Nota del autor


PARA proteger, sobre todo, a los moscovitas con los cuales viví esporádicamente desde 1959 hasta 1971 —incluyendo un año que pasé como estudiante graduado— en esta narración he alterado nombres, ocultado identidades y reordenado secuencias cronológicas. Si no hubiera introducido estos cambios, me habría apartado mucho más de la verdad textual al tener que eliminar material político comprometedor. Pero en la medida en que nada ha sido inventado, lo que sigue es un reportaje acerca de las vidas de mis amigos rusos y acerca de mis observaciones. Modificando lo que Christopher Isherwood dijo sobre su descripción de Berlín, hace cuarenta años, ésta es la crónica de lo que me sucedió y no de lo que podría haberme sucedido en el extranjero.

Al mismo tiempo, mis reminiscencias no intentan describir la vida moscovita «típica» —tema de muchos libros de fácil obtención— sino sólo lo que vi, oí y sentí.

Detrás del aparato estatal bizantino, la vida seguía su curso.

Vassili O: Klyuchevski, historiador ruso del siglo XIX.

Miente como un testigo ocular.

Antiguo proverbio ruso.

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