– Logan y Neil revisaron la casa de Les y la mayor parte estaba vacía y limpia. Todo menos la mazmorra casera que aparentemente te estaba esperando. -Dijo Jess.
Saber se estremeció.
– Hay simplemente algunas cosas en la vida que es mejor no escuchar y la mazmorra de Les es una de ellas. ¿Qué quieres decir con que la casa estaba vacía y limpia? ¿No había huellas? -Ella estaba fatal. Tan cansada que apenas podía estar de pie, por dos veces había tenido hemorragias nasales. Lo había disimulado en la comisaría de policía cuando daba su informe, pero todo lo que quería hacer era arrastrarse a algún agujero en alguna parte.
Jess se inclinó hacia adelante en su silla para alcanzar la taza de café que ella había puesto encima de la mesa enfrente de él. Había sido un largo día con la policía, comprobando a Brady en el hospital, visitando a Patsy y luego hablando con Logan y Neil. Saber aún no se había ido a la cama. Habían perdido a ambos técnicos de sonido en la estación de radio y seguro como el infierno que no quería que Saber fuera a trabajar. No quería que se alejara de él.
– Había huellas, pero no nos dijeron demasiado que no supiéramos ya. Registré sus huellas cuando le contraté, y nada saltó. Parece que falló en mencionar en su curriculum vitae que pasó un par de años trabajando en el Centro de Investigaciones de Whitney en California.
– Brian dijo que Les daba parte a Whitney, pero era un hombre muy enfermo. ¿Crees que Whitney sabía que estaba enfermo y que por eso envió a Brian también? -Preguntó Saber. Bostezó y presionó dos dedos en sus sienes palpitantes, intentando detener el latido incesante-. Todo es demasiado complicado para averiguarlo.
– Encontraron grabaciones de los divagaciones de Les. Faltaban la mayor parte de las grabaciones, así es que asumo que las únicas referentes a Whitney fueron tomadas, pero había bastantes para mostrar su descenso a la locura. Pareció ocurrir con el paso del tiempo.
Había algo en su tono que puso a Saber en alerta. Se estiró a través de la mesa y atrapó su mano, esperó a que sus ojos se encontraran con los suyos.
– ¿Tuvo algo que ver específicamente conmigo? ¿Whitney le hizo caer en una trampa?
– No lo sabemos, nena, pero es una posibilidad.
Ella saltó y le volvió la espalda para andar de arriba abajo por el suelo. Sus piernas aun se sentían como goma, su cuerpo temblaba de debilidad.
– Whitney tenía a otro hombre como este trabajando para él, un doctor muy enfermo. Logan piensa que es de parte de una investigación mayor sobre conductas de Whitney -mientras Saber iba a su lado, Jess la atrapó por el brazo para detenerla-. Todos creemos que Whitney tiene habilidad psíquica. Que lee a las personas. ¿Cómo encontraría sino a niños con habilidad psíquica? No es el tipo de hombre que tiene a un par de pervertidos trabajando para él a menos que quiera estudiarlos.
Ella frunció el ceño y arrancó con fuerza su brazo, no queriendo que él notara que no podía parar de temblar.
– ¿Whitney le envió a propósito? ¿Cómo podría saber que él había venido detrás de mí de ese modo?
– No lo hizo. Quería ver. Al menos es lo que pensamos.
– Y envió a Brian por si acaso.
– Probablemente no quería correr ningún riesgo con que te pasara cualquier cosa antes de que tuvieras un niño. Si Brian es un escudo, entonces por ahora, solo conozco a cuatro de nosotros. Kadan, tú, Brian y yo. Necesita que nazcan más niños porque es raro y obviamente piensa que somos su mejor opción.
– Estupendo. Nunca podré tener un niño.
– Tendremos bebés -dijo suavemente, tratándola de alcanzarla otra vez y atrayéndola cerca de él-. Ya he hablado con Ken y Jack acerca de adquirir tierra cerca de ellos. Podemos construir una fortaleza en las montañas. Unos cuantos de los demás pueden unirse a nosotros y podremos proteger a los niños.
– ¿Qué hay acerca de Patsy? Me preocupa que Brian fuera tan insistente en verla.
Jess guardó silencio por un momento, dándole vueltas a las cosas en su mente. Brian se arriesgaba a ser atrapado viendo a su hermana. Concedido, los guardas no eran Caminantes Fantasmas, pero eran hombres bien adiestrados de la fuerza de seguridad de Brady. Cuando habló con Patsy ella había admitido que Brian había ido a despedirse.
– Patsy nunca ha conocido a Whitney, ¿verdad? -Preguntó Saber.
Todo dentro de Jess se inmovilizó. Sus pensamientos ya estaban encaminados en la dirección de Saber y eso le asustaba. Si Whitney se las había arreglado para observar su operación en un hospital con los Caminantes Fantasmas alrededor, ciertamente podía bailar vals en el hospital donde Patsy estaba.
– Oh Dios. Dame el teléfono. La quiero protegida en todo momento. Tenemos que sacarla de ese hospital y llevarla a algún lugar donde la podamos proteger mejor.
Saber empujó el teléfono a su mano.
– Tal vez debería ir por allí. -No quería. Quería que alguien más manejara todos los problemas para poder arrastrarse a la cama.
Ken, tú y Mari ir hasta el hospital rápido y proteger a Patsy. Temo que Whitney puede hacer un intento por ella.
Entonces vosotros no tendríais ninguna protección. Neil se encuentra con Kadan hoy y los demás fueron llamados a trabajar.
Jess miró enfurecido a Saber, frustrado porque Ken discutiera con él.
– No vas a ir sin mí. Enviaré a Ken y Mari allí también. Ir donde Patsy. Estaremos justo detrás de vosotros.
Eres vulnerable aquí, Jess.
Maldición. ¿No crees que ya lo sé? ¡Id!
– Tenemos que llegar allí, Saber. Si Brian estaba interesado en Patsy, Whitney en cierta forma los debe haber emparejado usando los realzadores del feromonas. No la dejará ir.
Saber se había estirado hacia las llaves de la furgoneta, pero las dejó caer sobre la mesa y se detuvo, girándose para mirarle.
– ¿Qué quiere decir eso, Jesse? ¿No crees que Brian pueda tener sentimientos genuinos hacia Patsy?
– ¿Qué diferencia hay? -Dijo impacientemente, pasándola y alcanzando las llaves-. Vámonos.
– Vete.
Jess giró rápidamente la silla.
– No hagas esto, Saber, no ahora. Patsy puede estar en peligro.
– Brian no va a lastimar a Patsy. Y en todo caso, hace mucho que se ha ido. Dijo que se iría, ¿recuerdas? Y Ken y Mari no dejarán que nada le ocurra. Creo que deberías ir y verlo por ti mismo, pero estoy cansada. He estado levantada casi veinticuatro horas, he estado en un tiroteo, y gastado toda mi energía intentando sanar tus piernas. Me voy a la cama.
– Maldita sea, Saber. Este no es momento para cabrearse. No estaba hablando de nosotros.
– Sí, lo estabas. Crees que voy a dejarlo ir, ¿Jesse? ¿Qué Brian va detrás de Patsy por ninguna otra razón que porque Whitney los apareó? Patsy es hermosa, mucho más que yo. Es sofisticada y educada y la mayoría de los hombres mataría para tenerla. No es nada en absoluto como yo. Si no crees que Brian pueda estar atraído por ella misma, entonces de ninguna manera en el infierno te enamoraste de mi por ti mismo.
Él se pasó una mano por el pelo, queriendo sacudirla. Estaba exhausta. Podía verlo en su cara. Y herida. Lo podía ver en sus ojos. Pero la verdad era, que ella estaba buscando una salida porque tenía miedo de él, de Whitney, de estar involucrada en una familia, de ser parte de la comunidad de Caminantes Fantasmas.
– Siempre tienes un pie fuera de la puerta, Saber. Por mucho que te diga que te amo o que te deseo, no importa cuántas veces te diga que eres mi mundo y que lo abandonaría todo por ti, no va a tener importancia si tú no lo sientes también. No te puedo hacer querer quedarte. Y no te sujetaré en contra de tu voluntad, por mucho que me gustaría.
Arrojó las llaves sobre la mesa.
– ¿Crees que me enorgullezco del hecho de que no hemos usado control de natalidad? ¿Piensas que un hombre como yo alguna vez, alguna vez, olvida algo tan importante? Te quería embarazada. Quería que tuvieras a mi niño creciendo dentro de ti porque de ese modo no me dejarías. Me necesitarías para cuidarte a ti y al bebé. Odio haber hecho esto. Incluso haberlo pensado. Es como una trampa de Whitney contigo dentro. Si te quedas conmigo, tiene que ser porque me amas y quieres estar conmigo.
– Es tan fácil para ti, Jess. Tienes todo ello. Padres. Patsy. Tus amigos. Todo el mundo te respeta. Yo vengo de la nada. Ni siquiera tengo un nombre o un cumpleaños. Puedo hacer todas las cosas que Patsy puede hacer porque fui educada con el propósito de encajar dentro de cualquier sociedad para matar. Esa era mi meta principal para todo lo que alguna vez aprendí.
Él extendió las manos.
– Pero eso no es quién eres. Has vivido aquí más de un año, Saber, y puedo decírtelo, tengo más instinto asesino que tú. Brian sabía eso o no habría revelado su cobertura. Todavía nos estaría observando, informando a Whitney y viendo a mi hermana. Pero tú no matarías a Les.
– Habría matado a Chaleen. Cuando pensé que te estaba amenazando…
– Pero no lo hiciste. Y ese es el punto. No está en tu naturaleza. Te veo. Quién eres. Quién puedes ser. Por una vez en tu vida para de huir de ti misma y ten el valor de tomar lo que quieres. Estoy justo aquí. Delante de ti.
Saber se hundió en una silla y descansó su cabeza en el hueco de su brazo sobre la mesa.
– Estoy tan cansada, Jesse, no puedo pensar más. Vete a ver a Patsy y a asegurarte de que está bien y dormiré algún rato, y cuando vuelvas podremos hablar.
A Jess se le atascó la respiración en la garganta. Algo estaba muy mal. Saber no se cansaba, no de ese modo. Debería haberlo notado en el momento en que estuvieron solos. Rodó su silla acercándose y puso la mano en la frente. No estaba caliente por la fiebre y eso sólo podía significar que estaba sintiendo repercusiones por intentar sanar el músculo y los nervios dañados en sus piernas. No era inusual para un Caminante Fantasma tener problemas después de usar la habilidad psíquica. Muchos tenían hemorragias cerebrales y otros problemas físicos mayores. Debería haber considerado eso.
– Vamos, cariño, vamos a llevarte a la cama. Llamaré a Eric para que venga y te revise, por si acaso.
– No, no quiero a ese hombre cerca de mí, solo estoy exhausta. Apenas puedo funcionar y mucho menos pensar. Por favor sólo vete a ver a Patsy, no te preocuparás tanto si lo haces. Estaré bien aquí -le dejó sacarla de la silla y subirla a su regazo. Le acarició el cuello con la nariz-. Cuéntame sobre tus piernas. Ha pasado tanto que no he tenido oportunidad de preguntarte si piensas que ayudé.
– Creo que salvaste mis piernas para mí, cariño. He pasado la tarde mientras estabas trabajando nadando y reaprendiendo a usar mis piernas. Es interesante. Sé cómo caminar, pero en realidad tengo que recordarlo, pensar detenidamente cada paso. Pero sólo me caí unas pocas veces. -Había excitación en su voz.
Empujó la silla de ruedas por la casa hacia su dormitorio.
– Estoy descansando mis piernas ahora mismo. Eric dijo que no fuera estúpido y que no me excediera, aunque sin embargo en realidad quiero ir a correr -le besó la parte superior de la cabeza-. Ir a correr. ¿Oíste eso, Saber? Es posible que corra en pocos días y tú hiciste eso. Tú. Eres un jodido milagro, nena. Mi ángel personal.
Ella suspiró suavemente y murmuró algo que no pudo captar, su pequeño cuerpo relajándose en el de él.
Jess desaceleró su paso. Ella se había quedado dormida en su regazo. Aun con su noticia asombrosa, ella se había derrumbado. Su boca se secó. No era un hombre que sintiera pánico, pero quería llamar a Lily y preguntarle si era normal que Saber tuviera esa reacción. Desafortunadamente Lily no estaba disponible. Ryland y ella habían pasado a la clandestinidad con el niño recién nacido. Un niño, Daniel Ryland Miller. Jess estaba seguro de que les vería en las montañas cuando compraran tierra en la misma vecindad.
Un delgado rayo rojo brilló intermitentemente a través del cuarto justo en frente y Jess paró de golpea la silla y se hundió en el suelo, llevando a Saber con él. Aterrizaron con fuerza, Saber debajo de él mientras media docena de rayos diminutos golpeaban la pared.
– Mierda. Mierda. Estamos bajo ataque. ¿Estás herida? ¿Te he hecho daño? -Permaneció abajo, intentando mirarla y moverse al mismo tiempo.
– Estoy bien -su voz estaba completamente tranquila-. Pero realmente me estoy hartando de esto. Saquémoslos esta vez, Jesse. Ésta es nuestra casa.
– Avanza a rastras, hacia el cuarto de ejercicios. Tengo cosas escondidas allí dentro que necesitaremos.
Ella no hizo preguntas, pero fue a toda prisa, más sobre su barriga que sobre las manos y rodillas, yendo veloz mientras la primera lata de gas volaba a través de la ventana y estallaba. Cerró los ojos y contuvo la respiración. Conocía el camino por la casa sin verlo y era infalible, Jess justo detrás de ella. Podía sentir su cuerpo por encima del de ella mientras se movían, Jess arrastrándose con ella, su cuerpo escudándola.
Los brazos y piernas de Saber se sentían como plomo, pero ahora comenzaba a perder la calma. ¿Es tu oficina segura?
Eventualmente pueden conseguir abrirla, pero cuando intenten volarla, y lo harán, tendrán algunas sorpresas desagradables. También detonará una fusión en el disco duro. Todo será limpiado totalmente.
No saben que puedes usar tus piernas. Puedes usarlas, ¿verdad? Esa era su ansiedad más grande. Si Jess necesitaba una silla de ruedas, estaban en problemas.
Podría no ser rápido, pero las puedo usar. Continúa, cariño, se pone malo aquí dentro.
La hizo pasar por la puerta del cuarto de ejercicio y la cerró de golpe. Se quedaron abajo en el suelo, tomando alientos profundos de aire limpio. Saber avanzó lentamente por encima del armario de las toallas, agarró un par y las empujó en la rendija.
– ¿Qué busco?
– Mueve el armario hacia fuera -instruyó Jess-. Habrá un teclado pequeño. El código en ‘bandera roja’. Cuenta diez segundos y marca 997342. Eso abrirá la puerta.
Saber tecleó en el código tan rápidamente como podía. Las trazadoras estaban silbando a través de la cocina y la sala de estar, y el golpe seco de las latas de gas podía oírse claramente mientras golpeaban el suelo o las paredes.
– Necesito el ordenador portátil. Apresúrate. Puedo clausurar este cuarto. Van a intentar matarnos, Saber. ¿Has estado alguna vez en una situación de combate?
– Me entrené con armas, pero sin un ancla tengo una reacción mala. Soy una tiradora experta, sin embargo, y soy muy buena con un cuchillo.
– No puedes vacilar, Saber. Vas a tener que disparar a matar. Y permanecer justo a mi lado para que podemos hacer esto.
Ella tenía la puerta de acero construida en el muro detrás del armario de las toallas abierta. Había un arsenal allí así como máscaras de gas y lo último en armadura del cuerpo. Metió el ordenador portátil en las manos de Jess y volvió a las armas.
Jess abrió la parte superior y lo puso en marcha.
– Este cuarto se construyó específicamente con este propósito.
Ella le envió una rápida mirada sobre el hombro.
– Agradable que me lo dijeras. ¿Qué otros secretos tienes?
– Está bien, lo tengo en plena marcha. Estoy cerrándolo.
Los revestimientos se deslizaron en su lugar en las ventanas, acero grueso para evitar que entraran las latas de gas y los asaltantes.
– Las balas no van a penetrar en las paredes y las puertas. Los revestimientos no los detendrán, pero los ralentizarán hasta que nuestro equipo aparezca.
– ¿Qué más hace esa cosa? -Comenzó a sacar armas y munición y a lanzárselas.
Saber empujaba armas y cuchillos en su pretina, los pegaba con cinta adhesiva en su tobillo y otro en su muñeca. Le tiró un chaleco y se vistió uno ella misma y luego añadió las máscaras de gas a su montón creciente.
– Necesito la maleta pequeña. Apresúrate, Saber.
Ella la arrastró fuera del estante y se la dio.
– Odio preguntar.
Él emitió una rápida sonrisa.
– Me he conectado con los monitores de seguridad y puedes verlos. Cuento seis. Están entrando.
– Estamos sobrecargados. -Ella viajaba con poco equipaje y todas las armas eran demasiadas. Tranquilamente, las ató con una correa y volvió con él.
Él comenzó a sacar materiales de la maleta.
Saber clavó los ojos en el contenido y luego en él.
– ¿Una bomba? ¿Vas a hacer una bomba?
– En su mayor parte ya está hecha. Sólo tengo que armarla -posicionó la mina del claymore [3] en medio de la puerta y llevó un alambre delgado hasta la manilla de la puerta y le señaló la otra orilla del cuarto-. Entrarán en la casa en otro minuto. Saben que estamos dentro y nos han rodeado. Intentarán volar la puerta y el claymore eliminará a cualquiera en el otro lado.
– Estás loco, ¿lo sabes? -Pero estaba empezando a sentirse segura con él. Era soldado y muy metódico. Y había previsto tal ataque. Estaba perfectamente tranquilo y con mucha confianza.
Él le dio un golpecito con una sonrisa malvada.
– Lo tienes, nena. Soy un Caminante Fantasma y nacimos locos.
Saber tuvo el deseo repentino de reírse. En realidad estaba loco.
– Te gusta esto, ¿verdad? Despedazan tu casa y te emocionas.
– Nos alejaremos de cualquier manera -indicó la pared alrededor de la piscina-. Vete detrás. Hay una reja en el cemento.
Saber había mirado esa reja centenares de veces, asumiendo que drenaba cualquier agua que salpicara de la piscina.
– Tienes una ruta de escape.
La ceja de Jess se alzó.
– ¿No lo tiene todo el mundo?
– Debo estar descuidándome. No lo sospeché -pero debería haberlo hecho. Jess no era un cordero. Ningún SEAL lo era. Añade el programa Caminante Fantasma y ella debería haber buscado en su casa el arsenal-. ¿Está la casa llena de cables conectados a bombas?
– Me haces sentir orgulloso, cara del ángel. Infierno sí, está cableada. Empuja la reja. -Indicó el monitor.
Ella podría ver figuras oscuras moviéndose a través del humo rodeando la casa. Dos lanzaron ganchos sobre el balcón de arriba mientras los otros rodeaban la casa. Corrían, abriendo de golpe las puertas y las ventanas. Cristales y madera se esparcieron al aire y disparos al interior de las habitaciones golpearon las paredes. La casa se agitó ominosamente.
Saber agachó la cabeza y Jess la barrió detrás de él con un brazo.
– Quédate cerca. La energía va a correr hacia nosotros y esto se va a poner feo.
Planeaba quedarse muy cerca de él. Su sólida forma era reconfortante y su completa confianza inspiraba lo mismo en ella. La primera ráfaga de adrenalina estaba desapareciendo, dejándola más exhausta que nunca, lo psíquico drenando su efecto. Descansó la cabeza contra la ancha espalda de Jess y él se estiró sobre el hombro para curvar el brazo sobre su cuello, sosteniéndola contra sí mientras ambos miraban el monitor. Saber contuvo la respiración.
Dos hombres entraron a través de la puerta principal en formación estándar de dos hombres.
– Son militares -dijo Saber-. Fíjate en el modo en que se mueven.
– Creo que el difunto Coronel Higgens tenía mucho más de lo que responder de lo que le dimos crédito. Creo que era parte de un complot de espionaje que alcanza hasta la Casa Blanca.
Los dos hombres se separaron, los rifles listos, y empezaron una exploración cuidadosa de la sala de estar. Con las máscaras de gas puestas, parecían monstruos mientras sus figuras oscuras se movían a través del vapor que formaba remolinos.
– Si creen que has revelado prueba de eso, querrán matarte con toda seguridad, Jesse. No van a tomar prisioneros.
– Tengo esa sensación.
Jess observó como dos escalaban las cuerdas hasta el balcón. Uno sacó un cuchillo muy grande mientras el otro tenía un arma. Probaron la puerta, y cuando no se abrió, el que llevaba el arma disparó varias veces. Los dos en el salón estaban demasiado disciplinados para reaccionar al disparo. Barrieron el cuarto eficazmente, dividiendo en cuartos el área, comprobándolo completamente.
Jess mantuvo los ojos fijos en ellos, tanto que Saber dejó de observar las pantallas divididas mostrando cada punto de entrada y observó la sala de estar. Sentía el salto en el pulso de Jess, la tensión leve en su cuerpo mientras el hombre pasaba rápidamente a la izquierda del cuarto acercándose a la puerta de la cocina. El soldado dio un paso, luego un segundo. Ella vio un ligero destello rojo en la banda a lo largo del fondo de la pantalla. El soldado paró bruscamente, quedándose con la mirada fija abajo en su pie, y todo su cuerpo gritó de horror. Le dijo algo a su compañero, quien retrocedió, mirando con ojos desorbitados al suelo a su alrededor.
– El interruptor de presión. Ahora saben con quién están tratando. Los malditos aficionados quieren jugar conmigo en mi casa.
Jess recostó su cabeza y la besó. Su boca era dura, caliente y dominante. Ella podía sentir el calor irradiando de su piel y podía sentir la ráfaga de excitación fluyendo a través de su cuerpo.
Mil alas de mariposa le acariciaron el estómago y a pesar de la situación en la que estaban, su cuerpo reaccionó a su calor.
– Y todo este tiempo pensaba que eras tan dulce.
Él se rió suavemente.
– La silla de ruedas era mi amiga. Si me hubieras conocido antes de estar en esa silla, habrías corrido. -Sus ojos estaban clavados en los de ella. Oscuros con la excitación del combate. Nublados con el hambre cruda. Agudos y penetrantes, revelando al verdadero depredador que vivía en su piel.
Ella presionó un beso en la parte trasera de su hombro.
– Habría corrido como un conejo.
Su mirada fija se desvió de regreso al monitor, su corazón adquiriendo la aceleración del soldado en el otro cuarto. Podía saborear su miedo. No estaba hecha para esta clase de combate. Si hubiera podido, habría cerrado los ojos, pero era imposible apartar la mirada. El soldado tembló, su rifle tembló visiblemente mientras su socio se daba la vuelta y escapaba del salón hacia las escaleras.
El soldado en el salón gritó fuertemente, pero eso no retrasó a su compañero. Las suelas del hombre golpearon el tercer peldaño y la explosión meció la casa. El cuerpo de Saber saltó y le volvió la espalda a la pantalla, incapaz observar como el cuerpo era alzado en el aire junto con la mitad de la barandilla y varias escaleras, golpeándose con el techo y lloviendo madera, yeso y partes del cuerpo. La segunda explosión siguió de cerca los talones de la primera mientras el soldado en la cocina se sacudió sobre sus pies en reacción autómata.
Jess giró y empujó a Saber a sus brazos, protegiéndola mientras la energía violenta se apresuraba a través de la casa, sin que los muros sirvieran de barrera, las olas de bordes rojos y negros buscando un blanco. La envolvió, poniendo su cabeza sobre la de ella, sosteniéndola mientras la energía se derramaba sobre ellos como una ola gigantesca. Ella sintió puñaladas de dolor, pero pasaron rápidamente mientras Jess amortiguaba la violencia.
Porque su ritmo automáticamente se sincronizó con el de él, sintió la corriente. En lugar de dolor, el cuerpo de Jess atrajo la energía, la absorbió y la procesó, y eso la alarmó. Nunca en verdad había pensado mucho cómo trabajaba un ancla con esa energía, pero era como si él la hubiera engullido, absorbiéndola en su sistema para ser usada para otros propósitos. Podía comprender cómo podía ser un drogadicto de la adrenalina. La violenta energía le infundía fuerza y la necesidad de acción.
– ¿Estás bien? -Jess besó la parte superior de su cabeza, acariciándole el pelo, mientras sus ojos permanecían pegados a la pantalla.
Ella asintió con la cabeza. Los dos soldados arriba de las escaleras oyeron las explosiones escaleras abajo y barrieron los cuartos de prisa pero de manera mucho más cuidadosa. Dos más entraban a través de la cocina, y eso hizo que su corazón saltara, eran los más cercanos al cuarto de ejercicio.
– ¿No te molesta que tantas personas te quieran muerto? -Susurró.
– No, eso simplemente me cabrea. Estos hombres trabajan para alguien que está traicionando a nuestro país y ese alguien les ordenó torturar a mi hermana. Voy a mandarles al infierno, pero antes de que vayan, van a saber que jodieron a la familia equivocada.
Ella sintió la resolución en él, la convicción absoluta de que estaba abatiendo enemigos. La confianza que comenzaba a florecer en ella aumentó, dispersándose y creciendo. Los otros Caminantes Fantasmas tenían la misma mentalidad que Jess. Se mantenían unidos y luchaban. No huirían, no se tumbarían para permitir que alguien les destruyera sin importar las probabilidades. Ella quería eso. Quería sentir esa misma confianza. Ser parte de ese grupo muy unido que estaba dispuesto a juntarse en grupo contra todo pronóstico y creer absolutamente que podían ganar. Más que eso, quería pertenecer a este hombre con su coraje y su feroz orgullo.
– Bien.
Los soldados escaleras arriba estaban en lo alto del rellano mirando hacia abajo a la destrucción de la sala de estar. Uno cambió de posición ligeramente para tener una mejor mirada, las manos en la barandilla mientras se inclinaba. Instantáneamente una luz roja parpadeó en el fondo de la pantalla del ordenador.
– ¿Bien qué? -Preguntó Jess.
Ella le contempló, la fuerza en su cara, esos penetrantes ojos fríos como el hielo, vivos con la astucia de un verdadero depredador.
– Me casaré contigo.
La mirada de Jess se deslizó por su cara respingona y una lenta sonrisa suavizó la línea dura de su boca. Atrapó su barbilla.
– Y tendrás mis niños.
– ¿No quieres muchos, verdad?
Él tomó su boca con la suya, la llamarada de calor instantánea, el sabor de la alegría evidente. Aun en el combate él la podía conmover.
Sus brazos la rodearon, la lengua bailó con la de ella cuando la siguiente explosión meció la casa. El soldado que sujetaba la barandilla había cambiado de posición y el interruptor de presión había estallado.
Jess sujetó a Saber fuertemente, besándola, los labios moviéndose contra los de ella. Ella sintió la vibración traspasarle mientras atraía la energía como un imán. La electricidad zumbó a través de ella, a través de él, una ola física casi sexual, casi eufórica.
Dejó salir el aliento y se apoyó en él.
– Jesse. Esto es tan peligroso.
– Y adictivo. Cada regalo psíquico viene con una etiqueta de precio alto. Sería fácil hacerse adicto y necesitar esa clase de ráfaga -le dio una mirada rápida a la pantalla y juró-. El bastardo del rellano tiene un M203 conectado debajo de su M16.
El aliento de Saber se le atascó en la garganta. Sabía que eso era un lanzagranadas y no quería participar en eso.
– Va por mi oficina -le informó Jess.
Saber se imaginó oyendo el clic distintivo y luego el golpe mientras la granada era enviada cruzando velozmente el vestíbulo hacia la puerta de la oficina. La casa se agitó mientras la puerta de la oficina explotaba hacia dentro.
Otra vez Jess atrajo a Saber cerca de él cuando la ola de energía se precipitaba sobre ellos. Jess estudió al soldado en el rellano.
– Él dirige todo. Mira, se queda a cubierto por si acaso alguno de los dos que vienen de la cocina pisan un interruptor. Ha perdido a tres hombres y sabe que la casa está cableada, pero es tan frío como un pepino. Va a sentarse allí arriba con su pequeño lanzagranadas, a salvo mientras todos los demás corren riesgos.
– ¿Vamos a salir de aquí en cualquier momento pronto? -Preguntó Saber.
– Tengo un par de cosas de las que encargarme, cariño.
– ¿Cómo seguir vivo?
En la pantalla parecía una zona de guerra. Ella no quería esperar por ahí hasta que los intrusos volaran la puerta del cuarto de ejercicio.
– Tengo que asegurarme de que la oficina se destruye con todo en ella y tengo que matar a todos esos bastardos. Los polis se asomarán en cualquier minuto y no quiero que ninguno de ellos muera porque huí.
Ella no podía discutir con eso, pero no estaba segura de creerle. El hombre tranquilo, indolente con el que había vivido el año pasado estaba irritado, y no iba a levantarse y correr hasta que no hubiera eliminado a los hombres que habían amenazado a su familia. De una forma extraña le hacía sentirse a salvo saber que él era de esa clase de hombre. Pero también se sentía como si debiera agarrarle y atraerlo a su refugio. Ella no confiaba en sus piernas. No había dado un solo paso, y su silla de ruedas estaba al otro lado de la puerta.
– Uno se está cercano a la oficina. La puerta se ha ido. Veamos si mi mecanismo de seguridad funciona. Todos los datos de los ordenadores deberían estar estropeados más allá de toda reparación incluso si lograran conseguir la unidad de disco duro intacta, pero por si acaso… -Murmuró en voz alta, hablando más para sí mismo que para ella.
Saber se recostó más cerca para mirar fijamente el monitor. El humo y el polvo formaban remolinos espesos. Un soldado llevando puesta una máscara de gas emergió de los escombros y se paró a la entrada de la oficina, mirando fijamente hacia adentro. Se dio la vuelta y contempló al hombre en el rellano, sosteniendo en alto su pulgar para indicar que habían encontrado los ordenadores. Ella sintió que Jess se quedaba quieto, y luego la adrenalina lo atravesó. Los brazos se tensaron alrededor de ella, empujándola contra su pecho, bajando la cabeza hacia la de ella.
La explosión inicial sacudió la casa, el suelo, pero no se detuvo allí. Siguieron más, cada una más fuerte que la anterior. La energía les llegó en una serie de ondas. Saber estaba sintiendo náuseas, su cabeza latía. Aun con la presencia de Jess absorbiendo todo eso, la ráfaga inicial era una sacudida para su cuerpo.
Jess levantó la cabeza para echar un vistazo rápido al monitor y juró. La agarró, por primera vez de pie, levantándola con él, arrastrándola hacia la reja.
– Baja las escaleras, toma el equipo. Muévete rápido, Saber.
Ella no podía ver qué le había alarmado, y no esperó a averiguarlo. Alcanzó tantas armas como pudo, tirando las máscaras de gas al túnel antes de caer por el hueco. Las escaleras eran estrechas y pronunciadas, daban a un túnel muy pequeño. Ella podía caminar en posición vertical, pero supo que Jess nunca podría.
– Jess, no tenemos tu silla de ruedas.
– Puedo caminar. No ganaré ninguna carrera, pero en realidad puedo hacer funcionar mis piernas -ya estaba balanceando su cuerpo a través del boquete y tratando de alcanzar las escaleras con sus piernas, empujando la reja detrás de él-. Vamos, va a volar la puerta.
Ella le observó bajar las escaleras, inclinándose para evitar darse en la cabeza mientras se acercaba al fondo. No iba a bajar corriendo por ese corredor hasta que supiera que él estaba a salvo.
– Ve, maldita sea.
– ¿Estás seguro de que puedes hacer esto?
Él le dio un empujoncito, indicando que debería correr delante de él. Saber giró rápidamente y corrió por la longitud del túnel. Era muy pequeña y podía moverse rápido, pero por lo poco que acababa de observar, Jess aún no estaba estable en sus piernas. También era alto, con hombros anchos. Tenía que encorvarse y girar su cuerpo en un ángulo embarazoso para pasar a través del pasillo sinuoso.
La explosión fue fuerte, reverberando a través del túnel. El humo y el polvo llegaron a montones. Un rastro delgado de luz roja guiaba el camino mientras seguían el corredor profundizando en la tierra. Los lados estaban apuntalados con alambre y gruesas maderas sobre las paredes sucias.
– Están dentro -siseó Jess-. Él que intentó obtener datos de la oficina está tostado y el primero en el cuarto de ejercicio no tendrá una oportunidad, pero todavía tendremos al del lanzagranadas, y no podemos ser atrapados dentro de este túnel.
– ¿Estás seguro de que no obtendrán tus archivos? ¿Qué hay acerca del que tenías sobre mí?
– Lo destruí. Corre, Saber, deja de preocuparte por mí. En otro minuto vamos a tener a alguien disparándonos con un lanzagranadas.
Saber le podía sentir justo detrás de ella, así que aceleró su velocidad. No era particularmente fuerte, pero era rápida. La terapia de genes se había ocupado de eso.
– Tu hermosa casa está siendo destruida. -Había intentado no pensar acerca de eso demasiado, pero la pérdida del primer lugar acerca del que había pensado alguna vez como un hogar era devastadora.
– No tiene importancia.
– La tiene. Es la primera casa que he tenido alguna vez. La amaba. -Su vista se enturbió y se enjuagó los ojos, la máscara de gas golpeando fuertemente contra su brazo.
El túnel se curvó y comenzó a subir otra vez. Podía ver que justo delante la delgada línea roja se detenía abruptamente.
– ¿Dónde? Dime donde ir. -Desaceleró, no viendo nada excepto una calle sin salida bloqueándoles el camino. Parecían atrapados.
Él puso una mano en su hombro y se estiró para sentir por encima de ellos con una mano. Inmediatamente el túnel se hundió en una oscuridad completa. No había ninguna luz entrando de ninguna parte para ayudar con la negrura inexorable.
El aliento se le atascó en los pulmones. Jess parecía más grande que nunca, más sólido. La acercó y puso su boca junto a su oído.
– Nada de esto tiene importancia, lo sabes. Nosotros somos todo lo que importa. Tú y yo. Dondequiera que estemos juntos, Saber, esa es nuestra casa. Amarás la nueva casa que voy a construir para ti.
Se estiró sobre ella otra vez y encontró el picaporte que ocultaba la puerta en el techo. Una cabeza se asomó desde arriba y Ken les sonrió.
– Habéis estado divirtiéndoos sin nosotros -acusó.
Jess atrapó a Saber alrededor de la cintura y la sacó del túnel. Ella parpadeó cuando la luz que se filtraba a través del bosque le golpeó los ojos. La casa estaba en llamas a corta distancia. Ken la atrapó con manos firmes y la atrajo hacia arriba, colocándola a un lado para agacharse a recoger el equipo que Jess tenía.
Saber podía ver que estaban rodeados de hombres de cara adusta, todos sosteniendo armas como si supieran como usarlas. Caminantes Fantasmas. Los Caminantes Fantasmas de Jess. Empezó a observar la casa quemarse, su corazón pesado. Mari dio un paso a su lado y le tomó el brazo.
– Siento lo de tu casa.
La compasión era inesperada, pero por primera vez, se sintió como si realmente pudiera ser una parte de estas personas. No sentía nada excepto una compasión y una determinación para mantenerla a ella y a Jess a salvo. Tal vez, simplemente tal vez, ya estaba en casa.