Me complace reconocer las importantes contribuciones del Salón de escritores, donde se realizó gran parte del trabajo preliminar de este libro, y de la Fundación Ragdale, donde se escribió. Gracias también a George Cabanas y Eddie Lama, así como a Jack Hitt y Paul Tough, que me presentaron a los Kong. Gracias a Sarah Elizabeth Miles, que jura que hará cualquier cosa -¡cualquier cosa!- por ver su nombre en un libro.
Cállate, mi niño, mi niño bonito,
que alborotan mucho tus gritos;
cállate, niño, por compasión,
que si no, vendrá Napoleón.
Ese hombre es un ogro muy malo,
tan negro y tan tieso como un palo;
se desayuna, se come y merienda
a todo el que entra en su tienda.
Si te oyera, inocente criatura,
cuando pase a caballo por la espesura,
te arrancará la cabeza y el corazón
como el gato que juega y devora al ratón.
Y te pegará, zas, zas, te pegará,
y en papilla te convertirá.
Y te comerá, ñam, ñam, te comerá
y de ti ni un pelo quedará.
Canción de cuna inglesa