¿Alguna vez se preguntó por qué algunas personas son capaces de lograr tantas cosas con su vida? ¿Qué los hace ser tan productivos? En Estados Unidos vivimos muy conscientes de la productividad en todos sus niveles. Una vez al mes el gobierno publica un informe de nuestro producto bruto nacional. Esto nos dice cuán productivos fueron nuestros negocios e industrias. Es un retrato importante de nuestra salud económica nacional.
Imagínese que cada mes se publicara un informe de productividad de cada uno de nosotros. ¿Cómo se vería el suyo? ¿Mostraría resultados positivos o negativos? ¿Crecimiento o declive? Piense en el futuro. ¿Qué le gustaría hacer para que al final de su vida pueda decir: «Viví una vida productiva. Logré todo lo que debía lograr.»? ¿Alguna vez definió lo que considera una vida productiva? Más importante aun, ¿sabe cuál es la definición de Dios para una vida productiva y fructífera? ¿Qué significa ser un cristiano fructífero?
La palabra fruto se usa sesenta y seis veces en el Nuevo Testamento. Se mencionan tres clases de frutos diferentes. La primera clase es el fruto natural: higo, uvas y pasas. Esta es la clase de fruto que usted come. La Biblia también menciona el fruto biológico: bebés. La tercera clase de fruto es el fruto espiritual: el carácter semejante a Cristo. En los capítulos anteriores, examinamos el fruto del Espíritu: amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. Dios quiere ver esa clase de fruto en nuestras vidas. Esa es su definición de una vida productiva.
En Juan 15:8, Jesús dice: «Mi Padre es glorificado cuando ustedes dan mucho fruto y muestran así que son mis discípulos.» La prueba de que usted es un discípulo es que produce fruto. «No me escogieron ustedes a mí» -Jesús sigue diciendo- «sino que yo los escogí a ustedes y los comisioné para que vayan y den fruto, un fruto que perdure» (Juan 15:16). Dios quiere que produzcamos fruto, mucho fruto. Él quiere que seamos productivos. En este último capítulo veremos las cuatro condiciones que da la Biblia para ser fructíferos.
Cultive las raíces
Si quiero ser fructífero, debo cultivar algunas raíces. Dios dice que sin raíces no habrá fruto. Jeremías 17:7-8 dice: «Bendito el hombre que confía en el SEÑOR, y pone su confianza en él. Será como un árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme que llegue el calor, y sus hojas están siempre verdes. En época de sequía no se angustia, y nunca deja de dar fruto.» Usted debe tener buenas raíces para producir fruto. Si no tiene raíces, sencillamente no producirá ningún fruto.
Ahora, ¿por qué necesitamos raíces? Este pasaje da una razón. Necesitamos raíces para pasar los tiempos difíciles, los tiempos de calor y los tiempos de sequía. La raíz es la línea de sustento para alimentar toda la planta o árbol. ¿Alguna vez sintió el calor en la vida, tiempos en los que hay presión? Estoy seguro que puede recordar esos tiempos de tensiones. Entonces es cuando usted necesita raíces.
Crecí cerca a los gigantes árboles secoyas en el norte de California. Es asombroso ver cómo estos árboles pueden resistir los grandes fuegos forestales. Y hasta pueden sobrevivir con rajaduras en el tronco de hasta cuatro a cinco pies gracias a sus tremendas raíces. O tome un árbol más común como el roble. Si las raíces de un árbol de roble grande pudieran estirarse, cubrirían varios cientos de millas. Es por eso que los robles son tan estables.
Hace un tiempo leí acerca de una planta de banano. Es casi indestructible. La puede cortar en pequeños pedazos, y volverá a crecer. La puede quemar y volverá a crecer. Solo hay una forma de acabar con la planta, y es desarraigándola. Las raíces son la clave del fruto.
Proverbios 12:3 dice que «solo queda firme la raíz de los justos». El hombre justo puede soportar el calor. También puede soportar el tiempo de sequía, una larga estación sin lluvias. En una sequía, los recursos son limitados. Todo se seca, y muchas cosas mueren. Pero los justos prevalecen. ¿Aprendió que algunas veces en la vida hay que estar sin las cosas de las que por lo general dependemos?
Tal vez en estos momentos esté pasando por una sequía. Quizás lo está haciendo sin tener apoyo emocional. La está pasando sin amigos, o sin salud, o sin un trabajo, o sin estabilidad financiera. O está tratando de sobrevivir con límites en su tiempo, energía o dinero. Está en una sequía. ¿Cómo controla las temporadas de sequías en la vida? ¿Se marchita? ¿Se seca y el viento lo arrastra?
Si alguna vez visita el desierto de Arizona, encontrará que está lleno de diferentes clases de vegetación. Los contrastes siempre me han fascinado. La planta rodadora vuela por todas partes. ¿Por qué? Porque no tiene raíces. En contraste, el cactus saguaro produce fruto hasta con una temperatura de ciento treinta grados. ¿Por qué? Porque el cactus saguaro tiene raíces de cincuenta a sesenta pies que crecen en todas direcciones. Usted tiene que tener raíces si quiere sobrevivir en medio de una sequía.
Cualquiera puede sobrevivir un día de sequía, pero hacerlo durante un tiempo largo de estrés es otro asunto. Por ejemplo, si el flujo de fondos en su negocio es malo durante un mes, posiblemente usted dirá: «Bueno, lo mejoraremos el próximo mes.» Pero si al final del segundo mes, las cosas no mejoran, usted comenzará a sentir un poco de ansiedad. Al tercer mes comenzará a sentir pánico, y al cuarto mes tendrá una gran depresión, a menos que tenga algunas raíces.
¿Cómo se cultivan las raíces? Un buen lugar para comenzar es memorizando el Salmo 1:2-3. El salmista habla acerca de la vida estable, la vida que tiene raíces. Él dice que las raíces se desarrollan al leer y meditar en la Palabra de Dios. Eso mismo lo aprendemos en el Nuevo Testamento, en Colosenses 2:6-7. Emplee tiempo diariamente leyendo, meditando, memorizando y obedeciendo la Palabra de Dios. Así es como se desarrollan raíces espirituales fuertes, raíces que profundizan en la tierra de la Palabra de Dios. Estas raíces lo capacitarán para soportar el calor de la presión y la privación de la sequía.
Elimine la yerba mala
La segunda cosa que necesita hacer para ser productivo es eliminar la yerba mala en su vida. Jesús ilustra esto en la parábola del sembrador. Él menciona cuatro tipos de terreno. Cada uno representa una manera en la que podemos responder a la Palabra de Dios. En Lucas 8:11-14 leemos: «La semilla es la palabra de Dios… La parte que cayó entre espinos [yerba mala] son los que oyen, pero, con el correr del tiempo, los ahogan las preocupaciones, las riquezas y los placeres de esta vida, y no maduran.» Si quiere producir fruto, tiene que cultivar buenas raíces y luego eliminar la yerba mala.
Aquí hay una pregunta para ponerlo a pensar: ¿Cuántas clases de yerba mala crecen en los Estados Unidos? El gobierno informó que hay doscientas cinco variedades de yerba mala en los Estados Unidos. Calculo que de estas, el setenta y dos por ciento está en mi patio. A decir verdad, pensé en abrir una exhibición y cobrar la entrada: «Finca de Yerba Mala Warren.» Son increíbles.
¿Cuáles son las yerbas malas en su vida? Hay muchos tipos de yerba mala que pueden crecer en su vida y ahogar su vitalidad espiritual. Las yerbas malas son las preocupaciones e intereses que agotan su tiempo, energía y dinero y le impiden producir fruto espiritual.
Algunas personas me dicen: «No tengo tiempo de servir al Señor. Estoy muy ocupado. No tengo tiempo para involucrarme.» Si eso sucede en su vida, entonces ¡usted está muy ocupado! Es necesario que saque un poco de yerba mala. Muchas cosas en la vida no son erróneas, pero tampoco son necesarias. Tal vez necesite acortar un poco su agenda. La persona que quema las velas por los dos extremos no es tan brillante como piensa que es. Puede que tenga tantos hierros en el fuego que lo esté apagando. Tiene que eliminar la yerba mala.
Jesús menciona tres variedades de yerba mala. Primero, están las yerbas malas de la preocupación, estas son las inquietudes y las preocupaciones diarias que demandan su atención. Luego están las yerbas malas de las riquezas. ¿El trabajo demanda tanto de su vida que no tiene tiempo para el Señor? Entonces es una yerba mala. La tercera clase de yerba mala es el placer. Sí, incluso la actividades placenteras pueden convertirse en yerba mala. El perseguir la «buena vida» puede ahogar el crecimiento espiritual. ¿Conoce personas que dan el primer lugar a la recreación? Es bueno pasar un buen tiempo, pero debe cuidar las prioridades. Cuando la playa se convierte en algo más importante que la Biblia, sus prioridades están fuera de balance.
Ahora considere esto: ¿Cuánto esfuerzo tiene que hacer para cultivar la yerba mala? ¿Qué se debe hacer para cultivarlas? ¡Nada! Crecen muy bien por su propia cuenta. Por eso son yerbas malas. Usted necesita cultivar sus plantas de tomate; sin embargo, no tiene que hacer nada para cultivar el diente de león. Esta crecerá -y crece rápido- sin su ayuda ni de nadie más.
Las yerbas malas son señal de negligencia, y cuando descuido la lectura de la Biblia, la oración y el compañerismo con otros cristianos, estas crecen y ahogan mi vida espiritual. Además, me impiden producir fruto. Por lo tanto, si voy a producir fruto, tengo que profundizar y cultivar mis raíces, y eliminar las yerbas malas de mi vida.
Coopere con Dios
Si voy a ser un cristiano fructífero, debo cooperar con Dios cuando poda mi vida. En Juan 15:1-2 Jesús dice: «Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Toda rama que en mí no da fruto, la corta; pero toda rama que da fruto la poda para que dé más fruto todavía.» Podar involucra cortar las ramas muertas y cortar las ramas vivas, para sacudir el árbol o vid y estimular el crecimiento.
Tengo un vecino llamado Esdras. Es un viejo judío y un gran tipo. Esdras en un increíble cultivador de rosas. Su jardín y su patio se ven realmente hermosos, así que lo invité a venir a mi patio para que pusiera su toque mágico en mis rosas. Fue una maravilla verlo. Trajo su podadera y podó sin misericordia. Me dolió verlo cortar mis rosas. ¡Juack, juack, juack! Cuando terminó, mis arbustos eran solo pequeños tronquitos. Los podadores profesionales le dirán que la mayoría de la gente es demasiado tímida cuando tienen que podar. Yo creía que podar era cortar con gentileza los pedacitos muertos. No es así. Lo que está vivo también debe cortarse: ramas, hojas y flores. Evidentemente, Esdras sabía lo que estaba haciendo pues mis rosas retoñaron más hermosas que nunca.
Ahora bien, aquí está el punto. La mayoría de nosotros cree que cuando Dios nos poda, corta el pecado y lo superficial; las ramas muertas de nuestra vida. Él lo hace, pero además corta algunas cosas que están vivas y tienen éxito: un negocio que va muy bien, una relación satisfactoria, buena salud. Algunas de estas cosas pueden ser eliminadas para traer una mayor fructificación. Con frecuencia, Dios también corta las cosas buenas para hacerlo más saludable. No solo se corta la madera muerta. No es siempre agradable, pero podar es esencial para el crecimiento espiritual. No es una opción. Recuerde, Dios se glorifica cuando producimos «mucho fruto» (véase Juan 15:8), y esto requiere podar. Debemos recordar que las podadoras están en las manos de nuestro amoroso Dios. Él sabe lo que está haciendo, y quiere lo mejor para nosotros.
Si usted es un cristiano, va a ser podado. Cuente con eso. Tal vez ahora mismo esté en medio de esta experiencia, y quizás no todo sean ramas muertas. Dios corta las ramas que creemos que son productivas para que pueda producirse más fruto. Esto puede ser confuso. Creemos que fuimos fructíferos y nos sorprendemos y hasta nos frustramos por la forma en que Dios nos poda. «Dios, ¿por qué me estás haciendo esto? Te entregué mi negocio, y está fracasando. Te entregué mi salud, y la semana que viene voy para el hospital. Diezmé fielmente, y sin embargo, voy camino a la bancarrota.» Quizá sea que lo están podando; Dios lo está podando.
Hace un tiempo, vi en la televisión un programa educativo sobre plantas caseras. El especialista sugirió a los televidentes que le hablaran a las plantas para ayudarlas a desarrollarse. Él explicó que tranquilizar, acariciar y hablarle a su enredadera le daría autoestima a la planta. Imagínese diciendo: «Tú eres una buena planta. ¡Ah, qué bien te ves hoy! Te ves maravillosa.» Ahora imagínese hablándole a una planta que está podando. «Esto me duele más que a ti. ¡Juap! Luego me lo agradecerás ¡Juap! Es por tu propio bien.» Me imagino a la planta contestándome: «No tienes corazón. No me quieres. Trabajé mucho para producir estas rosas que acabas de cortar.»
¿No es eso lo que le decimos a Dios cuando nos poda? «¿No me amas? ¿No te importo? ¿No ves lo que está sucediendo?» Y pensamos que Dios está enojado con nosotros. No, él no está enojado. Uno de los errores más grandes que cometemos los cristianos es confundir podar con castigar. Podar no es castigar. No los iguale. Dios no está enojado con usted. Él solo ve que usted es alguien que puede producir más fruto, alguien que tiene el potencial para engrandecerse, alguien que él quiere usar de alguna manera importante. Él quiere que usted sea tan fructífero como sea posible, por eso lo poda de nuevo, incluso cortando algunas de las cosas con las que estuvo bendiciendo su vida. ¿Perdió su trabajo? No se preocupe. Dios tiene una mejor idea. Él ve lo que usted no ve.
Ahora bien, ¿cómo Dios nos poda? Usa los problemas, las presiones y las personas. ¡Y sí que usa las personas! La gente lo criticará y desafiará. Lo cuestionarán y dudarán de usted. Retarán sus motivos. Dios los está usando para podarlo. ¿Qué estoy diciendo? Estoy diciendo lo que estuve diciendo a través de todo este libro: Dios puede usar cada situación de su vida para ayudarlo a desarrollarse si usted tiene la actitud correcta. Él lo puede usar todo: los problemas que se busca, un gran desengaño, un revés financiero, una enfermedad repentina, un matrimonio que se deshace, un hijo rebelde, la muerte de un ser querido. Él puede y usa todo esto como parte del proceso de podarlo y hacerlo aun más fructífero.
¿Por qué Dios le hace esto? Busque Hebreos 12:11: «Ciertamente, ninguna disciplina, en el momento de recibirla, parece agradable, sino más bien penosa.» Todos estamos de acuerdo con esto. Ser disciplinado no es nada agradable. El escritor de Hebreos continúa diciendo: «Sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados por ella» (énfasis del autor). Dios hace esto para nuestro beneficio, así como para su gloria.
Igual que la disciplina, ser podado es desagradable. ¿Alguna vez vio un árbol podado? ¿O una planta podada? Se ven feas. Hace algunos años tenía, al frente de la casa, doce árboles de eucalipto que medían como sesenta pies de alto. Así que le pedí a un hombre que viniera a podarlos. Sí que los «podó bien», ¡no les dejó ramas! Terminé con doce palos erguidos al frente de mi casa. Algunos de mis vecinos bromeaban diciendo que un OVNI había tirado unos palillos de diente gigantes al frente de mi casa. Creo que algunos de ellos pensaron que estaba por comenzar alguna clase de culto extraño frente a la casa. Era desagradable ver esos árboles tan feos. Pero, ¿sabe qué paso? Después de podarlos, renacieron mucho más frondosos que antes. ¡Ahora el problema que tengo es recoger las hojas!
Podar nunca es divertido, y tampoco es bonito, pero es para su beneficio futuro. El propósito de podar es positivo. Dios no está enojado con usted. La Biblia dice que no hay condenación para los que están en Cristo Jesús (Romanos 8:1). Dios no «castiga» a sus verdaderos hijos. Su castigo ya se llevó a cabo en la cruz. Ahora Dios lo está podando para su beneficio, para una mayor fructificación en su vida.
Hace unos años, mi esposa pasó por tiempos difíciles mientras era seriamente podada. Estaba enferma, tuvo un embarazo difícil, y durante meses estuvo confinada a la cama. Fue una época muy difícil en nuestra familia. Dios cortó todas las actividades de la vida de Kay. Literalmente todo: dirigir el ministerio de las mujeres, enseñar estudios bíblicos, todo lo que tanto quería y ansiaba hacer. Hasta en la casa todo se cortó porque ella no podía salir de la cama. Hablábamos mucho al respecto pues en esos momentos no parecía tener sentido. Nuestra iglesia crecía rápidamente y yo necesitaba la ayuda de Kay. Pero este era un tiempo valioso para podarla. Kay aprendió muchísimo pues cuando uno está boca arriba en la cama, lo único que puede hacer es mirar hacia arriba. A partir de ese tiempo su fructificación fue increíble. Dios abrió nuevos ministerios y oportunidades para ella que nunca imaginamos. Los resultados de aquel proceso de ser podada fueron maravillosos, pero el pasarlos no fue nada divertido.
¿Habrá siempre resultados productivos cuando es podado por Dios? Si no cooperamos, no habrá resultados. Si nos resistimos, nos rebelamos, nos quejamos o nos resentimos, nuestro carácter no se desarrollará de la manera que Dios quería.
Ya vimos nueve cualidades específicas del carácter que Dios quiere desarrollar en su vida: amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. ¿Cómo Dios produce estas cualidades en su vida? Como ya dije, lo hace al permitir que usted encare situaciones y personas llenas exactamente de las cualidades opuestas. Lo enseña a amar rodeándolo de personas antipáticas. Le enseña alegría en medio de la tristeza. Le enseña paz permitiendo que la irritación lo rodee. Le enseña paciencia permitiendo cosas que lo frustren. Dios usa todas estas cosas para hacerlo más fructífero, pero usted debe cooperar con él. La manera de expresar esa cooperación es alabándolo en medio de cada circunstancia (véase 1 Tesalonicenses 5:18).
Espere la cosecha
Si quiero que mi vida sea fructífera, debo cultivar buenas raíces, eliminar la yerba mala, cooperar con Dios al podarme dándole gracias y adorándole. También debo esperar por la cosecha. Desarrollarse toma tiempo. No es algo instantáneo. Dios hace los hongos en dos días, sin embargo, demora sesenta años para hacer un árbol de roble. ¿Qué prefiere ser, un hongo o un roble? Crecer toma tiempo.
Cuando usted examina su desarrollo espiritual tal vez se pregunte, ¿Por qué me está llevando tanto tiempo para mejorar? He sido cristiano durante dos años, y no veo muchos cambios. Sigo luchando con muchas de mis debilidades. ¿Por qué? Porque el desarrollo espiritual, como el desarrollo natural, toma tiempo. Las mejores frutas maduran con lentitud.
Fíjese en lo que Jesús dice en Juan 12:24. Estaba hablando de su muerte, pero este principio también se aplica a nosotros. Él dijo: «De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto» (RVR). Cuando Jesús dice: «De cierto, de cierto», está diciendo: «¡Apréndete esto! ¡Sintonízate!» Está diciendo: «Óyeme y óyeme bien. Esto es realmente importante.»
El punto que Jesús presenta aquí es que la muerte precede a la vida. Igual que un grano de trigo debe morir para producir fruto, nosotros también debemos morir a nosotros mismos para producir crecimiento espiritual. Y morir a nuestro orgullo toma tiempo. Nuestra tendencia es desenterrar la semilla de vez en cuando para revisar su progreso, en lugar de confiar en que Dios haga su obra en nuestras vidas. Cristo producirá frutos en nuestras vidas si permanecemos en él. En el pasaje de la vid y las ramas en Juan 15, la palabra clave es permanecer. Debemos permanecer en él. Recuerde esa palabra. Permanecer en Cristo significa mantenernos en contacto con él, depender de él, vivir para él, y confiar en que él hace su obra en nuestras vidas en su tiempo perfecto. Nunca se rinda. ¡Siempre es muy pronto para rendirse! Espere la cosecha prometida por Dios y, mientras tanto, disfrute su presencia en su vida. Dios está satisfecho con usted en cada etapa de su desarrollo espiritual. Él no está esperando que sea perfecto para comenzar a amarlo. Nunca lo amará más de lo que ya lo ama.
A medida que revisa los capítulos de este libro, ¿puede ver algún fruto espiritual en su vida? Quizás haya memorizado el fruto de nueve cualidades presentado en Gálatas 5:22-23. Si no, le invito a hacerlo. Piense cómo estas cualidades se vieron en la vida de Jesús, y cuente con él para producirlas en usted por la obra de su Espíritu Santo. Si no está viendo tanto fruto como quisiera, no se desespere. Recuerde que el desarrollo toma tiempo. Le recomiendo que durante cada mes del próximo año se concentre en uno de los frutos del Espíritu. Use ese mes para estudiarlo en detalle. El capítulo tres de mi libro Personal Bible Study Methods (The Encouraging Word) [Métodos para el estudio bíblico individual (La palabra de aliento)] explica paso por paso cómo puede hacer, de forma individual, un estudio bíblico acerca de un rasgo del carácter.
Las cuatro actividades presentadas en este capítulo son los pasos prácticos que necesita dar si está pensando seriamente en tener una vida cristiana fructífera y productiva. Comience por cultivar raíces profundas invirtiendo tiempo a diario en la Palabra de Dios. Luego, elimine la yerba mala de su vida que consume su tiempo y energía y lo distrae al evitar que haga la voluntad de Dios. Después, coopere con Dios cuando lo esté podando dándole gracias y alabándolo por lo que está haciendo en su vida. Él está obrando para hacerlo más fructífero de lo que jamás pensó. Por último, espere la cosecha del fruto espiritual en su vida. Si siguió los primeros tres pasos, ¡la cosecha es inevitable!
En el 1968, un científico descubrió, en una cueva de los indios, un collar de semillas que tenía seiscientos años. Sembró una de las semillas, y esta brotó y se desarrolló. Aunque dormida durante seiscientos años, el potencial de vida todavía estaba allí. Quizá usted fue un cristiano durante años, y estuvo espiritualmente dormido la mayor parte del tiempo. Pero ahora le gustaría ser productivo. Desea ser fructífero. La lectura de este libro lo evidencia. Le tengo buenas noticias. ¡No es demasiado tarde! ¡Puede comenzar ahora mismo! Baje su cabeza para orar y dígale a Dios que quiere cooperar con su plan de desarrollo para usted. ¡Él le dará el poder para transformar su vida!