Uno de los recuerdos más queridos que tengo de mi niñez es el jardín de mi padre. Parecía que mi papá sembraba de todo en su jardín. A decir verdad, siempre cultivó lo suficiente para alimentar a todo el vecindario. Cada vez que alguien paraba a visitarnos, por lo general salía con un saco lleno de vegetales frescos y sabrosas frutas.
El tipo de fruta que mi padre cultivaba es solo una clase de fruta: fruta natural. También existe el fruto biológico, la descendencia de los animales y los hijos de las personas. Luego tenemos el fruto espiritual, y es de eso que Dios está hablando en Gálatas 5:22-23: «En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio.» Estas nueve cualidades describen el carácter de un cristiano fructífero y productivo.
La pregunta es: ¿Cómo obtenemos estas cualidades del carácter? Obviamente, no es que un día Dios me da un toque mágico y de repente estas cualidades se materializan en mi vida. Él usa un proceso y en este capítulo lo estudiaremos.
Es una sociedad
El apóstol Pablo describe el proceso en dos partes que usa Dios en Filipenses 2:12-13 donde primero dice que «lleven a cabo su salvación», y luego cambia y dice: «Pues Dios es el que produce en ustedes.» Parece una contradicción, ¿verdad? Pero no lo es. Es una paradoja. G. K. Chesterton describe una paradoja como «la verdad parada en su cabeza para llamar la atención». A Pablo le encanta enseñar con paradojas.
La clave para entender esta paradoja es notar que Pablo no dice: «Trabajen para su salvación.» Esa es una gran diferencia. Trabajar para algo significa ganarlo, merecerlo. La Biblia enseña con claridad que la salvación no es algo por lo que tengamos que trabajar. Es un regalo de la gracia de Dios. Pablo dice: «Lleven a cabo su salvación.» Pablo está hablando acerca de un «ejercicio espiritual».
¿Qué hace en un entrenamiento físico? Usted desarrolla o tonifica los músculos que Dios le dio. Llevar a cabo significa cultivar, sacar el máximo de lo que le dieron. Eso es lo que Pablo dice aquí. ¡Cultive su vida espiritual!
Dios juega un papel en nuestro desarrollo espiritual, pero nosotros también tenemos el nuestro. Él proporciona el poder, pero nosotros tenemos que tirar del interruptor. Llevar a cabo su salvación pues es Dios quien obra en usted.
Dios usa su Palabra
Primero veamos el papel de Dios en este proceso y las herramientas que él usa. Luego veremos nuestro papel y algunas decisiones que debemos hacer. La Biblia es la primera herramienta que Dios usa para cambiarnos. A través de las Escrituras él nos enseña cómo vivir. Segunda de Timoteo 3:16-17 nos dice: «Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra.»
¿ La Biblia transformó su vida? Escuché la historia de un caníbal convertido en las islas del Mar del Sur que estaba sentado al lado de una olla grande leyendo su Biblia cuando un antropólogo usando un casco de explorador se le acercó y le preguntó:
– ¿Qué haces?
– Estoy leyendo la Biblia -contestó el nativo.
– ¿No sabes que el hombre moderno y civilizado rechazó ese libro? No es nada más que un paquete de mentiras. No pierdas el tiempo leyéndolo -dijo mofándose el antropólogo.
El caníbal lo miró de arriba abajo y lentamente respondió:
– ¡Señor, si no fuera por este libro, ya estaría usted en esta olla!
La Palabra de Dios cambió su vida… y su apetito.
Si está considerando seriamente cambiar su vida, tendrá que adentrarse en la Biblia. Necesita leerla, estudiarla, memorizarla, meditar en ella y aplicarla.
Cuando la gente me dice que su fe es débil, les pregunto:
– ¿Está leyendo su Biblia a menudo?
– Realmente no.
– ¿Está estudiando la Biblia?
– Bueno… no exactamente.
– ¿Está memorizando las Escrituras?
– No.
– Bueno, entonces dígame: ¿cómo espera que crezca su fe? La Biblia dice: “Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo” (Romanos 10:17).
El papel de Dios en el proceso: Su Espíritu
El Espíritu Santo es la segunda herramienta que Dios usa para cambiarnos. Cuando nos consagramos a Cristo, el Espíritu Santo viene a nuestra vida para fortalecernos y dirigirnos (Romanos 8:9-11). El Espíritu de Dios nos da nuevas fuerzas, vitalidad, deseo y el poder para hacer lo que es correcto. A medida que el Espíritu del Señor obra en nosotros, nos parecemos cada vez más a él.
Aunque no aprenda nada más de este capítulo, aprenda esto: El propósito principal de Dios en su vida es hacerlo como Jesucristo. El Espíritu de Dios usa la Palabra de Dios para hacer al hijo de Dios más parecido al Hijo de Dios. ¿Y cómo es Jesús? Su vida en la tierra encarna las nueve manifestaciones de los frutos del Espíritu: amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio.
Dios usa las circunstancias
La forma ideal de Dios para cambiarnos es hacernos leer la Biblia para encontrar cómo debemos vivir y luego depender en que el Espíritu que mora en nosotros nos capacite para lograrlo. Por desgracia, la mayoría de nosotros somos testarudos, y no cambiamos tan fácil. Así que Dios trae una tercera herramienta para trabajar en nosotros: las circunstancias. Estoy hablando de problemas, presiones, dolores de cabeza, dificultades y tensiones. Estas cosas siempre nos llaman la atención. C. S. Lewis dice que Dios nos susurra en nuestra comodidad, pero nos grita en nuestro dolor. Muchas veces se requiere una situación dolorosa para atraer nuestra atención.
En Romanos 8:28-29 dice: «A los que Dios ama, que han sido llamados de acuerdo con su propósito, todas las cosas suceden para el bien de quienes lo aman. Dios… los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo.» Nada llega a la vida de un creyente sin el permiso del Padre celestial, a menos que sea «filtrado por el Padre».
Lo interesante acerca de cómo Dios usa las circunstancias es que la fuente de las circunstancias no hace diferencia alguna para él. Muy a menudo nos buscamos problemas debido a malas decisiones, al mal juicio y al pecado. Otras veces, son otras personas las que causan nuestros problemas. A veces el maligno provoca que nos sucedan cosas, como hizo con Job. Pero Dios dice que la fuente de nuestra circunstancia es irrelevante. Él dice: «De todas maneras la usaré en tu vida. La ajustaré a mi patrón y a mi gran plan para tu vida, para que seas como Jesucristo.» Así que, no hay circunstancia en la vida de la cual no podamos aprender, lo único que se requiere es aceptarla con la actitud correcta.
Proverbios 20:30 tiene más buenas noticias: «Los golpes y las heridas curan la maldad; los azotes purgan lo más íntimo del ser.» Tal vez usted haya experimentado la verdad de este versículo. A veces necesitamos sufrir una experiencia dolorosa para que cambiemos nuestros caminos. En otras palabras, ¡somos más dados a cambiar cuando sentimos el calor que cuando solo vemos la luz! ¿Por qué? Porque solo cambiamos cuando el dolor es mayor que nuestro temor al cambio.
Uso zapatos por comodidad, no por la moda. Hace algunos años tuve un par de zapatos negros que usé casi todos los días durante más de un año. Al final, se le hicieron huecos en la suela, pero eran tan cómodos que seguí usándolos. No cruzaba las piernas cuando me sentaba en una plataforma para que la gente de la congregación no viera los huecos. Sabía que me tenía que comprar zapatos, pero siempre lo posponía. Una semana llovió todos los días. Después de cuatro días con las medias mojadas, me decidí y compré unos zapatos nuevos. ¡La incomodidad es el primer paso en el cambio!
Dios nos habla a través de la Biblia, y por la inspiración de su Santo Espíritu, pero si no capta nuestra atención, entonces también usará las circunstancias. Por ejemplo, la Biblia dice que debemos ser humildes, y el Espíritu Santo nos capacita para ser humildes. Pero si no nos humillamos, él usará circunstancias que nos humillen. Dios puede usar cada situación de nuestra vida para desarrollarnos. Ese es su papel. Ahora bien, ¿qué de nuestro papel?
Debemos elegir nuestros pensamientos
El crecimiento espiritual no es automático. Cambiar es un asunto de decisión. No podemos sentarnos pasivamente sin hacer nada y esperar un crecimiento. Si queremos cambiar, tenemos que tomar tres decisiones.
Primero, debemos elegir cuidadosamente lo que pensamos. La versión en inglés Buenas Nuevas dice en Proverbios 4:23: «Tenga cuidado de cómo piense; su vida está formada por sus pensamientos.» Una vez alguien dijo: «Usted no es lo que piensa que es, pero lo que piensa, eso es.» ¿Entendió eso? Usted no es lo que cree ser, pero es lo que piensa. Si va a cambiar su vida, tiene que cambiar el patrón de sus pensamientos. El cambio siempre empieza con nuevos pensamientos.
¿Cómo una persona se convierte en cristiana? Al arrepentirse. El arrepentimiento es a menudo un término mal entendido. Solía pensar en él como un hombre parado en la esquina de una calle con una señal que decía: «¡Da la vuelta o quémate!» En realidad, la palabra griega para arrepentimiento es metanoia, y eso quiere decir cambiar su mente, cambiar su perspectiva. Cuando me convertí en cristiano, cambié mi perspectiva en cuanto a muchas cosas. Romanos 12:2 dice que somos transformados por la renovación de nuestras mentes. No es ser «transformados por voluntad» sino ser «transformados por la renovación de su mente».
La Biblia nos enseña que la forma en que usted piensa determina cómo se siente, y la manera en que siente determina cómo actúa. Así que si quiere cambiar sus acciones, tiene que volver atrás a la fuente y cambiar la forma de pensar. A veces puede actuar con depresión. ¿Sabe por qué? Porque se siente deprimido. ¿Sabe por qué se siente deprimido? Porque está pensando en cosas depresivas. Lo mismo es cierto para la ira y la preocupación y todos los otros tipos de patrones de pensamientos destructivos.
Lo que à Lo que à Cómo
pienso siento actúo
determina determina
Imagínese que tiene un bote de carrera, y que el bote tiene un piloto automático. El bote va hacia el este, y usted decide que quiere ir al oeste. Quiere dar una vuelta de ciento ochenta grados. Hay dos formas de hacerlo. El piloto automático dirige al bote hacia el este, pero usted puede tomar el timón y darle vuelta con todas sus fuerzas. El bote ahora se dirige al oeste, pero durante todo el tiempo que lo obliga a ir al oeste, usted está tenso. Eso sucede porque el bote está inclinado para ir en la dirección opuesta. Usted está tenso y alterado y pronto estará cansado. Ya sabe lo que viene después. Deja el «timón» y… no hace la dieta, o comienza a fumar, o deja de hacer los ejercicios, o vuelve al viejo patrón de relacionarse con su familia. La verdad es que el tratar de obligarse a cambiar por pura voluntad rara vez produce resultados permanentes.
La otra forma de cambiar la dirección de su bote es ajustar el piloto automático. Ahora el «piloto automático» en su vida es su pensamiento. ¿Cómo terminó la oración que le di en el primer capítulo: «Es exactamente como yo el…»? Termine esa oración varias veces, y le diré cómo está programado el piloto automático de su vida.
Pero usted puede transformarse al renovar su mente. No se enfoque en sus acciones. No se concentre en sus sentimientos. A menudo la gente dice: «Voy a ser más cariñoso» o «Seré feliz aunque me mate en el esfuerzo». Pero forzar un sentimiento no da resultados. Sencillamente concéntrese en cambiar sus pensamientos.
Cuando usted cambia sus pensamientos, también cambia la forma de sentir. Debo dejar de pensar en aquellas cosas que me están causando problemas y comienzo a pensar en cosas que me llevan a donde quiero ir.
Jesús dijo: «Y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres» (Juan 8:32). Si usted basa su vida en la verdad, vive con el estilo correcto de pensamientos y no con conceptos erróneos o falsas creencias, y basa su vida en pensamientos tomados de la Palabra de Dios, usted será libre. Verá desaparecer los viejos hábitos, sentimientos y acciones.
Dios nos da su Palabra, pero nosotros tenemos que usarla. Tenemos que practicar la meditación bíblica. Cuando yo uso la palabra meditación, no estoy hablando de sentarse en posición yoga cantando «ommmmmm». Usted no necesita yoga ni ningún otro tipo de técnica de meditación basada en las religiones orientales. Aléjese de ellas. Medite en la Palabra de Dios. Lea el libro de los Salmos y vea cuántas veces David dice: «Medito en tu palabra día y noche.»
En Salmo 1 leemos: «Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores ni cultiva la amistad de los blasfemos.» En otras palabras, él no obtiene sus fuerzas de las fuentes equivocadas. «Sino que en la ley del Señor [la Biblia] se deleita, y día y noche medita en ella» (énfasis del autor). Como resultado: «Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan. ¡Todo cuanto hace prospera!» (énfasis del autor). Esta es una promesa maravillosa.
Dios dice que cuando usted medita en su Palabra día y noche, dará frutos. Estamos hablando de ser personas fructíferas, productivas, personas llenas de amor, alegría, paz, paciencia, etc. También dice que prosperará. Hay dos grandes promesas en las Escrituras acerca del éxito; una de ellas está en ese pasaje y la otra, en Josué 1:18. Ambas dicen que la clave del éxito está en la meditación en la Palabra de Dios.
Entonces, ¿qué quiere decir meditar en la Palabra de Dios? Si busca la palabra meditación en un diccionario, verá que un sinónimo es la palabra rumiar. Rumiar es lo que hacen las vacas cuando mastican la yerba. La vaca come un poco de yerba, la mastica lo más que puede y se la traga. Durante un rato esta permanece en uno de sus estómagos y luego, un poco después, la eructa con un sabor renovado. La vaca vuelve a masticarla un poco y se la vuelve a tragar. Eso es rumiar. Esta vaca está extrayendo cada onza de nutrición de esa yerba. De eso se trata la meditación. La meditación es la digestión de los pensamientos. Meditar no significa que usted ponga su mente en neutro y no piense en nada. Meditar es pensar seriamente en lo que está leyendo. Escoja un versículo y pregúntese: «¿Qué significado tiene esto para mi vida?» Medite acerca de esto, y también háblele a Dios.
Dios es muy específico al decirnos sobre qué debemos pensar. En Filipenses 4:8 él nos dice que debemos pensar en ocho categorías diferentes de cosas y, por implicación, evitar pensar en las cosas opuestas. Tome unos minutos ahora mismo para leer y pensar en este versículo. Háblele a Dios al respecto. Esto será una buena práctica para meditar en la Palabra de Dios.
Colosenses 3:16 dice: «Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza.» Usted necesita emplear regularmente, por lo mínimo diez o quince minutos, para sentarse y leer una porción de la Biblia y pensar en lo que acaba de leer. Luego hable al Señor en oración. Es en este punto donde comienza nuestro papel en el proceso de cambio. Podemos decidir qué vamos a pensar.
Debemos depender de su Espíritu
También podemos decidir depender del Espíritu Santo. Dios dice: «Pongo mi Espíritu Santo sobre ti para darte poder.» Todos los cristianos tienen el Espíritu de Dios en sus vidas, pero no todos los cristianos tienen el poder de Dios en sus vidas. En Juan 15 Jesús nos da una hermosa ilustración sobre esto. Él compara nuestra vida espiritual con la vid y sus ramas. Él dice: «Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada» (Juan 15:5).
En esta ilustración la rama depende totalmente de la vid principal; no puede producir fruto por sí sola. El fruto es un trabajo interno. Si saliera en la primavera y amarrara manzanas en las ramas de un árbol muerto y luego llevara a mi esposa y le dijera: «Cariño, mira nuestro árbol de frutas», ella diría: «Tú amarraste esas cosas ahí.» Esto es lo que ocurre cuando un cristiano dice: «Me voy a amarrar un montón de frutas a mi vida. Un poco de paciencia por aquí, un poco de bondad por allá, un poquito de dominio propio por acá. Lo haré por mi cuenta.» No puede ser hecho así. Es una tarea del interior. Recuerde, es el fruto del Espíritu.
Ahora puede estar diciendo: «¿Cómo sé si permanezco en Cristo? ¿Cómo sé si estoy prendido a la vid? ¿Cómo saber si estoy dependiendo de su Espíritu?» Es muy sencillo. Revise su vida de oración. Sus oraciones demuestran su dependencia en Dios.
¿Sobre qué ora? Sobre lo que ore es lo que constituye su vínculo con Dios. Sobre lo que no esté orando es lo que está tratando de hacer por cuenta propia. La oración es la prueba decisiva.
El secreto de la dependencia en el Espíritu de Dios es la oración incesante. Ore por las decisiones. Ore por sus necesidades. Ore por sus intereses. Ore por su horario. Ore por los problemas que está enfrentando. Ore por las personas que va a conocer. Ore por las compras que va a hacer. Ore por todo. Eso es lo que significa permanecer, estar consciente de que Dios siempre está con nosotros, mostrando su presencia. A medida que oramos, comenzaremos a ver los frutos desarrollándose en nuestras vidas.
Debemos responder sabiamente a las circunstancias
Además de elegir nuestros pensamientos y decidir depender de su Espíritu, también podemos escoger cómo responder a las circunstancias de nuestras vidas. Víctor Frankl fue uno de los judíos presos en un campo de concentración nazi en Dachau. Cuenta que mientras estaba en el campo de concentración, los guardias le arrancaron todo. Le quitaron su identidad. Le quitaron su esposa. Le quitaron su familia. Le quitaron sus ropas. Hasta le quitaron su anillo de bodas. Sin embargo, hubo algo que nunca le pudieron quitar. Él escribió: «La última de las libertades humanas es la habilidad de escoger la actitud personal ante determinadas circunstancias», Man’s Search for Meaning [La búsqueda del hombre de significado], Washington Square Press, p.12. Los guardias no le pudieron quitar a Frankl la libertad de escoger su actitud.
No podemos controlar todas las circunstancias de nuestra vida. No sabemos qué pasará mañana, ni siquiera hoy. No podemos controlar nuestras circunstancias, pero sí podemos controlar cómo reaccionamos ante ellas. Podemos controlar el que una experiencia nos convierta en una persona amargada o en una persona mejor. Lo que importa en la vida no es tanto lo que nos sucede sino lo que ocurre dentro de nosotros.
Pablo habla acerca de esto en Romanos 5:3-4. Él dice que podemos regocijarnos aquí y ahora, incluso en nuestras pruebas y problemas. Estas cosas producirán en nosotros perseverancia y nos ayudarán a desarrollar un carácter maduro. Así que podemos regocijarnos en nuestros problemas, y no solo soportarlos, pues sabemos que Dios los está usando en nuestras vidas. Dios usa hasta los problemas que yo ocasiono.
Dios también usa las situaciones por las que otros quieren hacernos daño. Esta es una lección de la vida de José según se narra en el Antiguo Testamento. José fue traicionado por sus hermanos y vendido como esclavo. Años más tarde él les dijo: «Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien» (Génesis 50:20). Esto también es cierto en su vida. Quizás hay alguien que ahora mismo está tratando de hacerle mal. No se preocupe. Si es un creyente, si ha puesto su vida en las manos de Dios, él puede usar una situación dolorosa para bien. Él desarrollará en usted un carácter maduro. Y de eso se trata el fruto del Espíritu. Dios quiere producir el carácter de Cristo en nuestras vidas, porque sabe que mientras más nos parezcamos a él, más plena será nuestra vida.
Cuando Dios creó al hombre, lo hizo «a su imagen» (Génesis 1:27). Ese fue el plan original de Dios, y no ha cambiado. Él quiere hacernos como él; no dioses, pero piadosos. ¿Cómo lo hace? A través de la Biblia, mediante su Espíritu Santo y por medio de las circunstancias. Dios obra en nuestro carácter. La palabra griega para carácter en Romanos 5:4 significa «probado y encontrado digno de confianza». Esto describe algo que fue probado por el fuego, algo que fue golpeado una y otra vez pero que superó la prueba.
¿Ha visto en la televisión el comercial de maletas que presenta un gorila? En el aeropuerto se ve una maleta que va en una estera y en vez de una persona recogerla con cuidado, es un gorila quien la manipula. Este tira la maleta alrededor del salón, la pisa, salta encima de ella y la tira en el aire. Ahora la maleta tiene carácter. Es de confianza. Ha pasado la prueba. Quizás en esta semana le peguen en el trabajo. Tal vez hasta reciba un golpe en su casa, pero Dios puede usar hasta estas situaciones en su vida.
Permítame hacer aquí una declaración que es una de las cosas más importantes que le diré en las páginas de este libro. Aquí está la verdad fundamental: Dios produce el fruto del Espíritu en nosotros al permitimos enfrentar situaciones y a personas llenas de las cualidades opuestas.
¿Cómo Dios produce amor en nuestras vidas? Es fácil amar personas amables o personas que son como nosotros. Pero para enseñarle el verdadero amor, Dios lo pondrá alrededor de personas antipáticas. Conoceremos el verdadero amor al amar ese tipo malhumorado del trabajo o a ese vecino fastidioso. Dios nos enseñará a amar permitiéndonos practicar con los «antipáticos».
Lo mismo ocurre con la paz. Cualquiera puede estar en paz en situaciones pacíficas. Eso no necesita carácter. Dios nos enseña la paz en medio del caos total, cuando todo se está haciendo pedazos. Suena el teléfono, tocan a la puerta, algo está hirviendo en la estufa, el bebé está llorando y el perro muerde al gato. En esos momentos es cuando realmente aprendemos sobre la paz interior. Dios obra de la misma forma con cada fruto que está desarrollando en nosotros.
Toma tiempo
Un último punto. Al fruto le toma tiempo madurar. No existe tal cosa como madurez instantánea. Ni tampoco existe un desarrollo espiritual al instante. Lleva tiempo. Cuando trata de apurar la fruta, no tiene tan buen sabor. ¿Alguna vez comió tomates madurados artificialmente? Los come si los compra en el mercado. Si los campesinos recogieran los tomates ya maduros para después enviarlos al mercado, se arruinarían en el viaje. Por esta razón, los recogen verdes, quizá aquí esté revelando un secreto mercantil, y le rocían dióxido de carbono antes de enviarlos al mercado. El gas madura el tomate verde convirtiéndolo rápidamente en un tomate rojo. Ahora bien, no hay nada malo con esos tomates. No obstante, si alguna vez come un tomate que maduró en la rama, no hay comparación. Madurar le lleva tiempo a la fruta. Y Dios va a necesitar tiempo para madurar el fruto en su vida.
Usted puede empezar diciéndole a Dios ahora mismo que quiere ser un cristiano productivo, fructífero, que quiere cooperar con su plan. Entréguese a la lectura, estudio, memorización y meditación de la Biblia. Pídale a Dios que use su Palabra para cambiar su manera de pensar. Invite al Espíritu Santo a reinar de forma libre en su vida. No guarde nada. Ore y hable con él acerca de todo. Acepte sus circunstancias como parte del plan de Dios para transformar su vida. Pídale a Dios que lo ayude a responder a las personas difíciles y a las situaciones desagradables como lo haría Jesús. Dios quiere producir el fruto del Espíritu en su vida. ¿Va a cooperar con él en ese proceso para cambiar vidas?