XV. EL PROFUNDO

El «Profundo». Quizás haya sido éste uno de los capítulos que más me ha hecho reflexionar. Y no sabría decirles por qué. Pienso que quizá los hombres del «IPRI» tenían razón al afirmar que todo hombre -aunque sólo haya sido una vez en su vida- se ha preguntado realmente «qué es y qué representa Dios».

Todos aquellos cuya fe en ese Dios se ha ido perdiendo -¿o quizá degradando?- con el paso de los años, nos hemos detenido alguna vez, pocas, eso sí, a la vera del camino a fin de palpar nuestra propia alma y ver si todavía seguía allí. Y habría que ser muy necio para negar que en esos instantes de absoluta sinceridad, algo -tampoco sé el qué- nos atenaza las entrañas, como reprochándonos tanto vacío y tristeza…

Pero, como digo, no sabría decirles el qué.

Por eso -pienso-, las palabras de los miembros del «IPRI» sobre lo que los extraterrestres llaman «Profundo» me hicieron bajar la guardia. La guardia de un hombre que -insisto- ha ido perdiendo la fe al mismo ritmo que las ilusiones.

– …¿Qué es Dios?, preguntamos a nuestros «guías». Y ellos -aunque éste tampoco es el fin de la «Misión RAMA»- nos respondieron: «Lo "profundo'', aquello que no comprendes y que está más allá en bondad y positivismo, eso es Dios.»

»Pero no trates de comprenderlo -han insistido muchas veces los seres del espacio-. ¡Vívelo!

Era Sixto Paz Wells el que me hablaba. Uno de los miembros del «IPRI» al que yo sólo podría definir con una única palabra: «sencillez».

– Entonces, ¿es que el Dios que nos han enseñado es el mismo que el de los seres que habitan el Universo?

– El «Profundo» o la Eterna Fuerza o la Unidad o la Perfección o Dios -nos han explicado los «guías»- es único en todo lo creado. Esa fuerza, ese profundo, es el gran Hacedor de cuanto vive y muere a todo lo ancho y alto del firmamento. Así nos lo han confirmado. Y nada -tenlo bien presente- nos ha producido más alegría en el corazón…

»Sólo hay un Dios o Profundo. Y esa Fuerza -porque ni siquiera nuestros «guías» lo conocen todavía- es la que rige, vela y dispone, a través de lo que los extraterrestres han llamado «Planes Cósmicos» y que nosotros -a lo largo de todas las religiones que predican el Amor- hemos dado en definir como «Planes Divinos».

– Dios o el Profundo -apuntó otro de los miembros del «IPRI» que asistía a nuestra charla- es un todo cósmico. Es un Dios de amor. ¡Nosotros, los terrestres, no hemos «inventado» a Dios! ¡No tenemos la patente ni la exclusiva…! El Profundo viene gobernando y llenando el Universo, que es su obra, desde siempre. Y nosotros -los que ahora llenamos este planeta- justamente acabamos de descubrirlo.

– Ellos -prosiguió Sixto Paz-, cada uno de los seres del Universo, han sido creados por el Profundo o Dios. Igual que nosotros. Todos los seres inteligentes del Cosmos -tanto los más elevados como los que todavía estamos en fases más bajas o primitivas- procedemos de Él, de esa Fuerza, de esa Suprema Sabiduría y Amor que todo lo llena y todo lo sostiene.

Aquellas afirmaciones de Sixto sobre las seres «más elevados y los que todavía estamos en fases más bajas o primitivas» me iban a dar muchos quebraderos de cabeza. Y ahora, en frío, me pregunto muchas veces si no habrán sido las grandes responsables de que este libro-reportaje vea la luz…

Pero sigamos. Porque tiempo habrá de extendernos sobre lo que los extraterrestres consideran «cielo» e «infierno», «eternidad» y muerte.

Cuando los miembros del «IPRI» comenzaron a hablarme sobre el Profundo, una idea se hizo fija en mi cerebro: «este grupo trata de formar una secta religiosa».

Pero no tuve la oportunidad de acariciar aquel pensamiento durante demasiado tiempo. Porque ellos mismos -ante mi sorpresa- salieron al paso de dicha idea:

– …Pero estas comunicaciones sobre Dios -aunque han sido las más grandes enseñanzas que nos han proporcionado los extraterrestres- no son la base ni el objetivo de la «Misión RAMA». Porque su fin, como ya te hemos dicho, es otro. Es puramente físico. Es, desgraciadamente, un rescate. El de miles de seres humanos que no deberán sucumbir ante la próxima gran catástrofe que sufrirá nuestra civilización.

«Nosotros -que quede bien claro- no tratamos de hacer adeptos. Ellos nos han pedido que, simplemente, «sembremos». Cada uno sabrá apreciar lo que de bueno haya en estas enseñanzas. Pero eso es todo. Nosotros no queremos formar sectas o seudorreligiones. Sería absurdo.

»Ellos, nuestros «guías», dicen:

»-Cualquier doctrina, aun la más pequeña o incluso la tuya propia, es la mejor para elevarse si se lleva con sinceridad y fe. Son ustedes mismos los que deben darse cuenta de sus errores. No esperen que alguien venga a descubrírselos. Busquen el amor. Crea un clima de amor. Vivirás más feliz siendo útil a los que te rodean…

Sixto Paz había traído hasta mí algunas de las «comunicaciones» o «enseñanzas» que ellos aseguran les han sido dadas por los habitantes de «Apu» y «Ganimedes».

Y leí:

«Hermanos. El hombre busca en la oscuridad la luz. Así busca la ignorancia el conocimiento. Es pues que debéis ir a la búsqueda de vosotros mismos. Sólo así podréis buscar horizontes más lejanos.»

Aquélla -así de simple-, escrita a mano sobre una ficha de cartulina, era una de las muchas comunicaciones que el llamado «guía» «Godar» le había proporcionado al grupo.

Más adelante, en otra comunicación perteneciente al «guía» denominado «Qulba», podía leerse:

«Recordad que el hombre permanece en el rincón de la oscuridad por temor a que la luz de la Verdad le deje ver cosas que derrumbarían sus conjeturas.»

Pero quedaban muchas preguntas que formular sobre el «Profundo».

– Estas cosas sobre Dios -les indiqué- ya las conocíamos… Creo haberlas leído en los libros sagrados.

– Así es. En cierta ocasión, uno de los miembros del grupo le comentó a su «guía» que aquel mensaje de Amor ya lo había leído en los Evangelios. Y el «maestro» le respondió: «No sólo lo leíste, sino que también lo comprendiste. Pero, ¿acaso lo cumpliste?»

– ¿Qué opinan ellos sobre los libros sagrados?

– Todos los libros sagrados de todas las religiones que hablan de amor son sagrados. Y no es un juego de palabras. Nuestros «guías» nos han dicho que, al igual que la Biblia, el resto de esos libros que otras religiones consideran «sagrados», es considerado por ellos como libros santos. ¿Por qué? Porque llevan un mensaje de amor. Y Dios es precisamente eso: amor. Otros mundos, distintos al nuestro, disponen también de enseñanzas -no necesariamente en «libros sagrados»- en las que se hace patente y claro el único mensaje que mueve o que debe mover a cada ser: la búsqueda de la Suprema Sabiduría o Profundo o Dios…

»Porque todo ser inteligente ha sido creado por esa Fuerza y a Ella tiende. Y el único sendero para llegar a Ella es el de la perfección.

– Y ellos, los seres del espacio, ¿están más cerca que nosotros del Profundo?

– Te leeremos lo que nos respondieron a esa pregunta concreta: «Nosotros también estamos en la búsqueda de la Perfección y de la Verdad. Pero no nos pregunten cómo es lo que ustedes llaman Dios porque ese camino es largo y nosotros apenas si hemos comenzado a caminar.»

– Pero, ¿cómo es Dios para ellos?, ¿cómo lo representan?

– Ése es nuestro error. Según las «comunicaciones» recibidas, ellos no tienen más representación de Dios que la de la propia Naturaleza. Porque en su belleza y sabiduría, en su amor y sencillez está la Verdad. Por tanto, en sus mundos no tienen templos.

»Cada ser -nos han dicho- lleva en sí al Profundo. Y eso basta y eso le basta.

»Sólo ante el Consejo de los «24 Mayores o Mentores» hemos visto la representación de Dios. Aquella canastilla llena de flores simples y hermosas era y es para los habitantes de nuestra galaxia «el Profundo».

– Entonces -insistí-, ¿todos los hombres que vivan en el Amor están en el camino de la Verdad?

– Es que ése es el único sendero de Perfección. Y de eso hablan todos los libros que ellos y nosotros consideramos sagrados.

»La Biblia, en efecto, es un libro santo e inspirado por el «Profundo» o Dios. Porque en él -al igual que en el resto de los libros de otras religiones de la Tierra- se ha sembrado la semilla de la esperanza y de la Verdad. Quizá nosotros no habíamos comprendido muy bien muchos de los capítulos de estos libros sagrados. Pero ahora sí, ahora estalla ante los ojos como una luz vivísima.

»En la Biblia y en otros testimonios santos -que nosotros hemos empezado a descubrir ahora- se manifestó entonces, hace miles de años, la «gloria de Dios». ¿Y sabes qué es en realidad la «gloria de Dios»? La fuerza de sus enviados. La fuerza que, en forma de naves o de luz o de otras manifestaciones, apareció en multitud de ocasiones ante los aterrorizados ojos de civilizaciones que no podían siquiera asimilar la idea de la propulsión, de la técnica de los viajes espaciales y mucho menos de unos seres que procedían de otros mundos. Para aquellas gentes, para todos cuantos pudieron ver cualquiera de estas naves, «aquello» -indudablemente- era la «gloria de Dios». Y es que en verdad lo era y lo es. Porque nuestros hermanos extraterrestres están aquí con una misión prevista por los que están más próximos al «Profundo».

»Ellos, los seres del espacio, velan por nosotros desde que el hombre comenzó a dar sus primeros pasos por el Globo. Todos los pueblos, todas las civilizaciones, todos los testimonios escritos de la historia de la Humanidad recogen en numerosas ocasiones la presencia de estos seres que no pertenecían a nuestro mundo y que fueron asociados, lógicamente, con «ángeles», «enviados» y, como te decimos, con la «gloria de Dios».

»Hoy, miles de años después, el hombre entiende y conoce la técnica. No le repugna la idea de otros mundos habitados. Y puede imaginar y asimilar conceptos técnicos que habrían desbordado la mente -no ya de los egipcios o acadios-, sino de nuestros propios abuelos.

»Pero nosotros no hemos sabido interpretar esas manifestaciones de los seres del espacio en la actualidad. No hemos comprendido aún que su maravillosa presencia en nuestro mundo es la más viva y definitiva prueba de la Verdad que llena el Universo. Una Verdad tan inmensa que nos obligará a «caminar» durante toda una eternidad…

– Entonces, ¿hay unos «planes cósmicos» o divinos?

– Perfectamente trazados por la Suprema Sabiduría, por esa Fuerza o Unidad o Dios o como lo queramos llamar, que es la que sostiene y crea.

»Y nosotros -según los «guías- estamos alterando el equilibrio natural previsto por el «Profundo».

– ¿Por qué?

– Los «guías» nos han dicho que siempre caemos, que siempre retrocedemos en la evolución porque nuestro espíritu, nuestro nivel mental, no marcha al mismo ritmo que nuestra ciencia y nuestra técnica. Y hemos antepuesto -una vez más- esa técnica y el egoísmo y la materialidad a los valores de lo que realmente permanecerá, que es el Espíritu.

»Ustedes -nos han explicado ellos- no conocen la fuerza de su mente y de su espíritu. Ustedes deben cuidar sus mentes. Protéjanse de ustedes mismos. El temor y el equívoco acechan al ser que pugna por salir. Lo que el Universo da es lo que el hombre encuentra en su corazón. Porque el conocimiento del espíritu está en el hombre mismo.

»Los «guías» saben que nuestra civilización ha perdido de nuevo el rumbo de la nave y tratan de decirnos que sólo el Espíritu seguirá vivo. Que desarrollemos, precisamente, todo lo que sea del Espíritu y para el Espíritu. Porque ellos también nos han hablado de la muerte y de lo que nos ocurrirá después. Porque ellos, los seres del espacio, lo conocen.

Quedé sumido en mis propios pensamientos.

Era hermoso, no cabía duda. Pero mi fe -desaparecida hace ya no sé cuánto- no pareció estremecerse siquiera. Hasta el momento, se trataba de palabras. Sólo hermosas palabras…

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