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La encuesta estuvo completamente desprovista de interés. Aparte del informe médico y de la identificación del cadáver poco hubo para satisfacer la curiosidad de los espectadores. Se solicitó un aplazamiento y fue concedido. Todo el procedimiento había sido pura cuestión de fórmula.
Lo que ocurrió después de la encuesta, sin embargo, no fue tan convencional. El inspector Bland dedicó la tarde a dar un paseo en el famoso barco de recreo, el «Devon Belle». Salió de Brixwell a eso de las tres, dio la vuelta al cabo, continuó bordeando la costa, entró en la desembocadura del Helm y siguió río arriba. Además del inspector Bland, iban a bordo unas 230 personas. Se sentó a estribor, escudriñando la orilla cubierta de árboles. Después de una revuelta del río, pasaron por delante de la solitaria caseta de tejado gris que pertenecía a Hoodown Park. El inspector Bland miró disimuladamente su reloj de pulsera. Eran las cuatro y cuarto. Estaban en aquel momento pasando cerca de la caseta de Nasse. Se la veía, distante, abrigada entre los árboles, con su balconcito y su pequeño desembarcadero. Nada indicaba que hubiera alguien dentro de la caseta, aunque en realidad el inspector Bland sabía con certeza que había una persona dentro. Hoskins, cumpliendo órdenes, estaba de servicio en la caseta de los botes.
No lejos de los peldaños de la caseta había una pequeña lancha. En la lancha había un hombre y una chica, con ropa de excursionistas. Estaban entregándose a lo que parecía una payasada bastante tosca. La chica gritaba, el hombre fingía, jugando, que iba a tirarla por la borda. En aquel preciso instante, una voz estentórea habló a través de la bocina.
—Señoras y caballeros —tronó—, estamos llegando al famoso pueblo de Gitcham, donde nos detendremos tres cuartos de hora y donde podrán tomar el té, cangrejos o langosta y crema de Devonshire. A la derecha tienen la propiedad de Nasse House. Pasaremos por delante de la casa dentro de dos o tres minutos. Se divisa apenas a través de los árboles. En un principio, perteneció a sir Gervase Folliat, contemporáneo de sir Francis Drake, que se embarcó con él en su viaje al Nuevo Mundo, y en la actualidad es propiedad de sir George Stubbs. A la izquierda tienen la famosa Gooseacre Rock. En esta roca, señoras y caballeros, era costumbre depositar a las mujeres regañonas cuando la marea era baja, y dejarlas allí hasta que el agua les llegara al cuello.
Todos los pasajeros del «Devon Belle» contemplaron fascinados la Gooseacre Rock. Hubo muchas bromas, risitas agudas y risotadas.
Mientras ocurría esto, el excursionista de la lancha, tras un último forcejeo, consiguió tirar a su amiga por la borda. Agachándose, la tuvo metida bajo el agua, riéndose y diciendo: «No, no te saco hasta que prometas portarte como es debido».
Nadie, sin embargo, observó esto, salvo el inspector Bland. Todos habían estado escuchando la voz que salía de la bocina, mirando entre los árboles, para captar la vista de Nasse House, cuando aparecía por primera vez o contemplando fascinados la Gooseacre Rock.
El excursionista soltó a la chica, ella se hundió en el agua y segundos más tarde apareció al otro lado del bote. Nadó hasta él y subió por el costado, con destreza. Alice Jones, perteneciente al cuerpo femenino de policía, era una nadadora consumada.
El inspector Bland bajó a tierra en Gitcham, con los otros 230 pasajeros y tomó té, langosta, crema de Devonshire y unas tortas. Mientras comía, se decía: «¡De modo que pudo haber ocurrido y nadie lo hubiera notado!»