V

Las mesas del maíz

quieren que yo me acuerde.

El corro está mirándome

fugaz y eternamente.

Los sentados son órganos [21],

las sentadas magueyes.

Delante de mi pecho

la mazorcada tienden.


De la voz y los modos

gracia tolteca llueve.

La casta come lento,

como el venado bebe.

Dorados son el hombre,

el bocado, el aceite,

y en sesgo de ave pasan

las jícaras alegres.

Otra vez me tuvieron

éstos que aquí me tienen,

y el corro, de lo eterno,

parece que espejee…

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