III

El juicio se suspendió por unos instantes. Poco después se volvió a abrir la sesión. Durante algunas horas depusieron varias eminencias médicas.

El doctor Alan García, distinguido analista, con gran profusión de términos científicos, se extendió en consideraciones sobre el contenido del estómago de la víctima. Pan, pasta de pescado, manteca, té, huellas de morfina..., y añadió otras cosas ininteligibles. Calculaba la cantidad de morfina ingerida por la asesinada en cuatro gramos. Uno solo habría sido ya mortal.

Sir Edwin se levantó y preguntó con dulzura:

—Desearía que se explicara usted con más claridad. Dice que encontró en el estómago pan, manteca, pasta de pescado, té y morfina. ¿No había otros residuos de alimentos?

—No.

—Lo cual quiere decir que la interfecta no había tomado más que los emparedados y el té en mucho tiempo.

—Precisamente.

—¿Podría demostrarse cuál fue el medio empleado para administrar el veneno?

—No comprendo lo que quiere decir.

—Simplificaré la cuestión. ¿No pudo mezclarse la morfina a la pasta de pescado, al pan, a la manteca, al té o a la leche que se añadió al té?

—Ciertamente.

—¿No puede demostrarse que la morfina fuese administrada por mediación de la pasta y no con cualquiera de los otros medios?

—No.

—En resumen, la morfina pudo ser ingerida separadamente, es decir, sin utilizar ninguno de los medios expuestos. ¿Pudo serle administrada en forma de pastilla?

—Naturalmente.

Sir Edwin se sentó sonriente.

Sir Samuel volvió a interrogar:

—Pero usted cree que, cualquiera que fuese el medio empleado, la morfina fue ingerida al mismo tiempo que los alimentos, ¿no es así?

—Sí.

—Muchas gracias.



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