Nota a los lectores

A menudo me preguntan cómo se me ocurren las ideas. ¿Surgen a raíz de un suceso? ¿Tras la lectura de unos párrafos? ¿En una esquina de la calle o en un rincón de una página de una revista? Para ser sincero, no lo sé con exactitud. No hay secreto ni método. Creo más bien en la noción del mecanismo que se dispara y en la del azar, como si al ver mil hojas de árbol arrastradas por una tormenta uno siguiera súbitamente con la mirada la que irá a dar contra su mejilla.

Hace más de dos años, cuando andaba en busca de la idea del segundo libro del díptico consagrado a la violencia, asistí, digamos que por unas circunstancias provocadas, a la conferencia de un científico sobre la Evolución. En mitad de su discurso, ese profesor explicó lo siguiente: un día, Charles Darwin recibió de un corresponsal una orquídea originaria de Madagascar, la Angraecum sesquipedale, comúnmente conocida como estrella de Madagascar. Esa flor cuenta con un espolón de entre veinticinco y treinta centímetros de longitud, cuya base está repleta de néctar. Ninguna de las mariposas que Darwin conocía era capaz de llegar a semejante profundidad, así que ¿cómo podía realizarse la polinización de las flores, sin la que esa orquídea habría desaparecido? Con ese razonamiento, dedujo que en Madagascar debía de existir una mariposa dotada de una trompa suficientemente larga como para aspirar el néctar del fondo del espolón.

Esa mariposa fue descubierta cuarenta y un años después y se le dio simbólicamente el nombre de Xanthopan morganii praedicta, en homenaje a la predicción de Darwin. Su trompa medía entre veinticinco y treinta centímetros de longitud…

Ese descubrimiento me pareció tan extraordinario que me dije que ahí había material para una historia y por ello me interesé en la biología, en la Evolución y el ADN y reflexioné acerca de la trama que descubrirán a continuación. La alquimia de las palabras hizo lo demás.


Esta novela está protagonizada de nuevo por Lucie Henebelle y Franck Sharko. Su aventura no concluyó al final de El síndrome E dado que en las últimas páginas se produjo un acontecimiento inesperado. Aunque evidentemente los personajes mantienen una continuidad psicológica con respecto al libro precedente, debo precisar que esta historia es completamente independiente, de modo que se puede leer sin necesidad de haber leído aquél.

Sólo me queda desearles una excelente lectura.

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