Inez Nelson giró la esquina y se detuvo bruscamente, sosteniendo una caja de comestibles en sus brazos. Palideció y permaneció quieta, esperando que Jackson diera la orden de tranquilizarse al perro. Cuando Bomber se sentó ella respiró hondo, viendo sólo entonces que el arma de Jackson volvía a la pistolera de su hombro.
Inez poseía el local y la única tienda de ultramarinos en Sea Haven. Había sido parte de las vidas de las hermanas Drake desde que Elle podía recordar. Parecía frágil con el pelo canoso y el cuerpo esbelto, pero ya estaba sonriendo al perro.
– Buen trabajo, Bomber. Proteges a nuestra chica. Traje algunas cosas que pensé que podríais necesitar -dijo a modo de saludo, los agudos ojos inventariando a Elle mientras esta surgía de su escondite en los arbustos-. Hola, cariño, no pensaba que estuvieras levantada tan temprano. Iba a dejar la caja en el embarcadero.
Elle sintió el calor subir a pesar de sus esfuerzos por controlarlo. No pudo evitar el mirar hacia abajo, para ver si todas las heridas estaban cubiertas adecuadamente. El suéter de Jackson era largo para ella, pero era blanco y se veían algunas de las vendas. Había un par de lugares donde la sangre había manado, manchando la tela. Levantó la mano para tocar el enredado pelo color rojo apagado, todavía enmarañado por la falta de cuidado.
Jackson la agarró por la muñeca y tiró, empujándola bajo su hombro, su cuerpo protegía el suyo ligeramente, haciendo más difícil que Inez consiguiera una buena vista.
– Eso es tan dulce de tu parte, Inez -habló Jackson en el breve silencio.
Podía sentir la molestia de Elle, su repentino temor irracional, y su pena por tratar a una vieja amiga con tal falta de calor. Él raramente hablaba con cualquiera del pueblo más que un par de oraciones breves. Pero, si Elle no podía recibir visitas todavía, entonces ahí estaba él para cubrirla. Le dirigió una sonrisa amistosa e indicó a Inez que le precediera por el sendero hasta la terraza. Mantuvo el brazo firmemente alrededor de la cintura de Elle, instándola a caminar con él.
– ¿Cuándo pusiste grabados en tus piedras, Jackson? -preguntó Inez, mirando al sendero-. Nunca lo he advertido en todo el tiempo que te he traído comestibles.
Elle miró rápidamente a la cara de Jackson. ¿Ella te trae comestibles?
En el momento en que utilizó la telepatía, el cerebro se agarrotó, apretándole el cráneo como un torno. Jadeó y se adhirió a Jackson para evitar caer. Él le puso la mano en la nuca y le empujó la cabeza hacia abajo para que pudiera respirar profundamente y evitar desmayarse.
Libby te dijo que no usaras la telepatía. Tienes que permitir que tu cerebro se cure, Elle. Si sigues así destruirás tu talento completamente. El temor hizo que su voz sonara nerviosa y más brusca de lo que pretendía.
Elle intentó liberarse de su mano, mirándole furiosa.
– Lo sé. ¿Crees que no lo sé? Lo olvidé.
– ¿Olvidaste qué, querida? -Inez se giró con una sonrisa en la cara, pero jadeó cuando vio la cara de Elle-. Estás sangrando, Elle.
– ¿Lo estoy? -Elle se tocó la boca y la nariz. Los dedos salieron manchados de sangre-. No duele, Inez. Entraré, me lavaré y volveré inmediatamente. -Manteniendo la cabeza baja, se apresuró hacia la casa, deslizando la mampara detrás de ella. Bomber logró deslizarse dentro a la señal de Jackson antes de que la mampara se cerrara.
– ¿No deberías entrar con ella? -preguntó Inez-. Puedo irme, Jackson.
La primera reacción de Jackson fue dejar que se fuera. Siempre había estado inquieto con gente alrededor, pero Inez conocía a Elle desde su nacimiento, había asistido a la fiesta de la madre por ella. Podía ver la preocupación en sus ojos, y en las profundas líneas de la cara mientras dejaba los comestibles y le miraba.
– Por favor, quédate. Toma una taza de té con nosotros esta mañana. -Le envió una pequeña sonrisa-. O café. No se lo digas a Elle, pero tengo café en la cocina.
Inez le sonrió.
– El café sería fantástico. Aún no he tenido mi cuota de la mañana. -Echó un vistazo al reloj mientras se sentaba en la mecedora-. Tengo bastante tiempo antes de que se suponga que abra la tienda.
– Llevaré esto adentro y te traeré una taza. ¿Azúcar y crema?
Ella sacudió la cabeza.
– Me gusta negro y fuerte. Y quizá no deberíamos mencionar esto a Elle tampoco.
Jackson levantó los pulgares y entró deprisa para comprobar a Elle. Esta ya se había restregado la cara y trataba desesperadamente de domar su pelo. Las lágrimas le corrían por la cara. Le agarró las frenéticas manos y las sostuvo quietas.
– Dime.
– Mírame. Soy un desastre.
– No, no lo eres, Elle. Eres la mujer más hermosa del mundo. Échate el pelo hacia atrás y haz esa cosa que haces, ya sabes, retorcerlo arriba y sujetarlo con un lápiz. Resalta la forma de tu cara.
Él estaba pensando en su piel, su boca y en su estructura ósea. No de manera sexual, decidió ella, secándose las lágrimas instantáneamente. Sólo de una manera abstracta y pensaba sinceramente que era hermosa. Sólo el modo en que él pensaba la hacía sentir como si quizá lo fuera. Respiró hondo, siguiendo inconscientemente la pauta de respiración de Jackson e hizo lo que le sugirió, retorció la masa de cabello en un ornamentado rollo y lo sujetó con un lápiz para sostenerlo en su lugar.
– Inez va a tomar una taza de… algo con nosotros esta mañana antes del trabajo. Puedes ponerte al día con todos los acontecimientos de Sea Haven.
Elle le agarró la manga.
– ¿Estoy cubierta?
– Completamente, nena. -Se inclinó y la rozó con un beso suave a través de la boca temblorosa-. Un poco demasiado si me preguntas, pero me gusta mirarte.
Jackson volvió a la cocina y vertió dos cafés de su cafetera automática, la cual adoraba. La nueva tecnología a veces era maravillosa y tener café preparado cuando se despertaba era una de sus alegrías en la vida.
– Sé lo que estás haciendo -anunció Elle desde el otro cuarto.
La tetera empezó a cantar, aunque Jackson todavía no hubiera encendido el quemador.
– Maldita sea, Elle. Se supone que no debes utilizar los poderes psíquicos en nada. ¿No comprendes lo que quiere decir en nada? Porque puedo ayudarte a comprenderlo.
– No me amenaces, Jackson -advirtió Elle.
Oyó correr agua y supo que había sangrado otra vez por la nariz y la boca. Su cerebro estaba lejos de estar curado.
– No era una amenaza, nena. Era más como una promesa. Para ya. -Hizo una pequeña tetera y puso un paño de cocina sobre la misma para macerarlo mientras llevaba el café afuera para Inez-. Lo siento, me llevó un poco de tiempo.
Inez miró hacia la casa con una pequeña sonrisa.
– Pienso que tienes las manos ocupadas con ésa, Jackson. Va a necesitar un hombre fuerte.
Le dirigió otra sonrisa a Inez, sintiéndose realmente divertido, algo raro en él. Extendió las piernas hacia adelante, echando una mirada larga y cuidadosa alrededor.
– Me gusta que sea una fiera. Tiene una pinta tan engañosa, ya sabes, una cosita, de apariencia joven, la gente nunca la toma en serio, pero tiene ese cerebro, es lista como el infierno, y cuando se mueve, es una belleza.
Inez se rió.
– Ha sido así desde que tenía dos años. -Giró la cabeza y le miró directamente-. Pasará por esto y será más fuerte. Ella no cree eso ahora, pero Elle es una luchadora. Y nosotros la ayudaremos. Si ves algo que podamos hacer, déjanoslo saber.
Él levantó la taza de café hacia ella.
– Lo estás haciendo, Inez. Ella necesita saber que está rodeada de personas que la aman.
Inez apartó la mirada pero no antes de que él captara el brillo de lágrimas.
– Las chicas Drake han sido una luz brillante en nuestro pueblo desde el momento en que nacieron. Han ayudado a la mayor parte de nosotros en un sentido u otro. Esto es una comunidad de fuertes lazos y cerrada. Sé que estás preocupado por ella. -Los ojos apagados se volvieron sagaces-. Crees que todavía está en peligro, ¿verdad?
Jackson evitó toda expresión en su cara. Inez no tenía manera de saber donde había estado Elle o lo que le había sucedido a ella, y no iba darle ni un indicio. Elle odiaría eso.
– Oh, no te preocupes, no tienes que contármelo -dijo Inez, como si le leyera los pensamientos-. Pero si corre peligro, todos nosotros la protegeremos. Ella es nuestra tanto como tuya.
– Gracias, Inez -dijo Jackson.
– ¿Cuándo plantaste todas estas nuevas plantas? -cambió de tema, indicando el patio con el mentón-. La última vez que estuve aquí entregando comestibles, no había ninguna de estas plantas.
Jackson frunció el entrecejo mientras miraba al patio. Vides verde oscuro se retorcían hacia arriba por la valla. Varios brotes verdes llenos de capullos llegaban casi hasta la altura de las rodillas a lo largo de todo el sendero, delineando las piedras. Miró más de cerca las piedras. Inez había hecho comentarios acerca de los símbolos grabados en ellas. No habían estado allí antes. Ni tampoco las plantas. No era primavera, pero plantas se alzaban de repente por todas partes y vio más pájaros revoloteando por su patio trasero de los que había visto jamás antes.
Estaba mirando fijamente mar adentro cuando Elle salió a la terraza. Dos delfines saltaron en el aire, dieron un salto mortal y volvieron al agua. Él se inclinó hacia delante y echó otra mirada lenta alrededor del patio. Los pájaros revoloteaban en las ramas, desprovistas de hojas por el invierno, pero podía ver los brotes que se formaban en las ramas desnudas. Respiró profundamente mientras se levantaba para que Elle se sentara en la mecedora más cómoda y metía una manta alrededor de su esbelta forma.
– ¿Traes a menudo comestibles a Jackson, Inez? -preguntó Elle.
Inez asintió solemnemente, ignorando la nota burlona en la voz de Elle.
– Alguien tenía que cerciorarse de que comiera como es debido.
Con deliberada atención, Elle estudió los músculos definidos de los brazos y pecho de Jackson.
– Tienes razón, parece como si se hubiera estado muriendo de hambre -le dirigió a la mujer mayor una sonrisa y sopló en su té.
Inez pareció severa.
– Eso fue sarcasmo, señorita.
Bomber empujó la cabeza bajo los dedos de Jackson para que le rascara. Elle reprimió otra sonrisa.
– Creo que le has mimado, Inez. ¿Tienes alguna idea de que esa reputación tan mala que tiene va a desaparecer cuando esto se sepa?
Inez miró a Jackson cariñosamente.
– Él sólo piensa que es grande y malo. ¿Sabías que visita al joven Donny Ruttermeyer casi todas las noches y revisa su dinero para asegurarse de que paga sus cuentas?
Elle sabia que Donny tenía síndrome de Down y cuando cumplió veinte años había empezado a hacer trabajillos para varios negocios, decidido a abrirse camino por sí mismo. Pudo ver como un débil rubor se escabullía por el cuello de Jackson y él se abstenía cuidadosamente de mirarla.
– ¿Lo hace ahora?
Inez asintió.
– Donny realmente le admira.
Jackson se retorció en la silla.
– En realidad el viejo Mars cuida de Donny. Le trae productos y fue él quien persuadió a Donna, la de la tienda de regalos, para que le alquilara al chico un cuarto. Y Mars vigila sus cuentas con él, yo sólo compruebo las cosas dos veces.
– Le das dinero si anda corto -le delató Inez sin escrúpulos.
– No anda corto muy a menudo -defendió Jackson-. El chico se está abriendo camino.
Elle intercambió una mirada de diversión con Inez.
– Sí, lo hace, Jackson. -Ella respiró hondo-. ¿Así que cuál es el último rumor sobre mí, Inez? Querría saber que sospecha el pueblo que me ha pasado.
Inez se encogió de hombros.
– Te vas tan a menudo que al principio nadie tenía ni un indicio de que algo fuera mal, pero entonces tus hermanas pararon de hablar de bodas y empezaron a reunirse en la casa. Podíamos ver a Hannah en la almena del capitán y supimos que algo estaba mal. El consenso general es que estabas explorando en algún lugar y te perdiste.
Elle asintió, encontrándose con la mirada de la mujer más vieja y sosteniéndola por un momento. Ese «consenso general» había venido de Inez, que poseía una facilidad para influir en las personas a su alrededor en lo que deseaba que creyeran acerca de las hermanas Drake.
– Viajaba por Sudamérica y me caí al escalar una vertiente rocosa bastante escarpada y acabé herida, pero me estoy recuperando bien.
Inez miró su reloj y dejó la taza de café.
– Donna estará preguntándose dónde me he metido esta mañana. Es una mujer tan curiosa, y estará llamando a Jonas, informando que no he aparecido a trabajar esta mañana. Se pasa media vida mirando por el escaparate de la tienda de regalos para ver lo que hago.
Había cariño en su voz mientras se quejaba sobre su mejor amiga.
Jackson se levantó con ella.
– Gracias por los comestibles, Inez. Es siempre un placer verte. -Dio un paso entre la mujer más vieja y Elle, bajando suavemente los escalones con ella-. Significa mucho que hayas venido.
Inez miró atrás, a Elle.
– Parece muy delgada y cansada, Jackson. Cuida de ella.
– Sabes que lo haré.
– Otra cosa. -Inez le agarró por la manga, parándole, bajando su voz aún más-. Ese horrible Reverendo RJ ha estado en el pueblo unos cuantos días. Alquila una casa de la playa y trata de conseguir seguidores. Ha traído a unas cuantas personas con él, una mujer y su hija de San Francisco, creo. Ha estado preguntando por las cintas colgadas por el pueblo. Le han contado que estaban por una de las chicas locales en el extranjero, pero tengo la sensación de que está aquí realmente para causar daño a las Drake. Jonas y tú os habíais ido, así que no he dicho nada hasta ahora.
– ¿Estás segura de todavía está en el pueblo?
El reverendo RJ había causado problemas tanto a Hannah como a Joley. Jackson no podía imaginarse que estuviera en Sea Haven por ninguna otra razón que para fomentar titulares para él mismo y la última cosa que necesitaban era publicidad.
– No le he visto ni he oído nada sobre él durante un par de días, Jackson.
– ¿Qué edad tiene la hija de la mujer?
Inez frunció el entrecejo.
– Joven, quince quizá. Es difícil decirlo con los niños de hoy en día. Viste a la moda gótica, toda de negro, muchos piercings, el pelo colgando sobre la cara, pero parece mona. No habló cuando entraron en la tienda y parecía triste. Sentí compasión por ella. ¿Quieres que pregunte sobre él?
Jackson sacudió la cabeza.
– No, sólo mantén los oídos abiertos. Si él anda alrededor, alguien te lo mencionará. No actúes excesivamente interesada, pero llama a Jonas, a Ilya o a mí.
Inez asintió solemnemente.
– No vayas a preocuparte por mí, Jackson, he estado alrededor de los de su clase un par de veces.
Hizo un movimiento con la mano hacia Elle y caminó rápidamente, con los hombros delgados tiesos.
Jackson la miró irse con una pequeña sonrisa, sacudiendo la cabeza cuando se volvió hacia Elle.
– Es una mujer muy agradable.
Elle asintió.
– Cuida de la mitad del pueblo. -Le miró venir hacia ella, de la manera fluida con que se movía, un susurro tranquilo, los ojos vigilantes, inquietos, moviéndose del cielo al suelo, incluso mar adentro. La hacía sentirse segura-. Es agradable lo que haces por Donny.
Jackson se encogió de hombros.
– Es un gran chico y tengo tiempo. Le gusta hablar sobre las fuerzas de la ley. El chico no tiene un sólo hueso malvado en el cuerpo. Le tengo manteniendo un ojo tanto en Donna como en Inez. Le dije que eran un poco mayores, aunque ninguna quisiera admitirlo, así que lleva las cajas más pesadas para ellas. -Le dedicó una sonrisa rápida y avergonzada-. Luego les a ellas dije que estaba intentando ayudar a Donny a que aprendiera modales así que si les pedía que le dejaran ayudarlas a llevar cosas, le estarían haciendo un favor dejándole.
– Muy listo, Deveau. Voy a tener que vigilarte. ¿Qué fue todo ese secreteo? ¿Qué pasa?
– Me estaba advirtiendo que mejor que te cuide. Y dijo que RJ estuvo en el pueblo hace pocos días.
Su voz fue muy casual, pero Elle se tensó, la tensión se alzó en ella lo bastante como para provocar la alerta del perro, que levantó la cabeza y las orejas, escuchando el problema. Los ojos permanecieron centrados en ella.
– No es nada del otro mundo, Elle. Que RJ venga al pueblo no es excepcional. Joley y Hannah e incluso Kate generan noticias. Él lo desea. Mantendremos el perfil bajo.
Ella asintió, forzando aire en los pulmones.
– No sé por qué estoy tan nerviosa. Pero no estoy preparada para que mi nombre sea público de ninguna manera. Todavía tengo que contactar con Dane y redactar un informe, e incluso eso me asusta. El que me mantuviera presa en su casa, hace que me dé cuenta con cada día que pasa de cuánto poder tiene Stavros realmente. No es sólo su dinero y créeme, compraría su salida de cualquier sitio, es su capacidad psíquica. Influye sutilmente en las personas. Ni siquiera reconocí el flujo de energía como lo que era hasta que estuvimos en la isla y no pudo usarlo en mí más.
– ¿Cómo influye él? ¿Cuáles son exactamente sus capacidades psíquicas?
Ella se frotó la sien. La mano le temblaba y retorció los dedos juntos en el regazo.
– No lo sé, Jackson. Obviamente sabía que yo era psíquica y yo nunca sospeché que él lo fuera. No pude leerle y sencillamente pensé que tenía barreras naturales. Pero no podía leer a su guardaespaldas ni a ninguno de los hombres en el cuarto con nosotros. Debí haber sospechado, pero nunca sentía energía a su alrededor.
– ¿Podría ser ese su único talento?
– Él tenía miedo de su hermano y con esa barrera psíquica en la isla, di por supuesto que su hermano puede ser más mortal, pero no lo sé.
Se frotó la sien otra vez.
Jackson dio un paso detrás de ella y dejó caer las manos sobre sus hombros, dándole masajes, sintiendo los pequeños huesos. No podía comprender cómo Stavros podía haberla herido de esa manera. Elle necesitaba a alguien que la amara, que la comprendiera, que la admirara y la respetara. ¿Por qué intentar romperla?
Ella alzó la mano para cubrirle los dedos.
– Él no eres tú, Jackson, y nunca lo será. Él no desea una mujer fuerte. No desea una compañera. No lo sé, quizá a él le va totalmente ese rollo del dominante y la sumisa y no lo entendí realmente.
– Lo dudo, nena. Por lo que he oído, un verdadero dom ama y aprecia a su mujer. La desea feliz y satisfecha. Un sumiso se da a sí mismo a su compañero o compañera. No, te estaba rompiendo, forzando la dependencia. Dime lo que sabes de su hermano.
Una gaviota gritó y otra contestó. Él alzó la mirada al cielo. La niebla comenzaba a espesarse, viniendo del océano, unos dedos brumosos que se arrastraban por la costa, moviéndose hacia ellos.
– Su hermano entró en el cuarto una vez y realmente me dio miedo. Había maldad en sus ojos y en su aura. Stavros tiene razón en temerlo. Le gusta herir a la gente, no sólo a mujeres, sino a cualquiera. Y miraba a Stavros con la misma exacta mirada que él me dio. Fría. Calculadora. Le dijo a Stavros cómo «romperme» a su voluntad. Cuándo hablaba, se aseguraba de que yo oyera cada palabra. Me mostró los látigos y la caña y describió cada instrumento con todo detalle y cómo dolería. Describió las magulladuras o heridas que cada uno haría y cómo me enseñaría a servirlo sexualmente. Dijo que disfruta rompiendo a las mujeres para sus clientes.
Jackson le tiró de la mano.
– Estás temblando. Vamos dentro de la casa.
Elle sacudió la cabeza.
– Todavía no. Quiero estar al aire libre donde puedo ver algo viniendo hacia mí.
A él no le gustaba el aspecto de la niebla, oscura, húmeda y mucho más pesada de lo habitual. Echó una mirada a Bomber, notando que el perro estaba alerta, mirando fijamente al agua picada, su cuerpo entre Elle, Jackson y la niebla entrante. El perro pastor estaba de pie, con las orejas levantadas, los ojos concentrados, el pelo erizado y la cola hacia abajo, equilibrado y preparado, estirado hacia un enemigo invisible.
Los dedos de Elle se arrastraron hasta la garganta. Jackson le agarró la mano.
– ¿Por qué hiciste eso?
Ella tragó.
– No lo sé. Por un momento, la garganta se cerró. Creo que hablar de Stavros me pone en estado de pánico. Lo siento, Jackson. No quiero ser tan infantil.
– No eres infantil, Elle. -Se inclinó y le acarició la coronilla con la boca. Estaba empezando a sentir un mal presentimiento y todas y cada una de las veces que había tenido la misma sensación de estómago revuelto en su vida, algo malo había sucedido-. Tu casa es más segura que la mía. Tengo una habitación donde escondo mis armas, y estarás relativamente a salvo allí si te metemos, pero tu casa se come a la gente. Activamente te protege. Y hay más personas para cuidarte.
– Tengo que estar contigo en este momento, Jackson. Sé que nadie más lo comprende, pero sé que no estaré a salvo sin ti.
No podía salir de la mente de Elle y no quería pensar demasiado acerca del porqué de la creencia de Elle de que estaba más segura con él, no hasta que pudiera estar solo con sus pensamientos. Algo no estaba bien y Elle tenía más dones psíquicos que la mayoría de las personas. Si ella no creía que estaba a salvo sin él en la casa Drake, con Ilya, Jonas y Matt para protegerla, entonces lo que fuera que la amenazara tenía que ser más que físico y él tenía una sensación realmente mala acerca de quién estaba detrás de esa amenaza.
– ¿Jackson? -la voz de Elle tembló.
– Estaremos bien, cariño. Quieres estar conmigo, entonces te quedarás conmigo. Tengo un par de amigos, la mujer que te conté que entrenó a Bomber, y su marido que me pueden dar unos cuantos consejos para mantenerte segura. Me enviará esos dos perros que te comenté tan pronto como estén listos. Ya he hecho los arreglos. Uno en particular es para ti.
Elle deslizó la palma sobre la cabeza de Bomber.
– Él es consolador.
Bomber dio un corto ladrido. Jackson deslizó suavemente la mano dentro de la chaqueta.
– Muéstrame.
Bomber se dirigió hacia el sendero que llevaba a la playa justo debajo de la casa.
– Son mis hermanas -dijo Elle-. Están en la playa.
Jackson llamó al perro de vuelta y Bomber respondió instantáneamente, acercándose y sentándose al lado de Jackson. El hombre y el perro protegían a Elle mientras Jackson miraba detenidamente a través de la niebla espesa, tratando de distinguir las figuras que se perfilaban en la arena.
Las seis mujeres parecían etéreas. Apenas podría distinguirlas con sus fluidas faldas largas, los pies desnudos y el pelo suelto. Podía oír las voces femeninas alzándose en el viento y el crujir de un fuego cuando encendieron pequeños pedazos de madera que tiraban a la fogata. Los brazos se levantaron hacia el cielo gris, cantaron, los pies bailaban con un patrón en la fresca arena.
Elle bajó la escalera de la terraza hasta pararse bajo el hombro de Jackson, su cuerpo más pequeño se apretaba contra el de él. Jackson envolvió el brazo alrededor de ella, atrayéndola más cerca para escudarle mientras miraban las llamas, naranjas y rojas, resplandeciendo brillantemente a través de la espesa niebla.
Resbaló el brazo alrededor de la cintura de él, curvando los dedos en su camisa como un puño.
– Quieres estar con ellas.
Él hizo una declaración.
– Sí. -Frotó la cara contra las costillas de Jackson-. Están determinadas a curarme de un modo u otro. Permanece en mi mente, por favor Jackson, por sí acaso.
A él no le gustaba el modo en que ella tiritaba, como si el frío penetrante fuera directamente a sus huesos.
– No voy a dejarte, Elle.
Su voz era apacible, sorprendiéndole. No era un hombre apacible. Cargaba con demonios y a menudo era brusco hasta el punto de ser grosero, pero Elle sacaba lo mejor de él, lo mejor que ni siquiera sabía que tenía. Inmediatamente se sintió protector y suave por dentro, donde ella se preocupaba.
– Tus hermanas no tratan de meterse en tu interior, cariño, sólo están intentando darte fuerza.
– Lo sé. -Mantuvo la cabeza baja-. Una vez que sepa que podemos protegernos de Libby, le pediré que me ayude a curarme más rápido. Aunque no la quiero en mi cerebro, ni siquiera para ayudar con la curación psíquica.
– ¿Eso no es cosa más de Kate?
Elle le miró entonces, sorprendida de que lo supiera. La capacidad de Libby para curar era famosa en el pequeño pueblo, pero pocos sabían de la capacidad de Kate.
– ¿Cómo?
– La última Navidad, cuando el pueblo fue atacado por la entidad en la niebla, Kate trajo la paz a todos. Matt y Jonas la trajeron a mi casa, pensando que yo necesitaba la paz como los otros, pero estaba atravesando unos momentos duros y estaba preocupado por Jonas, así que casi hice algo loco. Intenté quemar mi talento.
Su voz fue baja mientras lo admitía ante ella.
Ella levantó la cabeza, jadeando. Los dedos se apretaron en su camisa.
– Jackson. ¿Dónde estaba yo? ¿Cómo no lo supe?
– Estabas fuera, en algún lugar, Sudamérica quizá. Quién sabe. Y Kate y el pueblo estaban en problemas así que tu atención estaba centrada allí.
Elle dejó salir el aliento. Odiaba eso. Odiaba no haber sabido que él estaba en tales problemas que pensó en un suicidio psíquico.
– No podías soportar tocar a nadie.
– No consigo emociones así. Soy diferente, Elle, y no sé cómo explicarlo. Contigo tengo telepatía, estamos en la misma longitud de onda, pero con los otros, sé cosas parte del tiempo y en su mayor parte son cosas que no quiero saber. Puede ser muy perturbador, especialmente si he tenido un día malo en el trabajo. -La miró, su mirada concentrándose en la de ella-. Pero tú ya sabes eso. Has tenido la misma sobrecarga muchas, muchas veces en tu vida. Intentas no tocar nunca a otros, pero eso no siempre ayuda, ni siquiera con tu familia.
Ella apretó la frente contra su pecho.
– No -admitió-. Es abrumador sentir tantas emociones que me bombardean día y noche. ¿Cómo te ayudó Kate?
– Habló conmigo, lo cual admitiré fue calmante, pero entonces, justo antes de que se fuera, me estrechó la mano y me deseó paz. Pero se llevó con ella algunas de las sombras con las que vivo, la oscuridad, y después me di cuenta de que mi cerebro estaba sobrecargado y ella lo alivió… -se detuvo y agarró el mentón de Elle, empujándole la cabeza hacia arriba para mirarla a los ojos-. ¿Crees que puede curarte psíquicamente?
– Hay una posibilidad.
Jackson dejó salir el aliento en una ráfaga de entusiasmo. Stavros quizás fuera poderoso, pero no podía compararse a las hermanas Drake. No con Elle curada totalmente. Había estado preocupado por el futuro de ambos, por el futuro de sus niños.
– No sé si quiero que ella lo intente. -La admisión vino en voz baja-. Si toma la carga, o la enfermedad de la misma manera que Libby, ¿qué le hará a Kate?
Los dos miraron a las seis mujeres que bailaban alrededor de la fogata. El viento entró desde océano y sopló la niebla de la costa, acorralándola y retirándola de vuelta al mar. Las suaves voces melódicas se alzaron, notas puras y hermosas, trayendo una sensación de paz tanto a Elle como a Jackson. Bomber reaccionó también, las orejas se ladearon hacia delante, los ojos brillantes y concentrados siguieron cada movimiento de las bailarinas.
Los pies desnudos pisoteaban la arena, creando un ritmo de latidos que podían sentir construyéndose en la sangre. Hannah, fácilmente reconocible por su altura y los rizos platino, levantó sus brazos hacia el mar mientras las otras seguían moviéndose en círculo. Jackson sintió el cambio del viento, una diferencia sutil. Sintió el océano, saboreó la sal, la fina niebla marina en la cara. Elle levantó los brazos, alejándose del cuerpo de Jackson para pararse directamente en la corriente de aire que entraba de la playa.
A Jackson, le llevó un momento darse cuenta de lo que estaba en esa niebla. Apresuradamente tiró del jersey que Elle llevaba sacándoselo por la cabeza, e ignorando su protesta, lo dejó caer en la arena.
– Quítate los pantalones de chándal -ordenó Jackson, ya moviéndose detrás de ella para agarrar la pretina, bajándolos sobre sus caderas.
– No llevo nada -protestó ella.
– ¿A quién cojones le importa? -dijo bruscamente con voz áspera-. No es como si no te hubiera visto y ellas están lejos. Enviaré a Bomber delante y nos advertirá si alguien viene. Quítatelos.
Hizo señales al perro y tiró de los pantalones simultáneamente, no dando realmente elección a Elle. Si sus hermanas estaban dispuestas a intentar curar su cuerpo físico desde lejos, iba a llevarla a donde pudieran hacerlo. Era doloroso ver su cuerpo tan magullado, con cortes y verdugones. Y estaba avergonzada, como si de algún modo pudiera haber impedido que Stavros la torturara.
Ella tomó aliento bruscamente, pero Jackson le sostuvo los brazos separados del cuerpo, y la giró lentamente alrededor para que la corriente constante de niebla pudiera cubrirle todo el cuerpo, por delante, por detrás y los lados. Ella se sintió arder por la sal en las heridas, pero entonces le siguió un calor calmante, y profundamente en su interior, donde nadie excepto Jackson podía verlo, lloró ante la completa alegría de estar unida, aunque fuera a través del viento, con sus hermanas otra vez.
Jackson podía sentir el amor y el calor que entraban a raudales junto con la niebla curativa, pero estaba mirando más allá de las hermanas, sobre el mar espumoso. Esperaba delfines e incluso quizás una ballena, pero en vez de eso, había un grueso banco de niebla gris que se resistía a abandonar la costa, y resultaba algo amenazador. Podría jurar que algo se movió en la niebla, estirando unos dedos helados hacia la playa, pero el viento de Hannah mantuvo los zarcillos invasores en la bahía mientras sus hermanas bailaban.
¿Cuál era el talento psíquico de Stavros? ¿Podría proyectarse a través del mar y cernirse sobre la costa? ¿Habría establecido una conexión con Elle del modo en que Jackson lo había hecho? El pensamiento le molestó a más de un nivel. No quería que ningún otro hombre tuviera una conexión psíquica con Elle.
El fuego crujió y chasqueó, resplandeciendo naranja y enviando llamas hacia el cielo. Las voces femeninas vagaron lentamente y las bailarinas cayeron agotadas en la arena. Hannah fue la última, sosteniendo la niebla curativa tanto tiempo como pudo antes de que ella, también, se desplomase en la playa. Detrás de ella, el mar estaba salvaje y picado, revuelto por los fuertes vientos que pasaban por delante de aquélla para alcanzar la costa.
Jackson lanzó la manta alrededor de Elle.
– Entra en la casa, nena y vístete -dijo-. Pondré el agua para el té e iré a por tus hermanas.
– Puedo hacer el té -ofreció ella-. Estoy cansada, pero ya me siento mejor. -Tiritaba un poco mientras la niebla se arrastraba más cerca de la playa-. No me gusta que estén tumbadas indefensas en la arena con la niebla entrando, especialmente Hannah. Está demasiado cerca de la orilla del agua.
– La traeré. -No le gustaba la manera en que el banco de niebla era tan oscuro, o el modo en que los dedos se estiraban, alargados, pareciendo inquietantemente como si una mano se estirara hacia ellas-. Ve a la casa, Elle. Vístete y caliéntate. Bomber es un perro entrenado en protección y te protegerá a ti antes que a la propiedad. Le pedí a Lisset que le entrenara con órdenes rusas porque toda la familia habla ruso y me figuré que sería más fácil para cualquiera de nosotros dirigirse a él cuándo fuera necesario. -Le dio una lista de órdenes y le hizo repetirla-. Vístete y caliéntate, nena. Hoy hace frío fuera y la niebla se mueve rápidamente. -Señaló al perro-. Ve con ella, busca.
Las orejas de Bomber se levantaron, los ojos se concentraron en el pesado banco de niebla gris que se movía hacia la costa. Gimoteó, comunicando su ansiedad pero obedientemente precedió a Elle por los escalones de la casa y desapareció dentro.
– Espérale, Elle. Déjale comprobar la casa. Señalará cuando es seguro que entres. Espera siempre. Tienes que comenzar a tomar precauciones.
– No estoy acostumbrada a esto.
Tiritaba dentro de la manta.
– Lo sé, pero llegará a ser tu segunda naturaleza. Es preferible que aprendamos cómo cuidar de nosotros mismos y de nuestras niñas. Ambos tenemos algo peligroso colgando sobre nuestras cabezas que podría afectar a nuestras vidas.
Mantuvo la voz práctica, como si no fuera nada vivir bajo una amenaza de muerte. La única cosa que el secuestro de Elle le había enseñado era que tenía que aferrarse a la vida con ambas manos, y no mirarla pasar porque tuviera miedo por Elle o por sus niñas. Las cosas malas sucedían todo el tiempo, pero estaba perdiéndose las cosas buenas mientras esperaba y estaba decidido a que Elle viera que tenían un futuro sin importar cómo.
Bomber sacó la cabeza por la puerta abierta y dio un corto ladrido.
– Alábalo y entra con él.
– Pondré el hervidor y me vestiré -dijo Elle, agradecida de ser de alguna ayuda.
Jackson esperó hasta que Elle y el pastor alemán estuvieran a salvo dentro antes de bajar por el sendero. El pequeño tramo de dunas que separaba su propiedad de la playa caía suavemente, con pequeñas plantas empujando a través de la arena, punteando el paisaje con pedacitos de vibrante verde.
Una vez en la playa, se agachó al lado de Sarah.
– ¿Estás bien?
– Sólo un poco drenada. ¿Funcionó? -Miró hacia el mar, con un pequeño ceño en la cara-. No me gusta el aspecto de eso.
Su voz era fina y no se movía, ni siquiera para girar la cabeza, pero movía la mirada para observar la niebla melancólica.
– Creo que realmente la ayudasteis, Sarah. Por lo menos, se sentía mejor rodeada por vosotras. Está haciendo té. Te llevaré a la casa, pero no permitiré que ninguna de sus hermanas trate de entrar en su cabeza. No desea eso.
– Nos lo figuramos -dijo Sarah.
El estómago de Jackson comenzaba a apretarse en duros nudos y un escalofrío de conocimiento se arrastró por su espina dorsal. Se apartó de Sarah para mirar al mar. Las olas retrocedían, empujando el grueso banco de niebla que se reunía en alta mar en una calma misteriosa. Un túnel oscuro de agua corría de la costa al mar, el color más profundo se empujaba hacia las aguas del océano, manchando de azul de un turbio verde en el centro. En alta mar, una ola reunió fuerza y empezó a correr hacia la playa.
Jackson se puso de pie de un salto, gritando una advertencia a Hannah mientras corría, triturando la arena hasta donde estaba tumbada con un brazo y una pierna extendidos en la arena húmeda. Hannah estaba embarazada, Jackson lo sabía, aunque sólo había un pequeño bulto redondeado en su forma delgada que declarara el hecho. Los ojos de Hannah estaban cerrados y su cuerpo débil, drenado por usar la energía psíquica para dirigir la niebla curativa hacia su hermana más joven. El nivel del agua más cercano a Hannah era mucho más superficial de lo que debería haber sido, creando la ilusión de calma total. Casi estaba sobre ella cuando el agua golpeó y los largos y gruesos brazos del alga tubular se estiraron en una ola que se acercaba rápidamente y se enrolló alrededor de la muñeca y del tobillo de Hannah.
Con el viento conduciendo la ola hacia la costa con tal fuerza, la estela, sin ninguna otra parte a la que ir, fue empujada al lado, rodeando a Hannah completamente mientras el agua procuraba volver al mar. La corriente oculta, mucho más fuerte en la superficie que debajo, se congregó con fuerza, y bajo el agua oscura, el alga volvió a tirar bruscamente y la delgada forma de Hannah se deslizó hacia el mar abierto. El agua espumó alrededor de su cuerpo, salpicándole la cara, abrió los ojos de golpe por el pánico. Empezó a luchar, pero sus movimientos eran débiles y no podían compararse al poder de la resaca que se retiraba mientras la arrastraba a mar abierto.
Jackson se zambulló tras Hannah, agarrándola del brazo, sosteniéndola mientras la ola les succionaba a ambos hacia abajo, haciéndolos rodar violentamente mientras les precipitaba hacia aguas más profundas. La agarró inflexiblemente, negándose a entregársela al mar.
No luches. Permanece tranquila, Hannah. Nunca había utilizado la telepatía con nadie excepto con Elle, pero Elle estaba con él, dirigiendo la comunicación en su mente. La podía sentir, el temor, el conocimiento de que ellos estaban en terribles problemas.
Las corrientes ocultas bajo la superficie del agua, causaban más muertes que cualquier otro desastre natural excepto inundaciones y calor extremo.
Deja que nos lleve mar adentro. Nada paralela a la costa. La corriente no tiene esa anchura.
Mantuvo los dedos cerrados como un torno alrededor del brazo de Hannah. El frío ya invadía su cuerpo y los vaqueros pesaban, intentando arrastrarlo hacia abajo. No podía imaginarse lo que sería para Hannah tan delgada como era. El océano estaba frío y la hipotermia se asentaría rápidamente.
Ella ya estaba agotada, drenada de toda energía por la curación que ha realizado, y tratar de mover los brazos y piernas le es imposible. La voz de Elle surgió, muy tranquila.
Dile que gire y flote sobre mí. Jackson luchaba contra la fuerte corriente que seguía intentando arrastrar a Hannah lejos de él. Juraría que el agua alrededor de ellos estaba viva, rasgando y rompiendo sobre ellos. Sabía que luchar era inútil, tenían que permitir que la corriente les llevara tan lejos como fuera.
El alga la tiene atrapada. Tienes que liberarla, Jackson.
Por un momento, en el mar oscuro, con el frío helado y la fuerte corriente empujándole, no lo sintió posible, pero reteniendo todavía la posesión del brazo, dejó de nadar, abandonó el intento de arrastrar a Hannah en medio de la corriente de resaca, y sacó de un tirón el cuchillo de su cinturón. Inmediatamente, sintió la ráfaga de la poderosa agua empujándolos más lejos mar adentro, pero él le cerró la mente a todo excepto a liberar a Hannah del alga.
De algún modo los filamentos gruesos del alga habían envuelto el brazo y la pierna de Hannah repetidas veces mientras eran revolcados una y otra vez en el agua revuelta, la arena raspaba la piel expuesta mientras eran barridos a través de los bancos de arena mar adentro. Cortó las frondas elásticas a lo largo del brazo hasta que ella ondeó el brazo libremente. Pateó con fuerza, agarrándola por la ropa mientras se abría camino luchando hacia su pierna y el alga en el que ella estaba enredada. El alga se había desarraigado y era un freno para nadar, así que la cortó por ahí también y agarró la mano de Hannah, tirando de ella para que fuera en la dirección correcta.
Jackson estaba casi sin aire y sabía que Hannah tenía que estar aterrorizada. Dile que todo irá bien, que nade paralela a la costa. Pateó con fuerza, llevando a Hannah con él, rezando para que no luchara. Rompieron la superficie y ambos jadearon en busca de aire.
Dile que no mire a la playa, sólo que siga nadando.