Treinta y siete

Aeropuerto de Fiumicino.

– Hemos llegado. -El chófer se apea de la limusina y abre la puerta.

– Pero… ¿Fiumicino?

– Ésas son las órdenes que tengo… Ah, otra cosa… Debe darme eso… -el chófer indica la mochila que contiene los libros de la universidad.

– ¿Está seguro? Son mis libros para el examen…

– A la vuelta los recogeré yo y se los devolveré. Según me han dicho, no va a tener mucho tiempo para estudiar.

– Pero ¿adónde vamos?

El chófer le sonríe.

– Yo no lo sé, pero él sí… -y mientras habla le señala a alguien que se encuentra a sus espaldas, delante de la puerta de cristal que acaba de abrirse.

– ¡Alex! -Niki echa a correr y le da un abrazo-. Estás loco.

– Sí… Me la has contagiado tú…, esa maravillosa locura. -Mira el reloj-. Vamos…, es tardísimo.

– Pero ¿adónde?

– A Nueva York.

Hacen ademán de echar a correr, pero Alex se vuelve antes hacia el coche.

Ah, nos vemos aquí dentro de cuatro días. Ya le comunicaré la hora… Y gracias.

El chófer se queda plantado delante de la limusina y los contempla

mientras escapan siguiendo la estela de su felicidad, del entusiasmo de su amor.

– Domenico. Me llamo Domenico.

– Tenemos que coger el autobús que nos lleva a la terminal cinco. Desde allí salen los vuelos con rumbo a Estados Unidos.

– Pero ¿cómo lo has hecho? Estás loco.

– Desde que regresamos todo se había vuelto demasiado normal. Además, nunca hemos celebrado lo de LaLuna…

– ¿A qué te refieres? ¿Al éxito de la campaña?

– No, a que fuiste al faro… ¡y seguimos juntos! ¡Nuestro único y personalísimo éxito!

Niki coge el móvil.

– ¿Qué haces? ¿Te ha gustado tanto la idea que la escribes?

– Pero ¿por quién me has tomado? ¡Si el publicista eres tú!

– Ah, sí…

Niki sacude la cabeza.

– Llamo un momento por teléfono…

Alex se apoya en ella.

– Ya sé a quién…

– Hola, mamá…

– Niki, me dijiste que volverías a casa. Incluso te preparé algo de comer… ¡Y cuando regresé no estabas!

– Siéntate.

– ¡Dios mío! ¿Qué ha pasado? ¿Qué tienes que contarme? Estoy empezando a preocuparme…

– No hay nada de qué preocuparse. Alex y yo nos vamos cuatro días fuera para celebrar algo.

– ¿Adónde? ¿Qué es lo que celebráis?

– ¡A Nueva York!

– ¡Venga, Niki! Siempre tienes ganas de broma. Escucha, vuelve en seguida porque tengo que salir con tu padre y no quiero que tu hermano se quede solo otra vez -y cuelga.

– ¿Mamá? ¿Mamá? -Se vuelve hacia Alex-. ¡No me lo puedo creer! ¡Me ha colgado! Ésta es la segunda vez que pruebo a decírselo Primero me viene con que tenemos que contárnoslo todo y luego cada vez que intento contarle algo diferente de lo habitual, me cuelga el teléfono en los morros. ¡No hay quien entienda a estas madres!

Alex sonríe.

– Ten.

– ¿Qué es esto?

– Dentro de esta bolsa encontrarás un camisón, los productos de maquillaje que te dejaste en mi cuarto de baño, una camisa y un suéter para mañana por la mañana, tu ropa interior… Y el cepillo de dientes que tanto te gusta…

– Amor mío… -Lo abraza con fuerza, se para en medio del aeropuerto y lo besa. Es un beso largo, suave, cálido, lleno de amor…

Alex abre los ojos.

– Cariño…

– ¿Sí? -Niki responde con aire soñador.

– Hay dos guardias que nos observan… -Tendrán envidia.

– Ah…, sí, claro, pero no me gustaría que nos encerraran por escándalo público…

– ¿Y qué?

– ¿Cómo que y qué? No quiero perder el avión.

– ¡Ahora sí que me has convencido!

Echan a correr a toda velocidad hacia la zona de embarque. Niki se detiene de improviso.

– Cariño… Tenemos un problema absurdo, tremendo, dramático.

Alex la mira asustado.

– ¿Cuál? ¿Que no hablas inglés?

– ¡De eso, nada…, estúpido! No tengo el pasaporte…

– ¡Yo sí! -Alex lo saca risueño del bolsillo.

Niki lo coge y lo abre.

– Pero es el tuyo, con chip, como los de ahora…

Alex se mete la mano en el otro bolsillo.

– Y éste es el tuyo… ¡Con el mismo chip!

– Caramba… ¡Me lo has hecho!

– En dos días.

– ¿Y cómo lo has conseguido?

– Tenía tus datos, la fotografía y todo lo necesario… Y también tu firma, ¿recuerdas que te hice firmar en un folio? Era para esto.

– Entiendo, pero ¿en dos días?

– ¿No lo sabes? Procedimiento especial… ¡Vas a hacer una sesión de fotos a Nueva York para la próxima campaña!

– ¡Bien! ¡Me gusta! ¿Y lo pagan todo ellos?

– No…, eso no…

– En ese caso, no vale, Alex. Yo pagaré la mitad. Perdona, pero como has dicho tú, vamos a celebrar nuestro único y personalísimo éxito… El mérito es de los dos, pertenece a los dos, y debe ser compartido como tal.

– El problema es que he tirado la casa por la ventana, amor…

– ¿Qué quieres decir?

– ¡Que si compartimos los gastos me deberás dinero el resto de tu vida!

– Eres un arrogante. No deberías haberme dicho cuánto te ha costado.

– Y, en efecto, no lo he hecho…

– Sí, pero lo has insinuado.

Suben al autobús. A Niki de repente se le ocurre una idea.

– Te propongo que hagamos una cosa. Nuestro próximo gran, único y personalísimo éxito, que a partir de ahora se llamará GUPE, correrá de mi cuenta y donde yo diga.

– ¡Adjudicado! ¡Fantástico, no veo la hora de pasar unas vacaciones en Frascati!

Niki le da un golpe en la espalda.

– ¡Ay! ¿A qué viene eso?

– Arrogante…

– ¿Otra vez? ¿Se puede saber qué he dicho?

– Has dado a entender…

– ¿El qué?

– Que iremos a un sitio cercano y que, además, costará poco

– ¡Ah, no te había entendido!

– Sí, mentiroso…

Se acercan al mostrador de facturación.

– Por favor -Alex coge los pasaportes y los billetes.

– ¿Tienen equipaje que facturar?

– Ah, sí, es cierto… Tu maleta está llena de artículos de maquillaje, de modo que tiene que viajar así a la fuerza. Qué lata.

– Mejor, así viajaremos más ligeros.

– Añado la mía por solidaridad.

La azafata se asoma y ve dos bolsas pequeñas.

– ¿Eso es todo?

– Sí.

Pone cara de perplejidad, pero después se encoge de hombros. Debe de haber visto de todo y, en el fondo, la suya no deja de ser una pequeña anomalía.

– Aquí tienen sus tarjetas de embarque, asientos 3A y 3B. Que tengan un buen viaje.

Загрузка...