Traducido por Aletse
Renata se situó en el lavabo de pedestal en el cuarto de baño, escupió lo último de la pasta de dientes por el desagüe, luego se enjuago con varios puñados de agua fría. Ella había despertado mucho más tarde de lo que ella pretendía. Nikolai le dijo que ella que había parecido necesitar el descanso, así que él la había dejado dormir hasta casi las diez de la mañana. Ella podría haber dormido otros diez días más y ella probablemente todavía estaría cansada.
Ella se sentía fatal. Adolorida por todas partes, con sus débiles extremidades. Inestable en sus pies. Su cuerpo con su termostato interno al parecer no podía decidir entre el frío glacial y el calor abrumador, dejándola en una atormentada alternancia de escalofríos y ondas de cuentas de sudor en la frente y la parte de atrás de su cuello.
Con su mano derecha apoyada en el lavabo, ella llevo su otra mano debajo de la corriente del grifo, con la intención de sujetar como un anillo, sus dedos fríos, mojados alrededor del horno que ardía sobre su nuca. Un pequeño movimiento de su brazo izquierdo y ella protestó de dolor.
Su hombro se sentía como si estuviera en ardiendo.
Ella hizo una mueca cuando con cuidado se desabotonaba la parte superior de la amplia camisa tipo Oxford que era préstamo de Jack. Lentamente ella encogió el hombro para sacarlo fuera de la manga izquierda para así poder quitarse la venda y examinar su herida. La cinta aguijoneo cuando ella la arranco lejos de su sensible, adolecida piel. La coagulada sangre y el ungüento antiséptico recubrían la almohadilla gruesa de la gasa, pero la herida que se encontraba abajo aún estaba hinchada y filtrándose.
Ella no necesitaba a un doctor para que le dijera que esto no eran buenas noticias. Sangre y grueso fluido amarillo se drenaba desde el inflamado círculo rojo que rodea el punto abierto por donde la bala había entrado. No era bueno en absoluto. Tampoco necesitaba un termómetro para confirmar que ella estaría probablemente hundiera en una fiebre muy alta debido a la aparición de la infección.
"Mierda", susurró ella en su rostro demacrado, pálido en el espejo. "Yo no tengo tiempo para esto, maldita sea."
Un golpe abrupto en la puerta del cuarto de baño la hizo saltar.
"Oye." Nikolai llamó de nuevo, dos golpes rápidos. "¿Todo bien allí dentro?"
– ”Sí. Sí, está todo bien". Su voz raspo como papel de lija en su garganta, poco mejor que un tono áspero de sonido. "Solo me estoy lavando los dientes".
"¿Segura que estás bien?"
"Estoy bien". Renata levanto el arrugado sucio vendaje y lo tiró en el recipiente de la basura que estaba al lado del lavabo. "Estaré afuera en pocos minutos."
La tardanza en la respuesta no le dio la impresión de que él se marchara a ninguna parte. Ella hizo girar la manivela del agua para un mayor volumen y esperó, inmóvil, con sus ojos en la puerta cerrada.
"Renata… tu herida”, dijo Nicolás a través del panel de madera. Había una gravedad en su tono. "¿No esta curada todavía? Ella debería haber dejado de sangrar ya…"
Aunque ella no hubiese querido que él supiera lo que le estaba pasando, no había ningún motivo para negárselo ahora. Todos los de su Estirpe tenían sentidos absurdamente agudos, especialmente cuando estos aparecían al descubrir sangre derramada. Renata se aclaró la garganta. "No es nada, no es gran cosa. Sólo necesito una nueva gasa y un vendaje fresco".
"Voy a entrar", él dijo, y le dio un giro de la manija de la puerta. Esta se mantuvo, cerrada desde el interior por el seguro del botón que se encontraba oprimido. "Renata. Déjame entrar"
– ”Te dije, estoy bien. Estaré afuera en solo unos…"
Ella no tuvo la posibilidad de terminar la frase. Usando lo que sólo podría haber sido el poder mental de la Raza, Nikolai acciono la cerradura y abrió la puerta ampliamente. Renata lo podría haber maldecido por haber entrado como si fuera el dueño del lugar, pero ella estaba demasiado ocupada tratando de jalar de un tirón la manga larga, suelta de la camisa para cubrirse ella misma. A ella no le importaba tanto si él veía el estado de inflamación de la herida por el arma de fuego, eran las otras marcas las que ella deseaba hacer desaparecer.
Las permanentes que habían sido quemadas en la piel de su espalda.
Ella logro conseguir llevar la suave tela de algodón alrededor de ella, pero todos los movimientos y el tironeo hizo a su hombre gritar y su estomago revolverse cuando el dolor le causo una ola de fuertes náuseas.
Jadeando ahora, inundada en un sudor frío, ella misma se dejó caer hacia abajo en la cerrada tapa del inodoro e intento actuar como si ella no estuviera a punto de derramar su estómago por todas partes sobre los diminutos azulejos negros y blancos que se encontraban bajo sus pies.
"Por crissake [4]". Nikolai, con su torso desnudo, por el prestado calentamiento que estaba ejecutado en el punto bajo de sus caderas estrechas, le echó una mirada a ella y se dejó caer en cuclillas delante de ella. "Tu estás muy lejos de estar bien aquí." Ella se sobresalto cuando él trato de alcanzar el flojo cuello abierto de la camisa. "No lo haga".
"Solamente voy a revisar tu herida. Algo no está bien. Ella debería estar curada a esta hora." Él aparto hacia fuera la tela de su hombro y frunció el ceño. "Mierda. Esto no se ve bien en absoluto. ¿Cómo se ve el punto de salida?"
Él se levanto y se inclinó sobre ella, con sus dedos cuidadosos mientras él deslizaba más de la camisa de su camino. A pesar de que estaba ardiendo, ella podía sentir el calor de su cuerpo, mientras el estaba tan cerca de ella en este pequeño espacio. "¡Ah, mierda… de este lado esta peor que del frente. Voy a sacarte de esta camisa para que pueda ver exactamente con lo que estamos tratando".
Renata se congeló, su sistema completo se agarroto. "No, yo no puedo."
"Claro que tu puedes. Yo te ayudaré". Cuando ella no se movió, quedándose sentada allí sujetando la parte delantera de la grande camiseta en un puño apretado, Nikolai sonrió abiertamente. "Si tu piensas que tienes que ser reservada conmigo, no lo hagas. Infiernos, tu ya me has visto desnudo por lo tanto es justo, ¿cierto?" Ella no se rio. Ella no podría. Era difícil mantener su fija mirada, difícil de creer la preocupación que estaba comenzando a oscurecer sus invernales ojos azules, mientras él esperaba por su respuesta. Ella no quería ver repulsión allí, ni, mucho menos, compasión. "¿Tu albedrio justamente… acaba de marcharse ahora? ¿Por favor? Permíteme encargarme de cuidar de esto yo mismo."
"La herida está infectada. Tu estás con fiebre debido a ella."
"Lo sé".
La cara de Nikolai se volvió sobria con una emoción que ella no podía distinguir. "¿Cuándo fue la última vez que tu te alimentaste?"
Ella se encogió de hombros. "Jack me trajo un poco de comida anoche, pero yo no tenía hambre."
"No comida, Renata. Estoy hablando de sangre. ¿Cuándo fue la última vez que tú te alimentaste de Yakut?"
“¿Tu te refieres a beber su sangre?" Ella no pudo ocultar su repulsión. "Nunca. ¿Por qué tu estas preguntándome eso? ¿Por qué piensas eso?”
"Él bebió de ti. Lo vi alimentándose de tu vena en su habitación en el recinto. Supongo que supuse que era un acuerdo mutuo".
Renata odiaba pensar en eso, y mucho menos recordar que Nikolai había sido testigo de su degradación. "Sergio me utilizaba por sangre cada vez que él sentía la necesidad. O cada vez que él deseaba hacer una demostración."
"Pero él nunca te dio su sangre a cambio?"
Renata negó con la cabeza.
"No me extraña que tu no estés sanando rápidamente", murmuró Nikolai. Él le dio una ligera sacudida a su cabeza. "Cuando lo vi beber de ti… pensé que tu estabas emparejada con él. Supuse que ustedes estaban unidos con el lazo de sangre entre sí. Pensé que tal vez tu sentías cariño por él".
"Tu pensaste que yo lo amaba,” dijo Renata, dándose cuenta hacia donde se dirigía. "No era eso. Ni siquiera se acercaba."
Ella exhaló un aliento agudo que resonó en su garganta. Nikolai no la estaba presionando para buscar respuestas, y tal vez precisamente debido a ello, ella quería que él entendiera que lo que ella sentia por el vampiro al que había servido era cualquier cosa menos afecto. "Hace dos años, Sergei Yakut me recogió en las afueras de una calle del centro de la ciudad y me llevaron a su refugio junto con varios otros niños que él había levantado esa noche. Nosotros no sabíamos quién era, o hacia donde íbamos, o por qué. No sabíamos nada, porque él nos había puesto a todos nosotros en una especie de trance que no levanto hasta que nos encontramos nosotros mismos encerrados juntos dentro de una gran jaula oscura".
"El interior del granero de su propiedad", dijo Nicolás, con su rostro sombrío. "Jesús Cristo. ¿Él te trajo para su juego en vivo de su club de sangre?"
"Yo no creo que cualquiera de nosotros nos diéramos cuenta de que los monstruos realmente existían hasta que Yakut, Lex, y algunos otros vinieron de afuera para abrir la jaula. Ellos nos mostraron el bosque, nos dijeron que corriéramos." Ella tragó la circulante amargura que se levanto en su garganta. "La matanza comenzó tan pronto cuando el primero de nosotros rompió hacia el bosque."
En su mente, Renata volvió a revivir el horror con absoluto detalle. Ella todavía podía oír los gritos de las víctimas cuando ellos huían, y los aullidos terribles de los depredadores que los cazaban con tal salvaje frenesí. Ella todavía podía oler el esencia fuerte veraniega de pino y amargo musgo, los aromas de la naturaleza fueron sofocados muy pronto por el de la sangre y la muerte. Ella aún podía ver la inmensa oscuridad que rodeaba el terreno desconocido, con escondidas ramas que le golpeaban las mejillas y que rasgaba su ropa mientras ella trataba de navegar su huida.
"Ninguno de ustedes tenia una posibilidad", murmuró Nikolai. "Ellos les dijeron a ustedes que corrieran solamente para jugar con ustedes. Para darse a si mismo la ilusión de que los clubes de sangre tienen algo que ver con el deporte".
"Yo sé eso ahora". Renata todavía podía saborear la inutilidad de toda aquella partida. El terror había adquirido aspecto en esa funesta noche en forma de ojos de color ámbar brillantes y expuestos, ensangrentados colmillos como nada que ella hubiese alguna vez sonado en sus peores pesadillas. "Uno de ellos me alcanzó a mí. Èl salió de la nada y comenzó a rodearme, preparándose para el ataque. Yo nunca había tenido más miedo. Estaba asustada y enojada y algo dentro de mí solamente… se rompió. Sentí un poder correr a través de mí, algo más fuerte que la adrenalina inundaba mi cuerpo."
Nikolai asintió con la cabeza. "Tu no sabias acerca de la habilidad que poseías".
"Yo no sabía acerca de un montón de cosas hasta esa noche. Todas las cosas habían girado de arriba hacia abajo. Yo sólo quería sobrevivir – la única cosa que yo sabía hacer. Así que cuando yo sentí que la energía fluía a través de mí, algún instinto visceral me indico que lo girara y dejara libre sobre mi atacante. Lo empuje hacia afuera con mi mente y el vampiro se tambaleo hacia atrás como si lo hubiera golpeado físicamente. Le lance más de él, y aún más, hasta que él estuvo abajo en el suelo gritando y sus ojos estuvieron sangrando y toda su cuerpo estaba convulsionándose de dolor." Renata se detuvo, preguntándose si el guerrero de la Raza la contemplaba en silencio juzgándola por su total falta de remordimiento por lo que ella había hecho. Ella no estaba dispuesta a pedir disculpas o dar excusas. "Yo quería que él sufriera, Nikolai. Quería matarlo, y lo hice".
"¿Qué otra opción tenías tú?", dijo él, extendiendo la mano y con mucha ternura deslizo las puntas de sus dedos a lo largo de la línea de su mejilla. "¿Y qué hay de Yakut? ¿Dónde estaba él, durante todo esto?"
"No muy lejos. Yo había comenzado a correr nuevamente cuando él se cruzo en mi camino y se dirigió hacia mí. Yo traté de derribarlo también, pero él lo resistió. Envié todo lo que yo tenia hacia él, hasta el punto de agotamiento, pero no fue lo suficiente. Él era demasiado fuerte."
"Porque él era un Gen Uno".
Renata hizo una inclinación de asentimiento con la cabeza. "Él me lo explicó más tarde, después de aquel combate inicial las repercusiones me habían dejado inconsciente durante tres días completos y me desperté para encontrarme presionada a trabajar como guardaespaldas personal de un vampiro. "
"Tu nunca trataste de marcharte?"
"Al principio, lo intenté. Más de una vez. Eso nunca le tomo demasiado tiempo para localizarme." Ella golpeó ligeramente su dedo índice contra la vena situada al lado de su cuello. "Difícil de llegar muy lejos cuando tu propia sangre es mejor que un GPS para tu perseguidor. Él utilizaba mi sangre para asegurarse de mi lealtad. Era un grillete que no podía romper. Yo nunca pude estar libre de él."
"Tu ahora eres libre, Renata."
"Sí, supongo que yo lo estoy", dijo ella, la respuesta sonando tan hueca como ella la sentía. "¿Pero qué hay con respecto a Mira?"
Nikolai la contemplo a ella durante un largo momento sin decir nada. Ella no quería ver la duda en sus ojos, no más de lo que ella quería alguna vana garantía de que allí había algo que cualquiera de ellos dos podría hacer por Mira ahora que ella estaba en manos del enemigo. Tanto peor cuando ella actualmente estaba debilitada por la herida.
Nikolai se giró hacia la bañera antigua con patas en forma de garras color blanca y les dio a las llaves gemelas una vuelta. Cuando el agua se precipitó en la bañera, él se volvió hacia donde ella estaba sentada. "Un refrescante baño debería rebajar tu temperatura. Vamos, yo te ayudare a lavarte."
"No, yo puedo manejar mi propio…-"
Él le dijo a ella que no – al levantar en respuesta una de sus cejas. "La camisa, Renata. Déjame ayudarte con ella así puedo tener una mejor visión de lo que está pasando con esa herida."
Obviamente, él no estaba dispuesto a dejarla. Renata se quedó muy quieta todavía cuando Nikolai desabrochó los últimos pocos botones de la gigantesca carpa tipo Oxford y gentilmente con cuidado la removió de ella. El algodón cayó en una aglomeración suave sobre su regazo y alrededor de sus caderas. A pesar de que ella llevaba un sujetador, la modestia arraigada en ella desde sus primeros años en el orfelinato de la iglesia la hizo levantar sus manos para resguardar sus pechos de sus ojos.
Pero él no la estaba mirando en una manera sexual en ese momento. Toda su atención estaba centrada sobre su hombro ahora mismo. El era tierno, cuidadoso, sus dedos exploraban ligeramente alrededor de la zona. Él siguió la curva de su hombro por encima y alrededor de donde la bala le había abandonado su carne. "¿Te duele cuando te toco aquí?"
A pesar de que su toque era apenas un contacto que la pasaba rozando, el dolor irradiaba a través de ella. Ella hizo una mueca, succionando hacia adentro su aliento. "Lo siento. Hay demasiado enrojecimiento e hinchazón alrededor de la herida de salida", dijo él, con su profunda voz que vibro por sus huesos mientras que su toque se seguia movía ligeramente sobre ella. "Esto no se ve muy bien, pero creo que si lo lavamos con agua por fuera y…"
A medida que su voz se apagaba, ella sabía lo que él estaba viendo ahora. No el abierto cañonazo de la herida, sino las otras dos marcas hechas de forma diferente en la suave piel de su espalda. Ella sentía las marcas arder tan encendidamente como lo habían hecho la noche en que ellas habían sido puesto allí.
"Infierno Santo." El aliento de Nikolai lo dejo salir en un suspiro lento. "¿Qué te pasó? ¿Son estas marcas de quemaduras? ¿Jesús… son ellas marcas?"
Renata cerró sus ojos. Parte de ella quería nada más que encogerse allí y desvanecerse en los azulejos, pero ella se obligó a permanecer quieta, su columna vertebral rígidamente erguida. "Ellas no son nada".
"Mentira". Él se puso de pie ante ella y le levantó el mentón con el borde de su mano. Ella dejó que su mirada elevara hacia arriba hasta encontrarse con la de él y fundirse en sus agudos pálidos ojos llenos de intensidad. No había ningún rastro de compasión en esos ojos, solo una fría indignación que la desconcertó. "Cuéntame. ¿Quién te hizo esto- fue Yakut?"
Ella se encogió de hombros. "Justamente era una de sus formas más creativas de recordarme que no era una buena idea molestar a él."
"Ese hijo de puta", dijo Nikolai furioso. "Él se merecía su inminente muerte. Sólo por esto – por todo lo que él te hizo a ti -, el bastardo maldito muy bien que se lo merecía." Renata parpadeó, sorprendida al oír tal furia, tan feroz sentido protector, procedente de él. Particularmente cuando Nikolai era uno de los de la Raza y ella era, como se le había aclarado el hecho a ella bastante a menudo en los dos últimos años, simplemente una humana. Viviendo solamente porque ella era útil. "Tú no te pareces a él en absoluto", ella murmuró. "Pensé que tu lo serias, pero tu en nada te pareces a él, o a Lex o los otros. Tu eres… yo no se… diferente”.
"¿Diferente?" Aunque la intensidad no había abandonado sus ojos, la boca de Nikolai se arqueó en la esquina. "¿Es este casi un cumplido, o simplemente la fiebre hablando?"
Ella sonrió a pesar de su estado de miseria en general. "Ambos, creo yo."
"Bien, ambos puedo manejarlos. Vamos a refrescarte antes de que tu comiences a lanzarme alrededor palabras con A".
"¿Las palabras con A?" – preguntó ella, observándolo mientras él tomaba con la mano la botella de jabón líquido del fregadero y chorreaba un poco dentro de la alargada bañera.
"Agradable", dijo él, y le lanzó una mirada irónica sobre su denso hombro.
"¿Tu no te conformarías con agradable?"
"Esa nunca ha sido una de mis especialidades".
Su sonrisa se torció y más de un pequeño y encantador hoyuelo se formo donde aquellas mejillas se curvaban sobre ambos lados. Mirándolo así, no era difícil imaginar que él era un macho de muchas especialidades, no todas ellas de la variedad las balas-y- dagas. Ella sabía de primera mano que tenía una boca muy agradable, muy diestra. Por mucho que ella quisiera negarlo, una parte de ella aún ardía por el beso que se dieron detrás de la mansión, y el calor que ella sentía nada tenía nada que ver con su fiebre.
"Desnúdate", le dijo Nikolai, y por un podrido segundo ella se preguntó si él había sido capaz de leer sus pensamientos. Él pasó su mano de atrás hacia adelante sobre el agua espumosa de la bañera, y luego la sacudió. "Ella casi se siente perfecta. Adelante, entra dentro."
Renata lo observo poner la botella de jabón en la parte trasera del fregadero, luego comenzó a buscar en el gabinete de los neceseres que estaba abajo, del cual saco una manopla doblada y una grande toalla. Mientras él estaba de espaldas a ella y estaba distraído buscando los artículos de aseo como paquetes de jabón y champú, Renata rápidamente se quitó el sujetador y las bragas luego entró en la bañera.
El agua fría era un deleite. Ella se hundió abajo con un suspiro, su fatigado cuerpo instantáneamente se tranquilizo. Mientras ella cuidadosamente se acomodaba dentro y se sumergía ella misma hasta los pechos en la espumosa bañera, Nikolai sumergía la manopla bajo el agua fría del fregadero.
Él la dobló y la presiono suavemente contra su frente. "¿Esto se sienten bien?"
Ella asintió con la cabeza, cerrando los ojos mientras él sostenía la compresa en su frente. El impulso de apoyarse hacia atrás en la bañera era tentador, pero cuando ella lo intento en ese breve momento la presión en su hombro la hizo retroceder, protestando de dolor.
"Por aquí", dijo Nicolai, poniendo la palma de su mano libre en el centro de su espalda. "Sólo relájate. Yo te sostendré".
Renata lentamente deje que su peso fuese a descansar sobre su mano fuerte. Ella no podía recordar la última vez que alguien había cuidado de ella. Ninguna como esta. ¿Dios, había habido alguna vez en todo este tiempo? Sus ojos fueron a la deriva cerrándose en señal de gratitud silenciosa. Con las manos fuertes de Nikolai en su cuerpo cansado, una desconocida, completamente extraña sensación de seguridad se extendió sobre toda ella, tan reconfortante como una manta. “¿Mejor?”, él preguntó.
"Mm-hmm. Es agradable", dijo ella, entonces abrió simplemente una rendija en uno de sus ojos y elevo la mirada hacia él. "La palabra con A. Lo siento."
Él gruñó cuando le quito la compresa fría de su frente. Él la estaba mirando a ella con una seriedad que hizo que su corazón diese pequeños golpes en su pecho. "¿Tu deseas contarme acerca de estas marcas en tu espalda?"
"No." La respiración de Renata se detuvo con la idea de exponerle aun más de ella de lo que ya había hecho. Ella no estaba lista para eso. No con él, nada semejante de eso. Era una humillación de la que ella apenas podía soportar recordar, y mucho menos poner en palabras.
Él no dijo nada para romper el silencio que se extendió sobre ellos. La mojada manopla estaba dentro del agua y atrajo un poco de la espuma jabonosa hacia su hombro bueno. La frescura fluyó sobre ella, arroyos que circulaban a través de las curvas de sus pechos y por su brazo. Nikolai lavo su cuello y su esternón, a continuación, cuidadosamente se hizo camino hacia la herida que se encontraba en su lado izquierdo.
"¿Esta todo bien?"- preguntó él, con un pequeño temblor en la voz.
Renata asintió con la cabeza, incapaz de hablar cuando su toque se sentía tan tierno y bienvenido. Ella lo dejó lavarla, mientras su mirada fue a la deriva sobre el hermoso patrón de colores que había en su pecho desnudo y sus brazos. Sus dermaglifos no eran tan numerosos o tan densamente complicados como habían sido los de Yakut. Las marcas de la Raza de Nikolai eran unos ingeniosos entrelazares de remolinos y florituras y formas relucientes que danzaba a través de su lisa piel color oro.
Curioso, y antes de que ella se diese cuenta de lo que estaba haciendo, Renata recorrió externamente uno de los diseños de arcos que se realzaban debajo de su abultado bíceps. Ella escucho el leve ingreso de su respiración, la interrupción repentina de sus pulmones cuando sus dedos juguetearon ligeramente por encima de su piel, así como el profundo estruendo de su gruñido.
Cuando él la miró, sus pequeñas cejas estaban elevadas sobre sus ojos. Sus pupilas reducidas bruscamente, y el color azul de su iris comenzaba a titilar con chispas de color ámbar. Renata retiró su mano, con una disculpa en la punta de la lengua. Ella no tuvo la oportunidad de decir una palabra.
Moviéndose más rápido de lo que podría rastrearlo, y con la gracia suave de un depredador, Nikolai cerró los pocos escasos centímetros que los separaban. En el instante siguiente, su boca se frotaba suavemente contra la suya. Sus labios eran tan suaves, tan cálidos y persuasivos. Todo lo que necesitó fue un tentador deslizar de su lengua a lo largo de las comisuras de su la boca y Renata ansiosamente, con avidez, lo dejó entrar.
Ella sintió que un nuevo calor brotaba a la vida dentro de ella, algo más fuerte que el dolor de su herida, que se convirtió en una insignificancia bajo el placer del beso de Nikolai. Él elevo su mano fuera del agua desde detrás de ella y la acuno en un abrazo cuidadoso, mientras su boca nunca abandono la suya.
Renata se fundió con él, demasiado cansada para considerar todas las razones por las que sería un error si permitía que esto fuera mas lejos. Ella quería que esto siguiera – lo deseaba tan mal que ella estaba temblando. Ella no podía sentir nada, salvo las manos fuertes de Nikolai que la acariciaban, sólo escuchaba el martillar de sus propios corazones, los latidos pesados emparejándose en un mismo ritmo. Ella solamente había probado el sabor de su seductora boca reclamándola… y sólo sabía que ella deseaba más.
Un golpe sonó desde el exterior del apartamento del garaje.
Nikolai gruñó contra su boca y se apartó. "Hay alguien en la puerta."
"Ese debe ser Jack”, dijo Renata, sin aliento, su pulso todavía palpitante. "Iré a ver lo que él quiere".
Ella intento cambar de posición en la bañera para salir y sintió que su hombro ardía de dolor.
"Al infierno que tu iras ", le dijo Nikolai, ya poniéndose de pie. "Tu vas a permanecer allí. Yo me encargaré de Jack".
Nikolai era un macho grande para los estándares, pero él se veía enorme ahora, sus claros ojos azules chisporroteaban con toques de brillante ámbar y las marcas de sus dermaglifos en sus musculosos brazos y él torso estaban reanimados con color. Por lo visto el era grande también en otros lugares, un hecho que apenas se podía ocultar por los pertinentes holgados pantalones de nylon.
Cuando el golpe sonó otra vez desde afuera, él maldijo, con las puntas de sus colmillos brillando. "¿Alguien, además de Jack sabe que estamos aquí?"
Renata negó con la cabeza. "Le solicite a él que no dijera nada a nadie. Podemos confiar en él".
"¿Yo supongo que buen un momento como cualquier otro para averiguar eso, eh?"
"Nikolai", ella dijo mientras él tomaba la camisa que ella había estado usado y encogía los hombros dentro de las mangas largas. "Apropósito de Jack… él es un buen hombre. Un hombre decente. Yo no quiero que le suceda nada a él". Él sonrió con satisfacción. "No te preocupes. Voy a tratar de ser agradable".