9 de noviembre.

Los tubos a los que tu abuela estaba conectada le suministraban, entre otras cosas, cloruro mórfico. Morfina pura y dura para que no sintiera el dolor: no lo habría soportado. Pero, como sucede a veces, puede ser peor el remedio que la enfermedad, porque la morfina es altamente adictiva, de forma que los médicos decidieron, hace dos días, quitarle la sedación. Tu abuela debería haber vuelto en sí, pero no lo ha hecho. Sigue tan inconsciente como antes.

A la vuelta del hospital me he encontrado a Tibi -al que hacía días que no veía, porque normalmente entra a trabajar a las diez, un poco más tarde de que yo llegue a casa-, hecho un brazo de mar, vestido de traje y corbata color café, elegantísimo.

– Buenas noches, Tibi, qué elegante estás.

– Ya ves, hay que darle clase al local.

– Sí, falta le hacía.

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