– ¡Hey!
Brian frunció el ceño mientras cruzaba la sala a zancadas, cogió a Saber de la barbilla y la levantó para poder inspeccionarle la cara antes de que ella pudiera liberarse de un tirón.
– ¿Qué le pasó a tu cara? ¿Quién te golpeó?
Saber se tocó la mejilla.
– Me olvidé de eso. Se ve peor de lo que es, Brian. Algunas personas atacaron a Patsy, Jess y yo nos metimos y hubo un poco de lucha.
La ceja de Brian se levantó.
– ¿Te metiste en una pelea? ¿y el jefe? ¿está bien? ¿quién iba a pelear con alguien en una silla de ruedas? ¿Y quién querría atacar a Patsy? Es la mujer más dulce del mundo. ¿Está bien?
Saber rió y se hundió en una silla.
– ¿Tienes alguna pregunta más?
– Una docena más o menos -Brian le dedicó una sonrisa reacia-. Pero dime si Patsy está bien.
– Sí. Está en el hospital. Tuvo un ataque al corazón.
Brian palideció.
– ¿Un ataque al corazón? Pero es demasiado joven.
– Creo que tenía un problema cardíaco y con el asalto, su corazón no pudo soportarlo y reaccionó. Está en el hospital y está mejor
Su varonil apariencia se endureció de repente y por un breve segundo pareció asustado.
– ¿Quién la atacó?
Saber se encogió de hombros, tratando de parecer casual.
– No tengo ni idea de quiénes eran -normalmente le gustaba la estación de radio por la noche, sentada en la cabina, hablando con oyentes que no veía, pero estaba tan cansada y tantas cosas habían ido mal, que tal vez no había sido una buena idea venir a trabajar. Ahora estaba estudiando a Brian como si fuera un sospechoso-. ¿Conoces bien a Patsy? No creo que ella viniera a la estación a menudo.
– En realidad Jess me entrevistó para el trabajo en su casa, no aquí en la estación y Patsy estaba allí. Yo era nuevo en la ciudad y ella tomó café conmigo un par de veces. No como una cita o algo así, intentaba ser amable conmigo. Pero me gusta.
Saber le sonrió.
Brian se pasó una mano por su cabello.
– No así. No empieces. Y por lo menos dime si Calhoun está bien. Debe haberse molestado realmente que su hermana fuera atacada.
Saber se sentó en su silla tan familiar.
– Sí, se puede decir que se alteró. Él es bastante impresionante para estar en una silla de ruedas. Me impresionó -ella tocó el micrófono, una costumbre que no podía romper, sus inquietos dedos moviéndose alrededor, teniéndolo todo al alcance de la mano-. Sienta bien estar de vuelta.
– Ese pesado sigue llamándote -dijo Brian-. He estado escuchando las cintas una y otra vez y distorsiona su voz, no mucho pero lo suficiente, por lo que estoy empezando a pensar que se trata de alguien que tú conoces. Y algunas de las llamadas fueron en diferido.
Saber levantó la cabeza.
– ¿Qué quieres decir, en diferido?
– No creo que él esté allí. Creo… -se paró abruptamente y sacudió la cabeza.
– Oh no, no. No puedes pararte ahora. ¿Éste tipo graba su voz distorsionada en una cinta y luego llama a la estación y utiliza la grabación? Eso no tiene ningún sentido.
– Creo que manipula el teléfono para llamar de forma automática, al igual que los telefonistas, y cuando nuestro teléfono responde la cinta se pone en marcha.
– ¿Por qué hace eso?
– Dímelo tú.
Frustrada, Saber le miró furiosa.
– Me estás volviendo loca. Los hombres están locos. ¿Quién dice que ellos son el sexo lógico? Evidentemente has estado pensando en esto y debes tener una teoría.
– No soy lo suficientemente estúpido para decírtela porque es inverosímil. Figúratelo tú misma y dime a qué conclusión has llegado -echó un vistazo al reloj-. Estás en el aire en cinco.
Brian la había gafado por el resto de la noche. No pudo conseguir su ritmo normal. No era un mal espectáculo, pero no brilló, eso era seguro. ¿Por qué habría alguien utilizado un dispositivo para realizar una llamada exigiendo hablar con ella? ¿Y si hubiera aceptado hablar con él? ¿Qué si Brian lo hubiera pasado? Por lo tanto, el objetivo de la llamada telefónica no había sido realmente hablar con ella.
Quienquiera que hubiera irrumpido en su casa probablemente sería la misma persona. Ciertamente, no podría haber dos personas con fijación sobre ella. Entonces, ¿por qué llamar y no estar en el otro extremo del teléfono para hablar con ella si cogía su llamada?
Desvió su mirada de Brian varias veces en el transcurso de las siquientes horas, su cuerpo poco a poco se ponía cada vez más tenso. Estudió su rostro. Tenía una cara varonil, líneas de risa alrededor de los ojos, su boca siempre dispuesta a sonreír. Pero cuando realmente lo examinó, se le ocurrió que esa apariencia varonil podría esconder algo mucho más siniestro. Se le puso carne de gallina.
Hizo otra emisión corta, hablando de nada que pudiera recordar, de pronto su mente se consumió por la realidad de que Brian se movía con gracia y se transportaba a sí mismo como un hombre que podía manejarse solo. ¿Y qué sabía ella realmente de él? Había llegado a la ciudad justo antes de que ella llegara. Y veía a Patsy de vez en cuando. Su pulso retumbó en sus oídos y su boca se secó.
¿La había advertido sutilmente de que podía herir a Patsy cuando quisiera? ¿Cuándo había bajado la guardia lo suficiente como para dejar de sospechar de las personas de su alrededor? Le echó otra mirada: el conjunto de sus hombros, la calma con que se movía. Era bueno en su trabajo, alguien con quien era fácil trabajar, encajaba.
¿En qué estaba pensando? ¿A dónde iba con eso y por qué de repente se sentía tensa y aprensiva? Se mordió fuertemente el labio, distrayéndose lo suficiente que casi perdió su señal. Ante los frenéticos gestos de Brian, envió su suave, susurrante voz de sirena a través de las ondas, hizo un pequeño comentario y presentó el siguiente tema. Todo el tiempo su mente estaba dando vueltas sobre el puzzle, tratando de juntar una respuesta.
Sentía la mirada de Brian sobre ella, se volvió y le miró con furia a través del cristal. Ella le indicó que entrara en la cabina. Brian caminó sin prisas, pareciendo más relajado que nunca.
– Quiero escuchar tu teoría.
– ¿Cuál es la tuya? -Contrarrestó él.
– Si le conozco, evidentemente tiene que disfrazar su voz.
– Exactamente mi sensación -asintió Brian.
Él apoyó una cadera perezosamente contra la consola y la miró desde su elevada altura.
Saber se acercó a él, moviendo su mano hasta que descansó cerca de su brazo derecho por encima de su muñeca. Tamborileó sus dedos al lado de su brazo usando su hábito nervioso para cubrir su movimiento.
– Y si utiliza una grabadora, ¿es posible que él pueda estar en dos lugares al mismo tiempo?
Ella sintonizó el latido de su corazón con el de él, escuchando su ritmo, permitiendo que su cuerpo se sincronizara al de él. Si estaba nervioso, no se mostraba en el ritmo de su cuerpo. El latido de su corazón y su pulso eran constantes. Sus dedos resbalaron contra su piel.
– Si fueras tú, Brian, puedes llamar y estar aquí para responder a la llamada. -Hizo la sugerencia como si sonara casual y verificó si existía incluso una ligera alteración en su pulso.
Él le sonrió abiertamente.
– ¿Yo? Me gustas dulce, pero no tanto. Son un montón de problemas y soy un poco perezoso.
Absolutamente ningún cambio en su ritmo. Si Brian estaba mintiendo sería capaz de pasar por un detector de mentiras sin ningún tipo de problema. No creía que fuese tan bueno. Deslizó sus dedos de nuevo por la superficie de la consola y reanudó los nerviosos golpecitos.
– Fue una idea salvaje, pero en realidad no está mal. Si la persona es alguien que conozco, ¿no sería una buena manera de mantener la sospecha alejada de él? Podría estar conmigo cuando la llamada entrara.
– Si estás pensando en Jess, no puedo ir allí. Estoy seguro de que el hombre es un pervertido, pero si quería convertirse en un bicho raro con tus cosas, lo habría hecho mucho antes de ahora.
Todo en su interior se quedó quieto, pero ella mostró una sonrisa fresca y una máscara serena en su rostro. Joven. Inocente. Tan dulce y vulnerable. ¿Cómo sabía que el intruso había llegado hasta sus cosas? No importaba lo que él dijera para cubrir sus pistas, Brian sabía sobre el intruso y nadie debería tener esa información. No había salido fuera del círculo de los Caminantes Fantasma en absoluto.
– No Jess, tonto -administró el correcto toque de humor.
Ella capturó una visión de su rostro reflejado en el vidrio que la rodeaba, y su corazón saltó. Llevaba su máscara de la muerte. La adolescente inocente. Las malas artes. Sus pequeños dientes blancos brillando en una sonrisa, sus ojos brillantes y amistosos. Despreciaba la máscara, pero era una reacción automática. Miró hacia abajo y se encontró los dedos contra el pulso deél, su cuerpo ya sincronizaba sus ritmos. Incluso sabiendo que él tenía el pulso relajado, que no era el cazador, instintivamente se había preparado para matarle, para eliminar una amenaza si estuviera equivocada.
Saltó tan rápidamente que la silla cayó. De repente quería que Jess la rodeara con sus brazos, protegiéndola a ella o a Brian. ¿En qué estaba pensando? ¿Que podría establecerse con Jess como en un mundo de cuento de hadas y vivir felices para siempre?
– ¿Cuál es el problema, Saber? -Brian se inclinó y recogió la silla, mirándola con perplejidad con el ceño fruncido-. ¿Realmente no estás pensando que somos Jess o yo, verdad? Si tienes miedo llamaré a Brady, Infiernos -puso derecha la silla y levantó las palmas de las manos-. Yo sólo estaba tratando de ayudar. No quería asustarte.
– No, no, Brian -forzó otra sonrisa aniñada-. Tengo un temor irracional a los insectos, y he visto aquella araña -señaló al pequeño arácnido arrastrándose inocentemente por el borde de la consola-. Sólo reaccioné sin pensar
Brian le sonrió burlonamente y utilizó su dedo pulgar para aplastar la araña.
– Nunca esperé una reacción tan infantil de ti.
Saber puso los ojos en blanco y le dedicó una sonrisa forzada.
– Bueno, no se lo digas a nadie.
Le rodeó de vuelta a su silla, manteniendo su ritmo cardíaco bajo control. Le hizo señas para que saliera de la cabina y regresó al micrófono, hablando tonterías y coqueteando un poco antes de introducir la próxima ronda de música.
Su primer pensamiento había sido eliminar la amenaza. Había sido entrenada desde niña para matar y pensó que si se negaba, si simplemente se alejaba, sería como todos los demás. Se había detenido. Pero en todas partes donde fuera tenía que enfrentarse a ella misma y era una asesina, una asesina entrenada. Cada uno de sus instintos era destruir la amenaza.
Echó un vistazo a través del cristal a Brian. Estaba bromeando con Fred, el portero. El amable hombre mayor limpiaba la estación todas las noches, y Brian siempre, siempre, hablaba con él. Lo trataba con respeto. Incluso le llevaba comida, algunas cosas que había encontrado y pensaba que Fred podía necesitar. Brian incluso llegó con Les, el hombre que tomaba su puesto de trabajo durante el día.
Nadie llegó junto con Les. Se mantenía solo, era grosero e insultante con las mujeres y estaba resentido por tener que trabajar y recibir órdenes de un hombre en una silla de ruedas. Era bueno en su trabajo, pero básicamente era simplemente espeluznante…
Su aliento se aceleró. ¿Les? ¿Podría ser Les? Pero si había sido Les, ¿cómo sabía Brian que el intruso había arruinado su ropa? Patsy no lo sabía. Sólo los Caminantes Fantasmas y… cogió el teléfono. Jess respondió al tercer timbrazo.
– Hey, una pregunta rápida -echó un vistazo a su alrededor para asegurarse de que nadie podía escucharla. Brian estaba ocupado con Fred, sin prestarle atención-. ¿Quién sabía sobre el trabajo de destrucción en mi habitación?
– El equipo por supuesto.
– ¿Podrían haber dicho algo?
– No, por supuesto que no. ¿Por qué? -La voz de Jess se llenó de sospechas.
– Por ningún motivo. Estoy intentando resolver cosas ¿Alguien más lo sabe? Patsy, ¿por ejemplo?
– ¿Cómo diablos lo sabría Patsy? Lily y Eric lo sabían. Yo les informé cuando hablamos de… -él se detuvo, dudando y a continuación añadió-. Cosas.
– Tú me entiendes. Me discutes.
– Entre otras cosas. Eres demasiado sensible, Saber.
– Bueno, ¿cuántas personas saben acerca de ti, Jesse? ¿No tú puesto de SEAL sino lo de los Caminantes Fantasmas? ¿Patsy? ¿Tus padres? ¿Quién lo sabe? ¿Quién sabe sobre ti?
– ¿Qué te pasa esta noche?
– No puedo hablar ahora, tengo que hacer un programa.
Colgó, furiosa de nuevo. Maldito él por compartir su vida con los demás. Ella no los conocía. No confiaba en ellos. No eran parte de su mundo.
Brian llamó a la ventana y levantó las palmas como en una pregunta. Jurando por lo bajo, se apoyó hacia el micrófono y comenzó otro comentario, mientras su mente se revolvía entre una multitud de posibilidades o de ninguna en absoluto. ¿Cómo lo había averiguado Brian? Tenía que ser el intruso, pero seriamente, le estudió de nuevo a través del cristal, eso no cuadraba. Nadie que fuese tan asqueroso podría mantener ese tipo de farsa mucho tiempo, ¿verdad?
Se alegró cuando dieron las tres. Iba a tener que hablar de ello con Jess. Sólo la posibilidad de estar en estrecho contacto con un hombre que había irrumpido en su casa y había violado su intimidad de forma tan obscena hacía que su interior se retorciera.
Brady, el guardia de seguridad, la esperaba para acompañarla a su automóvil. Brian se paró a dar las buenas noches a Fred y Saber soltó un suspiro de alivio. No quería otra prolongada charla con él antes de que tuviera la oportunidad de hablar con Jess.
– Fue un buen programa -la felicitó Brady-. Lo he escuchado mientras hacía mis rondas.
Ella le echó un fuerte vistazo. Ahora estaba paranoica. Brady era amigo de Jess desde sus días como SEAL. Había sido un SEAL e iniciado un servicio de seguridad. ¿Por qué no iba a escuchar su espectáculo mientras hacía sus rondas? El trabajo tenía que ser aburrido la mayor parte del tiempo.
Forzó una cansada sonrisa.
– Gracias. No he estado como de costumbre por lo que me complace que el programa no sonara demasiado mal.
Brady era un gran hombre y ligero sobre sus pies. Tenía los inquietos ojos de muchos de los SEAL, escaneando a su alrededor a medida que cruzaban el parking hacia su coche. Ella se quedó cerca, acariciando con su mano el brazo de él de vez en cuando, un toque tan suave de modo que apenas se sintió, pero fue suficiente para sentir el ritmo de su corazón.
Saber tomó aire, lo dejó ir, concentrándose en sus pasos hacia el coche, todo el tiempo mirando a Brady, consciente de cada movimiento corporal. La tensión crecía y no podía detenerla. Todo se sentía mal. Un paso fuera de lugar, pero ella no estaba segura de por qué. El tiempo se frenó, se ralentizó, mientras su corazón latía al mismo ritmo que el de él. Brady era su guardia. La había acompañado a su coche durante casi un año y, sin embargo, de repente, ya no se sentía segura con él.
– ¿Qué es, Saber?
Su voz era tranquila. Sintió la preocupación de él y se obligó a sí misma a sonreír de nuevo.
– No sé. Estoy un poco nerviosa.
Brady puso su mano en su brazo y la mantuvo detrás de él mientras se acercaban a su coche.
– Deberías haber dicho algo. Cuando piensas que algo está mal, normalmente es así -cogió el arma de su hombro y avanzó hasta su coche.
– Brady, volvamos dentro -dijo Saber-. Me siento expuesta aquí.
Había poca cobertura en el estacionamiento. Algunos árboles y arbustos se extendían por allí, pero la mayoría era asfalto. Echó un vistazo tenso a su alrededor.
Brady inmediatamente caminó de vuelta con ella. La bala lo alcanzó en el muslo y le hizo girar. Se cayó, su gran cuerpo extendido, pero su arma todavía seguía firme en su mano como una roca. Saber se lanzó al suelo y se arrastró hasta donde estaba él.
– Ponte a cubierto.
– ¿Cómo es de malo? -puso ambas manos sobre su corazón para sentir la magnitud de los daños.
Brady la empujó.
– Él va a venir a terminar conmigo. Se va a desatar el infierno aquí Saber. No hay cobertura.
Ella le cogió del brazo.
– Empuja con los pies. Rápido.
– Déjame. Tienes que salir de aquí -pero empujó con sus talones mientras ella lo arrastraba entre los coches.
– Dispara a las luces.
Los cristales se hicieron añicos, lloviendo desde las cuatro esquinas de la parcela.
– Bueno, al menos eres bueno disparando -ella renovó su agarre del brazo-. Mantente en movimiento.
– Espero que tengas un plan.
– Siempre tengo un plan -Saber continuó arrastrándole, permaneciendo agachada-. Deja que el atacante piense que nos refugiamos entre los coches. Puedo ver en la oscuridad como un gato, Brady. Mantente en movimiento, solo tenemos que llegar al borde de aquí.
– Hay un desnivel.
– Sí, lo sé -había estudiado a fondo la zona durante el último año, manteniendo el paisaje en su memoria en caso de que tuviera que escapar rápidamente. Ella se figuró esta posibilidad.
– Saaaaber… -la voz sonaba misteriosa saliendo de la oscuridad-. Saaaaber
– Fantástico. Es el donante de esperma. Sheesh.
Brady amortiguó un resoplido.
Saber tiró de su brazo más fuerte, maldiciendo en silencio por no tener el tipo de fuerza necesaria para cargar hombres. Whitney la había mejorado físicamente, pero más con la habilidad de saltar, de meterse a ella misma en un agujero, encajando en espacios pequeños. Su fortaleza era más que suficiente para levantarse a sí misma y colgarse durante largos períodos de tiempo por su propia mano, pero Brady era casi un peso muerto. Ella estaba empezando a sudar, temiendo que no podría hacerlo.
– Cuando esto termine, pierde un poco de peso, Brady -siseó en su oído.
– Es todo músculo, señora.
Había poca luna, de modo que él no puedo apreciar su levantamiento de ceja. Ella podía ver la mancha extendiéndose ahora, tiñéndose de negro en la oscuridad.
– ¿Qué pasa con los SEAL? ¿Todos tienen que ser tan machos?
Estaba hablando más para distraerse a sí misma de la tarea de tirar del gran cuerpo de Brady y el temor de una bala perdida. Se mantuvo lo más cerca posible de los coches mientras le arrastraba a la explanada. Tenían que ir lentamente y no llamar la atención. Esperando que su atacante se concentrara en ver entre los coches. No tendría sentido para ellos tratar de permanecer ocultos y los coches eran la única cobertura disponible.
– Saaaaber…
La llamada llegó de nuevo. Distorsionada. Burlona. Preocupada.
Se quedaron en silencio, caminaron con minuciosa lentitud a través de los diez pies de separación del asfalto al terreno próximo. La hierba se mantenía baja alrededor de los lados del estacionamiento para reducir al mínimo el riesgo de incendio.
– Estate preparado con tu pistola, Brady -susurró-. Vamos a estar muy expuestos aquí. Espero que pueda conseguir arrastrarte hasta el césped sin que nos vea. Eso va a doler como el infierno ¿éstas listo?
Brady se apoderó de su arma y asintió.
Saber se apoyó en la acera, manteniéndose lo más abajo posible. Enganchó a Brady por debajo de sus brazos y suspiró, arrastrándole a lo largo de los baches. El aliento salió de su cuerpo de forma precipitada, pero permaneció en silencio, ya que cayó hacia atrás sobre el césped. Lucharon por respirar, Saber debajo de la mitad superior del cuerpo de Brady.
Ella puso su boca contra su oreja.
– Hay una repisa, una grande, justo detrás de nosotros. Voy a tratar de llevarte allí. Vamos a tomarnos un minuto para descansar -podía sentir el rápido latido del corazón de Brady. Su pulso estaba alterado. Estaba a punto de entrar en shock. Su piel estaba húmeda-. ¿Puedes colgarte de mí un poco más, Brady? Te conseguiré ayuda lo antes que pueda.
Brady le dirigió una breve sonrisa.
– Mi trasero es un poco sensible, señora.
A pesar de la gravedad de su situación, se encontró sonriendo de nuevo.
– Vamos hombre duro, vamos a movernos.
Todo el tiempo estaba escuchando los sonidos, cualquier cosa que pudiera decirle donde estaba su atacante. Miraba el estacionamiento mientras arrastraba a Brady hacia atrás. Ahora que habían estado un tiempo en la oscuridad, los ojos se le ajustaban, lo que no era bueno. Sentía la necesidad de avanzar más rápido, pero se obligó a sí misma a mantener un ritmo lento.
Vio pasar una figura, corriendo por el lado del edificio a refugiarse en uno de los árboles. Su corazón saltó. Respiro y permitió que la adrenalina le diera la prisa que iba a necesitar.
– Él está por el más pequeño de los árboles que están más cerca de la estación. Mantén tus ojos en él. Si va para el automóvil, ¿puedes acertarle? ¿Eres bueno con la pistola? Porque, en serio, si no lo eres, yo sí. La cosa es sin embargo, que me pondré muy enferma, realmente enferma por matar.
Él se mantuvo en silencio por un momento, su sonrisa se ensanchó.
– ¿Cómo de buena eres con una pistola?
– He entrenado con una gran cantidad de armas y estoy calificada como una experta.
– Estás llena de sorpresas. Y cruel como una serpiente. ¿Quieres a ese hijo de perra muerto, no?
– Quiero que se vaya. Y no quiero tener que preocuparme de que vaya a venir a por mí de nuevo. -Ella no conocía ninguna otra forma de disparar que disparar a matar.
Estuvieron acertados con lo de la cornisa. No quería dejar a Brady en el otro lado hasta que disparara o le diera el arma. Sólo tenían un disparo. Una vez hubiera descubierto su posición, tenía que distraerle, llamarle y alejar al atacante de él. Su única esperanza era que el loco no quisiera matarla de inmediato. Independientemente de lo que era o de quién fuera no tenía nada que ver con el ejército y la investigación realizada por Jess. El hombre era un acosador, su acosador.
Permanecieron tumbados en la fina hierba, deseando que el hombre fuera hacia los coches. Llamó de nuevo a Saber, el sonido era tan extraño que se dio cuenta de que tenía que estar utilizando un dispositivo para distorsionar el tono de voz lo suficiente para disimularlo. Ella le conocía. Siempre identificaba a las personas por su biorritmo particular, la forma de su cuerpo es única. Tenía que desconectarse de todo lo demás y sólo escucharle a él si quería reconocerle. Y eso significaba que no podía hacerlo hasta que no se alejara lo suficiente de Brady para que su ritmo cardíaco no interfiriera.
Para ella todo era una corriente eléctrica, una especie de código, y sabía que si podía llegar lo suficientemente cerca, su cuerpo podría recoger el ritmo de su perseguidor.
– Se está moviendo -dijo Brady.
Parpadeó intentando mantener a la sombra en el punto de mira. Él dio un par de tentativos pasos. Brady alzó el arma.
– Podría ser capaz de acertarle -dijo-. La furgoneta de la empresa le está bloqueando, pero podría etiquetarle si sale a la luz.
– No te lo pienses más si crees que puedes.
La hojeó con un rápido vistazo y a continuación, pasó a buscar una mejor posición. Su mano estaba temblando. Gotas de sudor en los ojos.
Su atacante se agachó, miró a izquierda y derecha, y luego corrió hacia el automóvil. El sonido de sus botas golpeando el asfalto parecía demasiado fuerte en el silencio.
Saber tomó la pistola de la mano de Brady, apuntando, y apretando el gatillo. La bala dio al hombre lanzándole hacia atrás. El sonido de los balazos reverberó a través del parking. Él gritó y disparó varias rondas mientras se mantenía agazapado, disparando como un loco. El aluvión de balas dio en los coches y los árboles y entró en la tierra, pero no se acercó, a ellos.
Saber se puso de pie. Tenía muy poco tiempo. Ya la violenta energía se apresuraba a golpearla. Brady intentó capturarla con una mano extendida, pero ella le rozó y corrió hacia el hombre derribado, el arma firme sobre él. Tenía que terminar con él antes de que la energía la golpeara y se hundiera. No había nadie más para proteger a Brady y su herida era grave.
– ¡No! -Brady la llamó bruscamente.
Ella era consciente de que él luchaba para cogerla de los pies, pero no podía quedarse y ayudarle. El hombre herido golpeaba el terreno, maldiciendo en voz alta, y ella asió el arma con más fuerza, su estómago debatiéndose. Deseaba que girara la pistola hacia ella. No quería matarlo a sangre fría como un asesino. Quería que fuera al menos en defensa propia.
Hizo ruido cuando corrió, deliberadamente pisó con fuerza, con la esperanza de que levantara el arma, pero él gritó y rodó por el asfalto. Saber resbaló al detenerse, levantó la pistola, miró a la cara del hombre que había violado el santuario de su casa.
– Les -dejó salir su respiración, un poco conmocionada de que el técnico de sonido de día pudiera haber estado acechándola las últimas semanas. Apenas hablaba con ella, de hecho las raras ocasiones en que trabajaron juntos, fue arisco y cruel.
Él escupió maldiciones, la pistola todavía en su mano, pero no la levantó, sólo tamborileó con sus tacones contra el asfalto con furia, casi con demencia. Ella podía ver que estaba herido en el estómago. El dolor tenía que ser insoportable.
– ¡Saber!
Si iba a matarlo, tenía que hacerlo ahora, apretar el gatillo y acabar con él, pero no podía. Permaneció de pie estremeciéndose, la energía arremolinándose a su alrededor en negro y rojo, tragándola hasta que su visión se oscureció y cayó de rodillas.
Brian corrió detrás de ella. Sentía una terrible agitación en el estómago, el martilleo de su cabeza había disminuido significativamente. Cuando él puso su mano sobre su hombro, desapareció por completo.
– ¿Estás bien?
– Brady está herido. Tenemos que llamar a una ambulancia.
Él se agachó y la ayudó a levantarse, cogió el arma y la guardó en su cinturón.
– ¿Te ha herido?
– No. Pero él era el que llamaba y el que irrumpió en mi casa e hizo esas repugnantes cosas en mi habitación. No entiendo esto.
– ¿No? Les fue enviado por el doctor Whitney para espiarte e informarle de ti.
Brian extrajo una pistola de debajo de su hombro y pateó a Les con el talón de su bota mientras Saber permanecía allí, con la boca abierta en shock.
– ¿Cómo sabes eso? ¿Quién eres?
– La teoría era que ni tú ni Jess haríais mucho caso de alguien que no estuviera genéticamente realzado. Y no lo hiciste. Era una especie de prueba, y ambos fallasteis. Tú siempre le disgustaste, pero no te molestaste en averiguar por qué. Eso es una debilidad, Saber.
Cogió la pistola, apuntó y disparó. Un agujero floreció en el centro de la frente de Les. Saber saltó y retrocedió horrorizada.
– Debiste matarlo. Nunca estarás a salvo mientras él esté a tu alrededor. Ha ido empeorando durante meses. Se obsesionó contigo.
– Brian -Saber inhaló bruscamente, tratando de mantener el pánico bajo control. Él no estaba lo suficientemente cerca para tocarle. Y mantenía los ojos fijos en ella-. ¿Trabajas para Whitney?
– Tú ya sabes la respuesta a eso y se te debía haber ocurrido por qué estabas tan cómoda en el trabajo -había una clara reprimenda en su voz.
– Eres un ancla -él era la razón por la que ella no estaba retorciéndose en el suelo con martillos neumáticos golpeando en su cabeza por las secuelas de la violencia.
– Y un escudo -destelló una rápida sonrisa-. Uno de los raros como tú.
Ella levantó la barbilla y dio otro paso atrás.
– Tendrás que matarme Brian, porque no voy a volver.
Su ceja se enarcó.
– Si quisiera que volvieras, te habría golpeado en el trabajo y habría hecho el trabajo.
– Me gustabas, Brian. Eres muy bueno en lo que haces.
– No tengo por qué dejar de gustarte. No soy diferente de ti. Hago un trabajo. Mi trabajo era buscarte y lo he hecho. La próxima vez que tengas a un gusano en el suelo, Saber, acaba con él. Te han enseñado a hacerlo. Sólo porque no quieras trabajar como una asesina no significa que toda tu formación debiera desaparecer. Debes ser capaz de mantenerte con vida.
Brian echó un vistazo a Brady.
– Tengo que irme. Hay un par de personas que quiero ver antes de largarme
Ella dio un paso hacia él.
– No a Jess.
– Por supuesto que no a Jess. Da marcha atrás, Saber. No quisiera tener que golpearte. No me gusta ver hematomas en ti. Voy a ver a Patsy, sólo para asegurarme de que está bien. No voy a ir tras Jess.
– Ella tiene guardias consigo -Saber se sintió obligada a señalar. Brian le gustaba. Pensaba en él como un amigo. Y se sorprendió de que hubiera trabajado con él noche tras noche, y ni una sola vez hubiera caído en el hecho de que fuese un Caminante Fantasma trabajando para Whitney.
– Él es malvado Brian. Tienes que saberlo.
– Soy un soldado, Saber. Igual que tú. Acato órdenes.
– ¿Tú no estás en su programa de reproducción?
– Eso es un rumor, nada más.
Ella sacudió la cabeza.
– Te estás mintiendo a ti mismo, porque no deseas que sea cierto. ¿Por qué crees que me dejó ir? Quiere que Jess y yo tengamos un bebé.
En la distancia escucharon el gemido de las sirenas. Brian no apartaba la vista de ella. En sus ojos, en su cara, vio respeto, el respeto de un compañero soldado, admiración por lo que ella podía hacer.
– Yo hago mi trabajo, Saber. Voy a donde me dicen y llevo a cabo las órdenes. Voy a ver Patsy y luego me iré. Mantente alejada de los problemas.
– Brian, obtén otra adignación. Cualquiera, sin Whitney. Pide que te transfieran a uno de los equipos de Caminantes Fantasmas. Alguien está afuera para matarnos a todos nosotros y no tenemos ni idea de quién es. Whitney no, pero alguien lo suficientemente alto, que puede hacer un desastre con las misiones. Algunos Caminantes Fantasmas han sido enviados a misiones suicidas. Debes saberlo y todos los hombres de tu equipo deberían ser conscientes de que es así -hablaba rápido, manteniendo su voz baja, consciente del portero y de otros dos titubeantes guardias de seguridad viniendo hacia ellos.
Él le sonrió.
– Cuídate. Tengo que irme antes de que llegue la policía. Mantente a salvo, Saber. Y no bajes la guardia.
Ella iba a echarle de menos. Le miró caminar cerca de Brady y retuvo el aliento cuando se agachó, cogió un vendaje de su chaqueta y le puso la pistola en la mano a Brady. Brian fue hacia la ladera de la montaña, utilizando exactamente la misma ruta de escape que Saber tenía preparada meses antes. Él tendría un coche y un paquete escondido cerca.
Corrió hacia Brady y se arrodilló a su lado. Desgarró el envase con los dientes. Destrozó el material de sus pantalones. Su muslo estaba empapado de sangre.
– Aquí, dámelo. El personal paramédico estará aquí en cualquier momento.
– Brian es un militar -dijo Brady-. Hombre, no lo capté. Se mezcló de manera perfecta.
Eso era lo que un Caminante Fantasma como Brian hacía. Un camaleón, convirtiéndose en lo que se esperaba de él. Ella sacudió la cabeza. Había oído hablar de ellos, por supuesto, pero Brian era el primero que había encontrado. Podían convertirse en cualquiera.
– Sí, es militar.
– Ejecutó al hombre.
Ella no respondió, pero se sentó de nuevo, frotándose la cara con la mano, agotada. Sin Brian alejando la energía de ella, sintía las secuelas, aunque la mayor parte ya estaba dispersa. Estiró la mano.
– ¿Tienes un teléfono móvil?
Porque todo lo que quería hacer era hablar con Jess, escuchar el consuelo de su voz.
Brady se sentó en el suelo a su lado.
– Mi bolsillo.
Ella le echó un vistazo bruscamente. Estaba de color gris, con perlas de sudor en su rostro.
– ¡Hey! Más vale que no estés pensando en morirte sobre mí.
Alarmada, se inclinó sobre él y presionó con los dedos su pulso. A la vez sintió el ritmo de su cuerpo. Pudo leerle fácilmente ahora, después de trabajar con Patsy y Jess. Estaba perdiendo demasiada sangre demasiado rápido. Jurando, se arrodilló a su lado.
– Cierra los ojos y trata de relajarte. Vas a sentirte templado, tal vez incluso caliente.
Una tenue sonrisa le dijo que quería darle un chasquido en respuesta, pero no tenía energía para pronunciarlo.
Ella envió una corriente tentativa, leyendo la información hasta que se encontró con un pequeño corte en la arteria. Se cerró a todas las vistas y los sonidos y envió un pequeño pulso de calor para reparar el desgarro. La corriente eléctrica estimulaba las células para acelerar el proceso de reparación, mientras cerraba la arteria.
Brady capturó su muñeca cuando ella se hundió de nuevo en sus talones.
– ¿Qué eres?
Ella le sonrió.
– Soy alto secreto, amigo. -Y podía salvar vidas, así como podía quitarlas.
Encontró el teléfono móvil y lo abrió para llamar al hombre con el que necesitaba compartir esas noticias.