14

La criatura notó que algo se movía dentro de ella; ya era el momento. Giró la cabeza y escudriñó el bosque oscuro buscando un lugar suficientemente protegido. Atravesó los matorrales del bosque de Scalesias, cuyas ramas emitían un ruido sordo al frotar la dura cutícula de su cuerpo. El suelo descendía ligeramente y los árboles seguían el desnivel de la ladera.

De repente, de la tierra surgió un sonido profundo, y vibró bajo sus pies. Pero la criatura no se irguió sobre sus patas traseras: ya estaba acostumbrada a ese sonido. El túnel de lava que corría debajo de esa zona del bosque atrapaba el viento y lo sorbía hacia sus entrañas.

De unos trescientos cincuenta metros de longitud, cuatro metros de ancho y cinco de alto, el túnel se había formado siglos atrás por la lava que había surgido de un cráter. La superficie de esa lava se había enfriado con rapidez y se había endurecido, pero el flujo interior continuó colina abajo. Cuando el flujo se detuvo, quedó un tubo vacío protegido por una superficie dura. Los posteriores flujos de lava enterraron ese túnel pero no taparon ambos extremos, que emergían en el suelo del bosque como bocas abiertas.

Con las patas delanteras colgando, la criatura se abrió paso entre los helechos que ocultaban la entrada sur del túnel de lava, que volvieron a su lugar tras ella, escondiendo el agujero.

La criatura casi llenaba la entrada por completo. Sus antenas rozaban el techo. Dentro, el túnel era húmedo y frío. El agua goteaba contra el suelo negro de lava y su sonido resonaba por todo el túnel. Unas raíces de Scalesia se retorcían en el techo de la entrada. La criatura avanzó, apretando el abdomen contra la base de la pared.

Aunque medía más de dos metros y medio de altura, la criatura no era tremendamente pesada; las partes más largas de su cuerpo eran las largas y delgadas patas y el cuello. El cuerpo constituía la mayor parte de su masa, pero también era ligero, lo cual le permitía una gran eficiencia de movimientos.

Se agarró a un saliente de lava con los ganchos de las patas anteriores y se colgó de él: podía soportar su peso. Con movimientos entrecortados y colgada de los ganchos, la criatura se izó hasta la parte superior de la pared y se colocó cabeza abajo. Empezó a hacer unos movimientos circulares y de los apéndices del abdomen salió una sustancia clara y espumosa.

Girando el abdomen en espirales continuas, formó la ooteca, una estructura traslúcida para los huevos. Con dos protuberancias parecidas a antenas que emergían de su abdomen se dedicó a dar forma a la sustancia que salía de su abdomen. Con pequeñas cantidades de esa sustancia formó una estructura de metro y medio de anchura que enredó a lo largo de la mayor raíz de árbol. Luego empezó el laborioso trabajo de insertar los huevos en la estructura, cada uno de ellos depositado en la base de su cámara individual. Esas cámaras protegían a su descendencia de los predadores y de la desecación; estaban aisladas por unas cámaras de aire que tenían una válvula para que las frágiles larvas pudieran salir sin dañarse.

La criatura trabajaba con la inagotable energía de una máquina, retorciéndose en esa danza misteriosa e instintiva. Las primeras cámaras de la ooteca empezaban a endurecerse. Finalmente, la hembra sacó la última excreción de la sustancia que insertó limpiamente en la última cámara. Había ocho cámaras individuales en la ooteca. El abdomen sufrió otra convulsión, pero no excretó nada más.

Todavía cabeza abajo, la hembra se enroscó sobre sí misma y limpió el exceso de sustancia con la boca. Si la espuma se endurecía en el abdomen, no le permitiría excretar los restos y moriría prematuramente. Completamente enroscada sobre sí misma, parecía un enorme capullo que sobresalía del techo. Se limpió meticulosamente, poniendo especial esmero en las extremidades inferiores. Finalmente, exhausta, bajó al suelo.

Salió del túnel a través de los helechos de la entrada. Un par de garrapateros de pico liso levantaron el vuelo de un árbol que estaba a su izquierda y la hembra giró automáticamente la cabeza y los vio partir. Se comunicaban con sus particulares cantos agudos mientras se perdían entre el follaje, como dos puntos negros con largas colas.

La criatura avanzó, cansada pero extrañamente fortalecida.

Tenía hambre.

Загрузка...