Creo que de haber sido una persona más sensible no habría podido conciliar el sueño en muchos días.
Sin embargo, las tremendas afirmaciones de los miembros del «IPRI» sólo lograron que mis dudas sobre la autenticidad de sus contactos con extraterrestres aumentasen. ¿Qué pruebas tenía yo en realidad de todo lo que me habían narrado? Sencillamente, ninguna.
Pero vayamos al grano.
Todas aquellas comunicaciones telepáticas -me insistieron una vez más- tenían una justificación. Obedecían a lo que los propios seres del espacio habían bautizado como «Misión RAMA». Es decir, una operación de rescate.
«La Tierra -me expusieron los socios del "IPRI"- está amenazada por una tremenda destrucción. Una catástrofe que provocará el propio hombre. Los seres del espacio lo saben y quieren evitar que la raza humana desaparezca del Universo…»
– ¿Y por qué quieren evitar que el hombre desaparezca?
Los miembros del «IPRI» con los que sostenía la conversación se miraron extrañados.
– ¿Qué harías tú si tuvieras un hermano menor y lo vieras que está constantemente jugando con fuego?
Los extraterrestres encargados de la «Misión RAMA» se mueven en un plano mental, espiritual y tecnológico muy superior al nuestro. ¿Cómo comprender entonces su sentido del Amor y de la Entrega? Deberíamos ser como ellos para entender…
– ¿Y decís que la «Misión RAMA» fue programada ya por ellos hace 100 años…?
– Eso es lo que nos han comunicado. Nuestro mundo -y ellos lo saben- se ha visto envuelto siempre en un proceso idéntico y repetido de autodestrucción. Desde hace millones de años, las civilizaciones han logrado metas tecnológicas muy elevadas. Sin embargo -y en todos esos procesos-, el nivel espiritual no ha ido nunca parejo con el desarrollo técnico. Y una tras otra, todas esas civilizaciones se han autodestruido.
»Ahora está sucediendo lo mismo. La Tierra está al borde de un cataclismo termonuclear que no dejará piedra sobre piedra.
– Pero, no termino de comprender la «misión»…
– Los «24 Mayores» que velan y dirigen la «Confederación de Mundos» de nuestra Galaxia programaron hace ya 100 años esta misión de rescate de un máximo de seres de la especie humana, a fin de que «aquello que fue creado por el Profundo no sea borrado de la faz del Cosmos».
»Y nosotros, tal y como ya sabemos, hemos sido creados por Dios o por el «Profundo», como ellos denominan a la Fuerza que dirige y sostiene todo lo creado.
«Entonces, éste es el momento en que la «Misión RAMA» ha iniciado su fase de desarrollo y ejecución. ¿Cómo? En primer lugar, mentalizando y dando a conocer al mundo entero el hecho evidente de la presencia de los extraterrestres. Los ovnis, cpmo ustedes los llaman, no son ya tales «objetos volantes no identificados», sino naves siderales tripuladas por seres de otros planetas y astros.
»Este punto es importante. Es preciso que todas las gentes sepan de la existencia de los extraterrestres, de sus naves y de su misión en la Tierra.
– ¿Y ya se está efectuando ese «rescate»?
– Miles de familias enteras salen cada año de nuestro mundo hacia otros astros de la galaxia o de nuestro propio Sistema solar. Desde hace años, miles de personas -siempre, voluntariamente -abandonan la Tierra sin dejar rastro, siendo ubicadas en mundos como «Apu», «Ganimedes», «Atlas», «Calisto», etcétera.
»Son sacados físicamente con sus naves y transportados a esos planetas… Sabemos que resulta difícil de entender y de creer, pero así es, puesto que así nos lo han revelado.
– ¿Y qué hacen en esos mundos? ¿Cómo viven?
– Los «guías» nos han detallado que todos ellos son preparados y enseñados en el mundo del espíritu y de la materia, a fin de lograr una superación que los convierta en «semilla» de una raza humana nueva, distinta, superior, más generosa y sabia.
»Y cuando la Tierra -a la que ellos llaman el «planeta del círculo vicioso» vuelva a ser habitable, esas personas que un día fueron sacadas de nuestro mundo -o sus descendientes- regresarán e iniciarán una nueva era, libres ya de las constantes amenazas de autodestrucción. Y, al igual que los extraterrestres que ahora tratan de ayudarnos, esos nuevos «seres humanos» estarán en condiciones de prestar su ayuda a otras civilizaciones que-al igual que la nuestra hoy- también precisan de la Verdad. Será, en fin, el inicio de toda una nueva y prometedora Era…
– ¿Se sabe cuántas personas han sido ya sacadas de nuestro mundo?
– Sólo nos han dicho que miles…
– Y esa catástrofe, ¿está cerca?
– Tan próxima-nos han comunicado los «guías»- que no queda tiempo siquiera para volver el rostro. Por eso ellos tienen prisa. Quieren que el mundo entero se mentalice. Que todos los hombres se percaten del gran error en que se mueve nuestra civilización. Pero -según los «guías»- ya resulta poco menos que imposible…
»Para evitar la catástrofe, el hombre debería cambiar su sentido de la moral. Debería amar a sus semejantes, más, incluso, que a sí mismo. Debería mirar a los más humildes y olvidar sus egoísmos. Debería amar, sencillamente…
– Y eso, ¿no es posible?
– Ya no. La civilización ha olvidado el espíritu y galopa sobre una técnica que ni siquiera ha aprendido a dominar…
»Para evitar la autodestrucción de la actual civilización terrestre sería preciso que todos los seres humanos formaran una auténtica familia.
En realidad -pensé mientras cambiaba otra de las cintas magnetofónicas-, esa catástrofe a que aluden los extraterrestres es algo que se palpa ya en el enrarecido ambiente del mundo… Basta con echar una ojeada cada día a las primeras páginas de los periódicos para intuir una gigantesca autodestrucción…
– Pero -proseguí-, si ellos, los seres del espacio, saben todo esto, ¿por qué no evitan tal destrucción? ¿Por qué no descienden con sus naves en las más importantes ciudades del planeta y exponen sus intenciones?
– Es imposible. Lo prohibe la «Confederación de Mundos de la Galaxia».
Casi me había olvidado de la citada «Confederación»… Pero los miembros del «IPRI» iban a responder ampliamente a todas mis preguntas.
– Ellos nos han explicado repetidas veces que en nuestra galaxia, en lo que llamamos «Vía Láctea», hay millones de astros habitados. ¡Millones! Y muchos de éstos, por seres inteligentes y muy superiores, incluso, al hombre.
«En realidad -me dije a mí mismo-, esta afirmación tampoco es extraordinaria. Nuestros científicos han llegado a conclusiones similares a través de simples cálculos de probabilidades. Hoy -según la Ciencia- nuestra galaxia reúne más de 100 000 millones de soles. ¿Cuántos de esos soles dispondrán de sistemas planetarios semejantes al nuestro? Por supuesto, millones…»
Pero los miembros del «IPRI» continuaron.
– …Esos millones de planetas habitados de nuestra galaxia están unidos o «confederados» desde hace millones de años en lo que podríamos traducir como «Confederación de Mundos». Según los «guías», en la actualidad, dicha «Confederación» está formada por un 80 por 100, aproximadamente, de los mundos habitados por seres superiores a nosotros. El resto -también formado por razas superiores a la humana- no está integrado en la «Confederación de Planetas». Por distintas razones, no han deseado esa unión…
»Pues bien, como te decíamos, la «Confederación» -por experiencias anteriores- tiene establecida una norma que debe ser cumplida fielmente por todos los planetas. Incluso, por los que no pertenecen a la «Confederación». «Ningún mundo podrá intervenir directamente sobre otro que albergue una raza inferior.»
»Y es lógico. Lo contrario supondría un desequilibrio, una falta de autodeterminación, de libertad…
– Pero, ¿y si esa raza va a autodestruirse?
– Tampoco. La ley en cuestión prohibe, incluso, la intervención directa. Pero sí pueden actuar indirectamente. Y éste es nuestro caso. Ellos han ido observando a todo lo largo de la historia de la Tierra cómo la raza humana ascendía tecnológicamente y se autodestruía. Ahora, los «24 Mayores» han decidido que ésta sea la última guerra de la especie humana. Muchos están siendo sacados del mundo, a fin de perpetuar la especie y -lo que es más importante- de transformarla en una raza más generosa y elevada.
»A través de grupos que se extienden ya por todo el mundo, los seres de «Apu», «Ganimedes», «Atlas», etc., están preparando el camino para todos esos que deberán ser sacados del planeta y puestos en lugar seguro…
– ¿Y cuáles son esos mundos donde están siendo trasladados tantos miles de seres humanos?
– Generalmente escogen planetas donde las condiciones ambientales, de gravedad, etc., sean muy similares a la de la Tierra. Algunos son planetas donde la vida es natural y propia del astro, como en el caso de «Apu». Pero hay otros que sólo son «colonias». Como «Ganimedes», «Caliste» y «Europa», satélites naturales de Júpiter. También en algunos de los satélites de Saturno han sido establecidas algunas de estas «colonias».
Mis dudas crecieron una vez más. Yo no era experto en Astronomía, pero en los pocos libros que sobre dicha materia habían caído en mis manos siempre se aseguraba que en nuestro Sistema solar resultaba poco menos que imposible la existencia de vida superior e inteligente. Y así se lo hice saber a los miembros del «IPRI».
– Hay muchas cosas en el Sistema solar -me respondieron- que nos sorprenderán conforme el hombre vaya descubriéndolas. En Júpiter, en efecto, no hay vida. Pero sí en sus tres satélites interiores. Ellos, por cierto, no los llaman como nosotros. A «Ganimedes» lo denominan «Morle» o «planeta de perfección». A «Calisto», «Calonia» o «planeta de búsqueda de perfección o capacitación». Y a «Europa», «Anatia» o «planeta de cultivos vegetales y cosas bellas de creación». Por último, al cuarto satélite interior de Júpiter, y que nosotros llamamos «Io», ellos lo designan con el nombre de «Aneta». Es algo así como un depósito o base militar de la Confederación…
»Algunos de estos seres con los que estamos en contacto telepático son precisamente de uno de estos satélites de Júpiter: de «Ganimedes».
– ¿Y qué ocurre entonces en el resto del Sistema solar? ¿También hay vida?
– Ellos nos han revelado que sí. Es más. Nos han manifestado que el número de planetas que integran dicho Sistema solar no es de nueve, como siempre habíamos creído, sino de doce.
Venus, Marte, la Tierra y otro planeta que no nos han querido revelar todavía poseen vida natural propia. Además de esto hay «colonias» en satélites de Júpiter y Saturno.
– ¿Y por qué no nos han querido revelar aún el nombre de ese planeta donde aseguran hay vida?
– Porque -según los extraterrestres- está empezando a desarrollarse y el hombre podría intervenir, anulando su esencia…
– Vayamos por partes. ¿Cómo es posible que exista vida en Venus, si los astrofísicos afirman que su proximidad al Sol -su distancia es de unos 108 millones de kilómetros- hace incompatible el desarrollo de cualquier sistema de vida…?
– Nadie puede conocer realmente un astro hasta que no lo haya explorado. Y éste es el caso de Venus, Marte y del resto de nuestros planetas hermanos.
»Venus -según nos han explicado- está protegido por un formidable «colchón» de nubes, muy superior al nuestro, que sirve de «filtro» y «escudo» a la gran exposición solar. En esas densas capas de nubes -y especialmente en la de ozono- las temperaturas se elevan, por lo visto, a más de 400 grados centígrados. Sin embargo, en la superficie del planeta, la temperatura es muy inferior y adecuada para el desenvolvimiento de la vida. Y otro tanto sucede con Marte, el llamado «planeta rojo».
– ¿Marte? Las sondas espaciales enviadas por rusos y norteamericanos no parecen indicar lo mismo…
– Si un planeta estuviera habitado por una o varias razas superiores y supieran de la existencia de otras civilizaciones inferiores en otro planeta, ¿qué postura adoptarían ante la presencia de sondas espaciales procedentes de dicho mundo inferior?
»Éste es el caso de Marte, donde -según nos han comunicado los «guías»- existen dos razas distintas. Una pertenece a la «Confederación de Mundos». La otra no. Pero ambas están supertecnificadas. Y ambas nos visitan desde tiempos muy remotos.
– ¿Y cómo son?
– Bueno, los habitantes de Marte han sido vistos en multitud de ocasiones y a todo lo largo y ancho del mundo.
»Son de pequeña estatura. Generalmente su tamaño oscila entre los 0,80 cm y 1,20 m.
»Sus cabezas son un tanto desproporcionadas en relación con el resto del cuerpo, y sus ojos, muy abultados y «saltones».
»Hay miles de casos por todo el mundo de testigos que han visto a estos extraterrestres, en sus diversas tareas de investigación, recogida de minerales, vegetales, etc.
– ¿Y los de Venus?
– Con ésos no hemos tenido contacto. Desconocemos realmente cuál es su aspecto y formas físicas, aunque nos han dicho que son también parecidos a nosotros.
Aquello era desconcertante. Porque -tal y como me contaban los miembros del «IPRI»- los casos de apariciones de «humanoides» en los distintos países del mundo han sido muchos. Recuerdo, por ejemplo, los cientos de testigos que a lo largo de 1954 dieron cuenta en las distintas gendarmerías francesas de la presencia en valles, campiñas, huertas, ríos, carreteras, líneas férreas, etc., de numerosos «hombrecillos» que se dedicaban a extraer vegetales o porciones de tierra que luego cargaban en sus extrañas naves o discos.
En nuestro propio país se han dado numerosos casos de testigos que aseguran haber visto a estos «humanoides». No hace mucho, el ufólogo don Manuel Osuna nos ponía sobre la pista de otro caso realmente singular y del que fue testigo único un anciano guarda de un melonar de la localidad sevillana de Aznalcollar. Aquel buen hombre quedó mudo de terror cuando, en un atardecer de 1971, vio posarse sobre la campiña una gran nave portadora y que el guardián -en su ingenuidad- comparó muy gráficamente con los «viajeros» o grandes autobuses de línea que hacen los diversos recorridos de la provincia.
De dicho «viajero» -que no debía de ser otra cosa que una nave portadora- salieron entre 40 y 50 «hombrecillos» que, lógicamente, pusieron en fuga al despavorido guardián.
Pero, como digo, los testimonios en este sentido serían tantos que nos obligaría a entrar en terrenos distintos a los que actualmente nos ocupan.
Ahora, sin embargo, el caso era distinto. Porque estos extraterrestres -según los miembros del «IPRI»- eran muy distintos.
¿De dónde procedían? ¿Dónde estaban situados sus respectivos mundos?