Cincuenta y seis

Olly coloca los vasos en su sitio. Sacude los restos de patatas fritas de la mesa. Mete las botellas en la nevera. A continuación se sienta en el sofá con las piernas cruzadas. Sola. Sus amigas se han marchado hace una media hora. Niki se casa. Es increíble. De repente se le saltan las lágrimas. Se echa a llorar. Mi amiga se casa. Se hace mayor. De alguna forma, algo se acaba. Una época. La nuestra. La adolescencia. Y yo no me considero preparada. Todavía me siento muy joven. Pero ella se casa. Da ese paso tan importante. Parece que ha pasado toda una vida desde que correteábamos por los pasillos del instituto y hacíamos el tonto en el recreo. Y las salidas nocturnas. Los conciertos. El diario en el que escribíamos. Cuando nos cubríamos la una a la otra. Cuando se quedaba a dormir en mi casa. Es inútil decir que nada cambiará. Porque todo cambiará. Después nada será igual. Tendrá un marido y ya no le quedará tiempo para nosotras. Y eso que nos prometimos que ningún hombre nos separaría nunca. Palabras. Simples palabras. De repente se siente egoísta, mala, mezquina e indefensa. Pero se sobrepone orgullosa. No. Soy yo la que se equivoca. Debería alegrarme por ella, parece muy feliz y, en cambio, digo que la echaré de menos, que el matrimonio me la arrebatará. Sí. Lo pienso. Y quiero ser sincera conmigo misma. Quizá la envidio. Puede que sólo tenga miedo. Pero ahora, en este instante, no logro sonreír. Olly piensa en Giampi. En su Giampi. Le gusta mucho. ¿Se casaría con él? Tal vez, aunque ahora no, por descontado. Hay algo que la inquieta. La manera en que habla con otras mujeres. Da la impresión de que se ve siempre obligado cortejarlas. Las Olas le han dicho mil veces que Giampi es sólo un chico amable y abierto, que no parece un tipo que lo intenta…, ¡un pulpo! Dios mío, qué palabra tan espantosa… Pero Olly no puede remediarlo. Está celosa. Como jamás lo ha estado en su vida. Y ahora, tras saber la noticia de Niki, siente que el mundo se le viene encima. Como si todo aquello en lo que siempre ha creído desapareciese de golpe. Niki. Mi amiga. Vestida de blanco. Niki y el valor de crecer. De tomar una decisión tan importante. Una mujer. Madura. Diferente. Inconsciente. Sí, una inconsciente, eso es lo que es, con todas las cosas que se oyen hoy en día sobre el matrimonio. Gente que se casa y que se separa al cabo de un año. Familias destrozadas. Y, en cambio, ella parece tan convencida. ¿Cómo es posible? Olly coloca mejor las piernas. Se reclina un poco hacia atrás y apoya la cabeza en el sofá. Cierra los ojos y siente un extraño vacío en el estómago. Una especie de presentimiento.

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