Primera de Corintios 13 termina con estas conocidas palabras: «Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.» El amor es el primer fruto del Espíritu que se menciona en Gálatas 5. ¿Pero qué es el amor?
El amor es posiblemente la palabra más malentendida del mundo. Parte del problema es que usamos esta palabra para describir muchas cosas. De tanto usarla, destruimos su significado. Amo a mi esposa. Amo a mi país. Amo a mi perro. Te amo. Usamos la palabra amor en tantas formas diferentes que perdió, literalmente, mucho de su significado.
Es difícil dar o recibir amor cuando ni siquiera se entiende qué es. Ahora bien, debemos entender un par de conceptos populares equivocados acerca del amor. La mayoría de la gente piensa que el amor es un sentimiento. Que es un nudo sentimental en el estómago. Un océano de emoción. Cierto, el amor produce sentimientos, pero es mucho más que un sentimiento.
En una tirilla cómica «Peanuts», Charlie Brown y Linus están hablando, y Linus dice: «Ella era muy linda. Me acostumbré a verla todos las semanas en la Escuela Dominical. Me sentaba allí a contemplarla y a veces ella me sonreía. Ahora me entero que cambió de iglesia.»
Charlie Brown lo mira y le dice: «¡Eso cambiará tu teología con rapidez!»
Cuán a menudo descansamos en los sentimientos y permitimos que nuestros sentimientos nos motiven a hacer toda clase de cosas que normalmente no haríamos. Como dije, el amor produce sentimientos, algunos muy poderosos, pero es más que un sentimiento.
Otro malentendido es que el amor es incontrolable. ¿Alguna vez ha dicho: «Me enamoré», como si se hubiera resbalado? Creemos que el amor no se puede controlar. «Qué voy hacer si estoy enamorado. No puedo hacer nada, ¡estoy enamorado!» O lo opuesto: «No hay nada que hacer, ya no lo amo.» Hablamos como si el amor fuera incontrolable, pero la Biblia dice que el amor es controlable. En efecto, Jesús ordenó que nos amáramos unos a otros. Sus palabras indican que controlamos a quienes amamos y a quienes no amamos.
El amor es un asunto de dos cosas: Primero, el amor es un asunto de elección. La Biblia dice: «Por encima de todo, vístanse de amor, que es el vínculo perfecto» (Colosenses 3:14). Nótese esta palabra vístanse. El amor es algo que podemos decidir tener. Si fuera un sentimiento, no lo podríamos mandar. Pero podemos mandar en una elección. Y el amor es una elección. Es controlable.
La Biblia también dice que el amor es un asunto de conducta. El amor es algo que hacemos. Es una acción, no un sentimiento. El apóstol Juan lo expresó en esta forma: «Queridos hijos, no amemos de palabra ni de labios para afuera, sino con hechos y de verdad» (1 Juan 3:18). Muy a menudo amamos con palabras, pero no con acciones. Un joven le dijo a su novia: «Te amo, mi amor, tanto que moriría por ti.» Ella le contestó: «Ah, Pedro, tú siempre me estás diciendo eso, pero nunca lo haces.»
El amor es más que palabras. Es más que sentimientos. Diferente a nosotros, el griego tiene cuatro palabras para diferenciar los distintos tipos de amor: storge, que significa afecto natural, eros, que significa atracción sexual, philia, para el afecto o la amistad emocional, y ágape, que significa amor incondicional, que se da a sí mismo, sacrificado. Cuando la Biblia habla del amor de Dios por nosotros y la clase de amor que debemos tener por él y para otras personas, la palabra siempre es ágape. Es un compromiso para actuar.
¿Sabe si es posible amar a alguien que ni siquiera le cae bien? Recuerde que en el capítulo anterior les dije que para Dios enseñarnos a amar, nos rodea de algunos antipáticos. Es fácil amar a los que son buenos y cariñosos, pero si Dios nos va a enseñar a amar, él traerá a nuestras vidas personas difíciles de amar. Ahora el problema es que nuestras vidas están llenas de personas que no nos gustan. No nos gusta la manera en la que hablan algunas personas. No nos gusta la forma de actuar que tienen. No nos gusta su forma de vestir. Pero sobre todo, nuestra tendencia es que nos desagraden las personas a quienes tampoco le caemos bien. Una vez oí una historia acerca de Lady Astor, a quien no le gustaba Winston Churchill. Un día le dijo: «Winston, si fueras mi esposo, te pondría arsénico en el té.»
Churchill respondió: «Señora, si usted fuera mi esposa, ¡me lo tomaría!»
Si pensara durante sesenta segundos, quizá haría una lista de personas que no le gustan. Sin duda, serían personas con las cuales no se lleva bien. Todos somos difíciles de amar en algunos momentos, aun usted, pero algunas personas son difíciles de amar en todo momento.
Jesús nunca demandó que tuviéramos un cálido afecto para todo el mundo. Él no sentía tiernas emociones hacia los fariseos. No nos tienen que gustar todas las personas, ¿no es esto un alivio?, pero sí tenemos que amarlas. Entonces, ¿cómo se hace esto?
La Biblia nos dice que hay cinco pasos que necesitamos tomar para aprender amar a las personas. Estoy convencido de que podemos aprender a amar a cualquiera si damos estos pasos.
Antes de mostrarle cómo amar a otros sinceramente, quiero que se haga un cuadro en su mente de esa persona a quien considera difícil de amar: ese familiar detestable, un vecino problemático, o un compañero de trabajo desagradable. ¿Cómo puede aprender a amar a este tipo de persona? A continuación hay cinco pasos.
Experimente el amor de Dios
Primero, antes de poder amar a otros, debemos sentir y entender cuán profundamente nos ama Dios. En Efesios leemos: «Para que por fe Cristo habite en sus corazones. Y pido que, arraigados y cimentados en amor, puedan comprender, junto con todos los santos, cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo; en fin, que conozcan ese amor que sobrepasa nuestro conocimiento, para que sean llenos de la plenitud de Dios» (Efesios 3:17-19, énfasis del autor). Haga un círculo a las palabras comprender y conozcan de ese pasaje. Dios quiere que comprendamos su amor, y quiere que conozcamos su amor. ¿Por qué? Primera de Juan 4:19 declara que amamos porque Dios nos amó primero. ¿Por qué es importante sentirnos amados por Dios? Porque con frecuencia las personas no amadas son las personas que no aman. Cuando yo no me siento en realidad amado, no siento que puedo dar amor. Así que, primero necesitamos experimentar el amor de Dios en nosotros. Jesús dijo: «Que se amen los unos a los otros, como yo los he amado» (Juan 15:12). Ese es el modelo.
Perdone a sus enemigos
El segundo paso para aprender a amar a otros es perdonar a quienes le hirieron. Colosenses 3:13 dice: «Perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes.» Es imposible amar por completo a alguien y al mismo tiempo estar resentido con otra persona. No puedo amar realmente a mi esposa si todavía tengo coraje con mis padres. No puedo amar a mis hijos si todavía estoy enojado con mi hermano. Usted no puede dar un amor total cuando su corazón está dividido. Y un corazón amargado es un corazón dividido.
En estos momentos podría estar pensando: «No puedo amar a mi esposo. Es una gran persona, pero no lo puedo amar.» Posiblemente aún está reaccionando a su pasado y abrigando resentimientos contra alguien. Eso es lo que le impide amar a su esposo. Y no es justo. No es justo para su esposo.
Muchas personas tienen una causa justa para su enojo. (Hace poco oí en la radio un informe noticioso que decía que una de cada tres mujeres y uno de cada siete hombres serán víctimas de abuso durante su vida.) Pero tenemos que dejar atrás el pasado y seguir adelante. Para comenzar a amar hoy a las personas, debemos cerrar la puerta del pasado. Y solo existe una forma de hacerlo, ¡perdonar! Perdone, por su bien, a quienes le hirieron y no porque ellos lo merezcan. Hágalo para restaurar su corazón. La gente de su pasado no puede seguir haciéndole daño hoy, a menos que permita que le lastimen guardando resentimientos contra ellos.
Cada vez que se resiente con alguien, le entrega un pedazo de su corazón. Le entrega un poco de su atención, un poco de su mente. ¿Quiere que esa persona tenga un poco de usted? No. Entonces recupérelo, perdonando. Perdone a quienes le lastiman. En lugar de repasar ese dolor una y otra vez, déjelo ir.
Comience a tener pensamientos amorosos
El próximo paso para aprender amar a otros es tener pensamientos amorosos. La Palabra de Dios nos recuerda: «Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás. La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús» (Filipenses 2:4-5). Ahora bien, ¿qué significa tener pensamientos amorosos? Significa que empezamos a interesarnos en las necesidades, dolores, problemas, deseos y metas de otras personas y no solo en las nuestras. Es más fácil entender a otra persona, cuando caminamos una milla en sus zapatos, como dice el dicho. Este es un hecho de la vida: La gente herida lastima a la gente. Si alguien lo lastima, es porque esa persona está herida. La gente herida daña a otros. Lo que necesitamos hacer es mirar más allá de los defectos de esa persona para ver sus necesidades. Entonces podemos aprender a amar.
¿No ha comprobado usted que es cierto que las personas más detestables y las menos amorosas son aquellas que más amor necesitan? Las personas a las que desearía pasar por alto son aquellas que necesitan desesperadamente dosis masivas de amor. Todos necesitamos amor. Si una persona no puede obtener amor, se esforzará por obtener atención. Y si no puede obtener una atención positiva, se esforzará por atraer una atención negativa. En el subconsciente está diciendo: «Me haré notar de una forma u otra.»
En el capítulo dos enfatizamos en que nuestros pensamientos determinan nuestras emociones. No podemos cambiar nuestros sentimientos, pero en secreto podemos cambiar nuestros pensamientos. Cuando cambiamos nuestra manera de pensar acerca de alguien, gradualmente cambiamos nuestros sentimientos hacia esa persona. Y si en lugar de pensar en las faltas de esa persona, comenzamos a pensar en sus necesidades, cambiaremos en consecuencia, nuestros sentimientos. ¡Inténtelo y vea los resultados!
Actúe con amor
El cuarto paso para aprender a amar es actuar con amor. Usted dirá: «Rick, me está diciendo que actúe con amor hacia alguien que ni siquiera me cae bien. No puedo hacer esto. Sería un hipócrita.» No, eso es lo que se llama amar por fe. Cuando ame por fe, y actúe de acuerdo a ese amor, comenzará a sentirlo.
Este es un punto importante. Es más fácil tener sentimientos como resultado de lo que hago, que actuar como resultado de mis sentimientos. Si actúo como si estuviera entusiasmado, pronto comenzaré a sentirme entusiasmado. Si actúo como si estuviera contento, antes de que se dé cuenta estaré contento. Pruebe esto ahora mismo. Ponga en su rostro su mejor sonrisa. Luego comience a reírse, con una risa que le salga de adentro. Al principio parecerá forzado, pero busque dentro de usted y recree el movimiento corporal de la risa. Comenzará a sentirse más feliz. Si comenzamos a actuar con amor, pronto nos sentiremos amorosos.
No solo nuestras acciones pueden influenciar en nuestras emociones sino que, como mencioné antes, nuestro pensamiento también influencia la manera cómo nos sentimos. Podemos atacar los sentimientos desde cualquiera de los lados, o mejor aún, desde ambos lados.
Cómo Cómo Cómo
usted à usted à usted
piensa siente actúa
Si dice: «No puedo cambiar mis sentimientos», se centra directamente sus sentimientos. Usted no puede cambiar sus sentimientos directamente, pero los puede cambiar de forma indirecta al cambiar sus pensamientos y sus acciones.
Ahora, ¿cómo actúo con amor? Jesús nos ayuda en Lucas 6:27-28: «Amen a sus enemigos, hagan bien a quienes los odian, bendigan a quienes los maldicen, oren por quienes los maltratan.» Él nos manda a hacer cuatro cosas específicas.
Primero, dice que amemos a nuestros enemigos. ¿Cómo se ama a alguien que le hiere? Debe ignorar sus faltas. Efesios 4:2 dice: «Siempre humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor.»
Luego, Jesús también nos manda a «hacer el bien». ¿Cómo se hace bien a personas que ni siquiera le caen bien? Busque formas de ayudarlos. ¿Qué puede hacer para servirles, satisfacer sus necesidades, ayudarlos, beneficiarlos? Usted puede dar. Puede caminar la milla adicional. Le puede ofrecer ayuda práctica. Le puede hacer un favor. Puede descubrir sus verdaderas necesidades y satisfacerlas.
Jesús también dice que bendigamos a quienes nos maldicen. ¿Qué quiere decir esto? Se refiere a la forma en que usted habla de ellos, y a la forma en que le habla a ellos. Una bendición es una palabra positiva que se dice de otros o acerca de otros. Usted no los desprecia, sino que los levanta. Los motiva. Proverbios 12:18 dice: «La lengua del sabio brinda alivio.»
Por último, Jesús nos manda a orar por aquellos que nos maltratan. Orar por las personas no solo las cambiará, sino que también nos cambiará a nosotros. Pero, ¿cómo oramos? Oramos para que Dios bendiga a estas personas que nos están maltratando porque sabemos que la bondad de Dios conduce al arrepentimiento. Quizá Dios bendecirá tanto a estas personas que querrán cambiar. Pero aunque no cambien enseguida, orar por ellos cambiará nuestra actitud hacia ellos.
¿Entiende ahora? El amor es una acción. Primera de Corintios 13 dice que el amor es paciente, bondadoso, y mucho más. En los versículos del cuatro al ocho se enumeran quince acciones. Cuando actúa con amor, cuando es paciente o bondadoso, está mostrando el fruto del Espíritu. El amor no es el primer fruto mencionado, es el fruto. Todos los demás son simples expresiones del amor. El amor es paciente. El amor es bondadoso. El amor es alegre. El amor es la base de todas las acciones positivas.
Primero, debe entender que Dios lo ama. Entonces comienza a sentirlo, no solo de forma intelectual, sino en su corazón. Luego perdona a aquellos que lo hirieron con anterioridad para liberarse del pasado y así poder amar hoy. Después comienza a tener pensamientos amorosos y a actuar de forma amorosa, y los sentimientos comenzarán a llegar.
Espere lo mejor
El último paso para aprender a amar a otros, de alguna forma, es el más difícil: espere lo mejor de ellos. De esa persona que no le cae bien, espere lo mejor. Primera de Corintios 13:7 dice que si usted ama a alguien… siempre creerá y siempre esperará lo mejor de ella. El amor espera lo mejor. ¿Se ha dado cuenta que tendemos a vivir de acuerdo a las expectativas que los otros tienen de nosotros? El padre que siempre dice a su hijo: «Nunca llegarás a nada, eres un tonto», está preparando al hijo para el fracaso.
Cuando esperamos lo mejor, obtenemos lo mejor. Eso es amar por fe. Y amar por fe es la mayor fuerza del mundo. El amor es contagioso, y cambia a la gente. ¡Puede transformar una personalidad!
Usted puede estar pensando: «Bueno, me gustaría cambiar a mi cónyuge.» ¿Quiere saber cómo puede hacerlo? Le puedo dar el secreto en solo una oración. Así es como cambia a cualquiera: sus hijos, su cónyuge, un compañero de trabajo. Trátelos de la forma que quiere que lleguen a ser. ¿Quiere que su cónyuge tenga éxito? Trátelo como a una persona de éxito. ¿Quiere que sus hijos sean inteligentes? Trátelos como personas inteligentes, y no estúpidas. Trátelos de la forma que quiere que lleguen a ser. No lo haga como un acto de manipulación, sino porque sinceramente cree en ellos. El amor espera lo mejor.
Ahora puede estar pensando: Bueno, estoy atrapado en un matrimonio que está muerto o muriéndose. No queda chispa alguna. Una vez hubo amor, pero ahora ya no hay amor. Una vez hubo sentimientos, pero ahora no queda nada. Quizá usted oyó esta dolorosa declaración: «Ya no te quiero.» ¿Qué hará al respecto? ¿Terminar el matrimonio? No, usted le pide a Dios que renazcan esos sentimientos de amor.
Experimente el poder resucitador de Dios
En el primer capítulo hablamos del poder resucitador. Este poder levantó a Jesús de los muertos, y también puede resucitar una relación muerta. ¿Cómo reaviva un amor perdido?
«¿Podré aprender a amar a mi cónyuge de nuevo? ¿Podré revivir esos sentimientos que tenía cuando éramos novios? ¿Podrán volver a renacer en mí esos sentimientos?»
Sí, puede hacerlo.
«Pero están muertos y perdidos. Ya no siento nada.»
Usted puede recuperar esos sentimientos si decide tenerlos. No diciendo: «Voy a forzarme para amar.» Así no resulta. Usted no puede forzar un sentimiento. No puede forzar la chispa en su relación, pero puede atacar el problema de forma indirecta pensando y actuando con amor. Sus pensamientos y acciones producirán los sentimientos de amor.
En Apocalipsis 2, Cristo le habla a la iglesia de Éfeso. Les habla acerca del amor que perdieron: su amor por Dios. Ese amor se había convertido en algo frío y sin pasión y seguían de una forma mecánica su compromiso con Dios. Jesús les dijo que siguieran tres pasos para reavivar ese amor. Estos pasos también pueden aplicarse para reavivar cualquier relación. Jesús dijo: «¡Recuerda de dónde has caído! Arrepiéntete y vuelve a practicar las obras que hacías al principio» (Apocalipsis 2:4-5, énfasis del autor).
El primer paso para resucitar el amor es recordar, ¡recuerda de dónde has caído! (v. 5). Reavivar el amor perdido en su matrimonio comienza con pensar en la manera como usted amaba a su cónyuge. Recuerde los tiempos dichosos. Recuerde las cualidades que al principio capturaron su corazón. Debe decidir recordar las experiencias que compartieron juntos, los sucesos que los unieron. Tal vez fue mientras eran novios. Quizá fue al principio de su matrimonio. Quizá fue el nacimiento de un hijo o la compra de su primera casa. Sea cual sea el caso, comience por recordar estas cosas. No recuerde las malas experiencias. Esas son fáciles de recordar. Por el contrario, enfóquese en las cosas buenas que han pasado en su relación.
El segundo paso que Jesús nos pide dar para reavivar el amor es arrepentirse. La palabra arrepentimiento viene de la palabra griega metanoia, la cual significa cambiar su mente, cambiar la forma de pensar. Así que cuando Jesús lo llama al arrepentimiento, le está llamando a comenzar a cambiar su forma de pensar acerca de la persona por la que perdió el amor. Deje de fantasear acerca de lo que pudo ser. Deje de soñar despierto acerca de lo que pudo ser la vida si se hubiera casado con otra persona. Deje de pensar cómo hubiera sido la vida si su cónyuge fuera diferente o hubiera hecho esto o aquello. Deje de torturarse con «¿Qué si?» En esa conversación interna usted se está convenciendo de esos sentimientos infelices. Deje de fantasear y comience a pensar en cosas positivas y verdaderas, de acuerdo a 1 Corintios 13. Si quiere reedificar un amor en su vida, memorice 1 Corintios 13. Medite y comience a actuar de acuerdo con eso.
El tercer paso que Jesús nos dice que demos para resucitar el amor es hacer las cosas que hizo al principio. El amor requiere acción. Debe trabajar en amar a su pareja, con el mismo empeño y creatividad que usó durante el noviazgo y el compromiso. Haga las cosas que hacía al principio. Quizá no tuvo una noche romántica durante meses, tal vez años. Puede ser que en meses ni siquiera tuvieron tiempo para estar a solas. Tome tiempo para salir en una cita y haga las cosas: comprar flores, usar un traje especial, tal y como las hizo al principio. Permita que su creatividad reviva.
Deje de fantasear sobre hierbas más verdes en cualquier otro lugar. La verdad es que la hierba no es más verde en el otro lado de la cerca, ni tampoco es más verde en este lado. ¡La hierba es más verde donde se riegue! Si usa la energía que emplea en quejarse y fantasear y la invierte en mejorar su matrimonio, tendrá un gran matrimonio. Reavivará esos sentimientos perdidos, no importa cuánto tiempo haya pasado desde que los sintió por última vez. El amor resulta si lo cultiva.
Si se puede identificar con este problema de tratar de revivir un amor que está muriéndose, lo quiero retar a hacer dos cosas. Primero, entréguese por completo a Jesucristo. En realidad, no tengo muchas esperanzas para los matrimonios que no están basados en una entrega a Jesucristo. Todas las presiones de la cultura actual están trabajando contra el matrimonio. Creo que las estadísticas de divorcios me apoyan en esto. El hecho es que el amor humano no es lo bastante fuerte para resistir las tormentas de la vida. El amor humano se seca. Sin embargo, el ágape, el amor de Dios, nunca se acaba.
La raíz de sus problemas es espiritual. No es un problema emocional o un problema de relaciones. Su relación con Dios afecta la relación con su cónyuge y con todos los demás. Cuando no está bien con Dios, tampoco estará bien con las otras personas. Los planes verticales y los horizontales deben estar balanceados. Uno afecta al otro. El punto de partida es corregir su relación vertical con Dios y entonces será más fácil arreglar su relación horizontal con los demás.
El Espíritu Santo lo puede llenar con unas nuevas reservas de amor que nunca pensó tener. Usted necesita el amor de Dios, el poder de Dios. Así que entregue su vida por completo y sin reservas a Jesucristo.
La segunda cosa que debe hacer para revivir su matrimonio es entregarse por completo y sin reservas a su cónyuge, sin considerar sus faltas e imperfecciones. No caiga en el síndrome te amaría si tú: «Te amaría si tú me prestaras más atención. Te amaría si hicieras esto o aquello por mí.» Eso es un amor condicional. El amor de Dios es de la clase que dice: «Te amo, y punto. Te amo incondicionalmente.» En realidad, el amor de Dios dice: «Te amo a pesar de…» Nos dice: «Te amo a pesar de que eres imperfecto. Te amo a pesar de que tienes problemas. Te amo.» Ese es el amor ágape, la clase de amor que será determinante.
Así que ore por una resurrección, y decida hacer lo que dijo Jesús: recuerde, arrepiéntase y actúe. Cuando haga esto, se sorprenderá de lo rápido que volverán sus sentimientos.