A lo largo de una de las reuniones en el «IPRI», a la que asistieron socios de otros Departamentos de dicho Instituto, pude asistir a un coloquio en el que se expuso y discutió un tema que, por su interés, me resisto a ignorar.
Hacía días que trataba de plantear el arduo problema de las largas distancias en los viajes espaciales y la forma en que estos extraterrestres habían podido solucionarlo. Y me lo encontré prácticamente hecho cuando en la mencionada reunión de miembros del «IPRI» alguien preguntó:
– ¿Y han explicado los seres de «Apu» o «Ganimedes» qué sistemas emplean en la propulsión de sus aparatos?
– No nos han dado excesivas explicaciones al respecto -comentó el ingeniero Eduardo Elias-•. Cuando en algunas ocasiones les hemos preguntado sobre ello, siempre nos han respondido que la «Misión RAMA» no consiste en una «recopilación» de datos científicos y técnicos sobre sus máquinas.
»Tenemos grandes dificultades para averiguar estas cuestiones.
»-Ustedes no necesitan saber nuestros sistemas de propulsión para desarrollar la misión – nos dicen.
– Sin embargo-apuntó otro de los miembros del grupo que asegura estar en contacto con los extraterrestres-, sí hemos podido conocer algunos detalles.
Todos los asistentes a la conferencia-coloquio esperamos con cierta expectación.
– Las naves de los extraterrestres -prosiguió- son movidas por dos sistemas conjuntos de propulsión: de un lado, por la atracción planetaria. Y además, por «iones».
»El primero sólo es empleado para largas distancias.
»Sus naves se desplazan protegidas por un campo magnético, que mantiene en el interior de sus aparatos las mismas condiciones de presión, etc., que requiere el organismo de los tripulantes. Ello, unido a una técnica de control perfeccionadísima, permite también los giros en ángulo recto, totalmente impracticables hoy por nuestros aparatos.
– Pero, a pesar de todo ello -intervine- las distancias entre sus astros y la Tierra son enormes. Creo recordar que «Apu», por ejemplo, se encuentra de nuestro Sistema solar a 4,3 años-luz. Es decir, viajando a la velocidad de la luz -300 000 kilómetros por segundo-necesitarían más de cuatro años para llegar hasta nuestro mundo… Y eso es imposible.
– Imposible para nosotros, para nuestra técnica, para nuestro concepto de la Física y de la Materia. Ellos, cuando les planteamos esta misma cuestión, respondieron:
»-La velocidad de la luz es como un cangrejo arrastrándose en el espacio.
Quedé pensativo. No podía ser… ¿Cómo poder superar semejante velocidad?
__Hay un principio en Física-remaché, que afirma que todo cuerpo sometido a la velocidad de la luz necesariamente aumenta su masa…
– Repetimos lo que ellos nos han repetido. Nosotros estamos enfocando una técnica desconocida con un concepto absolutamente terrestre… No podemos situarnos en un orden inferior para enjuiciar lo que es superior.
– Pero, vamos a ver… -intervino otro de los miembros del «IPRI»-, ¿a qué velocidad tienen que viajar para recorrer la distancia existente entre «Ganimedes» y la Tierra?
– Para distancias cortas, como es el caso de este satélite de Júpiter y nuestro mundo, ellos no fuerzan sus máquinas. No viajan a tope, como si dijéramos. Emplean una velocidad de «crucero» que puede equivaler a unos 3 000 kilómetros por segundo, puesto que -según sus explicaciones- emplean unos tres días en el viaje de «Morle» a la Tierra y viceversa.
– ¿Recorren los casi setecientos millones de kilómetros en tres días?
– Sólo si emplean la velocidad normal o de «crucero». En caso de necesidad pueden avanzar mucho más rápido.
– Si no estoy equivocado -apuntó otro de los asistentes al coloquio- en el camino de la Tierra a «Ganimedes» o al contrario, sus naves se verán obligadas a atravesar el llamado «cinturón de asteroides» que se mueve entre las órbitas de Marte y Júpiter. ¿Cómo evitan los choques con semejante muralla de piedras?
– Disponen de unos sistemas de detección a muy larga distancia. Mediante estos procedimientos localizan la trayectoria del asteroide y, si coincide con la de la nave, lo destruyen muchas millas antes de llegar a él.
»Los «guías» nos han explicado cómo a lo largo de estos viajes siderales se observan con cierta frecuencia -y siempre a gran distancia de la nave- unos «fogonazos» súbitos y extraños. Corresponden a meteoritos o asteroides que podían poner en peligro la integridad de sus aparatos y que son destruidos por los controles electrónicos.
– Y en el caso del planeta llamado «Apu», ¿qué velocidad emplean cuando viajan a nuestro mundo?
– Superior a la de la luz. Eso es todo lo que sabemos. Sus sistemas de propulsión en estas ocasiones son una mezcla de la energía planetaria y de los «iones».
Los miembros del «IPRI» parecían resistirse a ampliar detalles sobre este particular. No sé si porque realmente sabían algo más o porque, precisamente, desconocían el asunto.
La cuestión es que el coloquio pasó a otro aspecto no menos interesante, por supuesto.
– ¿Conocen los seres del espacio -había preguntado uno de los asistentes- el origen del hombre?
– La raza humana no fue la primera que habitó la Tierra -comenzó uno de los miembros del grupo-. Los «guías» nos relataron en cierta ocasión que los primeros seres que pisaron el planeta procedían de la galaxia de Andrómeda. En aquella época, nuestro mundo se encontraba todavía en estado de formación. Y aquella civilización se dedicó a experimentar en la atmósfera, con el consiguiente peligro para la evolución natural del mundo. Fue entonces cuando intervino la «Confederación de Planetas» y prohibió la presencia de dicha civilización en la Tierra. Aquellos seres abandonaron nuestro mundo y pasó un tiempo muy prolongado hasta que surgió la siguiente raza en la Tierra…
– Entonces, ¿desde cuándo vigila nuestro planeta la «Confederación»?
– Ellos están sobre nuestro mundo mucho antes de que el hombre -que.es:1a raza autóctona del «planeta celeste»- apareciera sobre su superficie.
»Ellos -a través del «Consejo de los 24 Mayores»- conocían desde hace millones de años los «planes cósmicos» o «divinos» respecto a nuestra civilización.
»Ellos se autodenominan «constructores de planetas». Y han velado siempre por la pureza, por la integridad y por la normal evolución de nuestro mundo.
»Nuestra civilización no ha sido la única que ha poblado la Tierra. Ellos nos lo han revelado muchas veces. El planeta ha sido habitado desde hace millones y millones de años. Pero siempre se produjo una inevitable catástrofe. Una autodestrucción que condujo a los seres que poblaban el mundo a la desaparición.
»-La técnica-nos han dicho- pierde aquí, en su mundo, el ritmo del Espíritu. Y termina con la fuerza del ser humano. «-¿Qué significa? -Que el conocimiento de cada una de estas civilizaciones ha sido extenso y grande. Pero sólo en lo material. Cada una de esas razas y civilizaciones ha terminado desequilibrada, confundida, ahogada. Y ha terminado por autodestruirse.
»Y esto mismo es lo que ahora nos sucede, una vez más… El hombre del siglo xx ha emprendido una veloz carrera hacia el desastre. Hemos profundizado en la Materia, sin saber que la Materia es sólo soporte y no esencia.
»Por eso ellos han decidido actuar.
»-No podemos permitir que -una vez más- la raza humana ponga en grave peligro su santa raíz.
»Ésta es la misión.
Pero, indudablemente, nos habíamos desviado del tema inicial. Y alguien se percató de ello. Y preguntó:
– Pero, ¿cuál es el origen del ser humano?
– Sólo nos han dicho que el ser humano ha sido producto de la Evolución Progresiva del Universo. Una Ley que parte del Sumo Creador o Suma Fuerza del Cosmos. Y la «Confederación» ha sido la encargada de velar por su integridad. Los libros santos del hombre -nuestra propia Biblia- están llenos de testimonios de la presencia de ovnis y de «enviados» que no eran otra cosa que los «guías» y extraterrestres de la galaxia.
Carlos Paz tomó el Apocalipsis y leyó:
– He aquí el capítulo 1, versículo 12: «Me di vuelta para ver de quién era la voz que me hablaba. Y al hacerlo vi siete candeleras de oro y en medio de esos siete candeleros vi a uno que parecía hijo de hombre vestido con una ropa que le llegaba hasta los pies y con un cinturón de oro a la altura del pecho. Los cabellos de su cabeza eran blancos como la lana blanca o como la nieve y sus ojos eran como llamas de fuego. Sus pies brillaban como bronce pulido fundido ec un horno y su voz era fuerte como el ruido de muchos ríos. En su mano derecha tenía siete estrellas y de su boca salía una espada aguda de dos filos. Su cara era como el Sol cuando brilla con toda su fuerza.»
»Nosotros hemos leído el Apocalipsis hace muy pocos días.
Y nos hemos encontrado con esta maravillosa sorpresa. |La Biblia relata y describe ya a los «guías»!
– Entonces, ¿creéis que ese pasaje corresponde a la descripción de uno de los seres del espacio?
– Totalmente. Ellos, según hemos podido comprobar, irradian cierta luminiscencia. Y llevan como botas de bronce. Emplean túnicas o trajes ajustados, según el trabajo que realicen en ese momento, y los cabellos -en el caso de los habitantes de «Apu»- son blanquecinos o platinados.
– Pero, ¿y la «espada» que salía de su boca?
– Muchos de los extraterrestres que vienen por primera vez a nuestro planeta utilizan una especie de mascarilla que les permite ir acondicionándose a la atmósfera de la Tierra.
– Creo recordar que ya me habéis hablado en otra ocasión sobre los libros sagrados, pero, ¿han dado ellos alguna opinión concreta sobre la Biblia?
– Sí, también.
Y fue esta vez Sixto Paz Wells quien tomó una de las comunicaciones y leyó:
– «La Biblia es la manifestación de la enseñanza profunda. Cumplirla como guía está bien, pero hay que vivirla. Hay que practicarla hacia los hermanos.»
»La Biblia, en fin, es santa también para los extraterrestres. Como lo es cualquier libro que hable de Amor. La Biblia, como el resto de los libros sagrados, contiene un mensaje de Amor dado también por los «maestros» o «guías» anteriores.
__¿Queréis decir por los seres del espacio?
– En efecto. Ellos, en realidad, eran la «gloria de Dios» que tantas veces se repite en esos libros santos. Ellos que, como ya hemos dicho otras veces, traían el mensaje de Amor del «Profundo»…
»La Biblia está escrita en un lenguaje que debe ser interpretado. La Biblia, en fin, es una formidable manifestación del Universo y del poder del «Profundo» o Dios.
– Los testimonios de esos «enviados» o seres del espacio en los libros sagrados -intervino otro de los miembros del «IPRI»- son constantes. Los «guías» nos pidieron que leyéramos dichos testimonios santos y hemos quedado atónitos al comprobar que la presencia de los miembros de la «Confederación» es continua…
– Escuchen esto -intervino otro miembro del grupo mientras sostenía en sus manos el Apocalipsis-: «…Después de esto miré y vi una puerta abierta en el cielo y esa voz que parecía una trompeta y que me había hablado primero me dijo: sube aquí que te voy a mostrar las cosas que tienen que suceder después de éstas. En ese momento quedé bajo el poder del espíritu y vi un trono colocado en el cielo. Y en el trono estaba alguien sentado y el que estaba allí sentado en el trono tenía el aspecto de una piedra brillante de jaspe o de cornalina. Y alrededor del trono había un arcoiris que brillaba como una piedra de esmeralda. Alrededor de este trono vi otros 24 tronos en los cuales estaban sentados 24 ancianos vestidos de blanco y con coronas de oro en las cabezas. Del trono salían relámpagos, ruidos y truenos y delante del trono ardían siete antorchas de fuego que son los siete espíritus de Dios. Delante del trono había también algo parecido a un mar de vidrio transparente.»
«¿Sabéis qué es esto? Sencillamente, la misma descripción que tenemos nosotros del «Consejo de los 24 Mayores o Mentores» que rige la «Confederación de Mundos de la Galaxia» y que, incluso, hemos visto algunos de los aquí presentes. Cuando pudimos leerlo y ratificarlo en la Biblia casi nos caímos de espaldas…
Los testimonios existentes en la Biblia, en efecto, en relación o en posible relación con los extraterrestres y sus naves son muchos. Aquella misma tarde acudí a una librería y adquirí una Biblia. Y, entre otros, encontré los siguientes y apasionantes párrafos:
En el Éxodo, 40, pude leer: «Entonces la nube cubrió la tienda de la Reunión y la Gloria de Yavé llenó el tabernáculo. No podía entrar Moisés en la Tienda de la Reunión, porque la nube se había posado encima y la Gloria de Yavé llenaba el tabernáculo. Cuando la nube se alzaba de sobre el tabernáculo, partían los hijos de Israel para sus jornadas, por etapas. Y si la nube no se alzaba, no se ponían en marcha hasta tanto no se alzase. Pues la nube de Yavé se posaba de día sobre el tabernáculo y, en el curso de la noche, brillaba como fuego a la vista de toda la casa de Israel durante todo el tiempo de su marcha.»
¿Qué era en realidad aquella «nube»? ¿Por qué brillaba como fuego durante la noche? ¿Es que una simple nube puede brillar como fuego durante la oscuridad o «alzarse» y «descender» sobre una tienda?
En relación con otro pasaje de la Biblia -relativo al paso del mar Rojo por los judíos-, los miembros del «IPRI» explicaron:
– A lo largo de toda la huida por el desierto, los judíos estuvieron protegidos y guiados por una «nube» en forma de columna -como ellos la describían- que no era otra cosa que una astronave perteneciente a la «Confederación».
»Pero en aquellos tiempos, los «guías» no podían explicar al pueblo de Moisés la verdadera naturaleza de lo que ellos habían confundido con una «nube». Habría sido imposible… Sin embargo -y de acuerdo con los «planes cósmicos»- aquel pueblo debía ser protegido.
»Por eso los testimonios de naves y enviados son muchos en la Biblia.
»Uno de los párrafos del Éxodo, efectivamente dice: «…Entonces el Ángel de Dios que iba delante de las huestes de Israel, se puso en movimiento y se colocó detrás de ellos. Se puso, igualmente, en movimiento la columna de nube que también fue a situarse detrás de ellos, interponiéndose entre el campo de los egipcios y el campo de Israel. Había oscuridad; así pasó la noche sin que aquéllos se acercaran a los israelitas. Moisés extendió después su mano sobre el mar, y Yavé, por medio de un recio viento solano, empujó al mar, dejándolo seco y dividiendo las aguas. Los hijos de Israel penetraron en medio del mar en seco mientras las aguas formaban como una muralla a ambos lados. Los egipcios se lanzaron tras ellos. Toda la caballería del Faraón, sus carros y caballeros, entraron tras ellos en medio del mar. A la vigilia matutina miró Yavé desde la columna de fuego y de nube a las huestes egipcias y las desbarató.»
– Y lo mismo sucedió con el llamado «maná» -apuntó otro de los miembros del grupo.
– ¿Qué era en realidad el «maná»?
– Los «guías» han detallado que se trataba de un alimento con muy alto poder proteínico y que era trasladado desde una de las «colonias» del Sistema solar hasta otra de las bases existentes en órbita a nuestro planeta. Desde allí se suministraba a los judíos cada día, mediante una nave de carga que arrojaba aquellas «bolitas» parecidas al pan sobre el campamento de los hijos de Israel.
Leí el pasaje en cuestión y entre otras cosas observé:
«…Por la tarde salieron tantas codornices que cubrieron el campamento y por la mañana había en torno a él una capa de rocío. Evaporada la rociada observaron sobre la superficie del desierto una cosa menuda, granulada, fina, como escarcha sobre, la tierra. Cuando la vieron los hijos de Israel se dijeron unos a otros: "¿Manhu?", que quiere decir "¿qué es esto?", pues no sabían lo que era…»
– Pero los testimonios serían muchos y muy extensos -concluyeron los miembros del «IPRI»-. Sólo podemos decir que ahora -después de conocer la presencia de los «guías» y la existencia de la «Confederación» y su vigilancia a lo largo de la historia de la Tierra-, los libros santos aparecen ante nosotros como algo mucho más nuevo y asequible, mucho más profundo y trascendental.
Al final de la charla me decidí a preguntarlo. En realidad era algo que me devoraba…
– ¿Y os han hablado de Jesucristo?
Hubo unos segundos de silencio. Y al fin, Sixto intervino:
– Sí, también preguntamos quién era y qué significaba Jesús para ellos. Y sólo obtuvimos una única respuesta: «Ustedes no están preparados todavía para saber quién era Jesús.»
Aquella respuesta me dejó verdaderamente intrigado. ¿Qué habían querido decir con ello los miembros del «IPRI»?
– Pero ellos nos han repetido muchas veces -insistió Sixto Paz Wells- que no nos preocupemos excesivamente por lo que no comprendamos. Su presencia en la Tierra obedece ahora a una misión física, concreta, perfectamente programada y delimitada: sacar a un máximo de seres humanos. Sacar del planeta a una representación de la especie humana.
«Sin embargo -pensé-, esto es injusto. ¿Y qué sucederá con los que no sean sacados de la superficie de este viejo mundo? ¿Moriremos?»
La respuesta a esta terrible incógnita es quizá la más hermosa «comunicación» que pudiera recibir hombre alguno.