A Roberta, la única

Canción de la mujer que quería ser marinero

Ahora, tan solo ahora

que mi mirada abraza el mar

hago añicos el silencio

que me prohíbe imaginar

filas de mástiles erguidos y miles, miles de nudos marineros,

y huellas de serpientes frías e indolentes

con su lento andar antinatural,

y líneas en la luna, que en la palma cada una

es un lugar para olvidar;

y el corazón, este extraño corazón

que por un arrecife ya sabe navegar.

Ahora, tan solo ahora

que mi mirada envuelve el mar,

comprendo al que ha buscado a las sirenas,

al que ha podido su canto amar,

dulce en la cabeza como un día

de festejo con dátiles y miel,

y fuerte como el viento que tórnase tormento

y el corazón quebranta al hombre y el bajel,

y entonces ya no hay anhelo o gloria

que puédase beber ni masticar,

ni piedra de molino de viento

que esa roca en el alma pueda triturar.

Connor Slave,

del álbum Las mentiras de la oscuridad


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