, como respuesta recibió un servicio áspero y descortés. El vendedor, en una forma grosera, le tiró el periódico en su dirección. El amigo de Harris le sonrió muy amable y le deseó al hombre un buen fin de semana. Mientras caminaban por la calle, Syndey Harris le preguntó a su amigo:

– ¿Siempre te trata tan grosero?

– Sí, así lo hace.

– ¿Siempre eres tan cortés y amistoso con él?

– Sí, siempre lo soy.

– ¿Por qué eres tan agradable con él si es tan poco amistoso contigo?

Observe esta respuesta, es un clásico:

– Porque no quiero que decida cómo voy a reaccionar.

Esto es humildad. Esto es fuerza bajo control: el escoger la manera de reaccionar a la gente. Esto es escoger ser un actor en lugar de un reactor.

¿Permite que otra persona controle su estado emocional? ¿Permite que otra persona eleve su nivel de felicidad o le sumerja en preocupación, temor o ira? Proverbios 16:32 dice: «Más vale ser paciente que valiente; más vale dominarse a sí mismo que conquistar ciudades.» Este versículo está diciendo que la persona que puede controlar su ánimo es más fuerte que un ejército en una ciudad rodeada de murallas. Pero una persona que no puede controlar su propio espíritu está indefensa, como una ciudad sin murallas alrededor. No tiene defensa, está a la merced de lo que cualquiera le quiera hacer. Diremos más acerca de esto en el próximo capítulo cuando veamos el fruto del dominio propio.


Sea respetuoso

Existe un último tipo de persona con la cual debe practicar la humildad: los no creyentes. Cuando usted le testifica a las personas, cuando hable de su fe, respételos, no los rechace. ¿Ha notado que gran parte del evangelismo no pasa de ser un rechazo poco disimulado? Predicamos el evangelio con sentido de superioridad: «Usted necesita lo que yo tengo porque es muy malo.» El hecho es que la gente necesita las Buenas Nuevas, pero nuestra actitud puede impedir que las reciban. Respete a los no creyentes, no los derribe. Respetarlos significa aceptarlos. No significa que deba aprobar su estilo de vida. Hay una diferencia entre aceptar y aprobar. Puedo aceptarlo como una persona que vale sin aprobar todo lo que hace. Además, debo respetar sus derechos de ser tratado de manera respetuosa.

Primera de Pedro 3:15-16 dice: «Estén siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes. Pero háganlo con gentileza y respeto» (énfasis del autor). La manera en que usted predique el evangelio puede determinar el interés que la persona demuestre en escucharlo. En efecto, su actitud habla con más poder que las palabras de su mensaje. Desgraciadamente, algunas personas usan el evangelio como una almádana (mazo de hierro empleado para partir piedras).

Hay dos formas de abrir el cascarón de un huevo. Una forma es romperlo; la otra, es colocarlo en un lugar tibio, en un ambiente amoroso, y dejar que incube y se rompa solo. La segunda forma preserva al pollito, mientras que la primera lo mata. De la misma forma hay dos maneras de llevarle a la gente las Buenas Nuevas. Usted puede machacárselas en la cabeza o puede atráelos con amor a la familia de Dios. La forma más efectiva de llevar el evangelio a los inconversos es rodeándolos con amor y aceptación mientras se les habla del evangelio. Sea gentil. Respételos, no los rechace. D. T. Niles dijo: «La evangelización es un pordiosero diciéndole a otro donde encontrar pan.»

Jesús fue humilde, y quiere que nosotros seamos humildes al hablarle a otros de él. La humildad era natural en Jesús, pero a la mayoría de nosotros no nos llega de forma natural. Debemos aprender a ser humildes.

Uno de los beneficios de ser más humilde es llevar un estilo de vida más relajado. Usted será más adaptable, más capaz de rodar con los golpes. Una razón por la que muchas personas «se queman» emocionalmente es porque no son humildes. Siempre están exigiendo sus derechos. Juzgan a los demás. Siempre tienen que probar su punto. No les interesa aprender de otros. Por lo regular, reaccionan a las situaciones con enojo o temor. Y se niegan a tratar a otros con respeto o dignidad.

¿Ahora ve lo importante que es la humildad para disfrutar una vida saludable y feliz? En unos minutos, haga un repaso de su vida. ¿En cuál relación considera más difícil ser humilde? Sea específico. Escriba las partes problemáticas y coloque la lista en su Biblia. Luego, mientras esté leyendo la Palabra y orando, hable a Dios acerca de esas relaciones y pídale que lo ayude a ser humilde con esas personas. Recuerde, usted no puede hacerlo solo, no importa cuánto poder de voluntad tenga. La humildad es un fruto del Espíritu.

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