22 de noviembre.

Lo que sucedió en el cuerpo de tu abuela se parece mucho a lo que sucede en el entorno del enfermo. Se vuelve a aplicar ese viejo axioma de la sociología del cuerpo como metáfora de la sociedad. Una pancreatitis que provoca una mediastinitis que provoca un absceso que provoca un neumotórax que exige antibióticos que provocan un fallo en el riñón… Una reacción en cadena. Una hija de una madre que se pone enferma, una hija que va al hospital y vuelve cansada y enferma a su vez de complejo de culpa, y entristece a la persona que vive con ella, que a su vez se deprime… Y la tristeza se va extendiendo como una mancha negra, inexorable como un cáncer. Otra reacción en cadena.


El hospital es un caos. Hay camas arrumbadas en los pasillos y por todas partes se ve al personal corriendo de un lado a otro como hormigas despavoridas de un hormiguero pisoteado. No puedo dejar de pensar que transcurrieron casi dos días desde el ingreso de mi madre hasta que se confirmó el diagnóstico de pancreatitis. Tal vez, de haberlo sabido antes, no estaríamos en las que estamos pues se habría podido atajar la infección. Pero qué más podía hacer un grupo de médicos estresados en un hospital al que le falta personal, medios, y, sobre todo, dinero.

El sábado estaba haciendo zapping de cadena en cadena, contigo en brazos, con la vana esperanza de encontrar algo que te distrajera, cuando aterricé en un programa del corazón. Una invitada anunció alegremente que había habido un desfalco en el ayuntamiento de Marbella de cincuenta y seis mil millones de pesetas y luego siguió hablando de su divorcio como si tal cosa, como si el tema del dinero robado no tuviera mayor importancia y, desde luego, fuera mucho menos relevante que los cuernos que le puso su marido, como si la desaparición de semejante cantidad fuera cosa de todos los días y como si esa cantidad no fuera propiedad en realidad del pueblo de Marbella, que se la han cedido al ayuntamiento vía impuestos. Por menos se montó la Revolución Francesa.

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