«Ustedes, los seres de la Tierra, consideran la muerte como un fin, como una destrucción. Y están equivocados.»
Estas frases -tan enigmáticas como esperanzadoras- pude leerlas en una de las «comunicaciones» que los miembros del «IPRI» tienen en su poder y que aseguran fue facilitada por los «guías».
Porque los miembros del «IPRI» preguntaron también qué era la muerte. Preguntaron qué había después; por qué es necesario morir, por qué se ha dicho que existe «otra vida»…
Pero vayamos por partes. Creo que antes de pasar a relatarles lo que los miembros del «IPRI» «conocían» sobre la muerte es fundamental transcribir otro punto, igualmente revelado -según el «IPRI»- por los seres del espacio. Me refiero a la «estructura» de lo que en nuestro caso podemos llamar «cuerpo humano».
– Porque nuestro cuerpo -me explicaron los miembros del «IPRI»- no es sólo «carne y hueso».
»En cierta ocasión, uno de los muchachos preguntó a su «guía» cómo era y en qué consistía realmente el cuerpo humano. Y he aquí lo que los extraterrestres respondieron:
«-Ustedes, los humanos, al igual que en otros mundos del Universo donde los grados de evolución son todavía primitivos, disponen de un soporte o cuerpo físico de una gran densidad. La materia que sirve de apoyo al Espíritu es muy elemental y pesada.
»Pero, a pesar de todo, ustedes ignoran incluso los distintos «cuerpos» o «escalones» que integran ese cuerpo físico visible y que, necesariamente, son comunes a todos los miembros de la especie humana.
– ¿Qué quiere decir eso? -pregunté realmente intrigado.
– Que nuestro cuerpo no está formado únicamente por lo que ya conocemos. Hay otras «partes» o «cuerpos»…
Y los miembros del «IPRI» prosiguieron:
– En realidad, el único cuerpo que nosotros, los humanos, podemos ver y tocar es el último en la escala de densidades. Pero hay otros, como el llamado «vital» o «etérico», como el «astral», etc., que no podemos ver y que muy pocos conocen. Vamos a hablarte de ellos.
»El cuerpo «vital» o «etérico» es una reproducción de todos los órganos de nuestro cuerpo visible. Sin embargo, como te decimos, no es posible verlo con los sentidos de que disponemos.
»Los seres del espacio, nuestros «guías», nos han manifestado que lo forman unas ondas muy similares a las que constituyen la base de la radio, televisión, etc.
»Todos sabemos que dichas ondas no son visibles. Sin embargo, nadie duda de su existencia. Y son captadas y utilizadas con instrumentos apropiados. Pues bien, algunas personas -muy iniciadas en estas verdades- han llegado incluso a ver esos «cuerpos». Y aseguran que despiden una sutil fosforescencia.
»Nosotros no hemos logrado «captar» el cuerpo «vital» o «etérico».
– Pero, ¿para qué sirve dicho «cuerpo»? ¿Cuál es su finalidad?
– Ellos nos han explicado que permite captar y asimilar la energía cósmica y solar, vivificando así todo el sistema celular, integrado en ese otro «cuerpo» más denso y que por sí solo no podría absorber la energía precisa para su desenvolvimiento.
»A veces puede notarse la falta del citado cuerpo «etérico» o «vital» en algunas partes del cuerpo físico visible. Por ejemplo, es muy frecuente notar un cierto adormecimiento o cosquilleo en las piernas o brazos. Generalmente decimos que «se nos ha dormido un pie o una mano». Pero no. Lo que ocurre en realidad es que una parte del cuerpo «vital» se ha separado momentáneamente y accidentalmente de esa zona del cuerpo visible, produciendo el conocido y comentado efecto.
»Éste, ni más ni menos, es el secreto de la anestesia. Bien de forma parcial o total, el cuerpo vital puede ser separado del físico-visible, produciendo los efectos anestésicos o de inconsciencia. La «separación» de dicho cuerpo etérico o vital se logra con relativa facilidad; bien por medios químicos, psíquicos o magnéticos.
»Queda claro entonces que el cuerpo «vital» o «etérico» tiene una doble función: servir de «receptor» de la energía cósmica y solar distribuyéndola por todos los órganos, fluidos y tejidos del cuerpo inmediato inferior, que es e1 visible para nosotros, sirviendo, además, de puente entre el «cuerpo» inmediato superior -y que nosotros llamamos «alma»- y el más denso o cuerpo físico-visible. Pero, ¡atención!, el «alma» no es lo que nosotros entendemos por tal…
»Ellos nos han detallado que el «alma» o «astral» -como lo denominan también- es otro «cuerpo», mucho menos denso que los anteriores y que resulta imprescindible para la conexión entre el mundo de la Materia y el del Espíritu.
Los miembros del «IPRI» comprendieron que todo aquello era sumamente confuso y puntualizaron:
– Te preguntarás qué diferencia puede haber entre «alma» y Espíritu. Nosotros, cuando los «guías» hablaron de esto, también lo preguntamos.
»Los seres de «Apu» y «Ganimedes» manifestaron que el Espíritu o Supremo Yo es inmortal. Que procede de Dios o del «Profundo» y que, por eso, es eterno. Nada puede destruirlo. Desde el instante en que es creado por la Suprema Fuerza, el Espíritu -el tuyo o el nuestro o el de cualquier ser inteligente del Cosmos- emprende un camino único para todos los que procedemos del «Profundo»: el de la Eterna Vida.
»Y ese sendero será prácticamente eterno. Porque ilimitada es la Sabiduría e ilimitado es el Amor.
»Ese Espíritu, sin embargo, deberá conocer y experimentar todas las verdades del Universo. Y para ello -según los planes Cósmicos o Divinos, como nosotros los llamamos- deberá empezar desde los niveles o planos más bajos y primitivos, elevándose progresivamente…
Los miembros del «IPRI» prosiguieron su exposición, mostrándome aspectos relacionados con «el más allá» pero que, en mi opinión, quizá sean más fáciles de comprender si primero completamos las «comunicaciones» que hacen alusión a la «constitución» o «estructura» del cuerpo humano.
– …Ese Espíritu -habían continuado- no puede vincularse directamente con el mundo de la Materia. Sería imposible. Y necesita para ello una serie de «puentes» intermedios -más sutiles que el denso soporte físico final- que hagan posible la conexión. Una unión, por otro lado, absolutamente necesaria para el Espíritu. Como te decíamos, el sendero del «Supremo Yo» o «Espíritu» necesita durante mucho tiempo de esos soportes físicos o cuerpos materiales que le permitan ir enriqueciéndose.
»Y el «alma» o «astral» es otro de estos «cuerpos» -infinitamente más sutiles que el físico-visible- que enlaza ambos mundos: el material y el espiritual.
– Siempre hemos identificado el «alma» con el «Espíritu»…
– Ellos nos han hecho ver que no es así. Sin embargo, lo esencial -al menos para nosotros- es que el Espíritu existe, que es eterno, que no podrá desaparecer jamás.» ¡Somos eternos!
– Entonces, suponiendo que el «alma» o «astral» sea otro cuerpo, ¿cuál es su misión específica y concreta?
– En todo ese conjunto de Materia y Espíritu que constituye el ser humano, el «alma» desempeña un papel vital. El «alma» -al servir de lazo entre ambos mundos- dirige, controla y legisla todas las emociones, deseos y posiciones del individuo.
»El «alma» o «astral» canaliza las emociones del ser humano. Canaliza sus pensamientos y hasta sus relaciones con los otros seres.
»Pero hay más «cuerpos»…
Mi confusión había vuelto a llenar mi cerebro. Quizá por ello, los miembros del «IPRI» desistieron de continuar la explicación, concluyendo:
– El ser humano dispone de varios «cuerpos» -todos ellos muy distintos en densidad-, pero que sirven para un único fin: permitir al Espíritu una más fácil y completa asimilación de las verdades del Universo. Porque éste, según los «guías», es el camino de la Verdad que sigue todo Espíritu.
»Sin embargo, no te hablaremos por ahora de los otros «cuerpos», puesto que tu mente quizá no los asimilaría.
– Entonces, cuando un hombre nace, ¿dispone ya de toda esa gama de «cuerpos» más y menos densos?
– Eso es lo que conocemos por los «guías». Cada «cuerpo» o «vehículo» tiene una densidad y constitución molecular distintas y se acoplan perfectamente entre sí. En la cúspide de la «pirámide» -si es que es válida la comparación- se encuentra siempre el Espíritu, que procede del Sumo Hacedor o de la Suprema Fuerza, como queramos llamarla.
»Pero, según el primitivismo de los planos o niveles donde «aparezca» el Espíritu, así de densos serán también los «cuerpos» que le sirven de «puente» y apoyo.
– Pero analicemos primero el «paso» de la muerte -se adelantó otro de los miembros del «IPRI»-. Según esta nueva concepción del cuerpo humano, ¿qué es en realidad la muerte?
»Cuando ese soporte físico o cuerpo visible falla y se produce lo que conocemos por «muerte», el «cuerpo» vital o etérico se paraliza también y se paraliza el suministro de energía solar al conjunto. En ese momento comienza un irreversible proceso de desintegración.
– ¿Y qué sucede con los otros «cuerpos» y con el Espíritu?
– Según los «guías», una vez producida la muerte, el Supremo Yo o Espíritu necesita de un período que oscila entre 20 y 30 horas para desprenderse del cuerpo o soporte visible y, al mismo tiempo, fijar en su «memoria perpetua» las experiencias y conocimientos que ha asimilado en esa vida que acaba de concluir.
»Una vez liberado de todos los «cuerpos», el Espíritu -libre ya del mundo de la Materia- puede precisar con exactitud su grado de perfección. Si el conjunto de esa nueva vida significa un acercamiento total a la Perfección. Si las actuaciones de dicho Espíritu a lo largo de la existencia que ha terminado han sido fieles al mandato de Amor y Justicia que lleva impreso en su esencia todo ser creado por el «Profundo», ese Espíritu o Supremo Yo entrará en un nivel o plano más elevado que del que acaba de salir.
– ¿Otro plano superior?
– Exacto. Los seres del espacio nos han revelado que el Universo entero se rige por una Ley de la Evolución Progresiva. Todos los seres que proceden del «Profundo» deben recorrer -por llamarlo de alguna manera- un sendero en el que van asimilando las verdades del Ser, del Amor. Pero ese «camino» comienza en planos muy primitivos. Y el Espíritu va pasando -conforme termina y comienza otra vida o existencia- de una nivel o plano a otro. Durante las primeras etapas, el Espíritu precisa de soportes o formas físicas muy densas, como en nuestro caso. Y progresivamente, conforme se va elevando espiritualmente, esos cuerpos o soportes físicos son menos densos. Más perfectos.
»Pero el camino no concluye ahí, con el paso a niveles o planos donde el soporte físico encuentra una perfección superior. Nuestros «guías» saben que en los más elevados planos -aquellos donde el conocimiento de Dios es más perfecto- el soporte físico desaparece. Y el Espíritu existe libre. Puro. Similar a la Energía. Santo.
– Y nosotros, ¿en qué nivel o plano nos encontramos?
– En uno de los primitivos, según los «guías». Tenemos por delante un camino infinito. Al igual que ellos. Porque nos han repetido muchas veces que el camino de la Perfección no tiene fin. Como no tiene fin el Amor o la Sabiduría.
»Nuestro nivel o mundo es considerado por ellos como «infierno»…
– ¿«Infierno»? ¿Es que ellos creen en el «infierno» y en el «cielo»?
– Sí, sólo que el concepto de ambos términos no es el que tantas veces nos repitieron a nosotros en las escuelas e iglesias.
»Para ellos no existe un infierno como lugar definitivo de condena. No es posible. Va contra la misma esencia del «Profundo» y contra su sentido de la Perfección.
– Entonces, ¿qué es el infierno para los seres del espacio?
– Un lugar donde el Espíritu no tiene conciencia ni conocimiento de Dios. Donde su existencia transcurre en la ignorancia y el dolor. Donde la vida, en suma, es difícil, angustiosa, ciega…
»La Tierra, nuestro planeta, es uno de esos «infiernos». Porque aquí se muere antes; porque aquí existe el dolor y la enfermedad; porque aquí el Espíritu necesita de un soporte físico más denso y pesado; porque aquí, en fin, el conocimiento de la Verdad es incipiente.
– ¿Y qué es el «cielo» entonces?
– El acercamiento a la Verdad. A esa Verdad que es al mismo tiempo Amor y Perfección. El paso a niveles donde el Espíritu se siente pleno del «Profundo». Donde su discurrir es plácido y sin temores. Donde los soportes o formas físicas que precisa ese Espíritu para su constante desarrollo son más limpios y ligeros. Donde el dolor ha sido desterrado. Y el egoísmo. Y la mentira. Y la ignorancia.
– ¿Y cómo se llega a esos niveles superiores o «cielos»?
– Ya te lo hemos dicho. Sólo a través de la perfección personal. Cuando el Espíritu se ve libre del soporte o cuerpo físico -es decir, cuando fallecemos-, él mismo sabe y se da cuenta de su estado. Si las experiencias vividas en esa existencia arrojan un saldo positivo, por llamarlo de alguna manera, el Espíritu pasará por sí mismo, y porque así está señalado en la Ley de la Evolución Progresiva del Cosmos, a un nivel superior donde volverá a «nacer».
– Pero esto es la «reencarnación»…
– No exactamente. Los «guías» no emplean nunca esta expresión. Porque no se vuelve a «nacer», necesariamente, con el mismo soporte físico. Es decir, según los extraterrestres, al pasar de un nivel a otro -superior o inferior-, el Espíritu, que sí es inmutable, puede encajar -y de hecho así ocurre en el Universo- en un cuerpo o forma física distinto a los anteriores. Eso significa, nada más y nada menos, que podemos volver a «nacer» en otro mundo o en una época más avanzada de nuestro propio planeta…
– ¿Podemos «nacer» otra vez en un lugar distinto a la Tierra?
– Así ocurre, según los «guías». Lo que cuenta en verdad es el Espíritu, el Supremo Yo. Y en los planes cósmicos está previsto que cada Espíritu atraviese por múltiples experiencias. Todas ellas, insistimos, necesarias para su perfección.
»Los mismos «guías» -según nos han comunicado- proceden de niveles o planos inferiores. Todos han sido creados por la Gran Fuerza o Dios. Y todos tienen señalado un rumbo: el de la búsqueda de la superación. Para ello deben conocer las verdades del Universo desde las más ocultas raíces…
– Pero, según esto, si todos procedemos de otros niveles o planos, ¿cómo es que no recordamos ninguna de esas vidas pasadas?
– Porque nos encontramos en un nivel muy primitivo. El Espíritu posee -según nos han enseñado los seres del espacio- una «memoria perpetua». Es decir, una memoria propia que se va formando en el transcurso de todas y cada una de esas vidas o niveles por los que necesariamente pasa. Al morir, y a lo largo de ese espacio de 20 ó 30 horas, el Espíritu asimila en su memoria perpetua las vivencias y enseñanzas de la vida o plano que ha concluido.
»Según los «guías», mientras dicho Espíritu no entre en niveles superiores, la memoria perpetua no podrá encajar en el soporte o cuerpo físico encargado de sostener el Supremo Yo.
»Ahora, por ejemplo, durante nuestro paso por este mundo, dicha memoria perpetua no puede ser absorbida por el cerebro físico. Sería como tratar de meter un lago en una botella…
»De ahí que -al «funcionar» únicamente ei cerebro físico- no recordemos ninguno de los planos o niveles inferiores o pasados.
– Pero esto es muy sabio y prudente -añadió otro de los socios del «IPRI»-. Si pudiéramos recordar y revivir otras existencias anteriores en un nivel o plano donde el Espíritu no se encuentra todavía auténticamente formado y preparado, el resultado sería desastroso, horrible…, ¿quién sabe realmente cómo ha sido su pasado? ¿Cómo hemos podido vivir y morir?
»Sólo en el instante en que el Espíritu se mueve en un nivel elevado -como puede ser el caso de estos extraterrestres-, la memoria perpetua del ente es asimilada por el soporte físico y el «pasado» aparece claro ante el nuevo ser.
– Entonces, nosotros, los humanos, podemos proceder de otros planetas.
– Es que muchos de nosotros -según los «guías»-no somos originarios de la Tierra. Ellos saben los orígenes de los que participamos en la «Misión RAMA». Y podemos asegurarte que casi todos procedemos de mundos distintos a éste.
»Y lo mismo ocurre con otros muchos humanos. La Tierra es un planeta considerado por los seres de la «Confederación» como «infierno». La vida es dura y muy alejada de la Verdad. Aquí -según ellos- retroceden muchos seres cuya actuación a lo largo de una determinada vida o plano no admite una elevación. Pero hay también otros muchos mundos considerados como «infiernos». Incluso, peores a éste.
– Y nosotros, ¿podemos proceder de otro plano o mundo superior?
– Por supuesto. En los «planes cósmicos o divinos» está perfectamente previsto que -a partir de determinados niveles mínimos- el Espíritu puede descender, como consecuencia de su falta de Amor.
»En nuestro caso -que es el que mejor conocemos-, los seres humanos podemos proceder de niveles más primitivos o, incluso, de mundos donde los soportes físicos y el Espíritu están muy por encima de los que aquí conocemos. Lo más frecuente -según los «guías»- es lo primero.
»Resulta lógico que un ser creado en un plano primitivísimo -como sucedió con los hombres de las cavernas-no pueda evolucionar y asimilar las verdades del Universo en una simple y corta vida. Ni siquiera su soporte o cuerpo físico es adecuado. Está sometido a enfermedades. Resulta incómodo.
Torpe.
»Y su Espíritu, recién creado, se encuentra prácticamente a cero, necesitado de experiencias, de conocimientos. Todo ello sólo podrá lograrlo en un largo camino. Un camino que abarcará toda una «eternidad». Y ese Espíritu volverá a nacer con un cuerpo más perfecto. Y en una época más avanzada. Y necesitará de nuevas experiencias y de nuevos conocimientos. Y seguirá muriendo y naciendo…
»Hasta que un día, ese Espíritu se encuentre en situación de comprender y discernir entre el Amor y el Egoísmo. Y comenzará entonces a abrirse paso en niveles y mundos distintos, más elevados. Desde la Sabiduría del «Profundo» se mostrará con más fuerza. Y si el Espíritu vence los numerosos obstáculos, su propia elevación personal, su propio y progresivo acercamiento al Amor le permitirá seguir avanzando hacia planos todavía más amplios y perfectos. Y podrá llegar el instante en que el Espíritu se vea desprovisto, incluso, del ropaje de la Materia, permaneciendo libre, puro.
»Los «guías» se refieren a esos niveles superiores del Espíritu y nos comentan que también fueron revelados al ser humano a travos de los libros santos.
»-…Son los llamados «grados de perfección en el Señor» los que permanecen más cerca del «Profundo». Nosotros, ni siquiera hemos iniciado la andadura…
'-¿Quiere decir esto que los llamados «ángeles», «arcángeles», «serafines», «querubines») «dominaciones», «tronos», «potestades»,etc., son Espíritus más o menos próximos al «Profundo»?
– Sí, por supuesto. En ese largo camino hacia la Perfección hay seres que van muy por delante. Y sus Espíritus, como te decimos, han llegado incluso a desprenderse de todo soporte físico.
»El hombre y otros seres del Universo parecidos a él se mueven en planos inferiores.
«Nuestro Espíritu, por ejemplo, tiene que desenvolverse como el guerrero que camina dentro de una pesada armadura. Sus movimientos, su sentido de lo que le rodea y de sí mismo serán siempre más primitivos y superficiales que en aquellos otros seres cuyos Espíritus gozan de soportes físicos menos densos.
»Pero todo esto es necesario para el sabio y completo desarrollo del Supremo Yo.
»A lo largo de sus muchas existencias o niveles, aprenderá e irá acercándose así a la Suprema Perfección, que es su origen.
– Pero, ¿por qué motivos se «retrocede»?»
– Por una falta de Amor que impide elevar el Espíritu a planos superiores.
»Muchos de nosotros preguntamos a los «guías» el porqué de tantas injusticias. Por qué en nuestro mundo se daban esas brutales diferencias sociales, económicas/ etc. Por qué unos seres vivían felices y otros, en cambio, se veían y se ven sumidos en la miseria.
»Y ellos contestaron:
»-Cada Ser tiene marcado el sendero de la Perfección. Y debe beber de todas las fuentes de la Verdad. Porque, aunque la Verdad es sólo una, los caminos para llegar a ella son tantos como las estrellas que veis lucir en vuestro firmamento.
»Es así, conociendo las más diversas experiencias, como el Espíritu se remonta hacia la Sabiduría.
»Ellos nos repiten que la injusticia no concluye con la injusticia. Porque en los «planes cósmicos» está escrito que el que sólo ha sabido vivir en el Egoísmo y en la Injusticia deberá desandar lo andado y sufrir lo que en esa existencia no sufrió.
»-Sólo sufriendo y amando -nos han comunicado ellos- se comprende a la Humanidad.
»Todo ser que vuelca sus fuerzas y conocimientos en sí mismo y olvida la ley del supremo Amor se cierra a sí mismo el paso a mundos superiores. Por eso ninguna injusticia queda impune.
»Somos nosotros mismos quienes nos «salvamos» o «condenamos», tal y como dice la Biblia. Porque somos nosotros mismos, nuestro Espíritu, quien elige.
»Ellos nos han puesto varios ejemplos. Este largo camino -dicen- viene a ser como el del estudiante que, poco a poco, va ascendiendo en sabiduría y, por tanto, en grados o cursos. Si el estudiante no está preparado para pasar a otro nivel, deberá permanecer en ese plano o curso hasta que su formación y desarrollo así lo permitan.
»Y ocurre, incluso, que no todos los seres que viven en una misma época se desenvuelven en los mismos niveles. Pero todo esto es demasiado complejo para que puedas entenderlo en tan escaso tiempo…
Indudablemente, las palabras de los miembros del «IPRI» sonaban en mi cerebro a confusión y misterio.
– Pero, volviendo al comienzo de nuestra charla, ¿qué ocurrirá con todos aquellos que no sean rescatados y que perezcan en esa anunciada autodestrucción?
– Morirán, sí, mas para poder vivir. Porque eso es la muerte: un principio constante de Vida.
«-Nosotros-nos han dicho los extraterrestres- también morimos. Es imprescindible cuando se dispone de cuerpo o soporte físico para elevarse. Morir es tan necesario y fundamental en el desarrollo del Espíritu como el oxígeno para el desenvolvimiento de nuestros cuerpos.
»Todos los que desaparezcan en la catástrofe nacerán a la vida allí donde los «planes cósmicos» lo hayan previsto.
»Lo importante, lo decisivo, lo maravilloso -concluyeron- es que nuestros espíritus son eternos. Jamás podrán desaparecer. Nuestro caminar por el Universo podrá ser más o menos azaroso, pero siempre tenderá a la Perfección y al Amor.
– Todo esto -comenté- ya está en los libros sagrados… -En efecto. Pero, ¿cuántos lo cumplimos en verdad?
Alguien tomó en aquel instante los Evangelios y leyó:
– «Mi Reino no es de este mundo… Seguidme porque Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida…» Nosotros hemos encontrado, al releer la Biblia, muchas explicaciones a lo que hasta ahora permanecía oscuro en nuestros corazones. Escucha: «Y había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, príncipe de los judíos. Éste vino a Jesús de noche y díjole: Rabbi, sabemos que has venido de Dios por maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no fuere Dios con él. Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el Reino de Dios.» «Dícele Nicodemo: ¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo?, ¿puede otra vez entrar en el vientre de su madre y nacer?» «Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciese de agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer otra vez.»
»Esto puedes leerlo en el Evangelio de San Juan, capítulo 3, versículos 1 al 7.
»Los primeros cristianos conocían estas verdades. De ahí que su fortaleza a la hora de enfrentarse al martirio fuera grande. Ellos sabían que la muerte sólo era la vida.
– Pero, ¿por qué razón no se ha seguido enseñando todo esto?
– Porque el egoísmo y la oscuridad entró también en la Iglesia. Y a partir del primer Concilio Ecuménico de Nicea, en el año 325 de nuestra Era, y de los posteriores, los cristianos fueron olvidando estas verdades cósmicas. La vida para la Iglesia se hizo más cómoda y libre a partir de los decretos de Constantino, y las tinieblas de la Edad Media terminaron por borrar tan profundas verdades. Pero las palabras de Jesucristo son categóricas…
»A medida que la Iglesia fue aumentando su poder terrenal y su dominio, riquezas y acaparamiento de las Ciencias, se fueron extendiendo los dogmas creados por los hombres. Y la verdadera doctrina del Salvador fue perdiendo vigencia. El mundo entero ha ido olvidando la Verdad del Cosmos, anunciada por Cristo.
»Porque, de no ser así, de no haber olvidado el mensaje de Amor del Enviado del «Profundo», ¿cómo podemos explicar la existencia de una institución llamada «Santa Inquisición»? ¿Cómo explicar sus aberraciones? ¿Cómo entender las violencias y «guerras santas» de Papas y Cardenales del Medievo y Renacimiento? ¿Cómo explicar nuestras actuales separaciones y diferencias? ¿Cómo explicar tanta brutalidad, odio y violencias como hoy se extienden por el mundo?
– Sigo sin comprender algo. Si la muerte no significa fin o desaparición, ¿por qué tratan de rescatar a una parte de esa Humanidad que aseguran será destruida?
– Porque la «Confederación» desea concluir con esta constante sucesión de catástrofes que sólo están conduciendo a la desaparición de la especie llamada humana.