Capítulo XXIV

—Por ese camino vamos a parar al manicomio —dijo Spence.

—¡Oh!, no es tan complicado como todo eso —respondió, apaciguador, Hércules Poirot.

—Eso es lo que usted dice. Cada nuevo dato que nos llega hace más difícil la investigación. Ahora me dice usted que mistress Upward telefoneó a tres mujeres. Que les pidió que fueran a su casa, aquella noche. ¿Por qué tres? ¿No sabía ya cuál de ellas era Lily Gamboll? ¿O no se trata de Lily Gamboll, después de todo? Fíjese en ese libro que lleva el nombre de Evelyn Hope. Sugiere, ¿verdad?, que mistress Upward y Eva Kane eran una sola persona.

—Lo cual está completamente de acuerdo con la impresión que a James Bentley le dieron las palabras de mistress McGinty.

—Creí que él no estaba seguro.

—Y no lo estaba. A James Bentley le resultaría imposible estar seguro de nada. No escuchó con atención lo que mistress McGinty le decía. No obstante, si a James Bentley le dio la impresión de que mistress McGinty hablaba de mistress Up ward, es muy posible que así sea. Las impresiones tienen fundamento con frecuencia.

—Nuestras últimas noticias de Australia (se marchó a Australia, en efecto, y no a América) parecen ser que "mistress Hope" murió allá hace veinte años.

—Eso ya me lo han dicho —dijo el detective.

—Usted siempre lo sabe todo, ¿eh, Poirot?

Este no hizo caso de la ironía. Dijo:

—Por un lado tenemos a "mistress Hope", muerta en Australia, ¿y por el otro?

—Por el otro tenemos a mistress Upward, viuda de un acaudalado fabricante del norte de Inglaterra. Vivió con él cerca de Leeds y tuvo un hijo. Poco después de nacer el hijo, murió el marido. El muchacho acusaba una tendencia tuberculosa, y desde la muerte de su esposo vivió la mayor parte del tiempo en el extranjero.

—¿Y cuándo empieza la historia?

—Cuatro años después de marcharse Eva Kane de Inglaterra. Upward conoció a su mujer en el extranjero y la trajo a Inglaterra después de casarse.

—De suerte que mistress Upward podría ser Eva Kane. ¿Cómo se llamaba de soltera?

—Hargraves, según tengo entendido. Pero ¿qué hay en un nombre?

—¿Qué, en efecto? Eva Kane, o Evelyn Hope, puede haber muerto en Australia... pero puede muy bien haber combinado una muerte de conveniencia y resucitado con el nombre de Hargraves, haciendo a continuación una nueva boda.

—Todo eso ha ocurrido hace mucho tiempo —dijo Spence—. Pero supongamos que es cierto. Supongamos que conservó una fotografía suya y que mistress McGinty la vio... Entonces ha de suponerse que ella mató a mistress McGinty.

—Eso podía ser, ¿verdad? Robin Upward estaba hablando por radio aquella noche. Mistress Rendell hablaba de haber ido aquella noche a Laburnums y de no haber conseguido que la oyeran. Según mistress Sweetiman, Janet Groom le dijo que mistress Upward no estaba tan impedida. como quería hacer creer.

—Todo eso está muy bien, Poirot; pero subsiste el hecho de que a ella la mataron... después de haber reconocido el retrato. Ahora quiere usted hacer creer que las dos muertes no tienen relación alguna.

—No, no. Yo no digo eso. Claro que están relacionadas.

—Me doy por vencido.

—Evelyn Hope. Ahí está la clave del problema.

—¿Evelyn Carpenter? ¿Es eso lo que usted piensa? ¡No Lily Gamboll, sino la hija de Eva Kane! Pero ¡no me diga que iba a matar ella a su propia madre!

—No, no. Este no es un caso de parricidio.

—¡Qué exasperante es usted, Poirot! ¡Acabará diciendo que Eva Kane, y Lily Gamboll, y Janice Courtland, y Vera Blake, viven todas en Broadhinny! Las cuatro sospechosas.

—Tenemos más de cuatro. No olvide que Eva Kane era institutriz de los Craig.

—¿Qué tiene que ver eso con el asunto?

—Donde hay una institutriz tiene que haber niños... O, por lo menos, una criatura. ¿Qué fue de los hijos de los Craig?

—Creo que tenían un hijo y una hija. Algún pariente se los llevó.

—Por tanto, hay dos personas más a quienes tener en cuenta. Dos personas que pueden haber conservado un retrato por la razón tercera que mencioné: venganza.

—No lo creo —dijo Spence.

Poirot exhaló un suspiro.

—De todas formas, hay que tenerlas en cuenta. Creo conocer ya la verdad... aunque hay un hecho que me desconcierta por completo.

—Me alegro de que haya algo que le desconcierte.

—Confírmeme una cosa, cher Spence. Eva Kane abandonó el país antes de ser

ejecutado Craig, ¿no es cierto?

—Completamente cierto.

—¿Y estaba por entonces esperando una criatura?

—En efecto.

Bon Dieu, ¡qué estúpido he sido! —dijo Hércules Poirot—. El asunto es sencillísimo, ¿verdad?

Tras esta afirmación a punto estuvo de producirse un tercer asesinato: el de Hércules Poirot, en la Jefatura de Policía de Kilchester y a manos del superintendente Spence.

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