2



Hércules Poirot bajó. Le aguardaba una muchacha: Jane Olivera. Con el rostro pálido y atormentado se apoyaba contra la repisa de la chimenea. A su lado hallábase Howard Raikes.

Ella le preguntó:

—¿Qué?

—Todo ha terminado —repuso Poirot.

—¿Qué quiere decir? —dijo Raikes, receloso.

El detective contestó:

—Mister Alistair Blunt acaba de ser detenido, culpable de asesinato.

—Pensé que le sobornaría...

Jane intervino:

—No. Yo no lo pensé nunca.

—El mundo es vuestro, muchachos —suspiró Poirot—. Un mundo y un cielo nuevos. Dejad que exista libertad y compasión en vuestro nuevo Universo... Es todo lo que os pido.

Загрузка...