Traducido por Aletse
“¡Ya era la maldita hora de que él llegara aquí", Alexei Yakut se quejó a sí mismo cuando vio un par de haces de luz saliendo de los árboles fuera de la casa principal. Irritado por haber sido obligado a esperar esta ultima media hora, Lex se alejó de la ventana del cuarto de su padre, ex-cuarto que ahora le pertenecía a él, como todo lo demás que su difunto padre había dejado.
El vehículo negro merodeando por el camino era enorme, indudablemente, un SUV. Lex rodo sus ojos con disgusto. Había esperado que un macho del estatus de Edgar Fabien viajara en algo más elegante que una prestada Humvee tomado directamente de la flota de la Agencia de Imposición. Las propias normas de Lex exigían mucho más de tal utilitarista modo de transporte, especialmente para un evento tan importante como el que él asistiría con Fabien. Por el amor de Dios, ellos bien podrían llegar a la reunión en una camioneta que declaraba a todos que los que iban en ese vehículo carecían de elegancia.
Si él estuviese a cargo de las cosas – como él estaba a cargo, Lex mentalmente enmendó- él no llegaría a ninguna parte sin una apropiada caravana de vehículos acorde con su rango de elite.
Él salió a zancadas de sus habitaciones en una rabieta impaciente, ajustando la línea de su abrigo al nivel de sus pulidos mocasines de piel de cocodrilo que suavemente repiqueteaban a través de los amplios tablones de las vigas del piso. Sabía que tenía buen aspecto – ese era el punto- pero él estaba mucho más acostumbrados a su antiguo uniforme de servicio de botas y cuero. Él era un sujeto adaptable, él no pensaba que requiriese demasiado esfuerzo para acostumbrarse a su nueva identidad.
En las afueras de la grande habitación, los dos guardias restantes de la casa estaban sentados en una mesa jugando a las cartas. Uno de ellos hecho un vistazo cuando Lex entro, la sutil elevación de su mano no fue del todo bastante rápida para ocultar su sonrisa divertida.
"Esa corbata parece que te está cortando el aire, Lex", bromeó el otro guardia, riendo de su propia broma. "Es mejor aflojar esa mierda antes de que te desmayes." Lex lo fulmino con la mirada mientras el pasaba el dedo a lo largo del borde del cuello demasiado ajustado de su camisa de quinientos dólares. "Haga volar su culo, cretino. Y abra la maldita puerta. Mi transporte está aquí".
Cuando el guardia se movió pesadamente para llevar a cabo la orden, Lex se pregunto cuánto tiempo él debería mantener a esos dos cabezas huecas a su alrededor. Seguro, ellos habían servido a su lado en el trabajo de su padre todos los días durante la mayor parte de una década, pero un macho como Lex merecía respeto. Tal vez él les enseñara a ambos una lección cuando regresara nuevamente en un par de noches de la reunión de este fin de semana.
Lex forzó una sonrisa de bienvenida para Fabien cuando el guardia abrió la puerta… excepto que no estaba allí Edgar Fabien para saludarlo. Era un agente de Imposición uniformado, con tres más detrás de él.
"¿Dónde está Fabien?" exigió Lex.
El enorme Agente que se encontraba adelante le dirigio a Lex una pequeña inclinación de su cabeza. "Vamos a encontrarnos con el con el Sr. Fabien en un lugar diferente, Sr. de Yakutia. ¿Necesita ayuda con alguna cosa antes de que lo escoltemos hasta el vehículo?"
Lex gruñó, su ego tranquilizándose un poco por el tono respetuoso del Agente. "Tengo un par de maletas en la otra habitación", dijo él con un gesto desdeñoso en dirección de su alojamiento. "Uno de sus hombres pueden traerlos para mí."
Otra inclinación en reverencia del que estaba al frente. "Me ocupare de sus cosas personalmente. Después de usted, señor."
"Por aquí," dijo Lex, permitiéndole al destacado escolta entrar en la casa mientras él por delate del líder hacia sus habitaciones que estaban por el pasillo. Una vez dentro, él se detuvo cerca de la cama para señalar las cosas que él deseaba llevar. "Agarra la maleta de ropa y la lona de cuero que se encuentra en el suelo allí".
Cuando el agente no se movío para recoger las bolsas, simplemente se quedó allí junto a él, Lex se volvió con una mirada indignada de él. "¿Bueno, qué diablos estás esperando, idiota?"
La mirada de contestación que él recibió fue plana como una daga, e igualmente fría. Y entonces Lex comprendió la frialdad, porque en ese siguiente instante, él escucho el rompimiento de la música por varios pop de los disparos apagados en el otro cuarto y su sangre corrió helada en sus venas.
El agente de Imposición que estaba de pie a su lado río con una sonrisa agradable.
"Él Sr. Fabien me pidió que le entregara personalmente un mensaje de él, Sr. de Yakutia."
Renata parecía cansada cuando Nikolai se acercó a ella desde el terreno donde ellos habían arrojado los cadáveres de los agentes de Imposición muertos. En pocas horas, el amanecer borraría todas las huellas de los vampiros, no es que alguien aparte de la fauna local se fijara en esta remota desviación de la carretera más cercana y tan lejana de la ciudad.
"Lance sus uniformes y equipo en la parte trasera del vehículo", Renata le dijo cuando el se acercaba. "Las armas adicionales están detrás de los asientos delanteros. Llaves están puestas en la ignición." Niko asintió con la cabeza. Después de limpiar todas las pruebas del asalto de la Raza en el garaje apartamento, él y Renata se habían apropiado del SUV de la Agencia, que sus atacantes habían sido bastante atentos como para dejarlo estacionado a lo largo de la calle lateral cerca del Refugio de Jack.
"¿Te agotaste allí?", preguntó, al ver el cansancio en sus ojos. "Podemos esperar aquí y descansar un rato si tu lo necesitas."
Ella sacudió la cabeza. "Quiero seguir moviendome. Estamos a sólo unos kilómetros de la Recinto."
"Sí," Niko dijo. "Y no estoy esperando que Lex despliegue una alfombra roja para nosotros cuando lleguemos allí. Las cosas podrían ponerse feas verdaderamente muy rápido. Han pasado un par de horas desde que tú bombardeaste las malditas mentes de esos agentes. ¿Cuánto tiempo hay antes de que tu reverberación comience?"
"Probablemente, no mucho tiempo", admitió ella, mirando hacia abajo a la hierba iluminada por la luna que había en su pies.
Niko levantó su mentón y no pudo contenerse de acariciar la delicada línea de su mejilla. "Razón de más para quedarnos un rato aquí por un tiempo."
Ella se apartó de él, obstinada con la determinación. "Razón de más para seguir antes de que lleguen los golpes de la reverberación. Descansare después de que recuperemos a Mira. "Ella giró sobre su eje alrededor y empezó a caminar hacia el vehículo. "¿Quién conduce, tú o yo?"
"Oye", dijo él, agarrando su mano antes de que pudiera llegar muy lejos. Se acercó a ella y envolvió en sus brazos alrededor de su pequeña espalda, conteniéndola entre su abrazo.
Dios, ella era tan hermosa. Cualquier idiota podía apreciar la frágil, femenina perfección de su rostro: los ojos claros, en forma de almendra que brillaban intensamente como piedras de luna debajo del fleco entintado de sus pestañas, su nariz traviesa y su exuberante, sexy la boca, la piel lechosa que se semejaba al perfecto terciopelo en contraste con el brillo de ébano, de su cabello. La belleza física de Renata era aturdidora, impresionante, pero era su coraje – su honor inquebrantable -, lo que realmente liquido a Niko.
De alguna manera, en el poco tiempo en que ellos se había visto obligado a estar juntos, Renata se había convertido en un verdadero compañero para él. Él la valoraba, confiaba en ella, tanto como lo hacia con cualquier de sus hermanos en la Orden.
"Oye", repitió él, ahora más tranquilo, mirando fijamente su valiente, bello rostro y asombrándose de nuevo por esta extraordinaria mujer que estaba demostrando ser un vital aliado para él. "¿Hicimos un equipo bastante bueno allá atrás, no es cierto?". "Estaba asustada como el infierno, Nikolai", confesó ella en voz baja. "Ellos vinieron a nosotros tan rápidamente. Debería haber reaccionado más rápido. Debería haber…"
"Tu eres increíble". Él aliso un mechón errante de su cabello que estaba en su rostro y lo coloco detrás de la oreja. "Tu eres increíble, Renata, y estoy condenadamente alegre de saber que te tengo a mi espalda."
Ella le dio una pequeña, casi tímida sonrisa. “Lo mismo digo."
Tal vez no era el momento ideal para que él deseara besarla, estando de pie en un tramo olvidado de la mano de Dios en las afueras de la autopista, con un rastro de sangre y muerte detrás de ellos y más de los mismo seguramente por venir en el futuro antes de que este hubiese terminado. Pero todo lo que Nikolai deseaba hacer ahora mismo-lo que él necesitaba, aquí y ahora, en este preciso momento – era sentir los labios de Renata presionándose contra los suyos.
Dejándose ceder por la tentación, se inclino abajo y tomo su boca en un sensible, lento beso. Sus brazos lo rodearon, tímidamente al principio, pero sus manos estaban calientes y lo demostraron cuando ella le acarició la espalda y lo sostuvo contra ella, incluso después de que el beso se hubiese terminado y colocando su mejilla contra su pecho.
Cuando ella habló, su voz era apenas un susurro. "¿Vamos a encontrarla, Nikolai?
Él presiono sus labios sobre la parte superior de su cabeza. "Sí, vamos".
"¿Crees que ella este bien?" Su vacilación fue breve, pero suficientemente larga para que Renata se trasladara fuera de sus brazos. Ella frunció el ceño, sus ojos oscureciéndose con el dolor. "¡Oh, mi Dios… tu no crees que ella este! Puedo sentir tu duda, Nikolai. Tu crees que algo le ha pasado a Mira"
"Es el vínculo de sangre lo que tu sientes", dijo él, ni siquiera cerca de una negación de lo que Renata había leído con tanta precisión en él.
Ella estaba retrocediendo ahora, con sus pies arrastrándose en la oscura hierba mientras se movía hacia la SUV. Su rostro había tomado una mirada afligida. "Tenemos que ir ahora. ¡Nosotros tenemos que encontrar a Lex y obligarlo a decirnos donde esta ella!"
"Renata, todavía pienso que tu deberias esperar aquí un rato y descansar. Si la nueva reverberación te golpea…"
"¡A la mierda la reverberación!" – gritó ella, sacudiendo la cabeza en pánico creciente. "Voy al Recinto de Yakut. Tu puede viajar a lo largo o quedarte atrás, pero yo me estoy largando justamente jodiendo ahora".
Él podría haberla detenido.
Si hubiese querido, él podía haber estado encima de ella mas rápido de lo que podía rastrear, físicamente impidiéndole avanzar otro paso hacia el vehículo. Él podría ponerla en trance con una pasada simple de su mano por el rostro y así obligarla a esperar a que el dolor que probablemente la acabaría completamente no mucho tiempo después de que ellos llegaran al Recinto.
Él podría haber retenido su trasero con alguna diferente manera, pero en cambio él dio vuelta alrededor del lado del conductor de la Humvee negro antes de que ella llegara y le bloqueó la entrada con su cuerpo.
"Voy a manejar", dijo él, sin darle la oportunidad de discutir. "Tu estas pulverizada."
Renata lo miró por un segundo, entonces camino por encima y se subió a el asiento del pasajero.
Ellos encontraron su camino de regreso a la carretera y condujeron la pequeña distancia hacia la propiedad arbolada de Yakut en silencio. Niko apagó las luces mientras se acercaban a un ritmo lento de movimiento. Él estaba a punto de sugerir que deberían ellos salieran afuera y se movieran hacia la casa a pie cuando se dio cuenta que algo estaba fuera de lugar.
"¿Esta siempre así de tranquilo?"
"Nunca", dijo Renata, disparándole una mirada serie. Ella alcanzo detrás de los asientos para tomar algunas de las armas de la Agencia. Ella paso la correa de un fusil automático por su cabeza y luego le entregó a Nikolai uno para sí mismo. "A Lex sólo le habían quedado dos guardias, pero no parece que alguien este por aquí en absoluto."
Y aunque desde esta distancia, Niko detectó el olor de la sangre derramada. Sangre de la Raza, procedentes de más de una fuente.
"Espera aquí mientras voy a echar un vistazo a las cosas".
Ella le dirigió una insubordinada mofa que él podría haber predicho lo que se avecinaba.
Ambos salieron del vehículo y se trasladaron juntos hacia la oscura casa principal. La puerta principal estaba abierta de par en par. Huellas de neumáticos frescos estaban presenten en el camino de grava, anchas, profundas huellas como del tipo que un SUV de gran tamaño dejaría detrás.
Niko tenía la sensación de que la Agencia de Imposición había estado aquí también. La casa estaba completamente en silencio, apestando con el hedor de las recientes muertes de vampiros. Él no tenia la necesidad de encender las luces para ver la carnicería. Su aguda visión se mancho con los dos machos muertos solos en el interior, ambos con tiros a quemarropa en la cabeza de varias rondas.
Él guio a Renata alrededor de los cadáveres, siguiendo a su nariz por la parte posterior de la lugar, a los aposentos privados de Yakut. Él sabía lo que iba a encontrar allí dentro, como bien. Aún así, entró en la habitación y soltó una maldición furiosa.
Lex estaba muerto.
Y con él, su mejor esperanza de localizar a Edgar Fabien esta noche.