Saber se giró lentamente, tratando de controlar el enojo que crecía de repente en su estómago.
– Abrela.
Jesse levantó del suelo su pantalón y su camisa.
– Tenemos que hablar de esto, y puesto que no puedo perseguirte…
– No te atrevas a jugar la carta de tu silla de ruedas contra mí -siseó Saber-. No lo merezco. Voy a tomar una ducha y a encontrar ropa limpia. Hablaré contigo cuando me haya calmado. Abre la puerta, Jesse.
Jesse se dio cuenta de que hacerle decir que hablarían después de una ducha era lo mejor que iba a conseguir. Si la hacía enfadar más, no querría oír nada de lo que él tuviera que decir.
– Después de tu ducha podemos encontrarnos en la cocina.
Ella estaba esperando de pie, taconeando su pie en silencio.
– Es más fácil cerrar puertas que abrirlas -admitió-. Me reuniré contigo en quince minutos.
Saber abrió la puerta de un tirón y siguió a través del pasillo. Corrió escaleras arriba, furiosa con Jess, enfadada de que quisiera arriesgar su vida. Tenía una buena vida. La mayoría de la gente habría dado cualquier cosa por tener lo que él tenía. Una familia. Unos padres que le amaban. Una hermana como Patsy.
– ¡Maldito seas, Jesse! -Le gritó, y dio un portazo con la puerta del baño.
No mejoró su humor encontrar un montón de ropa nueva muy bien doblada, aún con las etiquetas, esperándola. A ella no le habría importado si Patsy las hubiera comprado, o incluso Mari, pero sospechaba que Mari no habría pensado en eso y Patsy estaba en el hospital. No, esto era de Lily. Todas las tallas eran correctas y había de todo lo que necesitaba.
Respiró profundamente para calmarse y se puso debajo del agua, giró la cara para dejar que el agua caliente corriera sobre ella. No podía culpar a Jess por preguntarle si podría ayudarle a caminar, por mucho que quisiera. Él nunca habría sido un SEAL o se habría sumado a los Caminantes Fantasmas si no tuviera una gran necesidad de acción y riesgo. Tenía que ser intensamente patriótico y necesitaba desesperadamente el uso de sus piernas para volver a la acción.
Mientras se lavaba la cabeza pensaba sobre el patriotismo. Había detestado totalmente a Whitney y tendía a querer creer que el monstruo no tenía buenas cualidades, pero era un brillante investigador y sus métodos de entrenamiento daban resultados. Tenía miedo de la oscuridad, sin embargo podría moverse infaliblemente a través de una casa para encontrar a su objetivo en la oscuridad. Su personalidad natural era emocional, no obstante podía ser torturada y no gritar. No era buena ante el dolor, pero había aprendido a aceptarlo. ¿Y por qué Whitney se engañaba a sí mismo creyendo que el fin justificaba los medios? Patriotismo.
Whitney era un patriota. Se enjuagó el pelo y añadió acondicionador. Todos los Caminantes Fantasmas eran patriotas.
– Yo no lo soy -dijo en voz alta de manera desafiante.
No quería matar porque algunos bastardos de muy arriba del gobierno decidieran que otra persona debía morir ¿Qué estaba mal con todos? ¿Cómo podían confiar en una orden que había venido de alguien que ni siquiera conocían? Alguien que podría no preocuparse por ellos. Alguien que incluso tal vez tenía su propia agenda, o que estaba tan loco como Whitney. No tenía sentido para ella.
Salió de la ducha y se secó, repitiéndose a sí misma que no iba a permitir que Jess la persuadiera. Era el colmo de la estupidez. Pero con el corazón hundido sabía que si Jesse decía justo lo correcto, mirándola de cierta manera, cedería porque lo amaba. Y parecía que el amor le hacía hacer cosas realmente estúpidas.
Se vistió con cuidado, con la esperanza de proporcionarse una pequeña armadura, y fue a reunirse con él.
Jess siempre la hacía contener el aliento por lo guapo que era. Le había visto una vez de pie y había sido una vista imponente. Se sentía segura con él en una silla de ruedas. ¿Cuál era la razón por la que quería decir que no? ¿Era más que el temor a perjudicarle? Esperaba que no. Esperaba no ser tan mezquina, pero por primera vez en su vida había sido feliz. Jess de pie, caminando, trabajando como un Caminante Fantasma iba a cambiarlo todo.
Cruzó la habitación para evitar acercarse demasiado a él. Se sentó sobre la encimera y dobló sus brazos, esperando que él hablara primero.
– Tienes que tener la mente abierta, Saber.
Incluso olía bien. Su corazón le dolía mirándole, bebiendo de él. Esto lo cambiaría. ¿No se daba cuenta de eso? Se encogió de hombros.
– Lo estoy intentando, pero tú también tienes que ser de mente abierta, Jesse. Hay un millón de razones para no intentar esto. Un paso en falso y en lugar de regenerar un nervio, podría darte cáncer.
– Antes de que lleguemos a todas las razones por las que no debemos intentarlo, cara de ángel, sólo dime lo que recuerdas del informe.
Los ojos azules de Saber destellaron.
– Creo que estás loco incluso por considerar la posibilidad de hacer nada de lo que Whitney aconseja.
– Whitney puede ser un loco, pero todavía es un genio. Si piensa que tiene una solución para hacer que los biónicos funcionen sin un paquete de energía, me gustaría oírlo. -Mantuvo la voz calmada.
– Whitney tiene la solución para un montón de cosas, Jesse, y ninguna de ellas son aceptables en un mundo civilizado.
Él se abstuvo de argumentar. Ella intentaría ganar tiempo si la dejaba.
– Sólo dame la información.
– Bien.
Ella se encogió de hombros, pero él notó que tenía los dedos retorcidos y los mantenía fuertemente apretados contra sí, como si su estómago estuviera batiéndose en protesta. Quería poner sus brazos a su alrededor y reconfortarla, pero se quedó quieto, sabiendo que era ella misma la que tenía que decidirse a utilizar su talento en él.
– Al parecer se ha sabido hace algún tiempo que el uso de corrientes eléctricas en las heridas pueden regenerar extremidades perdidas e incluso reparar la médula espinal en una gran variedad de peces y mamíferos. Peces, Jesse, mamíferos. No humanos. Nadie ha tratado de hacer lo que estás sugiriendo.
– Los seres humanos son mamíferos -señaló.
– No intentes ser gracioso -ella saltó de la encimera y comenzó un ritmo rápido de inquietos pasos-. Esto no es divertido, Jesse. Lo que me estás pidiendo que haga…
– Sé que no es gracioso -respondió-, pero tiene que ser algo de esto.
– Tal vez -se apretó el pelo, dejándolo más revuelto que nunca-. Whitney llegó a la conclusión de que las conexiones neuronales necesitan estimulación eléctrica para la regeneración, y que sin ella, cualquier intento fallará. Hay fármacos que estimulan el crecimiento, pero llegó a la conclusión de que nunca empujarán las neuronas de forma correcta. El inconveniente parece ser que si lo sobreestimula, puede causar exceso de crecimiento de las células y provocar tumores. Cáncer, Jesse. Eso es de lo que está hablando.
– Pero sin la corriente eléctrica, realmente no hay ninguna esperanza.
Giró para enfrentarle.
– Sabía que te gustaría saltar sobre eso. Lo sabía. Whitney no lo sabe todo. No, Jesse, y es capaz de cosas terribles. Lo he visto. He sido parte de sus experimentos y créeme, no venera la vida. Somos muy inferiores a él. Quiere el soldado perfecto, y no estamos muy arriba en sus estándares, de modo que si necesita saber hasta qué punto la corriente eléctrica se puede utilizar antes de que cause células cancerosas, no tiene ningún reparo en hacerlo.
– Soy consciente de ello -Jess mantuvo su tono bajo, cuidando de no dejar que el remolino de energía de la habitación se acercara a ella. Él ya estaba suficientemente preocupado sin oír lo que ya sabía-. Pero tú puedes manipular la corriente eléctrica y leer mi ritmo al mismo tiempo, ¿verdad? ¿No es eso lo que haces?
– No es tan sencillo. Admitiré que en el informe se admite que los resultados de bioelectricidad tienen un papel importante en la regeneración celular, y que la inducción eléctrica de la regeneración de los tejidos puede tener cierta aplicación…
– No cierta aplicación, Saber. Significativa aplicación.
– Tal vez. Pero, tú quieres restablecer las vías neuronales de tu cerebro a tus piernas. Los nervios están dañados. No tienes ninguna sensación.
– Tengo algunas sensaciones ahora. Desde que las intervinieron y les pusieron los biónicos. Me viste caminar. Algo está pasando para permitir eso. Antes de la operación no podía mover mis pies. Ahora puedo. Tengo que concentrarme, pero puedo hacerlo.
– Hay que ir despacio entonces. Date más tiempo.
– Ya estaría caminando si eso fuera a funcionar.
– No sabes eso, Jesse, y te estás arriesgando a tener cáncer -se arrodilló delante de él, mirándole-. Por favor, sólo durante un minuto, ponte en mi lugar. ¿Cómo podría vivir conmigo misma si alguna vez te perjudicara? ¿Cómo podría seguir adelante? ¿Tienes alguna idea de lo que me estás pidiendo?
Él enmarcó su rostro con ambas manos.
– Sí. Sé que voy a hacerlo. Si no me ayudas se lo pediré a Lily y a Eric, y ninguno de ellos me puede supervisar de la misma manera que tú. Estoy pidiéndote que hagas esto porque creo que eres mi mejor oportunidad.
Su pulgar rozó su piel suave cuando la miró a los ojos. Era difícil pasar por alto el temor que vio allí, pero iba a intentar el experimento. Había tenido demasiadas operaciones, y había trabajado muy duro, para renunciar.
– ¿Tienes alguna idea de lo que esto nos hará? -Preguntó- ¿Los cambios que traerá? -Ella tuvo que decirlo. El tenía que meterse en esto con los ojos abiertos.
– Después de haberme puesto de pie las cosas sólo pueden mejorar.
– ¿Es eso lo que realmente piensas, Jesse? Porque te quiero lo suficiente como para intentar esta locura, pero volverás al servicio activo. Lo harás. Es por lo que vives. Tú y tu equipo estaréis por todo el mundo ¿y dónde me deja eso a mí?
Él sacudió la cabeza.
– Eres parte de nosotros, Saber.
– ¿Qué? ¿Cómo que soy parte de tu equipo? ¿Cómo puede ser eso? Asesino gente y lo hago sola.
– Puedes curar a la gente, Saber. Podrías ser la última red de seguridad para todos nosotros.
Ella abrió la boca para replicar, pero la cerró bruscamente. ¿Eso podría ser verdad? ¿Era posible que realmente pudiera utilizar su talento para algo que no fuera matar? Había ayudado a Patsy, pero había sido un golpe de suerte. Agachó la cabeza, no queriendo que viera su expresión, a sabiendas de que él había despertado la esperanza y estaba allí en su corazón, en su mente. Siempre había pensado en sí misma como una especie de plaga terrible que las personas deberían evitar.
– ¿Saber? Dulce, mírame. Eres increíble. Las cosas que puedes hacer son asombrosas. Y si puedes hacerlo por mí, imagina lo que podrías hacer con alguien herido. He pensado mucho sobre esto.
– Yo podría joderlo todo, Jesse. Mi infancia fue un entrenamiento para matar, no para salvar vidas. Necesito practicar y no quiero que sea sobre ti.
Ella le estaba escuchando, deseándolo, ambicionando ser alguien diferente, deseando el premio que soste´nia ante ella, pero había un costo. No estaba dispuesta a adquirir una nueva vida a costa de la suya.
– Tú puedes leer mis biorritmos, ¿verdad? Puedes controlar mi pulso, incluso mi presión arterial. Despacio al principio. Mira lo que puedes hacer. No tenemos que hacer toda la regeneración en un sólo día, en una sesión. Ninguno de nosotros sabe cómo funcionará.
– Es un experimento, Jesse, y un remiendo peligroso. Si Lily hizo esto, podría tener el equipo preparado en caso de que te pase algo.
– Ella podría tener listo el equipo después de los hechos, pero tú puede prevenir que el desastre ocurra en primer lugar. Tú sabrás si mi corazón comienza a volverse loco o si cualquier otra cosa va mal.
– Tal vez, pero estás apostando tu vida a un gran quizás.
– Y otra cosa, Lily no tiene manera de observar las células. Ella no tendría forma de saber que las células están siendo sobreestimuladas, por lo que deberá adivinar los pulsos eléctricos utilizados. Tú podrás ser mucho más precisa.
– Jesse -Saber sacudió la cabeza, sosteniendo la temblorosa mano en frente de ella-. No tenéis ni idea de todo el proceso más de lo que yo la tendría de objetos en movimiento. Estás adivinando porque quieres que sea cierto.
– ¿Lo estoy?
Saber cerró los ojos y dejó salir su aliento. Eric y Lily no podían conocer la cantidad de corriente eléctrica a introducir. ¿Cómo podrían? Sus suposiciones serían menos precisas que las suyas.
– Está bien. Pero tú se lo dices a Lily.
– Ella querrá estar aquí, y quiero comenzar ahora.
– No me importa. Podemos comenzar, pero tienes que decirle lo que estamos haciendo. Si tiene advertencias u objeciones, quiero oírlas.
– Pensé que no confiabas en ella -refunfuñó, empujando su silla por el pasillo a su oficina, con Saber caminando detrás de él.
– He cambiado de idea.
Abrió la puerta y le hizo señas desde el interior. Saber ocupó la silla más cómoda y esperó hasta que Lily apareció en el monitor. Cuando Jesse le explicó lo que quería hacer, la clara emoción en la cara de Lily Whitney hizo que Saber apretara las manos en los brazos de su silla.
– ¡Jess! Tendría que haber pensado en eso. Estaba allí en su expediente sobre la regeneración de células, pero no pensé en Saber. ¿De verdad puede hacer eso? ¿Es posible, Saber? ¿Puedes controlarle internamente y saber cuándo parar?
Saber sacudió la cabeza.
– No tengo ni idea.
– Estudié tu archivo. Eres única. Nunca he encontrado a nadie como tú, con tu talento, por lo que esto sería como un regalo para los Caminantes Fantasmas si se pudieran utilizar corrientes eléctricas. Hay muchas cosas que podría enseñarte sobre la manipulación de las células heridas. Esto podría ser histórico… -ella paró-. Lo siento. A veces me dejo llevar. Debes estar aterrorizada sólo de pensar en probarlo en Jess.
– Me aterra -admitió Saber. Todavía le resultaba difícil confiar en Lily, o confiar en nadie-. Nadie tiene ni idea de si funcionará, o incluso de cómo hacerlo.
Pensar en Jess sin su silla de ruedas era espeluznante. Ella no había comprendido lo mucho que dependía de esa silla para mantenerla a salvo. Había visto guiños del verdadero Jess Calhoun, seguro de sí mismo y capacitado, un guerrero, un SEAL, un Caminante Fantasma. Él pedía que ella se lo diera todo y él le daría lo mismo. ¿Qué pasaría si funcionara? ¿Qué si no? Apenas podía respirar, estaba muy cerca de entrar en pánico, y eso era simplemente inaceptable.
– Si quieres intentarlo conmigo aquí, me alegraré de contribuir a su vigilancia -se ofreció Lily-. No estoy segura de si seré de mucha ayuda, pero podemos hablar de ello a medida que avancemos.
Saber se retorció los dedos y trató de mantener la calma.
– Eso suena mejor. Entonces, si él se nos va, podrás ayudarnos rápidamente -sus ojos se encontraron con los de Jess-. Tendrás que tener las piernas estiradas.
– Ese pequeño sofá es un futón. Yo descanso aquí a veces -dijo Jess.
– ¿Es eso lo que haces cuando pienso que estás trabajando duro? -Dijo Saber, tratando de inyectar una ligera nota a la situación. Prefería tener un ataque al corazón antes de que supieran que estaba muy asustada.
Mientras Saber quitaba el cojín para desenrollar el marco, oyó a Lily mover documentos.
– Mientras ella está organizando la sala, Jess, me permito hacerte saber que tenemos las identidades de tres de los cuatro hombres que atacaron a tu hermana. El cuarto hombre es un fantasma. Está muerto. Quiero decir, estaba anunciado como muerto antes de que llegara a Sheridan. Los otros tres eran todos del ejército, tal y como sospechabas. Y el fantasma era un Ranger. Fuerzas Especiales. Hizo el examen psíquico, pero no lo pasó. Ningún resultado en cualquier habilidad psíquica. Fue supuestamente muerto en Afganistán.
– Apuesto a que era al que llamaban Ben.
– Ben Fromeyer. Supuestamente fallecido hace un par de años -dijo Lily-. Pero aquí viene lo interesante, al menos para Ryland. Dos de tus hombres muertos sirvieron bajo las órdenes del Coronel Higgens antes de ser asesinado. Higgens era el hombre que intentó destruir a Ryland y a los Caminantes Fantasmas. Pensamos que el asesinó a Whitney.
Jess notó que, una vez más, Lily se había distanciado de su padre.
– Higgens vendía secretos a otros países. Conspiración, traición, espionaje, asesinato.
– El hombre era una verdadera pieza de trabajo.
Lily asintió.
– Ryland pensó que lo había parado.
– Pero tal vez Higgens era sólo una rueda del engranaje -reflexionó Jess-. Y se ha estado moviendo desde entonces.
– Eso es lo que piensa Ryland. Quiere hablar de ello con el General Rainer.
– No puede hasta que Rainer esté limpio. Lo sabes, Lily.
– Sí, no puede. Pero a pesar de las pruebas circunstanciales, Ryland no cree que el general esté involucrado.
– Rainer está en el ejército, y era un buen amigo de Whitney.
– Lo sé. Lo sé. Pero Peter Whitney nunca vendió a su país. Higgens le quería muerto porque descubrió lo del espionaje. Esa parte fue muy real. Whitney falseó su muerte y pasó a la clandestinidad para poder continuar con sus experimentos, pero puedes apostar que todavía tiene todos y cada uno de los contactos con el gobierno que tenía antes.
– ¿Eso incluye al General Rainer?
Lily negó.
– No, en absoluto. El general ha sido muy bueno para los Caminantes Fantasmas. Sin él, el equipo de Ryland estaría huyendo -miró detrás de Jess, a Saber-. Saber está lista Jess, si realmente quieres intentarlo.
Jess no cometió el error de vacilar. Un vistazo a la cara de Saber le indicó que estaba a punto de echar a correr. Acercó su silla al futón y bloqueó los frenos para poder pasar a la cama abierta. Saber le entregó las dos almohadas que él mantenía en el estante del marco, y se estiró, posicionando sus piernas de manera que Saber pudiera tocarlas fácilmente.
Ella se sentó a su lado y juntó sus dedos con los de él.
– ¿Estás seguro? ¿Muy seguro de que quieres intentar esto?
Podía sentirla temblar y pasó sus nudillos por su boca.
– Necesito hacer esto, Saber. Si hay alguna manera de que pueda caminar de nuevo, entonces tengo que intentarlo.
Ella cogió aire y lo dejó salir, echando un vistazo a Lily, quien asintió con ánimo, y se movió hasta el final del futón, donde pudiera rodear los tobillos de Jess con sus dedos. Su piel estaba caliente, por lo que la circulación estaba trabajando. Tuvo que calmar su mente, echar fuera cualquier posibilidad de error y escuchar, encontrar su ritmo y oír lo que estaba sucediendo en su cuerpo.
En realidad era más que escuchar, Saber sentía la circulación de la sangre. Sintió la forma en que todo trabajaba, como si se tratase de su propio cuerpo, como si compartieran una sola piel, de forma muy parecida a cuando Jess le hacía el amor. Ese mismo aliento. La euforia. Él era tan fuerte, por dentro y por fuera.
Movió una mano por su pierna hasta su pantorrilla, tratando de sentir el impulso eléctrico que los campos de energía siempre presentan. Tuvo que dibujar mentalmente el mapa las propiedades eléctricas de las células dañadas. Podía identificarlas y guardar el mapa en su mente, uno de sus mayores dones. Lily y Eric creían que con el ADN que Whitney había dado a Jess durante el realce genético, y con los nuevos fármacos, acelerarían la reparación celular y serían capaces de estimular los nervios dañados para que funcionaran, pero era evidente que el daño era demasiado serio.
– Dime lo que estás haciendo.
Ella se humedeció su labio inferior con la lengua, la única señal de sus nervios.
– Obviamente Jesse, estoy en un territorio desconocido. Si las células dañadas pudieran ser utilizables, la terapia física hubiera sido suficiente junto con las otras cosas que Lily y Eric han intentado, pero la terapia falló. Antes de que pueda estimular nuevos nervios para que se regeneren, tendré que deshacerme de los dañados.
Jess enlazó sus dedos detrás de la cabeza.
– Eso tiene sentido.
Ella destelló una breve y tentativa sonrisa.
– Me alegro que lo creas. Y espero que estés en lo cierto sobre el Dr Whitney, porque estoy usando todo lo que él dice en ese archivo. Según él, muchas áreas del cuerpo tienen su propio programa incorporado para regenerarse a sí mismos si están dañados. Para curarse uno mismo a alguien más, en teoría, todo lo que realmente tenemos que hacer es activar uno de esos programas, y el cuerpo hará el resto.
– Vamos a hacerlo entonces.
Saber suspiró. Había dicho “en teoría”. Él había elegido hacer caso omiso de esa parte. Para activar el programa necesitaba enviar un flujo constante de señal eléctrica al lugar correcto en el momento adecuado. El propio programa del cuerpo de regeneración biológica de esa zona se haría cargo y haría el resto. Eso si golpeaba tratando de rebrotar el proceso de microgestión por ella misma, es decir, si Whitney estaba en lo cierto en sus conclusiones. Sólo podía ver una patada después de que empezara a saltar.
– Vamos Saber, vamos a hacer esto.
Ella le frunció el ceño.
– Sabes que no es tan fácil como quieres que sea. Por un lado, aparte de no haber hecho esto nunca, tengo que aprender todo tipo de pequeños detalles. Tengo que tener cuidado, cuando cure las heridas para aplicar la corriente eléctrica en la dirección correcta. Si lo quemo, las heridas se abren en lugar de cerrarse. Va a llevar un poco de tiempo hasta que sepa lo que estoy haciendo.
Él acarició su brazo arriba y abajo.
– Lo siento. Sé que va a funcionar, Saber. Si lo haces, podré caminar de nuevo.
– Bien, no me hables más. Permíteme visualizar esto.
Porque estaba asustada ahora. Había matado una y otra vez con el toque de su mano. Ahora iba a hacer algo bueno en cambio, si no lo quemaba y le hacía más daño. E iba a tener que seguir las instrucciones del doctor Whitney literalmente. Él había escrito ese informe para que ella lo leyera, a sabiendas de que lo leería y retendría cada palabra. Había descrito con gran detalle lo que debía hacerse y cómo hacerlo. Primero tuvo que marchitar el segmento del nervio dañado, utilizando un blanco para la ráfaga de corriente eléctrica. Luego, necesitaba generar un nuevo segmento de los nervios para reemplazarlo.
El crecimiento de nuevos nervios, neurogénesis, era una aplicación especial de su habilidad. Al igual que un artista, “dirigiría” el campo eléctrico de un punto a otro a través de la brecha donde el segmento del nervio dañado solía estar; “pintando” donde quería que la nueva vía de nervios apareciera. Esto crearía un campo eléctrico en todo el espacio que estaba visualizando, y las células nerviosas comenzarían a crecer en la dirección en que las había “mandado”.
Comenzó tentativamente, y se encontró que para el cultivo de las vías neurales, una pulsación de corriente eléctrica trabajaba mucho mejor que una constante. Con persistencia, pudo generar todo un segmento del nervio. Fue una sensación increíble. Las células nerviosas crecían como brotes de plantas en su mente, las visualizaba de esa manera. Algunos nervios salían como provisionales zarcillos que crecerían en torno a las células vecinas. Otros se retraían si tocaban otras células.
Una vez que hizo crecer algunas nuevas células nerviosas, las disparó repetidamente como si Jess estuviera usando esas células nerviosas una y otra vez, para romper en los nervios y activar el crecimiento de nuevas neuronas incluso colgando fuera de ellos. Si generara más corriente, daría lugar a un crecimiento más rápido de nuevas células nerviosas… pero también había que tener cuidado para no exagerar y freír el nuevo segmento de nervio que estaba creando.
Se trataba de una empresa agotadora, pero tuvo más confianza cuando se dio cuenta que los tejidos y células inútiles eran sustituidos por músculos y nervios sanos. Se concentró en el área más dañada, alrededor de los biónicos donde las señales eléctricas habían sido separadas, y estimuló el crecimiento preciso de esos músculos y nervios necesarios para el desarrollo de los biónicos.
El crecimiento del nuevo tejido muscular requería un poco de algo, descubrió; era más fácil que la regeneración de los nervios, pero requería una gran precisión durante largos períodos de tiempo. Si aplicaba la cantidad justa de corriente eléctrica en el borde del tejido muscular sano, pondría en marcha el programa biológico ya incorporado en el cuerpo, un programa para regenerar nuevo tejido muscular para sustituir los viejos tejidos dañados. Sólo tenía que mantener el nivel actual de corriente para mantener el programa del cuerpo en funcionamiento y sentarse y sentir que hacía el resto del trabajo. Se aseguró de golpear los microfuncionamientos de tropecientas células musculares. Estaba tan agotada, no se creía capaz de poder continuar.
Retiró su mano de las piernas de Jess, consciente del paso del tiempo sólo porque se tambaleaba de cansancio. La habitación había estado tan silenciosa mientras trabajaba, y cuando echó un vistazo a la pantalla, Ryland la estaba mirando junto a su esposa.
Jess permaneció quieto durante un rato, tanto tiempo que el corazón de Saber empezó a acelerarse. Ella tocó su hombro.
– ¿Estás bien?
Él le echó una ojeada y luego al monitor.
– Sí. Me siento bien. Simplemente no me siento diferente. Mientras has estado trabajando mis piernas estaban cálidas, y sentí un cosquilleo, pero ahora no estoy sintiendo nada -se sentó lentamente.
Lily le sonrió.
– Si no ves ninguna mejora dentro de las siguientes veinticuatro horas, debes intentarlo de nuevo. Esto es asombroso, Saber.
– Sólo si funciona -dijo Saber.
– Me gustaría quedarme y hablar, esto es realmente emocionante, pero creo que voy a tener un bebé muy pronto aquí.
– Quieres decir en un par de semanas -la corrigió Jess.
– Quiero decir en pocas horas. Si necesitas cualquier otra cosa, llama a Eric. Estaré fuera de contacto por un tiempo.
Ryland pegó su cabeza a la de Lily, una sonrisa se repartía por su cara de oreja a oreja.
– ¡Vamos a tener un bebé, Jess!
Jess se rió.
– Me doy cuenta de eso. Buena suerte a los dos. Háznoslo saber a todos en el momento en que venga al mundo.
– Lo haré -prometió Ryland.
Lily sopló un beso a Jess.
– Sed felices, vosotros dos.
El monitor se oscureció y Saber lo desactivó. Se volvió hacia Jess.
– No puedo creer que estuviera sentada allí viéndome trabajar todo el tiempo. Me siento un bicho raro
– No creo que te asuste mucho, Saber -dijo Jess, capturando su mano y tirando de ella hasta que estuvo de nuevo a su lado.
– ¿Qué es? -Ella le apartó el cabello.
Jess se sentó de nuevo contra las almohadas, tratando de ocultar su frustración, frotando su mano sobre su oscura mandíbula para ocultar su expresión cuando realmente quería golpearse en las piernas con su puño.
– ¿Qué? -Saber le dedicó una lenta sonrisa mientras negaba con la cabeza-. ¿Creías que todo lo que hemos hecho tendría un éxito inmediato y milagrosamente podrías ponerte de pie y caminar? Incluso un renacuajo necesita veinticuatro horas para que le crezca una nueva cola y tú, mi impaciente amigo, eres mucho más grande que un renacuajo.
Él le frunció el ceño.
– Podrías ser un poco más simpática.
– ¿Más que qué? Te estás portando como un niño que quiere una gratificación instantánea -se inclinó más y le besó la nariz-. Allí está todo fuera de conjunto, pero lo he hecho lo mejor que he podido.
– No está mejor -haciendo referencia a la esquina izquierda de su boca.
Ella pudo los ojos en blanco, pero se pero se inclinó más cerca, sus labios pasaron como una pluma hasta que encontró la esquina y presionó brevemente.
– Eres como un niño.
El señaló la otra parte.
Saber atrapó su cabeza en las manos y besó la esquina derecha de su boca, y luego colocó los labios sobre los suyos. Excitándo. Mordisqueándole. Deslizando su lengua a lo largo de la costura de su boca. Sintió como su estómago se apretaba, su vientre apretándose con necesidad. No tenía más que mirar a Jess para quererle. Besarle era increíble. Amaba su boca, caliente y sensual y un poco despiadada.
La mano de Jess se trasladó de la nuca a su cuello, manteniéndola quieta, en tanto que su boca se hacía con el control. Su otra mano la impulsó abajo encima de él. Ella se sentó a horcajadas y deslizó los brazos alrededor de su cuello, presionando cerca de su pecho.
Él la besaba una y otra vez, profundizando en cada beso, exigiendo más y más hasta que sintió como si ella se estuviera fundiendo en sus brazos.
– Si no te he dicho esto antes, gracias. Y si no funciona, gracias por intentarlo. Sé que tenías miedo.
– Si me olvido de decírtelo -susurró contra su boca-, estoy muy enamorada de ti.
– Entonces cásate conmigo.
Se sentó abruptamente.
– No empieces de nuevo. Honestamente Jess, eres implacable cuando quieres algo.
Le tiró de un rizo.
– Puedo mantenerte a salvo de Whitney.
– Tal vez. Y puede que me dejes embarazada y tengamos que pasar a la clandestinidad al igual que Lily. Ella ha tenido que irse de su casa con el fin de mantener a su hijo a salvo.
Él se encogió de hombros.
– Podemos ir arriba a las montañas, cerca de Jack y Ken. Tienen una fortaleza allí. Está todo bien, Saber, mientras estemos juntos.
Ella se movió de su regazo.
– Vamos rey dragón, vamos a ir a comer. No he comido todavía y tengo que ir a trabajar -necesitaba algo después de gastar toda esa energía.
Él deslizó su cuerpo del futón a su silla. Su pantorrilla derecha dio un tirón. Cogió su pierna y la colocó.
– Voy a cocinar esta noche. Puedes explicarme por qué no crees que marcharnos a las montañas sería una buena idea.
– Tus padres por un lado, Jesse. Y Patsy. Después de que te trasladaras aquí Patsy te siguió y luego tus padres compraron una casa también. Me lo dijiste tú mismo. No puedes dejarles.
Se rió de ella.
– Realmente te estás agarrando a la paja, ¿no?
– ¿Por qué matrimonio?
– Porque creo en él. Mis padres han estado casados durante más de treinta y cuatro años. Están todavía enamorados. No creo que la cosa verdadera venga muy a menudo, así que lo cojo y la conservo.
– ¿Cómo puedes estar tan seguro de que no son las feromonas?
Él cogió de nuevo su mano, tirando de ella hasta que estuvo a su lado.
– El sexo contigo es fantástico, no hay duda sobre eso, mejor que lo que nunca imaginé -su sonrisa se volvió perversa-. Y me puedo imaginar muchas cosas. Pero la verdad es… -su sonrisa se desvaneció y la sentó en su regazo, sus brazos envolviéndola estrechamente, refugiándola contra su corazón-… Estoy tan enamorado de ti, que no puedo pensar correctamente. Uno tiene poco que hacer con el otro. No me siento como si esto fuera todo feromonas.
Ella se mordió el labio.
– Pensaste que amabas a Chaleen lo suficiente para pedirle que se casara contigo.
– Ella se hizo pasar por alguien que no era. Pensé que le gustaban las mismas cosas que a mí, y no sabía lo que era el amor verdadero. Confundí atracción sexual con amor real. Creo que lo supe todo el tiempo, pero no quería reconocerlo porque un hogar y una familia significan mucho para mí. Tú eres la cosa real.
– ¿Y si estás equivocado? -Persistió ella, volviendo su cara hacia él-. Podrías estar equivocado.
Él deslizó la mano alrededor de su cuello hasta la nuca, acariciandole el rostro con el pulgar.
– No lo estoy, Saber.
Ella sacudió la cabeza. Estaba cansada y tenía que hacer un programa.
– Tengo trabajo esta noche. ¿Crees que podremos hablar de esto más tarde? Me estoy muriendo de hambre.
– Afortunadamente para ti, llamé y me trajeron la cena antes. Sólo tengo que calentarla.
– Tramposo -le acusó, dejándose caer en una silla. Su mano era frágil cuando la pasó a través de su pelo-. Eso fue más difícil de lo que me imaginaba.
Tenía que ocultarlel los efectos del drenaje psíquico o insistiría en que se quedara en casa, y necesitaba un poco de tiempo para ponerlo todo en perspectiva. Pero estaba agotada.
– Tiene sentido, estás usando la energía para dirigir una corriente eléctrica. Y trabajaste durante más de una hora y media.
– No me di cuenta de que el tiempo pasaba -admitió-. El archivo de Whitney realmente es más útil de lo que me gustaría admitir. Todo lo que especuló y cómo hacerlo estaba allí.
No se apartó en absoluto de las instrucciones, demasiado temerosa de hacerle daño.
Puso un plato delante de ella y volvió a buscar el suyo.
– Dijiste que leiste el segundo archivo, tu objetivo El senador Ed Freeman eratu objetivo, ¿no? -Miró hacia atrás cuando ella no respondió.
La mirada de Saber se desvió de la suya.
– No me gusta hablar de lo que pasó antes de que yo llegara aquí. Estoy tratando de ser otra persona y olvidarme de todo lo que sucedió. Tal vez, sólo tal vez, si pudiera ayudarte, no me sentiría como la villana del mundo todo el tiempo. Y quizás tus amigos no mo mirarían como si esperaran que los friera con mi mirada.
Jess puso su plato en la mesa y arrastró la silla debajo de la misma. Sus piernas estaban moviéndose ligeramente, ambas, diminutas chispas de dolor volando hacia él. No se atrevió a mencionarlo, no cuando ella estaba tan segura de que podía hacerle daño.
– Eres demasiado sensible. Nadie te mira así, más que tú misma. Lo que te pasó te hizo quien eres, la mujer de la que estoy enamorado, Saber Y tenemos que averiguar quién está tratando de matar a los Caminantes Fantasmas.
– Whitney es un buen comienzo.
– Tal vez. Posiblemente. Pero quizás sea otra persona y el senador Freeman participó en el espionaje -las agujas y los alfileres eran dolorosos y sentía calambres y espasmos en sus músculos.
Ella se encogió de hombros.
– Whitney lo pensó. El padre de Freeman y Whitney fueron amigos, pero al parecer tuvieron una pelea. Whitney documentó la participación del senador con un General McEntire, que era parte de un círculo de espionaje. He visto las pruebas y son bastante abrumadoras. El senador parecía un blanco legítimo para mí, pero las pruebas pueden ser falsificadas con bastante facilidad.
– No creo que Whitney hiciera nada, Saber. Freeman envió a dos Caminantes Fantasmas para que fueran capturados y torturados en el Congo. Él es parte de un complot intentando destruirnos, a pesar de que no tiene sentido porque está casado con una de nosotros.
– Violet. He leído sobre ella -dijo Saber-. Whitney la quiere muerta también.
– Lo querría si estuvieran vendiendo secretos a países extranjeros, sobre todo ahora con todos los atentados terroristas. Y no puedo culparlo. Freeman está a punto de ser nombrado como candidato vice presidencial. ¿Puedes imaginar a lo que tendrá acceso?
Las piernas de Jess estaban saltando. Por debajo de la mesa sus manos las presionaban fuertemente hacia abajo desde sus rodillas en un intento de controlar los espasmos involuntarios. Los alfileres y las agujas eran como puñaladas en su carne. Comenzó a sudar. Había pensado Saber se quedara en casa pero no quería que lo viera así.
Deliberadamente echó un vistazo a su reloj.
– ¿Te hago llegar tarde?
Ella le agarró el brazo y giró su muñeca.
– Oh no. Tengo que irme. Brian se estará tirando de los pelos. Lo siento por los platos. Tú calentaste la comida, yo debería limpiar. Los dejaré para cuando vuelva a casa.
Se apresuró en torno a la mesa, le dio un rápido beso en la cabeza, y cogiendo su bolso, hizo una pausa en la puerta.
– Si me necesitas esta noche, llámame, Jess.
– Estaré bien -tenía que irse rápido o notaría que él tenía problemas.
– Tus amigos saldrán esta noche, ¿verdad? ¿velarán por ti?
La ansiedad en su voz volcó su corazón.
– Sí. Ahora vete, Saber. Estaré escuchándote.
Ella le sonrió y se apresuró a salir de la cocina hacia la puerta del garaje.
Jess puso su cabeza sobre la mesa y se preparó para una larga noche.