6. CÓMO DESARROLLAR SU PACIENCIA

John Dewey dijo que la paciencia es la virtud más útil del mundo. A decir verdad, la necesitamos en todo tiempo y en todo lugar. Proverbios 16:32 dice: «Más vale ser paciente que valiente; más vale dominarse a sí mismo que conquistar ciudades.»

Hace años, mientras atravesaba tiempos difíciles, comencé a orar: «Señor, dame más paciencia.» Esperaba que mis problemas disminuyeran, ¡pero empeoraron! Entonces dije: «Señor, dame más paciencia», ¡y los problemas llegaron a ser realmente malos! Después me di cuenta que Dios sí había contestado mi oración. Ahora soy mucho más paciente, gracias a los problemas.

Al «probar» nuestra paciencia, Dios nos da verdadera paciencia. Es fácil parecer paciente cuando todas las cosas marchan a su manera. Pero, ¿qué pasa cuando las cosas no salen así? Quizá sea como la persona que oró: «Señor, dame paciencia, ¡pero la quiero ahora mismo!»

Una de las tirillas cómicas de «Peanuts» comienza con Lucy orando al lado de su cama. Luego se levanta, camina y le dice a Linus: «Estaba orando por más paciencia y comprensión, pero dejé de hacerlo.» Luego, en el último cuadro ella dice: «Temí que me las dieran.»

¿Tiene miedo de pedir paciencia por temor a que se la puedan dar? ¿Es usted paciente? Aquí hay cuatro formas de probar su paciencia.


Pruebe su paciencia

La primera prueba son las interrupciones. Usted sabe lo que quiero decir. Se sienta a comer y suena el teléfono. O está bañándose y un vendedor toca a la puerta. O está trabajando con una fecha límite y llegan visitas. Nuestros mejores planes a menudo se interrumpen.

¿Tiene que lidiar con las interrupciones en el trabajo? Anímese. Cuando Johannes Brahms estaba escribiendo su famosa canción de cuna, tuvo tantas interrupciones en su vida que le llevó siete años componerla. Alguna gente piensa que simplemente se quedaba dormido en el piano.

Hasta los discípulos se sintieron impacientes con la gente que interrumpía el horario de Jesús (Mateo 19:13-14). Le decían a la gente: «No, ahora no traigan sus hijos a Jesús. El Maestro está ocupado» (paráfrasis del autor).

¿Cómo reacciona ante las interrupciones? Esa es la primera prueba de su paciencia.

Los inconvenientes son la segunda prueba de su paciencia. ¿Cómo trata los inconvenientes en la vida? Los estadounidenses detestan estar retrasados. Somos la generación de «ahora». Tenemos una mentalidad de microondas. Queremos lo que se nos antoja en segundos. Tenemos arroz al minuto, café instantáneo y comida rápida. No nos gusta esperar.

También queremos la información al instante; nos gustan las noticias al día. En tiempos de elecciones, los encuestadores dan los resultados de las elecciones antes de que hayamos votado. Cien años atrás a la gente no le preocupaba perder la diligencia. Siempre podían irse en la próxima, uno o dos días después. ¡Hoy nos da un ataque de corazón si perdemos la puerta giratoria! Andamos tan apurados. Tenemos que estar en la marcha. ¡No podemos esperar!

En Lucas 10:40 leemos de una mujer que tenía problemas de paciencia cuando enfrentaba inconvenientes. Jesús está en la casa de Marta y María, y Marta está ocupada preparando la comida. Marta tiene coraje con María porque esta la dejó sola haciendo todo el trabajo. Casi puede oírse la irritación en su voz cuando le dice a Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sirviendo sola? ¡Dile que me ayude!» Tal vez usted también se sienta así. Tal vez esté llevando una carga extra, y se siente molesto. A usted también le gustaría estar sentado a los pies de Jesús, pero hay trabajo que hacer y usted es el único que parece darse cuenta. ¿Cómo reacciona? ¿Es paciente a pesar de los inconvenientes?

La tercera prueba de su paciencia son las irritaciones, esas cositas en la vida que le molestan. ¿Cómo las controla? A continuación una lista de algunas cosas irritantes que escuché en el último mes: embotellamiento del tráfico, filas largas, llamadas telefónicas, llaves perdidas, comida fría, aviones retrasados, llantas ponchadas, baños ocupados, grupos de música rock en el vecindario. Estoy seguro que usted podría hacer su lista personal. Algunas de estas irritaciones se pueden controlar, pero la mayoría no. Así que debemos aprender a enfrentarlas. Eso produce paciencia.

Moisés estaba molesto con los israelitas en la narración de Números 20:10-11. Durante años había soportado quejas y críticas, y ya no le quedaba paciencia. Cuando Dios le dijo que le hablara a la piedra para sacar agua, Moisés en cambio, la golpeó airado. Su impaciencia le causó desobedecer a Dios. Como resultado, Dios no permitió que Moisés entrara en la tierra prometida. Moisés era un hombre paciente, pero aun las personas pacientes tienen su límite, o así parecería.

El libro anual de la Enciclopedia Británica de 1982, bajo el título «Sucesos extraños y poco usuales» nos cuenta de un hombre llamado Brian Heise:


Brian Heise tenía más que su parte de suerte en julio, y en su mayoría era mala. Cuando su apartamento en Provo, Utah, se inundó a causa de la rotura de un tubo en el apartamento de arriba, el administrador le pidió que saliera y alquilara una aspiradora de agua. Así fue que descubrió que su carro tenía una goma ponchada. La cambió y fue adentro nuevamente para llamar a un amigo por teléfono y pedirle ayuda. El corrientazo que le dio el teléfono fue tan grande que inadvertidamente sacó el aparato de la pared. Antes de poder salir del apartamento por segunda vez, un vecino tuvo que tumbar la puerta de su apartamento porque el agua la había dañado y no abría. Mientras todo esto sucedía, alguien le robó el carro a Heise, pero casi no tenía gasolina. Lo encontró a varias cuadras de distancia pero tuvo que empujarlo hasta el garaje, donde llenó el tanque. Esa noche, Heise asistió a una ceremonia militar en la Universidad Brigham Young. Se hirió severamente cuando de alguna forma se sentó en la bayoneta que había tirado en el asiento del frente de su automóvil. Los médicos pudieron coserle la herida, pero nadie pudo resucitar los cuatro canarios de Heise que murieron aplastados con el yeso que cayó del techo. Después de Heise resbalarse en la alfombra mojada y lastimarse el coxis, comenzó a preguntarse si «Dios lo quería muerto, y sencillamente no estaba dando en el blanco».


¡Y usted cree que tuvo días malos!

Para muchos de nosotros, las personas son la irritación más grande. Quizá se sienta como el taxista de Nueva York que dijo: «Usted sabe, no solo disfruto el trabajo, sino la gente con la que choco.»

Todos chocamos con gente que nos irrita o que nos deprimen. Debemos aprender la lección de la ostra. La ostra toma algo que la irrita, un grano de arena, y lo convierte en una perla. Aprender a responder positivamente a la irritación le capacitará para transformar sus irritaciones en perlas.

La cuarta prueba de su paciencia es la inactividad. La mayoría de nosotros preferiríamos hacer cualquier cosa antes que esperar. Odiamos esperar en la consulta del médico, o pararnos en fila en el supermercado o tener que quedarnos en cama.

¿Sabe que pasará seis meses de su vida parado ante una luz roja esperando que cambie a verde? ¿Y notó que cuando la luz cambia a verde, si no se mueve en dos segundos, el tipo que está detrás se pone rojo? ¿No es interesante cómo admiramos la paciencia en el chofer que está detrás de nosotros, pero no la del que está al frente? ¿Cómo maneja la inactividad?

Usted puede aprender muchísimo de las personas observando cómo esperan que el elevador llegue a su piso. Algunas personas son mecedoras; se mecen de un lado al otro. Algunas personas son rebotadoras. Rebotan hacia arriba y hacia abajo mientras esperan que el elevador comience a moverse. Algunas personas son empujadoras. Se la pasan empujando el botón, como si eso hiciera que el elevador llegara más rápido. No pueden pararse y esperar. Tienen que hacer algo para sentir que tienen el control.

Job es un ejemplo de un hombre que no podía hacer nada, excepto esperar (a menudo hablamos de «la paciencia de Job»). Él dijo: «Cada día de mi servicio obligatorio esperaré a que llegue mi relevo» (Job 14:14). Podemos aprender mucho del ejemplo de Job.

La Biblia dice: «Mucho yerra quien mucho corre» (Proverbios 19:2). Las investigaciones médicas están de acuerdo con esto. Descubrieron una nueva enfermedad llamada «enfermedad de la prisa». Los doctores Rosenman y Freedman dicen que el noventa por ciento de las víctimas de ataques de corazón tienen esta personalidad «apurada» tipo A. Su habitual impaciencia les mete en problemas.

Ahora, ¿qué causa la impaciencia? La falta de paz. Tal vez fue por eso que Dios puso en la lista de los frutos del Espíritu la paciencia exactamente después de paz. Cuando tiene paz en su corazón, casi nada lo puede impacientar. Pero cuando no tiene paz en su corazón, casi todo lo impacienta. Así que, ¿cómo puedo aprender a ser una persona paciente? La Biblia revela una respuesta dividida en cuatro partes.


Desarrolle una nueva perspectiva

Primero, desarrolle una nueva perspectiva. Busque una manera nueva de mirar la situación o la persona que le está ocasionando problemas. La paciencia comienza al cambiar la manera en la que usted ve algo. Cuando estoy impaciente, tengo una perspectiva limitada. Veo: mis necesidades, mis deseos, mis metas, mis intereses, mi horario, y cómo usted está desarreglando mi vida. La raíz de la impaciencia es el egoísmo. Así que necesito tener una nueva perspectiva de la vida. Necesito aprender a ver las cosas desde el punto de vista de los demás.

¿Le gustaría saber el secreto del éxito? Aquí está. Si quiere ser un esposo o esposa con éxito, aprenda a ver la vida desde el punto de vista de su cónyuge. Si quiere ser un padre con éxito, aprenda a ver la vida desde el punto de vista de sus hijos. Si quiere ser un negociante con éxito, aprenda a ver la vida desde el punto de vista de su cliente. Si quiere ser un patrón de éxito, aprenda a ver la vida desde el punto de vista de su empleado. Mire la situación desde la perspectiva de los otros y descubra por qué se sienten como se sienten. No conozco nada que tenga un mayor potencial para disminuir el conflicto en su vida.

Ahora vea lo que dice la Biblia en el libro de los Proverbios. El escritor explica: «El buen juicio hace al hombre paciente; su gloria es pasar por alto la ofensa» (Proverbios 19:11). Note las palabras buen juicio. Buen juicio equivale a sabiduría, y ¿sabe qué es sabiduría? Es ver la vida desde el punto de vista de Dios, es tener la perspectiva de Dios en una situación. Desde esa perspectiva obtengo tres puntos de vista importantes. (1) Soy solo humano; no soy Dios. Claro, esto Dios lo sabe, pero quiere que también lo reconozca. No soy perfecto y no tengo control. En efecto, la mayoría de las cosas que encaro en la vida son cosas que no puedo controlar. Soy solo humano. (2) Tampoco hay nadie que sea perfecto, así que no debo sorprenderme ni irritarme cuando la gente se equivoca o me defrauda. (3) Dios tiene el control, y puede usar estas situaciones, irritaciones, y los problemas que llegan a mi vida para cumplir su propósito en mí.

Otro versículo en Proverbios declara: «Los pasos del hombre los dirige el Señor» (Proverbios 20:24). Esto quiere decir que usted puede experimentar algunas demoras divinas, algunas interrupciones celestiales. A veces el Señor pondrá personas irritantes a su alrededor con el propósito de enseñarle algo. Obtenga una nueva perspectiva. Mírela desde el punto de vista de Dios. A través de toda la Biblia, Dios iguala la paciencia con la madurez. Proverbios 14:29 nos dice: «El que es paciente muestra gran discernimiento; el que es agresivo muestra mucha insensatez.» La paciencia es un signo de madurez. La mayoría de los niños son muy impacientes, no conocen la diferencia entre «no» y «todavía no». ¿Notó que cuando los bebés no tienen de inmediato lo que quieren, se molestan? La madurez involucra la habilidad de esperar, vivir con gratificación dilatada. Un hombre comprensivo y sabio, que ve la vida desde el punto de vista de Dios, puede ser paciente. Por lo tanto, necesitamos descubrir una nueva perspectiva.


Adquiera sentido del humor

La segunda manera de convertirse en una persona paciente es desarrollar un sentido del humor. Aprenda a reírse de sus circunstancias. Aprenda a reírse de usted. De alguna forma busque lo divertido de una frustración. Proverbios 14:30 dice: «El corazón tranquilo da vida al cuerpo.»

Hace poco leí acerca de un estudio que indica que la gente que se ríe vive más tiempo. El humor elimina la tensión. Es un antídoto para la ansiedad. Es un tranquilizante sin ningún efecto secundario. La risa es el amortiguador de la vida.

Una vez alguien le preguntó al presidente Lincoln cómo controló todas las tensiones durante la Guerra Civil. Él respondió: «No lo hubiera logrado si no hubiera sido por la risa.» Muchos comediantes famosos se criaron en vecindarios pobres con grandes problemas. Ellos se enfrentaron a los problemas aprendiendo a reírse y haciendo reír a otros.

Así que aprenda a reírse. Si puede reírse de algo, puede vivir con ese algo. Y además, si aprende a reírse de sus problemas, ¡nunca le faltarán motivos para reírse!

Uno de mis versículos favoritos en la Biblia está en Salmo 2:4: «El rey de los cielos se ríe.» ¿No es ese un gran versículo? Dios tiene sentido del humor. ¿Alguna vez vio la cara de un orangután? ¡Dios se la inventó! ¿Quiere parecerse más a Dios? Aprenda a reírse. El sentido del humor puede preservar su sanidad mental.

El tiempo de Dios es tan maravilloso como su sentido del humor. Mientras estaba mecanografiando las notas para este capítulo, mi máquina de escribir IBM Selectric se comió por completo mi bosquejo. Así que me dije: «Warren, tienes dos alternativas. O practicas lo que predicas y te ríes de la situación, o te enojas y te irritas.» Estoy seguro de que mi esposa y mis hijos estarían preguntándose de qué me estaba riendo. Aprenda a reírse. Es relajante.

La vida está llena de situaciones cómicas. Will Rogers dijo una vez: «No conozco ningún chiste. Solo observo el gobierno e informo los hechos.» Proverbios 17:22 dice: «Gran remedio es el corazón alegre.» Todos necesitamos desarrollar el sentido del humor.


Profundice su amor

El tercer paso para convertirse en una persona paciente es profundizar su amor. Es probable que 1 Corintios 13:4 sea uno de los versículos más francos en la Biblia: «El amor es paciente.» ¿Sabe lo que eso significa? Quiere decir que cuando estoy impaciente, no estoy amando pues el amor es paciente. Cuando usted ama a alguien, se preocupa por sus necesidades, sus deseos, sus dolores, sus puntos de vista, y no solo por los suyos. Cuando está lleno de amor, casi nada le puede provocar ira o causarle impaciencia. Cuando está lleno de ira, casi cualquier cosa lo puede provocar. Cuando está bajo demasiada presión, cualquier cosa que tenga adentro va a salir. Así que profundice su amor.

Efesios 4:2 dice: «Siempre humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor.» ¿Por qué debe ser paciente con los demás? «Por su amor.»

Había un tipo en la universidad que me molestaba mucho. Para hacer la cosa peor, se salió de su ruta para estar alrededor mío. Era una de esas personas que escupe cuando habla. Se puso tan grave la cosa que cuando venía caminando por un pasillo, yo daba media vuelta y salía del edificio solo para evitarlo. En verdad me disgustaba ese tipo, me irritaba.

Pero una noche leí Efesios 4:2 y fue como una daga en mi corazón. «Dios, no amo a ese tipo.» ¿Recuerda que en un par de capítulos atrás le dije que la gente no tiene que agradarle, pero tiene que amarla? El amor no es un sentimiento, es una decisión y es una acción. Así que dije: «Dios, ayúdame a mañana amar a esta persona. No para siempre. Solo ayúdame a amarlo mañana.» Y luego oré una oración de la que más tarde me arrepentí. Dije: «Dios, si este tipo que me irrita va a hacerme más parecido a Cristo, entonces hazme más parecido a Cristo. Enséñame paciencia. Si este tipo que me molesta me va a hacer más parecido a ti, te pido que mañana me moleste más que nunca antes en mi vida.» Eso fue un error.

Me levanté a la mañana siguiente y fui a clases, pero no lo vi en todo el día. Pensé: «¡Qué bueno! Me encanta esta forma de aprender paciencia. Está bien, Señor.» Llegó la hora de comer. Caminé hasta la cafetería, este tipo me espía, se pasea a mi alrededor y dice: «¡Oye Rick, no te había visto en todo el día!» Tiró con tanta fuerza la bandeja en la mesa que sus espaguetis cubrieron mi cabeza y mi camisa, y su Coca-Cola me mojó todos los pantalones. En la cafetería todos se volvieron para verme, los fideos me rodaban por las orejas. Pero en este punto, ya estaba lleno de amor, paz y gozo pues estaba preparado. Realmente lo estaba. Había estado orando todo el día, así que le dije: «Alabado sea el Señor.» Estoy seguro que todos pensaron: «Se volvió loco.» ¿Qué pasa cuando alaba a Dios por causa de la gente que lo irrita? Puede ser que llegue a parecerse tanto más a Jesús que nunca más lo molestarán. O si es el maligno quien está usando esa persona para que lo moleste, él dejará de hacerlo porque la situación le motivó a alabar a Dios. Si aprende a alabar a Dios en cada situación, usted desarrollará una pared de alabanza alrededor de su vida que ni siquiera el diablo podrá penetrar.


Dependa del Señor

El último paso para desarrollar paciencia es depender de Dios. La paciencia no es solo un asunto de voluntad humana; es un fruto del Espíritu. Usted no puede motivarse mentalmente diciendo: «Voy a ser paciente aunque me mate.» Lo matará. La paciencia no es fuerza de voluntad. La paciencia no es decir: «En realidad él no me molesta» cuando en lo más profundo de su ser está pensando, odio a ese tipo. La paciencia no es usar una máscara y fingir.

Si es la paciencia de Dios lo que siente, si es el sincero fruto del Espíritu, usted tendrá una paz interior genuina. Ciertas situaciones no lo molestarán como antes. ¿Por qué? Porque está dependiendo del Señor.

La paciencia es una forma de fe. Es decir: «Confío en Dios. Creo que Dios es mayor que mi problema. Y creo que Dios tiene sus manos en esta molestia y que él puede usar esto en mi vida para el bien.» La fe nos ayuda a ver la vida desde el punto de vista de Dios. La fe nos ayuda a decir: «Dios, ¿qué quieres que aprenda de esta situación?» y no «¿por qué me pasó esto?» Como resultado de la fe ya no necesitamos preguntarle a Dios: «¿Por qué se me ponchó la goma mientras iba a una cita importante?» En cambio, podemos preguntar: «¿Qué quieres que aprenda de esta situación?»

Noé tuvo que esperar ciento veinte años para que lloviera. Eso es bastante tiempo para ser paciente. Abraham esperó cien años para tener un hijo. Eso es bastante tiempo para ser paciente. Moisés esperó cuarenta años en el desierto y luego esperó otros cuarenta años guiando a los hijos de Israel a través del desierto hasta la tierra prometida. Ese es bastante tiempo para ser paciente. En los tiempos del Antiguo Testamento todos estaban esperando que llegara el Mesías. En los días del Nuevo Testamento, los discípulos esperaron en el Aposento Alto por el Espíritu Santo. La Biblia es el libro sobre la espera. ¿Por qué? Porque la espera muestra la fe, y la fe agrada a Dios.

El tipo de espera más difícil es el esperar a Dios cuando usted está de prisa y él no. Es difícil ser paciente cuando está esperando por la respuesta a esa oración… cuando está esperando que ocurra ese milagro… cuando está esperando para que Dios cambie su condición financiera, o su problema de salud, o a sus hijos, esposa, esposo, o a ese familiar que es un excéntrico. Es difícil cuando usted está de prisa y Dios no, pero esperar con paciencia es una evidencia de fe. También es una prueba de fe. ¿Cuánto tiempo puede esperar?

Lázaro era un buen amigo de Jesús, pero un día se enfermó de gravedad. María y Marta, sus hermanas, enviaron palabra a Jesús diciendo: «Señor, tu amigo querido está enfermo» (Juan 11:3). Y la Biblia dice que cuando Jesús oyó esto, con todo propósito se demoró dos días más antes de salir para Betania. Cuando llegó, Lázaro ya había muerto. Su cuerpo ya estaba sellado en el sepulcro.

Jesús llegó muy tarde. Sin embargo, Jesús sabía que no era demasiado tarde. Caminó hasta el sepulcro y llamó «¡Lázaro, sal fuera!» (Juan 11:43). Ahora usted se da cuenta de que él tuvo que llamar a Lázaro por su nombre, porque si solo hubiera dicho: ¡Sal fuera! ¡Todos los que se habían muerto en el mundo hubieran salido! Así que tenía que ser específico. «¡Lázaro, sal fuera!» Y Lázaro salió… ¡vivo!

¿Cuál es el punto? El punto es este: Dios nunca llega tarde. Siempre está a tiempo. El tiempo de Dios es perfecto. Tal vez no se rija por nuestro horario -normalmente no lo hace- pero nunca llega tarde. Él quiere que confiemos y esperemos en él. El salmista lo pone de esta manera: «Guarda silencio ante el Señor, y espera en él con paciencia» (Salmo 37:7). Anteriormente, en este salmo, el escritor nos enseña a confiar en el Señor, deleitarnos en él, y encomendar nuestros caminos a él. Todos estos son aspectos de la fe y la dependencia. Dios anhela que nosotros confiemos en él por sobre todas las cosas. La paciencia es la evidencia de nuestra fe en él.

¿Por qué debemos ser pacientes? Porque Dios es paciente, y debemos ser como él. Pedro nos exhorta: «Tengan presente que la paciencia de nuestro Señor significa salvación» (2 Pedro 3:15). Dios es paciente. Si somos sus hijos, debemos tener los rasgos familiares. Es por esto que el Espíritu Santo está obrando en nuestras vidas, para desarrollar paciencia en nosotros. Es una parte del carácter de Cristo.

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