A Saber realmente no le gustaba Eric Lambert. Él y Lily Whitney-Miller habían llegado a la casa con el Capitán Ryland Miller al atardecer antes de que las cosas se hubieran tranquilizado para cuidar de la herida de Jess. Ella esperaba que le disgustara Lily, sabiendo que la mujer conocía todo sobre su pasado, aunque fue Lambert quien hizo sonar sus primeras alarmas.
A diferencia de Lily, Eric Lambert no era un Caminante Fantasma. Podría trabajar con ellos, pero no tenía conocimiento directo de lo que soportaban, de cómo eran sus vidas. Los estudiaba, y los remendaba cuando se estrellaban, pero lo fundamental era que experimentaba con ellos-exactamente como hizo Peter Whitney.
Los Caminantes Fantasma eran propiedad del gobierno. Recursos. Armas. Pensaban en Lambert como su amigo, pero él pensaba en ellos como un arsenal secreto. Era casi imposible observarlo interactuar con Jess y Lily como si fueran sus amigos y colegas mientras escuchaba la rápida frecuencia de su corazón y olía su miedo cada vez que ella estaba cerca de él. Y era tentador ponerse cerca. Ofrecerle la mano cuando sabía que estaba asustado. Y maldito fuera Jess por hablarle a Lambert sobre sus habilidades.
Miró la lluvia por la ventana de la habitación de Jess, deseando que todos se fueran para que poder ir a gritarle. Cerró un puño. Ponía fácil dejarlo. Lily y Lambert sabían. Y si ellos sabían, con el tiempo el gobierno podía ir a golpear su puerta y esperar que ella hiciera un pequeño trabajo para ellos. Le había dicho a Jess como sería aquello, pero él la había entregado de todas formas. Estaba demasiado confiado, creyendo que todo el mundo era su amigo. Una gran y feliz familia.
Imbécil. Idiota. Ingenuo. Se apretó la base de la mano contra la frente. ¿Qué estaba mal con ella?
¿Saber? La voz de Jesse sonó en su cabeza.
Uppss. Estaba realmente distraída para cometer tal error de novata. Era exactamente como si se hubiera entregado en primer lugar. Estaba tan conectada a él que apenas notaba cuando se estiraba hacia él.
Demonios, eres un asno. Le hablaste a ese pequeño baboso del doctor Lambert sobre mí. Te dije lo que ocurriría una vez que alguien lo supiera. Es un hombre del gobierno. En un par de semanas estaremos recibiendo un golpe en la puerta y una invitación grabada a algún acontecimiento social donde tendré que usar mis especiales talentos por el bien de la humanidad.
Eso no es verdad, nena. Eric no es así y él no es “cualquiera”. Segundo, no se lo dije. Él no lo sabe.
Lo sabe.
Hubo un pequeño silencio mientras él digería aquello.
¿Estás segura? Estas cansada y un poco malhumorada.
Saber tomó aire. ¿Malhumorada? ¿Él creía que ella estaba malhumorada? Su presión sanguínea estaba disparándose hasta el techo, quería gritarle, pero se obligó a respirar con calma y permanecer bajo control.
Él lo sabe y no estoy malhumorada. Estoy enfadada. Puedo luchar contra un enemigo pero no contra varios, contra todos a la vez. Él es del gobierno y nos entregará a todos en un latido si le dan la orden.
Frunciendo el ceño, Jess lanzó una breve mirada a Eric Lambert. El doctor parecía el mismo de siempre, riendo con Lily, tomándole el pelo sobre como que parecía como si se hubiera tragado un balón de baloncesto. Saber no lo conocía y estaba preocupada por cualquiera que descubriera su pasado. No había forma real de que Eric pudiera haberlo sabido. Saber estaba viendo cosas donde no existían.
Estas paranoica. Y agotada. ¿Por qué no te vas a mi habitación y te acuestas? Eric está cosiendo la herida y se marcharan. Podemos hacer una siesta y te sentirás mucho mejor.
¿Primero estoy malhumorada y ahora estoy paranoica? La voz de Saber era baja. Fría.
Jess se estremeció ante el hielo de su voz.
– Lily vamos. Ya es suficiente.
Lily examinó el corte de su cabeza, frunciendo el ceño mientras la sangre continuaba filtrándose a pesar de las horas que habían pasado desde que había sido herido por primera vez.
– Te dije que fueras cuidadoso. Estamos usando Zenith contigo y la droga es peligrosa.
Eric levantó las manos.
– Voy a lavarme.
– Sabes dónde está el baño. -Jess esperó hasta que estuvo fuera de la habitación-. Me aseguraste que ibas a destruir el archivo de Saber.
– Lo hice. -Lily se enderezó, estirando la espalda.
– ¿Pero le hablaste a Lambert sobre ella?
– No, por supuesto que no.
– ¿Por qué por supuesto no? -Jess atrapó la almohada que ella le lanzó. Su cabeza estaba latiendo. Habían pasado buena parte de la mañana en el hospital, permaneciendo con Patsy mientras los médicos le hacían pruebas y trataban sus heridas. Una vez supieron que estaba en buenas manos -y puso un guarda en su puerta- Jess y Saber habían vuelto a casa y esperado toda la tarde noticias del equipo de limpieza en casa de Patsy. Saber todavía no se había ido a la cama y aún intentaba irse a trabajar. Ella no iba a ir, él iba a segurarse de eso, pero necesitaba dormir con desesperación y él también. Solo quería que todos se fueran para poder estar solos y poder abrazarla.
Pero Saber estaba equivocada sobre que Eric Lambert supiera la verdad sobre ella. Jesse no le había dicho nada y tampoco Lily. Soltó un suspiro de alivio.
– No es uno de nosotros. -Lily agachó la cabeza-. Eso suena terrible, Jess, y no quiero decirlo en ese sentido, pero nunca podría entender nuestras vidas. Si Saber se queda, va a tener que ser protegida. Sus habilidades tendrán a todo el mundo detrás de ella, incluso a los buenos chicos… especialmente a los buenos chicos. Y lo que Whitney le hizo cuando era pequeña. La obligó a matar animales, animales a los que una niñita amaría y quería tener como mascotas. La puso en la posición de deber tener un perfecto control o matar a una amiga, otra niña, incluso bebes. ¿Cómo puede una niña sobreponerse a esa clase de trauma?
Jess estaba encantado de oír a Lily referirse a su padre adoptivo como “Whitney”. Por fin estaba llegando a aceptar el hecho de que era un monstruo mas allá de redención, y estaba empezando a alejarse emocionalmente de él. Jess estaba seguro de que era una buena cosa.
– No pensé en eso.
– No lo harías, Jess… tú vienes de una familia cariñosa. Saber no habría sabido lo que eran una madre y un padre, no durante años. Creció entrenándose. Su vida giraba en torno a rígidas reglas y constante aprendizaje. ¿Cómo crees que fueron aquellos primeros años?
Le avergonzaba admitir que no había pensado mucho en eso, al menos hasta que había visto las fotografías de su infancia.
– Es sorprendente que aún esté aquí contigo, que pudiera aprender a confiar en alguien tanto como lo hace en ti. Probablemente eres la primera persona en la que ella ha confiado nunca, o compartido algo real con Saber.
Ella estaba haciéndolo sentir peor por momentos. No había querido pensar en el trauma de Saber, o siquiera reconocer que había una amenaza si ella se quedaba con él, porque no quería perderla.
– Probablemente se esté volviendo paranoica, pero cree que Eric sabe de ella.
Lily se quedó muy quieta.
– ¿Por qué dudarías de ella? Está inmersa en un mundo que tú aún no puedes comprender. Tiene que ser muy susceptible. Todavía no hemos empezado a descubrir que puede hacer con sus habilidades. Cuando un Caminante Fantasma “piensa” algo, es más que probable que sea verdad. Mírate. Hasta que estuviste en esa silla, no desarrollaste tu habilidad para mover objetos y sin embargo ahora eres increíblemente fuerte. Tu “creíste” que podrías ser capaz de hacerlo y jugueteaste un poquito, pero como no tenías tiempo, no te tomaste la molestia con eso. Hay tantos otros con talentos ocultos que no han empezado a explotar. Si Saber dice que Eric está tratándola de forma diferente, yo nunca pensaría que está paranoica. Le creería.
Él no quería creerla porque no quería aceptar las consecuencias. Logan lo sabía. Por supuesto, Logan lo sabía. ¿Era posible que él se lo hubiera dicho a Eric? Jess se frotó la cabeza otra vez. Estaba demasiado cansado para pensar.
– Necesito irme a la cama, Lily.
– Lo sé -Lily embaló su equipo-. ¿Cómo van los biónicos?
– Es frustrante. Estoy empezando a creer que deberíamos haber seguido con un paquete de energía aunque sería limitado. No puedo mantener la función y seguro que no puedo confiar.
La frustración y la ira estaban en su voz, pero no pudo contenerlas.
Eric regresó, apoyándose contra el marco de la puerta.
– ¿Estás visualizando? ¿Usando tus habilidades psíquicas para reconstruir las conexiones?
Jess le envió una provocativa y peligrosa mirada. No estaba de humor para ser sermoneado. Había hecho bastantes visualizaciones para tener cincuenta pares de piernas funcionando, y todavía estaba sentado en una silla, teniendo caídas que ponían suturas en su cabeza, humillándolo enfrente de sus amigos y Saber. No iba a tragar más mierda de nadie, ni siquiera de un amigo
Eric levantó la mano.
– No me arranques la cabeza. Solo estaba intentando ayudarte.
– Bien, no lo haré -Jess la lanzó una mirada-. ¿Sólo dime quién te habló de Saber?
Las manos de Lily se inmovilizaron en el maletín médico. Se volvió y miró a Eric. El médico se quedó inmóvil, mirando con incomodidad, dando pataditas en el marco de la puerta. Se encogió de hombros. Jess permaneció en silencio, esperando, exigiendo una respuesta. Porque quien la delató iba a recibir la paliza de su vida.
Eric le frunció el ceño.
– ¿Cómo demonios lo podría recordar? Estoy alrededor tuyo todo el tiempo. ¿Qué importa?
– Importa si la haces sentirse incomoda en su propia casa.
La irritación cruzó la cara de Lambert.
– Esta es tu casa Jess. He estado aquí cientos de veces durante el último año. Ella no es como el resto de vosotros y tú deberías saberlo mejor que nadie. Y francamente, si alguien debería sentirse incomodo en este momento, eres tú. Porque mientras ella viva aquí, estarás poniendo tu vida y las vidas de todos los que vienen aquí en peligro.
– ¿Qué demonios quieres decir?
Jess giró una vuelta completa la silla para lanzar una mirada de odio al médico.
Eric se puso derecho, lanzando una mirada en defensa, rechazando ser intimidado.
– ¿Qué crees que quiero decir? Ella mata con un toque. ¿Qué ocurre si está un poco cansada de un hombre? ¿O si se está enfadada y fuera de control? Podría matarte cuando duermes. Simplemente sosteniendo tu mano. Inclinándose para darte el beso de buenas noches. El resto de vosotros, estáis entrenados. Disciplinado. Ella es un riesgo, Jess, y uno que ninguno de los Caminantes Fantasma puede permitirse.
– No sabes de que demonios estás hablando.
– Ese es el problema y tú lo sabes. Es una máquina de matar. Lily también piensa así, pero es demasiado educada para decirlo. Soy tu amigo y no quiero que mueras.
– Todos nosotros somos máquinas de matar, Eric.
El médico sacudió la cabeza.
– No como ella. Ella es mortal, Jess, y te ha tenido girando alrededor de su pequeño dedo hasta que no solo puedes pensar, no puedes considerar la idea de eso. ¿Qué crees que va a pasar aquí? Tú la conoces. Eres una carga para ella. En el momento que decida recoger y largarse, eres hombre muerto. Ella no puede ser controlada.
– ¿Y el resto de nosotros puede? -Dijo bruscamente Lily.
– En alguna medida, si. Vosotros tenéis lealtad y disciplina. Vosotros servís a vuestro país. Tenéis ideales y objetivos. Sois un equipo, y esos hombres y mujeres son tu familia y los únicos en quienes confías ¿A que es leal ella? ¿En quien confía? No en ti. En ninguno de vosotros. Y seguro que ella no quiere servir a su país.
– ¿Cómo demonios sabes lo que ella quiere o no quiere? -Gruñó Jess.
– Salió por sí misma. Huyó de Whitney pero seguro como el infierno que no intentó venir ¿verdad?, no fue al fuerte más cercano y dijo que tenía que hablar con un comandante. Y también sé que ella es algo que nunca debería haber sido creado.
Jess no escuchó ningún ruido pero instintivamente supo que Saber estaba allí. Levantó la vista, encontró su mirada azul-violeta, sombría y afligida. Ella parpadeó y su cara se transformó en una máscara.
– Voy a dar un paseo, Jess. Volveré cuando tus amigos se hayan ido… todos tus amigos.
Giró sobre sus talones y salió.
Esta hecho, Saber. Ve a la cama. Iré pronto.
No quiero estar en la misma casa que ellos. Mientras estén aquí, me iré.
Los necesitamos.
Tú los necesitas.
La voz de ella se estranguló y el corazón de Jess se hundió. Él juró y le lanzó una mirada a Lily. Ella tenía lágrimas brillando en sus ojos.
Ella le tendió la mano.
– Nos vamos. Se lo que es sentirse como un monstruo. Tener que vivir de modo distinto a todos los demás. Todos nosotros lo hacemos. No importa que dones tengamos, la gente va a mirarnos de la misma forma que Eric lo hace.
– Eso no es verdad -denegó Eric, obviamente ofendido-. Nunca te he visto de otra forma que como una amiga y colega.
Pero estaba Dahlia, una de las mujeres que Jess había adiestrado, una mujer que iniciaba fuegos cuando la energía acumulada era demasiado fuerte. Ella no podía salir sana y salva en público sin un ancla. Sin duda Eric la consideraría un monstruoso fenómeno también. Jess apretó dos dedos contra los pulsantes puntos sobre sus ojos. ¿Por qué no se había dado cuenta de que Eric podría pensar de ellos de esa manera, y si Eric, un médico que los ayudaba, lo hacía, que pensaría la mayoría de la población?
Las paredes se movieron dentro y fuera y la tierra se onduló de nuevo.
– Maldito seas, Eric. ¿Qué demonios fue eso? No puedes venir a mi casa e insultar a mi mujer…
– ¿Tú mujer?
– Sí, mi mujer, y luego pensar que voy a estar muy bien. Quiero arrancarte tu jodido corazón en este momento -en realidad Jess movió su silla más cerca del médico pero se detuvo y miró la cara de Lily-. ¿Sabes qué? No importa lo que tú pienses. No conoces a Saber -levantó la mano para adelantarse a cualquier respuesta-. Mira Eric, gracias por todo lo que has hecho, pero quizás sería mejor si no volvieras.
– Por Dios, Jess, hemos sido amigos desde hace años.
Jess se frotó los ojos.
– Saber está en mi vida para quedarse, Eric. No se va a ir, y sabiendo cómo te sientes sobre ella… bueno, se ha dicho suficiente. -Porque todavía quería aplastar el puño en la cara de Eric por hacer que Saber pareciera tan perdida.
– Habladlo pronto -dijo Lily-. Necesitas descansar.
– Sí, estoy cansado. Necesito dormir un poco -asintió Jess-. Gracias por remendarme.
Lily recogió su bolsa.
– Sé muy cuidadoso, Jess. Hasta que puedes tener los biónicos trabajando correctamente, no deberías arriesgarte a practicar sin alguien contigo.
Él agitó las manos en reconocimiento, pero no replicó. Necesitaba que se fueran. Y avisó a los otros de que la casa era segura y podían irse. Ken protestó, junto con Logan, pero dejó claro que quería que se fueran. Porque necesitaba que Saber estuviera bien más de lo que necesitaba cualquier otra cosa. Quería que se sintiera a salvo y segura, quería que su casa fuera un refugio y un santuario para ella.
No importaba que Eric tuviera algún tipo de extraño sentido. No le preocupaba. Quizás algún día ella se cansaría de él y quisiera irse, pero no podía imaginar, no en ese momento, a Saber matando a nadie por el gusto de matar. Saber lo detestaba. Temía cometer errores. No era la asesina que Eric creía que era.
Saber esperó hasta que el último Caminante Fantasma partió. Se habían ido con reluctancia y ella solo pudo asumir que Jess los había despachado. Aún así, esperó hasta la oscuridad antes de volver a la casa, e incluso entonces se deslizó, no queriendo verlo. Él era la única persona en el mundo a la que había llamado amigo,la única persona que había amado, pero ¿cómo podía escuchar aquellas cosas sobre ella y no tener dudas? Incluso ella tenía dudas.
Se detuvo durante un momento, cubriéndose la cara con las manos, escuchando la respiración de Jess, el latido de su corazón. No podía enfrentarlo. Podría no tener el coraje de hacerle frente otra vez.
En el momento que puso los pies en el rellano, Saber empezó a desnudarse. No había sido capaz de dejar de llorar y entre las lágrimas y la lluvia, estaba empapada. Usó el segundo baño, evitando por completo su habitación. No podía hacer frente a la idea de que alguien había estado allí tocando sus cosas, incluso después de que los limpiadores hubieran eliminado toda la evidencia.
Entró en la ducha, permitiendo que la cálida agua cayera en cascada sobre ella, calentando su fría piel, no haciendo nada con el profundo frío dentro de ella. Estaba molesta con Jess, con sus amigos, pero sobre todo con ella misma. ¿Qué había esperado? ¿Qué todos ellos la aceptaron en sus vidas? ¿Que quisieran que fuera una parte de ellos? ¿Qué ella pudiera encajar en algún lugar?
Nunca había estado segura de lo que quería. De acuerdo, eso no era verdad. Había estado asustada de desearlo. Asustada de que no fuera real. No debería tener esperanza. La esperanza era para los locos. La esperanza era para la gente, no para los monstruos.
Un escalofrío recorrió su cuerpo y su herido pecho, comprimiendo debajo algo enorme, desgarrando sentimientos. El crudo fuego en su garganta rehusaba irse, no importaba cuantas veces tratara de tragarse el nudo. Se reclinó contra los azulejos, las rodillas débiles, las piernas temblando tanto que estaba asustada de que le fallaran.
Una hora después Saber se tendió en el sofá del rellano de arriba, contemplando el techo. Su pequeña lámpara disipaba la oscuridad pero le daba poco consuelo. Suspirando, Saber resbaló de la cama, envolvió los brazos alrededor del pecho, poniendo la camisa de Jess ceñida alrededor de su cuerpo. Con los pies descalzos anduvo por el vestíbulo para sentarse en lo alto de la escalera, necesitando estar cerca de Jess pero no deseando un enfrentamiento. Después de todo, era una situación sin salida.
Debajo de ella, algo salió de las sombras. Jess. Saber pudo distinguir el perfil de parte de su silla, un poderoso hombro y un brazo. La cara de él estaba aún en la oscuridad. Por supuesto él estaría a los pies de la escalera, necesitando el mismo sentimiento de proximidad. Saber se llevó las rodillas al pecho, descansando la barbilla sobre ellas. Le dio un poco de comodidad saber que él estaba allí.
– ¿Por que no bajas aquí? -Sugirió él en voz baja.
– No puedo, Jess -replicó Saber, la voz apagada, la garganta en carne viva y desgarrada por los primeros sollozos que desgarraban su corazón-. Simplemente no puedo.
Hubo un pequeño silencio. Un resplandor rojo y el aroma de tabaco de pipa vagando escaleras arriba indicaba el estado de la mente de él.
– No lo aclararemos si no lo hablamos.
Saber se frotó la frente. El dolor de cabeza no iba a irse pronto.
– ¿Qué hay que decir?
– Él estaba equivocado sobre ti.
Los ojos de ella empezaron a arder otra vez. Presionó los dedos con fuerza para intentar detener las lágrimas. Llorar era una debilidad, una que ella no había sido capaz de superar.
– Quizás. Si yo no lo sé ¿cómo puedes tú?
– Porque yo sé quién eres. Veo dentro de ti. Tu misma sabes que usar la telepatía te da destellos del interior de la mente de una persona. Yo siento lo que tú sientes. Puedo ver lo que estás pensando. No eres una asesina, Saber. Matas a regañadientes -él suspiro-. La verdad es que, entre nosotros, yo tengo una mente más asesina que la tuya. No siento remordimientos. Matar gente no me obsesiona por la noche. Cuando pensaba que estaba clavado en esta silla, echaba de menos la acción, la adrenalina, el peligro. Me gusta esa vida. A ti no.
– Cometí errores, Jess. Podría cometer más.
Jess estaba callado, muy consciente del frágil estado de la mente de ella, de la batalla que bramaba en su interior. Sonaba tan perdida. Tan desesperada. Él estaba caminando por una cuerda floja, necesitando encontrar una forma de alcanzarla. Eric había reconfirmada todas sus propias dudas sobre ella misma. Si solo pudiera tocarla, atraparla, podría tener una oportunidad. Estaban separados por un tramo de escaleras, que podría haber sido el Gran Cañón.
– Escúchame cara de ángel -intentó de nuevo. Su voz era pura magia negra, la poderosa arma de un oscuro hechicero, la única que tenía por el momento, y la usó con desvergüenza-. Necesitamos hablar detenidamente de esto. Baja aquí, dulzura. Prepararé chocolate caliente, podremos acurrucarnos en el futón con el fuego encendido y acomodarnos, solo nosotros dos.
Su voz la tocaba como dedos, relajantes, acariciantes. Medio hipnotizada, necesitándolo, Saber se levantó lentamente. Parte de ella quería correr escaleras abajo, volando a sus brazos para ser confortada. La otra mitad de ella, la mitad cuerda, reconocía el peligro, la frágil línea que separaba permanecer a salvo y aceptar un compromiso. En realidad estaba bajando la escalera pensando que iba a hacerlo, solo sentarse en su regazo, reclinar la cabeza en su hombro, y todo estaría bien.
La autopreservación dominaba. Había tenido esperanzas una vez más. Creído una vez más. Esperado y creído en él, aunque con sus propios ojos había visto el archivo. Las fotos de ella cuando era niña matando un cachorro. Lo que había sido uno de los peores momentos de su vida y él lo había presenciado. No solo Jess, además sus amigos. Saber esquivo la extendida mano de Jess, apresurándose hasta el centro de la sala de estar.
– No puedo dejar que esto ocurra. ¿No lo ves?, quiero estar contigo, quedarme aquí, creer que todo va a ir bien, en el momento que te permita sujetarme, te permitiré convencerme incluso aunque sé que es imposible -las lágrimas brillaban en sus ojos-. Y eso, Jess, es imposible.
Jess se encontró conteniendo la respiración. Saber posiblemente no podía saber lo que parecía. Salvaje, bella, los grandes y luminosos ojos azul-violeta con lagrimas no derramadas, los rizos negroazulados derramándose como un halo alrededor de su delicada cara. Estaba vestida solo con la camisa de él, los faldones bajando cerca de sus rodillas, las orillas moviéndose más altas, revelando un excitante destello de los desnudos muslos. Sus pequeños pies descalzos solo parecían incrementar la sensación de intimidad entre ellos. Bajo la bata de felpa, su denudo cuerpo despertó con hambre.
– Tienes que estar dispuesta a escuchar -dijo él suavemente-. Creo que esto puede ser resuelto.
– ¿Lo crees? -Levantó la barbilla, los ojos destellando-. ¿Lo crees realmente? ¿O sólo te estás mintiendo?
Algo oscuro y peligroso destelló en las profundidades de los ojos de él. Su boca se endureció perceptiblemente.
– No me miento a mí mismo.
– ¿De verdad? ¿Que hay acerca de tu “amigo” Eric? ¿O del hecho de que les permitiste meterte en el programa biónico, o que están usando Zenith en ti? ¿No pensaste que reconocería los síntomas de esa droga? Que estaba en el archivo de Whitney, el único en castellano, no en clave matemática. Fue sugerencia suya que el Zenith se utilizara en pequeñas dosis, ¿lo sabías? Me traicionaste con ellos, tanto si tuviste la intención como si no.
– Mierda, Saber. Estas eligiendo una jodida lucha conmigo para poder abandonar -golpeó las cenizas de su pipa en el cenicero junto a él y lanzó la pipa a un lado-. Nunca te habría traicionado, por ninguna razón. Te he investigado, como se suponía que lo haría. Habría sido criminal de mi parte no hacerlo, y no puedes condenarme por eso. No tengo idea de cómo Eric te descubrió, pero no fue a través mío ni a través de Lily.
– ¿Cómo lo sabrías? ¿Porque ella te lo dijo? Por supuesto te lo dijo y tú la creíste. Pero no me creíste cuando te dije que él lo sabía.
Ella retrocedió cuando él se deslizó más cerca
– Maldita sea, Saber, no tenemos oportunidad de resolver nada entre nosotros si vas a insistir en comportamientos irracionales
– ¿Irracionales? -Repitió Saber, su voz oscilando fuera de control-. ¿Piensas que soy poco racional porque no me gusta que mi pasado sea conocido por todos tus amiguitos? ¿Qué tus amigos piensen que soy una anomalía y un monstruo? ¡Dios! ¿Qué demonios quieres de mí? – Las lágrimas relucieron en sus pestañas-. ¿Quieres irracionalidad? ¡No me quedaré aquí, Jesse!
Saber giró y corrió a través de la casa, sin preocuparse de la oscuridad, de los muebles. Ignorando el ronco grito de Jess, abriendo la puerta de la cocina y se abalanzó a los jardines. No tenía idea de lo que estaba haciendo pero tenía que escapar de la casa. Sus pulmones ardían por aire y ella sentía como las paredes se cerraban sobre ella. Fuera el césped estaba blando y húmedo bajo sus desnudos pies. Corrió hasta el medio del jardín trasero y se detuvo para mirar alocadamente alrededor, sin comprender lo que estaba haciendo, a donde pensaba que iba. El mundo a su alrededor estaba derrumbándose y todo lo que ella soñaba estaba perdido.
La noche era tan turbulenta como ella se sentía. Los arboles se cimbreaban en el viento. Volvió la cara a las oscuras y amenazadoras nubes, permitiendo que la lluvia se mezclara con las lágrimas sobre su cara. La camisa se pegó sobre sus suaves curvas y se volvió casi transparente.
Jess la siguió en la tumultuosa noche, algo salvaje y feroz creciendo en él para igualar los elementos.
– ¡Saber! -Su voz cruzó la distancia que los separaba, áspera, ronca, exigente.
Ella se dio la vuelta para enfrentarlo, asustada, indomable, hermosa en la implacable tormenta.
– No puedo quedarme aquí, Jesse. -Era un grito desgarrado desde su corazón y su alma. Estaba tan perdida y no había salida, ni vuelta atrás.
Sobre ella, el cielo se abrió desgarrado, una dentada y blanca raya golpeando a través de las sombrías y agitadas nubes, dibujando por un momento los jardines en nítido relieve. Jess tuvo un vislumbre de ella, la camisa casi inexistente, pegada su cuerpo y enfatizando sus pechos, los más oscuros y erectos pezones, la estrecha caja torácica y la lisa línea del estómago y la oscura unión de sus piernas. Parecía como un sacrificio pagano, sus esbeltos brazos extendidos hacia él, la pálida cara crispada y vulnerable.
El cuerpo de él se endureció. No un sutil y adorable cambio sino una salvaje y dolorosa sacudida, la necesidad tan intensa, tan voraz, que no era como nada que hubiera experimentado.
– Ven aquí. -Su voz era áspera por la lujuria.
Saber le miró a través del patio, la cruda hambre profundamente grabada en las líneas de su cara. El deseo brillaba en sus ojos, oscuro y áspero. Su cuerpo estaba completamente excitado, el bulto grueso e impresionante, levantando su ropa como una tienda de campaña. El aliento retenido en su pecho y cada musculo de su estómago tenso y apretado. Los espasmos se le dispararon desde el útero, pequeñas ráfagas como centelleantes cohetes. Él era una oscura obsesión que la arrastraba más allá del control.
Fue hacia él, él a ella, encontrándose en el medio del césped. Él agarró la parte posterior de las piernas de ella en sus manos, deslizando las palmas por la inesperadamente caliente piel de sus firmes nalgas. El apretón de él era fuerte y posesivo, mientras masajeaba su piel.
Saber gimió mientras las exploradoras manos de él la empujaban más cerca. Ninguno apartó la delgada y transparente tela que le cubría la piel, Jess inclinó la oscura cabeza a su pezón. Su boca er caliente contra el dolorido pecho, la camisa áspera. Era salvajemente erótico, enviando olas de tal urgencia a través de su cuerpo que ella apenas pudo mantenerse en pie. Acunando la cabeza de él contra su pecho, levantó la cara al tormentoso cielo, permitiendo que la lluvia arrastrara las lágrimas.
La mano de él le rozó la parte interior del muslo, moviéndose más arriba hasta acariciar el caliente y húmedo terciopelo. Saber gimió otra vez, necesitando, deseando, un repentino frenesí de hambre que no pudo controlar. Jess levantó la cabeza, los oscuros ojos ardiendo negros. Agarró el frente de su camisa y mientras otro relámpago de luz desgarraba el cielo, tiró brutalmente, rompiendo el tejido para que la luz revelara su cremosa piel mojada por la lluvia. La camisa cayó inadvertida, un harapo en un charco de agua a los pies de ella.
Jess le sujetó la nuca, arrastrándola hacia él, fusionando sus bocas, dominante, bárbaro, tomando, exigiendo su conformidad, su sumisión. El cuerpo de él estaba ardiendo, una dolorosa e implacable excitación. Los suaves, pequeños y roncos gritos de Saber, sus manos errantes, y el dulce sabor de ella no apaciguaban el dolor… solo alimentaban el fuego que ya ardía fuera de control.
Ella arrancó la boca de la de él, sus manos apartaron la bata de él, exponiendo la magnificencia de su duro y masculino cuerpo. Se arrodilló, envolviendo los brazos alrededor de la cintura de él, los labios sobre su piel, saboreando la lluvia, moviéndose sensualmente sobre cada definido musculo, explorando, burlándose, alimentando deliberadamente la desesperada urgencia que podía percibir en él.
Jess gritó con voz ronca, cerrando los puños en su sedoso cabello, sujetando la masa en sus grandes manos, el cuerpo temblando, luchando por controlarse. Le empujó la cabeza hacia abajo. En el brillante destello del relámpago cada uno de ellos miró en el alma del otro.
– Nunca te dejaré ir -le advirtió él suave e implacablemente-. Estate segura, Saber. Si vienes a mí así, eres mía. Si haces esto, eres mía.
Porque ella iba a destruirlo. Destruirlo completamente con su boca y su cuerpo. Ya estaba llevándolo a un lugar del que no podía volver.
– Necesito tenerte, Jesse. -La admisión fue absoluta y abierta, y cayó sobre las rodillas en el mojado césped mientras él arqueaba la cadera, proporcionando algún alivio a su dolorido cuerpo.
El cuerpo entero de ella estaba enloquecido de necesidad, el control casi inexistente. Ella quería perderlo. Quería esto… Jess… su cuerpo necesitándola, ardiendo por ella. Anhelaba la oscura lujuria creciendo en los ojos de él y la forma en que su cuerpo respondía con tal calor, creciendo grueso, largo y duro por la necesidad. No le importaban sus amigos, o lo que ellos pensaban, sólo Jess y la forma en que la miraba.
Estaba hambrienta del sabor de él. Necesitaba sentir la dura longitud llenándole la boca, observar sus ojos volverse opacos y luego brillantes, escuchar su respiración tornarse irregular y ver su pecho elevándose y cayendo, escuchar su voz volverse ronca de placer. Acunó el apretado bulto entre las manos, deslizando los dedos en una caricia sobre su dura vara. Observando su cara, se inclinó hacia él y pasó la lengua sobre la cabeza en forma de seta, saboreando sexo y lujuria y amor mezclados juntos.
Su pene se sacudió.
– Maldita sea, Saber. Podríamos estar en problemas.
Ella quería estar en problemas. Lo quería salvaje y áspero. Todavía manteniendo la mirada trabada con la suya, se inclinó hacia él con una lenta lamida, curvando la lengua bajo la base de la acampanada cabeza.
Los ojos de él eran calientes y los dedos le atraparon el pelo, forzándole la boca hacia él. Un musculo temblaba en su mandíbula mientras ella soplaba aire caliente sobre él. Ella abrió la boca para aceptar las demandas del cuerpo de él, humedeciendose los labios con la lengua en anticipación. Él hizo un sonido entre un gruñido y un gemido y arrastró su cabeza hacia él.
Saber lo tomó, centímetro a centímetro lentamente, prolongando deliberadamente su agonía, la mirada enlazada con la de él mientras arrastraba la gruesa vara dentro del sedoso calor de su boca. Él sabía a chispeante pasión, rica y masculina, y ella necesitaba más. Quería mirarlo mientras él aspiraba el aire, mientras tiraba de su bata, empujándola abajo hasta amontonarla debajo. Todo mientras sus caderas empujaban en un ritmo casi indefenso.
Ella podía sentirlo latiendo contra su lengua, llenándole la boca, estirando sus labios. El poder era increíble… lo que ella podía hacerle, a este sexy y viril hombre, que él pudiera confiar y quererla hasta que no pudiera apartar los ojos de la visión de ella, hasta que los gemidos retumbaran en su pecho y su cuerpo se sacudiera de placer
Lamió la parte inferior de la amplia cabeza, y luego succionó fuerte. Los empujones de él empezaban a ser más urgentes, más profundos, las manos en su cabeza controlándola. Ella le quitó el control, hasta que las manos de él fueron bruscas en su pelo, tirando de su cabellera, enviando deliciosas y pequeñas corrientes eléctricas bajando desde sus pechos a su ingle. Su útero se apretaba cada vez que él empujaba más profundo, cada vez que un gemido escapaba. Ella aprendió a seguir frotando la lengua sobre el sensitivo punto debajo de la cabeza de su miembro. Cuanto más lo hacía, más tragaba y succionaba, más recompensaba. El aliento de él se le atascaba en los pulmones y su polla saltaba y latía de anticipación.
– Tienes que parar, nena -utilizó su propio cabello para separarla de él-. Si no lo haces, vamos a tener un problema más grande.
Ella tomó un último y satisfactorio golpe con la lengua. Amaba el aspecto de su cara, el crudo placer, el absoluto deseo. Él la puso de pie, las manos sujetándole las caderas, urgiéndola a subir sobre él.
Alrededor de ellos la tormenta rugía fuera de control. La lluvia caía con fuerza. Los truenos caían con estrépito y ocasionales destellos de luz iluminaban el cielo. El tiempo de las tormentas estaba justamente empezando, trayendo el invierno como una venganza, pero no hizo nada para enfriar el rugiente calor entre ellos.
El cuerpo de ella se deslizó atractivamente sobre el de él, suave piel contra los duros músculos de sus muslos y ella apretó las rodillas a cada lado de sus caderas. Deliberadamente, la mirada de ella enlazó la de él, ella elevó el cuerpo sobre el suyo.
– Realmente te amo, Jesse. Tanto que no se que hacer con esto. -Susurró ella.
Él la amaba con cada parte de él. Todo lo que él era.
– No llores, cariño, todavía estás llorando.
Le acunó el trasero, los pulgares acariciándola, el cuerpo tenso, dolorido, demandante. Ella era un calor al rojo vivo, una ceñida vaina exigiéndole su posesión. La impulsó sobre él, introduciéndose a través de su femenino canal, deseando gritar mientras el placer quemaba alrededor y a través de él. Jess olvidó cada cosa que había aprendido nunca sobre el control. Igualó la furia de la tormenta, descontrolada, turbulenta, tremendamente salvaje. La fresca lluvia, su ardiente cuerpo, los destellantes relámpagos, el estallido de los truenos, todo ello mezclado con su unión. La tormenta se fusionó con el salvaje y palpitante ritmo de sus cuerpos.
No quería ver esa mirada de nuevo en su cara. Tan desgarrada. Tan triste. Tan asustada.
– Voy a amarte para siempre, Saber -la sujetó más fuerte, dándole una pequeña sacudida mientras se alzaba más profundo dentro de ella, atándose juntos. Ella estaba tremendamente caliente, sujetándolo ceñidamente, las lisas y sedosas paredes ondulaban, sujetándolo con fuerza y ordeñándolo. Él se inclinó hacia delante, presionando la boca contra su oreja incluso mientras su cuerpo se enroscaba apretadamente-. Si nunca confías en nada más, confía en que te quiero.
Explotó, la cálida liberación lanzó profundos chorros dentro de ella mientras los músculos se convulsionaban a su alrededor. Ella gritó, echando atrás la cabeza, y lloró con la noche. Él dijo su nombre, pero su voz se perdió en el fustigante viento.
Cuando los temblores disminuyeron, Saber yació contra su pecho, exhausta, gastada, incapaz de permanecer derecha, incapaz de moverse lo suficiente para separar sus cuerpos. A pesar del frio, el calor que crecía entre ellos causaba pequeñas gotas de transpiración que se mezclaban con las gotas de lluvia en su piel. El corazón de Jess latía con alarmante fuerza, y tuvo que luchar para controlar la respiración.
Todavía profundamente enterrado en el cuerpo de Saber, Jess giró y se deslizó fuera de la tormenta con seguros y poderosos empujones en las ruedas de su silla. La puerta de la cocina permanecía abierta, evidencia de su apresurada partida. La cerró con suavidad, deslizando el cerrojo en su sitio, el sonido muy definitivo. Saber no se había movido, pegada a él. Los ojos cerrados.
Mientras se deslizaba a través de la casa hacia el baño principal podía sentir su cuerpo agitándose con las réplicas del placer. Sonrió, apoyando la barbilla en la parte superior de su cabeza, y simplemente la sujetó, agradeciendo tenerla. Ellos podrían tener toda clase de cosas àrae resolver, pero se había comprometido con él y no podía pedir más que eso.
Jess giró la silla directamente al amplio y especialmente construido baño, ajustó el agua, y abrió el pulverizador. El agua caliente se sentía maravillosa, disipando el frío de la lluvia nocturna.
Saber lenta y renuentemente desenredó su cuerpo del cuerpo de Jess. La mano de él acunó un lado de su cara, empujando los húmedos mechones de negro cabello de su mejilla. Ella no podía mirarlo, no podía creer que se había comportado tan lascivamente, no podía entender como su cuerpo podía haber sentido tanto placer en tan salvaje acto. Se miró fijamente los desnudos dedos de los pies. Estaba totalmente desnuda, sin traje, ni ropa, en el baño con Jess. Su silla de ruedas estaba chorreando, una débil mancha de lodo estaba arrastrada desde donde sus pies habían tocado el respaldo. La bata de felpa de él estaba empapada y enredada alrededor de sus desnudos muslos y espalda.
Saber se sonrojó, apenas creyendo la evidencia de su salvaje y desenfrenado comportamiento. Jess atrapó su barbilla con firmeza, su sonrisa infinitamente gentil.
– Amándote -susurró él, los pulgares acariciándole la frágil mandíbula, leyendo abiertamente sus pensamientos. Le besó la frente, deslizando la boca sobre la de ella-. Estaba amándote.