30 de octubre.

5,600 kg. Y aún no tienes mes y medio. Me recuerdas al cuento de Dahl en el que un apicultor alimenta a su hija con jalea real y la niña empieza a crecer desaforadamente hasta que acaba por convertirse en una abeja enorme. Tenemos que ponerte ropa talla de tres meses. Te has hecho mayor en todos los sentidos. Ahora duermes toda la noche en tu cuco y no exiges, como antes, que durmamos a tu lado. De todas formas ya eres demasiado grande y no creo que cupiéramos los tres.

Y ya sonríes. Sonríes de verdad. No es la sonrisa de antes, que respondía a tus propios estados de ánimo, cuando sonreías porque te acababas de levantar o porque te habías acabado el biberón. La sonrisa como consecuencia de tu propia satisfacción se ha convertido en sonrisa que intenta provocar la satisfacción ajena: ahora sonríes cuando se te habla, intentando demostrar que entiendes el tono. A veces incluso ríes cuando se te hacen cosquillas. Mis hermanas me tomaban por loca hasta que te vieron, decían que era imposible que rieras. Ya no dicen nada.

Загрузка...