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La señora Rice era la energía personificada. Primero llamó al gerente. Harold permaneció en su habitación, apartado de todo aquello. Había convenido con la señora Rice que sería mejor presentar el asunto como una riña entre marido y mujer. La juventud y belleza de Elsie se granjearían más simpatías.

A la mañana siguiente llegaron al hotel varios agentes de policía que fueron conducidos a la habitación de la señora Rice. No salieron de allí hasta el mediodía. Harold telegrafió pidiendo dinero, si bien no tomó parte en los procedimientos que se seguían, ya que de todos modos no hubiera podido hacerlo, pues ninguno de aquellos personajes oficiales hablaba inglés.

A las doce, la señora Rice entró en la habitación del joven. Estaba pálida y parecía cansada, pero el alivio que se reflejaba en su cara hacía inútil toda explicación.

—Ha surtido efecto —dijo simplemente.

—¡Gracias a Dios! ¡Es usted maravillosa! ¡Parece increíble!

La mujer contestó:

—Por la facilidad con que se desarrolló, le hubiera parecido que nada de lo sucedido era anormal. Prácticamente, todos tendieron la mano a la primera insinuación. En realidad... es algo desagradable.

Harold dijo con sequedad

—No es éste el momento de discutir sobre la corrupción de los funcionarios públicos. ¿Cuánto ha sido?

—La tarifa es bastante elevada.

Leyó las cantidades que traían anotadas en un papel:

El jefe de policía.

El comisario.

El agente.

El médico.

El gerente.

El portero nocturno.

Harold se limitó a comentar:

—El portero nocturno no ha sacado mucho, ¿verdad? Supongo que sólo será cuestión de taparle la boca.

La señora Rice explicó:

—El gerente estipuló que la muerte no ocurrió en el hotel. La relación oficial de los hechos será que Philip sufrió un ataque al corazón cuando venía en el tren. Salió al pasillo para respirar un poco de aire... y ya sabe usted cuántas veces no se cierran bien las portezuelas del tren. Se apoyó en una y cayó a la vía. ¡Hay que ver de lo que es capaz la policía cuando quiere!

—Bueno —dijo Harold—. Gracias a Dios, nuestra policía no es de esa clase.

Y con una disposición de ánimo muy británico bajó al comedor.

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