CAPÍTULO 5

– Levántate, Saber -dijo Jess desde el fondo de la escalera-. Sé que puedes oírme. Ven aquí abajo.

Tenía que verla. Era patético lo mucho que la necesitaba, la alegría que traía a su vida.

– Lárgate -su voz sonaba amortiguada, confirmando sus sospechas de que ella tenía las mantas sobre la cabeza para bloquear la luz del sol-. Acabo de acostarme.

Saber no estaba segura de poder mirarle a la cara. La idea de que hubiese intentado matarle, la había mantenido despierta toda la noche. ¿Y que si no hubiese intentado usar el cuchillo? Él nunca lo habría sabido, nunca habría sido capaz de defenderse a sí mismo.

– Es culpa tuya que no te acostases anoche. Y puedes olvidarte de cualquier muestra de simpatía por mi parte. No después de la manera en que me despertaste a las cinco de la mañana con esa porquería a la que llamas música.

Ella le respondió con total silencio. Estaba avergonzada de su falta de control. Cubrió su cara con las manos y podría haber llorado de desesperación.

Escaleras abajo, Jess suspiró.

– En serio, cara de ángel, si no bajas en cinco minutos, subiré por ti. Y si me das algún problema, no te gustarán las consecuencias. -Amenazó.

La oyó revolverse, refunfuñar. Algo golpeó la pared y sonrió. Saber bajó al vestíbulo descalza, frotándose somnolientamente los ojos con sus puños. Apoyó la cabeza en el pasamanos, su brillante pelo, una intrigante masa de rebeldes rizos. Llevaba puesto lo que parecía ser una de sus viejas camisas, una que estaba seguro haber tirado recientemente. Pensar en ello le hizo sonreír.

– ¿Qué quieres exactamente Rey Dragón? Porque esto es un comportamiento totalmente incivilizado -acusó ella-. Incluso para ti.

Ella se veía increíblemente pequeña y femenina, sus enormes ojos tan somnolientos que parecían ser una abierta invitación a la tentación. Parecía pecaminosa y sexy, las dos cosas juntas, su cuerpo respondió del modo ya habitual, endureciéndose y doliendo con una demanda que temía, nunca sería completamente satisfecha.

– Mi fuerza de voluntad se está acabando -refunfuñó él.

– ¿Qué? -Saber lo miró más confusa que nunca-. Jess, lo que estás haciendo no tiene ningún sentido. No es que piense que lo que haces normalmente tenga sentido, pero es que es sólo mediodía. Para mí mediodía es lo mismo que las tres de la mañana para cualquier otro. Estoy en el modo "sueño profundo". No me importa lo mono que te veas, lárgate y deja de molestarme.

– Para de quejarte y baja aquí. Patsy está de camino. -¿Mono? ¿Ella le encontraba mono? Como algún osito de peluche. Lo que era peor que si le hubiese llamado dulce. Iba a enseñarle lo mono que era, si seguía mirándolo de esa manera.

– ¿Patsy? -Saber gimió y sacudió la cabeza-. Oh, Jess, no. No puedo enfrentarme a tu hermana sin haber dormido. Ella piensa que tengo diez años y que eres un pervertido que arruina mi virtud.

– Bueno, no te sientas mal. Normalmente, ella piensa que la mujer es una vampiresa que anda tras mi virtud, por lo que tú eres la afortunada esta vez.

Ella se sentó en lo alto de la escalera, alisando el faldón de la camisa sobre sus rodillas, su pelo cayendo salvaje y sus pestañas entrecerrándose.

– Pobre Patsy. Ella siempre intentando buscar a alguien, me gusta, realmente me gusta, pero es… -se paró, buscando la palabra correcta para describir a su hermana mayor.

Él se encontró sonriendo. Ella siempre lograba hacerle sonreír.

– ¿Un cartucho de dinamita? Vamos, pequeña, tómate una ducha y come algo. En el tiempo que echa en llegar hasta aquí, estarás en plena forma.

– Nunca estaré en plena forma con Patsy cerca -refunfuñó-. ¿No podemos fingir que no estoy aquí? Puedo permanecer aquí arriba durmiendo -Patsy era maravillosa y muy cariñosa, pero quería cuidar de Saber. Nadie había intentado nunca cuidar de ella. Era una persona muy solitaria y la gente que la rodeaba siempre evitaba tocarla, por una buena razón. Patsy, sin embargo, no tenía ni idea de lo que era el espacio personal. Abrazaba y besaba y generalmente trataba de dirigir la vida de Saber, de la manera más agradable posible por supuesto, y quizás ese era el mayor problema. Saber era cada vez más cariñosa con ella también.

– ¿Y dejarme enfrentarme a ella sólo? -Se burló Jess-. De ninguna manera. Ni de coña. Vístete y trae tu muy imponente culo aquí abajo -Jess se frotó la sombreada mandíbula pensativamente-. Debería afeitarme.

– Jesse -lloriqueó Saber, intentando no estar demasiado encantada con su comentario de "muy imponente culo"-. Porqué me arrastras a esto. Ella es tu hermana. -Él se veía estupendo. Traía la luz del sol a su vida. Y la hacía sentirse especial, como si no pudiese vivir sin ella. Ella le quería. Le amaba. Le deseaba.

– Eres mi ama de llaves. Echarme una mano con los invitados, es parte de tu trabajo. Y ahora deja de ser una pequeña caprichosa y baja aquí.

Saber le lanzó una mirada furiosa cuando lo que quería era echarse a reír, sólo porque él era increíblemente guapo y no le guardaba ningún rencor porque hubiese intentado apuñalarle.

– Me debes una buena por esto, Jess.

Jess, con pesar, se giró dándole la espalda, aunque la visión de ella permaneció en su mente. Saber no podía haber estado más bonita aunque hubiese pasado todo el día encerrada en un salón de belleza con un equipo de expertas estilistas. La vista de sus esbeltas, desnudas piernas, y su suave y fresca piel, ponía demasiados pensamientos eróticos en su cabeza.

Saber estaba enamorada de él, sólo que no lo sabía. Se frotó la mandíbula, esperando tener razón. Era feliz cerca de ella. Amaba sus extrañas conversaciones y sus causas. Le encantaba ver las expresiones pasar por su cara. Tenía que estar enamorada de él. Ella corría en todas direcciones excepto hacia la única hacia la que debería ir. Ella encajaba con él, y fuese el momento oportuno o no para cualquiera de los dos, iba a asegurarse de que permanecía donde pertenecía.


Patsy Calhoun era una mujer alta, curvilínea, con una generosa boca y abundante pelo oscuro derramándose alrededor de su cara en un suave barrido femenino que enfatizaba sus pómulos. Normalmente, estaba sonriendo y parecía sofisticada y en absoluto control, pero cuando Saber abrió la puerta, se apoyó contra la pared llorando.

Saber miró atrás, a dentro de la casa, buscando con desesperación a Jess, pero él estaba en la cocina, preparando el té para su hermana.

– ¿Qué pasa? -Sonaba más preocupada que compasiva, porque la asustaba ver a Patsy llorando. Colocó una consoladora mano sobre el brazo de la mujer mayor, sintiéndose inadecuada pero queriendo ayudar. En el momento en que ambas entraron en contacto, una instantánea punzada de conciencia bajó por la columna de Saber.

– Lo siento -Patsy miró abajo, hacia ella, desbordada de lágrimas-. Creo que estoy más afectada de lo que pensaba.

Saber envolvió su brazo alrededor de la hermana de Jess y la incitó a entrar en la casa. Patsy estaba temblando, y la punzada de conciencia era ahora un completo ataque a sus sentidos. Cerró la puerta y llevó a Patsy hasta la cocina.

Jess levantó la vista, la sonrisa se le cayó de la cara.

– ¿Qué pasa, Patsy? -Su voz estaba calmada, pero sus ojos eran agudos y penetrantes. Maniobró rodeando las sillas y cogió las manos de su hermana-. Dime, cariño.

Patsy se hundió en una silla.

– Lo siento, estoy comportándome como una tonta. Es sólo que… -las palabras se desvanecieron y empezó a llorar silenciosamente.

Saber le consiguió inmediatamente un vaso de agua. Cuando se inclinó sobre el hombro de Patsy para pasarle el agua, sintió el zumbido de una vibración de bajo nivel saliendo de la mujer. Manteniendo la expresión de su cara, descansó una mano sobre el hombro de Patsy e ignoró su alteración para encontrar el ritmo del cuerpo de Patsy. Sospechaba que conocía qué tipo de energía era.

– ¿Patsy? -Jess se inclinó hacia su hermana-. Simplemente dímelo, cariño.

– Pasé por la emisora esta mañana -la mano de Patsy tembló cuando levantó el vaso de agua a sus labios y tomó un sorbo-. Es la primera vez que he estado allí desde que perdí a David.

Jess miró a Saber.

– David era el prometido de Patsy.

Patsy asintió.

– Poseo la emisora con Jess y pensaba que debería empezar a tomar interés otra vez, entonces, entré y deambulé por allí. Me afectaba, pero realmente me parecía que ya era hora.

– Eso está bien, cariño -la animó Jess.

Ahora Saber recogía ambos ritmos, el de Jess y el de Patsy, porque Jess estaba sosteniendo la mano de Patsy. Era interesante que fuesen tan diferentes. Ser hermanos, por lo visto, no hacía que sus biorritmos individuales, fuesen similares. Jess emitía un latido muy fuerte y estable, la sangre moviéndose a través de su cuerpo con un flujo y un reflujo que sugerían poder. Patsy… Saber frunció el ceño, no le gustaba el ritmo. Algo no iba bien. La sangre no parecía moverse en la manera en que debería. Cogió aliento e intentó ahogar el latido de Jess así como la pequeña y extraña vibración, así podría atrapar el flujo de la sangre de Patsy, los ecos de las partes del corazón.

– Estuve hablando con algunos de los hombres y luego me fui. Conducía bajando por el tortuoso camino que conduce a la carretera principal, y justo cuando me estaba aproximando a aquella curva cerrada… -la voz de Patsy se entrecortó otra vez.

Jess alejó su mano para conseguirle una pequeña toalla del fregadero. Lo que permitió a Saber alinear el ritmo de su cuerpo con el de Patsy. Si, había un susurro definitivo que no debería estar allí cuando la sangre fluía a través de una de las cámaras de su corazón, como si no pasase a través correctamente y diese marcha atrás. Además de eso, Saber podía recoger aquella extraña vibración, la energía baja y sintonizada con…

Se enderezó, encubriendo un grito de alarma. Los tonos exactos de Jess. El receptor, en algún lugar del cuerpo de Patsy, estaba sintonizado para buscar exactamente el tono de Jess. Inhaló y exhaló, empujando el aire a través de sus pulmones. Las advertencias de Chaleen estaban fundadas. Alguien quería saber acerca de la investigación secreta de Jess, lo suficiente como para usar a su hermana para introducir un receptor en la casa.

– Tómate tu tiempo, Patsy -indicó Jess-. Dime qué pasa.

– Estaba aproximándome a la curva. La tomé muy despacio y sabía que estaba un poco agitada, siempre lo estoy, pero este SUV salió de ninguna parte, de un pequeño camino de tierra, directamente cruzó la curva y golpeó mi parachoques. Mi coche fue girando en dirección al acantilado. Casi me salí, Jess. Me paré al lado del guardarail. El SUV siguió su camino.

Los rasgos en granito de Jess se marcaron tanto que parecía como si hubiese sido esculpido en piedra. Hubo un repentino tenso silencio. Las paredes de la habitación parecieron expandirse y contraerse, y el corazón de Saber saltó cuando el suelo bajo sus pies vibró ligeramente. Miró a la mesa de centro y vio a los artículos levitar, moverse y temblar. El poder surgió en la habitación. Energía. Vio la mano derecha de Jess curvarse despacio en un apretado puño.

Jess Calhoun no era SEAL. Al menos no era un SEAL normal y corriente. Por un momento no pudo respirar. Incluso su cerebro se congeló. Él movió las paredes, el suelo y los objetos sobre la mesa. Él había estado involucrado, muy involucrado, en el proyecto de los Caminantes Fantasmas. Y alguien en ese proyecto, alguien que sabía sobre ese proyecto, era su mortal enemigo. Nunca había sentido dolor cerca de él, nunca se había preocupado por dolores de cabeza y los problemas que acompañaban a las habilidades psíquicas. Pensaba que era la casa, o el hecho de que ellos simplemente encajaban, pero él tenía que ser un ancla, un Caminante Fantasma que apartaba la energía de los demás.

Tenía que estar entrenado. Y ser muy experto. Habían vivido en la misma casa durante meses y ella nunca lo había sospechado. Siempre sabía cuando un Caminante Fantasma andaba cerca. Emitían un campo de energía diferente. ¡Maldita sea! Su mirada se deslizó a la ventana, a la puerta, calculando la distancia. ¿Y que pasaba con su equipo de emergencia con su dinero y sus cosas importantes? ¿Podría ir a por ello? ¿Se atrevería a perder tiempo en cogerlo? ¿Tenía tiempo para empaquetar todo lo que le importaba?

Si Patsy se derrumbaba, Jess concentraría su atención allí y eso le daría una oportunidad para escapar. ¿Sospechaba él que ella lo sabía? Tenía que actuar con naturalidad. Tenía que parecer como si solo estuviese preocupada por Patsy y por su seguridad. ¿Y qué había pasado realmente? Saber sacudió la cabeza, tratando de despejar el cerebro. Patsy tenía una especie de micrófono en su bolsillo sintonizado con Jess, no con ella, por lo que ¿qué significaba eso? Tenía que pensar.

– Volveré ahora mismo -Saber dirigió una pequeña seña a Jess, esperando que simplemente la dejase irse.

– ¿Dónde vas? -Patsy cogió su mano.

– Quiero echar un vistazo rápido a tu coche, cariño -dijo Saber-. Sólo me llevará un minuto -porque si Patsy decía la verdad, habría evidencias.

Jess se arrimó a su hermana.

– Estarás bien, Patsy.

– Lo sé, es sólo que fue tan extraño que sucediese en el mismo sitio dónde perdí a David, casi como si estuviese destinado a pasar.

Saber estaba saliendo de la habitación, pero el suelo vibró y ella se giró para ver el horror en la cara de Jess. Parecía desolado. Pálido. No podía soportarlo, aunque estuviese aterrorizada de que él fuese su enemigo.

– Patsy, no digas eso -dijo bruscamente Jess-. Quiero decir, no estás destinada a morir porque David lo hiciera. Eso es una gilipollez y lo sabes.

Miró a Saber y le hizo señas para que comprobase el coche. Comprendió que su miedo no era una actuación. Realmente temía que Patsy hubiese estado cerca de salirse por el acantilado a propósito.

Se apresuró a través de la casa hasta el frente, donde a Patsy le gustaba aparcar el coche. El brillante descapotable de un rojo-fuego encajaba con la hermana de Jess. Saber caminó alrededor del coche hasta que llegó al parachoques trasero. Pintura negra, arañazos y abolladuras estropeaban tanto el parachoques como la parte trasera del lado izquierdo del coche. El coche había sido definitivamente golpeado, y con bastante fuerza. Lo que habría puesto el coche a hacer trompos. Patsy había tenido suerte.

Por un lado, Jess era un Caminante Fantasma, y estar los dos en el mismo sitio y al mismo tiempo no podía ser casualidad. Por otro el coche de Patsy había sido golpeado y había venido llevando un receptor específicamente sintonizado para buscar los sonidos de Jess. Él dirigía una investigación encubierta que molestaba a un montón de gente, lo que significaba que probablemente tenía más problemas que ella. Si tuviese un poco de sentido común, se largaría.

– Eres idiota, Saber -murmuró-. Idiota.

Se había mantenido por delante de Whitney siendo lista, permaneciendo en movimiento y no dejando rastro alguno. Sabía cómo ocultarse bien al descubierto, y aún estaba libre porque siempre, siempre jugaba con inteligencia. Por eso ¿qué hacía considerando regresar a la casa?

Permaneció en el jardín delantero, contemplando la casa de Jess, su corazón palpitando, y comprendió la verdad. Le amaba. Se había permitido enamorarse de él. Y era su enemigo ¿Sabía él algo de ella? ¿Cómo podría no saberlo? No había semejantes coincidencias, no en su mundo. ¿Con cuántos hombres y mujeres había experimentado Whitney, abriendo sus mentes y quitando sus filtros realzando sus capacidades psíquicas y alterándolos genéticamente? Ciertamente las casualidades de tropezar accidentalmente con uno en Sheridan, Wyoming, eran muy pequeñas.

– Marchate, Saber. Métete en casa, empaca tus cosas, coge tu equipo de emergencia y lárgate mientras puedas. -Se dijo en voz alta tan firmemente como le era posible-. Él era un Caminante Fantasma, en silla de ruedas o no, esa era la situación. Si él tenía un problema, era su problema. No puedes regresar con Whitney. Tienes que mirar por ti misma. Tienes que hacerlo. A sí que esfúmate ahora.

Su corazón dolía, un dolor real que se parecía al que producía un cuchillo apuñalando profundamente. Sacudió su cabeza y se obligó a entrar. Sería casual. Entraría y le hablaría sobre el coche, se excusaría y saldría.

Se llevó la mano al pecho cuando caminaba por la sala de estar. Amaba la casa. Amaba todo sobre ella. Amaba el modo en que el aroma de Jess llenaba cada rincón. Masculino. Picante. Inhaló para olerle cuando se paró en la entrada y miró hacia él. Incluso en silla de ruedas era una figura imponente. Él alzó la vista, sus ojos encontraron los de ella, y su corazón casi se paró por lo que allí vio.

El crudo deseo se mezcló con algo más, algo que ella nunca había visto antes. ¿Podría él amarla? ¿Era posible? Se pasó una mano por el pelo, de repente no segura de lo que debería hacer.

– ¿Pequeña? ¿Qué pasa? Pareces tan trastornada como Patsy.

La caricia de su voz arrastrando las palabras la calentó cuando ni siquiera sabía que tenía frio. Sacudió la cabeza.

– Hay pintura negra, así como arañazos y una gran abolladura en su coche, Jesse. Alguien la golpeó.- Y hay un dispositivo de escucha en algún lugar de su persona. Saber tenía que encontrarlo y destruirlo-. ¿Fuiste a algún sitio hoy además de a la emisora de radio? -ella se sirvió té y añadió un poco de leche, dejando la taza delante de Patsy. Estaba siendo muy casual, rodeando a la hermana de Jesse para pararse a su lado, así podría posar de nuevo su mano en el hombro de Patsy como consuelo.

– Llamaremos a la comisaría de policía para informar del accidente.

Saber asintió.

– Tal vez deberías haber ido al hospital y dejarles que te hiciesen un chequeo. No te golpeaste la cabeza, ¿Verdad? ¿Te has dañado el cuello?

Ahora lo tenía. La energía de bajo nivel venía del bolsillo de la chaqueta de Patsy. Cualquiera pudo haberla dejado caer cuando pasó junto a ella en una acera.

Estaba bastante segura de que no había sido ningún accidente que alguien hubiese golpeado el coche de Patsy y luego hubiera huido. Pero ¿por qué?, Saber analizó la cara de Jess. Él parecía frío, hasta que miró en sus ojos y sintió el volcán que hervía a fuego lento justo bajo la superficie. Estaba furioso, y eso significaba que había llegado a la misma conclusión que Saber: alguien había tratado de hacerle daño a su hermana. Pero si eso era así ¿quién había puesto el dispositivo en su bolsillo? Miró de nuevo a Jess mientras se inclinaba hacia su hermana, confortándola.

Había estado con él cerca de once meses. Cuando estaba cerca de él, apaciguaba los demonios que la acosaban. No porque fuese un Caminante Fantasma y un ancla, sino porque todo dentro de ella estaba en paz cuando él estaba cerca. La hacía sonreír. No una falsa sonrisa amable, sino una genuina sonrisa. Más que eso, él le gustaba, le gustaba estar con él. Era inteligente y podía hablar sobre cualquier cosa en la que ella estuviese interesada. Jess era su mejor amigo.

No podía creer que realmente la estuviese engañando. No podría soportarlo, si estaba implicado en una conspiración contra ella. Cogió aliento y lo soltó para mantener la compostura. Había algo tan atractivo en verle consolar a su hermana, en aquella mirada de amor en su cara, en su gentileza.

Pero el hecho era que era un Caminante Fantasma, ella estaba huyendo y Whitney haría cualquier cosa para atraparla. Pero ¿podía dejar a Jess cuando él podría necesitarla aún más? Había un dispositivo de escucha sintonizado con la frecuencia exacta de su voz, ella había trabajado con el ritmo y con el sonido lo bastante como para conocer el de Jess cuando lo oía. De todos modos, su boca estaba seca, su corazón luchaba por la aceleración, lo que significaba que su cuerpo estaba preparado para huir.

Jess eligió ese momento para alzarla vista hacia ella y sonreír. El calor en sus ojos, su ternura, la hundió.

OK. Intentaría juntar más información, y simplemente estaría en guardia a cada momento. Lo que significaba verle probar su comida y su bebida por si pusiese alguna droga en ellas para sedarla. Introdujo una mano en su pelo y suspiró. Las complicaciones eran enormes y ella estaba loca por quedarse.

– Saber -preguntó con voz suave-. ¿Pasa algo?

– Estoy disgustada por lo que le pudo haber pasado a Patsy -dijo Saber, no era totalmente una mentira. Odiaba que Patsy pudiese estar en peligro también.

Patsy inmediatamente extendió la mano y agarró la suya.

– Estoy bien, sólo un poco alterada. Si no hubiera sido el punto exacto, estaría bien. Voy allí a menudo y pongo flores sobre la barandilla. No tenía ni idea de que el camino de tierra estaba allí o de que alguien lo usaba. Es un peligro al que temer, pues sale justamente en medio de una curva cerrada de la carretera.

Saber tomó la oportunidad de situarse cerca de Patsy, centrándose en el aparato auditivo. Un diminuto estallido y el aparato estaba frito, pero si no lo dirigía exactamente, podría destruir todo aparato eléctrico en la casa. Peor, estaba preocupada por el corazón de Patsy. Algo no funcionaba, el ritmo no era el adecuado. Si fallaba podría matar a Patsy, y no podía soportar el pensarlo.

– Dinos lo que era tan importante antes de que todo esto pasara -animó Saber, sabiendo que abría una lata de gusanos, pero determinada a que Patsy dejase de llorar-. Dame tu chaqueta, relájate tomando tu té y dinos que hay de nuevo.

Patsy se enderezó inmediatamente.

– Sí. Yo tenía algo muy importante que deciros a ambos.

Saber ofreció su mano para ayudar a Patsy con su chaqueta, no dejándole más opción en el asunto. Jess arqueó una ceja hacia ella, no del todo complacido con que estuviesen a punto de charlar. Ambos sabían lo que se avecinaba y Saber lo había incitado deliberadamente.

Patsy levantó su barbilla y fulminó con la mirada a su hermano, lo que era difícil de hacer cuando él había estado mimándola hasta entonces.

– He venido para salvar a Saber de tus tendencias de playboy, Jess. Eres perro viejo y lo sabes. Ella es una muchacha dulce, inocente que necesita mi protección y tengo la intención de dársela.

Saber escondió una sonrisa ante la mirada apenada de Jess, y llevó la chaqueta a través de la habitación hasta el recibidor, abandonando la sala de estar. Necesitaba alejarlo tan lejos de Patsy como fuese posible.

Saber colgó el abrigo en el armario y, echando un vistazo atrás hacia la cocina para asegurarse de que nadie pudiese verla, colocó su mano en el aparato auditivo y se concentró en guardar el pulso electromagnético dirigido hacia aquel pequeño objeto. La breve oleada de energía eliminó la vibración débil, entonces pudo lanzar un suspiro de alivio. Comprobaría los ordenadores y el móvil de Jess tan pronto como pudiese, pero estaba bastante segura de que había guardado el pulso centrado en el bolsillo de la chaqueta de Patsy.

– Muy graciosas, vosotras dos -dijo Jess cuando Saber entró nuevamente en el cuarto-. Menos mal que no soy muy sensible.

– Pienso que tienes que ir al hospital para un chequeo, Patsy -dijo Saber, cambiando de tema repentinamente, sabiendo que Jess seguiría su ejemplo si surgía otro tema de conversación.

– Saber tiene razón, Patsy. Podrías tener heridas internas sobre las que no sabemos nada -estuvo de acuerdo Jess.

Patsy hizo rodar sus ojos.

– Ambos sólo habláis para distraerme. Saber es demasiado joven, Jess, para vivir contigo así.

– Realmente sólo parezco joven -dijo Saber. Podía ser pequeña y parecer una niña abandonada, no alta y elegante con curvas femeninas, pero con seguridad era una mujer adulta-. Soy mayor de lo que te imaginas -aunque no podía muy bien decir su edad cuando ella misma no la sabía. Whitney no era muy dado a ofrecer aquella clase de información. No había descubierto que la gente celebraba cosas como cumpleaños, navidades y aniversarios hasta hacía poco-. Y realmente, cuando viniste aquel día y estábamos haciendo el tonto, era sólo una broma. Jess siempre es un caballero conmigo.

– Incluso cuando no quiero serlo -refunfuñó por lo bajo Jess.

Patsy se inclinó hacia delante.

– ¿Qué dijiste?

– Dije que nunca le haría daño a Saber, ni en un millón de años, Patsy -aseguró Jess.

– Estoy segura de que no le harías daño deliberadamente -dijo Patsy-. Pero ella no se parece a tus otras conejitas.

Saber apoyó su cadera contra la pared y sonrió abiertamente a Jess.

– Veo que Patsy se ha encontrado con Chaleen. Estuvo aquí recientemente, Patsy. Quería continuar donde ellos lo habían dejado.

– ¡Jess! -claramente horrorizada, Patsy tendió la mano a su hermano-. ¿Estás bien?

– Por supuesto que lo estoy. Saber la despidió.

Patsy echó a Saber una mirada de agradecimiento.

– Detestaba a esa mujer. Sólo pretendía disfrutar de todas las cosas que a Jess le gustaban. Y no le gustaba la familia.

– Las familias pueden asustar -confesó Saber.

– No la nuestra -dijo Jess, sosteniendo su mano. Notó que ella se mantenía apartada de él y eso no era buena señal-. Ven aquí.

Saber se situó a su lado, escondiendo su renuencia. Cuanto más estuviese con él, cuanto más contacto físico tuviesen, sabía que más atrapada estaría por sus sentimientos hacia él. Pero puso su mano en la de Jess porque no podía resistirse.

Jess tiró de ella hasta que estuvo cerca de él y pudo cogerla por la nuca, arrastrando su cabeza a su nivel para rozar su pelo con un beso.

– Lo siento, señoras, pero tengo una cita con mis doctores, por lo que tendré que dejaros solas. Patsy, no te atrevas a persuadir a Saber para que me abandone. No podría soportarlo.

– Justamente lo contrario. Voy a persuadirla de que tiene que hacer de ti un hombre honesto.

Jess dirigió una sonrisa rápida a su hermana.

– Te amaré para siempre si logras convencerla.

– Me amarás para siempre de todos modos -dijo Patsy.

Él salió del cuarto, oyendo como Saber intentaba convencer a Patsy para que se sometiese a un chequeo rápido, aunque sólo fuese por si acaso.

Jess entró en su oficina, disgustado por el supuesto accidente de Patsy. Las coincidencias se amontonaban y empezaban a estirar los límites de lo creíble. Y Saber, bien, estaba actuando extrañamente.

Tenía una reunión con Lily y Eric sobre la biónica y no lo esperaba con mucha ilusión. La terapia, la visualización, y las medicinas ya deberían haber funcionado, pero todavía no podía andar. No tenía por qué pasar su tiempo con doctores que no le hacían ningún bien.

Algo le pasaba a Saber y estaba aterrorizado de que ella estuviese a punto de desaparecer. Si se fuese, nunca la encontraría. Y eso lo asustaba horriblemente.

Lily y Eric le esperaban, saludándolo desde sus monitores respectivos.

– ¿Cómo te sientes? -Preguntó Lily.

– Como si no pudiese caminar -Jess replicó, con mordacidad-. ¡Demonios! Usaste bastante ADN de iguana y de lagarto como para convertirme en un reptil. Pensaba que eso regeneraría las células con o sin las medicinas que me estás metiendo sin parar.

– Tienes que tener paciencia, Jess -dijo Eric-. Te dijimos que, este tratamiento nunca había sido probado en un humano. La teoría parecía que funcionaba con los animales de laboratorio pero no tuvimos tiempo de perfeccionarlo.

– Con los animales de laboratorio -resopló Jess-. Cojonudo. Simplemente cojonudo. Si mi lengua comienza a crecer y de repente desarrollo un gusto por las moscas, dirás a los demás por qué, ¿verdad?

Lily pasó una mano sobre el montículo de su estómago. Parecía que se hubiese tragado un balón de baloncesto.

– Sé que estás disgustado, Jess. Pero funcionará. Sólo tenemos que darle un poco de tiempo. ¿Todavía tienes problemas con las hemorragias?

Él se encogió de hombros.

– A veces

– ¿Y no estás exagerando? Sólo realizas tu terapia cuándo tienes a alguien contigo, ¿verdad? -Dijo Eric.

Más que mentir, Jess les frunció el ceño.

– Empiezo a pensar que ninguno de vosotros sabía realmente lo que hacía cuando me hablasteis de esto.

– Te dije que era muy experimental -advirtió Eric-. Cuando dije que nunca había sido probado, quería decir que nunca había sido probado.

Lily se apoyó hacia delante.

– Estoy en ello, Jess. Sabes que seguiré trabajando en ello hasta que lo consiga. Tu cuerpo no ha rechazado el implante biónico, y eso era el obstáculo más grande. Simplemente aún no hemos conseguido engancharlo a tu cerebro. En el peor de los casos, siempre podemos volver a la idea del paquete de energía.

– Lo que me da unas pocas horas y luego de vuelta a la silla, un lastre muy grande si estoy en una misión.

– Entonces realmente quieres volver a la acción -preguntó Eric.

– Por supuesto -pero ya no estaba tan seguro. No quería dejar a Saber atrás-. Mira, no hay nada nuevo en lo que me dices. Me despido ahora y voy a hacer algunas otras cosas.

Lily asintió.

– Resolveremos esto, Jess.

Levantó una mano a ambos, inexplicablemente enojado con ellos y con él. Había estado de acuerdo con la cirugía. Nadie le había mentido sobre la posibilidad que no funcionase, pero él había estado tan seguro. Las iguanas y los lagartos regeneraban sus colas, ¿Por qué no encontrar un modo de regenerar sus nervios dañados así su biónica estaría dirigida por su cerebro, como si sus piernas fuesen todas suyas?

Necesitaba a Saber. Tenía que abrazarla. Estar con ella. Para respirar el limpio aire fresco y olvidar que no podría volver a caminar otra vez después de haber concebido falsas esperanzas. Fue en busca de Saber porque ella era una persona que le calmaba cuando estaba a punto de explotar de frustración o cólera. Estaba en la cocina guardando los platos en su sitio.

– ¿Se ha ido Patsy? -Preguntó Jess.

Saber asintió con la cabeza.

– Hace un rato. Traté de que fuese al hospital para hacer un chequeo, y pienso que deberías llamarla y tratar de persuadirla. A veces las cosas se revelan más tarde. No debería correr ningún riesgo.

– Patsy es obstinada. Tal vez si se despierta mañana y le duele como el infierno, irá.

Saber apretó sus labios para evitar insistir.

– ¿Estás bien? Pareces disgustado. Si estás preocupado por Patsy, todavía creo que deberías hacer que un doctor la viese y luego contratar alguien de seguridad, un guardaespaldas, o a alguien para vigilarla.

Jess ya había planeado hacer eso. De hecho, iba a hacer unas llamadas telefónicas. Se sentía agitado.

Se pasó ambas manos por el pelo.

– Me siento encerrado. Salgamos de este infierno y vayamos de picnic.

La ceja de Saber se alzó.

– ¿Un picnic?

– Sí, un picnic. Ya sabes, una manta en el suelo…

– En el frío suelo -interrumpió ella.

– Una manta en el fríosuelo -repitió él-. Una cesta de mimbre cargada con cosas ricas especialmente preparadas para comerlas fuera. Ya sabes… un picnic.

– Sé lo que es un picnic, Jesse, sólo que no entiendo tu repentino impulso de ir a uno, especialmente ahora, cuando la naturaleza está a punto de descargar una tonelada de nieve sobre nosotros.

– Sólo está un poco fresco. Te encantará.

– Sí, de acuerdo. A mí y a los pingüinos -pero él empezaba a sonreír y el brillo de sus ojos era irresistible. ¡Maldito fuera! Sabía que no se podía resistir a aquella mirada pícara-. Supón que estoy de acuerdo con esta idea ridícula del picnic. Como acabas de indicar, los picnics implican comida -ella abrió la nevera y señaló con una sonrisa satisfecha-. Odio explotarte la burbuja, Calhoun, pero a mí me parece que está vacía.

– Ayúdame un poco con esto, pequeña quejica. Pararemos en la tienda. Necesito un poco de entusiasmo de tu parte.

– Bien, de acuerdo -Saber cedió-. Estoy entusiasmada. No puedo esperar -y no podía. Nunca había ido a un picnic antes. Esto era una de esas cosas que la gente normal hacía. Normal, lo que siempre quiso-. ¿Dónde vamos?

– Ya verás. Abrígate y no olvides tus guantes -instruyó él.

Saber se permitió estudiar realmente su cara. Era difícil leer a Jess; siempre lo era. Se sentía cómoda con él, viva y feliz. Y no había ningún dolor de cabeza, ninguna hemorragia en su boca, nariz, u oídos. Cuando estaba cerca de él, podía manejar toda la energía que inundaba su cerebro, todas las emociones y el bombardeo de sonidos que la asaltaban. Nunca se había preguntado por qué, pero debería haberlo hecho. Sólo un Caminante Fantasma que fuese un ancla podría apartar la energía de ella, y Jess Calhoun tenía que ser un ancla. ¿Era por eso por lo qué se sentía tan cerca de él? ¿Por qué era como ella?

¿Realmente se había engañado a si misma todos estos meses? Tenía que estar muy bien entrenado para haberle ocultado su participación en el programa. Generalmente podía descubrir un Caminante Fantasma a más de un kilómetro, pero como Jess estaba en una silla de ruedas, no se le había ocurrido que él posiblemente podría estar en aquel programa.

– ¿Qué pasa? -Preguntó otra vez, con voz suave.

Eso la tentaba para soltar sus miedos, sus preguntas. Pero lo sabía mejor. Jess había sido un SEAL, y una vez, Caminante Fantasma, no había vuelta atrás. Todavía trabajaba para los militares. Estaba implicado en alguna clase de investigación altamente secreta. Era consciente de las visitas secretas, los hombres que nunca había visto ir y venir. Debería haber sospechado, pero la silla de ruedas le había dado un falso sentido de seguridad.

– ¿Saber? -Preguntó.

– Nada -forzó una sonrisa. Se estaba tomando ése día con él, para ella, porque probablemente sería el único día que tendría alguna vez con el hombre que amaba.


La sujeto hermana de Calhoun llegó hoy. Logré dejar caer el aparato de escucha en su bolsillo antes, tras oír que iba a visitar a su hermano. Él debe tener un equipo de interferencia en su casa, porque no funcionó. Apenas capté algo, y repentinamente dejó de funcionar. Las buenas noticias son que ella está de vuelta en la ciudad, y de ser necesario podemos usarla para controlar a Calhoun. Él nos ha mostrado que está dispuesto a sacrificar su vida por alguien a quién ame. Es su mayor debilidad y una de las que podemos sacar provecho. Dame luz verde y cogeré a la hermana.


Le encantaría poner sus manos en la arrogante Patsy, mirándolo por encima del hombro, dejándolo de lado como si él no fuese nadie. Podría enseñarle modales y disfrutar cada momento. Estaba frustrado porque el aparato de escucha no había funcionado después de todas las molestias que se había tomado para colocarlo, especialmente dado que le había llevado un montón de tiempo conseguir la frecuencia exacta. Semanas de escuchar la voz de Jess durante horas hasta el final, una y otra vez, registrando la longitud de onda exacta. Whitney tenía todos esos pequeños experimentos que quería hechos. Y el otro, era exigente. Era emocionante ser un agente doble, jugar a ambos lados y amontonar enormes pagos, pero si no conseguía los resultados que ambos querían pronto, enviarían a alguien más para hacer el trabajo, y eso era inaceptable. Tenía planes para la Sirena Nocturna. Grandes proyectos.

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