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Hércules Poirot se disponía a salir para coger el taxi que le conduciría a la estación, cuando sonó el timbre del teléfono. Cogió el auricular.

—¿Diga?

Oyó la voz de Japp.

—Me alegro de haberle encontrado todavía en casa. Ya se aclaró todo. Me encontré un informe cuando volví al Yard. Ya apareció la chica; al lado de la carretera, a quince millas de Amiens. Está aturdida y no han podido conseguir nada coherente de ella. El médico dice que fue narcotizada. No obstante, ahora se encuentra bien. No le ha ocurrido nada malo.

Poirot preguntó lentamente:

—Entonces, ¿no tiene usted necesidad de mis servicios?

—Me temo que no. Bueno... siento mucho haberle molestado.

Japp soltó una carcajada y cortó la comunicación.

Hércules Poirot no rió. Poco a poco, volvió a colocar el auricular en su sitio. Tenía en la cara una expresión preocupada.

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